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Friday, November 24, 2017

Rusalka en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Maximo Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires. 07/11/2017. Teatro Colón. Antonin Dvorak: Rusalka, ópera en tres actos. Libreto de Jaroslav Kvapil. Enrique Singer, dirección escénica. Jorge Ballina, escenografía. Eloise Kazan, vestuario. Franco Cadelago, coreografía. Víctor Zapatero, iluminación. Adaptación de la producción escénica del Teatro de Bellas Artes de México. Ana María Martínez (Rusalka), Dimitry Golovnin (Príncipe), Ante Jerkunica (Vodník, duende del agua), Elizabeth Canis (Jezibaba, la bruja), Marina Silva (La Princesa Extranjera), Sebastián Sorarrain (Guardabosques), Oriana Favaro, Rocío Giordano y Rocío Arbizu (Ninfas del bosque), Cecilia Pastawski (el niño de la cocina), Fermín Prieto (Voz del Cazador). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Dirección Musical: Julián Kuerti.

Esperada durante años por el público del Teatro Colón finalmente llegó a su escenario Rusalka de Dvorak -a dos años del estreno argentino- con una versión musical suntuosa, un elenco razonable y una puesta en escena naif y con aristas de cuento procedente del Teatro de Bellas Artes de México. Julian Kuerti subrayó la orquestación wagneriana del compositor checo, obteniendo muy buen nivel general por parte de la orquesta. La soprano puertoriqueña Ana María Martínez como Rusalka sólo ofreció una lectura correcta del rol sin brillar, su mayor débito fue la falta de emoción en la composición de la ondina tanto desde lo vocal como desde lo actoral. En tanto que el tenor Dmitry Golovnin cumplió con los requerimientos de la parte del Príncipe. El bajo croata Ante Jerkunica (Vodník) se lució por su emisión potente, parejo registro, musicalidad y entrega; mientras que Marina Silva ofreció con una interpretación arrolladora de la Princesa extranjera. La mezzosoprano Elizabeth Canis compuso con autoridad a la malvada bruja Jezibaba. Aportaron belleza y homogeneidad vocal las tres ninfas encarnadas por Oriana Favaro, Rocío Giordano y Rocío Arbizu, mientras que fue adecuado el resto del elenco así como el Coro Estable en sus breves intervenciones. En la faz visual el Teatro Colón recurrió a una producción del Teatro de Bellas Artes de México que debió ser convenientemente adaptada al escenario y a las posibilidades técnicas del coliseo argentino. El planteo escenográfico de Jorge Ballina es simple: Dos cercos circulares de distinto diámetro enmarcan la acción teatral sugiriendo el agua, las olas y el fondo del lago. Un piso irregular y algunas ramas completan la noción del bosque en los actos uno y tres, mientras que una pequeña plataforma con barandas hace las veces de Palacio en el acto segundo. Los movimientos escénicos de Enrique Singer dentro de una estética naif funcionaron adecuadamente. Correcta la iluminación de Víctor Zapatero, en buen estilo el vestuario de Eloise Kazan y pobres los movimientos coreográficos trazados por Franco Cadelago.


