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Friday, November 1, 2019

La Italiana en Argel - Teatro Municipal de Santiago de Chile

Fotos:  Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete

Apenas una semana antes de que Chile entrara en la mayor crisis en las tres décadas que han transcurrido desde su regreso a la democracia, finalizaban en la primera quincena de octubre las funciones que luego de 10 años trajeron de regreso al principal escenario lírico del país, el Municipal de Santiago, la siempre encantadora La italiana en Argel, de Rossini. Más allá de las complejas circunstancias en las que el país se encuentra al momento del despacho de este texto, los resultados de este retorno rossiniano fueron en verdad excelentes. Tras su estreno en Chile en 1830, la ópera recién tuvo su tardío debut en el Municipal en 1984, dirigida por Bruno Campanella y con un elenco encabezado por una experta en este repertorio, la mezzosoprano italiana Lucia Valentini-Terrani. Desde entonces este título sólo estuvo de vuelta en 2009, en una producción de Emilio Sagi y protagonizada por Marianna Pizzolato, y en términos generales y considerando todos los elementos artísticos, esta versión 2019, presentada con dos repartos, fue aún más lograda y satisfactoria.  

De partida, por la espléndida batuta del español José Miguel Pérez-Sierra, al frente de ambos elencos y quien tras su debut local en 2014 dirigiendo I puritani de Bellini ha destacado en sus incursiones rossinianas regresando en 2015 para un memorable El turco en Italia y posteriormente en 2017 en La cenerentola y 2018 en El barbero de Sevilla. Pérez-Sierra es siempre garantía segura de calidad rossiniana, al haber sido asistente y discípulo de una auténtica eminencia mundial en el compositor, el ya fallecido maestro Alberto Zedda. Una vez más la Filarmónica de Santiago estuvo muy bien bajo su guía, en una lectura vivaz, fresca y energética, atenta a los detalles y capaz de apoyar muy bien a los cantantes en algunos momentos complejos. Particularmente irresistibles fueron todos los momentos en que la música se desplegó vertiginosa en esos contagiosos e inconfundibles crescendi y accelerandi, tan típicos de Rossini, en especial en la obertura, el final del acto I y el delicioso quinteto del acto II. Lo musical también estuvo a gran altura gracias a los buenos cantantes convocados. En cada uno de los dos repartos, tres de los solistas ya habían interpretado los mismos roles en la versión de 2009. En el internacional, una vez más fue notable el reconocido barítono italiano Pietro Spagnoli, ya un sólido y simpático Mustafá hace una década, ahora incluso más contundente y divertido tanto en lo vocal como en lo actoral. Y tras su buena Rosina en el Barbero del año pasado, la mezzosoprano rusa Victoria Yarovaya regresó para protagonizar este montaje encarnando una eficaz Isabella; simpática y desenvuelta en escena, volvió a mostrar una voz hermosa y un canto seguro y refinado, y aunque el volumen y emisión variaron a lo largo de la función que vimos, dejó en claro que si sigue desarrollando el personaje, puede llegar a ser una de sus mejores intérpretes en la actualidad. También estuvo de vuelta su compatriota, el tenor Anton Rositskiy, quien tras sus actuaciones en el Municipal en El elixir de amor (2013), I puritani (2014) y Tancredi (2016), exhibió nuevamente como Lindoro una voz atractiva y cómoda en el registro agudo, pero además mostró evidentes y positivos avances en el estilo de canto y en la actuación. 

