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Wednesday, May 25, 2022

Turandot en Houston

Foto: Lynn Lane

Carlos Rosas T. 

!Robert Wilson debe ser el texano más universal! Si, el célebre director de teatro experimental nació en la ciudad de Waco Texas -a trescientos kilómetros de Houston- pero la distancia que hay entre él y los teatros estadounidenses, en particular los teatros texanos, es mucho más lejana, ya que su trabajo se ve con mayor frecuencia en Europa que en Estados Unidos. Hace alguno tiempo, la ópera de Los Ángeles presentó durante tres temporadas su Madama Butterfly, que, en su primera escenificación en el 2004, sorprendió y cautivó; y en el 2005 volvió para Parsifal, después de eso, que yo sepa, ha estado ausente de los teatros de este pais; pero es indudable que su fama personal y la de sus vanguardistas ideas teatrales, son muy conocidos a nivel internacional, en el mundo cultural, especialmente el del teatro y la ópera, sin olvidar que Wilson es también pintor, escultor, video artista, diseñador de muebles etc y ha exhibido en museos de arte contemporáneo. Aunque no resida o viaje con regularidad a Texas, o a su natal Waco, en esta ocasión estuvo presente en la Houston Grand Opera, durante los ensayos del estreno estadounidense de su montaje de Turandot de Giacomo Puccini, donde recibió reconocimientos del teatro. En este escenario se llevó a cabo, en 1992, el estreno estadounidense de su Parsifal, y en su última aparición local, en 1996, se encargó del diseño y de la dirección escénica de la ópera Four Saints in three acts de Virgil Thomas.  Wilson, ha mencionado que tiene a Texas siempre presente cuando imagina la amplitud y el espacio que requiere su trabajo, quizás se trate solo de un guiño a sus coterráneos, que como se sabe están muy orgullosos de su estado, de su gente, su cultura, su gastronomía o de sus equipos deportivos; y a Wilson, obviamente, se le reconoció como un texano internacional.  Esta Turandot, se basa en el sobrio concepto de Wilson, el escenario amplio, la iluminación y el uso de luz neón que juegan un papel siempre importante, los movimientos lentos de los personajes. El carácter oriental de la obra se lo dan los vestuarios de los personajes. Presenciar una puesta de Robert Wilson, es una experiencia que indudablemente se debe vivir, pero más allá de ahondar en lo que se vio en el escenario, surgen algunas consideraciones, que pueden ser debatibles: ¿Se habla de la Turandot de Wilson o la de Puccini? ¿Es válido que un director de escena tenga más protagonismo que el compositor o que los artistas que hacen el espectáculo? ¿Es válido es que una puesta en escena interprete la trama de una manera que parezca distinta a la del libreto? ¿Puede llegar a ser la parte teatral de una ópera más importante que la parte musical?  Lo cierto, es que la ópera es una expresión en movimiento y que en ocasiones requiere de gente como Wilson, para sacudir sus entrañas y mantener vivo el espectáculo. El elenco vocal fue encabezado por la soprano Tamara Wilson, quien mostró una voz pujante, briosa y estridente, acorde a lo que requiere el papel. Como Liú, la soprano Nicole Heaston (al igual que Tamara, otra estrella egresada del estudio del teatro) capturó con su canto, erigiéndose como la cantante sobresaliente del espectáculo. El tenor Kristian Benedikt (Calaf) y el bajo Peixin Chen (Timur) cumplieron satisfactoriamente, así como todos los cantantes del elenco.  El coro y la orquesta dirigida por Eun Sun Kim, directora huésped principal de estos músicos y titular de la orquesta de la ópera de San Francisco, dirigió con gallardía, logrando conjunción entre todas las partes musicales para ofrecer un buen resultado.