Tuesday, August 25, 2015

Cavalleria Rusticana / I Pagliacci León Messico

Fotografías: Arturo Lavín

Ramón Jacques

Dalla sua inaugurazione del 7 dicembre 2010 ad oggi il teatro del Bicentenario di Leon Guanajuato (Che si trova a 380 chilometri dalla capitale messicana) È riuscito a consolidare una stagione annuale di opera, inoltre di una varia offerta di spettacoli di danza, balletto e teatro che vengono offerti parallelamente. Come seconda produzione lirica del 2015, dopo il barbiere di Siviglia, è andato in scena il dittico cavalleria rusticana di Pietro Mascagni e pagliacci di Ruggero Leoncavallo.  In primo piano si poteva vedere la bella scena ideata da Jorge Ballina che ha situato l'azione in un'epoca moderna, con immagini in prospettiva simmetrica e dettagliate miniature di case sullo sfondo, così come la facciata di una chiesa ispirata all'architettura siciliana. La concezione di Ballina È stata dinamica, con cambi di scene sul palco, facciate di costruzioni che cambiavano e l'uso di un telone che si apriva e si chiudeva costantemente. Così come un piccolo scenario della piazza principale dove avveniva la rappresentazione dei Pagliacci. Appropriati sono stati costumi come pure l'illuminazione, in toni brillanti e colori che davano sul giallo solare mediterraneo rispetto all'oscurità che presagiva la tragedia, a cura di Víctor Zapatero La direzione scenica di Mauricio García-Lozano  è stata concisa e Chiara e nella sua idea la trama di entrambe le opere può essere riferita al medesimo luogo e al medesimo tempo con pagliacci che vanno in scena e in mezzo al pubblico all'inizio della recita e con la processione per la morte di Turiddu che attraversava la scena durante l'Inter mezzo dei Pagliacci Altro aspetto introdotto fu la presenza di un bambino con un globo rosso che osservava da fuori scena in una propria visione in cui la fantasia si convertiva in realtà. 
In termini generali si è ottenuto un bilanciamento e quo tra la parte visiva e la parte musicale cominciando con il disimpegno del coro del teatro bicentenario impegnato attivamente e con un'emissione omogenea di suono. L'orchestra è stata ben diretta con mano sicura dal maestro statunitense Arthur Fagen che ha diretto con sicurezza e brio estraendo le ampie possibilità e ricchezze contenuti nelle partiture. Per quanto riguarda la parte vocale entrambe le opere hanno contato sulla presenza del baritono Carlos Almaguer che ha mostrato esperienza per i personaggi di Alfio in cavalleria e Tonio nei pagliacci e ha cantato con voce profonda e potente. Belem Rodríguez  ha impersonato un'energica Santuzza tutta con voce scura di mezzo soprano e José Manuel Chu ci ha mostrato una voce di caldo timbro come Turiddu. Lydia Rendón  come Lola e Eva María Santana come mamma Lucia completavano il cast in maniera soddisfacente. Il ruolo di Canio nei pagliacci è stato cantato con voce ampia e buona proiezione dal tenore lituano Kristian Benedikt il soprano Violeta Dávalos  ha apportato bel timbro facilità degli acuti e giovialità al personaggio di Nedda. Il giovane tenore Gilberto Amaro ha dato una bella interpretazione vocale come Beppe Arlecchino e corretto è stato il baritono Carlos Sánchez  come Silvio. Uno spettacolo da tenere in conto nell'agenda futura del teatro e che andrà in scena nel mese di ottobre con il titolo di Tributo a Farinelli, un lusso che conterà sulla presenza del celebre soprano svedese Ann Hallenberg accompagnata da Les Talens Lyriques diretti da Christophe Rousset.

