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Friday, December 2, 2011

Tannhauser - Opera di Parigi, Francia.

CREDIT : Opéra national de Paris/ Elisa Haberer

La sublime e romantica musica contenuta nell’opera Tannhauser è profondamente radicata nel gusto del pubblico dell’Opera di Parigi, che ha seguito lo svolgimento del lavoro con molta attenzione, premiando con entusiasmo sfrenato tutta la compagnia al termine della recita. Presentata, e non poteva essere diversamente, nella versione parigina che Wagner creò in questo teatro nel 1861, questo allestimento ha lasciato soddisfatti sia i wagneriani che i non wagneriani presenti per alto livello artistico complessivo La parte visiva è stata affidata all’ingegnoso Robert Carsen, con le scenografie di Paul Steinberg e le luci dello stesso Carsen, una coproduzione con il Liceu di Barcellona e L’Opera Nomori di Tokyo; Carsen ha situato la vicenda in epoca moderna con personaggi che vestivano i panni di pittori che lottano per sopravvivere in un ambientazione bonemienne. Così il Venusberg era uno studio di pittura scuro e sporco in cui il protagonista tentava di dipingere senza esito un nudo di Venere. Il balletto del primo atto era trasformato in un baccanale di artisti, con pochi elementi scenici, qualche sedia, utensili per dipingere come cornici, tele, cavalletti, pennelli, tutto iiluminato in bianco e nero creando immagini molto suggestive. Elisabetta era la modella che ispirava Tannhäuser a diventare un pittore di successo che alla fine esibiva i suoi quadri in una galleria ricca di grandi opere. Il cast vocale era capeggiato da Christopher Ventris heldentenor di colore robusto e seducente colore lirico come Tannhauser. Nina Stemme ha dato vita ad una delicata e toccante Elisabetta che conquistava con la sua voce fluida piena di sfumature e di accenti. Il mezzo-soprano Sophie Koch piaceva per la sua interpretazione di Venere, con un suono equilibrato e chiaro e musicalmente notevole, e il baritono Stéphane Degout dava vita ad un solido e credibile Wolfram con un canto caldo ed espressivo. Corretti gli altri cantanti del cast. Di fronte all’ orchestra Sir Mark Elder ha condotto una lettura attenta e dettagliata, in cui egli ha cercato di esaltare la ricchezza musicale della partitura, creando straordinari passaggi orchestrali, con una ispirata seduzione degli ottoni. Rj











Saturday, November 26, 2011

Tannhäuser en la Ópera de Paris,

Foto : Sophie Koch (Venus) et Christopher Ventris (Tannhäuser) /Opéra national de Paris/ Elisa Haberer

La sublime y romántica música contenida en la opera Tannhäuser esta muy arraigada dentro del gusto del público de la Ópera de Paris, quien siguió el desarrollo de la obra con mucha atención y premió con entusiasmo desmedido a todos los grupos artísticos al finalizar la función. Presentada, como no podría ser de otra manera, en la versión de Paris que Wagner creó y estreno en este teatro en 1861, esta reposición dejó un sabor de amplia satisfacción entre los wagnerianos y no wagnerianos presentes, por el alto nivel artístico ofrecido en conjunto. La parte visual fue encomendada el ingenioso Robert Carsen, con escenografias de Paul Steinberg e iluminación del propio Carsen en coproducción con el Liceu de Barcelona y la Opera Nomori de Tokyo, quien situó la trama en una época actual con personajes que se convirtieron en pintores que luchan por sobrevivir, en un ambiente estilo La Bohème Aquí Venusberg se convirtió en un sucio y oscuro estudio de pintura en el que el personaje principal intentaba dibujar sin éxito a Venus, la modelo desnuda. El ballet del primer acto, se convirtió en una bacanal de artistas, y con pocos elementos en escena, algunas sillas y utensilios para pintar como: marcos, lienzos, caballetes, pinceles, sumado a un brillante juego de iluminación en blancos y negros se crearon imágenes muy atractivas. Elizabeth, fue la modelo que inspiró a Tannhäuser a convertirse en el exitoso pintor que al final exhibió sus cuadros en una galería repleta de enormes cuadros. El elenco vocal fue encabezado por Christopher Ventris heldentenor de robusto y seductor color lírico como Tannhäuser. Nina Stemme dio vida a una delicada y conmovedora Elizabeth y conquistó con su fluidez vocal cargada de sutilezas y acentos. La mezzosoprano Sophie Koch sedujo con su actuación y físico como Venus, a la vez que aportó un sonido equilibrado y claro, así como notable musicalidad; y el barítono Stéphane Degout dio vida a un sólido y creíble Wolfram con su canto calido y expresivo, correctos estuvieron el resto de los cantantes. Al frente de la orquesta Sir Mark Elder realizó una cuidada y detallada lectura en la que buscó exaltar la opulencia musical de la partitura, creando por momentos escalofriantes pasajes orquestales, con una inspirada sección de metales. Rj


