El público se levantó para aplaudir la Quinta Sinfonía de Beethoven que dirigió el venezolano Christian Vásquez. En la segunda parte del concierto entró el maestro Rattle para dirigir, entonces, la Quinta Sinfonía de Prokofiev. El director inglés no sólo sucumbió ante la tentación de combinar esta orquesta con Prokofiev, sino que luego de invitar a Christian a dirigir el primer bis, que fue Tico Tico del brasileño Zequinha de Abreu, subió para dirigir el Malambo del compositor argentino Alberto Ginastera. Se puso la chaqueta de Venezuela a medio abrochar, por el tiempo, y dirigió el bis. Los aplausos se llenaron de motivos y mientras el público insistía en las palmas, Rattle se fue hasta donde se ubica la fila de percusión y desde allí, como percusionista que es, se unió a los jóvenes venezolanos para tocar el Mambo de Leonard Bernstein, que concluyó un nuevo capítulo en la gira de la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela.Opera-Musica Foto: Die Feen - Wagner - Théâtre du Châtelet, Paris - 04/2009(c) Marie-Noëlle Robert.
Monday, October 11, 2010
La Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela dirigida por Simon Rattle en Berlín
El público se levantó para aplaudir la Quinta Sinfonía de Beethoven que dirigió el venezolano Christian Vásquez. En la segunda parte del concierto entró el maestro Rattle para dirigir, entonces, la Quinta Sinfonía de Prokofiev. El director inglés no sólo sucumbió ante la tentación de combinar esta orquesta con Prokofiev, sino que luego de invitar a Christian a dirigir el primer bis, que fue Tico Tico del brasileño Zequinha de Abreu, subió para dirigir el Malambo del compositor argentino Alberto Ginastera. Se puso la chaqueta de Venezuela a medio abrochar, por el tiempo, y dirigió el bis. Los aplausos se llenaron de motivos y mientras el público insistía en las palmas, Rattle se fue hasta donde se ubica la fila de percusión y desde allí, como percusionista que es, se unió a los jóvenes venezolanos para tocar el Mambo de Leonard Bernstein, que concluyó un nuevo capítulo en la gira de la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela.Concierto de la Sinfónica Juvenil “Teresa Carreño” de Venezuela en el Konzerthaus de Viena
Foto: FesnojivLa Sinfónica Juvenil “Teresa Carreño” de Venezuela y su director Christian Vásquez en el Festival Beethoven de Bonn Alemania
Fotos: FesnojivPrensa Fesnojiv
Otros 10 minutos más de aplausos, mientras la página de este capítulo se cerraba con bises llenos del colorido de Latinoamérica: las Congas del fuego de Arturo Márquez, el Malambo de Alberto Ginastera, Tico Tico de Zequinha de Abreu y el Mambo de Bernstein, que se ha convertido en un símbolo de la alegría con la que los venezolanos se montan en el escenario. No era suficiente para el público alemán. Así que Christian Vásquez, quien durante casi tres horas dejó el alma en el podio, volvió para dirigir la Marcha Radetzky de Strauss, que no sólo tocó la orquesta sino también el público guiado por las instrucciones de forte-piano que daba el director, que al igual que la orquesta, vestía el tricolor venezolano.Monday, August 9, 2010
Pinchas Zukerman y Amanda Forsyth en Caracas
Foto: Pinchas Zukerman, Amanda ForsythPrensa Fesnojiv
Zukerman no sólo quiso venir como solista sino también como director. Para la pieza siguiente del repertorio no hubo podio. Los primeros atriles de las filas de cuerda dibujaron un semicírculo apretado. Desde allí, a ratos frente al público, a ratos frente a los músicos, Zukerman tocó y dirigió entonces, el Concierto nº 5 para violín y orquesta de Wolfang Amadeus Mozart. Por momentos, el espectador olvidó que el violín de Zukerman es un objeto y comenzó, casi inconscientemente, a sentirlo como un sujeto. El de este músico, nacido en Tel Aviv en 1948, es un violín que se desnuda, que se deja tocar en cada milímetro; y el espectador escucha y siente cada nota. Su arco no guarda secretos. Sucede con Zukerman que el instrumento es su voz.
En el concierto, Christian Vásquez también fue director y ejecutante. Cuando Zukerman dirigió, Vásquez cedió a la sabrosa tentación de volver al instrumento que lo vio crecer: tocó el violín desde la fila de los segundos violines. Cuando Zukerman tocó la última nota del Mozart, el primer “Bravo” que se escuchó fue el de Gustavo Dudamel quien estuvo sentado junto al maestro José Antonio Abreu. Después del intermedio; Vásquez volvió al podio y Zukerman al lado como solista. Con la elegancia que la caracteriza, Forsyth entró nuevamente al escenario para tocar el Doble Concierto para violín, violonchelo y orquesta en La Menor de Johannes Brahms. Cuando finalizó el concierto, violinista, violonchelista y director tuvieron que salir y entras cuatro veces. Largos minutos de aplausos hicieron que Zukerman se fuera en allegro de Venezuela y le confesara a Vásquez su deseo de venir nuevamente y trabajar con el una vez más en Ottawa, frente a su orquesta, la Orquesta del Centro Nacional de las Artes de Canadá, como ya lo hicieron en febrero de 2010.Tuesday, March 23, 2010
Christian Vásquez brindó un gozo sonoro inagotable al frente de la Sinfónica Simón Bolivar en Lucerna

Exaltado en el sistema orquestal venezolano como uno de los más prometedores directores, Vásquez propició estallidos de euforia al debutar en Suiza como conductor de una masa sinfónica que, en días precedentes, cautivó a los melómanos suizos bajo la égida de Claudio Abbado y Gustavo Dudamel. El joven virtuoso, lejos de amilanarse frente al reto, asumió el compromiso sucesoral con disposición y solvencia.
