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Sunday, March 10, 2019

Guillaume Tell - Theater an der Wien di Vienna


Fotos: ©Moritz Schell
Ramón Jacques
Titoli poco conosciuti, anteprime, opere barocche o moderne e produzioni audaci, sono il sigillo della casa del Theater an der Wien di Vienna, che storicamente, dalla sua fondazione nel 1801, ha ospitato produzione di grande significato storico (come il Fidelio  di Beethoven). Sembrerebbe che attualmente registi e scenografi abbiano acquistato grande rilevanza a tal punto che certe opere non possono essere messe in scena senza di loro. Allora può esserci la riflessione se la parte scenica dello spettacolo sti allo stesso livello dell’opera musicale o si tratti solo di un complemento. Certo è che in questa occasione un lavoro di grande valore musicale come il Guillame Tell di Rossini, non poteva rappresentarsi in altro modo che con la travolgente produzione firmata da Torsten Fischer, con le scene di Herbert Schäfer e i costumi di Vasilis Triantafilopoulos, in uno spettacolo che ha lasciato una impronta sul pubblico, che non è restato indifferente. Fischer ha concepito Tell come un eroe e combattente attuale, che combatte contro l’oppressione e il terrorismo. L’uso di pochi elementi salvo alcune strutture metalliche che si alzavano e abbassavano, un buon utilizzo delle luci, proiezioni al fondo e constante azione attoriale, hanno permesso alla vicenda di fluire diligentemente. 
Cast omogeneo, capeggiato dal tenore John Osborn, che ha esibito voce di tonalità molto chiara, agile e calda nel ruolo di Arnoldo, e da Jane Archibald, una Mathilde sensibille, delicata e dal canto raffinato. Come Guillame Tell, il baritono Christoph Pohl, è stato aderente alla sua parte più per lo sviluppo scenico che ha offerto, che per la sua voce grezza. Il mezzosoprano svizzero Marie-Claude Chappuis ha prestato la sua colorita e flessibile tonalità vocale per creare scenicamente una Edwige affettiva ed elegante, Da notare anche il Melchtal di Jérôme Varnier e il Gessler autoritario di Ante Jerkunica. Il cast si completava con Edwin Crossler-Mercer come Walter Fürst e il Jemmy di Anita Rosati, di disimpegno adeguato. Sia il coro (Arnold Schoenberg Chor) che l’orchestra (Wiener Symphoniker) sotto la bacchetta entusiasta ed energica di Diego Matheuz hanno regalato memorabili momenti musicali.



Wednesday, February 13, 2019

Guillaume Tell de Rossini en el Theater an der Wien de Viena


Fotos: ©Moritz Schell

Ramón Jacques

Títulos poco conocidos, estrenos, óperas barrocas o modernas y producciones atrevidas, son el sello de la casa del Theater an der Wien de Viena, que históricamente, desde su fundación en 1801, ha albergado producciones de gran significado histórico (como Fidelio de Beethoven). Parecería que en la actualidad los directores de escena y diseñadores de producciones han adquirido gran relevancia al punto de que hay óperas que no se conciben sin la puesta en escena de ciertos directores. Queda entonces la reflexión si la parte escénica de un espectáculo está a la par de la obra musical misma o si se trata solo de un complemento. Lo cierto es que, en esta ocasión, una obra de gran valor musical como Guillaume Tell de Rossini, no podría presentarse de otra manera que con la sobrecogedora producción firmada por Torsten Fischer, con escenografías de Herbert Schäfer y vestuarios de Vasilis Triantafilopoulos, en un espectáculo que dejo una impronta en un público que no quedó indiferente. Fischer, concibió a Tell como un héroe o combatiente de la actualidad, que lucha contra la opresión y el terrorismo. 
Mediante el uso de pocos elementos, salvo algunas estructuras metálicas que suben y bajan, un buen manejo de la iluminación, proyecciones al fondo del escenario y constante acción actoral, hicieron que la escena fluyera con diligencia.  El elenco vocal fue uniforme y estuvo encabezado por el tenor John Osborn, quien exhibió voz de tonalidad muy clara, ágil y cálida en el papel de Arnold, y por Jane Archibald una sensible y delicada Mathilde de canto sutil.  Como Guillaume Tell, el barítono Christoph Pohl, sacó adelante su parte más el desenvolvimiento escénico que ofreció, que por su áspera vocalidad. La mezzosoprano suiza Marie-Claude Chappuis prestó su colorida y flexible tonalidad vocal para crear escénicamente una afectiva y elegante Hedwige. Notable estuvo el Melcthal de Jérôme Varnier, como autoritario el Gesler de Ante Jerkunica. El elenco lo completaron Edwin Crossler-Mercer como Walter Fürst y Jemmy de Anita Rosati, de adecuado desempeño. Tanto el coro (Arnold Schoenberg Chor), como la orquesta (Wiener Symphoniker) bajo la entusiasta y enérgica conducción de Diego Matheuz regalaron memorables estampas musicales.



