Showing posts with label Violeta Dávalos. Show all posts
Showing posts with label Violeta Dávalos. Show all posts

Sunday, April 10, 2016

Una morena y una rubia: La verbena de la paloma con Solistas Ensamble, México

José Noé Mercado

Un verdadero éxito, ante el público que llenó la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes el pasado 18 de marzo, fue el que obtuvo la presentación de la zarzuela La verbena de la paloma o El boticario y las chulapas y los celos mal reprimidos de Tomás Bretón, ofrecida por el grupo Solistas Ensamble del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Con esta apreciada pieza del llamado género chico (en rigor, sainete lírico en un acto), que dos días antes habían interpretado en el Auditorio de la Biblioteca Vasconcelos, Solistas Ensamble dio cierre a su Primera Temporada 2016.

Se trató de una función fecundada por el buen humor de la trama, por una camaradería escénica que demostró el grupo, y por una interpretación donairosa que si técnicamente podría tener máculas, en conjunto se transformó en una sucesión de escenas deliciosas hasta la carcajada.

El desenfado, el empeño de los participantes y la ausencia de poses y falsas pretensiones, fueron clave, tanto como el buen desempeño vocal de la mayoría de los protagonistas.

El tenor Ángel Ruz ofreció un canto lucidor y una interpretación jocosa del rabo verde Don Hilarión y fue bien arropado en la farsa por el Don Sebastián de Iván Juárez, el celoso Julián de Édgar Gil y la Seña Rita de Graciela Díaz Alatriste.

El atractivo visual femenino, no sólo para gozo de Don Hilarión, correspondió a la Susana de la soprano Violeta Dávalos y a la Casta de la mezzosoprano Itia Domínguez. Una morena y otra rubia, como presumen las coplas, hijas del pueblo de Madrid.

Dávalos en plenitud vocal, con la experiencia de conocer los secretos para incursionar con éxito en numerosos montajes de ópera, opereta y zarzuela. Itia con una presencia despampanante y salerosa, arrancando suspiros, con una voz bella y melodiosa, sin estridencias, de dulce timbrado. Ambas divirtiéndose en sus papeles del sainete.

Algunos otros solistas aportaron un contexto sólido para la fluidez y buen desarrollo de la trama, de la verbena. Ahí andaban el bajo Luis Rodarte, un tabernero y tahúr profesional donde los haya, el portero Mauricio Esquivel, el mozo —tan bailarín como Rodarte y Ricardo Galindo— de Óscar Velázquez, la Teresa, chula y vecina de Ángeles Arévalo, la chulapa de Grace Echauri, el chulapo de finos pasos y puro en mano de Mario Hoyos, entre otros personajes de farándula, además de los bailaores Ruth Chávez, Inés López, Lucía Méndez y Óscar Cruz.


Desde el piano participó Eric Fernández; en la guitarra flamenca Gerardo Matamoros, con una dirección musical invitada de José Luis Bustillos y una puesta en escena de Fernando Gómez Pintel, que si bien no detalló a cada uno de los personajes y los intérpretes tuvieron que poner de su cosecha para sacarlos adelante en su trazo y confección, propició el ambiente conjunto de verbena. No impidió la fiesta y su comicidad.

