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Tuesday, May 9, 2023

Salome di Strauss - Houston Grand Opera


Foto: Michael Bishop

Ramón Jacques

Salome, opera in un atto di Richard Strauss, con la quale si conclude un'altra stagione della Houston Grand Opera, ha un significato speciale per la compagnia essendo stato il primo titolo messo in scena nella serata inaugurale del 19 gennaio 1956. Anche se da allora non viene rappresentato frequentemente, quando è stato allestito ha avuto interpreti rappresentativi del personaggio come Grace Bumbry, Josephine Barstow o Hildegard Behrens. Per questa nuova produzione è stato inizialmente annunciato il soprano Amanda Majeski, ma il suo inaspettato ritiro ha permesso di assistere al debutto nel ruolo del soprano americano Laura Wilde, che l’ha interpretato in maniera molto soddisfacente. La e Wilde si è avvicinata allo psicodramma erotico con presenza e sicurezza in ciascuna delle diverse sfaccettature del personaggio, dalla dolcezza e candore alla capricciosità e alla follia sfrenata. É riuscita a irradiare sensualità e vulnerabilità con facilità e freschezza. La sua performance vocale è stata notevole con la sua voce calda ed espressiva, che ha fornito colore e drammaticità di pari passo con la musica, espandendola e proiettandola con facilità quando richiesto, emettendo note acute e penetranti che bucavano la densa orchestrazione. Questo teatro è noto per trovare e lanciare talenti, quindi non sarebbe sorprendente sentire il suo nome in seguito in altri importanti progetti e su altri palcoscenici. La presenza del soprano finlandese Karita Mattila è stata un piacere nel ruolo di Erodiade. Il suo canto pieno di vigore e sostanza insieme a un'esecuzione plausibile non sorprendevano provenendo da un grande nome dell'opera. Il basso- baritono Ryan Mckinny ha dato carattere e una voce profonda e ben sfumata al ruolo di Jochanaan, e il tenore Chad Shelton è stato un Erode eccitato, quasi squilibrato, ma senza troppi eccessi, dando sostanza e vitalità al suo canto attraverso le qualità della sua voce. Del resto, dei solisti che hanno completato bene il cast, vanno menzionati il tenore Eric Taylor come Narraboth e il mezzosoprano Erin Wagner come paggio di Erodiade. La direzione di Keri-Lynn Wilson nonostante sia stata disomogenea nella scelta dei tempi, dei timbri e nella forza orchestrale, soprattutto nei passaggi più drammatici, ha comunque ottenuto una buon risultato da parte dei musicisti dell'orchestra. La proposta scenica portata dal Palau de les Arts Reina Sofía di Valencia Spagna, dallo scenografo e costumista Louis Désiré, con la regia del messicano Francisco Negrin, entrambi esordienti in questo teatro, non ha lasciato indifferenti. Attualizzato per i personaggi principali, con il resto degli artisti sul palco che assistevano, guardando, con costumi di diverse epoche storiche, lo spettacolo si svolgeva su una pedana circolare, circondata da un enorme muro al centro del palco, e nella cui parte posteriore c'era un'enorme sfera, che simboleggiava il globo terrestre, dove si incontrava Jochanaan. Di fronte al pubblico, la sfera si apriva rivelando all’interno uno spazio con specchi, in cui entrava ed usciva Salome, e dove venivano proiettate le immagini variegate e variopinte di Joan Rondón, che, con le luci di Joan Rondón,, creavano effetti visivamente suggestivi. La regia di Negrin si è concentrata su un lavoro più palpabile con gli artisti e più vicino agli spettatori di oggi, allontanandosi dalla concezione che solitamente abbiamo della trama; così, per esempio, la danza dei sette veli sembrava più una audace danza da discoteca con Salomè circondata da sensuali prostitute; e nella scena finale gli viene consegnato il corpo completo di Jochanaan assassinato e decapitato. Alcune idee sembravano assurde e vicine al regietheater, ma la verità è che lo spettacolo ha funzionato bene. Al di là di esprimere giudizi su quanto visto, sarebbe opportuno parlare dell'effetto che questa Salomè ha avuto sul pubblico, che come raramente accade in questo teatro, al di là dei relativi applausi finali, ha avuto una sincera e clamorosa reazione al termine della recita. L'opera è anche uno spettacolo per gli occhi, e da quella prospettiva, sia per il teatro che per i presenti in questa prima di cinque rappresentazioni, il compito è stato assolto. Intanto sono stati annunciati i titoli della prossima stagione, che prevede la prima mondiale di due opere: Intelligence di Jake Heggie (creatore dell'opera Dear Man Walking) e The Big Swin della compositrice Melina Tuin, oltre ad altri titoli interessanti come Parsifal di Wagner e Tutti insieme appassionatamente [The Sound of Music] di Rodgers e Hammerstein, tra gli altri.






