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Thursday, March 31, 2022

Lakmé en el Teatro Real de Madrid

Fotografía: © Javier del Real | Teatro Real

Ramón Jacques 

La presentación de Lakmé, ofrecida en versión de concierto, en el Teatro Real de Madrid, representó, de hecho,  el estreno en época moderna de la exótica ópera de Léo Delibes en el más importante escenario madrileño, ya que revisando los antecedentes históricos de la obra aquí, hay que remontarse hasta el año 1920 cuando se escenificó, además de su estreno en este coliseo en noviembre de 1898, apenas 15 años después de su estreno absoluto, en 1883, en el teatro de la Opéra Comique de Paris. Mucho se ha hablado sobre la necesidad (a veces necesaria) el gusto o la desventaja, de montar obras en concierto, en vez de una versión escénica, pero lo cierto es que, en esta ocasión, funcionó, ya que permitió la posibilidad de concentrarse en las amplias posibilidades y en los matices musicales, orquestales y vocales que ofrece una obra tan poco conocida o prácticamente imposible de escuchar en vivo. La atención se centró en la destacada interpretación vocal de la soprano de coloratura francesa Sabine Devielhe, ya que se sabía que el papel de Lakmé ha sido una motivación para la realización de grabaciones discográficas, y evidentemente se conocían sus éxitos cantándolo en Francia. Desde el inicio del concierto, y desde fuera del escenario comenzó a cautivar con el Duo des fleurs. Devielhe es una interprete espontánea y elegante, con una destreza vocal que resuena en líneas limpias, cargadas de musicalidad, color, buena dicción y asombrosos agudos que regaló a lo largo de la velada. Conmovedora y virtuosa fue su interpretación del aria: ‘Ou va la jeune Hindoue?’ A su lado, Xavier Anduaga, fue un verdadero cómplice vocal cantando el papel de Gérald. El tenor donostiarra demostró buenas cualidades vocales, con un canto pleno de intención, y un timbre muy lirico, cálido y de grato color, que estuvo a la altura que requiere su papel, de manera individual como en los duos. Por su parte, La mezzosoprano Héloïse Mas fue una seductora Mallika que imprimió sensualidad a su canto, con su timbre oscuro y profundo; y el barítono Stéphane Degout recreó un dramático y autoritario Nilakhanta. Del resto del elenco de puede mencionar la elegancia interpretativa del barítono David Menéndez, y las correctas intervenciones individuales de Gerardo López como Hadji, de Inés Ballesteros (Miss Ellen), Cristina Toledo (Miss Rose) y la conocida mezzosoprano albanesa Enkelejda Shkosa que cantó muy bien el papel de Mistress Bentson. Los solistas estuvieron bien respaldados por la presencia en el podio del director inglés Leo Hussain, quien al frente de la orquesta del Teatro Real, pudo encontrar un sutil juego de colores y flexibilidad para recrear el orientalismo contenido en la partitura, a través de un deslumbrante sonido. Por su parte el coro, que dirige el maestro argentino Andrés Maspero, cantó con entusiasmo y uniformidad, en sus intervenciones fuera y dentro del escenario. Al final, fue una apuesta acertada y satisfactoria del teatro, que sin embargo pareció quedarse corto con la programación de solamente dos funciones.




Saturday, February 15, 2014

Firenze, Maggio Musicale 2014. Puccini, Madama Butterfly.

