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Monday, October 11, 2010

La Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela dirigida por Simon Rattle en Berlín

Fotos: Fesnojiv

Prensa Fesnojiv

El director de la Filarmónica de Berlín, Simon Rattle, cedió a la tentación: en julio, cuando estuvo en Venezuela para dirigir el debut de la Sinfónica Nacional Infantil, también condujo dos ensayos con la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela y se enamoró de la idea de levantar la batuta en el primer concierto de la agrupación en Berlín. Así fue, el director titular de la que es considerada la mejor orquesta del mundo, guió a los venezolanos por las profundas cavidades de la Quinta Sinfonía de Prokofiev. Cuando los venezolanos llegaron al Teatro de la Filarmónica de Berlín, ubicado en una de las zonas históricas y más populares de la capital alemana, cerca de Postzdamer Platz, no podían creer que estaban allí. Tienen 3 años como Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela, pero tenían toda la vida, su corta vida, soñando con tocar en este escenario pisado por los mejores músicos. El público se levantó para aplaudir la Quinta Sinfonía de Beethoven que dirigió el venezolano Christian Vásquez. En la segunda parte del concierto entró el maestro Rattle para dirigir, entonces, la Quinta Sinfonía de Prokofiev. El director inglés no sólo sucumbió ante la tentación de combinar esta orquesta con Prokofiev, sino que luego de invitar a Christian a dirigir el primer bis, que fue Tico Tico del brasileño Zequinha de Abreu, subió para dirigir el Malambo del compositor argentino Alberto Ginastera. Se puso la chaqueta de Venezuela a medio abrochar, por el tiempo, y dirigió el bis. Los aplausos se llenaron de motivos y mientras el público insistía en las palmas, Rattle se fue hasta donde se ubica la fila de percusión y desde allí, como percusionista que es, se unió a los jóvenes venezolanos para tocar el Mambo de Leonard Bernstein, que concluyó un nuevo capítulo en la gira de la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela.

Concierto de la Sinfónica Juvenil “Teresa Carreño” de Venezuela en el Konzerthaus de Viena

Foto: Fesnojiv
Prensa Fesnojiv

La Gran Sala del Konzerthaus de Viena estaba despejada, sin una sola silla. A las 7:30 pm, 1700 personas aguardaban para ver de pie el concierto que ofreció, la Sinfónica Juvenil “Teresa Carreño” de Venezuela (SJTCV) dirigida por Christian Vásquez. El concierto se tradujo en un gran triunfo de la SJTCV en los Proms del Konzerthaus, prestigioso ciclo de conciertos donde se dan cita las mejores orquestas del mundo una vez al año. Bajo los altos techos dorados, bajo la inmensas lámparas de pasados imperiales, en la sala ícono del país natal de Mozart, los venezolanos tocaron la música del El Salón México de Aaron Copland, a la Sinfonía India de Carlos Chávez, a la Obertura Cándida de Leonard Bernstein y a la Quinta Sinfonía de Piotr Ilich Tchaikovsky, una obra de gran complejidad que envuelve y que arropa tanto a los músicos como a los espectadores. También sonó el Mambo de Bernstein, pero con el estilo y la personalidad de la “Teresa Carreño” y a Tico Tico de Pequinha de Abreu, una obra en la que los venezolanos, vestidos con el tricolor de la Bandera Nacional, hacen justo honor no sólo a su capacidad para tocar los complejos arreglos de las composiciones latinoamericanas, sino también su gustoso sentido del humor y de la picardía

La Sinfónica Juvenil “Teresa Carreño” de Venezuela y su director Christian Vásquez en el Festival Beethoven de Bonn Alemania