Salome en Houston

Foto: Michael Bishop

Ramón Jacques

Salome, ópera en un acto de Richard Strauss, con la que concluye una temporada más de la Houston Grand Opera, tiene un significado especial para la compañía ya que fue el primer título que escenificó, estrenándose el 19 de enero de 1956. Aunque desde aquel momento no ha sido una obra que se reponga con frecuencia, las ocasiones que aquí se ha hecho, ha tenido intérpretes representativas del personaje como fueon: Grace Bumbry, Josephine Barstow o Hildegard Behrens. Para esta nueva producción se anunció inicialmente a la soprano Amanda Majeski, pero su imprevisto retiro permitió presenciar el debut en el papel de la soprano estadounidense Laura Wilde, quien lo interpretó de manera ampliamente satisfactoria. Wilde abordó el psicodrama erótico con presencia y seguridad en cada una de las diferentes facetas del personaje desde la dulzura y el candor hasta el capricho y la desenfrenada locura. Logró irradiar sensualidad y vulnerabilidad con desenvoltura y frescura. Su desempeño vocal fue notable con su cálida y expresiva voz, que dotó de color y dramatismo acorde a la música, expandiéndola y proyectándola con facilidad cuando fue requerido, emitiendo puntiagudos y penetrantes agudos que atravesaban la densa orquestación. Este teatro se ha caracterizado por encontrar y lanzar talento, por lo que no sorprendería escuchar su nombre más adelante en otros proyectos y escenarios importantes. La presencia de la soprano finlandesa Karita Mattila fue un deleite en el papel de Herodías. Su canto pleno de vigor y enjundia junto a una verosímil y apetecible actuación no sorprendieron viniendo de un gran nombre de la ópera. El bajo-barítono Ryan Mckinny dio carácter y una voz profunda y bien matizada al papel de Jokanaán, y el tenor Chad Shelton, fue un animado casi desquiciado Herodes, sin sobreactuar, dando substancia y vitalidad a su canto por las cualidades de su voz. Del resto de solistas que redondearon bien el elenco se debe mencionar al tenor Eric Taylor como Narraboth y a la mezzosoprano Erin Wagner como el paje de Herodías. La conducción musical de Keri-Lynn Wilson, fue accidentada en la elección de tiempos, timbres y la fuerza orquestal, sobre todo en los pasajes de mayor dramatismo, pero mientras fue calibrándola y adentrándose en la partitura obtuvo un buen trabajo de los músicos de la orquesta. La propuesta escénica traída del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia España, del diseñador y vestuarista Louis Désiré, con dirección escénica de Francisco Negrin, ambos debutantes en este teatro, no dejó indiferente a nadie. Situada en la actualidad para los personajes principales, y el resto de los artistas en escena observando, con vestuarios de diferentes épocas históricas, fue transcurriendo la función sobre una plataforma circular, rodeada de un enorme muro sobre el centro del escenario, y en cuya parte posterior había una enorme esfera, simbolizando un globo terráqueo, donde se encontraba Jokanaán. Al quedar frente al público, la esfera se abría mostrando en su interior un espacio con espejos, al que entraba y salía Salome, donde se proyectaban abigarrados y coloridas imágenes, de Joan Rondón, que, con la iluminación, de Bruno Poet, se crearon efectos visualmente sugestivos. La dirección escénica Negrin, se enfocó en un trabajo con los artistas más palpable y cercano al espectador de hoy, alejándose de la concepción que ya se tiene de la trama, así, por ejemplo: el baile de los siete velos parecía más un atrevido baile de discoteca con Salome rodeada de sensuales prostitutas; y en la escena final se le entrega el cuerpo completo del asesinado y degollado Jokanaán. La propuesta por algunas ideas parecería absurda y cercana al regietheater lo cierto es que funcionó bien. Más allá de entrar en juicios sobre lo visto en el espectáculo, convendría hablar sobre el efecto que esta Salome, suscitó en el público asistente, que como pocas veces ocurre en este teatro, más allá de los respectivos aplausos finales, tuvo una sincera e impresionante reacción explosiva al término de la función. La ópera es también un espectáculo visual, y desde esa perspectiva, tanto para el teatro como para los presentes en esta primera, de cinco funciones, el cometido se cumplió. Mientras tanto, se anunciaron los títulos para la próxima temporada que incluye el estreno absoluto de dos operas: Intelligence de Jake Heggie (creador de la ópera Dear Man Walking) y The Big Swin de la compositora Melina Tuin, además de otros títulos interesantes como Parsifal de Wagner y The Sound of Music de Rodgers y Hammerstein, entre otras.