Monday, August 24, 2015

Cavalleria Rusticana y Pagliacci en León México

Fotografías: Arturo Lavín

Ramón Jacques

Desde su inauguración el 7 de diciembre del 2010 y hasta el día de hoy, el Teatro del Bicentenario de León Guanajuato (ubicado a 380 kilómetros de la capital mexicana) ha logrado consolidar una temporada anual de ópera, además de la variada oferta de espectáculos de música, danza, ballet y teatro que se ofrecen de manera paralela. Como segunda producción lirica del 2015, después de El Barbero de Sevilla, se eligió la doble cartelera conformado por Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni y Pagliacci de Ruggero Leoncavallo. En primer plano se pudo ver el atractivo marco ideado por el diseñador Jorge Ballina, quien situó la acción en una época moderna, con una imagen en perspectiva de simétricas y detalladas miniaturas de casas al fondo, así como la fachada de una iglesia, inspiradas en la arquitectura de Sicilia. El concepto de Ballina fue dinámico, con cambios de escenografía sobre la escena, fachadas de construcciones que subían y bajaban, y el uso de un telón que se cerraba y se abría contantemente; así como un pequeño escenario en la plaza principal donde se llevó a cabo la representación de los payasos. Apropiados fueron los vestuarios, como también la iluminación, en brillantes tonos y colores que iban desde el amarillo solar mediterráneo hasta la oscuridad que presagiaba la tragedia, a cargo de Víctor Zapatero. La dirección escénica de Mauricio García-Lozano fue concisa y clara, y en su idea, la trama de ambas óperas puede ocurrir en el mismo lugar y al mismo tiempo, con payasos deambulando por el escenario y entre las butacas del público al inicio de la función, y con la procesión por la muerte de Turiddu que atravesó el escenario durante el intermezzo de Payasos. Otro aspecto que introdujo, fue la presencia de un niño con un globo rojo que observaba desde fuera las escenas, y en su propia visión, la fantasía se convertía en realidad.
En términos generales se obtuvo un equitativo balance entre la parte visual y la musical, comenzando por el desempeño del Coro del Teatro Bicentenario, convertido ya en un activo del teatro, que estuvo participativo cuando tuvo que hacerlo, emitiendo un sonido homogéneo. La orquesta fue bien llevada por la mano segura del maestro estadounidense Arthur Fagen, quien condujo con seguridad y brío, extrayendo las amplias posibilidades y riqueza contenida en las partituras.  En lo que respecta a la parte vocal, ambas operas contaron con la presencia del barítono Carlos Almaguer, quien demostró experiencia con los personajes de Alfio en Cavalleria y Tonio en Pagliacci, y cantó con profunda y potente voz. Belem Rodríguez personificó una enérgica Santuzza con su oscura voz de mezzosoprano y José Manuel Chu mostró una voz de cálido timbre como Turiddu. Lydia Rendón como Lola y Eva María Santana como Mamma Lucia cumplieron de manera satisfactoria. El papel de Canio en Pagliacci fue cantado con voz amplia y buena proyección por el tenor lituano Kristian Benedikt, y la soprano Violeta Dávalos aportó grata tonalidad, fáciles agudos y jovialidad al personaje de Nedda. El tenor joven Gilberto Amaro tuvo una destacada interpretación vocal como Beppe/Arlecchino, y correcto estuvo el barítono Carlos Sánchez como Silvio. Un espectáculo a tener en cuenta en la agenda futura del teatro ocurrirá en el mes de octubre con el Tributo a Farinelli, un lujo que contará con la presencia de la destacada mezzosoprano sueca Ann Hallenberg que será acompañada por Les Talens Lyriques bajo la conducción de Christophe Rousset. 