Tuesday, August 25, 2015

Cavalleria Rusticana / I Pagliacci León Messico

Fotografías: Arturo Lavín

Ramón Jacques

Dalla sua inaugurazione del 7 dicembre 2010 ad oggi il teatro del Bicentenario di Leon Guanajuato (Che si trova a 380 chilometri dalla capitale messicana) È riuscito a consolidare una stagione annuale di opera, inoltre di una varia offerta di spettacoli di danza, balletto e teatro che vengono offerti parallelamente. Come seconda produzione lirica del 2015, dopo il barbiere di Siviglia, è andato in scena il dittico cavalleria rusticana di Pietro Mascagni e pagliacci di Ruggero Leoncavallo.  In primo piano si poteva vedere la bella scena ideata da Jorge Ballina che ha situato l'azione in un'epoca moderna, con immagini in prospettiva simmetrica e dettagliate miniature di case sullo sfondo, così come la facciata di una chiesa ispirata all'architettura siciliana. La concezione di Ballina È stata dinamica, con cambi di scene sul palco, facciate di costruzioni che cambiavano e l'uso di un telone che si apriva e si chiudeva costantemente. Così come un piccolo scenario della piazza principale dove avveniva la rappresentazione dei Pagliacci. Appropriati sono stati costumi come pure l'illuminazione, in toni brillanti e colori che davano sul giallo solare mediterraneo rispetto all'oscurità che presagiva la tragedia, a cura di Víctor Zapatero La direzione scenica di Mauricio García-Lozano  è stata concisa e Chiara e nella sua idea la trama di entrambe le opere può essere riferita al medesimo luogo e al medesimo tempo con pagliacci che vanno in scena e in mezzo al pubblico all'inizio della recita e con la processione per la morte di Turiddu che attraversava la scena durante l'Inter mezzo dei Pagliacci Altro aspetto introdotto fu la presenza di un bambino con un globo rosso che osservava da fuori scena in una propria visione in cui la fantasia si convertiva in realtà. 
In termini generali si è ottenuto un bilanciamento e quo tra la parte visiva e la parte musicale cominciando con il disimpegno del coro del teatro bicentenario impegnato attivamente e con un'emissione omogenea di suono. L'orchestra è stata ben diretta con mano sicura dal maestro statunitense Arthur Fagen che ha diretto con sicurezza e brio estraendo le ampie possibilità e ricchezze contenuti nelle partiture. Per quanto riguarda la parte vocale entrambe le opere hanno contato sulla presenza del baritono Carlos Almaguer che ha mostrato esperienza per i personaggi di Alfio in cavalleria e Tonio nei pagliacci e ha cantato con voce profonda e potente. Belem Rodríguez  ha impersonato un'energica Santuzza tutta con voce scura di mezzo soprano e José Manuel Chu ci ha mostrato una voce di caldo timbro come Turiddu. Lydia Rendón  come Lola e Eva María Santana come mamma Lucia completavano il cast in maniera soddisfacente. Il ruolo di Canio nei pagliacci è stato cantato con voce ampia e buona proiezione dal tenore lituano Kristian Benedikt il soprano Violeta Dávalos  ha apportato bel timbro facilità degli acuti e giovialità al personaggio di Nedda. Il giovane tenore Gilberto Amaro ha dato una bella interpretazione vocale come Beppe Arlecchino e corretto è stato il baritono Carlos Sánchez  come Silvio. Uno spettacolo da tenere in conto nell'agenda futura del teatro e che andrà in scena nel mese di ottobre con il titolo di Tributo a Farinelli, un lusso che conterà sulla presenza del celebre soprano svedese Ann Hallenberg accompagnata da Les Talens Lyriques diretti da Christophe Rousset.

