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Thursday, August 20, 2026

La Tabernera del Puerto en Bogotá

Fotos: La Tabernera del Puerto de Juan Diego Castilloy Ensamble Barroco de Bogota Andrés Riaños para el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

Ramón Jacques 

Desde su fundación el 26 de mayo del 2010, el Teatro Julio María Santo Domingo, se ha convertido en el escenario más importante de la capital colombiana ofreciendo anualmente una amplia variedad de espectáculos de música (popular, clásica, antigua) así como de danza, teatro, y por supuesto, una temporada lírica, que para la edición actual eligió ofrecer tres funciones de La Tabernera del Puerto, zarzuela con música del compositor Pablo Sorozábal (1897-1988), prolífico autor donostiarra de obras sinfónicas y del género lirico, formado en Alemania, quien además realizó una carrera de director de orquesta que lo llevo a conocer el lenguaje sinfónico y a entender la voz humana, e infundir sus obras de un variado refinamiento orquestal, rico en colores y matices.  Si bien La tabernera del puerto no es un título tan conocido, ni forma parte del repertorio lirico habitual que ofrecen los teatros internacionales; si es conocida a nivel mundial, gracias a su celebre romanza para tenor: ¡No puede ser! (cuyo auge y regularidad para ser programada surgió especialmente a raíz de haber sido incluida en los conciertos de los tres tenores (Domingo, Carreras y Pavarotti).  Pero más de ello, la obra está considerada una notable composición musical, y es considerada un pináculo de la zarzuela, por la brillantez de sus melodías orquestales y por la solidez de su partitura que entrelaza y une de manera notable y uniforme la música, con el drama y  con el desarrollo de sus personajes, con una construcción teatral realizada con extremo cuidado.  La tabernera del puerto tuvo su estreno el 6 de mayo de 1936, y forma parte de la modalidad conocida como “genero grande” de la zarzuela (un estilo que se acerca más al género operístico, a diferencia del “género chico” que son obras breves, cortas y de historias sencillas. El género grande, permitió precisamente, mayor amplitud para desarrollar tramas con fuerza dramática, mayor teatralidad y personajes más completos, que expresan, como sucede en esta historia, sentimientos de amor, ambición, engaño, incluso de redención. La historia de la Tabernera transcurre en la localidad marítima imaginaria de Cantabreda, en el norte de España, en 1936 el año mismo año de su estreno, y la localidad, aunque es imaginaria, por el origen del compositor, que era originario de San Sebastián, Guipúzcoa y el apellido Eguía, de uno de los personajes principales, evocan indudablemente a un lugar en la costa del País Vasco.  En el puerto existe una taberna, propiedad del contrabandista Juan de Eguía, donde la que la joven Marola,  atiende a los marineros que allí se reúnen o los que pasaban por el puerto. Pensando que Marola es esposa de Eguía, que es pretendida por el joven trovador Abel, aunque ella en realidad esta enamorada del pescador Leandro, un grupo de mujeres le reprochan a Marola que enamora a todos los hombres del puerto, lo que ocasiona que Eguía la golpee y la maltrate.  Eguía, que es en realidad es el padre de Marola, le ofrece la mano de su hija a Leandro, a cambio de que introduzca cocaína en la ciudad.  Leandro acepta y acompañado de Marola, se dirigen en una embarcación hacia una cueva a la que se puede acceder por el mar, para recoger las drogas, pero desaparecen en el mar por una fuerte tormenta.  El entristecido Eguía les cuenta a los presentes que Marola era en realidad su hija. El viejo marinero ingles Simpson, les da la noticia que Marola y Leandro aparecieron vivos y llegan al pueblo detenidos por la policía.  El arrepentido contrabandista Eguía confiesa ser el culpable de lo sucedido, por lo que es detenido, mientras que Marola y Leandro quedan en libertad.  