Foto: Maggio Musicale Fiorentino
 
Massimo Crispi
 
La vicenda della farfalla collezionata e trafitta dallo yankee vagabondo che usa e getta tutto ciò che trova intorno a sé ha fatto centro anche stavolta. L’allestimento del Maggio Musicale Fiorentino, preso in prestito dal Teatro Comunale di Bologna, curato dal regista Fabio Ceresa, con scene di Giada Tiana Claudia Abiendi e funzionali e discreti costumi di Massimo Carlotto, e, soprattutto, le sapienti luci di Pamela Cantatore, ha fatto rivivere il dramma solipsistico di questa moglie-bambina orientale inizio secolo, così ben esposto da Illica e Giacosa e reso immortale dalla musica di Puccini. Le scene erano davvero essenziali ed efficaci: la casa a soffietto di Cio-Cio-San delimitata da bambù laccati, rossi come il sangue, che nel secondo atto diventavano una barriera contro l’ostile mondo esterno, dopo il ripudio familiare; il giardino semplicemente immaginato; un sistema di pedane su acqua anch’essa immaginaria; elementi scenici che si assottigliano sempre più fino a svanire completamente nell’ultimo atto, lasciando tutti i personaggi nel vuoto più assoluto, colle loro solitudini e i loro drammi personali. Momenti magici sia visivamente che musicalmente. Efficace, durante il coro a bocca chiusa, il sogno di Cio-Cio-San, che anela un impossibile ritorno del marito al letto coniugale, in un atteggiamento affettuoso che non si sarebbe mai più verificato ma che lei, ormai diciottenne vissuta per tre anni nel mito solitario della moglie americana, ormai totalmente estranea in casa propria, coccola nella sua mente infantile e avulsa dalla realtà. Bella idea registica. Bravissima Fiorenza Cedolins nel ruolo principale, con drammaticità vocale e gestuale ormai consolidate e sicure, con passaggi commoventi nella sua aria e in “Tu, piccolo Iddio”, con una maternità sofferta e conscia a poco a poco del tragico epilogo scritto nel suo karma. Peccato ogni tanto per qualche caduta d’intonazione, ma abbiamo apprezzato filati assai belli e incantati. Buon partner vocale è risultato Stefano Secco, F.B. Pinkerton, dalla chiarissima dizione e dai bei suoni, riportandoci quasi a vocalità alla Di Stefano a cui non eravamo più abituati. L’umanissimo e toccante console Sharpless di Vincenzo Taormina è stata una gradevole sorpresa, con un sapiente uso delle mezze voci e una recitazione assai chiara. L’affetto quasi paterno del console davanti alla totale cecità di Cio-Cio-San, pur dettata dall’amore incondizionato, il disprezzo per la superficialità di Pinkerton, le estreme decisioni che non spettavano a lui, ma sui cui Sharpless stesso avrebbe forse volentieri influito, erano così ben espressi come quasi mai si riesce ad apprezzare. Buona la Suzuki di Enkelejda Shkosa così come il resto del cast. Il coro del Maggio, ça va sans dire, sempre ottimo, curato da Lorenzo Fratini, ha espresso tutta l’incanto del coro a bocca chiusa, pagina che è diventata il leitmotiv sia dell’opera sia un tema sviluppato anche nella canzone commerciale italiana del XX secolo: Tornerai (1936) di Olivieri-Rastelli. Per dire quanto la musica di Puccini abbia influenzato composizioni future. Ottima la concertazione di Juraj Valciuha, che ha diretto un’orchestra in piena forma e un palcoscenico che lo ha seguito senza indugi.

