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Thursday, November 16, 2017

La Fanciulla del West de Puccini en el Palacio de Bellas Artes de México

Foto: Gerencia del Palacio de Bellas Artes / INBA

José Noe Mercado


La séptima ópera del compositor Giacomo Puccini (1858 – 1924), La fanciulla del West (1910), que cuenta con libreto de Guelfo Civinini (1873 – 1954) y Carlo Zangarini (1874 -1943) basado en The Girl of the Golden West de David Belasco (1853 - 1891), guarda una curiosa relación con México parecida a la jettatura (atraer la mala suerte). Algo así como el resultado negativo de algo improbable, aunque desde luego no imposible. Y no tanto por la leyenda de que fue un encargo del régimen porfirista al compositor para celebrar el centenario de la Independencia y rechazada luego al conocerse el tema de la obra y la mala imagen que proyectaba de los mexicanos al ser el protagonista masculino, Ramérrez, alias Dick Johnson, un bandolero cursilón en el Viejo Oeste, aunque bien podría la ficción creativa experimentar una ucronía a partir de la verdad histórica comprobable porque hay no pocos detalles que cuadran. Lo es más bien porque si se pensó en ella (Adamo Boari, Gustavo Campa, Justo Sierra, tal vez Porfirio Díaz) como estreno pucciniano inmejorable para la inauguración del Teatro Nacional (que habría de terminar como Palacio de Bellas Artes), planeado para 1910, Giacomo Puccini, unas de las grandes personalidades de la composición en aquella época, no se entusiasmó con la idea de estrenar una de sus obras en un sitio sin arraigo y oropel. Rechazó la oferta. Mejor. Porque en México, aquel año, no hubo inauguración del Teatro Nacional, sino un estallido revolucionario. Y Bellas Artes abrió sus puertas hasta 1934. Una presentación en 1920 en el Teatro Arbeu a cargo de una compañía itinerante permitió al fin estrenar la ópera en México luego de varios anuncios e intentos fallidos por hacerlo y durante décadas la ausencia de un verdadero estreno nacional fue acompañado de cierta especie de censura o fruncimiento del seño, por supuesto no oficial, de las autoridades nacionales. Hasta 1976, año en que la Compañía Nacional de Ópera la programó, la ensayó y por ciertas quejas internas burocráticas y de grupos artísticos que se sumaban a la incertidumbre de un cambio de gestión presidencial, sencillamente no se presentó. De igual forma, al inicio del siglo XXI, la Ópera de Bellas Artes (OBA) la contempló para presentarla como parte de su programación, idea que no concretó cuando debido a la pérdida de viejas producciones a causa de un incendio en bodegas del INBA las prioridades se resumieron en reponer un repertorio más indispensable. Y si en la Temporada 2017 de la OBA, después de 97 años de lo del Arbeu, 107 del estreno original, La fanciulla del West tuvo la primera de cuatro funciones programadas de una nueva producción en el Teatro del Palacio de Bellas Artes el 17 de septiembre, apenas salidos de las fiestas patrias, de la mano entusiasta de Sergio Vela en el impulso, escenografía, iluminación y puesta en escena del montaje, el terremoto de magnitud 7.1 que el 19 de septiembre sacudió la zona centro y sur de México hizo que tanto el INBA como Protección Civil desaconsejaran y suspendieran todas las actividades de concentración pública de espectáculos, conciertos, deportes y más, para concentrarse en los terribles estragos del movimiento telúrico y en las medidas de seguridad pertinentes para prevenir mayores desgracias humanas. Si esta sintética historia no es jettatura, nada lo es. Y a ello debe apuntarse un desempeño poco afortunado