La zarzuela, como se le conoce al género lirico, musical y escénico creado España -que contiene diálogos hablados y partes cantadas- toma su nombre del Palacio de la Zarzuela, la mansión de la realeza española, situada en las proximidades Madrid, y en cuyo teatro comenzaron a realizarse las primeras representaciones del género. La zarzuela podría entenderse, aunque en sentido quizás no tan estricto o correcto, como la opéra-comique francesa o el singspiel alemán, por el uso de partes habladas y recitadas, aunque la zarzuela se apega más al carácter, a la música, las fiestas, las costumbres, la literatura, en suma, al folclor español. Los orígenes de la zarzuela datan del siglo XVI, cuando el dramaturgo Lope de Vega escribió una obra titulada La selva sin amor, una comedia con orquesta, a la que el autor se refirió como “una cosa nueva en España” años más tarde, en 1629, el otro celebre dramaturgo español  Calderón de la Barca, adoptó por primera vez el termino zarzuela, para su obra titulada El golfo de las Sirenas. Desde entonces, comenzaron a surgir diversos compositores españoles que compusieron zarzuelas barrocas, muchas de ellas se perdieron durante el tiempo, y otras han sido rescatadas y escenificadas a lo largo del tiempo. El 10 de octubre de 1856, se fundó oficialmente el Teatro de la Zarzuela en Madrid, y en 1873 el Teatro Apolo donde se representaban, y a la fecha se hace, solo obras pertenecientes a este estilo musical.   La zarzuela compartió su época de mas gloria con la ópera, el teatro de prosa y en verso en el siglo XIX y posteriormente con el cinematográfico en el XX.  Gracias a las giras que realizaban compañías españolas, el genero se dio a conocer y se difundió especialmente en Hispanoamérica.  Actualmente, los teatros importantes de España incluyen con regularidad títulos de zarzuela en sus temporadas, y las ocasiones que teatros fuera de España han programado zarzuela, generalmente han sido bien recibidas y aceptadas. Sin embargo, los teatros importantes de Hispanoamérica, no la programan con la frecuencia que se debería.  Es por ello importante la labor del Teatro Mayor de Bogotá, por incluir zarzuelas en su temporada y mantener vivo el género.  Cabe mencionar que, como parte de la presente temporada, en el mes de febrero de este año, se realizó el montaje de El Vizconde, zarzuela cómica de Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894) en una coproducción entre el Teatro Mayor, el Teatro de la Zarzuela, la Fundación Juan March (que busca fomentar la cultura y música en España) y el Teatro Metropolitano de Medellín.   El montaje con el que se ofreció  La tabernera del puerto en Bogotá fue traído del Teatro de la Zarzuela de Madrid, que a lo largo del tiempo ha ido incorporando a destacados directores de escena y escenógrafos.  Las escenografías fueron ideadas por el director italiano Ezio Frigerio, y los coloridos, y elegantes vestuarios de  la Franca Squarciapino, con iluminación de Vinicio Cheli.  La dirección escénica fue del celebre actor y director de escena catalán Mario Gas, conocido por su trayectoria dirigiendo obras de teatro y lirica. Un conocedor de la zarzuela, que supo explotar los momentos dramáticos de la partitura, y resaltar con gracia y naturalidad la verve cómica, que le permite el libreto, con precisión gestualidad, movimientos y coreografías, haciendo resaltar la parte humana y los sentimientos que muestran los personajes y resaltando problemas que planteó en su tiempo Sorozábal, y que resultan ser temas de actualidad como la violencia, el maltrato a las mujeres, el narcotráfico. La escena nos traslada dentro de una oscura y lúgubre taberna, el fondo del escenario fue representado con enorme muro de piedra, un elemento fijo, que cuando se retiraban las sillas y mesas de la taberna, lucían como calles oscuras y un muelle.   La iluminación en tonos oscuros sirvió acompañó los momentos de dramatismo con tonalidades azul oscuro, y brillantes y radiantes blancos durante las partes mas alegres y emotivas. No podría faltar la pareja cómica, con sus partes habladas y la comicidad que les aportaron a los personajes de Chincorro y Antigua, recreados por el actor español Pep Molina  y la mezzosoprano Amelia Font, conocida por amplia experiencia en la lírica.  El mejor momento de la producción de Frigerio, fue la escena de la embarcación atravesando una intensa tormenta y hundiéndose, que se realizó detrás de una tenía cortina blanca, con atractivas proyecciones e iluminación que representaban la tupida lluvia, los rayos y truenos y el agua del mar.   