Monday, August 24, 2015

Cavalleria Rusticana y Pagliacci en León México

Fotografías: Arturo Lavín

Ramón Jacques

Desde su inauguración el 7 de diciembre del 2010 y hasta el día de hoy, el Teatro del Bicentenario de León Guanajuato (ubicado a 380 kilómetros de la capital mexicana) ha logrado consolidar una temporada anual de ópera, además de la variada oferta de espectáculos de música, danza, ballet y teatro que se ofrecen de manera paralela. Como segunda producción lirica del 2015, después de El Barbero de Sevilla, se eligió la doble cartelera conformado por Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni y Pagliacci de Ruggero Leoncavallo. En primer plano se pudo ver el atractivo marco ideado por el diseñador Jorge Ballina, quien situó la acción en una época moderna, con una imagen en perspectiva de simétricas y detalladas miniaturas de casas al fondo, así como la fachada de una iglesia, inspiradas en la arquitectura de Sicilia. El concepto de Ballina fue dinámico, con cambios de escenografía sobre la escena, fachadas de construcciones que subían y bajaban, y el uso de un telón que se cerraba y se abría contantemente; así como un pequeño escenario en la plaza principal donde se llevó a cabo la representación de los payasos. Apropiados fueron los vestuarios, como también la iluminación, en brillantes tonos y colores que iban desde el amarillo solar mediterráneo hasta la oscuridad que presagiaba la tragedia, a cargo de Víctor Zapatero. La dirección escénica de Mauricio García-Lozano fue concisa y clara, y en su idea, la trama de ambas óperas puede ocurrir en el mismo lugar y al mismo tiempo, con payasos deambulando por el escenario y entre las butacas del público al inicio de la función, y con la procesión por la muerte de Turiddu que atravesó el escenario durante el intermezzo de Payasos. Otro aspecto que introdujo, fue la presencia de un niño con un globo rojo que observaba desde fuera las escenas, y en su propia visión, la fantasía se convertía en realidad.
En términos generales se obtuvo un equitativo balance entre la parte visual y la musical, comenzando por el desempeño del Coro del Teatro Bicentenario, convertido ya en un activo del teatro, que estuvo participativo cuando tuvo que hacerlo, emitiendo un sonido homogéneo. La orquesta fue bien llevada por la mano segura del maestro estadounidense Arthur Fagen, quien condujo con seguridad y brío, extrayendo las amplias posibilidades y riqueza contenida en las partituras.  En lo que respecta a la parte vocal, ambas operas contaron con la presencia del barítono Carlos Almaguer, quien demostró experiencia con los personajes de Alfio en Cavalleria y Tonio en Pagliacci, y cantó con profunda y potente voz. Belem Rodríguez personificó una enérgica Santuzza con su oscura voz de mezzosoprano y José Manuel Chu mostró una voz de cálido timbre como Turiddu. Lydia Rendón como Lola y Eva María Santana como Mamma Lucia cumplieron de manera satisfactoria. El papel de Canio en Pagliacci fue cantado con voz amplia y buena proyección por el tenor lituano Kristian Benedikt, y la soprano Violeta Dávalos aportó grata tonalidad, fáciles agudos y jovialidad al personaje de Nedda. El tenor joven Gilberto Amaro tuvo una destacada interpretación vocal como Beppe/Arlecchino, y correcto estuvo el barítono Carlos Sánchez como Silvio. Un espectáculo a tener en cuenta en la agenda futura del teatro ocurrirá en el mes de octubre con el Tributo a Farinelli, un lujo que contará con la presencia de la destacada mezzosoprano sueca Ann Hallenberg que será acompañada por Les Talens Lyriques bajo la conducción de Christophe Rousset

Thursday, April 17, 2014

Atzimba ópera de Ricardo Castro en el Palacio de Bellas Artes de México

Foto: INBA

RJ

Ricardo Castro ATZIMBA  V. Dávalos, C.A. Galván, G. Ruiz, A.C. Acosta,  A. Gama, C. Sánchez.  Dir.: E. Patrón de Rueda. Director de esc.: A. Salinas.  13 de abril del 2014.