de la soprano española Ángeles Blancas, en el papel de la fanciulla Minnie, aquella tarde dominical de estreno. Con una voz descomprimida y chata en el centro, otoñal, con un registro grave gritado y con desafinaciones y estridencias incontables, el papel protagónico desmereció sin ninguna duda. Al menos para el público que la condenó a la horca del abucheo al final de la representación, sin piedad alguna. Menos mal que en el elenco también se encontraba el tenor vasco Andeka Gorrotxategui, quien interpretó con solvencia el rol de Dick Johnson/Ramérrez. Su célebre aria “Ch’ella mi creda”, como puede suponerse, fue muy aplaudida y ovacionada. También el barítono Jorge Lagunes, como el sheriff Jack Rance, ofreció un trabajo decoroso en lo vocal, si bien en términos de actuación quedó condicionado por un trazo escénico conceptual más bien simbólico y abstracto. Rara forma de representar a un tahúr y pistolero, a fin de cuentas ingenuo. Habría sido menos extraño si el concepto escénico, minimalista y todo, pudiera haber ambientado ciertas acciones y sentimientos presentes en medio de una trama de lento y no siempre impactante desarrollo: la testosterona de los bebedores que ahogan en alcohol el dolor de la migración, las fisuras anímicas de la nostalgia o un amor timorato nunca correspondido por Minnie, quien los manipula y chantajea para conseguir sus fines pasionales. No para caer en las convenciones del género Western, aunque sí para evitar las del sello del maestro Vela, que le han funcionado mejor en otros títulos, de ubicación y características temporales menos concretas. La casi desnudez escénica y la obscuridad desmedida no alcanzó para mostrar en todas las acciones momentos de impacto dramático y reflexivo como la trampa, la autodefensa, el dilema entre la ley o la justicia. Estaban ahí, pero no se veían. Incluso los rostros, las identidades, el vestuario de los personajes (a cargo de Violeta Rojas) y el maquillaje de Ilka Monforte, quedó en penumbra. En el apartado orquestal, fuera de pasajes con volumen demasiado alto que llegó a cubrir las emisiones solistas, el trabajo de Luiz Fernando Malheiro al frente de la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes (éste preparado por Carlos Aransay) permitió admirar la rica orquestación pucciniana, los recursos con los que construye un flujo musical que parece no detenerse, alejado casi de la diagramación por números y con miras, intuiciones, más bien wagnerianas y cinematográficas. En los papeles secundarios, en la medida de su compenetración con el conjunto, también destacaron los trabajos del tenor Ángel Ruz como Nick, el barítono Enrique Ángeles en el rol de Sonora o el Jack Wallace del bajo Óscar Velázquez. El resto del elenco, los comprimarios diversos entre mineros, pieles rojas y demás, no desmereció en el desempeño vocal, que de hecho permitió el fogueo de integrantes del Estudio de la Ópera de Bellas Artes, puesto que en eso parecería ha encontrado su misión: ser surtidor de partiquinos. Era muy probable que los detalles de iluminación y del efecto dramático que podía reforzarse con ellos pudieran corregirse en las funciones posteriores. El discurso escénico tenía aún cierto margen para ser pulido como updated una vez presenciado el estreno. La felicitación para Vela pudo llegar no sólo por aventurarse con este título, sino por la manera de reponerlo en escena. Pero lo dicho. No hubo, al menos hasta el momento de poner punto final a estas líneas, más funciones en un México ocupado en reponerse de un impacto telúrico muy doloroso. Prioritario. Ineludible. Mala suerte.