Friday, November 24, 2017

Rusalka en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Maximo Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires. 07/11/2017. Teatro Colón. Antonin Dvorak: Rusalka, ópera en tres actos. Libreto de Jaroslav Kvapil. Enrique Singer, dirección escénica. Jorge Ballina, escenografía. Eloise Kazan, vestuario. Franco Cadelago, coreografía. Víctor Zapatero, iluminación. Adaptación de la producción escénica del Teatro de Bellas Artes de México. Ana María Martínez (Rusalka), Dimitry Golovnin (Príncipe), Ante Jerkunica (Vodník, duende del agua), Elizabeth Canis (Jezibaba, la bruja), Marina Silva (La Princesa Extranjera), Sebastián Sorarrain (Guardabosques), Oriana Favaro, Rocío Giordano y Rocío Arbizu (Ninfas del bosque), Cecilia Pastawski (el niño de la cocina), Fermín Prieto (Voz del Cazador). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Dirección Musical: Julián Kuerti.

Esperada durante años por el público del Teatro Colón finalmente llegó a su escenario Rusalka de Dvorak -a dos años del estreno argentino- con una versión musical suntuosa, un elenco razonable y una puesta en escena naif y con aristas de cuento procedente del Teatro de Bellas Artes de México. Julian Kuerti subrayó la orquestación wagneriana del compositor checo, obteniendo muy buen nivel general por parte de la orquesta. La soprano puertoriqueña Ana María Martínez como Rusalka sólo ofreció una lectura correcta del rol sin brillar, su mayor débito fue la falta de emoción en la composición de la ondina tanto desde lo vocal como desde lo actoral. En tanto que el tenor Dmitry Golovnin cumplió con los requerimientos de la parte del Príncipe. El bajo croata Ante Jerkunica (Vodník) se lució por su emisión potente, parejo registro, musicalidad y entrega; mientras que Marina Silva ofreció con una interpretación arrolladora de la Princesa extranjera. La mezzosoprano Elizabeth Canis compuso con autoridad a la malvada bruja Jezibaba. Aportaron belleza y homogeneidad vocal las tres ninfas encarnadas por Oriana Favaro, Rocío Giordano y Rocío Arbizu, mientras que fue adecuado el resto del elenco así como el Coro Estable en sus breves intervenciones. En la faz visual el Teatro Colón recurrió a una producción del Teatro de Bellas Artes de México que debió ser convenientemente adaptada al escenario y a las posibilidades técnicas del coliseo argentino. El planteo escenográfico de Jorge Ballina es simple: Dos cercos circulares de distinto diámetro enmarcan la acción teatral sugiriendo el agua, las olas y el fondo del lago. Un piso irregular y algunas ramas completan la noción del bosque en los actos uno y tres, mientras que una pequeña plataforma con barandas hace las veces de Palacio en el acto segundo. Los movimientos escénicos de Enrique Singer dentro de una estética naif funcionaron adecuadamente. Correcta la iluminación de Víctor Zapatero, en buen estilo el vestuario de Eloise Kazan y pobres los movimientos coreográficos trazados por Franco Cadelago.