Atzimba de Ricardo Castro, compositor mexicano y último romántico del porfiriato, se estrenó en enero de 1900 y fue escenificada en temporadas sucesivas hasta 1952 cuando la partitura se extravió y la obra quedo en el olvido, pero por el 150 aniversario del nacimiento del compositor nacido en Durango; Arturo Márquez recuperó la obra orquestando las partes faltantes del segundo acto. Con libreto en español de Alberto Michel, inspirado en La Conquista de Michoacán de Eduardo Ruiz, la trama en tres actos que ocurre durante la conquista de Michoacán narra el triangulo amoroso entre el sacerdote Huépac; la princesa tarasca Atzimba y el oficial español Jorge de Villadiego, que concluye con la muerte de ambos. La orquestación posee interesantes y gratos pasajes musicales, es conocido su Intermezzo; con tintes italianizados con un estilo verdiano, sin renunciar a su carácter nacionalista. Por su emotiva ejecución la orquesta de Bellas Artes se alzó como una protagonista de la velada. El montaje escénico de Jesús Hernández fue austero y con poca imaginación, solo unas pirámides movedizas sobre la escena y un enorme espejo colgando en la parte trasera del escenario. Los desangelados vestuarios y la plana iluminación ayudaron poco a la vistosidad del espectáculo. La dirección de Antonio Salinas con conceptos de Luis de Tavira, consistió en hacer a los cantantes subir y bajar sin sentido de las pirámides, mucha gestualidad y constantes ceremonias y danzas. La compleja escritura vocal es tirante y exigente por los continuos desfases con la música, pero Violeta Dávalos, que dio vida a una sensual princesa, sorteó las dificultades del papel con segura emisión y grato uso del registro medio. El tenor Carlos Arturo Galván, cantó con enjundia y pasión a de Villadiego. Guillermo Ruiz desplegó  su potente voz como Huémac, y el resto de los personajes, y el coro tuvieron un discreto desempeño. Es necesario señalar que el merito de esta exhumación corresponde al Instituto de Cultura de Durango, que honra así a un distinguido ciudadano, y no a una compañía de ópera acéfala de liderazgo y visión, que ha desdeñado durante el tiempo la labor operística de muchos compositores mexicanos.

Llover sobre mojado Atzimba en Bellas Artes de Mexico

 Fotos: INBA

José Noé Mercado
                       
Existía gran expectación por el rescate de la ópera Atzimba del compositor mexicano Ricardo Castro (1864-1907), originalmente estrenada en 1900 y de la que 52 años después se extraviara la partitura orquestal de su segundo acto. La conmemoración por los 150 años del natalicio del músico duranguense incluyó el encargo de la orquestación de la parte perdida al compositor Arturo Márquez, célebre entre otras razones por su Danzón No. 2, y el reestreno de la obra con una respectiva puesta en escena. Así, luego de presentarse en febrero pasado en Durango, cuyo instituto estatal de cultura encabezara el proceso de rescate, y de reponerse en Cuernavaca, Morelos, como parte de programa del INBA “Ópera con los Estados y Entidades Federativas”, la producción de Atzimba llegó al Teatro del Palacio de Bellas Artes los días 10 y 13 de abril, como una posibilidad más de seguir reflexionando sobre la identidad mutante de la ópera mexicana, sus características y pretensiones, sus alcances y limitaciones. Si el rescate de la obra y su montaje en sí mismos constituyen un feliz acontecimiento, no podría decirse lo mismo del la puesta en escena ni de la interpretación vocal, al menos el día del estreno. Puesto que, desde luego, bien pueden someterse a consideración las virtudes de un compositor interesado en romper con el pasado italianizante de sus predecesores nacionales (lo que no necesariamente logra sobre todo cuando corren en su bello lirismo romántico aires del Verdi maduro o, si se quiere, algo wagneriano) y no muy diestro en la escritura vocal, cuya redacción retiene a los solistas en un registro tirante con pocas ventanas orquestales para asomar la voz y una demanda de volumen poco propicio para los matices íntimos y para eludir cierta monotonía. De igual manera, pueden ponderarse las deficiencias del libreto en español de Alberto Michel, basado en un episodio de La conquista de Michoacán de Eduardo Ruiz. Con su irregular métrica de frases; un lenguaje que con asiduidad se sumerge en la cursilería más que en el conflicto idiomático y cultural entre los conquistadores españoles y  los indígenas tarascos; con una trama trillada (triángulo amoroso, con protagonistas de bando rival) de personajes y motivaciones elementales;  y que no puede siquiera disimular fallas evidentes en su estructura y desarrollo: hacia el final del tercer acto, por ejemplo, regresa ingenuamente al punto dramático en el que había concluido el segundo. 

