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Saturday, December 20, 2025

Carmen en Dallas

Fotos: Kyle Flubacker

Ramón Jacques

Carmen, la célebre opéra-comique en cuatro actos del compositor Georges Bizet (1838-1875) con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, inspirada en la novela homónima de Prosper Mérimée, y que se estrenara precisamente en el Teatro de la Opéra Comique de Paris el tres de marzo de 1875, vuelve al escenario de la Ópera de Dallas, para inaugurar su nueva temporada, después de las exitosas presentaciones que realizara en octubre del 2018 con la mezzosoprano francesa Stéphanie d'Oustrac en el papel principal.  La peculiaridad de esta nueva Carmen radica en el estreno estadounidense de la producción escénica, vista en el teatro de la Opéra Royal du Château de Versailles en enero del 2025, que fue creada con motivo del 150 aniversario de la creación de Carmen y de la muerte del Bizet. La producción, creada en colaboración del Palazzetto Bru Zane – Centre de Musique Romantique Française, con sede en Venecia, el importante centro de investigación creado para redescubrir, reestrenar y  promocionar a nivel  internacional el patrimonio musical francés compuesto 1780-1920, mucha de ella hoy poco conocida, y la Opéra Orchestre Normandie Rouen (que después de Dallas iniciará un periplo internacional en la Ópera de Grecia en Atenas en mayo del 2026).  El montaje en cuestión, que busca ofrecer una fiel recreación de los diseños, dibujos, decorados, iconografía y vestuarios originales, del montaje utilizado en el estreno de la obra en 1875; fue el resultado de una exhaustiva investigación en materiales de archivo, los bocetos, cuadros e imágenes publicadas en los periódicos de la época realizada por el director escénico  Romain Gilbert, el escenógrafo Antoine Fontaine, y el reconocido diseñador francés Christian Lacroix, quien se encargó de los vistosos y elegantes atuendos de los cantantes. A lo largo de su historia, Carmen es considerada como la ópera mas famosa del repertorio francés, quizás porque es un símbolo del amor y la libertad, y ha sido escenificada de muchas maneras, desde enfoques académicos y tradicionales, hasta producciones que han alterado completamente el espíritu de la ópera.  Cabe mencionar que, en la época, no existía el concepto del director de escena y esta se realizaba conforme a las indicaciones e instrucciones del compositor, que, en el caso de Bizet, logró plasmar su visión y color pesar de nunca haber viajado mas allá de los pirineos. Posteriormente las óperas representadas en distintos escenarios comenzaron a utilizar un cuaderno de escena (o livrets de mise en scène) como guía, que contenía escueta informacion sobre la colocación de decorados, entradas y movimientos de los protagonistas y el coro etc.  Por ello la valía de esta idea, es revolucionaria por el descubrimiento de la dirección escénica y la recuperación de los decorados y trajes originales.  El intento de los creadores de este montaje no es ofrecer una visión o enforque histórico o  museo, sino una visión actual de como habrían sido las primeras funciones de Carmen. La puesta escénica conto además con las coreografías de Vincent Chaillet y del diseñador de iluminación Hervé Gary.  En escena, se vieron coloridas imágenes de la Sevilla del siglo XVIII al fondo del escenario, con balcones, escaleras, lo que seria el frente de la fabrica de cigarros, de las montañas o del exterior de la plaza de toros.  Se le dio también esta imagen en perspectiva, tridimensional que daba la impresión de trasladar al espectador dentro de una pintura o el cuadro de un dibujo. Se puede resumir como una loable idea escénica que gustó, atrajo y maravilló al público por su natural, pero a la vez espectacular diseño.   En su dirección actoral Romain Gilbert, buscó redescubrir a los personajes, retratando la crueldad, incluso la inmoralidad de la historia que el público a veces tiende a pasar por alto por la brillantez de la orquestación, y como el personaje de la ópera, en su momento pudo ser una afrenta a aquella sociedad que era dominada por hombre y patriarcales, y cuya única solución parece ser la de eliminarla a manos del obsesionado y traicionado don José.  Aunque Carmen contiene esta hecha de clichés y preconcepciones que han condicionado la visión del público, hubo algunas inconsistencias en el trabajo de Gilbert, que uno no se explica como ver a Carmen aparecer en la primera escena, saliendo de trabajar de la fabrica de cigarreras ataviada en un traje  de gala, o la de presentar a Escamillo como una especie de exagerado bufón en escena, cuando un torero se desplaza con movimientos pausados y lucimiento, entre otros, y que que demuestran cierto desconocimiento, de muchos directores, que no se adentran u observan ciertos aspectos alusivos a la trama y que no requieren mas allá de observar o adentrarse un poco mas en la España actual. La orquesta fue dirigida con mucho ímpetu, brío y entusiasmo que le suele imprimir a sus lecturas Emmanuel Villaume, director musical del teatro, se notó la compenetración que tiene el director francés con la partitura, la cadencia y la pausa, y la manera que trabaja para sacar los mejor a los músicos de su orquesta y la atención que tiene por los cantantes.  A propósito de la orquestación de Carmen, el director de orquesta Sir Thomas Beecham llegó a afirmar que, dada su popularidad, la obertura de Carmen era en realidad el “verdadero himno nacional de los franceses” (cita incluida en las notas ofrecidas por el Palazetto Bru Zane).  En el plano vocal, con diálogos hablados reducidos al mínimo, sobresalió en su debut operístico estadounidense, la mezzosoprano suiza Marina Viotti brindó una refinada Carmen, con una voz oscura, profunda y muy colorida y matizada, cantando con pasión y sentimiento, y evidente adhesión al texto.  El desempeño vocal de Viotti, me hace pensar que el papel no corresponde a la idea de que únicamente las mezzosopranos de amplias y potentes voces son las adecuadas para cantar el papel. Escénicamente, se desenvolvió con naturalidad y refinamiento, mostrando su justo lado sensual, y el temperamento impulsivo  y de temeridad del personaje.  El papel de Don José, le fue encomendado el tenor Saimir Pirgu, quien posee un timbre seductor, viril, grato en su timbre, pero que parece estar alejándose del repertorio belcantista en el cual despuntó, y que aquí evidenció estar en un papel parece estar aún alejado de sus posibilidades, que lo llegaron a forzar, y emitir algunas notas estranguladas.  La soprano Teresa Perrota, fue una afable y afectuosa Micaela, que demostró buenos medios vocales.  El barítono Gihoon Kim cantó con una voz destemplada y desequilibrada, y no le hizo, a mi entender, justicia al personaje por su desempeño actoral bufonesco, pendenciero y sobreactuado, por momentos irritante que hizo del torero Escamillo.  Correctos y puntuales estuvieron el resto de los cantantes del reparto como: la soprano Diana Newman como Frasquita; la mezzosoprano Kristen Choi como Mercedes, el tenor Matthew Goodhart como Remendado, el barítono Kyle Miller como Dancaïre, el barítono colombiano Laureano Quant como Zúñiga, y el barítono cubano Eleomar Cuello en el papel de Morales.  No se debe olvidar el aporte que tuvo el coro del teatro en esta función, dirigido por el maestro Paolo Bressan. Con otra producción escénicas emblemática en la actualidad, después de Carmen, el teatro programó la ópera Diálogos de Carmelitas de Francis Poulenc, con el atrevido montaje del director francés Olivier Py.