Tuesday, November 14, 2017

La Fanciulla del West - Opera de Bellas Artes, Messico

Foto: Gerencia del Palacio de Bellas Artes / INBA

José Noe Mercado

La settima opera di Giacomo Puccini, La fanciulla del West (1910), su libretto di Guelfo Civinini (1873 – 1954) e Carlo Zangarini (1874 -1943) da The Girl of the Golden West di David Belasco (1853 - 1891), in Messico gode curiosamente fama di jettatura. Un qualcosa di negativo improbabile ma non impossibile. E non tanto per la leggenda secondo cui sarebbe stata commissionata al compositore da parte del regime porfirista per celebrare il centenario dell'Indipendenza e poi rigettata per il soggetto e l'immagine che offriva dei messicani, essendo il protagonista maschile, Ramérrez, alias Dick Johnson, un bandito in incognito del Far West, benché la crezione artistica possa ben sperimentare una ucronia a partire da una realtà storica confermata da parecchi dettagli. Lo è molto di più perché se si è pensato a essa (Adamo Boari, Gustavo Campa, Justo Sierra, perfino Porfirio Díaz) come debutto pucciniano impareggiabile per l'inaugurazione del Teatro Nacional (che poi sarebbe stato il Palacio de Bellas Artes), previsto per il 1910, Giacomo Puccini, essendo figura di primo piano fra i compositori dell'epoca, non si entusiasmò all'idea di far nascere una delle sue opere in un luogo senza storia e prestigio. Rifiutò l'offerta. Tanto meglio. Perché in Messico, quell'anno, non ci fu nessuna inaugurazione del Teatro Nacional, bensì una rivoluzione. E le Bellas Artes ha aperto le porte solo nel 1934. Una rappresentazione del 1920 al Teatro Arbeu da parte di una compagnia itinerante ha permesso infine l'esordio dell'opera in Messico dopo vari annunci e tentativi falliti e per decenni l'assenza di un vero e proprio debutto nazionale è stata accompagnata da una sorta di censura o ostracismo, ovviamente non ufficiale, da parte delle autorità nazionali. Fino al 1976, anno in cui la Compañía Nacional de Ópera l'ha messa in programma, provata e poi, per rimostranze burocratiche e artistiche assommate a incertezze in un cambio ai vertici presidenziali, semplicemente non andò in scena. Ugualmente, all'inizio del XXI secolo, la Ópera de Bellas Artes (OBA) ha previsto di proporla nella sua programmazione, idea che non si è concretizzata a causa della perdita delle vecchie produzioni in un incendio dei magazzini dell'INBA che ha reso prioritaria la ricostruzione del repertorio più indispensabile. E se nella stagione 2017 della OBA, dopo novantasette anni da quello dell'Arbreu e centosette da quello assoluto, La fanciulla del West è giunta alla prima di quattro recite programmate della nuova produzione nel Palacio de Bellas Artes il 17 settembre, appena passata la Festa dell'Indipendenza, con la guida entusiasta di Sergio Vela per l'ideazione, la scena, le luci e la regia, il terremoto di magnitudo 7.1 che il 19 settembre ha scosso la zona centrale e meridionale del Paese ha fatto sì che tanto l'INBA quanto la Protección Civil sconsigliassero e sospendessero tutte le attività con pubblici assembramenti - spettacoli, concerti, sport e altro - per concentrarsi sui danni terribili del sisma ed evitare il più possibile occasioni di danni maggiori. Se questa breve storia non è jella, non so cosa lo sia. A ciò, per di più, deve aggiungersi una prova poco fortunata del soprano spagnolo Ángeles Blancas, la fanciulla Minnie, la sera del debutto. Con voce compressa, piatta al centro, declinante, con un registro grave gridato, stonature e stridori innumerevioli, il ruolo protagonistico non è emerso in alcun modo. Almeno per il pubblico, che l'ha condannata, al termine, senza alcuna pietà.  Meno male che nel cast si trovava anche il tenore basco Andeka Gorrotxategui, che ha reso come si deve la parte di Dick Johnson/Ramérrez. La sua celebre aria “Ch’ella mi creda”, come è facile immaginare, ha ricevuto applausi e ovazioni. Anche il baritono Jorge Lagunes, lo sceriffo Jack Rance, ha sostenuto degnamente l'impegno vocale, sebbene come attore fosse condizionato da un'impostazione concettuale decisamente simbolica e astratta. Un modo raro di rappresentare un giocatore e un pistolero, in fin dei conti ingenuo. Sarebbe parso meno curioso se il concetto scenico minimalista avesse potuto contestualizzare certe azioni e certi sentimenti presenti in una trama dallo sviluppo lento e non sempre d'impatto: il testosterone degli avventori che affogano nell'alcool il dolore per l'emigrazione, le ferite psicologiche della nostalgia o un timido amore non corrisposto per Minnie, la manipolazione e il ricatto per fini passionali. Non tanto per evitare i cliché del genere Western, quanto per evitare quelli del maestro Sergio Vela, che hanno funzionato meglio in altri titoli, di luogo e tempo indeterminati. La scena pressoché nuda e l'eccessiva oscurità non sono riuscite a evidenziare nell'azione momenti di impatto drammatico e introspettivo come  la trappola, l'autodifesa, il dilemma fra legge e giustizia. Erano lì ma non si vedevano. Anche i volti, le identità, i costumi dei personaggi (a cura di Violeta Rojas) e il trucco di Ilka Monforte son rimasti nella penombra. Quanto all'orchestra, al di fuori di passaggi in cui il volume è parso esageratamente alto al punto di coprire i solisti, il lavoro di Luiz Fernando Malheiro con l'Orchestra e il Coro del Teatro de Bellas Artes (quest'ultimo preparato da Carlos Aransay) ha permesso di ammirare la ricca scrittura pucciniana, le risorse con cui costruisce un flusso musicale che pare non fermarsi, annullando quasi la struttura per numeri con punti di riferimento e intuizioni più wagneriani e cinematografici.  Nei ruoli secondari, nell'equilibrio complessivo, si sono distinti anche il tenore Ángel Ruz come Nick, il baritono Enrique Ángeles nel ruolo di Sonora o il Jack Wallace del basso Óscar Velázquez. Il resto del cast, minatori, pellerossa e altro, non ha deluso vocalmente permettendo di mettere alla prova membri dell'Estudio de la Ópera de Bellas Artes,posto che questo sembra aver trovato la sua missione: fornire interpreti per le piccole parti. Era assai probabile che i dettagli delle luci e dell'effetto drammatico che se ne sarebbero giovati si sarebbero potuti correggere nel corso delle recite. Il discorso scenico poteva avere un certo magine di crescita e rifinitura una volta presentato al debutto. Le congratulazioni a Vela si potrebbero fare non solo per aver scelto questo titolo, ma anche per la maniera di riproporlo. Ma si è detto. Non ci sono state, almeno al momento di completare queste righe, altre recite in un Messico impegnato nella ripresa da un impatto tellurico così doloroso. Prioritario. Ineludibile. Buona fortuna.

