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Sunday, April 7, 2024

Don Quichotte en Marsella

Foto: Christian Dresse

Ramón Jacques

La Ópera de Marsella es otro de los importantes teatros franceses del sur del país, que programa anualmente atractivos e interesantes títulos, incluyendo infaliblemente obras de compositores franceses, poco representadas, otras olvidadas, e incluso algunas de ellas desconocidas fuera de Francia, como: L'Africaine de Giacomo Meyerbeer (1791-1864), con la que inició la temporada en curso, y Les Huguenots del propio compositor; además  de Véronique de André Messager (1853-1929), Les cloches de Corneville de Jean Robert Planquette (1848-1903), Le Reine de Saba y Mireille de Charles Gounod (1818-1893), Le Roi d’Ys de Édouard Lalo, La fille de Madame Angot de Charles Lecocq (1832-1918), La Chartreuse de Parme de Henri Sauget (1901-1989) y Cléopâtre de Jules Massenet (1842-1912) por mencionar algunos ejemplos de la abundancia de  títulos del repertorio francés vistos en este escenario en temporadas recientes.  En esta ocasión, se programó también Don Chichotte, ópera o comédie héroïque en cinco actos de Jules Massenet, con libreto en francés de Henri Cain, que en el momento de su estreno, el 24 de febrero de 1910, en la Opera de Monte Carlo, el compositor, que gozaba ya de reconocimiento mundial por ser el autor de: Manon, Le Cid y Werther, tenía un contrato para componer y estrenar cinco operas en el teatro monegasco, la última de las cuales fue precisamente la ópera inspirada en la obra de Miguel de Cervantes.  Curiosamente el estreno francés de Don Quichotte se llevó a cabo en Marsella, el 17 de diciembre de 1910, y aunque es un título que no se programa a menudo, cautiva, y su personaje principal está estrechamente ligado al nombre de cantantes como: Boris Christoff, Nicolai Ghiaurov, Ruggero Raimondi, Samuel Ramey y José Van Dam, y en tiempos recientes al de Ferruccio Furlanetto, quien lo cantó en San Diego en el 2009, donde pude escuchar la ópera por primera vez, y en Chicago en el 2016, entre otras ciudades europeas. En esta ocasión la obra fue montada con la concepción escénica de Louis Désiré, marsellés de nacimiento, con la sencilla pero eficaz propuesta y vestuarios de Diego Méndez Casariego y la iluminación de Patrick Méeüs, coproducida con la Opéra de Tours y la Opéra de Saint-Etienne donde fue estrenada el espectáculo en enero del 2020.  La acción ocurre en un escenario semi vacío, con un enorme telón blanco al fondo que en ocasiones servía para cubrir al coro o y en otras como pantalla donde se proyectaban escenas alusivas al personaje, un bosque e intensos colores, y sobre el escenario una pequeña estatua de don quijote, junto a una cama donde yacía un moribundo Don Quijote, que podría ser un hospital o en un manicomio, con el personaje vestido con un camisón blanco y su chaqueta militar y cuatro personajes maquillados de blanco de la cintura a la cabeza y con pantalones negros que merodeaban alrededor de su cama con movimientos lentos y pausados, como si se trataran de fantasmas o de la muerte que lo acechaba. En un ambiente sombrío y lugubre.  La historia transcurre en la imaginación del caballero de la Mancha quien, mezclando su realidad vivida, con sus recuerdos pasados y su desmedida imaginación transporta al público hacia un caótico universo onírico que resultó ser artísticamente dramático e inquietante. El bajo Nicolas Courjal ofreció una intensa personificación del delirante e ilusorio personaje, y convenció con su entrega en los momentos de locura que le requirió el papel en la puesta, como en el lado humano y frágil que también mostró. Courjal es un artista muy completo ya que además cantó con precisión, y su voz plena de sentimiento, sentido y profundidad.  A su lado estuvo en todo momento el personaje de Sancho, su fiel escudero, que aquí asumió la parte del amigo fiel que lo cuida con afecto y celo a lo largo de la obra y hasta su último suspiro. Aquí fue cantado y actuado de manera esplendida por el experimentado barítono Marc Barrard. Como Dulcinea la mezzosoprano Héloïse Mas cantó con claridad, buena proyección y supo darle profundidad y dulzura a su desempeño vocal. En escena apareció con diferentes vestuarios, como su elegante vestido en tonos ocre y negro, en esmoquin o con una sábana blanca con la que atravesó con seducción y porte, frente a la visión de lujuria y locura de Don Quichotte para finalmente expresarle con gentileza que ella no era la mujer para él.  El coro vestido con esmóquines negros, bajo la dirección de Florent Mayet, tuvo un aporte vocal destacado en sus intervenciones, en sintonía con el ambiente de la puesta. El resto del elenco lo complementaron con buen desempeño vocal y escénico el cuarteto de cortesanos, en esta puesta representados como personajes odiosos y maliciosos, como la soprano Laurence Janot en el papel de Pedro, la notoria mezzosoprano Marie Kalinine como Garcias, el tenor Camille Tresmontant como Rodríguez, y el barítono Frédéric Cornille como Juan.  Los instrumentistas de la orquesta de la ópera de Marsella que tocaron de manera uniforme se beneficiaron de la precisa y eficaz conducción del maestro Gaspard Brécourt, quien supo extraer los matices en los interludios casi zarzueleros contenidos en la musica de Massenet, con el harpa tocando desde el primer palco de lado izquierdo y las percusiones, platillos y castañuelas desde el palco del lado derecho.