Luego de su buen Guglielmo en el Così fan tutte de julio, el barítono turco Orhan Yaldiz volvió al escenario chileno como un divertido, dinámico y bien cantado Taddeo. Y como en 2009, dos experimentados cantantes chilenos estuvieron nuevamente en los roles de Elvira y Haly respectivamente, la soprano Patricia Cifuentes y el barítono Patricio Sabaté; conformando el septeto de solistas del elenco internacional, la mezzosoprano argentina Cecilia Pastawski fue una meritoria Zulma.  En el segundo reparto, el llamado elenco estelar, casi completamente integrado por intérpretes locales, como hace una década los protagonistas fueron la mezzosoprano Evelyn Ramírez, sensual y convincente Isabella, y el barítono Ricardo Seguel como Mustafá, quien lamentablemente cantó enfermo en el estreno y las posteriores funciones, y aunque eso nos impidió apreciar por completo su siempre estimulante desempeño vocal en este rol que es uno de los que mayores satisfacciones le suele dar (lo ha cantado también en teatros de Argentina, Uruguay, México y España), demostró una vez más lo buen artista que es, al sobrellevar sus condiciones vocales para de todos modos destacar en lo teatral con un bey hilarante y entrañable.  También repitió su rol de 2009 el barítono Sergio Gallardo, como siempre muy cómodo en los personajes bufos y quien conformó un simpático Taddeo de buenas dotes cómicas. La soprano Marcela González fue una muy acertada y sonora Elvira, junto a la mezzosoprano Cecilia Barrientos como Zulma, y el excelente barítono cubano radicado en Chile Eleomar Cuello tuvo un sólido desempeño como Haly. Por su parte, encarnando por primera vez a Lindoro, el joven tenor español Juan de Dios Mateos tuvo un prometedor debut en Chile, y a pesar del anuncio de que cantaría enfermo en el estreno, lució bonita voz, canto seguro y de facilidad en los agudos y buena disposición para el juego escénico.    
¡Porque vaya que hubo juego escénico en esta nueva producción de La italiana en Argel! Hace ya tres décadas que el bajo chileno Rodrigo Navarrete debutó en el escenario del Municipal, y a lo largo de ese tiempo se presentó ahí en diversos roles y óperas, incursionando además con éxito en los últimos años en la dirección de escena, primero como asistente y repositor de algunos régisseurs en sus montajes, pero también directamente como principal resposable teatral en distintos teatros del país, como en su aplaudido Pagliacci este año en la ciudad de Rancagua. En su primera puesta en escena creada para la temporada lírica oficial del Municipal de Santiago, cumplió con las expectativas y deleitó con una Italiana muy entretenida, ágil y llena de detalles. Jugando con los estereotipos y caricaturas del argumento, con guiños a la cultura contemporánea y a modelos estéticos de los años 60 y 70, y el apoyo de un sobrio y hermoso diseño escenográfico de Ramón López y el atractivo y colorido vestuario de Monse Catalá, Navarrete desplegó un espectáculo que encantó e hizo reír de buena gana al público, en especial con la genial escena del trío de los "Pappataci"; si bien algunas bromas o recursos escénicos funcionaron mejor o fueron más efectivos que otros, en conjunto el resultado fue muy lucido, en especial por la complicidad de los cantantes y el coro del teatro que dirige el uruguayo Jorge Klastornik, que como siempre estuvo brillante tanto en lo vocal como en lo actoral. Una gran dosis de humor y comedia que precedió al caos que vendría en los días siguientes...   


Thursday, June 9, 2016

I Capuleti e I Montecchi en Buenos Aires

Foto gentileza Buenos Aires Lírica. Crédito Fotofráfico: Liliana Morsia

Gustavo Gabriel Otero 

Buenos Aires. 05/06/2016. Teatro Avenida. Vincenzo Bellini: I Capuleti e I Montecchi. Ópera en dos actos. Libreto de Felice Romani. Marcelo Perusso, dirección escénica y diseño de escenografía. Stella Maris Müler, vestuario. Rubén Conde, iluminación. Cecilia Pastawski (Romeo). Rocío Giordano (Julieta), Santiago Ballerini (Tebaldo). Sebastián Angulegui (Lorenzo). Walter Schwarz (Capellio). Orquesta y Coro de Buenos Aires Lírica. Director del Coro: Juan Casasbellas. Dirección Musical: Javier Parodi. Espectáculo presentado y producido por la Asociación Buenos Aires Lírica.

Con corrección general pero sin exaltar volvió I Capuleti e I Montecchi a los escenarios de la Argentina. La acción de la obra se trasladó a una modernidad vaga que no molestó pero no aportó nada para hacer más atractiva la acción dramática. Las familias rivales son aquí pandillas de poca monta y todo parece frío y lejano. El movimiento actoral diseñado por Marcelo Perusso es razonable pero en ningún momento entusiasma. No ayudó en este punto la ascética escenografía -con tres paneles en negro simulando vidrio o mármol que van cambiando de lugar- del propio Perusso, ni la iluminación siempre en gamas de colores fríos de Rubén Conde. El diseño de vestuario de Stella Maris Müller de esmerada corrección apenas diferenciaba a las dos facciones. Una correcta lectura efectuó desde el podio el maestro Jorge Parodi con algunos tiempos lentos y falta de garra. Brilló en el rol de Tebaldo el tenor Santiago Ballerini con una faena de primer nivel. Belleza de timbre, fraseo y expresividad sin mácula fueron sus fortalezas. Mientras que Cecilia Pastawski, como su rival Romeo, convenció en todo momento. Roció Giordano compuso una adorable Julieta con algunos pequeños problemas vocales en el extremo agudo de la partitura pero con natural entrega y encomiable profesionalismo. Sebastián Angulegui fue un Lorenzo de perfectos acentos mientras que no desentonó el Capellio de Walter Schwarz. Mientras que el coro cumplió su cometido con corrección y gran solidez. En suma: una muy correcta versión de la gran obra de Bellini que no llegó a entusiasmar en ningún momento.