Tuesday, August 25, 2015

Cavalleria Rusticana / I Pagliacci León Messico

Fotografías: Arturo Lavín

Ramón Jacques

Dalla sua inaugurazione del 7 dicembre 2010 ad oggi il teatro del Bicentenario di Leon Guanajuato (Che si trova a 380 chilometri dalla capitale messicana) È riuscito a consolidare una stagione annuale di opera, inoltre di una varia offerta di spettacoli di danza, balletto e teatro che vengono offerti parallelamente. Come seconda produzione lirica del 2015, dopo il barbiere di Siviglia, è andato in scena il dittico cavalleria rusticana di Pietro Mascagni e pagliacci di Ruggero Leoncavallo.  In primo piano si poteva vedere la bella scena ideata da Jorge Ballina che ha situato l'azione in un'epoca moderna, con immagini in prospettiva simmetrica e dettagliate miniature di case sullo sfondo, così come la facciata di una chiesa ispirata all'architettura siciliana. La concezione di Ballina È stata dinamica, con cambi di scene sul palco, facciate di costruzioni che cambiavano e l'uso di un telone che si apriva e si chiudeva costantemente. Così come un piccolo scenario della piazza principale dove avveniva la rappresentazione dei Pagliacci. Appropriati sono stati costumi come pure l'illuminazione, in toni brillanti e colori che davano sul giallo solare mediterraneo rispetto all'oscurità che presagiva la tragedia, a cura di Víctor Zapatero La direzione scenica di Mauricio García-Lozano  è stata concisa e Chiara e nella sua idea la trama di entrambe le opere può essere riferita al medesimo luogo e al medesimo tempo con pagliacci che vanno in scena e in mezzo al pubblico all'inizio della recita e con la processione per la morte di Turiddu che attraversava la scena durante l'Inter mezzo dei Pagliacci Altro aspetto introdotto fu la presenza di un bambino con un globo rosso che osservava da fuori scena in una propria visione in cui la fantasia si convertiva in realtà. 
In termini generali si è ottenuto un bilanciamento e quo tra la parte visiva e la parte musicale cominciando con il disimpegno del coro del teatro bicentenario impegnato attivamente e con un'emissione omogenea di suono. L'orchestra è stata ben diretta con mano sicura dal maestro statunitense Arthur Fagen che ha diretto con sicurezza e brio estraendo le ampie possibilità e ricchezze contenuti nelle partiture. Per quanto riguarda la parte vocale entrambe le opere hanno contato sulla presenza del baritono Carlos Almaguer che ha mostrato esperienza per i personaggi di Alfio in cavalleria e Tonio nei pagliacci e ha cantato con voce profonda e potente. Belem Rodríguez  ha impersonato un'energica Santuzza tutta con voce scura di mezzo soprano e José Manuel Chu ci ha mostrato una voce di caldo timbro come Turiddu. Lydia Rendón  come Lola e Eva María Santana come mamma Lucia completavano il cast in maniera soddisfacente. Il ruolo di Canio nei pagliacci è stato cantato con voce ampia e buona proiezione dal tenore lituano Kristian Benedikt il soprano Violeta Dávalos  ha apportato bel timbro facilità degli acuti e giovialità al personaggio di Nedda. Il giovane tenore Gilberto Amaro ha dato una bella interpretazione vocale come Beppe Arlecchino e corretto è stato il baritono Carlos Sánchez  come Silvio. Uno spettacolo da tenere in conto nell'agenda futura del teatro e che andrà in scena nel mese di ottobre con il titolo di Tributo a Farinelli, un lusso che conterà sulla presenza del celebre soprano svedese Ann Hallenberg accompagnata da Les Talens Lyriques diretti da Christophe Rousset.