Wednesday, August 5, 2015

Cavalleria Rusticana e I Pagliacci en el Teatro del Bicentenario de León, México


León, Gto. www.eslocotidiano.com Este mes de agosto, el Teatro del Bicentenario presenta, dentro de su temporada  operística 2015, dos nuevas producciones de la dupla más celebrada del repertorio lírico: Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni (1863-1945) y Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo (1857-1919).
Dos obras emblemáticas del movimiento verista, surgido hacia el final del siglo XIX, estilo cuya principal característica era de llevar a la escena los sucesos cotidianos de la vida real, con toda su simplicidad y crudeza, y volver protagonista al “hombre común”.
En las puestas en escena que presentará el Teatro del Bicentenario confluyen ambos títulos en el tiempo y en el espacio. Los dramas se sitúan en un pequeño pueblo al sur de Italia, en el que sus habitantes se conocen bien y todo lo que sucede en la sociedad, difícilmente pasa desapercibido. Las convenciones sociales y las pasiones desbordadas como el amor, los celos y la venganza, son ingredientes omnipresentes en las dos obras.
Estrenada con un éxito arrollador el 17 de mayo de 1890 en el Teatro Costanzi de Roma, Cavalleria rusticana, de Pietro Mascagni, es una historia de amor y venganza que convive en medio de ritos religiosos y costumbres sociales arraigadas. El sentido del honor propio de los pueblos del sur de Italia hacia el final del siglo XIX y el inicio del siglo XX, así la "vendetta" son rasgos costumbristas y detonadores de esta obra.
Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo se estrenó el 21 de mayo de 1892 en el Teatro dal Verme de Milán. Es un drama al interior de una compañía ambulante de payasos; teatro dentro del teatro, en el que los personajes de la commedia dell’arte son rebasados por sus emociones, dejando traslucir las atormentadas almas detrás del maquillaje.
Con más de 150 artistas en escena, estas nuevas producciones operísticas cuentan con la participación de un elenco de gran nivel artístico, en el que se combina la experiencia y el talento internacional, con el nacional. Participan la Orquesta y Coro del Teatro del Bicentenario, así como el Coro de Niños del Valle de Señora.
La mezzosoprano Belem Rodríguez (Santuzza) encabeza el elenco de Cavallería Rusticana, conjuntamente con el tenor José Manuel Chú (Turiddu), dos cantantes mexicanos con una trayectoria que ha dado pasos importantes en la escena. Acompañados además por Lidia Rendón (Lola) y Eva María Santana (Mamma Lucia).
Pagliacci tiene como protagonista al tenor lituano Kristian Benedict (Canio), asiduo visitante de los más importantes foros internacionales, cuya carrera lo ha llevado a interactuar con cantantes y directores de primer orden. Lo acompaña Violeta Dávalos (Nedda), una de las sopranos lírico spinto más reconocidas del país, así como el joven tenor Gilberto Amaro (Beppe), y el barítono Carlos Sánchez (Silvio). Participan además Artús Chávez y Fernando Córdova como troupe de payasos.
El único cantante que comparte ambos títulos es el barítono mexicano Carlos Almaguer (Alfio/ Tonio), con una consolidada trayectoria internacional, que se presenta de manera habitual en los más importantes teatros europeos y en los festivales más importantes del mundo.
Para esta ocasión, la dirección musical es del estadounidense Arthur Fagen, director musical de la Ópera de Atlanta, quien durante su amplia trayectoria ha dirigido más de sesenta títulos operísticos en renombrados teatros de todo el mundo, entre los que se encuentra el MET de Nueva York, la Ópera Lirica de Chicago y la Ópera Estatal de Berlín.
La puesta en escena es de Mauricio García Lozano y el diseño escenográfico está a cargo de Jorge Ballina, ambos miembros del Sistema Nacional de Creadores de Arte, que han trabajado de manera conjunta en diferentes proyectos operísticos, teatrales e interdisciplinarios, lo que los ha llevado a ser reconocidos como un binomio muy exitoso en la escena nacional. El diseño de vestuario es de Mario Marín y la iluminación es de Víctor Zapatero.
Las óperas Cavalleria rusticana y Pagliacci,  se presentarán en tres funciones en el Teatro del Bicentenario los próximos domingo 9 de agosto a las 18:00 horas, miércoles 12 de agosto a las 20:00 horas y sábado 15 de agosto a las 19:00 horas. Los boletos están a la venta en las taquillas del Forum Cultural Guanajuato (Teatro del Bicentenario y Auditorio Mateo Herrera), así como por el sistema ticketmaster.
Más información en: http://teatrodelbicentenario.com/cavalleriarusticana-pagliacci

Friday, March 25, 2011

Bajo las aguas, Rusalka en Bellas Artes

Foto: INBA
José Noé Mercado
Entre Bedrich Smetana, autor de tintes oficialistas que ocupa un lugar destacado en la historia lírica con La novia vendida, y Leos Janácek, primero compositor rechazado por el stablishment, luego altamente reconocido, referencial e imprescindible por su capacidad musical, su lenguaje contemporáneo y la fuerza expresiva de obras como Jenufa, Katya Kabanova o Desde la casa de los muertos, Antonín Dvorák sobresalió internacionalmente con su sinfonía Desde el nuevo mundo y por su ópera Rusalka, de bella construcción y continuidad melódica con base en el leitmotiv wagneriano, a la que suma una historia que pone en escena parte de la mitología eslava. Estrenada en 1901, Rusalka cuenta con libreto de Jaroslav Kvapil, y se presentó por primera vez en nuestro país los pasados 10, 13, 17 y 20 de marzo, en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, en coproducción del 27 Festival de México y la Compañía Nacional de Ópera (CNO). Jorge Ballina diseñó una escenografía dinámica y contemporánea, arropada espléndidamente por la iluminación de Víctor Zapatero y el magnífico vestuario de Eloise Kazan. En esta ocasión, sin embargo, la propuesta de Ballina mostró una mirada reiterativa y nostálgica de su propio trabajo, sin la concreción plástica de belleza que alcanzó, por ejemplo, en El anillo del nibelungo, pero sí de su problemática con plataformas hiperquinéticas que dificultan ya no se diga el canto, sino el tránsito y acceso a ellas, como lo demostraron las torceduras de tobillo de al menos un par de participantes.