Friday, September 22, 2017

Estreno de La Fanciulla del West en el Palacio de Bellas Artes de México D.F.

Fotos cortesía INBA

Lázaro Azar / Periodico Reforma.com

Cd. de México (19 septiembre 2017).- Pocos compositores hay tan queridos por el público operístico como Puccini, por ello resulta inexplicable que, aun siendo uno de sus títulos menos programados, La Fanciulla del West (1910) no se hubiera presentado en México; enterarnos que en 1909 Justo Sierra vislumbró la posibilidad de que su estreno mundial ocurriera aquí con motivo de las fiestas del Centenario de la Independencia, es todavía más sorprendente. Este 17 de septiembre La Fanciulla fue estrenada en el Palacio de Bellas Artes, y José Octavio Sosa aclara en el programa de mano que el 24 de febrero de 1920, fue presentada en el desaparecido Teatro Arbeu bajo la concertación de Alfredo Padovani. Si el telón se alzó media hora tarde o si Puccini se adelantó al decir que los bad hombres que ahí aparecen son mexicanos, es lo de menos. Lo importante, es la exuberante orquestación con que esta partitura arropa un libreto de "vivo sentido teatral" y que, como señala Roger Alier, "es de las pocas en el repertorio, en las que lo que sucede en escena atrae al espectador casi por sí mismo, haciendo de la música un mero subrayado de la acción". Desgraciadamente, una cosa es lo que escribió Puccini y otra, mal resuelta y con notables desatinos, la que llega hasta nosotros firmada en su trazo escénico, escenografía e iluminación por Sergio Vela, quien correspondió a los intercambios que ha tenido con Luiz Fernando Malheiro, invitándolo como concertador. El problema, no es lo minimalista de la escenografía ni si por la pretendida corrección política de esa caricatura de partido que se hace llamar ecologista, fue que se prescindió del caballo sobre el cual galopa la protagonista para entrar a escena en el tercer acto, tal y como lo concibió Puccini. A cambio de tan emocionante golpe teatral, Vela incurrió en sus consabidas maniobras con montacargas que subían y bajaban plataformas del escenario, además de su proverbial gestualidad forzada -la "cámara lenta" del segundo plano- o de hacer descender a esa masa de amontonados gambusinos a un inesperado sótano que cómo habrían deseado mis tías beatas para esconder cristeros. Más hilarante aún resultó la alfombra voladora donde nuestra fanciulla puso a levitar a su amado y que le habrían envidiado los hermanos Almada, Juan Orol y hasta al mismísimo Ed Wood pues nos hizo pensar que Ramérrez estaba siendo abducido por un ovni. Lástima que hasta ahí llegara el intento de preservar la nada novedosa estética pseudo cinematográfica presentada en un principio y relegada después. Del vestuario adocenado y las plastas con que rudimentariamente pretendieron maquillar al elenco mejor ni hablar. Confío que serían menos peores de lo que la pésima iluminación, ¡ay, tan estrellada! permitía vislumbrar; al fin y al cabo, el coro sonó decorosamente y pese a que muchas veces tapó a los cantantes, la orquesta hizo un buen papel. Vocalmente, el elenco fue dispar: de los 17 roles secundarios, Rodrigo Urrutia (Ashby) y Enrique Ángeles (Sonora) demostraron solvencia y los demás batallaron hasta con la pronunciación. De los tres protagónicos, fue grato escuchar nuevamente a Jorge Lagunes (Jack), si bien Andeka Gorrotxautegui (Dick/Ramérrez) fue quien cosechó la única ovación unánime tras entonar Ch'ella mi creda libero e lontano. ¿Tendrán una cover para las funciones restantes, o precisarán que lo que se oirá, será La fámula del West? Porque escuchar los berridos y la pobreza de agudos con que Ángeles Blancas abordó a Minnie fue tan lamentable como desastrosos los gritos con que masacró el dueto del segundo acto. En fin, que así fue el oneroso retorno de Sergio Vela al escenario del Blanquito [Palacio de Bellas Artes], sumando otro capítulo a un nutrido historial de títulos, muchos de ellos auténticos estrenos en México, que jamás se han vuelto a reponer conforme a su propuesta. ¿Por qué será?