Monday, August 24, 2015

Cavalleria Rusticana y Pagliacci en León México

Fotografías: Arturo Lavín

Ramón Jacques

Desde su inauguración el 7 de diciembre del 2010 y hasta el día de hoy, el Teatro del Bicentenario de León Guanajuato (ubicado a 380 kilómetros de la capital mexicana) ha logrado consolidar una temporada anual de ópera, además de la variada oferta de espectáculos de música, danza, ballet y teatro que se ofrecen de manera paralela. Como segunda producción lirica del 2015, después de El Barbero de Sevilla, se eligió la doble cartelera conformado por Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni y Pagliacci de Ruggero Leoncavallo. En primer plano se pudo ver el atractivo marco ideado por el diseñador Jorge Ballina, quien situó la acción en una época moderna, con una imagen en perspectiva de simétricas y detalladas miniaturas de casas al fondo, así como la fachada de una iglesia, inspiradas en la arquitectura de Sicilia. El concepto de Ballina fue dinámico, con cambios de escenografía sobre la escena, fachadas de construcciones que subían y bajaban, y el uso de un telón que se cerraba y se abría contantemente; así como un pequeño escenario en la plaza principal donde se llevó a cabo la representación de los payasos. Apropiados fueron los vestuarios, como también la iluminación, en brillantes tonos y colores que iban desde el amarillo solar mediterráneo hasta la oscuridad que presagiaba la tragedia, a cargo de Víctor Zapatero. La dirección escénica de Mauricio García-Lozano fue concisa y clara, y en su idea, la trama de ambas óperas puede ocurrir en el mismo lugar y al mismo tiempo, con payasos deambulando por el escenario y entre las butacas del público al inicio de la función, y con la procesión por la muerte de Turiddu que atravesó el escenario durante el intermezzo de Payasos. Otro aspecto que introdujo, fue la presencia de un niño con un globo rojo que observaba desde fuera las escenas, y en su propia visión, la fantasía se convertía en realidad.
En términos generales se obtuvo un equitativo balance entre la parte visual y la musical, comenzando por el desempeño del Coro del Teatro Bicentenario, convertido ya en un activo del teatro, que estuvo participativo cuando tuvo que hacerlo, emitiendo un sonido homogéneo. La orquesta fue bien llevada por la mano segura del maestro estadounidense Arthur Fagen, quien condujo con seguridad y brío, extrayendo las amplias posibilidades y riqueza contenida en las partituras.  En lo que respecta a la parte vocal, ambas operas contaron con la presencia del barítono Carlos Almaguer, quien demostró experiencia con los personajes de Alfio en Cavalleria y Tonio en Pagliacci, y cantó con profunda y potente voz. Belem Rodríguez personificó una enérgica Santuzza con su oscura voz de mezzosoprano y José Manuel Chu mostró una voz de cálido timbre como Turiddu. Lydia Rendón como Lola y Eva María Santana como Mamma Lucia cumplieron de manera satisfactoria. El papel de Canio en Pagliacci fue cantado con voz amplia y buena proyección por el tenor lituano Kristian Benedikt, y la soprano Violeta Dávalos aportó grata tonalidad, fáciles agudos y jovialidad al personaje de Nedda. El tenor joven Gilberto Amaro tuvo una destacada interpretación vocal como Beppe/Arlecchino, y correcto estuvo el barítono Carlos Sánchez como Silvio. Un espectáculo a tener en cuenta en la agenda futura del teatro ocurrirá en el mes de octubre con el Tributo a Farinelli, un lujo que contará con la presencia de la destacada mezzosoprano sueca Ann Hallenberg que será acompañada por Les Talens Lyriques bajo la conducción de Christophe Rousset

Wednesday, August 5, 2015

El tenor lituano Kristian Benedikt debutará en el Teatro del Bicentenario de León México como Canio en I Pagliacci

Kristian Benedikt (tenor)
El tenor lituano Kristian Benedikt debutará en el Teatro Bicentenario de León México, en el papel de Canio de I Pagliacci en funciones que se realizarán el 9, 12 y 15 de agosto del 2015.
http://teatrodelbicentenario.com/cavalleriarusticana-pagliacci/