Por lo demás, la escena dispuesta para contar la historia como un cuento infantil no logró recrear del todo lo que pretendía. Una serpentina telar difícilmente logró el efecto acuífero y durante la mayor parte del tiempo parecía más un canasto de mimbre teñido de azul y no el marco de un lago. La dirección escénica de Enrique Singer presentó con coherencia y lógica la trama y las acciones, aunque naufragó en las escenas largas que componen la obra, ya que la monotonía de movimientos y la falta de una expresión nacida más del interior de los personajes cayó en un estatismo colindante con la aburrición. Si por algo los pasajes más lucidores fueron aquellas citas sergiovelianas de las ondinas del Rin y no sin estorbosos cables y arneses y dobles visibles. El rol protagónico fue encomendado a la soprano sueca Elisabet Strid, quien se desempeñó como una gran Rusalka, con voz cálida, bella y resistente, de técnica notable. Actoralmente no demostró nada especial, pero se convirtió en una de las mejores importaciones de los últimos años considerando esa tendencia oficial y algo malinchista de traer tantos cantantes equis del extranjero a nuestros escenarios. El tenor eslovaco Ludovit Ludha interpretó el papel del Príncipe y cumplió, pero poco más. Con una voz sin demasiado cuerpo ante el color orquestal de esta partitura, con mayor énfasis en la colocación del sonido que en su belleza o en la ortodoxia de su emisión, no estuvo a la altura de su ninfa acuática. Con mejores cualidades y un canto de mayor envergadura participó el bajo ruso Alexander Teliga como el Espíritu de las aguas. Las voces nacionales de Lucía Salas, Nieves Navarro y Edurne Goyarzu (Ninfas del bosque); Celia Gómez (Princesa extranjera), Antonio Duque (Guardabosques), Sandra Malika (Cocinero), Néstor López (Cazador) y Belem Rodríguez (la bruja Jezibaba), complementaron el elenco con participaciones en general muy destacadas.

La dirección concertadora de Ivan Anguélov, al frente de la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes (esta última agrupación de inocultable mejoría sonora bajo la preparación de Xavier Ribes de los últimos meses), si bien mostró conocimiento y cercanía de la partitura y cuidó el ritmo vocal de los solistas, no se transformó en una lectura particularmente vital. Con tiempos poco emotivos y una batuta refrigerante, quizás faltó calor a la música, al conflicto, al drama, a su desapasionada versión. Tristemente donde no falta calor al drama es en la CNO, ya que después del fiasco de su pretendido Comité Artístico que nunca se concretó sigue sobre las olas, nadando de a muertito, con una temporada 2011 incierta, en la que buena parte de los títulos programados ya se cancelaron o pospusieron. Aunque quizás por ello mismo la realidad de esta institución operística ya ni siquiera esté a flote sino, como Rusalka y sus desnudos encantos de sirena que no vimos, completamente bajo las aguas. O, dicho sin poesía alguna, hundida. Tal vez ahogada.