Saturday, May 9, 2015

The Magic Flute at the Opéra de Paris

Photo: Elisa Haberer

Suzanne Daumann

In spite of its somewhat muddled libretto, Mozart’s Magic Flute is one of the public’s most beloved operas. Unsurprisingly so: its universal message is all in the music. For this 2014 co-production with Festspielhaus Baden-Baden, Robert Carsen goes beyond the free-masonry symbolism and uses symbols out of modern psychology. Thus, the sets imagined by Michael Levine are simple, sober and effective: in the background, the video projection of a birch forest through the seasons reminds us that the opera deals with nature, human nature. On the stage, three open graves that don’t need a translation and when Tamino enters the stage by climbing out of one of them, we immediately understand that he just has been born out of death, life and death being but one. Logically, a tomb represents the temple of trials in Act II, with coffins lying on the ground. Petra Reinhardt’s costumes enhance the staging’s clarity: a simple white suit for Tamino, a simple white dress for Pamina, both are barefoot – innocence, aspiration to the light. Just as simply, the priests, and also the Queen of the Night and her ladies are in black. Only Papageno and later on Papageno are different: no feathers for these bird people – rucksack, sleeping-bag, the joyous hobo’s outfit illustrate a love for freedom, non conformism, life close to the elements… in short the earthier aspects of human nature. The apparition of the three boys wearing in turn a mini version of the others’ costumes is a stroke of genius, because thus they link all the different characters and we intuitively understand that they are but different aspects of the human soul: Tamino and Pamina our spiritual side, that part of us that wants to grow to the light; Papageno and Papageno incarnate the body and its needs for food and sex and procreation. Sarastro and the Queen of the Night are representing the exterior forces that guide us. The concepts of good and evil are intertwined here, like Yin and Yang.  Thus, the contradictions in the libretto, those characters that are first good and later evil, stop bothering us, and everything falls into place. The message of this double symbolism becomes quite clear now: we have to look our fears, our ghosts and our demons in the face in order to overcome them and find true freedom. Musically speaking however, the show is a bit of a let-down: a lovely cast, beautiful voices, Constantin Trinks conducts impeccably and attentively – and yet the sacred fire is missing, which makes a show a magical moment in the here and now. Jacquelyn Wagner’s Pamina is adorable in her innocence, and her rich and generous voice a joy to hear. Mauro Peter, with a warm and natural tenor voice, plays a somewhat naïf Tamino,  especially next to Edwin Crossley-Mercer’s Papageno, who is street-wise and a charming rascal. Crossley-Mercer inhabits his character with spirit and abandon, and with Elisabeth Schwarz as Papagena, the couple is witty and charming. The duo Pamina – Papageno in Act I remains academic however; the same goes for Tamino’s aria and even the Queen of the Night’s (Jane Archibald) “O Zittre nicht”. Real emotions only come up as the three boys appear. They are adorable, the three soloists of the Aurelius Sängerknaben and they master their stage movements like real pros. Ante Jerkunica, with his velvety bass, is a dignified and kindly Sarastro. At long last however, with Pamina’s aria “Ach, ich fühl’s”, we also begin to feel the protagonists’ emotions, and the encounter Pamina – Tamino “Tamino mein, o welch ein Glück!” – “Pamina mein…” brings goose bumps. From this moment, the representation takes on momentum: the fire that Tamino and Pamina have to go through takes over the show, and the applause and bravos in the end are directed at a team that has come together.