Antes de subir al podio estaba asustado, pues sólo tuve una hora para ensayar, pues me encontraba fuera de Venezuela. Pero al comenzar a dirigir me llene de tanta emoción que me dispuse a regalarle a Lucerna el sonido de la Bolívar. Entregué mi alma y mi corazón” Sostuvo Cristian Vásquez, joven director de la Sinfónica Juvenil de Aragua. Asistente del maestro Mariss Jansons en la Bamberg Symphoniker de Alemania, Christian Vásquez ratificó su buen gusto y solvencia al dar a conocer su versión de las danzas del ballet La Estancia, del argentino Alberto Ginastera, uno de los representantes más notables de la cantera musical latinoamericana, y más tarde cautivó a sus oyentes con Santa Cruz de Pacairigua del venezolano Evencio Castellanos, un poema sinfónico de resonancias folklóricas que consiguió poner al público de pie.
El rítmico Danzón 2 de otro autor de América Latina, el mexicano Arturo Márquez, sería la antesala a la brillante conclusión de un concierto que refrendó las aptitudes de una orquesta ejemplar e hizo posible el descubrimiento de un joven director admirable, en este concierto familiar al que asistieron 1.800 personas, muchos de los cuales eran niños que bailaron, cabalgaron en los asientos, movían los brazos buscando estrellas en los cabezos de algunos abuelos y corrieron para atrapar las chaquetas del tricolor venezolano que los jóvenes músicos obsequiaron. La música latinoamericana, savia y esencia de los artistas criollos, también estuvo presente con bises de locura. El público olvidó su proverbial sobriedad y, al compás de mambos y otros ritmos tropicales, con los sinfonistas bailando sobre el escenario y jugando con sus respectivos instrumentos, se contagió de esa gran fiesta de la emoción y el desenfreno. Delirio total y absoluto en una sala casi siempre ganada por la circunspección. Gran triunfo del sistema orquestal venezolano en la hermosa villa de inmensos lagos y montañas imponentes.
Friday, March 19, 2010
La Sinfónica de la Juventud Venezolana invitada del Festival de Lucerna, Suiza
La sinfónica venezolana –orquesta cimera de un Sistema musical educativo y social que ha sembrado raíces ejemplares por el mundo- reaparecerá bajo la dirección del maestro Claudio Abbado, director artístico del Festival desde 2003, interpretando un exigente programa, la noche del 19, y luego en los días subsiguientes, actuará bajo la égida de Gustavo Dudamel (aclamado en el evento internacional de 2008 por su solvencia y energía) y de los emergentes conductores Christian Vásquez y Diego Matheuz, miembros de una saga de músicos virtuosos, incubados en el seno de la Fesnojiv. La ascendente soprano inglesa de origen austríaco, Anna Prohaska, intervendrá como solista de la Simón Bolívar en la velada inaugural del viernes 19, en la Suite de la ópera Lulú, de Alban Berg, encauzada por la batuta de Abbado, quien suele reunir en la hermosa población suiza a los ejecutantes más destacados del planeta.

Gustavo Dudamel, el director que ha recibido en los dos últimos lustros las más encendidas ponderaciones de los críticos europeos y asiáticos, regresará el sábado 20 a la KKL de Lucerna –sala modular, como ha sido llamada- para brindar otra inequívoca muestra de su arte en la ejecución del Poema Sinfónico Francesca da Rimini, del que acostumbra extraer matices insospechados. Inspirado, sin dudas, en la acogedora atmósfera del encantador paraje, el joven barquisimetano también empuñará la batuta, delante de la SJVSB, para dejar oír la imponente Sinfonía Alpina Op. 64 de Richard Strauss. El colofón del Festival de Lucerna, en cuyo seno el maestro Abbado incluye cada año nuevas obras de su celebrado Ciclo Mahler, lo constituirá la presentación de los dos ascendentes directores del Sistema: Christian Vásquez, de la cantera caraqueña, y Diego Matheuz, larense como Dudamel. Así el público del festival disfrutará de la calidad de esta orquesta que será conducida por esta constelación de directores. Lucerna, en Suiza, situada sobre el idílico Lago de los Cuatro Cantones y rodeada de imponentes montañas, albergará durante cuatro días –del 19 al 22 de marzo- a los instrumentistas de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, invitada en condición de huésped del Festival de Pascua en el que la excelencia musical es la nota dominante, tanto en los nuevos puentes con la modernidad como en la mayor concentración, año tras año, de formaciones orquestales de referencia en Europa y América.
Christian Vásquez, asistente del maestro Mariss Jansons en la Bamberg Synphoniker de Alemania y avanzado alumno de José Antonio Abreu, interpretará con la Simón Bolívar la celebérrima obertura rossiniana de la ópera Guillermo Tell, más un repertorio latinoamericano conformado por obras de Alberto Ginastera (las Danzas del Ballet La Estancia), Evencio Castellanos (Santa Cruz de Pacairigua) y Arturo Márquez (el Danzón número 2). Para el epílogo de sus desempeños en el acreditado festival suizo de 2010, la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar seleccionó la Sinfonía nº 10 de Dmitri Shostakovich y el Concierto para violín y orquesta de Beethoven, ambas dirigidas por Diego Matheuz, con un solista de la talla de Kolja Blacher, nacido en Berlín, quien ha sido huésped de las orquesta más importantes del mundo, junto a las cuales ha exhibido una exuberancia concisa y poderosa.