Fotos: Fesnojiv

Prensa Fesnojiv

La Sinfónica Juvenil "Teresa Carreño" de Venezuela (SJTCV) comenzó a escribir un nuevo capítulo de su historia; uno cuya primera palabra era reto, uno cuya última palabra fue triunfo. Los 160 venezolanos que integran esta orquesta - que conforma una generación intermedia entre la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela - y su director, Christian Vásquez, fueron aclamados en la sala más importante del Festival Beethoven de Bonn, un evento de importancia en la escena musical de Europa. Christian Vásquez, joven director venezolano, que ha hecho una sobresaliente carrera en corto tiempo, tuvo en Bonn, el reto de tocar la Quinta sinfonía de Beethoven no en una ciudad cualquiera, sino en la ciudad natal del propio Ludwig van Beethoven, mientras el público miraba al escenario como si diseccionara cada nota. Segundos después de tocar la última nota, la ovación fue la mejor recompensa: 5 minutos de aplausos por parte de las 1600 personas que ocupaban el Beethoven Hall. El augurio de la primera parte del concierto, en la que también tocaron la Obertura Candida de Leonard Bernstein; la premonición de los minutos iniciales de aplausos sería sólo el comienzo. Cuando aún los asistentes no dejaban de admirarse por una fila de 12 contrabajos o de 16 violonchelos; cuando aún no dejaban de elogiar una orquesta joven que además es dirigida por un director casi tan joven como los instrumentistas, la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky que interpretaron los muchachos venezolanos conquistó a un público que tenía una gran expectativa debido a las visitas anteriores de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y el maestro Gustavo Dudamel. Otros 10 minutos más de aplausos, mientras la página de este capítulo se cerraba con bises llenos del colorido de Latinoamérica: las Congas del fuego de Arturo Márquez, el Malambo de Alberto Ginastera, Tico Tico de Zequinha de Abreu y el Mambo de Bernstein, que se ha convertido en un símbolo de la alegría con la que los venezolanos se montan en el escenario. No era suficiente para el público alemán. Así que Christian Vásquez, quien durante casi tres horas dejó el alma en el podio, volvió para dirigir la Marcha Radetzky de Strauss, que no sólo tocó la orquesta sino también el público guiado por las instrucciones de forte-piano que daba el director, que al igual que la orquesta, vestía el tricolor venezolano.

Monday, August 9, 2010

Pinchas Zukerman y Amanda Forsyth en Caracas

Foto: Pinchas Zukerman, Amanda Forsyth

Prensa Fesnojiv

La sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño de Caracas se llenó para recibir al reconocido violinista Pinchas Zukerman y a la violonchelista Amanda Forsyth. Juntos tocaron con la Sinfónica de la Juventud Simón Bolívar conducida por el joven director Christian Vásquez, una de las nuevas promesas sobre el podio, que nace del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, adscrito a la Vicepresidencia de la República Bolivariana de Venezuela. Pinchas Zukerman, inspiración de tantos músicos desde que debutó a los 15 años en Nueva York y durante las décadas posteriores, fue recibido con aplausos, pero vendrían muchos más. La violonchelista Amanda Forsyth entró vestida de rojo y con su cello para interpretar con el maestro del violín el encuentro entre La Musa y el poeta escrito por el compositor francés Camille Saint-Saëns. Ambos solistas tienen una larga lista de conciertos juntos en diversos países.

Zukerman no sólo quiso venir como solista sino también como director. Para la pieza siguiente del repertorio no hubo podio. Los primeros atriles de las filas de cuerda dibujaron un semicírculo apretado. Desde allí, a ratos frente al público, a ratos frente a los músicos, Zukerman tocó y dirigió entonces, el Concierto nº 5 para violín y orquesta de Wolfang Amadeus Mozart. Por momentos, el espectador olvidó que el violín de Zukerman es un objeto y comenzó, casi inconscientemente, a sentirlo como un sujeto. El de este músico, nacido en Tel Aviv en 1948, es un violín que se desnuda, que se deja tocar en cada milímetro; y el espectador escucha y siente cada nota. Su arco no guarda secretos. Sucede con Zukerman que el instrumento es su voz.

En el concierto, Christian Vásquez también fue director y ejecutante. Cuando Zukerman dirigió, Vásquez cedió a la sabrosa tentación de volver al instrumento que lo vio crecer: tocó el violín desde la fila de los segundos violines. Cuando Zukerman tocó la última nota del Mozart, el primer “Bravo” que se escuchó fue el de Gustavo Dudamel quien estuvo sentado junto al maestro José Antonio Abreu. Después del intermedio; Vásquez volvió al podio y Zukerman al lado como solista. Con la elegancia que la caracteriza, Forsyth entró nuevamente al escenario para tocar el Doble Concierto para violín, violonchelo y orquesta en La Menor de Johannes Brahms. Cuando finalizó el concierto, violinista, violonchelista y director tuvieron que salir y entras cuatro veces. Largos minutos de aplausos hicieron que Zukerman se fuera en allegro de Venezuela y le confesara a Vásquez su deseo de venir nuevamente y trabajar con el una vez más en Ottawa, frente a su orquesta, la Orquesta del Centro Nacional de las Artes de Canadá, como ya lo hicieron en febrero de 2010.