Tout feu sans flamme : La Flûte Enchantée à l’Opéra de Paris

Foto: Elisa Haberer

Suzanne Daumann

La Flûte Enchantée de Mozart est, malgré son livret quelque peu alambiqué, un des opéras les plus aimés par le public, par tous les publics. Rien d’étonnant à cela : le message est universel et passe par la musique. Pour cette co-production avec le Festspielhaus Baden-Baden de 2014, Robert Carsen a pris le parti de prolonger le symbolisme maçonnique par le symbolisme de la psychologie moderne. Ses symboles (décors par Michael Levine) sont simples, sobres et efficaces : en arrière-plan, une vidéo projection d’une forêt de bouleaux en différentes saisons nous rappelle que le thème de l’œuvre est simplement la nature, la nature humaine. Des tombes ouvertes sur la scène parlent pour elles-mêmes et lorsque Tamino fait son entrée en sortant de l’une d’elles, l’on comprend tout de suite qu’il vient de naître, naître de la mort, vie et mort ne sont qu’un… Logiquement, le temple des épreuves de l’Acte II est représenté par un tombeau, jonché de cercueils. Les costumes de Petra Reinhardt renforcent efficacement la lisibilité de la mise en scène : simple habit blanc pour Tamino, robe blanche pour Pamina, tous deux sont pieds nus – innocence, aspiration à la lumière. Les prêtres sont tout aussi simplement en noir, ainsi que la Reine de la Nuit et ses dames. Seul Papageno et plus tard Papagena détonnent : Pas de plumes pour ces oiseleurs –  sac à dos, sac de couchage, panoplie du joyeux vagabond illustrent envie de liberté, non-conformisme, une vie proche des éléments, bref, la partie terrestre de la nature humaine. Le coup de génie, c’est l’apparition des trois garçons qui reprennent tour à tour les costumes des uns et des autres et l’on saisit intuitivement que tous ces personnages qu’ils relient ne sont que des facettes différentes de l’âme humaine : Tamino et Pamina, la partie spirituelle, cette part de nous qui aspire à la lumière ; Papageno et Papageno, l’aspect corporel, sexualité, fécondité. Sarastro et la Reine de la Nuit représentent donc logiquement les forces extérieures qui nous guident, et les concepts de bien et de mal s’entremêlent, façon Yin et Yang. Ainsi, les failles logiques du livret qui dérangent, ces personnages qui changent d’orientation, de bien en mal et de mal en bien, sont neutralisés ici, et le tout devient cohérent. Le message de ce double symbolisme est alors très clair, et c’est un message  d’actualité dans notre époque qui met le confort avant tout : c’est en faisant face à nos peurs, à nos démons et fantômes, que nous les surmontons et arrivons à la vraie liberté. Musicalement, je reste un peu sur ma faim : une très bonne distribution, de belles voix, la direction d’orchestre de Constantin Trinks est impeccable et attentive – mais cela manque de ce feu sacré qui fait d’une représentation un moment magique qui vous ancre ici et maintenant. La Pamina de Jacquelyn Wagner est adorable dans son innocence, et sa voix ample et généreuse très plaisante. Mauro Peter, voix de ténor chaleureuse au timbre naturel, avec un peu de laiton, campe un Tamino un peu naïf, face au Papageno de Edwin Crossley-Mercer, qui lui est un débrouillard et vaurien charmant. Crossley-Mercer habite son personnage avec esprit et abandon, et avec Elisabeth Schwarz en Papagena le couple est charmant.  Cependant, le duo Pamina – Papageno de l’Acte I reste académique, tout comme les airs de Tamino et même celui de la Reine de la Nuit, interprétée par Jane Archibald. Ce n’est que lors des interventions des trois garçons que l’on sent percer des vraies émotions. Ils sont adorables, ces trois solistes des Aurelius Sängerknaben de Calw, et maîtrisent leurs jeux de scène comme des grands. Ante Jerkunica, avec sa voix de basse de velours, est un Sarastro dignifié et bienveillant. Finalement, vers la moitié de l’Acte II, avec l’air de Pamina « Ach, ich fühl’s », nous aussi commençons à ressentir les émotions des protagonistes, et la rencontre de Pamina et Tamino – « Tamino mein, o welch ein Glück ! » - « Pamina mein, o welch ein Glück ! » - suscite enfin un léger frisson. À partir de ce moment, la représentation s’anime nettement : le feu que doivent traverser Tamino et Pamina s’en empare, et lors du final, les applaudissements et bravos sont destinés à une équipe qui a fini par se trouver. 

Tuesday, October 9, 2012

Las dos viudas de Smetana estreno en Francia en Angers

Foto: Jef Rabillon / Angers Nantes Opera
Suzanne Daumann

 
Dvě Vdovy (Las dos viudas) de Bedřich Smetana (1824-1884)  Entreno en Francia. Función realizada el 28 de septiembre del 2012 en Angers Le Quai, Francia en la temporada 2012-2013 de la Angers Nantes Opera. Director Musical: Mark Sanan, Director de escena: Jo Davies. Escenografia y vestuario: Joanna Parker. Diretor del coro: Sandrine Abello.  Lenka Máciková (Karolina), Sophie Angebaul (Anežka), Aleš Briscein (Ladislav Podhájsky), Robin Tritschler (Tonik), Khatouna Gadelia (Lidunka). Ante Jerkunica (Mumlal)