****Esta crítica corresponde a la función de estreno, lamentablemente el resto de las funciones de Fanciulla del West en el Palacio de Bellas Artes fueron canceladas debido al terremoto que azotó la ciudad de México el martes 19 de septiembre. 


Monday, September 4, 2017

La Fanciulla del West de Puccini por primera vez en el Palacio de Bellas Artes de México

La Ópera de Bellas Artes llevará a cabo el estreno en el Palacio de Bellas Artes de La fanciulla del West de Giacomo Puccini, con la puesta en escena, escenografía e iluminación de Sergio Vela y la dirección concertadora del brasileño Luiz Fernando Malheiro al frente de la Orquesta y Coro del Teatro de Bellas Artes. Esta nueva producción de la Ópera de Bellas Artes será escenificada los domingos 17 y 24 de septiembre a las 17:00 y el martes 19 y el jueves 21 a las 20:00 en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes. Puccini escribió la música de esta obra de tres actos entre 1908 y 1909. El libreto en italiano es de Guelfo Civinini y Carlo Zangarini, basado en la pieza The Girl of the Golden West de David Belasco. Su estreno mundial fue el 10 de diciembre de 1910 en la Metropolitan Opera House de Nueva York bajo la dirección de Arturo Toscanini, montaje en el que participó el célebre tenor Enrico Caruso. En México se escenificó, en una sola función, el 24 de febrero de 1920 en el Teatro Arbeu. La fanciulla del West cuenta la vida de un pueblo minero en las montañas de la Sierra Madre californiana. En plena fiebre del oro y en un ambiente mayoritariamente masculino, la joven Minnie, propietaria del bar La Polka, representa la figura maternal y sensual anhelada por los hombres. Puccini situó ahí la añoranza abandonada por los emigrantes que llegaron a la región atraídos por un mejor futuro. 