Todo ello, y su respectiva discusión, es natural y puede quedar en la anécdota que implica el redescubrimiento de una obra estelar del catálogo de un músico destacado en la historia musical mexicana. Pero lo rudimentario del montaje, con dirección de escena de Antonio Salinas, concepto escénico de Luis de Tavira, vestuario de Estela Fagoaga y diseño de escenografía e iluminación de Jesús Hernández, sólo pudo ser correspondido por los numerosos abucheos de un público que como hábito suele aplaudirlo todo. No era para menos. Las acciones giraron en torno a un par de anómalas pirámides enanas, a las que a la menor provocación cualquiera se subía o se introducía, olvidando el carácter simbólico y ritual que tuvieron en Mesoamérica. Al fondo, en lo alto, un espejo-pantalla inclinado proyectaba imágenes difusas y extrañas, como un cielo nocturno abierto y estrellado que a gran velocidad dejaba paso a nubarrones negros para luego repetir la secuencia, en una especie de loop visual que terminó por producir una ocurrente lluvia física en el proscenio al concluir la obra, que podría asumirse como una metáfora de esta producción: llovió sobre mojado. El trazo y la disposición de la escena, cuyos elementos penosamente se movieron a mano, empujándolos a la vista del público, como si la maquinaria teatral nunca se hubiese inventado, desaprovecharon el sentido de la música, ya fuera en momentos de conflicto grupal, en marchas de entrada solemne o en danzas que apenas si incluyeron coreografías totalmente cutres. Los abucheos de esa primera función también salpicaron el nivel del elenco encabezado por la Atzimba de la soprano Violeta Dávalos, el Jorge de Villadiego encomendado a José Luis Duval, el Huépac del bajo barítono Guillermo Ruiz, la Sirunda de la contralto Ana Caridad Acosta, el Hirepan del barítino Armando Gama y El rey Tzinzitcha de barítono Carlos Sánchez. Poco puede y debe rescatarse de ese elenco en el que las desafinaciones constantes, el desgañite y, en suma, la falta de técnica adecuada para resolver una partitura vocalmente  incómoda, fueron la moneda de cambio. Pero es justo destacar la zona media del registro de Violeta Dávalos, donde su emisión encuentra su mejor y más cálida área expresiva; la bella y controlada idea de canto de Carlos Sánchez; la capacidad y el arrojo vocal de Armando Gama para afrontar un potro sin duda bronco; y la inocencia de Ana Caridad Acosta en el desaguisado, en el que sólo cantó un par de líneas. A ello debe sumarse la buena concertación musical de Enrique Patrón de Rueda al frente de la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes, ya que su experiencia y conocimiento de la voz siempre aporta al equipo. Rescatada la ópera de Ricardo Castro, deberá resguardarse como muestra de música vehemente y apasionada. Ahora, seguramente, se extraviará la imagen que de ella se guardaba en el mito, en el recuerdo o en la imaginación.     

Wednesday, April 9, 2014

El Teatro del Bicentenario de León México anuncia su temporada de ópera 2014

Como parte de su programa de actividades artísticas 2014, el Teatro del Bicentenario arranca su temporada anual de ópera, una de sus líneas de programación artística más celebradas y esperadas por el público de diferentes partes del país. 

Durante el presente año, se podrá disfrutar de una temporada operística del más alto  nivel, conformada por tres nuevas producciones, propias del Teatro del Bicentenario,  que integran un corpus por demás interesante, conformado por importantes títulos de  la literatura operística, abarcado un periodo desde mediados del siglo XVIII hasta el  inicio del siglo XX. 

Considerada como la magna obra de Giuseppe Verdi, La Traviata será el título  elegido para inaugurar la temporada de este año con tres funciones los próximos días  18, 21 y 24 de mayo. 