Después de ver lo maravillosamente astuta, divertida y profunda que es esta opera compuesta por Smetana en 1873-1984,  uno se pregunta como es que fue representada por primera vez en Francia hasta el 2012, si además se considera que el libreto de Emmanuel Züngel esta basado en una obra del dramaturgo francés Mallefille. Si yo fuera feminista, o quisiera crear confabulaciones la respuesta seria fácil y diría que es porque los personajes principales de la obra son mujeres, dos viudas, de las cuales una disfruta ser soltera y se niega  a casarse de nuevo.  Jo Davies ubicó su producción en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. Una muy fina transmisión en blanco y negro de Andrezej Goulding, que fielmente siguió la obertura de Smetana mostraba escenas trágicas y de pilotos de aviación, daba a entender que los maridos de Carolina y de Anezka murieron durante la guerra, aunque no se sabe exactamente cuando ni como eran sus relaciones antes de morir. Aun así, se puede deducir que las dos mujeres superaron la situación.  La obra completa se realizó dentro de un hermoso salón cuyos elementos principales fueron muebles del siglo diecinueve: como un escritorio, un sofá y una larga mesa, paredes decoradas con dibujos de hojas azules de árbol, además de la cabeza de un venado sobre una de las tres puertas, y una escalera en espiral.  Sobre el sofá se veía la figura de una persona recostada y cubierta con una manta mientras que los sirvientes entraban y salían,  festejando el festival del pueblo. El personaje de Karolina hizo su entrada y sentándose a la mesa cantó reflexionando sobre su vida como una mujer libre, sus bienes y sus sirvientes, que festejaban. Lenka Macikova estuvo simplemente esplendida en esta parte, ya que su brillante voz de soprano y su vivaz personalidad fueron la esencia misma de la astucia y la ironía de Karolina. La persona cubierta sobre el sofá, resultó ser su prima Anežka, quien vistiendo de negro aun de luto por la muerte de su marido y no mostrando felicidad de Karolina. Sophie Angebault encantadora soprano con voz de tinte dorado y melancolía trasmitió la impresión, junto con la música que su pena se debía mas a costumbre que a un sentimiento personal.  Sin embargo, no se perdió nada de tiempo en reflexiones de ese tipo en esta opera de Smetana, plena de encanto eslavo y polkas, y que fue llevada con endiablada fuerza por la Orchestre Nacional des Pays de la Loire, bajo la dirección de Mark Shanahan.  
 
 También apareció el guardabosques Mumlal, quejándose de un molesto cazador, del que debo admitir que fue mi personaje favorito de la opera. Quien adora al Antonio de Mozart y se frustra de escuchar tan poco sus puntos de vista de la vida quedaría satisfecho con Mumlal, que fue Interpretado con alegre abandono y brillo aterciopelado en su voz de bajo por Ante Jerkunika. Mumlal es la voz de bajo del cuarteto vocal (el tenor se acercaba ya) y la personificación del humor y la ironía que están tan presentes en toda la música.  Karolina le ordena a atrapar a un intruso que merodea la casa, y que es de hecho el joven vecino Ladislav Podhàjský, entendiendo que ha buscaba ver a Anežka de quien esta enamorado. El romántico enamorado era el tenor Aleš Briscein quien cantó con hermosa, clara  y calida; moviéndose en una delgada línea entre la sinceridad y la ironía. Karolina viendo sus intenciones y como dueña de la propiedad, lo invita a quedarse en  la casa.  El se retira a su habitación y todos interpretan una oda al amor.  En el segundo acto Karolina y Anežka discuten por Ladislav Podhàjsky; Anežka quiere que se marche y Karolina quiere que ella se case con el.  Ladislav finalmente le declara su amor a Anežka, quien lo rechaza.  Karolina asiste a la celebración de sus sirvientes acompañada de Ladislav y después de algunas situaciones de celos y malentendidos, Ladislav y Anežka terminan felizmente unidos.  En este punto nos enteramos que Anežka lo ha amado durante un largo tiempo, aun desde que su marido vivía. Todos los personajes celebran y alegres con una movida polka termina la obra. El autor Bedrich Smetana se merece un aplauso por su maravillosa opera de fina y alegre música que fue muy entretenida y nunca superficial.  Profundos sentimientos se encuentran sobre la superficie, nunca lejos, pero que difícilmente son expresados abiertamente, un poco como la luz que se filtraba débilmente por las grandes ventanas francesas (Simon Corder fue el responsable del buen trabajo de iluminación), de modo que el amor y los arrepentimientos algunas veces se filtran en medio de la ironía de la música, especialmente al final del primer acto.  En el segundo es lo contrario, el amor y el deseo se encuentran por todos lados pero siempre son templados por la sutil sombra de la alegría y la ironía.  Un aplauso particularmente fuerte para la Opéra Angers Nantes por haberle dado vida a esta hermosa obra en Francia, que ojala se repita siempre por todos lados y bravo y gracias para el elenco y equipo técnico por una amena velada.