Este estreno en el Palacio de Bellas Artes representa un punto de vista iberoamericano de la obra de Puccini. Su elenco está encabezado por la soprano de raíces españolas Ángeles Blancas Gulín (Minnie), el barítono mexicano Jorge Lagunes (sheriff Jack Rance) y el tenor vasco Andeka Gorrotxategui (Dick Johnson, alias Ramírez). También participan Ángel Ruz, Carlos Santos, Vanessa Jara, Oscar Velázquez, Emilio Carsi, Rodrigo Petate, Rodrigo Urrutia y Renata Ramos. En los roles de mineros: Enrique Ángeles, Héctor Valle, Antonio Azpiri, Alberto Albarrán, Edgar Gil y Carlos Arámbula, Ángel Macías y Edgar Villalva. El equipo creativo lo completan Carlos Aransay (dirección huésped del Coro), Violeta Rojas (diseño y realización de vestuario), Ruby Tagle (dirección de movimiento escénico), Ilka Monforte (diseño de maquillaje). 

“Hacer La fanciulla del West de Giacomo Puccini es una tarea obligada de toda compañía que haga ópera de calidad. Debe figurar porque es la partitura más ambiciosa, audaz y compleja de todas las de Puccini. Aunque nunca ha tenido el grado de popularidad de otros de sus títulos, es muy importante porque se trata de una dramaturgia muy compleja, y aunque parece lineal e ingenua, está llena de honduras y vericuetos muy interesantes”, afirma Sergio Vela. 

“Por otro lado, en términos estrictamente técnicos, la partitura es de una gran complejidad, de tal forma que integrar un reparto idóneo requiere no solo de tres cantantes prominentes como en Tosca, por ejemplo, porque la tesitura, la redacción vocal en esta partitura es mucho más difícil. “Es decir, no es sencillo encontrar a los cantantes idóneos para llevar a cabo este proyecto, porque los otros 15 personajes forman un ensamble que debe estar bien articulado, trabajar como conjunto y, a la vez, como voces solistas, más el coro masculino. Todo ello hace que la redacción orquestal sea igualmente compleja. “En definitiva, se trata de una partitura extraordinaria cuya temporaneidad estética realza su importancia. Esta partitura se escribió entre 1908 y 1909, y se estrenó en 1910, cuando acababa de emerger el movimiento pictórico del fauvismo, que se caracteriza por el uso de colores muy violentos, además del art nouveau. 

Estos dos movimientos estéticos encontraron eco en esta partitura y la convirtieron en algo muy complejo. “A ello hay que agregar que nunca se había puesto en el Palacio de Bellas Artes, hasta ahora, aunque se intentó hacer en 1976. Solo se había escenificado, en una sola función, en 1920 en el Teatro Arbeu, diez años después de su estreno mundial, y la puso una compañía itinerante. Ahora, 97 años después, haremos su estreno en el Palacio de Bellas Artes”. La historia de La fanciulla del West “sigue siendo muy atractiva, más ahora que existen tensiones binacionales y la trama apela a la unión, la redención, el entendimiento y el perdón, lo cual le da cierto interés actual. Sin embargo, me parece que sería darle un tono reduccionista, pues la obra trasciende todas esas cosas y va mucho más allá para convertirse en una obra de muchos aspectos a estudiar. 

“La dramaturgia de esta ópera es extraordinaria, y yo tengo una larga pasión por este título, pero también por el western como forma épica de contar una historia, similar a la estructura de una tragedia griega, donde el héroe es al mismo tiempo un antihéroe. Sus méritos dramatúrgicos y musicales la hacen particularmente importante. Yo estoy celebrando poder hacer esta ópera”. Respecto al elenco, sostiene: “Ángeles Blancas es una soprano muy notable, una actriz-cantante de gran desempeño vocal e histriónico que se compromete por completo; Andeka, un joven tenor vasco con voz idónea, y Jorge Lagunes, un gran barítono mexicano que regresa a cantar a México después de mucho tiempo, pues vive y triunfa en Europa. Se trata de un trío de primer nivel. 

