Showing posts with label Juliana Faesler. Show all posts
Showing posts with label Juliana Faesler. Show all posts

Monday, December 1, 2014

Il Castello di Barbablù - L’Orchestra Filarmonica di Città del Messico

Foto: Secretaría de Cultura del DF

Ramón Jacques

L’Orchestra Filarmonica di Città del Messico comincia ad incorporare gradualmente nella sua stagione titoli operistici, dando spazio a opere contemporanee di compositori del XX sec e attuali, scegliendo in questa occasione Il Castello di Barbablù op. 11 (A kékszakállú herceg vára, in ungherese) di Béla Bartók (1881-1945). La lodevole iniziativa della OFCM viene a portare aria fresca nell’ambiente opertistico di questa città offrendo al pubblico la possibilità di conoscere ed apprezzare opere che sono musicalmente interessanti, affascinanti e altrettanto valide come quelle che si programmano continuamente nei teatri d’opera i quali per evitare di correre rischi si aggrappano ai titoli consueti del repertorio. L’opera in un atto, la cui première ha avuto luogo a Budapest nel maggio del 1918, è considerata una riflessione sonora, dato che al tempo della sua composizione, l’emergenza della guerra e il totalitarismo turbavano l’Europa. La recita si è realizzata in versione semi-scenica su un piccolo scenario costruito su di un livello superiore rispetto all’orchestra in fondo alla scena, dove all’interno di un moderno appartamento si sviluppava l’azione, con una lettura facile ed accessibile senza simbolismi nè risvolti psicanalitici, e che è stata ben diretta scenicamente da Juliana Faesler. La performance dell’orchestra è stata notevole nel delineare i passaggi di tensione, dramma e lirismo contenuti nella partitura, creando un contesto adeguato per il risalto delle voci nella relazione uomo-donna e nel gioco tra la speranza di Judith e la sua delusione finale. La direzione musicale è stata affidata al titolare dell’orchestra José Areán. Azzeccata è stata la scelta dei solisti, il baritono argentino Hernan Iturralde, inteprete in evidenza, dalla importante carriera internazionale, che ha mostrato compenetrazione e affinità con il ruolo di Barbablù, trasmettendo sicurezza e passione con un canto di tono piacevole; così come il soprano russo Olga Sergeyeva solista del teatro Mariinsky, già conosciuta dua anni fa ne La donna senz’ombra, e che ha portato avanti le esigenze del ruolo con un canto brunito, potente e seducente, e che attorialmente ha dato vita ad una Judith energica ma credibile. 

Wednesday, November 30, 2011

Butterfly, la renegada en el Palacio de Bellas Artes

Fotos: Opera de Bellas Artes
 
José Noé Mercado

Texto correspondiente a las funciones del 22 y 25 Madama Butterfly de Giacomo Puccini ocupa el octavo lugar entre las óperas que más se representan actualmente a nivel mundial. Superado su fracaso inicial en Milán, en 1904, esta obra que cuenta con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa se impuso como una de las más gustadas del catálogo lírico y es llevada a la escena una y otra vez en todo el planeta, hasta convertirla en una trillada y escasamente novedosa muestra del anquilosamiento y conformismo estético que padecen algunos sectores operísticos. Ello, en fusión con la modorra propia de la Compañía Nacional de Ópera (CNO), agazapada en fórmulas de programación y conformación de elencos sin mayor destello desde hace tiempo, hace una obviedad que again, one more time, se recurriera a Butterfly para presentarla en una nueva producción en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, con funciones los pasados 18, 20, 22 y 25 de septiembre. El principal interés de este montaje, surgido por una aparente relectura de la directora de escena y diseñadora de escenografía Juliana Faesler a la historia de la renegada japonesa Cio-Cio San, en el fondo terminó por diluirse porque más que una reinterpretación válida, polémica o incluso escandalosa, ofreció una inocultable especulación a la trama, al libreto y a la esencia (in)moral del personaje de Pinkerton.  De turista sexual en Japón (¿alguien duda que eso es Pinkerton, antes que oficial de la marina norteamericana?: “un teniente cachondo y medio pervertido”, califica Octavio Sosa en el programa de mano), traspatio de sus correrías donde contrae un matrimonio banal y embaraza a la gringófila y boba Butterfly con engaños amorosos de por medio, al final pasa a ser un viejo en silla de ruedas, atormentado por su actuar en aquella aventura de juventud, lo que alivia suicidándose de un tiro. Esto último, por cierto ya reniego de Faesler a lo firmado por Puccini, empequeñece el harakiri de Butterfly con el que buscó recuperar su honor y el final intenso y dramático con el que cierra la obra. A Pinkerton lo ennoblece, le crea sentimientos moralmente correctos y lo redime. Las sopranos Violeta Dávalos y Maribel Salazar alternaron en el rol protagónico. Dávalos brindó un personaje porfiado en sus afectos, intenso y con una emisión creciente en calidad durante la función, aunque de fraseo corto, interrumpido por excesivas respiraciones y ataques de forte para arriba, más propicios para el fuaaa que para darle matices y colores a la tragedia de la japonesa. Salazar confeccionó un personaje frágil, ilusionado, proyectando cierta ingenuidad a través de una voz muy dulce y cálida que despertó dolor genuino ante su infortunio.
Como Pinkerton, el tenor José Ortega, originario de Ciudad Juárez, demostró que es un cantante decoroso, con un buen centro vocal, si bien su emisión se estrecha en el registro agudo y estrangula un poco el sonido. La mezzosoprano Guadalupe Paz tuvo como Suzuki una de sus mejores actuaciones en nuestro país, gracias a un color bello y ahora sí parejo, estable en todo su canto, mientras que Encarnación Vázquez, alternante del rol, reiteró su larguísima experiencia en esta obra, mismo caso del barítono Jesús Suaste, un hipócrita pero finalmente comprensivo Sharpless. Es destacable el Goro del tenor Gerardo Reynoso y, sobre todo, el vocalmente estupendo Bonzo del barítono Óscar Velázquez. El Coro del Teatro de Bellas Artes sigue ganando nivel, producto del encomiable trabajo de su preparador, el catalán Xavier Ribes. Para hablar de la orquesta, sería necesario referirse al concertador Ivan Anguélov, pero quizás nadie mejor que Jaime Ruiz Lobera, director de la CNO, pueda explicar a detalle sus virtudes, que deben ser hartas como para mantenerlo al frente de la agrupación pese a saber que el nombre del director búlgaro salió a relucir en las quejas públicas de cantantes femeninas que aseguran haber padecido su acoso en el más reciente Concurso de Canto Carlo Morelli. Entonces, pidámosle que hable.