Tuesday, January 31, 2023

Le Nozze di Figaro en Houston

Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques

La actual temporada de la Houston Grand Opera continua con la conocida y divertida ópera de perteneciente a la dupla Mozart-Daponte, Le Nozze di Figaro, que, a pesar de su popularidad, ha sido representada en contadas ocasiones en este escenario; la última ocasión fue en la temporada 2015-2016.  Para facilitar las cosas, la compañía optó por reponer la misma producción del director Michael Grandage, coproducción con el Glyndebourne Festival Opera de Inglaterra, estrenada en aquellos años, que agrada por su elaboración y estética visual.  Los vestuarios y decorados, de buena manufactura, fueron ideados por Christopher Oram, quien con Grandage, situaron el tiempo de la obra a finales de la década de los años 60 en la España de Franco dentro de una detallada casa de campo, de diseño morisco, inspirada en la Alhambra de Granada, que contiene hermosos y precisos mosaicos dorados, enormes columnas arcos y muros con ventanas de resplandeciente piedra y farolas de vidrio, una fuente al centro del escenario;  que se va adaptando a cada acto, hasta concluir con una encantadora escena en el último acto en un jardín, con un brillante juego de sombras azules.  La iluminación que jugó un papel importante en lograr que esta puesta en escena fuera un deleite fue obra de Paul Constable. Un detalle simpático fue la entrada al escenario de los Condes Almaviva, después de la obertura, en un Alfa Romeo convertible. En una obra como esta, la comicidad parece desprenderse naturalmente de la música y de las situaciones músicas que ocurren en escena, hoy incluso la diversión del público se puede generar en el texto de la traducción y  los títulos (si se hace un buen trabajo que sirva a entender lo que sucede en escena, y no adaptarse a un montaje)  por lo que corresponde a la dirección escénica, hacer que esta fluya libremente, o agregarle detalles y ocurrencias propias, Grandage optó por la segunda opción, cargando la parte artística de innecesarias situaciones cómicas, los mismos clichés, movimientos, gestos y bromas en los que se incurren en prácticamente todas las producciones de Fígaro, además de la inclusión de algunas partes coreografías.  Más allá del marco escénico, que se puede calificar de admirable y bien hecho, la dirección escénica prácticamente no aportó más que valga la pena mencionarse.  El elenco vocal dejó satisfacciones, gracias principalmente a dos artistas, el aquí debutante bajo argentino Nahuel Di Pierro, quien personifico un creíble y jovial Fígaro, siendo un intérprete que desarrollo su personaje con naturalidad y animación, cantando con voz profunda y firme, pero sobretodo haciéndolo con bueno gusto y sentido; y su contraparte Susanna, fue bien interpretada por la soprano cubana-americana Elena Villalón, apenas egresada del estudio de este teatro, y una de las apuestas del teatro a lograr una exitosa carrera, que ya está comenzando a cosechar frutos en escenarios internacionales.  Elena Villalón, posee una voz dulce, de grato timbre y coloración, y luce como una artista completa en escena, por su grata presencia y personalidad. Por su parte el bajo-barítono checo Adam Plachetka, demostró un sobresaliente y caudaloso instrumento vocal, pero en apariencia y caracterización se pareció más a un vulgar cómico, que a un autoritario noble.  Misma situación con la Condesa de Nicole Heaston, nada que reprocharle desde el punto de vista vocal, como si de su caracterización que pareció mecánica y algo limitada en su accionar, atribuible a la dirección, así como carencia de química entre ambos personajes. La soprano Nicole Heaston lució como un joven y exaltado Cherubino, desplegando buenas condiciones vocales, pero incurriendo en innecesaria sobreactuación. El bajo-barítono Patrick Carfizzi y la mezzosoprano francesa Marie Lenormard, dieron vida a Don Bartolo y a Marcellina de manera adecuada desplegando la experiencia vocal, actoral y las tablas aprendidas a lo largo de sus valiosas trayectorias.  Otro experimentado interprete, el tenor Steven Cole, fue un malicioso Don Basilio; y tanto la soprano Erin Wagner (Barbarina), el tenor Eric Taylor (Don Curzio) como el resto de los cantantes que conformaron el elenco en los papeles menores cumplieron de manera satisfactoria. Juguetón, participativo y vocalmente uniforme se escuchó el coro, dirigido por su titular Richard Bado.  En su primera aparición en el podio en lo que va de esta temporada, el maestro Patrick Summers, quien además de dirigir acompañó los recitativos desde el fortepiano, se desempeñó con pericia, entusiasmo y atención al detalle, y los músicos de la orquesta respondieron ofreciendo un buen desempeño musical desde el foso.