El elenco de cantantes, con amplia experiencia y la zarzuela y en obras operísticas fue encabezado por la joven y delicada Marola, que interpretó la soprano andaluza Leonor Bonilla, de voz brillante, nítida y muy musical, especialmente segura en los penetrantes agudos. El barítono César San Martín, dio vida al malévolo Juan de Eguía con lirismo y fuerza dramática en su canto, como también el respiro cómico que le da su divertida romanza “La mujer de los quince a los veinte” El tenor Antonio Gandía, tuvo un  buen desempeño como Leandro, alguna vez un tenor ligero, su voz ha adquirido cuerpo y fuerza, y aunque su canto no es precisamente refinado logró muchos aplausos y entusiasmo de parte del publico después de su apasionado “No puede ser”.  Experiencia, buenos recursos musicales con su voz profunda y robusta, el versátil bajo Rubén Amoretti hizo resaltar al personaje del Simpson el viejo lobo de mar inglés. Agradó por su candor y radiante canto y su naturalidad escénica la soprano María Paula Pataquiva. Buen trabajo realizó el resto de los cantantes en sus respectivos personajes que complementan el extenso elenco; como gracia, participación escénica y conjunción mostro el Coro Filarmónico Juvenil.  En el foso estuvo el maestro español, Miquel Ortega, quien ha dedicado gran parte de su carrera a conducir y difundir la zarzuela, quien extrajo una lectura muy vivaz y alegre de la partitura, al frente de los músicos de la Orquesta Filarmónica Juvenil de Colombia.  La partitura ofrece muchos pasajes musicalmente emocionantes, alegres y dramáticos, y Ortega supo encontrar la variedad de timbres y colores necesarios para hacer de la parte orquestal una de las fortalezas de esta obra.  Un día previo a la función de la tabernera del puerto, el Teatro Mayor, ofreció en la intimidad del Teatro Estudio, una pequeña sala utilizada para conciertos de música de cámara y antigua, el concierto titulado “El barroco tardío: reino compartido” a cargo del Ensamble Barroco de Bogotá que ejecutó, en un formato pequeño de violín y clavecín, composiciones de compositores pertenecientes al barroco francés, aderezados de obras de los más destacadas compositores del repertorio de música antigua como Handel y J.S.B. de los cuales se escucharon: la Sonata para violín y bajo continuo en la menor, del primero, y la Sonata para violín y bajo continuo en mi menor del segundo.  Se pudieron escuchar piezas poco conocidas como La Du Duq y el Rondeau Suite 1, primer libro del  Jacques Duphy, compositor francés del siglo XVII, dedicado al estudio y la ejecución del clavecín.  Se escucho también el tercer preludio de otro notable compositor de su tiempo François Couperin, conocido como el Couperin le Grand por su contribución a la composición del clavecín y su virtuosismo con ese instrumento, así como el concierto 7 en sol menor perteneciente a Les Goûts réunis que forma parte de la creación de diez suites compuestas por este compositor en 1724, para finalizar con la Sonata académica en re menor Op 12 no 12 de Francesco María Veracini, florentino, otro compositor italiano poco conocido, pero que dejo un amplio legado de sonatas para violín. En un formato a pequeña escala el Ensamble Barroco de Bogotá contó con la presencia de su director, el maestro francés Julien Faure, quien, al clavecín, mostró habilidad y expresividad de su instrumento del que supo sacarle las mejores notas, cincelando una ejecución, plena de colorido, dramatismo y timbres que se adaptan a los diferentes estilos compositivos, que surgieron en diferentes países europeos en el siglo XVIII, que muestran su carácter, su sonido particular, lleno de variedad, colores y matices.  Faure interpretó sus piensas en solitario con sentimiento y emoción, y fue acompañado por el vigoroso virtuosismo que emanó del instrumento, el violín, del maestro Santiago Medina. Ambos lograron conjunción y cohesión, pero más que nada conjunción, homogeneidad e instrumento para transmitir al público presente que abarroto todas las butacas del teatro estudio.  Había tenido ya la fortuna de escuchar el año pasado el Ensamble Barroco de Bogotá en un concierto en el que acompañando el contratenor alemán Andreas Scholl. En mi opinión, el grupo ha adquirido la experiencia necesaria para participar en una puesta operística del repertorio barroco.