Con texto de Francesco Maria Piave, basado en la novela La dama de las camelias, de Alejandro Dumas (hijo), La Traviata es la ópera más representada en los teatros del  mundo en la actualidad. Una obra ubicada por el autor en el París de mediados del siglo  XVIII, que incluye algunos de los fragmentos musicales más sonados dentro del  repertorio operístico, como el célebre Brindis y el aria de gran virtuosismo "Sempre  libera...", interpretada por la protagonista. 

En esta producción, la dirección escénica estará a cargo de Marco Antonio Silva y la  musical bajo la batuta del estadounidense Arthur Fagen. El elenco de solistas contará  con grandes artistas como la soprano georgiana Sophie Gordeladze en el papel  protagónico de Violetta Valéry; el gran tenor mexicano con Jesús León, interpretando  a Alfredo Germont y el también mexicano bajo barítono, Guillermo Ruiz, como Giorgio  Germont; participan además la Orquesta y Coro del Teatro del Bicentenario, así como  otros solistas, actores y bailarines en un gran elenco de más de 100 artistas en escena. 

El siguiente título será Tosca, de Giacomo Puccini, los días 10, 13 y 16 de agosto, la  cual a 113 años de su estreno, es considerada una de las óperas más importantes de  todos los tiempos por su intensidad dramática y por la belleza de su música, mezclando  intensos momentos de amor, pasión y poder. Ópera en tres actos, con música de  Giacomo Puccini y libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en el drama La  Tosca, de Victorien Sardou. Este título, junto a Madama Butterfly y La Bohème, integra  el trío de óperas más populares de Puccini. 

Esta obra maestra de Giacomo Puccini tendrá en el papel protagónico a la soprano  Violeta Dávalos como Floria Tosca, acompañada por el tenor español Andeka Gorrotxategui en el papel de Mario Cavaradossi y al barítono, también español, Rubén  Amoretti, como el Barón Scarpia, bajo la dirección escénica de Enrique Singer y  musical del italiano Marco Boemi. 

Para cerrar la temporada, en conmemoración de los 300 años del nacimiento del  compositor alemán y primer gran reformador de la ópera, Christoph Willibald von  Gluck, el Teatro del Bicentenario se une a las celebraciones mundiales por su natalicio  y presentará los días 7, 9 y 12 de noviembre Orfeo y Eurídice, ópera en tres actos, con  libreto de Raniero di Calzabigi. 

Considerada la obra más importante y limítrofe del repertorio barroco, Orfeo y Eurídice  marca una transición hacia el periodo clásico e influye significativamente en la forma  de composición operística. La presentación de este título marcará un hito en la  historia de nuestro país, ya que nunca antes se ha presentado con instrumentos de  época y músicos especializados en este periodo. A cargo de su realización estarán el  maestro Gabriel Garrido en la dirección musical y Sergio Vela en la escénica. El papel  de Orfeo, será interpretado por el contratenor español Flavio Oliver, y Eurídice, por la  soprano mexicana Anabel de la Mora, participan además bailarines y actores, el Coro  del Teatro del Bicentenario, así como una orquesta multinacional, integrada por  músicos mexicanos especialistas en este repertorio y la orquesta Les Vents Atlantiques,  proveniente de Holanda. 

Los boletos para la ópera La Traviata, de Giuseppe Verdi saldrán a la venta el  próximo martes 8 de abril; para Tosca, de Giacomo Puccini, el martes 27 de mayo; y  para Orfeo y Eurídice, de Christoph Willibald von Gluck el martes 19 de agosto. Las  entradas podrán ser adquiridas tanto en taquillas del Forum Cultural Guanajuato, como  a través del sistema ticketmaster. 

