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Saturday, March 19, 2022

Coronis de Sebastián Durón en la Opéra Comique de Paris

Fotos: Stefan Brion

Ramón Jacques

Esta función fue sencillamente ¡un inolvidable espectáculo musical y escénico!  presentado en el teatro de la Opéra Comique. Se trató del estreno en Paris de la zarzuela barroca en dos jornadas (hacia 1701-1706) del compositor español Sebastián Durón con libreto anónimo.  La obra cuya partitura fue descubierta hace pocos años y se conserva en la Biblioteca Nacional de España, carece de más detalles específicos como: el nombre del autor del texto, la fecha exacta de su estreno o la ocasión para la que fue compuesta, pero se infiere que por la época en que vivió el compositor y por la manera elegante como está hecha la partitura, se trata de un regalo lujoso o recordatorio de espectáculo, que fue interpretado en la corte del joven rey de España, Felipe V, nieto de Luis XIV. Es una pastoral mitológica cantada en su totalidad, algo excepcional ya que, en esa época, la zarzuela era un espectáculo lirico que mezclaba canto con la declamación. Durón quien fue maestro de la capilla real de Madrid utilizó la enredada trama para crear un espectáculo original y exótico para la corte. (la obra narra la historia de bella ninfa Coronis, quien es salvada por el dios Apolo del monstruo marino Tritón, en el momento que Neptuno y Apolo luchaban por gobernar Tracia.  Los amantes, el dios Apolo y la ninfa Coronis terminan convirtiéndose en reyes, nombrados por Júpiter). El libro ofrecido por el teatro como programa de mano, contiene y aporta valiosa y detallada información adicional sobre la obra, resaltando detalles como la elección de un elenco en su mayoría femenino, excepto el papel de la anciana vidente Proteé interpretada por un tenor,  como un reflejo de esa España en la que solo las mujeres en las compañías teatrales se dedicaban al canto, porque los cantores de la capilla real desdeñaban el escenario; así como el reconocimiento de la existencia de un estilo de teatro musical antiguo propio de España, que a pesar de la existencia de valiosas joyas musicales, continua siendo, a pesar del renacimiento de la ópera barroca, ‘una área’ poco conocida o explorada de la música antigua. Coronis tuvo su estreno en época moderna en octubre del 2019 en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, y poco tiempo después en el Théâtre de Caen, Francia con Le Poème Harmonique, dirigida por Vicent Dumestre. (Existe una grabación discográfica de la obra, con la misma orquesta y conducción de Dumestre, editada en febrero del 2022 por el sello discográfico Alpha Classics a la par del estreno parisino).  En escena se vio la producción del 2019 de Caen, del director de escena colombiano Omar Porras, y escenografías de Amélie Kiritzé-Topor, quien captó el espíritu chispeante y festivo del espectáculo, tomando la ironía, la tragedia y la diversión que se desprenden de la brillante orquestación, para crear un espectáculo visualmente atractivo, dinámico y colorido; como un cuento mitológico, con detallados movimientos actorales, bailables y elementos del circo como fuegos artificiales, serpentinas, confeti, acróbatas; sumado a una brillante iluminación de diferentes matices y tonos de Mathias Roche, y encantadores vestuarios de Ateliers MBV Bruno Fatalot. La cuidada elección del elenco contó con la presencia de especialistas en el canto barroco como la soprano Marie Perbost, una afable ninfa Coronis, de brillante y nítido timbre, y excelente dicción en español; así como la mezzosoprano Isabelle Druet con su canto suntuoso y profundo en el papel de Tritón. El tenor Cyril Auvity, agradó vocal y escénicamente como Proteé. Sobresaliente fue también el nivel mostrado por la contralto Anthea Pichanik (Menando), así como el de las mezzosopranos Caroline Meng (Neptuno), Marielou Jacquard (Apolo) y Victorie Brunel (Sirene), y del resto de los cantantes del elenco en papeles menores.  Vincent Dumestre, al frente de su compacta y vibrante agrupación. mostró conocimiento y buen gusto de una partitura que cuenta con suntuosos coros, conmovedoras arias, tonadas, coplas, una orquestación cargada de tonalidades propias de la música española con la vivacidad de los violines, instrumentos de viento, y coloridas arpas, guitarras y percusiones.