Wednesday, August 19, 2026

La Tabernera del Puerto, Zarzuela in tre atti di Pablo Sorozábal - Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo di Bogotá, Colombia

Fotos: Juan Diego Castillo / Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

Ramón Jacques

La Tabernera del Puerto, Zarzuela in tre atti con música di Pablo Sorozábal (1896-1988) libreto di Federico Romero (1886-1976) e Gullermo Fernández-Shaw (1893-1965) basado en el “Romancillo marinero” de Federico Romero. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, Colombia.  1 de agosto 2026

Fin dalla sua fondazione, il 26 maggio 2010, il Teatro Julio María Santo Domingo è diventato il principale palcoscenico della capitale colombiana, proponendo ogni anno un’ampia varietà di spettacoli musicali – dalla musica popolare a quella classica e antica – oltre a danza, teatro e, naturalmente, ad una stagione lirica. Per l’edizione attuale sono state programmate tre recite de La tabernera del puerto, zarzuela con musiche del compositore Pablo Sorozábal (1897-1988), prolifico autore donostiarra di opere sinfoniche e liriche, formatosi in Germania. Sorozábal svolse inoltre un’intensa attività di direttore d’orchestra, esperienza che gli permise di conoscere a fondo il linguaggio sinfonico e di comprendere le possibilità espressive della voce umana, conferendo alle proprie opere un raffinato eclettismo orchestrale, ricco di colori e sfumature. Sebbene La tabernera del puerto non goda di una particolare notorietà né rientri stabilmente nel repertorio lirico dei principali teatri internazionali, è conosciuta a livello globale soprattutto per la celebre romanza per tenore ¡No puede ser!, la cui popolarità e frequenza di esecuzione sono aumentate sensibilmente in seguito alla sua inclusione nei concerti dei Tre Tenori, José Carreras, Plácido Domingo e Luciano Pavarotti. Al di là di questo, l’opera è considerata una delle composizioni più significative del genere e uno dei vertici della zarzuela, tanto per la brillantezza della scrittura melodica e orchestrale quanto per la solidità della partitura, capace di intrecciare in maniera organica e uniforme musica, dramma e sviluppo dei personaggi, attraverso una costruzione teatrale condotta con estrema cura. La tabernera del puerto, messa in scena per la prima volta il 6 maggio 1936, rientra nel cosiddetto “género grande” della zarzuela, una tipologia che si avvicina maggiormente all’opera lirica, a differenza del “género chico”, caratterizzato da opere brevi, di durata ridotta e trame più semplici. Il género grande ha consentito uno sviluppo più ampio di vicende caratterizzate da una marcata tensione drammatica, una teatralità più complessa e personaggi più articolati, in grado di esprimere, come in questo caso, sentimenti quali amore, ambizione, inganno e redenzione. La vicenda de La tabernera è ambientata nella località marittima immaginaria di Cantabreda, nel nord della Spagna, proprio nel 1936, anno della prima rappresentazione. Sebbene il luogo sia di fantasia, le origini basche del compositore, nato a San Sebastián, nella provincia di Guipúzcoa, e il cognome Eguía di uno dei protagonisti evocano inequivocabilmente la costa dei Paesi Baschi.Nel porto si trova una taverna di proprietà del contrabbandiere Juan de Eguía, dove la giovane Marola, che tutti credono essere sua moglie, accoglie i marinai che vi si riuniscono o che fanno scalo nel porto. Marola è corteggiata dal giovane trovatore Abel, ma si innamora del Pescatore Leandro. Un gruppo di donne la accusa di sedurre tutti gli uomini del porto, provocando la reazione violenta di Eguía, che la picchia e la maltratta. Eguía, che in realtà è il padre di Marola, offre a Leandro la mano della figlia in cambio del suo aiuto nell’introdurre della cocaina in città. Leandro accetta e, insieme a Marola, si dirige con un’imbarcazione verso una grotta raggiungibile dal mare, dove dovrebbero recuperare la droga. I due scompaiono però in mare durante una violenta tempesta. Affranto, Eguía rivela ai presenti che Marola è in realtà sua figlia. Il Vecchio marinaio inglese Simpson annuncia però che Marola e Leandro sono sopravvissuti e stanno tornando al paese, arrestati dalla polizia. Il contrabbandiere, pentito, confessa di essere il responsabile di quanto accaduto e viene arrestato, mentre Marola e Leandro vengono rimessi in libertà. La zarzuela, genere lirico-musicale e scenico nato in Spagna e caratterizzato dall’alternanza di dialoghi parlati e parti cantate, prende il nome dal Palazzo della Zarzuela, residenza della famiglia reale spagnola situata nei pressi di Madrid, nel cui teatro iniziarono le prime rappresentazioni del genere. La zarzuela può essere accostata, seppure in termini non del tutto rigorosi, all’opéra-comique francese o al Singspiel tedesco, proprio per l’alternanza tra parti parlate e cantate. La sua peculiarità risiede tuttavia nello stretto legame con il carattere, la musica, le feste, le consuetudini, la letteratura e, in definitiva, con il folclore spagnolo. Le origini della zarzuela risalgono al XVI secolo, quando il drammaturgo Lope de Vega scrisse La selva sin amor, una commedia con orchestra che l’autore definì, qualche anno più tardi, “una cosa nuova in Spagna”. Nel 1629 l’altro celebre drammaturgo spagnolo, Calderón de la Barca, utilizzò per la prima volta il termine “zarzuela” per la sua opera El golfo de las Sirenas. Da allora iniziarono a comparire numerosi compositori spagnoli dediti alla zarzuela barocca. Molte di queste opere andarono perdute nel corso del tempo, mentre altre sono state riscoperte e riportate in scena nel corso dei secoli. Il 10 ottobre 1856 fu fondato