Tuesday, March 15, 2011

Rušalka. di Antonín Dvorák - Opera de Bellas Artes, Città del Messico

Foto: INBA
Ramón Jacques

Città del Messico, Opera de Bellas Artes - L’opera Rusalka del compositore ceco Antonín Dvořák,, la variante folclorica dell’antica leggenda della sirena che si innamora di un principe umano, adattata dalla favola di Hans Christian Anderson, La Sirenetta e che fu rappresentata a Praga nel 1901, arriva per la prima volta al Palacio de Bellas Artes di Città del Messico in una co-produzione (Opera de Bellas Artes) con il fmx-Festival del Messico (festival annuale che raduna diverse manifestazioni artistiche) nella sua ventisettesima edizione. Sulla scena risaltava il lavoro molto dettagliato del disegnatore Jorge Ballina che ha ideato delle scene come in un vero racconto magico nel quale incorporava elementi naturali riferiti alla storia come: il bosco con gli alberi, la luna, e il lago in cui abitavano Rusalka, le ninfe e lo Spirito dell’acqua, e la sala del castello (nel secondo atto). Con reti intrecciate che si agitavano, alzandosi e abbassandosi continuamente, ricreava in maniera ingegnosa e visualmente suggestiva l’effetto del costante movimento dell’acqua. Il lavoro scenico veniva perfezionato grazie agli eleganti costumi di Eloise Kazan, ispirati a racconti di principi e sirene; e per il brillante gioco di luci, di tonalità risplendenti e multicolori curate da Víctor Zapatero. La regia di Enrique Singer, con esperienza teatrale ma alla sua prima incursione nel mondo operistico, ha consentito agli interpreti di agire con libertà e gestualità precisa. Il cast vocale è stato dominato dal soprano svedese Elisabet Strid, una espressiva ninfa acquatica, che ha cantato con trasparenza e sfumature con una voce di smalto interessante e varietà d’accento. L’interpretazione commovente della celebre “canzone alla luna” era carica di esuberanza e malinconia. Da parte sua il tenore slovacco Ľudovít Ludha dava presenza scenica al personaggio del Principe, ma nonostante l’esibizione di una timbrica calda e raffinata, l’emissione pareva appesantirsi compromettendo la linea di canto. Il basso Alexander Teliga nel ruolo di Vodník, lo Spirito delle acque, ha mostrato sicurezza nella sua prova, ma ha basato parte della sua interpretazione su un piano muscolare con la sua voce robusta e stentorea. La tonalità scura della voce del mezzosoprano Belem Rodríguez si adattava bene alle esigenze espressive del ruolo di Ježibaba, ruolo attuato con temperamento e carattere. Il soprano Celia Gómez è piaciuta per le sue qualità vocali dando vita alla Principessa straniera. Corretto il resto del cast e il Coro che cantava dai palchi laterali del teatro, il cui livello sembra elevarsi sempre più sotto la guida del direttore titolare catalano Xavier Ribes. Dall’orchestra diretta dal bulgaro Ivan Anguélov fluiva con naturalezza la magia lirica e la sensualità di molte pagine della partitura. La sua lettura è stata sostanzialmente corretta nonostante passaggi troppo suonati troppo forti e qualche sfasatura negli ottini. Ma le composizione di Dvořák sono fatte per perdersi e per sognare.

Rusalka de Antonín Dvořák en el Palacio de Bellas Artes de México

Fotos cortesía: fmx Festival de México
Ramón Jacques
La opera Rusalka del compositor checo Antonín Dvořák, la variación folclorista de la vieja historia de la sirena que se enamora de un príncipe humano, adaptada del cuento La Sirenita de Hans Christian Anderson y que se estrenó en Praga en 1901, llegó por primera vez al escenario del Palacio de Bellas Artes de México en una co-producción entre la Opera de Bellas Artes y el fmx Festival de México (festival anual que reúne diversas expresiones artísticas) en su edición numero 27. En escena resaltó el detallado trabajo del creador Jorge Ballina, quien ideó las escenografias como un verdadero cuento o comic mágico, al que incorporó los elementos naturales referidos en la historia como: el bosque con árboles, la luna, y el lago donde habitaban Rusalka, las ninfas y el espíritu del agua, y el salón de un castillo (en el segundo acto). Con unas como redes entrelazadas que se agitaban, subían y bajaban continuamente, recreó de manera ingeniosa y visualmente sugestiva, el efecto del constante movimiento del agua. La labor escénica fue perfeccionada gracias a los elegantes vestuarios de Eloise Kazan, extraídos de imágenes de historias de princesas y sirenas; y por el brillante juego de luces, de resplandecientes tonalidades de todos colores de Víctor Zapatero. La dirección escénica de Enrique Singer, con experiencia teatral y en su primera incursión en la opera, permitió que los artistas se desplazaran por la escena con libertad y precisa gestualidad. El elenco vocal, fue liderado por la soprano sueca Elisabet Strid, una expresiva ninfa acuática, que ofreció claridad y matices con su voz de interesante esmalte y variedad en el acento. Su conmovedora interpretación de la celebre la ‘Canción de la luna’ estuvo cargada de exuberancia y melancolía. Por su parte, el tenor eslovaco Ľudovít Ludha dio presencia escénica al personaje del Príncipe, pero a pesar de exhibir un refinado y elegante timbre calido, su voz se siento pesada, por momentos comprometiendo su emisión. El bajo Alexander Teliga, mostró seguridad en su actuación, pero basó parte de su interpretación en un plano muscular con su robusta y estentórea voz como Vodník, el Espíritu de las Aguas. La tonalidad oscura en la voz de la mezzosoprano Belem Rodríguez, pareció adaptarse muy bien a las exigencias del papel de Ježibaba, papel que actuó con temperamento y carácter. La soprano Celia Gómez agrado por sus buenas cualidades vocales dando vida a la princesa extranjera. Correctos estuvieron el resto de los personajes, y el coro, que desde los palcos laterales del teatro tuvo su aporte a la función, con un nivel que parece ir en ascenso bajo la guía de su titular el catalán Xavier Ribes. De la orquesta dirigida por el búlgaro Ivan Anguélov fluyó naturalmente la magia lírica y sensualidad que derrama en muchas de sus páginas esta partitura. Su lectura fue en términos generales correcta, y a pesar de algunos pasajes fuertes y de algunos desajustes en los metales, la de Dvořák, continua siendo una música para perderse y sónar.

