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Wednesday, October 5, 2022

Réquiem de Verdi en San Diego - San Diego Symphony Orchestra

Foto: Rafael Payare son / San Diego Symphony

Ramón Jacques 

La orquesta San Diego Symphony Orchestra inauguró una nueva temporada con la célebre obra coral-orquestal, el Réquiem de Verdi. Tal parece que es una pieza de la que se han adueñado las orquestas sinfónicas, ya que se escucha con mayor frecuencia en las salas de concierto que en los teatros de ópera, pero ello ha contribuido a que su vigencia se mantenga intacta, y para su ejecución se utilizan siempre voces de gran espesor como las que usualmente se requieren para las óperas de Verdi. La orquesta de San Diego parecería no gozar de la misma difusión internacional de otras cercanas a ella, como la de San Francisco, y especialmente la de Los Ángeles, sin embargo se trata de una de las instituciones musicales más antiguas y solidas en los estados unidos, y la agrupación musical más antigua de California, habiendo realizado su primer concierto hace más de cien años, en diciembre del 1910. Con una renovada nómina de músicos, estadounidenses e internacionales que se han incorporado en pocos años a su plantilla, actualmente se sitúa en el llamado, Tier 1, en el ranking de las orquestas estadounidenses, es decir en un nivel alto, por presupuesto y por la cantidad y calidad de los solistas y directores de orquesta invitados a sus conciertos cada año.  La orquesta actualmente se encuentra en manos de su titular, el maestro venezolano Rafael Payare, así como del maestro neerlandés Edo de Waart, que entre ambos combinan, por un lado, explosividad y juventud, y por otro, experiencia y carácter. (No olvidar que de Waart posee también una amplia trayectoria como director de ópera, ya que en el pasado fue director musical de la ópera de Santa Fe). Actualmente la sala de conciertos Copley Symphoy Hall, sede de la agrupación se encuentra cerrada por remodelaciones hasta el 2024 y la orquesta vive un periodo itinerante presentándose en diversos teatros de la ciudad, por lo que estos conciertos inaugurales se llevaron a cabo en su sede de verano, conocida como The Rady Shell at Jacobs Park, un teatro al aire libre a pocos metros de distancia de la bahía de San Diego. En cuanto a la obra, es curioso pensar que para su composición, Verdi, destacado creador operístico, haya tenido en mente las muertes de Rossini, y posteriormente la del poeta Alessandro Manzoni, para crear una misa, y obra maestra, basada en un relevante texto católico, cuando personalmente no se consideraba creyente e incluso rechazaba a la iglesia y su estructura a la que asociaba con la hipocresía, los privilegios y la opresión; aunque al final parece que poseía algunos ideales cristianos que logró plasmar en la partitura. Para la ejecución de este concierto, se contó con la presencia de ciento cuarenta instrumentistas y setenta coristas de la San Diego Master Chorale, sobre el escenario, además de los solistas. Desde el podio Rafael Payere logró conjugar con homogeneidad a todas las fuerzas musicales, en una lectura, dramática, detallada y con precisión en cada detalle. No pareció perder el control ni abrumar con fuerza vocal o instrumental transmitiendo expectación, zozobra y palpitación. La soprano Leah Crocetto, cantó con una voz potente y bien proyectada, que mantuvo así a lo largo del concierto. Su timbre es brillante, y aunque posee un vibrato que podría sonar de estilo un poco anticuado, destaco en el Rex tremendae y cautivó en el siempre conmovedor Libera me. Por su parte el tenor Limmie Pulliam, que ha tenido un buen inicio de carrera abordando papeles en operas de Verdi, como en su reciente Manrico en Il Trovatore en la ópera de Los Ángeles, mostró solidez en su voz y en sus agudos, con una cierta cualidad oscura, casi baritonal. Su interpretación del Ingemisco, por momentos sonó más a una estilizada aria operística que a una pieza de tono religioso. La mezzosoprano Jennifer Johnson Cano fue la más sobresaliente de los solistas, con un canto dramático, aterciopelado con el que transmitió emoción y le dio vitalidad a su parte. Por su parte el barítono Aleksey Bogdanov, mostró una voz con buenas cualidades, pero pareció enfocarse en la fuerza y la potencia careciendo por momentos de sentido su canto. El monumental coro, San Diego Master Chorale, bajo la dirección de John K Russell, cumplió con el importante papel que juega en esta pieza, especialmente en el Dies Irae y en el Rex Tremendae