ufficialmente a Madrid il Teatro de la Zarzuela e nel 1873 nacque il Teatro Apolo, dove venivano rappresentate – e ancora oggi vengono rappresentate – esclusivamente opere appartenenti a questo genere. La zarzuela condivise il periodo della sua massima fioritura con l’opera lirica e con il teatro di prosa e in versi nell’Ottocento, per poi confrontarsi nel Novecento con il nuovo linguaggio cinematografico. Grazie alle tournée delle compagnie spagnole, il genere si diffuse ampiamente, soprattutto nell’America Latina di lingua spagnola. Ancora oggi i principali teatri spagnoli inseriscono regolarmente titoli di zarzuela nelle proprie stagioni, mentre le occasioni in cui teatri al di fuori della Spagna hanno programmato questo repertorio sono generalmente state accolte con favore. I maggiori teatri dell’America Latina, tuttavia, non la propongono con la frequenza che meriterebbe. È proprio per questo che assume particolare importanza l’attività del Teatro Mayor di Bogotá, che inserisce la zarzuela nella propria programmazione contribuendo a mantenere vivo il genere. Va ricordato che, nell’ambito della stagione in corso, nel febbraio di quest’anno è andato in scena El Vizconde, zarzuela comica di Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894), in una coproduzione tra il Teatro Mayor, il Teatro de la Zarzuela, la Fundación Juan March – impegnata nella promozione della cultura e della musica in Spagna – e il Teatro Metropolitano di Medellín Colombia. L’allestimento de La tabernera del puerto presentato a Bogotá proveniva dal Teatro de la Zarzuela di Madrid, che nel corso degli anni ha coinvolto importanti registi e scenografi. Le scene erano state ideate dall’italiano Ezio Frigerio, mentre i costumi, colorati ed eleganti, erano firmati da Franca Squarciapino, con le luci di Vinicio Cheli. La regia era affidata al celebre attore e regista teatrale catalano Mario Gas, noto per la sua lunga attività nel teatro di prosa e nel teatro lirico. Profondo conoscitore della zarzuela, Gas ha saputo valorizzare i momenti drammatici della partitura e, al tempo stesso, mettere in risalto con grazia e naturalezza la verve comica consentita dal libretto, attraverso una precisa cura della gestualità, dei movimenti e delle coreografie. Ne è emersa con particolare evidenza la dimensione umana dei personaggi e dei loro sentimenti, insieme a problematiche che Sorozábal aveva posto al centro dell’opera e che conservano una sorprendente attualità: la violenza, i maltrattamenti nei confronti delle donne e il narcotraffico. La scena conduceva lo spettatore all’interno di una taverna cupa e lugubre, delimitata sul fondo da un enorme muro di pietra, elemento fisso che, una volta rimossi tavoli e sedie della taverna, si trasformava visivamente nelle strade buie e nel molo.Le luci, dominate da tonalità scure, accompagnava i momenti più drammatici con colori blu profondi, mentre bianchi brillanti e luminosi caratterizzavano le sezioni più gioiose ed emozionanti. Non poteva mancare la coppia comica, caratterizzata da parti recitate e da un umorismo affidato ai personaggi di Chincorro e Antigua, interpretati dall’attore spagnolo Pep Molina e dal mezzosoprano Amelia Font, che vanta una consolidata esperienza nel repertorio lirico. Il momento di maggiore impatto dell’allestimento di Frigerio era rappresentato dalla scena dell’imbarcazione che, attraversando una violenta tempesta, giungeva all’affondamento. La sequenza si svolgeva dietro un sottile sipario bianco, su cui proiezioni e giochi di luce evocavano con efficacia la pioggia battente, i fulmini, i tuoni e il moto del mare. Il cast vocale, composto da interpreti con una vasta esperienza tanto nella zarzuela quanto nel repertorio operistico, era guidato dalla giovane e delicata Marola del soprano andaluso Leonor Bonilla, dotata di una voce brillante, nitida e molto musicale, particolarmente sicura negli acuti penetranti. Il baritono César San Martín ha dato vita al perfido Juan de Eguía con lirismo e forza drammatica, offrendo al tempo stesso una felice vena comica nella divertente romanza La mujer de los quince a los veinte. Il tenore Antonio Gandía ha offerto una buona prova nel ruolo di Leandro. Un tempo interprete di parti da tenore leggero, la sua voce ha acquisito corpo e consistenza. Sebbene il canto non risultasse particolarmente raffinato, Gandía è riuscito a suscitare grande entusiasmo e calorosi applausi da parte del pubblico dopo la sua appassionata interpretazione di No puede ser. Ricco di esperienza e dotato di buone risorse musicali, il versatile basso Rubén Amoretti metteva in evidenza, grazie alla voce profonda e robusta, il personaggio di Simpson, il vecchio lupo di mare inglese. Maria Paula Pataquiva conquistava il pubblico per il candore e la luminosità del canto, oltre che per la naturalezza della presenza scenica. Buona anche la prova degli altri interpreti nei rispettivi ruoli, che completavano un cast numeroso e articolato; per vivacità, partecipazione scenica e capacità di amalgamarsi con l’azione si distingueva il Coro Filarmónico Juvenil. Sul podio si è distinto il maestro spagnolo Miquel Ortega, che ha dedicato gran parte della propria carriera alla direzione e alla promozione dellazarzuela. Alla guida dell’Orquesta Filarmónica Juvenil de Colombia, Ortega ha offerto un’interpretazione vivace e brillante della partitura. La scrittura musicale presentava numerosi passaggi di forte impatto, alternando momenti di esaltazione e di drammaticità; Ortega ha dimostrato una spiccata capacità di valorizzare la varietà timbrica e cromatica, rendendo la componente orchestrale uno dei punti di forza dell’opera.