Kristian Benedikt, tenor lituano, comenzó su carrera con la Ópera Nacional de Vilnius en Lituania donde interpretó más de veinte papeles. Se inicio como tenor lirico, pero con el paso del tiempo se ha establecido como un importante y fascinante tenor dramático. En abril del 2013 realizó su exitoso debut en la  Ópera  Bávara de Múnich interpretando a Otello de Verdi, papel que lo ha llevado a los teatros de Módena, Piacenza y Cagliari en Italia, Ekaterimburgo Rusia, Teatro Municipal de Santiago de Chile, Teatro Mariinsky; así como a las operas de Lituania, Basilea, Graz y Estocolmo. Con el mismo papel debutará próximamente en Montreal Canadá. En la temporada 2013/2014 cantó los roles de Ernani, Lohengrin, Eleazar en La Juive, Radames en Aida, Don José en Carmen y Cavaradossi de Tosca en Bergamo, Rovigo y Savona Italia.


Su repertorio incluye algunos de los papeles más exigentes para su cuerda como: Manrico en Il Trovatore, Cavaradossi en Tosca, Canio en I Pagliacci, Andrea Chénier, Siegmund en Die Walküre, Rienzi, Dick Johnson en La Fanciulla del West. De manera paralela, ha interpretado papeles liricos como Edgardo en Lucia di Lamermoor y el papel estelar en Les Contes d’Hoffmann. Kristian Benedikt ha sido invitado por importantes teatros como la Ópera Bávara de Múnich, Teatro Mariinsky de San Petersburgo, Ópera Real de Copenhague, Ópera Nacional de Finlandia, De Nationale Opera de Ámsterdam, Ópera Nacional de Estonia en Talín, Liceu de Barcelona, y a los teatros de Piacenza, Módena y Cagliari en Italia. Su reconocimiento internacional ocurrió el 2002 con la orquesta Munich Rundfunk con la que realizó una grabación de La Gioconda de Ponchielli con Placido Domingo y la conducción de Marcello Viotti. En el 2004 encarnó el papel de Don Carlo de Verdi con la Der Nationale Opera de Ámsterdam, dirigida por Riccardo Chailly; Don José en Carmen en el Teatro Mariinski y Canio en I Pagliacci con la Ópera de Talín Estonia. Del 2007 al 2009 fue invitado frecuentemente por las compañías de ópera de los Países Bálticos, donde se presentó como Hoffmann en Les Contes d’Hoffmann, Cavaradossi en Tosca, el Duque de Mantua en Rigoletto, Manrico en Il Trovatre y Alfredo en La Traviata.

En el 2009 debutó con la Orquesta de la Unión Europea con el Réquiem de Verdi. En la temporada 2009-2010 debutó importantes papeles como Andrea Chénier. Des Griuex en Manon, Corrado en I Lituani de Ponchielli y Pinkerton en Madama Butterfly. En la temporada 2011-2011 cantó con éxito Eleazar en La Juive, Otelo, Turriddu en Cavalleria Rusticana y Calaf de Turandot en teatros de ópera de Rusia, Países Bálticos y la Real Ópera Danesa. Además, fue invitado por el Festival de Ópera de Suecia como Don José en Carmen.


Recientemente, se escuchó su interpretación de Dick Johnson en La Fanciulla del West en Finlandia; de Calaf en Turandot en Santiago de Chile, y de Sansón, al lado de Olga Borodina en el Teatro Mariinsky. En concierto ha interpretado: Las siete últimas palabras de Cristo de Dubois, Stábat Mater de Rossini, Réquiem de Verdi, Mesías de Handel, La Canción de la Tierra de Mahler, Las Campanas de Rachmaninov y el Réquiem de Webber.

Ha trabajado con importantes directores musicales como: Marcello Viotti, Riccardo Chailly, Alberto Hold-Garrido, Maurizio Barbacini, Paolo Carignani, Ascher Fisch, Gianpaolo Bisanti, Valery Gergiev y con destacados directores de escena  como Willy Decker, Dmitry Bertman, Arnaud Bernard, Elmuntas Nekrošius, Pier Francesco Maestrini, I.Uschakov y Calixto Bieito, entre otros.