Wednesday, April 20, 2016

Fausto en Buenos Aires por Buenos Aires Lírica

Crédito Fotofráfico: Liliana Morsia

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires. 16/04/2016. Teatro Avenida. Charles Gounod: Fausto. Ópera en cinco actos. Libreto de Michel Carré y Jules Barbier, basado en Faust de J. W. Goethe. Pablo Maritano, dirección escénica. Enrique Bordolini y Pablo Maritano, escenografía. Ramiro Sorrequieta, vestuario. Enrique Bordolini, iluminación. Producción Escénica original del Teatro El Círculo de Rosario (Temporada 2015). Darío Schmunck (Fausto), Hernán Iturralde (Méphistophélès), Marina Silva (Marguerite), Ernesto Bauer (Valentin), Cecilia Pastawski (Siebel), Juan Font (Wagner), Virginia Correa Dupuy (Marthe). Orquesta y Coro de Buenos Aires Lírica. Director del Coro: Juan Casasbellas. Dirección Musical: Javier Logioia Orbe. Espectáculo presentado y producido por la Asociación Buenos Aires Lírica. 

La Asociación de Ópera Buenos Aires Lírica inició su Temporada número catorce con Fausto de Gounod. Si bien en 2006 ya había ofrecido la obra, en esta oportunidad la versión contó con elencos totalmente diferentes así como una nueva producción escénica. Si en 2006 el espectáculo resultó irregular en esta oportunidad las cosas funcionaron mejor sin rayar en la excelencia. La ópera se redujo de los cinco actos originales a cuatro con algunos cortes, el más importante fue la eliminación de toda la escena primera del quinto acto: La noche de Walpurgis. Javier Logioia Orbe condujo una versión prolija y cuidada desde lo orquestal pero sin brillo, sin vuelo y sin el adecuado estilo francés. Las pifias de algunos instrumentistas o la falta de concentración de alguno de los maestros de la orquesta -utilizando sus teléfonos portables para escribir mensajes durante la representación- no son algo que pueda achacarse al director musical. Darío Schmunck -cantante argentino de interesante carrera internacional- ofreció un creíble doctor Fausto desde lo escénico y encaró la parte con seguridad vocal, bello timbre, sólidos recursos y buena línea de canto. Perfecto en los agudos se echó de menos un poco más de caudal central en la primera escena. La soprano Marina Silva resultó sólida en su Marguerite, con buena línea de canto, registro parejo y notable entrega. Hernán Iturralde fue un Mefistófeles de cuidada perfección. Magnético en la escena se convirtió en forma permanente en el eje de la acción. Vocalmente irreprochable fue seguro en la emisión y adecuado en el volumen. Ernesto Bauer aportó calidad y seguridad a Valentín mientras que Cecilia Pastawski fue un irreprochable Siebel. Correcto el Wagner de Juan Fond y demostrando que no hay roles pequeños para buenos cantantes, Virginia Correa Dupuy supo sacar el mejor d e los partidos a su Marthe. El coro preparado por Juan Casasbellas, fue solvente con un plus en la actuación marcada generalmente como en los coros de las comedias musicales.
El talentoso Pablo Maritano presentó originalmente esta puesta en escena el año pasado en el Teatro El Círculo de Rosario. La acción se trasladó a Francia en tiempos cercanos a la Segunda Guerra Mundial. Solución tan usada en los últimos tiempos que ya resulta rutinaria, poco creativa y aburrida. Con la traslación pareció querer quitarse toda la simbología religiosa y filosófica que tiene la obra, que si bien en manos de los libretistas de Gounod quedó más como una historia de amor, aún subyace en la ópera. Las marcaciones actorales fueron adecuadas, el coro se mostró siempre como en una comedia musical y si bien la puesta en escena no aportó mucho tampoco molestó demasiado. Fueron buenos recursos el ingreso y salida de Mefistófeles por la platea y el uso de un palco para que tanto Fausto como el diablo miraran parte de la acción. Quizás la peor resolución sea la escena de la Iglesia donde el Diablo en lugar de estar en la oscuridad está plenamente iluminado y en el centro de la escena frente a un crucifijo invertido. No parece razonable, tampoco, que Margarita concurra a una Misa Negra celebrada por Mefistófeles, en la que ofrece las especies a una mujer desnuda con el mismo peinado y joyas que la torturada protagonista, cuando en realidad ella va al templo en busca de consuelo y paz y es perturbada por el demonio. Funcional la escenografía de Enrique Bordolini y el propio Maritano, adecuados al concepto de la puesta los trajes de Ramiro Sorrequieta y creativa la iluminación de Bordolini.