Monday, February 15, 2016

Limpid and deep: Damien Guillon conducts Händel’s ‘Acis and Galatea’ at the Opéra de Rennes

Le Banquet Céleste
Suzanne Daumann

During its wonderfully variegated season, the Opéra de Rennes has invited Damien Guillon and his Banquet Céleste for an entertaining baroque evening on February 11 and 12. The opera tells the story of the shepherd Acis and the nymph Galatea, who love each other. Unfortunately, the Cyclops Polyphemus is also in love with Galatea and, in an outburst of rage and jealousy, smashes Acis with a rock and kills him. Listening to the desperate prayers of the nymph, the gods transform his blood into a stream, making him immortal. Händel’s music is as limpid and deep, irresistible and versatile as that stream, and the artists are doing it justice by bringing out every nuance just like a shining pebble on the ground. Damien Guillon conducts the Banquet Céleste with mathematical precision as well as passion and subtlety.Since it is a concert version, no pompous baroque or forced contemporary staging can come between the music and us tonight. Some discreet stage movements, a narrator—Olivier Dutilloy—who introduces every act by relating its content with a clear and natural diction, and the perfect diction of the singers; that is all it takes to follow the simple story. Soprano Katherine Crompton is touching and charming in the role of Galatea; with her crystal-clear voice, she brings out all the subtleties of the score. The grand Cyril Auvity is her Acis. He sings, in his golden timbre, with a natural and innocent ease that goes very well with his pastoral character. Edward Grint, a baritone with a strong warm voice and a clear timbre, is Polyphemus, looking innocent, a tad comical, a tad overwhelmed. Tenor Patrice Kilbride is Damon, Acis’ confidant, and mezzo-soprano Emilie Nicot is Coridon. A little miracle takes place when all these wonderful voices come together in the choir, and the plaint ‘Gentle Acis is no more’ is sublime. A charming evening, a whiff of fresh air and simplicity in these difficult times, and we leave, promising ourselves to read Ovid again, presto presto.


Limpide et profond : Damien Guillon dirige « Acis et Galatée » de Händel à l’Opéra de Rennes

Foto: Suzanne Daumann
Suzanne Daumann

Au cours de sa saison merveilleusement variée, l’Opéra de Rennes a invité les 11 et 12 février Damien Guillon et son Banquet Céleste pour une soirée baroque des plus ravissantes. L’opéra raconte les amours du berger Acis et la nymphe Galatée. Pour leur malheur, le cyclope Polyphemus a aussi jeté son dévolu sur Galatée, et dans un excès de rage et jalousie, écrase Acis sous un rocher. Devant les prières de la nymphe, les dieux transforment le berger en fleuve, et le rendent ainsi immortel. La partition de Händel est limpide et profonde, entraînante et variée comme ce fleuve, et les artistes lui rendent amplement justice, en faisant sortir chaque nuance comme l’on voit briller les cailloux au fond d’une rivière. Damien Guillon dirige le Banquet Céleste avec une précision mathématique empreinte de passion et délicatesse. Comme nous avons affaire à une version de concert ce soir, nulle mise en scène pompeuse et baroque, ou ramené au présent de force, vient troubler notre concentration sur la musique. Un jeu de scène discret, un narrateur, Olivier Dutilloy, qui introduit chaque acte en relatant son contenu avec une diction naturelle et claire, et la diction parfaite des chanteurs, il n’en faut pas plus pour comprendre la simple intrigue. Katherine Crompton, soprano, est touchante et charmante dans le rôle de Galathée, et avec sa voix claire et cristalline sait saisir toutes les nuances de la partition. Le ténor Cyril Auvity lui donne la réplique. Il chante avec naturel et une aisance innocente au timbré doré qui sied parfaitement à son personnage champêtre. Edward Grint, barytone à la voix puissante et chaude au timbre clair, est Polyphemus, avec un air d’innocence, un peu comique, un peu dépassé. Le ténor Patrice Kilbride est Damon, l’ami et conseiller d’Acis, et la mezzo-soprano Emilie Nicot prend le rôle de Coridon. Un petit miracle se produit quand toutes ces voix se mêlent dans le chœur, et la plainte « The gentle Acis is no more » est sublime. Une soirée charmante donc, une bouffée d’air frais, une dose de simplicité dans une période compliquée, qu’on quitte en se promettant de relire Ovide, presto presto. 