Friday, December 17, 2010

Fidelio de Beethoven en la reapertura del Palacio de Bellas Artes de México

Fotos crédito: INBA - Elena Nebera (Leonore) - Francisco Araiza (Florestan)
Ramón Jacques
Después de dos años de permanecer cerrado por renovaciones, el Palacio de Bellas Artes, el escenario lírico más importante de México reabrió sus puertas y lo hizo con una producción de Fidelio de Beethoven, obra que no había sido representada sobre este escenario desde 1983. Desde el punto de vista escénico, la trama se situó en una época moderna, trasladando al espectador hasta las profundidades de una oscura y sombría prisión subterránea, una especie de búnker de equilibrado diseño y trazos geométricos, ideado por Jorge Ballina. En su dirección escénica, el regista Mauricio García Lozano abordó los diversos temas que comprende esta historia como: la diversidad de pensamiento, la opresión, el abuso de poder, el dolor y la libertad, y lo hizo con un extenso grupo de actores en constante movimiento sobre el escenario, que se convirtieron posteriormente en prisioneros; y mediante el uso de ironías, sarcasmos y por momentos con escenas despiadadas y violentas. Los vestuarios militares y civiles de Jerildy Bosch y la brillante iluminación de Jesús Hernández, particularmente durante la obertura y la escena final, humanizaron a los actores y cantantes y crearon llamativas imágenes para la visión.

En lo vocal, el papel de Leonore fue cantado por la soprano rusa Elena Nebera, quien adaptó su profuso y oscuro timbre a las exigencias del papel, desplegando claridad en su canto, seguridad y una optima línea, tanto para articular el texto como para emitir agudos y pianos. Como Florestan el legendario tenor mexicano Francisco Araiza, eminente cantante surgido de este teatro, mostró su vasta experiencia para sacar adelante su personaje y su difícil aria, desplegando convicción y un canto fresco de inconfundible y grata tonalidad. El bajo-barítono alemán Carsten Wittmoser es un espléndido intérprete que supo conferirle nobleza y señorío al personaje de Rocco, eficaz en su canto y en su línea interpretativa. Por su parte, el bajo barítono Rubén Amoretti creó un autoritario y déspota Pizarro, con aplomo artístico y notable calidad vocal de vigoroso y robusto timbre. El tenor Emilio Pons, interpretó su papel de Jaquino con musicalidad y solvencia artística. Correctos estuvieron los demás cantantes del elenco. Destacado fue el aporte y la participación del coro, bajo la segura mano de su director Xavier Ribes. La exuberante orquestación fue resaltada con entusiasmo y equilibrio por el director Niksa Bareza, cuya elección de tiempos fue lenta al inicio, pero intensa y lucida el resto de la función.