Wednesday, December 16, 2015

L’Enfant el les sortilèges por el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires

Foto: Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 12/12/2015. Teatro 25 de Mayo. Maurice Ravel: L’Enfant et les sortilèges. Fantasía Lírica en dos partes. Libro de Sidone-Gabrielle Colette. Arreglo para cuarteto de Didier Puntos. Espectáculo presentado y producido por el Taller de Integración Operística (TIO) del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Temporada 2015 del Teatro Colón.

Algunos creen que el futuro de la ópera está en producir puestas escénicas revolucionarias, modernas o con cambios radicales respecto al texto. Puede ser un camino para los que ya conocen el repertorio y el impacto del escándalo produce interés en ver estas producciones. Pero existe otro camino, sin dudas más difícil, que es el de formar nuevos artistas y nuevos públicos para asegurar el futuro del género. El Instituto Superior de Arte del Teatro Colón forma artistas, con altísima calidad, desde hace décadas y con esta presentación de su Taller de Integración Operística (TIO) pudo cumplir tanto con los jóvenes que se forman en las distintas disciplinas artísticas que se conjugan en la ópera como con la tarea de formar nuevos públicos, con estas cuatro funciones de ‘L’enfant et les sortilèges’ (el niño y los sortilegios) de Maurice Ravel con entrada libre y gratuita y en un Teatro -el 25 de Mayo- alejado de los circuitos habituales de la música académica. El Taller de Integración Operística (TIO) amalgama todas las carreras y talleres que se dictan en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. La conducción del Instituto propone un título operístico al principio del año y se realiza un concurso entre los estudiantes de la Carrera de Dirección Escénica de Ópera, quienes presentan proyectos y equipos de trabajo en conjunto con los alumnos de los talleres de vestuario y de realización escenográfica. El trabajo ganador es el que se ofrece en estas funciones abiertas al público, toda la producción queda en manos de los alumnos con la supervisión del cuerpo docente. Una más que buena iniciativa que apuesta por el futuro de la ópera. Los encargados de los aspectos visuales fueron Mariana Ciolfi (dirección escénica), Zacarías Gianni (diseño escenográfico), Luján Assad (diseño de vestuario) y Aurelia Espinola (realización de vestuario). Todo se conjugó para una puesta delicada, simple y bella. Los movimientos naturales, el marco escénico y los ingeniosos trajes crearon el marco perfecto para una obra que pueden disfrutar grandes y chicos. En la faz musical se optó por el arreglo para cuarteto de cuerdas de Didier Puntos interpretado con excelencia por Marcelo Ayub y Sebastián Achenbach (piano), Jorge Pérez Tedesco (violonchelo) y Damián Romagnoli (flauta). Emmanuel Siffert en el podio concertó con brillo la obra mientras que el coro reunido para lo ocasión, y preparado por Marcelo Ayub, aportó su cuota de justeza y profesionalismo. El elenco vocal es numeroso y se mostró homogéneo y solvente. El niño ofrecido por Cecilia Pastawski, tuvo todo lo que tiene que tener el protagónico de la obra. Se destacaron: la madre/la libélula interpretadas por Trinidad Goyeneche, la princesa a cargo de Elizabeth Guerrero Rengifo y las matemáticas cantadas por Mauro Di Bert. Sebastián Angulegui fue un reloj y un gato de perfectos acentos mientras que mostró robustez vocal el árbol de Gustavo Vita, Milagros Burga se conjugó adecuadamente, como la gata, con su contraparte en el delicioso dúo y excelentes condiciones mostró Ana Sampredro (la bergère y el murciélago). Con buen nivel las danzas así como el resto del elenco formado por María Florencia Molinero, Pamela Rosenstock, Natalia Salardino, Pablo Scaiola, Constanza Díaz Falú, María Goso, Elías Ongay y Luis Asmat Ramírez.