Friday, August 8, 2014

Otello en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Foto: Patricio Melo / Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete 

En cualquier escenario lírico que incluye en su programación esa extraordinaria obra maestra que es el Otello de Verdi, es inevitable que siempre se generen muchas expectativas entre el público. Y el estreno el sábado 02 de agosto de la nueva producción que la trajo de regreso al Teatro Municipal de Santiago, tras ocho años de ausencia y como cuarto título de su temporada lírica, no fue la excepción. De partida, porque la última vez que se llevó a la escena en el Municipal, en 2006, quedó un recuerdo algo amargo, ya que no alcanzaron a realizarse todas las funciones originalmente programadas, a raíz de la crisis interna que afectó al teatro en esas fechas. Entonces, el retorno de la obra era muy esperado, y afortunadamente los resultados superaron las expectativas: en su conjunto, considerando como un todo los logros musicales y escénicos, es sin duda el espectáculo más notable que hasta ahora ha ofrecido la temporada lírica 2014 del principal coliseo operístico chileno, tras Katia Kabanova, Puritani y Lakmé.

A primera vista, lo que más deslumbra de este montaje es la contundente y vital propuesta escénica. El talentoso régisseur Pablo Maritano, una de las más destacadas figuras en la actual escena lírica en Argentina, ya había cosechado elogios el año pasado en el Municipal con su versión de otro clásico verdiano, El trovador, y ahora superó un desafío aún mayor, considerando que al ser una brillante adaptación de una de las principales tragedias de Shakespeare y gracias al trabajo conjunto entre Verdi y su libretista Arrigo Boito, Otello es una de las óperas más potentes en lo teatral del repertorio universal. Justamente en lo que puede considerarse un acertado guiño al emblemático autor inglés al conmemorarse este 2014 los 450 años de su nacimiento, el concepto de Maritano giró en torno a un hábil dispositivo escénico circular que se abre, cierra y desplaza, está presente permanentemente durante tres de los cuatro actos de la obra y evoca al célebre Teatro Globo donde se presentaron muchas de las obras del Bardo, incluyendo justamente Otello. Aunque en un comienzo, en el primer acto, podría temerse que esta idea sería reiterativa y reduciría el espacio o limitaría el desplazamiento escénico de los solistas y el coro, finalmente se confirmó como una certera base para esta dolorosa y profunda historia de celos, traición y muerte. El director de escena contó con la complicidad del diseñador      -también argentino- Enrique Bordolini, cuya efectiva escenografía e iluminación se complementaron muy bien con el hermoso y vistoso vestuario del italiano Luca Dall'Alpi, conformando momentos de gran belleza plástica, como en el sublime dúo "Già nella notte densa", o en los momentos de "teatro dentro del teatro" que diseñaron para los dos primeros actos. 

Desde la intensa escena de la tormenta que abre la obra hasta el golpe de escena que la finaliza, en su régie Maritano no se quedó sólo en lo visual y en la superficie, ya que supo aprovechar al máximo cada uno de los numerosos detalles y recursos teatrales de una partitura que funciona como un mecanismo dramático perfecto; esto resultó muy bien tanto en los efectivos momentos solistas -por ejemplo, fue memorable el "Credo" del villano Yago- como en los que en otras puestas en escena tienen menos relieve o impacto, como el cuarteto del segundo acto. Y lo bueno es que contó con cantantes que no sólo se conformaron con afrontar las muchas exigencias musicales de sus roles, sino además se comprometieron en lo actoral. 