Thursday, March 9, 2017

9ª de Beethoven con la Orquesta Sinfónica de San Diego

Foto: Jesse Willems

Ramón Jacques

El tiempo se agota y la Sinfónica de San Diego no ha elegido a su próximo director musical, lo cual parecer irónico si se considera que uno de los frecuentes directores invitados en recientes temporadas, ha sido el maestro holandés Edo de Waart, quien además de haber rendido buenas cuentas en cada una de sus apariciones locales, con su mano segura y experimentada, parecer darle profundidad y personalidad a una agrupación que hoy carece de ello. La relación entre de Waart y los músicos y lo que transmite al público, esta allí frente a la impávida mirada de la directiva que no se anima a tomar una decisión. Por si fuera poco, de Waart está por concluir su gestión al frente de la Orquesta Sinfónica de Milwaukee, lo que allanaría aun más el camino para su llegada definitiva a San Diego. Directores de orquesta van y vienen, pero es evidente que al día de hoy, solo el maestro holandés ha logrado establecer una legítima conexión emotiva y musical con los músicos. Como introducción a una de las obras corales más conocidas del repertorio, se escuchó la breve composición orquestal  Three places in New England  (Orchestral Set No. 1) del estadounidense Charles Ives, un recorrido imaginario por diversos lugares de la región de Nueva Inglaterra, con una orquestación serena y accesible, cargada de suaves tonalidades como de explosivos pasajes que incitan a la meditación y que suscitan emoción del publico con una orquesta que sonó uniforme.  La 9ª Sinfonia de Beethoven, tuvo como invitado al extenso coro San Diego Master Corale, con mayoría de voces femeninas, y cuatro solistas, con muy buen desempeño de las voces femeninas, como el de la soprano Erin Wall quien ofreció conmovedora musicalidad y color vocal, así como el de la mezzosoprano Renée Tatum oscura, enérgica e impetuosa en su interpretación.  Barry Banks posee un colorido y grato timbre, pero la ligereza y poco espesor en su proyección hizo que pasara inadvertido y su voz fue literalmente tragada por la masa musical. Por su parte el bajo barítono Nathan Berg estuvo muy discreto y pareció estar fuera de estilo y sincronía. De Waart dirigió con atención a cada detalle, determinación e intención en cada uno de sus movimientos en el podio. Con adecuada dinámica fue cincelando con claridad cada una de las ideas de la obra.  En particular la sección de cuerdas se escuchó comprometida y envuelta en la música. La incógnita ahora y durante el resto del año continuara siendo ¿Quién será el próximo director titular de la orquesta? 

Tuesday, April 21, 2015

Edo de Waart en concierto con la Sinfónica de San Diego

Foto; Edo de Waart

Ramón Jacques

A nivel internacional es muy probable que pocos hayan escuchado hablar de la Sinfónica de San Diego (San Diego Symphony)  ya que su objetivo no ha sido buscar ese reconocimiento, pero dentro de los Estados Unidos es una respetada institución musical, y con más de un siglo de existencia, es una de las orquestas más antiguas del país. Su primer concierto se llevó a cabo el 6 de diciembre de 1910; y su sede, desde 1929, es la sala de conciertos Copley Symphony Hall, un antiguo teatro de estilo rococó francés, que fue recientemente remodelado y sobre el cual fue construido un enorme edificio de oficinas. La orquesta realiza anualmente más de 100 conciertos, además de su tarea de acompañar desde el foso las producciones de la Ópera de San Diego. Dentro de la presente temporada 2015 y como parte de su abono de lujo conocido, como “Jacob Masterworks” que atrae destacados solistas y directores, se ofreció un interesante y variado programa compuesto por obras de compositores de diversas latitudes y estilos comenzando con la emocionante y dinámica ejecución de la obertura de la ópera Ruslán y Liudmila de Mikhail Glinka. El concierto debió ser dirigido inicialmente por el legendario Sir Neville Marriner quien por motivos de salud canceló su participación inesperadamente, y de último minuto fue invitado para ocupar su lugar a  Edo de Waart, actualmente director de las orquestas de Flandes y de Milwaukee y con una larga carrera al frente de la Sinfónica de San Francisco, quien con este concierto debutó en San Diego. Tan buena impresión causó el maestro holandés con los músicos, la administración y el público de esta ciudad  que extraoficialmente encabeza la lista  como serio candidato para asumir la titularidad de la orquesta, en lugar de Jahja Lihn quien ya anunció su retiro a finales del próximo año. El punto más alto del concierto lo alcanzó  la conmovedora ejecución de las Variaciones sobre un tema original para orquesta op. 36 de Edward Elgar. Para Edo de Waart esta música va más allá de lo que es Inglaterra, bastó, por ejemplo, escuchar la profundidad del movimiento Nimrod, para imaginar cuan diferente seria su aproximación; y es que pocas obras musicales poseen la emotiva combinación de mezclar el triunfo con el arrepentimiento, o la certidumbre con la resignación, cualidades que de Waart pudo extraer con autoridad y convicción, de una compacta orquesta. Su ejecución de cada una de la de las catorce variaciones musicales, más que representar imágenes alusivas a un determinado periodo histórico, el programa de mano sugería la época victoriana inglesa, se acercó más una secuencia de sentimientos y aspectos humanos contenidos  en la obra y que fue hilando, uno tras otro, por una línea por la cual de Waart guió a los músicos con constante envolvimiento e interacción. Así, la sección de cuerdas emitió un sonido pulido y preciso, y los metales mostraron tal convicción y presencia rara vez escuchada aquí.  Complementó el programa el Concierto para violín y orquesta, en re mayor, op. 35 de Erich Korngold, obra que se estrenara en 1947 en Estados Unidos, y que tuvo como solista a la violinista rusa Alina Pogostkina, quien se mostró un poco errática e insegura en el primer movimiento, y que fue enderezando el camino hasta llegar a un fulgurante y explosivo final en el tercer movimiento. El programa fue muy satisfactorio y de Waart quien ya fue programado en algunos conciertos de la próxima temporada, sea designado titular de la orquesta o no, será siempre esperado y bienvenido en esta sala.