Wednesday, December 2, 2009

Partenope di Händel - Teatro Comunale, Ferrara

Foto: Teatro Comunale - Ferrara. Marco Caselli

Giosetta Guerra

L’elemento che tiene costante la godibilità visiva di questa opera di Händel allestita al Teatro Comunale di Ferrara è il sorprendente contrasto tra la pulizia e semplicità delle scene e l’originalità e ridondanza dei costumi, il tutto valorizzato da un gioco di luci capillarmente studiato e reso piacevolmente eccentrico da una regia di gran lusso, estatica e raffinatissima, che crea figure d’arte con una staticità decorativa. In linea di massima, quando si fa il barocco si tende a scegliere tra due opportunità: se ci sono i soldi si creano bellissimi allestimenti d’epoca con ambienti e costumi ricchi, bianchi e oro, (vedi Pizzi, Gasparon…), se si deve fare economia si modernizza tutto e di barocco resta solo la musica.
Giuseppe Frigeni (regia, scene e luci) e Regina Martino (costumi) si sono accordati su una via di mezzo ed hanno fatto centro, perché i bellissimi, elaboratissimi, coloratissimi, barocchissini, esageratissimi costumi risaltano sulla bellissima, chiarissima, leggerissima scenografia, lineare, asettica ed evanescente (perfino le colonne non erano massicce, ma trasparenti), aggiungiamoci una regia che meccanizza e rende artificiosa la gestualità e dispone in forma prospettica nello spazio figure d’insieme statiche, anche con la tecnica sempre efficace del controluce, e ciò che ne esce è una favola (nella duplice accezione).