Madama Butterfly de Giacomo Puccini - Firenze, Maggio Musicale 2014


Foto: Maggio Musicale Fiorentino
 
Massimo Crispi
La historia de la mariposa coleccionada y agujereada por el yankee vagabundo, que utiliza y tira a la basura todo lo que encuentra, ganó esa vez también. La puesta en escena del Maggio Musicale Fiorentino, viniendo del Teatro Comunale de Bologna, cuidado por el regista Fabio Ceresa, con escenas de Giada Tiana Claudia Abiendi y funcional y discreto vestuario de Massimo Carlotto, y, sobre todo, la apropiada iluminación de Pamela Cantatore, nos hizo vivir otra ves el drama solipsista de esa mujer-niña oriental del inicio del siglo XX, tan bien contado por Illica y Giacosa y hecho inmortal por la música de Puccini. Las escenas eran de verdad muy esenciales y eficaces: la casa “a soffietto” de Cio-Cio-San limitada por bambús lacados rojos sangre, que en el segundo acto se volvían en barrera cerrada contra el mundo exterior, ahora ya hostil después del repudio familiar de la mujer; el jardín simplemente imaginado; un sistema de pasajes sobre agua, esa también imaginaria; elementos escénicos que disminuyen poco a poco desapareciendo totalmente en el ultimo acto, dejando todos los personajes en la nada, con sus propias amargas y personales soledades. Momentos mágicos visivamente y musicalmente. Eficaz, durante el coro “a bocca chiusa”, el sueño de Cio-Cio-San, anhelando una imposible vuelta de su marido a la cama conyugal, en una actitud con cariños que nunca mas podía ocurrir otra vez pues que ella, mujer con diez y ocho años, ahora ya totalmente extraña en su propia casa, viviendo en el mito de la mujer americana, imagina en su pequeña cabeza infantil y lejana de la realidad. Buena idea dramática. Magnifica estuvo Fiorenza Cedolins en el papel principal, desplegando dramaticidad vocal e gestual ya seguras y solidas, con conmovedores pasajes en su aria y en “Tu, piccolo Iddio”, mostrando una maternidad sufrida pues consciente que un trágico epilogo ya estaba escrito en su karma. Lastima por unas pocas faltas de afinación, de vez en cuando, pero apreciamos mucho sus “filatos” encantadores.  Buen partner vocal resultó Stefano Secco, F.B. Pinkerton, con clarísima dicción y agradables sonidos, casi resucitando memorias a la manera de Di Stefano que ya no estamos mas acostumbrados. Fue una grata sorpresa el humano y tocante cónsul Sharpless de Vincenzo Taormina, que utilizó con sabiduría sus mezzavoces y una recitación muy clara. El cariño casi paternal del cónsul delante la total ceguera de Cio-Cio-San, aun causada por su amor sin condiciones, el desprecio por la superficialidad de Pinkerton, las extremas decisiones de las que él no era responsable pues que él mismo hubiera voluntariamente influenciado,  eran tan bien exprimidos esa vez como casi nunca es difícil apreciar. Buena la Suzuki de Enkelejda Shkosa así como el resto del reparto.  El coro del Maggio, ça va sans dire, siempre optimo, cuidado por Lorenzo Fratini, expresó todo el encanto del “coro a bocca chiusa”, pagina que se ha vuelto el leitmotiv sea de la opera sea un tema utilizado también en la canción comercial italiana del siglo XX: Tornerai (1936) de Olivieri-Rastelli. Para decir cuanta influencia tuvo la música de Puccini en las composiciones sucesivas de otros autores. Muy buena y elegante fue la concertación de Juraj Valciuha, dirigiendo una orquesta del Maggio en buena forma y un escenario que lo segundó sin vacilaciones.