Tomando en cuenta que esta ópera ha contado en el escenario santiaguino con artistas tan ilustres en el arduo rol protagónico como Carlo Cossutta o los chilenos Renato Zanelli y Ramón Vinay -este último, en seis ocasiones distintas entre 1948 y 1969, incluyendo su despedida mundial del personaje-, y que incluso su más reconocido intérprete en las últimas décadas, Plácido Domingo, incluyó fragmentos en esa misma sala en conciertos solistas, no es menor la tarea para quien cante en el Municipal este rol. Siempre, en cualquier teatro del mundo, es un logro inmenso encontrar un buen Otello. Y en el Elenco Internacional, con su debut latinoamericano, el lituano Kristian Benedikt, quien ha encarnado al "moro de Venecia" en importantes teatros europeos, es de verdad un gran Otello: aunque ocasionalmente en el estreno dio la impresión de estar superando algunos problemas de salud, Benedikt supo controlar y manejar con excelencia una voz sólida y bien timbrada, que quizás podría desarrollar mayor proyección sonora en la sala, pero de todos modos fue capaz de superar todos los escollos, incluyendo algunas expuestas notas agudas; y en lo actoral, fue absolutamente creíble y emotivo, tanto en sus escenas solistas como en los dúos con Desdémona y Yago.

Tres años después de dejar una positiva impresión con su debut en Chile en otra ópera de Verdi, "Simón Boccanegra", la soprano estadounidense Keri Alkema regresó para encarnar por primera vez en su carrera a Desdémona, y su desempeño fue espléndido, tanto por su presencia escénica como especialmente por su voz rica y cálida, de buen volumen y potencia, que se adapta muy bien a los roles verdianos, luciéndose en particular en el cuarto acto, con una conmovedora entrega de la "Canción del Sauce" y el "Ave Maria". Por su parte, el barítono de Azerbaiyán Evez Abdulla fue un Yago sorprendente e implacable, lleno de energía, cantado con fuerza y convicción, conformando un memorable villano que guió la intriga logrando ir más allá de los clichés y la caricatura y se complementó muy bien en lo teatral con el Otello de Benedikt. 


Además de la rotunda voz del bajo ruso Alexey Thikhomirov en su breve aparición como Lodovico -personaje que encarna en los dos elencos que abordan esta obra en el Municipal-, apoyando a los tres protagonistas se cuenta con un muy buen reparto compuesto por artistas chilenos, destacando especialmente el tenor Sergio Járlaz, un Casio muy bien cantado -con buen volumen y proyección- y desenvuelto en la actuación, mientras una vez más la mezzosoprano Evelyn Ramírez tuvo una lucida presencia, esta vez como Emilia, un rol que a menudo queda demasiado en segundo plano pero acá tuvo mayor relevancia. 

El gran mérito en la buena fusión entre lo musical y lo teatral que alcanza esta producción en su Elenco Internacional no sólo reside en su equipo escénico y los cantantes, sino también en la dirección musical del maestro italiano Antonello Allemandi, al frente de la Orquesta Filarmónica de Santiago. Este reconocido director ya había tenido muy buenas presentaciones previas en el Municipal, con dos comedias donizettianas tan populares como "Don Pasquale" en 2011 y el año pasado "El elixir de amor"; ahora, con su incursión en el drama verdiano, volvió a confirmarse como un músico sensible e inteligente, preocupado de los detalles y del equilibrio entre el foso y la escena. Y como ya es tradición, el Coro del Teatro Municipal, dirigido por Jorge Klastornik, estuvo sólido y efectivo en sus intervenciones, que en "Otello" son puntuales y contadas, pero muy exigentes, como en el inicio del primer acto y en la gran escena de conjunto del tercero.

En el segundo reparto, el llamado Elenco Estelar, que debutó el miércoles 06 de agosto, también había muchas expectativas, en particular por su protagonista. Desde que el tenor chileno José Azócar debutara como solista en escena en 1988, precisamente en el Teatro Municipal de Santiago, muchos operáticos imaginaban o profetizaban que en algún momento podría llegar a abordar el arduo rol protagónico en "Otello". Pero aunque ha desarrollado una destacada trayectoria nacional e internacional abordando algunos de los papeles más exigentes para tenor -pese a nunca dejar de vivir en Chile, ha cantado en escenarios de países como Argentina, Uruguay, Brasil, España, Estados Unidos, Inglaterra y Alemania-, aún no había abordado este personaje. Hasta ahora, un cuarto de siglo después de su debut, y en una actuación que en más de un sentido se podría calificar como un hito no sólo en su carrera, sino además en la escena operística local: desde el legendario Vinay que un tenor chileno no se atrevía a abordar al moro, y si había alguien que siempre pareció el indicado para hacerlo alguna vez en ese país, era Azócar. Por supuesto que no era aconsejable que lo hubiera hecho en sus primeros años de carrera, pero el color oscuro de su robusta voz y la potencia y seguridad de sus notas agudas parecían predestinarlo a al menos intentarlo alguna vez en su carrera, sobre todo con el oficio y experiencia acumulados durante más de 20 años en los escenarios. 