Thursday, November 13, 2025

Die Entführung aus dem Serail en Turín

Foto: Mattia Gaido

Massimo Viazzo


El Rapto en el Serrallo es un singspiel en tres actos de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), con libreto de Gottlieb Stephanie el Joven, y fue representado por primera vez en Viena en 1782. La ópera se distingue por el entrelazo entre elementos cómicos y sentimentales, que narran la historia de Belmonte, el cual con el auxilio de su sirviente Pedrillo, se lanza a una empresa audaz para liberar a su amada Constanza, su camarera Blonde, y naturalmente a si mismo de la prisión de pasha Selim. La estructura de la obra, característica del singspiel alemán, alterna diálogos hablados de arias muy virtuosas, creando una experiencia teatral muy dinámica y envolvente. La exótica ambientación, inspirada en la moda turca del tiempo, contribuye a conferirle una atmosfera sugestiva y rica de fascinación. La música de Mozart se revela con extraordinaria variedad expresiva, espaciando las arias de bravura de Konstanze a los momentos cómicos de Pedrillo y Osmín, hasta los pasajes orquestales, caracterizados de una vivaz paleta cromática y de una notable riqueza de detalles. En esta obra maestra se celebran los valores del ingenio, del amor y de la clemencia, culminando un final en el que pasha, en un gesto inesperado, elige el perdón en vez de la venganza, ofreciendo una profunda reflexión sobre la naturaleza humana y sobre las posibilidades de redención.  En Turín, llegó el montaje que fue estrenado en la l’Opéra Royal de Versalles en el 2024, en traducción al francés.  En esta ciudad piamontesa el singspiel mozarteano fue representado en la versión original en lengua alemana.  El espectáculo curado por Michel Fau (repuesto por Tristan Gouaillier) creó una ambientación casi de fábula, inspirada en Las mil y una noches, enfatizando el orientalismo de la historia narrada en el libreto.  Tal ambientación fue hecha de manera eficaz  con los escenarios pintados y evocativos de Antoine Fontaine, acompañados por refinados y coloridos vestuarios de David Belugou. A pesar de ello, esta puesta en escena no convenció resultando privada de ideas en verdad fuertes y envolventes.  De hecho, la gestualidad de los cantantes y sus interacciones eran frecuentemente estereotipadas y las soluciones más divertidas parecían ser ya vistas. La baqueta le fue confiada a Gianluca Capuano, director experto en la praxis filológica. La interpretación de Capuano se distinguió por su vivacidad, brillantez y fluidez, aunque tuvo cierta rigidez. La atención pareció ser prevalentemente dirigida al aspecto rítmico de la partitura, en detrimento de una excavación más profunda del paso teatral. Pasando al elenco, en su desempeño del tenor estadounidense de origen cubano-colombiano Anthony León, se mostró educado y con garbo, y aunque no posee medios vocales particularmente voluminosos, León logró trazar un Belmonte creíble, refinado y elegante. La Konstance de Sofia Fomina, suscitó mayor aprecio en los momentos más liricos de su tesitura media, con la que evidenció pureza en su timbre, resultando ser especialmente emocionante “Traurigkeit ward mir zum Lose”. Sin embargo, se mostrar menos a sus anchas en las agilidades más arriesgadas, que afrontó  con prudencia y algunas imprecisiones. Un poco más segura en la coloratura, estuvo la desenvuelta y efervescente Blonde de Eleonora Bellocci, aunque a ratos sonó un poco estridente.  Denzil Delaere personificó un exuberante y chistoso Pedrillo, pero con una vocalidad no particularmente bien proyectada. Dimitry Ivashchenko interpretó a Osmin de modo más caricaturesco y con una línea de canto poco refinada. Al final Sebastian Wendelin pareció sentirse a gusto en el papel de pasha Selim, un pape solo actuado. El Coro del Teatro Regio fue dirigido con la acostumbrada atención y competencia de  Ulisse Trabacchin.