Sunday, October 4, 2009

La Damnation de Faust en México

Foto: Enkelejda Shkosa, Ruben Amoretti, Ramon Vargas.
Credito: F.S. / Conaculta

José Noé Mercado
1
No es el secreto mejor guardado en México que ocurrencias, caprichos e intereses particulares han servido a los directivos de la Compañía Nacional de Ópera como guía para definir su programación desde hace ya mucho tiempo. Con Alonso Escalante a la cabeza de la institución, el sistema no parece ser muy distinto.
2
La creación y retención de públicos, el armado de un repertorio de títulos básicos que nutren a cualquier compañía del mundo por modesta que sea —puesto que en el país no lo tenemos—, el aprovechamiento del talento nacional —compositores, cantantes, directores, creativos— que clama por la oportunidad de expresarse, las producciones y coproducciones pensadas para reponerse en diversas plazas y así aminorar el impacto de sus gastos y elevar el número de funciones, todo lo cual podría traducirse en un posible incremento de la calidad presentada, hoy no son criterios que influyan en la CNO para armar su temporada lírica. Y quizás sea ésa la razón que explica por qué la Compañía Nacional de Ópera —que pretendidamente intenta pasar por Ópera de Bellas Artes— perdiera su lugar preponderante en la producción y presentación de ópera en México. Numerosos estados de la república a través de sus institutos de cultura y universidades, la iniciativa privada, asociaciones civiles: cualquier esfuerzo —incluso mediano— por hacer ópera, la han dejado atrás. Rezagada y en evidencia de su burocratismo inoperante, incapaz de modernizarse y responder a las necesidades actuales del país.
3
La condenación de Fausto, leyenda dramática en cuatro partes de Hector Berlioz, estrenada en su versión original de concierto en Francia, en 1846, y en una escenificable en 1893, se presentó los pasados 27 de septiembre y 1 de octubre, en la Sala Nezahualcóyotl de Centro Cultural Universitario, como parte de la Temporada 2009 de la CNO. Para este par de funciones, se optó por la versión de concierto que por las condiciones de hambruna operística no la hacen la más deseable para el público.
4
La selección de este título fáustico es posible entenderla girando en torno a una sola persona. A un cantante sin duda destacado y de credenciales artísticas irreprochables: el tenor Ramón Vargas, otrora representado en México por el hoy director de la CNO Alonso Escalante. El año pasado, aún con la administración de José Areán, ocurrió algo parecido con la presentación de Eugene Oneguin. Aunque se programó por él, en ese entonces el maestro Vargas decidió cancelar y dejarnos a la CNO y al público que deseábamos ver su aclamada interpretación de Lensky con la mesa servida, acaso con razones contundentes pues por lo visto la producción fue poco menos que mediocre y en todo caso muy distinta de la que le habían hablado. Ahora, dentro de algunas semanas, Ramón Vargas, como parte de sus importantes compromisos internacionales, participará en La condenación de Fausto en la Metropolitan Opera de Nueva York y es de suponer que no le venía mal ensayarla aquí, con coro, orquesta, demás solistas, incluso en una sala donde el público lo ovacionó desde que salió al escenario. Sin siquiera poner en duda el nivel artístico de sobra demostrado por Ramón Vargas a lo largo de sus 27 años de carrera profesional, dos preguntas más bien hacia la CNO:

1.- ¿Debemos asumir que en su operación es prioritario el beneficio particular que determinar políticas públicas de bien común?
2.- ¿A quién más está dispuesta a brindar privilegios tales como servir de sparring? ¿De disponer un encuentro para pelotear, para soltar las piernas, para un partido amistoso?
5
La voz de Ramón Vargas es aterciopelada, cálida, de un timbre muy bello y emitida con depurada técnica y control. Su dicción del francés les pareció meritoria incluso a varios franceses que estuvieron presentes en la Sala Nezahualcóyotl en este par de funciones. No obstante, la orquestación berlioziana resulta demasiado densa para sus características vocales, para su volumen, su potencia, incluso por momentos para su color. El resultado fue que su instrumento no se alcanzaba a escuchar del todo y de hecho se perdía en los números de conjunto. Consciente de ello, en el transcurso de la ejecución Vargas pareció no inseguro pero sí estar probando diferentes recursos como colorear pasajes de distinta manera, medir frases, encontrando ventanas orquestales por las cuales asomar la voz, dando mayor fuelle a su volumen, en suma, tanteando la obra. Más precavido que entregado. Como alguien que está en una casa vacía y piensa dónde colocar la sala, dónde el televisor, en qué pared algunos cuadros, en qué habitación la cama.
6
La mezzoprano albanesa Enkelejda Shkosa cumplió con una destacada intervención en el rol de Margarita. Su voz se proyectó de entre la música con firmeza y se ajustó en estilo e interpretación de su papel. El bajo-barítono español Rubén Amoretti hizo un Mefistófeles de gran personalidad vocal. Con una técnica que cubre la emisión de su voz para darle oscuridad y uniformidad en todo su registro, y haciéndola elegante y misteriosa a la vez. Los ataques de su fraseo fueron en ocasiones algo guturales para sonar con el color oscuro que quizás no tenía del todo cuando cantaba de tenor, al inicio de su carrera. El barítono Jorge Lagunes cantó el breve rol de Brander y no lo hizo mal.
7
“Griten, griten de terror, griten como un huracán, giman como un bosque profundo, que las rocas caigan y los torrentes se precipiten, griten de miedo porque en este instante ven pasar por el aire los caballos negros, las campanas se apagan, el sol se extingue, los perros gimen, el diablo se ha adueñado del mundo (…) Dense cuenta, están cantando el Fausto de Berlioz, no para gustar, no para impresionar, ni siquiera para emocionar; lo están cantando para espantar: ustedes son un coro de aves de pésimo agüero (…) ¡Griten!, griten al mismo tiempo su terror y su agresión, defiéndanse, el diablo no es uno solo, ése es su engaño, posa como Mefisto pero el diablo es colectivo, el diablo es un nosotros inmisericorde, una hidra que desconoce la piedad o el límite…”.
Las anteriores, son algunas de las palabras con las que el director de orquesta Gabriel Atlán-Ferrara preparaba para La condenación de Fausto a sus huestes corales y orquestales en Instinto de Inez, la novela de Carlos Fuentes. Si consideramos esa directriz en La condenación de Fausto de la Sala Nezahualcóyotl, la Schola Cantorum de México, el Coro y la Orquesta del Coro del Teatro de Bellas Artes bajo la batuta concertadora de Ivan Anguélov cumplieron con una labor extraordinaria. Salvo en un pasaje que curiosamente habla de dormir, el sonido fue demoníaco, sin matices ni pianos. Con todos los solistas y agrupaciones arriba del escenario, saturó incluso la Nezahualcóyotl. Aunque ni así despertaron a los numerosos integrantes del público que tomaban la siesta a mi alrededor.
8
Siempre será un privilegio que estrellas como Ramón Vargas canten en los recintos de nuestro país. Pero no necesariamente en estas condiciones en que se viene a foguear —que es muy distinto de debutar— un papel, no en una versión de concierto que no es lo más apetecible para la ópera como género, no en un contexto operístico de sequía como el que encabeza la CNO, en el que las oportunidades y ventajas que se le dan a las figuras consagradas se le escatiman a los jóvenes, tal como según su propio testimonio le ocurrió a Ramón Vargas en sus inicios, en México, hasta que mejor se marchó del país: “Yo me fui con la misma tristeza que nos vamos todos aquellos mexicanos que buscamos oportunidades. No me marché para crecer, como debió haber sido, sino para buscar las oportunidades que aquí nunca me ofrecieron. Es muy distinto salir porque quieres desarrollarte y enriquecerte profesionalmente, a irte por necesidad (…) De verdad es una situación desesperante y que, a veces, te hace perder el equilibrio” (Pro Ópera año XI, número 4, julio-agosto de 2003). Vargas se fue, triunfó y se equilibró en un camino trascendente de la lírica. Pero muchos otros se quedan, pierden el equilibrio y caen en el olvido, en la frustración. Desde luego eso no es responsabilidad más que de una estructura lírica nacional que no identifica sus talentos ni los procura ni desarrolla. Que no acaba de entender que hay acciones honestas pero inmorales, como diría Gabriel García Márquez en Entre cachacos. Y mientras todo eso siga ocurriendo, como hasta ahora, no se condena Fausto, nos condenamos todos los operófagos y no tendremos una Compañía Nacional de Ópera ni ópera escalante, sino descendente. En picada. Llegando tal vez al averno, que quizás es algo mucho más terrible que sólo no tener ni la esperanza de escuchar Las bodas de Fígaro.