 

Les deux veuves – Création française d’un opéra de Smetana à Angers


Foto: Jef Rabillon - Angers Nantes Opera
 
Suzanne Daumann
 
Smetana a écrit « Les Deux Veuves » en 1873-’74, et en voyant cet opéra plein de vitalité, d’ironie et de profondeur, on se demande comment il se fait que sa création française survienne seulement maintenant, au 21ème siècle, d’autant plus que le livret d’Emmanuel Züngel se base sur une pièce du Français Mallefille.  Si j’étais un peu plus féministe, ou encore portée sur les théories de conspiration, j’aurais bien une réponse : les personnages centraux en sont deux  femmes, deux veuves, une d’entre elles se déclare ouvertement très heureuse de sa condition de célibataire et nullement encline à renoncer à sa liberté pour se remarier. La production de Jo Davies est située dans les années suivant la Première Guerre mondiale. Une très belle installation vidéo par Andrezej Goulding montre, en suivant fidèlement l’ouverture de Smetana, de fiers aviateurs et de tragiques événements. Nous savons ainsi que les maris de Karolina et Anežka sont morts à la guerre. Nous ne savons pas cependant combien de temps s’est écoulé depuis, ni comment se sont entendus les couples du vivant des maris. Par contre, nous allons bientôt savoir comment les deux veuves s’accommodent de leur situation : le premier acte s’ouvre sur un magnifique salon style 19ème, avec pour meubles principaux un bureau, un sofa et une table à manger. Trois portes, du beau papier peint bleu orné de feuillages, une cage d’escalier hélicoïdal, voici le décor où se déroulera toute l’action. Sur le sofa, nous voyons une figure humaine, allongée, couverte d’un plaid. Les domestiques vont et viennent, en chantant leur joie de la fête de la moisson. Entre Karolina. Elle s’assied à la table et, tout en prenant son petit-déjeuner, chante sa joie de vivre en tant que maîtresse de sa maison, de son domaine et de ses serviteurs dont elle s’apprête à partager la fête. Lenka Macikova est splendide dans ce rôle, sa voix argentée de soprano, sa personnalité vivace font d’elle l’incarnation idéale de l’esprit ironique et espiègle de Karolina. La personne couverte sur le divan se révèle être Anežka, sa cousine. Elle est en noir car elle est encore en deuil de son mari. Ou pour le moins elle ne s’autorise pas la joie de vivre de Karolina. Sophie Angebault, soprano teinté de mélancolie dorée, transmet, ainsi que la musique de Smetana, l’impression que son affliction est peut-être autant due aux conventions qu’à ses propres émotions. Nous n’avons pas de temps pour de telles réflexions cependant. L’opéra de Smetana, tout en charme slave et polkas, est mené avec une verve presque diabolique par l’Orchestre National des Pays de la Loire, dirigé par Mark Shanahan. Et voici qu’arrive Mumlal, le gardien du parc, pour se plaindre d’un braconnier particulièrement impertinent. Je dois avouer que Mumlal est presque mon personnage préféré dans cet opéra. Quiconque aime l’Antonio des Noces mozartiennes, et se sent frustré de ne pas avoir eu droit à davantage des ses opinions et idées, sera comblé avec Mumlal. Ante Jerkunika l’interprète avec un joyeux abandon et une voix de basse souple et subtile au grondement  de velours.
 