Y aunque el resultado no puede calificarse por completo de extraordinario, no deja de ser meritorio y digno de los entusiastas aplausos recibidos al final del estreno, porque a sus 53 años y a pesar de que al igual que su colega en el Elenco Internacional, Azócar exhibió notorios signos de estar lidiando con algunas dificultades de salud -tosió en varias oportunidades a lo largo de la función-, su desempeño igual fue contundente. Siempre apoyado por la eficaz pero no demasiado incisiva dirección orquestal de José Luis Domínguez al frente de la Filarmónica de Santiago, y sin dejar de lado ciertos "tics" habituales en él -como estar demasiado pendiente de mirar al director, algo entendible pero que siempre se puede tratar de disimular un poco más-, su encarnación del moro fue muy esforzada y comprometida; la voz sigue siendo poderosa y consiguió superar casi todos los agudos de manera muy lucida, y aunque su actuación suele ser convencional y esquemática y se queda más en lo externo de un rol tan complejo como Otello, de todos modos se notó un mayor despliegue y voluntad teatral que en otros papeles que ha interpretado. Considerando que este era en rigor su debut en el rol, su logro es enorme, y con más rodaje y funciones en el cuerpo a futuro, es probable que su interpretación de Otello pudiera ir creciendo aún más. Pero desde ya este puede ser considerado un momento consagratorio en su vida artística, si se piensa que para muchos tenores el personaje es la cúspide de sus carreras.     

Por su parte, Desdémona en estas funciones es la soprano Paulina González, uno de los talentos líricos con mayor potencial surgidos en los últimos años en Chile, como lo demostrara el año pasado en dos roles tan diversos como Julieta en "Romeo y Julieta" de Gounod y la Fiordiligi de "Così fan tutte" de Mozart, por los que fue distinguida como lo mejor en Ópera Nacional 2013 por el Círculo de Críticos de Arte de Chile. En un principio, considerando sus condiciones vocales y la acertada trayectoria que ha estado desarrollando en estos últimos años al elegir su repertorio, quizás aún era temprano para abordar este personaje de Verdi, que si bien ha sido cantado por jóvenes sopranos líricas, de todos modos también tiene momentos que exigen un mayor peso y color vocal; afortunadamente, González supo superar las dificultades utilizando con inteligencia y cuidado su voz, y fue una creíble Desdémona, que como era de esperar destacó particularmente en su bella y melancólica escena solista en el último acto, de manera especial en un hermoso y sentido "Ave Maria".   

Al igual que en el Elenco Internacional, en esta función se contó con un Yago muy convincente, el barítono argentino Fabián Veloz, de voz atractiva y bien matizado canto verdiano -aún más que en sus momentos más conocidos, como el Brindis y el "Credo", estuvo muy bien especialmente en "Era la notte"-, tal vez más sutil y contenido que su colega en el otro reparto, de todos modos implacable como villano y funcionando como buen apoyo vocal y teatral para el Otello de Azócar. Por su parte, el tenor Leonardo Navarro fue un desenvuelto y juvenil Casio, de agradable voz, mientras Emilia, un rol habitualmente cantado por mezzosopranos, fue abordado por la soprano Paola Rodríguez con seguridad vocal e importante presencia escénica, en especial en el último acto.