Sunday, November 27, 2011

Falstaff - Parma - Festival Verdi 2011

Foto Roberto Ricci Teatro Regio di Parma.

Giosetta Guerra

10 ottobre: Buon Compleanno Peppino! Il 10 ottobre 1813 nasceva Giuseppe Verdi e anche quest’anno la mattina del 10 ottobre 2011 alle ore 11.00 è stata celebrata una cerimonia per il 198° anniversario della sua nascita davanti al monumento del compositore situato a Parma in Piazza della Pace vicino al Piazzale della Pilotta. Per il tradizionale omaggio la città di Parma e il Gruppo appassionati verdiani “Club dei 27” hanno deposto fiori in omaggio al Maestro di Busseto. I rappresentanti delle istituzioni cittadine e dell’Amministrazione Comunale, il sovrintendente del Teatro Regio di Parma Mauro Meli, Andrea Rinaldi della Corale Verdi, i rappresentanti delle associazioni musicali cittadine, l’Istituto nazionale di studi verdiani, l’Istituzione Casa della Musica, il Conservatorio di Musica “Arrigo Boito” di Parma hanno espresso il loro omaggio a parole, il Coro del Teatro Regio di Parma e la Corale Giuseppe Verdi guidati da Martino Faggiani hanno chiuso la celebrazione con un omaggio musicale. Presenti esponenti di associazioni verdiane straniere e melomani frequentatori del Festival verdiano. La sera tutti al Teatro Farnese, situato nell’area della Pilotta, per assistere a un grande Falstaff.