Thursday, March 31, 2022

Lakmé en el Teatro Real de Madrid

Fotografía: © Javier del Real | Teatro Real

Ramón Jacques 

La presentación de Lakmé, ofrecida en versión de concierto, en el Teatro Real de Madrid, representó, de hecho,  el estreno en época moderna de la exótica ópera de Léo Delibes en el más importante escenario madrileño, ya que revisando los antecedentes históricos de la obra aquí, hay que remontarse hasta el año 1920 cuando se escenificó, además de su estreno en este coliseo en noviembre de 1898, apenas 15 años después de su estreno absoluto, en 1883, en el teatro de la Opéra Comique de Paris. Mucho se ha hablado sobre la necesidad (a veces necesaria) el gusto o la desventaja, de montar obras en concierto, en vez de una versión escénica, pero lo cierto es que, en esta ocasión, funcionó, ya que permitió la posibilidad de concentrarse en las amplias posibilidades y en los matices musicales, orquestales y vocales que ofrece una obra tan poco conocida o prácticamente imposible de escuchar en vivo. La atención se centró en la destacada interpretación vocal de la soprano de coloratura francesa Sabine Devielhe, ya que se sabía que el papel de Lakmé ha sido una motivación para la realización de grabaciones discográficas, y evidentemente se conocían sus éxitos cantándolo en Francia. Desde el inicio del concierto, y desde fuera del escenario comenzó a cautivar con el Duo des fleurs. Devielhe es una interprete espontánea y elegante, con una destreza vocal que resuena en líneas limpias, cargadas de musicalidad, color, buena dicción y asombrosos agudos que regaló a lo largo de la velada. Conmovedora y virtuosa fue su interpretación del aria: ‘Ou va la jeune Hindoue?’ A su lado, Xavier Anduaga, fue un verdadero cómplice vocal cantando el papel de Gérald. El tenor donostiarra demostró buenas cualidades vocales, con un canto pleno de intención, y un timbre muy lirico, cálido y de grato color, que estuvo a la altura que requiere su papel, de manera individual como en los duos. Por su parte, La mezzosoprano Héloïse Mas fue una seductora Mallika que imprimió sensualidad a su canto, con su timbre oscuro y profundo; y el barítono Stéphane Degout recreó un dramático y autoritario Nilakhanta. Del resto del elenco de puede mencionar la elegancia interpretativa del barítono David Menéndez, y las correctas intervenciones individuales de Gerardo López como Hadji, de Inés Ballesteros (Miss Ellen), Cristina Toledo (Miss Rose) y la conocida mezzosoprano albanesa Enkelejda Shkosa que cantó muy bien el papel de Mistress Bentson. Los solistas estuvieron bien respaldados por la presencia en el podio del director inglés Leo Hussain, quien al frente de la orquesta del Teatro Real, pudo encontrar un sutil juego de colores y flexibilidad para recrear el orientalismo contenido en la partitura, a través de un deslumbrante sonido. Por su parte el coro, que dirige el maestro argentino Andrés Maspero, cantó con entusiasmo y uniformidad, en sus intervenciones fuera y dentro del escenario. Al final, fue una apuesta acertada y satisfactoria del teatro, que sin embargo pareció quedarse corto con la programación de solamente dos funciones.