Consulta más información en www.teatrodelbicentenario.com y en las redes sociales  del Teatro del Bicentenario: 

https://www.facebook.com/TeatrodelB y https://twitter.com/TeatrodelB


Wednesday, November 30, 2011

Butterfly, la renegada en el Palacio de Bellas Artes

Fotos: Opera de Bellas Artes
 
José Noé Mercado

Texto correspondiente a las funciones del 22 y 25 Madama Butterfly de Giacomo Puccini ocupa el octavo lugar entre las óperas que más se representan actualmente a nivel mundial. Superado su fracaso inicial en Milán, en 1904, esta obra que cuenta con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa se impuso como una de las más gustadas del catálogo lírico y es llevada a la escena una y otra vez en todo el planeta, hasta convertirla en una trillada y escasamente novedosa muestra del anquilosamiento y conformismo estético que padecen algunos sectores operísticos. Ello, en fusión con la modorra propia de la Compañía Nacional de Ópera (CNO), agazapada en fórmulas de programación y conformación de elencos sin mayor destello desde hace tiempo, hace una obviedad que again, one more time, se recurriera a Butterfly para presentarla en una nueva producción en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, con funciones los pasados 18, 20, 22 y 25 de septiembre. El principal interés de este montaje, surgido por una aparente relectura de la directora de escena y diseñadora de escenografía Juliana Faesler a la historia de la renegada japonesa Cio-Cio San, en el fondo terminó por diluirse porque más que una reinterpretación válida, polémica o incluso escandalosa, ofreció una inocultable especulación a la trama, al libreto y a la esencia (in)moral del personaje de Pinkerton.  De turista sexual en Japón (¿alguien duda que eso es Pinkerton, antes que oficial de la marina norteamericana?: “un teniente cachondo y medio pervertido”, califica Octavio Sosa en el programa de mano), traspatio de sus correrías donde contrae un matrimonio banal y embaraza a la gringófila y boba Butterfly con engaños amorosos de por medio, al final pasa a ser un viejo en silla de ruedas, atormentado por su actuar en aquella aventura de juventud, lo que alivia suicidándose de un tiro. Esto último, por cierto ya reniego de Faesler a lo firmado por Puccini, empequeñece el harakiri de Butterfly con el que buscó recuperar su honor y el final intenso y dramático con el que cierra la obra. A Pinkerton lo ennoblece, le crea sentimientos moralmente correctos y lo redime. Las sopranos Violeta Dávalos y Maribel Salazar alternaron en el rol protagónico. Dávalos brindó un personaje porfiado en sus afectos, intenso y con una emisión creciente en calidad durante la función, aunque de fraseo corto, interrumpido por excesivas respiraciones y ataques de forte para arriba, más propicios para el fuaaa que para darle matices y colores a la tragedia de la japonesa. Salazar confeccionó un personaje frágil, ilusionado, proyectando cierta ingenuidad a través de una voz muy dulce y cálida que despertó dolor genuino ante su infortunio.
Como Pinkerton, el tenor José Ortega, originario de Ciudad Juárez, demostró que es un cantante decoroso, con un buen centro vocal, si bien su emisión se estrecha en el registro agudo y estrangula un poco el sonido. La mezzosoprano Guadalupe Paz tuvo como Suzuki una de sus mejores actuaciones en nuestro país, gracias a un color bello y ahora sí parejo, estable en todo su canto, mientras que Encarnación Vázquez, alternante del rol, reiteró su larguísima experiencia en esta obra, mismo caso del barítono Jesús Suaste, un hipócrita pero finalmente comprensivo Sharpless. Es destacable el Goro del tenor Gerardo Reynoso y, sobre todo, el vocalmente estupendo Bonzo del barítono Óscar Velázquez. El Coro del Teatro de Bellas Artes sigue ganando nivel, producto del encomiable trabajo de su preparador, el catalán Xavier Ribes. Para hablar de la orquesta, sería necesario referirse al concertador Ivan Anguélov, pero quizás nadie mejor que Jaime Ruiz Lobera, director de la CNO, pueda explicar a detalle sus virtudes, que deben ser hartas como para mantenerlo al frente de la agrupación pese a saber que el nombre del director búlgaro salió a relucir en las quejas públicas de cantantes femeninas que aseguran haber padecido su acoso en el más reciente Concurso de Canto Carlo Morelli. Entonces, pidámosle que hable.