Un Falstaff coi colori caldi del legno

Commedia lirica in tre atti di Arrigo Boito, dalla commedia shakespeariana The merry Wives of Windsor. Musica di Giuseppe Verdi (10 ottobre 2011 – prima) “Tutti gabbati”: suona sempre un po’ luciferino lo sfogo finale di Falstaff, quasi un ghigno consolatore intriso di sadismo e di rassegnazione in un mondo dove tutto è burla. Almeno una volta tanto siamo tutti uguali, anche se, si sa, “ride ben chi ride la risata final”. Ma noi non siamo stati gabbati la sera del 10 ottobre 2011 al Teatro Farnese di Parma, almeno dalla produzione di Falstaff. Sul palcoscenico del seicentesco teatro ligneo non c’è l’osteria della Giarrettiera, ma…: un grande letto in legno naturale che va e viene, bauli di legno in qua e in là, festoni bianchi con disegni neri per raffigurare sia i panni stesi sia l’acqua del Tamigi dalla quale sbucano le braccia gesticolanti di Falstaff, uccellacci neri agitati da figuranti nascosti (solo una volta visibili), una casa di legno con balconcino, dalla cui finestra viene realmente gettato Falstaff per farlo cadere nel fiume (simulato da donne che tirano l’acqua con i secchi), una tinozza lignea con dentro Falstaff nudo ripescato dalle acque, un albero nero spinto a mano e poi la selva di macbethiana memoria (donne che avanzano con rami frondosi in mano). Niente tecnologia, ma tutto artigianale e in linea con i colori e il calore del teatro. Il fondale è un telo bianco con un paesaggio disegnato in nero e poi i colori si scambiano come nel negativo di una fotografia nel terzo atto. Allestimento scenico di Jamie Vartan, che cura anche i costumi in stile sobrio e monacale per le donne, estroso, sbuffante, quasi giullaresco per i ruoli buffi maschili. Luci calde di Simon Corder. Il regista Stephen Medcalf caratterizza in modo garbato e mai ridondante i personaggi con l’aiuto degli stessi artisti che sono anche bravi attori. Nel title rôle Ambrogio Maestri, vestito, a dispetto della sua notevole stazza, con un pagliaccetto bianco e scarpe, berretto, mantello rosso (pagliacciotto –forse meglio coniare un nuovo vocabolo-che poi è rosso e in seguito marrone con corna di cervo), entra sdraiato su un letto spinto a mano e fa subito sfoggio della sua poderosa voce di baritono, enorme, ampissima, timbrata, ma capace di alleggerirsi fino ad un comico falsetto (“Io son di Ford”). La sua imponenza vocale e scenica troneggia per tutta l’opera insieme ad una verve tragi-comica che lo rende insuperabile interprete di questo ruolo.

Al suo fianco un silenzioso servitore in armatura da guerriero e i suoi servi Bardolfo e Pistola, che a volte lo beffeggiano e lo ingannano, interpretati sagacemente da Patrizio Saudelli (tenore, un collaudato caratterista) e Mattia Denti (basso), una coppia, tipo “il gatto e la volpe”, delineata con precisione attoriale e vocale dai due bravi artisti.  Uno straordinario Luca Salsi veste i panni di Ford, il baritono gestisce un mezzo vocale ampio e di bel colore con ottimo sostegno del fiato e fraseggio accurato (due titani nel dialogo Ford - Falstaff del secondo atto per la conquista di Alice), grande in “È sogno o realtà” con tormento in orchestra e la voce pacata dei corni. La voce chiara del tenore Antonio Gandia (Fenton) sale bene e si espande con vigore, Luca Casalin come “tenore di carattere” interpreta Dott. Cajus. Il canto d’insieme delle comari, rigorosamente in nero e bianco, dà origine ad un ordito intessuto con cura e con gusto, lo scherzo beffardo nei confronti del vecchio è condotto con leggerezza teatrale, ma anche vocale: Svetla Vassileva nei panni di Alice sa far uso della messa di voce, ma il suono è piccolo e a mala pena si sente, Romina Tomasoni come Quickly canta bene ma, non avendo una voce molto timbrata, ha più colori nella tessitura acuta, Daniela Pini è una corretta Meg, la più armoniosa è Barbara Bargnesi nel ruolo di Nannetta, il soprano ha voce estesa, canta sul fiato con voce melodiosa e tenuta del suono, producendo bei filati anche rinforzati (“Sul fil d’un soffio etesio”).  Il mitico Coro del Regio, preparato da Martino Faggiani, fa emergere le sue ottime qualità vocali ed interpretative. L’Orchestra del Teatro Regio di Parma, diretta dal giovanissimo Andrea Battistoni, tiene sonorità ora concitate, ora delicate, a mo’ di ricamo, per unirsi al suono intrecciato delle voci in un piacevole e coinvolgente gioco delle parti, cura i ricchi dettagli e i colori della scrittura musicale e dà rilievo alle voci degli strumenti. Lo spettacolo ha ottenuto il gradimento del pubblico. Noi che conosciamo un po’ la macchina teatrale dobbiamo ritenerci soddisfatti anche del lavoro fatto dietro le quinte dal direttore musicale di palcoscenico Fabrizio Cassi, dal maestro di sala e preparatore musicale Simone Savina, dal maestro di sala e alle luci Claudio Cirelli, dal maestro di palcoscenico Matteo Rubiconi, dal direttore di scena Paola Lazzari, da operatori e tecnici, e dobbiamo ringraziare tutti coloro che hanno dedicano un tempo infinito alla preparazione di un festival di questa portata.