Monday, February 14, 2011

Oedipus Rex de Stravinsky y el Castillo de Barba Azul de Bartok con la Orquesta Sinfónica de Boston

Fotos: Michael J. Lutch y Stu Rosner.

Lloyd Schwarz
Uno de los conciertos mas recordados de la Orquesta Sinfónica de Boston, es uno que nunca ocurrió. Hace casi 30 años, la orquesta anunció la presentación de Oedipus Rez de Stravinsky con puesta en escena de Peter Sellars y narración de Vanessa Redgrave. Las funciones fueron canceladas por temor a protestas en contra de la posición pro-Palestina de Redgrave. Ella demandó por rompimiento de contrato pero perdió, aunque en realidad perdimos todos. La recreación de Sófocles de Stravinsky, con el francés de Jean Cocteau retraducido al latín, es una obra importante para esta orquesta porque fue la que realizó el estreno de la obra en Estados Unidos en 1928 bajo la dirección de Serge Koussevitzky. Ha sido interpretada en numerosas ocasiones incluyendo las representaciones de 1972 de Leonard Bernstein y la del 2006 de Christoph von Dohnányi. James Levine dirigió por primera ocasión para el y para la orquesta, una doble cartelera que unió a Oedipus Rex con la opera en un acto de Bartók, El Castillo de Barba Azul, que son obras ampliamente contrastantes en su música, como el neoclasicismo y ritualismo de Stravinsky, y las ricas texturas folclóricas y húngaras en acento de Bartók. Ambas obras contienen personajes que no se detienen ante nada para descubrí su verdad: Oedipus, para descubrir la plaga de la ciudad; y Judith el pasado secreto de su marido. La verdad para ambos es su caída, y cada opera es tratada como una leyenda distanciada del presente por una narración hablada. Levine dirigió un concierto con inexorable bravura y una orquesta muy comprometida, así como el Coro del Festival de Tanglewood que estuvo sobresaliente en el coro “griego” de los testigos en la obra de Stravinksy. Los solistas fueron lo menos satisfactorio. El tenor Russell Thomas fue un Oedipus muy joven, de una simpática figura y brillante voz, pero que no fue capaz de transmitir la intensidad de la obsesión de Oedipus. El barítono Albert Dohmen estuvo casi inaudible como Creon, y aunque Michelle De Young fue más que audible, su tonalidad vocal estuvo dura y forzada, y al inicio insegura. Su discriminada reina pareció mas una demente Lady Macbeth, que se retorció y se acarició a si misma. Sus notas musicales en Barba Azul fueron maravillosas, pero su caracterización de una tímida y simplona Judith pareció convertirla más en una bruja que en una afligida esposa que trata de salvar a su marido a cualquier costo. El actor húngaro Örs Kisfaludy se divirtió como el irónico narrador del prologo de Barba Azul. Stravinsky quiso que la narración se hiciera en un lenguaje más accesible para la audiencia, y aquí escuchamos a Frank Langella, quien mostró la voz más hermosa y leyó de manera directa. Sir Mark Elder dirigió un intrigante y raro programa teniendo como solista el pianista alemán Lars Vogt, quien inicio su participación con dos preludios de Debussy: el sombrío "Feuilles mortes" y el mas energético "Ce qu'a vu le vent d'ouest" cada uno seguido de la orquestación de la elegante e insuperable orquestación debussiana de Colin Matthews, amigo de Elder. Después se interpretó una rareza, el poema: Paris: A Nocturne (The Song of a Great City), de Delius, cuyas previas ejecuciones por esta orquesta ocurrieron en 1909 y en 1941. Elder también dirigió una dulce, pero distante y poco sagaz interpretación del sublime Concierto para piano (K 467) de Mozart, con un frío Vogt, así como el poema más famoso de Richard Strauss, Till Eulenspiegel, que estuvo quizás no tan feliz.