I protagonisti, truccati come quelle bellissime bambole di coccio di un tempo, nelle posture statiche ed assolutamente immobili (come i manichini nelle vetrine) si atteggiano col garbo delle statuine di Capodimonte di cui ripetono anche la posizione eccentrica delle mani, nei movimenti d’espressione che accompagnano il canto si muovono con la gestualità dei pupi o delle marionette (immagine ancor più evidente quando si posizionano davanti alle colonne trasparenti, formate di filamenti longitudinali disposti a forma di pilastro, che sembrano i fili delle marionette). Sia i maschi che le femmine indossano una gonna a campana di media lunghezza, rigida, tipo lampadario, finemente lavorata o arricchita da un gonfio sottogonna visibile, un corpetto in tinta con maniche per lo più a sbuffo, calzamaglia e stivali lavoratissimi in tinta, turbanti architettonici sopra una parrucca lunga sempre dello stesso colore del vestito. Nell’insieme si vuol dare ai protagonisti un aspetto caricaturale, ma con quanta finezza e con quanta arte decorativa! Si discosta un poco l’abito da gran dama di Partenope, lungo fino ai piedi, di un azzurro oltremare, con una sopragonna a fianchi larghissimi, lavorata a scaglie cangianti dal blu al viola, un ramo di coralli in testa incornicia un’acconciatura alta ed elaborata, celeste come i capelli della Fata Turchina di Pinocchio. Bisogna proprio vederli.
Qualche elemento simbolico differenzia gli ambienti: colonne evanescenti per il palazzo reale nel primo atto, barchette pendenti a figurar la guerra, di cui una viene incendiata e due grate d’acciaio per la prigione nel secondo, un tenero alberello con fiori rosa per il giardino del terzo.
L'interpretazione musicale, affidata all'Accademia Bizantina di Ravenna diretta dal bravo ed esperto Ottavio Dantone, maestro al primo clavicembalo, è risultata molto variegata secondo il dictat della partitura, quindi, oltre l’andamento lento dell’ouverture del primo atto, la vivacità strumentale del brano introduttivo del secondo e la piacevolissima introduzione del terzo, proprio per seguire la poetica degli affetti, l’abbiamo sentita scorrevole, raffinata, vivace, brillante, garbata, morbida, agitata, dolente, trionfale, patetica, furiosa, perché ogni aria ha un’introduzione strumentale, che ne rispecchia l’atmosfera.
Gli artisti sono stati tutti bravissimi attori e bravissimi interpreti e nel cantare hanno seguito la prassi esecutiva barocca con i dovuti abbellimenti e agilità virtuosistiche. Certo lo spessore vocale e la spericolatezza del canto non erano quelli di una Horne o di un Blake!!!
Il contralto Sonia Prina (Rosmira, fidanzata di Arsace, travestita da principe Eurimene), dotata di bel colore vocale e di gesto deciso, esegue l’aria di furore molto agitata “Un’altra volta ancor” con precisa tecnica e giusta presa scenica, chiude brillantemente il primo atto con la lunghissima aria sbalzata “Io seguo sol fiero”, accompagnata da un’orchestra trionfale, da cui emerge la voce ammaliante del corno barocco ed esegue alla perfezione la lunga e difficile aria di furore “Furie son dell’alma mia”, ma è anche perfetta interprete del canto patetico ed esterna un gran temperamento nei tempi vivaci di “Quel volto mi piace” del terzo atto.
Il mezzosoprano Marina De Liso en travesti (l'avido Arsace, principe di Corinto, attratto dalla bellezza e dalla ricchezza di Partenope) ha voce abbastanza densa e poco sonora all’inizio, morbida nel canto accorato che esprime con buoni filati, luminosa nei suoni acuti e medi quasi sopranili ma flebile in zona grave nell’aria di dolore “Non chiedo, oh miei tormenti…Ma quai note di mesti lamenti” . Ma il meglio della sua performance arriva alla fine del secondo atto con la nota e terribile ed infuocata aria di furore “Furibondo spira il vento”, con introduzione orchestrale agitata, che oltre ai fittissimi sbalzi ha anche dei possenti affondi in zona grave.
Il soprano Elena Monti (Partenope, regina guerriera e dama deliziosa) possiede un buon mezzo vocale con zona grave corposa, canta con voce pastosa e bei suoni fissi finali l’aria sbalzatissima “L’amor ed il destin” e con voce piccola il brillante pezzo di bravura “Io ti levo l’impero dell’armi” (atto I), il timbro si fa brillante nell’aria d’amore del secondo atto “Voglio amare insin ch’io moro” rivolta ad Arsace.
Valentina Varriale en travesti (il fedele e perseverante principe Armindo che sposerà Partenope) è un soprano corretto, che nell’aria di dolore del primo atto “E dir voglio ch’il mio core” esibisce un bel filato in acuto con messa di voce.
Cyril Auvity (il signorotto e tiranno locale Emilio di Capua che propone di far cessare l'assedio in cambio della mano di Partenope) è un tenore leggero, forse contraltino, ma con suoni acuti piccoli e senza funambolismo vocale, canta bene, ma i suoni sono a volte ingolati (“Anch’io pugnar saprò”- atto I, “La speme ti consoli”-atto III). Esegue bene il canto di sbalzo (“Barbaro fato, sì”, aria agitata in orchestra-atto II, “La gloria in nobil alma”, aria molto sbalzata nel registro medio-atto III), ma ha poco spessore.
Gianpiero Ruggeri (il tutore Ormonte che manovra con accortezza la positiva trasformazione morale di tutti i personaggi insegnando loro ad essere sinceri l'un l'altro), ha solo un’aria morbida con agilità nel primo atto “T’appresta forse amore”, cantata con bel timbro baritonale, fraseggio morbido, dizione chiara. Belli e ben eseguiti i duetti e i pochi ensembles.
Partenope, opera in tre atti su libretto di Silvio Stampiglia, fu rappresentata per la prima volta al King’s Theatre di Londra il 24 Febbraio 1730. Pare che lo stesso Händel - o forse un suo “osservatore” - avesse assistito a Venezia nel 1724 alla rappresentazione dell’omonimo titolo di Vinci, composto sullo stesso libretto di Stampiglia. L’opera piacque così tanto al compositore tedesco che ne trasse in seguito un pastiche dal titolo Elpidia e di lì a pochi anni decise di scrivere un’opera sullo stesso libretto. L’opera, che ha già conosciuto illustri produzioni all’estero (fra cui quella del festival di Glimmerglass, del festival di Göttingen e del New York City Opera), è il primo titolo händeliano esterno ai canoni dell’opera seria: racconta la storia della regina e fondatrice di Napoli, Partenope appunto, che deve scegliere fra tre nobili pretendenti, ai quali si aggiunge un quarto che in realtà è la fidanzata di uno dei corteggiatori, travestita da uomo per controllare la situazione. Per le varie peripezie dei personaggi in dubbio fino al lieto fine (Partenope sceglie il leale Armindo e Rosmira si riprende Arsace), quest’opera può essere vista come anticipatrice del genere semiserio che diventerà poi una forma importante nell’era romantica. Delle due versioni presenti nell’iconografia di Partenope - vergine-sirena e vergine-guerriera, quest’ultima è quella a cui fa riferimento il libretto di Stampiglia.
L'opera è una produzione del Teatro Comunale di Ferrara, in coproduzione con il Teatro Comunale di Modena, il Teatro San Carlo di Napoli e l’Opéra National de Montpellier Languedoc-Roussillon.