Thursday, July 7, 2011

La fille du régiment – Ópera de Bellas Artes de México

Foto: INBA

Ingrid Haas

Se presentó en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, la hermosa ópera de Gaetano Donizetti “La Hija del Regimiento” bajo la dirección orquestal del maestro José Areán y la dirección escénica a cargo de César Piña.  En la función del día 26 de junio tuvimos la oportunidad de ver a la soprano Leticia de Altamirano en el rol de Marie. Cantó con elegancia, fraseo limpio, agudos brillantes y una clara dicción en francés. Supo imprimirle la melancolía necesaria a su aria “Il faut partir” e inyectarle vivacidad a “Chacun le sait” y a “Salut a la France!”. A diferencia de como se acostumbra actuar este rol, de Altamirano dejó a un lado la caracterización de la soldadera hiperactiva y pendenciera y actuó el papel dándole ciertos toques de ternura, con un poco de picardía pero sin exagerar el lado “masculino” del personaje. Su actuación fue aclamada por el público con una larga ovación al final de la función.  El tenor español Antonio Gandia hizo gala de la técnica que le heredó su maestro Alfredo Kraus y cantó el rol de Tonio con agudos seguros, buen fraseo y pasión. Sostuvo muy bien el último Do sobre agudo del aria “Ah mes amis… Pour mon ame” e incluyó un Re sobre agudo en su segunda aria “Pour me rapprocher Marie”. También se acopló bellamente con la voz de Altamirano en el dueto entre Tonio y Marie. El público agradeció su entrega otorgándole también una calurosa y fuerte ovación después de sus dos arias y al final de la velada. Armando Gama fue un excelente Sulpicio, cantando y actuando su papel con la experiencia y calidad que lo caracterizan. María Luisa Tamez lució su registro grave en el rol de la Marquesa de Berkensfield. El barítono Octavio Moreno cantó el rol de Hortensius y el bajo Sergio Ovando fue un buen Caporal. El tenor Juan Carlos López fue el campesino. José Areán dirigió bien la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, corrigiendo ya para esta funciona algunos tropiezos de coordinación entre la orquesta y el coro que había tenido en las otras funciones. El Coro cantó con su acostumbrado sonido claro y redondo, animándose incluso a bailar durante “Allons, plus d’alarmes!”. La puesta en escena de César Piña sigue teniendo sus aciertos y desaciertos pero funciona, en general, gracias a que la ópera es de carácter ligero. Solo esperamos que en la próxima reposición de esta ópera usen copas y tarros de utilería y no las que sacaron de cartón.  El público reconoció la calidad de los cantantes dándoles una merecida y estruendosa ovación al final de la ópera con un foro lleno al 95% de su capacidad. Esperamos ver más seguido óperas de Bellini, Rossini y Donizetti dentro de las futuras temporadas de la Compañía Nacional de Ópera ya que se adecuan más al estilo de voces que tenemos en nuestro país.