Tuesday, March 23, 2010

Christian Vásquez brindó un gozo sonoro inagotable al frente de la Sinfónica Simón Bolivar en Lucerna


Fotos: SJVSB, Christian Vásquez. Sala KKL. Festival de Lucerna, Suiza 21-03-2010. Fotos Nohely Oliveros. FESNOJIV
Prensa Fesnojiv
Llegó y triunfó en el denominado “festival musical de la excelencia”, exhibiendo las múltiples facetas del talento y la sabiduría. Al frente de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, Christian Vásquez -caraqueño nacido en 1984, alumno aventajado del maestro José Antonio Abreu- demostró que los sonidos organizados, vertidos con vitalidad y elegancia, constituyen el mejor antídoto para instantes de decaimiento.

Exaltado en el sistema orquestal venezolano como uno de los más prometedores directores, Vásquez propició estallidos de euforia al debutar en Suiza como conductor de una masa sinfónica que, en días precedentes, cautivó a los melómanos suizos bajo la égida de Claudio Abbado y Gustavo Dudamel. El joven virtuoso, lejos de amilanarse frente al reto, asumió el compromiso sucesoral con disposición y solvencia.
De manera inusual el intendente del Festival, Michael Haeflige, hizo de maestro de ceremonia para presentar a Vásquez. “Este es un evento especial. Aquí se encuentran lo mejor de los casi 300 mil estudiantes de El Sistema. Han volado durante muchas horas para estar presentes y conectar a estas familias y niños que hoy están aquí, con la alegría... Hoy tendrán la mejor mañana que se puedan imaginar”, y así fue, dijo uno de los asistentes que se confesó ser fiel seguidor de la obra de Abreu en cada uno de los festivales a los que asiste.

Antes de subir al podio estaba asustado, pues sólo tuve una hora para ensayar, pues me encontraba fuera de Venezuela. Pero al comenzar a dirigir me llene de tanta emoción que me dispuse a regalarle a Lucerna el sonido de la Bolívar. Entregué mi alma y mi corazón” Sostuvo Cristian Vásquez, joven director de la Sinfónica Juvenil de Aragua.
Es el mismo director que ocupó el podio de la Filarmónica de Radio France, hace dos años, en la interpretación de El pájaro de fuego de Igor Stravinsky-recordaron los entendidos oyentes de Lucerna. Ahora, con la madurez de la experiencia, aunada a las sapientes enseñanzas acertadamente aquilatadas, Christian Vásquez es capaz de alternar, sin desmerecer en lo más mínimo, con las mejores batutas del orbe. Así lo puso de manifiesto en el penúltimo concierto ofrecido por la Sinfónica Simón Bolívar con localidades agotadas en el Concert Hall de esta ciudad, en donde se han dado cita los musicólogos más exigentes de Europa.

Una chispeante obertura (la escrita por Gioaquino Rossini para su ópera Guillermo Tell), cuya interpretación se convirtió en un bálsamo para el más anquilosado repertorio sinfónico, generando bravos y prolongados aplausos de un público en verdad sorprendido, por el estimulante juego descriptivo que posibilitó el todavía incipiente director. El acoplamiento, la perfecta simbiosis de dinámica y belleza tímbrica posibilitada por Vásquez, dejó claramente establecida la heredad de un sistema que cuenta con incipientes individualidades, poseedoras de una capacidad irreprochable.

Asistente del maestro Mariss Jansons en la Bamberg Symphoniker de Alemania, Christian Vásquez ratificó su buen gusto y solvencia al dar a conocer su versión de las danzas del ballet La Estancia, del argentino Alberto Ginastera, uno de los representantes más notables de la cantera musical latinoamericana, y más tarde cautivó a sus oyentes con Santa Cruz de Pacairigua del venezolano Evencio Castellanos, un poema sinfónico de resonancias folklóricas que consiguió poner al público de pie.