Die Entführung aus dem Serail - Teatro Regio di Torino

Foto: Mattia Gaido

Massimo Viazzo

Il  Ratto dal Serraglio è un singspiel in tre atti di Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), con libretto di Gottlieb Stephanie il Giovane, rappresentato per la prima volta a Vienna nel 1782. L’opera si distingue per l’intreccio di elementi comici e sentimentali, narrando le vicende di Belmonte, il quale, con l’ausilio del suo servitore Pedrillo, intraprende un’impresa audace per liberare la sua amata Costanza, la cameriera Blonde e naturalmente sé stesso dalla prigionia nel palazzo del pascià Selim. La struttura dell’opera, caratteristica del singspiel tedesco, alterna dialoghi parlati ad arie virtuosistiche, creando un’esperienza teatrale dinamica e coinvolgente. L’ambientazione esotica, ispirata alla moda turca del tempo, contribuisce a conferirle un’atmosfera suggestiva e ricca di fascino. La musica di Mozart si rivela di straordinaria varietà espressiva, spaziando dalle arie di bravura di Konstanze ai momenti comici di Pedrillo e Osmin, fino ai passaggi orchestrali, caratterizzati da una vivace tavolozza cromatica e da una notevole ricchezza di dettagli. In questo capolavoro si celebrano i valori dell’ingegno, dell’amore e della clemenza, culminando in un finale in cui il pascià, con un gesto inaspettato, sceglie il perdono anziché la vendetta, offrendo una profonda riflessione sulla natura umana e sulla possibilità di redenzione. A Torino è giunto l’allestimento che ha debuttato presso l’Opéra Royal di Versailles nel 2024 in traduzione francese. A Torino il singspiel mozartiano ha riproposto comunque la versione originale in lingua tedesca. Lo spettacolo curato da Michel Fau (e ripreso da Tristan Gouaillier) crea un’ambientazione quasi fiabesca, ispirata Le Mille e una notte, enfatizzando l’orientalismo della vicenda narrata dal libretto. Tale ambientazione è efficacemente resa dagli scenari dipinti ed evocativi realizzati da Antoine Fontaine, accompagnati dai costumi raffinati e variopinti creati da David Belugou. Nonostante ciò, questa mesa in scena non ha convinto, risultando priva di idee veramente forti e coinvolgenti. La gestualità dei cantanti e la loro interazione, infatti, era spesso stereotipata e le soluzioni più divertenti apparivano come già viste. La bacchetta è stata affidata a Gianluca Capuano, direttore esperto di prassi filologica. L’interpretazione di Capuano si è distinta per vivacità, brillantezza e scorrevolezza, pur presentando una qualche rigidità. L’attenzione è parsa essere prevalentemente rivolta all’aspetto ritmico della partitura, a discapito di una più approfondita ricerca del passo teatrale. Venendo al cast, la prova del tenore cubano-colombiano di origine americana Anthony León si è rivelata educata e garbata. Pur non disponendo di una mezzo vocale particolarmente voluminoso, León è riuscito a tratteggiare un Belmonte credibile, raffinato ed elegante. La Konstanze di Sofia Fomina ha suscitato maggiore apprezzamento nei momenti più lirici in tessitura mediana, dove ha evidenziato una certa purezza timbrica, risultando particolarmente convincente nell’emozionante “Traurigkeit ward mir zum Lose”. Tuttavia, si è mostrata meno a proprio agio nelle agilità più spericolate, affrontate con prudenza e qualche imprecisione. Un po’ più sicura nella coloratura, la Blonde spigliata ed effervescente di Eleonora Bellocci, sebbene a tratti un po’ stridente. Denzil Delaere ha impersonato un Pedrillo esuberante e spiritoso, con una vocalità però non particolarmente proiettata, Dimitry Ivashchenko ha interpretato Osmin in modo un po’ caricaturale, con una linea di canto poco rifinita, e, infine, Sebastian Wendelin è sembrato a proprio agio nei panni del saggio Pascià Selim, ruolo solo recitato. Il Coro del Teatro Regio è stato diretto con la solita attenzione e competenza da Ulisse Trabacchin.