Mumlal est la partie de basse du quatuor vocal (le ténor n’est pas loin !) et aussi la personnification de l’humour et de l’ironie qui sont si présents dans cette oeuvre. Karoline l’envoie capturer l’intrus qui vient bien docilement. Il s’agit en fait de Ladislav Podhàjský, un voisin et Karolina a vite compris qu’il rode dans les parages pour voir Anežka dont il est amoureux. C’est le jeune premier, l’amant romantique et bien sûr c’est le ténor. Aleš Briscein l’interprète avec une belle voix chaude et claire, en parfait équilibre sur la corde raide entre ironie et sincérité. Karolina a donc compris son manège et, en tant que maîtresse du domaine, le condamne à une amende et une journée de détention dans sa maison. Il se retire dans sa chambre et tous chantent une ode à l’amour. Dans le second acte, Karolina et Anežka sont en train de discuter de Ladislav Pohàjský. Anežka veut qu’il parte et Karolina veut qu’elle l’épouse. Ladislav finit par trouver Anežka seule, lui déclare son amour et la demande en mariage, mais elle refuse. Karolina emmène Ladislav au bal des domestiques et après quelques détours par malentendus et jalousies, Anežka et Ladislav seront enfin unis. Nous apprenons qu’Anežka était déjà amoureuse de Ladislav du vivant de son mari. Tout le monde se réjouit, et une polka énergique clôt allègrement la pièce. Applaudissement plus que mérités pour tous : Bedrich Smetana pour sa musique divertissante et amusante qui n’est jamais gratuite. De profonds sentiments sont juste sous la surface, jamais loin, mais à peine révélés. Amour et regrets filtrent à travers l’ironie du premier acte, comme la lumière du jour filtre à travers les portes-fenêtres (Simon Corder est responsable de la belle lumière).  Dans le deuxième acte, c’est plutôt l’envers, amour et désir sont partout, mais  toujours tempéré par de subtiles nuances d’esprit et d’ironie.  Applaudissements tonnants pour Angers Nantes Opéra, pour avoir rendue cette œuvre merveilleuse  à la vie et au public français. Puisse-t-elle voir maintes et maintes reprises partout et tout le temps  ! Bravos et remerciements aux solistes, chœur et orchestre, et à tous ceux qui ont contribué à une soirée mémorable !

 

Le due vedove - L'opera di Smetana al Teatro di Angers.