El rítmico Danzón 2 de otro autor de América Latina, el mexicano Arturo Márquez, sería la antesala a la brillante conclusión de un concierto que refrendó las aptitudes de una orquesta ejemplar e hizo posible el descubrimiento de un joven director admirable, en este concierto familiar al que asistieron 1.800 personas, muchos de los cuales eran niños que bailaron, cabalgaron en los asientos, movían los brazos buscando estrellas en los cabezos de algunos abuelos y corrieron para atrapar las chaquetas del tricolor venezolano que los jóvenes músicos obsequiaron. La música latinoamericana, savia y esencia de los artistas criollos, también estuvo presente con bises de locura. El público olvidó su proverbial sobriedad y, al compás de mambos y otros ritmos tropicales, con los sinfonistas bailando sobre el escenario y jugando con sus respectivos instrumentos, se contagió de esa gran fiesta de la emoción y el desenfreno. Delirio total y absoluto en una sala casi siempre ganada por la circunspección. Gran triunfo del sistema orquestal venezolano en la hermosa villa de inmensos lagos y montañas imponentes.

Friday, March 19, 2010

La Sinfónica de la Juventud Venezolana invitada del Festival de Lucerna, Suiza

Foto: Dudamel- Los Angeles Philharmonic Association ; Abbado- Frank Di Polo. Fesnojiv; Lucerne Festival - Jürg Egli
Prensa Fensojiv

La sinfónica venezolana –orquesta cimera de un Sistema musical educativo y social que ha sembrado raíces ejemplares por el mundo- reaparecerá bajo la dirección del maestro Claudio Abbado, director artístico del Festival desde 2003, interpretando un exigente programa, la noche del 19, y luego en los días subsiguientes, actuará bajo la égida de Gustavo Dudamel (aclamado en el evento internacional de 2008 por su solvencia y energía) y de los emergentes conductores Christian Vásquez y Diego Matheuz, miembros de una saga de músicos virtuosos, incubados en el seno de la Fesnojiv. La ascendente soprano inglesa de origen austríaco, Anna Prohaska, intervendrá como solista de la Simón Bolívar en la velada inaugural del viernes 19, en la Suite de la ópera Lulú, de Alban Berg, encauzada por la batuta de Abbado, quien suele reunir en la hermosa población suiza a los ejecutantes más destacados del planeta.


Gustavo Dudamel, el director que ha recibido en los dos últimos lustros las más encendidas ponderaciones de los críticos europeos y asiáticos, regresará el sábado 20 a la KKL de Lucerna –sala modular, como ha sido llamada- para brindar otra inequívoca muestra de su arte en la ejecución del Poema Sinfónico Francesca da Rimini, del que acostumbra extraer matices insospechados. Inspirado, sin dudas, en la acogedora atmósfera del encantador paraje, el joven barquisimetano también empuñará la batuta, delante de la SJVSB, para dejar oír la imponente Sinfonía Alpina Op. 64 de Richard Strauss. El colofón del Festival de Lucerna, en cuyo seno el maestro Abbado incluye cada año nuevas obras de su celebrado Ciclo Mahler, lo constituirá la presentación de los dos ascendentes directores del Sistema: Christian Vásquez, de la cantera caraqueña, y Diego Matheuz, larense como Dudamel. Así el público del festival disfrutará de la calidad de esta orquesta que será conducida por esta constelación de directores. Lucerna, en Suiza, situada sobre el idílico Lago de los Cuatro Cantones y rodeada de imponentes montañas, albergará durante cuatro días –del 19 al 22 de marzo- a los instrumentistas de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, invitada en condición de huésped del Festival de Pascua en el que la excelencia musical es la nota dominante, tanto en los nuevos puentes con la modernidad como en la mayor concentración, año tras año, de formaciones orquestales de referencia en Europa y América.

Christian Vásquez, asistente del maestro Mariss Jansons en la Bamberg Synphoniker de Alemania y avanzado alumno de José Antonio Abreu, interpretará con la Simón Bolívar la celebérrima obertura rossiniana de la ópera Guillermo Tell, más un repertorio latinoamericano conformado por obras de Alberto Ginastera (las Danzas del Ballet La Estancia), Evencio Castellanos (Santa Cruz de Pacairigua) y Arturo Márquez (el Danzón número 2). Para el epílogo de sus desempeños en el acreditado festival suizo de 2010, la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar seleccionó la Sinfonía nº 10 de Dmitri Shostakovich y el Concierto para violín y orquesta de Beethoven, ambas dirigidas por Diego Matheuz, con un solista de la talla de Kolja Blacher, nacido en Berlín, quien ha sido huésped de las orquesta más importantes del mundo, junto a las cuales ha exhibido una exuberancia concisa y poderosa.