Foto: Jef Rabillon - Angers Nantes Opera
 
Suzanne Daumann
 
Bedrich Smetana scrisse quest'opera solo verso la fine dell'Ottocento ma è lecito chiedersi, assistendo a quest'arguta, spiritosa e allo stesso tempo profonda composizione, come sia possibile che la si scopra in Francia, nel 2012, per la prima volta. A maggior ragione per il fatto che il libretto di Emmanuel Züngel è basato sul un lavoro del francese Félicien Mallefille. Che disattenzione! La domanda sarebbe superflua per le femministe, che si baserebbero certamente sulle teorie di un complotto maschile: i personaggi principali di quest'opera sono donne, due vedove, e una di esse è davvero contenta di star da sola e per di più rifiuta di risposarsi. Jo Davies ha ambientato la sua messa in scena negli anni successivi alla Prima Guerra Mondiale. Una bella video installazione in bianco e nero di Andrezej Goulding che scorre con l'ouverture dell'opera, mostra i prodi aviatori e i tragici eventi, e da ciò si capisce che Karolina e Anezka sono vedove di guerra, seppure non si sappia da quanto tempo lo siano rimaste né se si conoscessero da prima della guerra. Si scopre presto come le due donne affrontino la loro situazione. Il primo atto si apre un un bel salone arredato in stile ottocentesco, con una scrivania, un sofà e un lungo tavolo da pranzo, carta da parati con foglie blu, una testa di cervo su una delle tre porte, una scala a chiocciola sulla destra… sarà la scena sulla quale si svolgerà tutta l'opera. Sul sofà si nota una figura distesa, dormiente, coperta da un plaid. Arriva Karolina e si siede al tavolo per far colazione, cantando la sua gioia per la vita da donna libera, per avere la sua ricchezza e la sua servitù, pronta a raggiungerla a una festa campestre che avrà luogo di lì a poco. Lenka Macikova è semplicemente sublime in questo ruolo: la personalità vivace e la sopranile voce argentina formano già lo spirito e l'ironia di Karolina. La figura coperta sul sofà svela essere sua cugina Anežka. Anežka è vestita di nero perché porta ancora il lutto di suo marito, o, anche se non lo portasse, non sembra essere autorizzata ad avere la stessa gioia di Karolina nei confronti della vita. Sophie Angebault, dalla voce di soprano dorata e malinconica, trasmette più l'impressione che la sua afflizione sia piuttosto dovuta alle convenzioni che ai suoi sentimenti personali. Ma non ci si dilunga troppo in simili riflessioni: l'opera di Smetana mostra immediatamente lo strabordante e vitale fascino slavo, con la diabolica energia delle sue polke proveniente dall'Orchestre National des Pays de la Loire diretta da Mark Shanahan.  Ecco che arriva Mumlal, il guardacaccia, per lamentarsi di un inopportuno bracconiere, e devo dire che si è dimostrato immediatamente quasi il mio personaggio preferito. Chiunque ami l'Antonio delle Nozze mozartiane e ne sia anche un po' frustrato perché è solo un personaggio secondario che non può esprimere pienamente le sue visioni della vita, sarà ripagato da Mumlal. Interpretato con un felice abbandono e una piena voce vellutata ma capace di sottigliezze da Ante Jerkunika, il basso del quartetto vocale dei protagonisti (il tenore non tarderà ad apparire…), Mumlal è la personificazione dell'umorismo e dell'ironia che pervadono questa partitura. Karolina invia quindi il guardacaccia ad acciuffare l'intruso, che peraltro arriva lì di seguito molto docilmente.
Infatti il bracconiere altri non è che un vicino, Ladislav Podhàjský, e Karolina capisce subito che il giovane stava vagando per i campi alla ricerca di Anežka, della quale è innamorato, ed essendo il tenore gli viene affidata senz'alcun dubbio il ruolo dell'amante romantico. Aleš Briscein interpreta il personaggio colla sua voce possente e piacevolmente calda, indugiando sullo stretto limite tra sincerità e ironia. Karolina, davanti a tutto questo, vede oltre… e condanna il supposto bracconiere, in qualità di padrona della tenuta, a una contravvenzione e a una prigionia temporanea nella sua casa. Ladislav si ritira nella sua stanza e ognuno dei personaggi canta un'ode all'amore. Il secondo atto si apre con una discussione delle due cugine su Ladislav Podhàjsky. Anežka preferirebbe che lui partisse ma Karoline glielo vorrebbe nientedimeno far sposare. Ladislav alla fine dichiara il suo amore a Anežka, ma lei non lo ascolta. Karolina va quindi alla festa campestre con Ladislav e dopo una serie di fraintendimenti e di gelosie, Ladislav e Anežka si sposeranno felicemente. Nel frattempo si apprende che Anežka ha amato Ladoslav più a lungo di quanto le convenzioni sociali permettessero: essi erano già amanti mentre il marito era ancora vivo! Tutti gioiscono della lieta novella e una vivace polka termina l'opera.  Meritati applausi per tutti: primo di tutti Bedrich Smetana per quest'opera splendida, per la sua musica piacevole e spiritosa che non ha mai avuto un momento statico. I sentimenti profondi sono spesso nascosti sotto la superficie, anche se non troppo, ma di rado si riesce a esprimerli apertamente: questa la lezione dell'opera.  Come la luce filtrava attraverso l'ampia finestra (ottima l'illuminazione di Simon Corder) così l'amore e il desiderio filtravano attraverso l'ironia della musica, specialmente nel finale dell'atto I. Quell'amore e il desiderio accennati nel primo atto si sviluppano e pervadono interamente e prepotentemente il secondo atto, sottilmente temperati dall'arguzia delle invenzioni musicali di Smetana. Un applauso scrosciante ad Angers Nantes Opéra, per aver riportato alla luce e in Francia quest'opera, che dovrebbe assolutamente diventare di repertorio, così come all'intero cast e a tutti quelli che hanno collaborato per l'incantevole serata.