“El otro cómplice indispensable es el director de orquesta brasileño Luiz Fernando Malheiro, con quien hace ocho años intentamos hacer la obra en Brasil, pero no se dieron las condiciones. Desde entonces lo habíamos planeado así, como ahora, salvo algunos cantantes diferentes”. En cuanto al diseño de escenografía, iluminación y vestuario, refiere que “los abordamos siempre con una idea de integración a partir de una estética nítida que permite contar la trama. Para ello, la escenografía debe tener cierto grado de abstracción, y la iluminación, evocar una atmósfera. Me parece que ambas son ideales para la partitura. La obra en sí ahonda en muchos aspectos que la convierten en algo realmente complejo”. Y concluye: “Es un título que hacía falta en el repertorio de la Ópera de Bellas Artes. Ahora se ha podido concretar, y es que, más que proyectos grandiosos, me gusta hacer cosas novedosas que impliquen una visión renovada de las formas, y junto con el INBA lo hemos podido hacer. El público podrá disfrutar de una música formidable, un drama nítidamente contado y una infalible dramaturgia”.

Friday, January 16, 2015

Goyescas y Suor Angélica en el Teatro Regio de Turín

Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone 
Goyescas es una ópera casi desconocida que meritoriamente el Teatro Regio (siguiendo la filosofía de proponer obras inéditas o casi) incluyó en su cartelera. Música de sabor sinfónico con acentos de alegría y un poco de lirismo que al final estuvieron inmersos en tragedia. La conducción de Donato Renzetti fue apreciable por lograr que esta novedad estuviese ya en la mente del público, y lo hizo con sobria elegancia. La efectiva producción de Andrea De Rosa, con colores ámbar y soleados de la tierra hispánica, con fuerte inspiración de Goya, se valió también del oscuro color negro, opacado solo por  incorrecto uso de luces de linternas. Aunque la iluminación diseñada por Pasquale Mari exaltó el momento de la fiesta, como el momento de la muerte. En un largo pasaje de música se insertó un ballet de matriz española ideado por Michela Luccenti, con vestuarios clásicos y eficaces de Alessandro Chiammarughi.  La protagonista Rosario fue interpretada por una valiosa Giuseppina Piunti quien con voz oscura de transparente claridad se insertó bien entre la armonía de la bien timbrada voz del tenor Andeka Gorrotxategui, en el papel de Fernando, y la profunda y pulida voz de Fabián Veloz, el barítono que dio vida al rival Paquiro.  Anna Maria Chiuri, quien estuvo también en la segunda ópera, aquí dio voz firme a Pepa la muchacha del pueblo.  La insólita combinación entre Goyescas y Sor Angélica tuvo un denominador común, la mujer y el sufrimiento femenino. En el primer caso el dolor fue causado por la muerte del amante a manos del rival y en segundo la expiación de la culpa que en esa época era una vergüenza, tener un hijo sin estar casada. La primera obra fue ambientada en una especie de cráter y la segunda en un manicomio, con lo que se puede asegurar que esta realización se aproximó a la perfección. Sor Angélica tenía la llave de la entrada de una puerta, que en medio de unas rejas se abría para acceder al jardín de las plantas que la hermana cuidaba con amor. Detrás de las rejas del manicomio femenil se movían las “locas” bien interpretadas por mimos capaces. Alli transitaba la hermana enfermera, la doctora y las demás hermanas.  La primera que encantó con su voz, la monja de la mezzosoprano Silvia Beltrami una voz profundamente relevante y rica, de buen timbre y preciosos matices. Amarilli Nizza interpretó a la protagonista con acentos dolorosos y gran pathos, con el que realizó una Suor Angelica verdaderamente condenada, voz bella, decididamente pertinente para el papel. Anna Maria Chiuri diseñó con gran credibilidad al papel de la tía princesa, valiéndose también de la potencia de su voz bruñida y bien modulada. Verdaderamente numerosa la lista de intérpretes que con bravura contribuyeron a la realización de una interesante producción. Bella intuición al final de no parir como de costumbre al niño rubio, soñado y deseado, sino de hacer dar de una enferma mental y Angélica una marioneta, una muñeca de trapo, que ella, fuera de sí y cercana a la muerte abrazaba amorosamente entre los brazos. Como es habitual un fuerte aplauso va al coro del Regio dirigido por Claudio Fenoglio y a todos los maestros de la orquesta y al staff del teatro. ¡La música venció como siempre!

La Sofferenze Femminile – Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio di Torino
Renzo Bellardone
Goyescas un’opera pressoché sconosciuta ai più, che meritevolmente il Teatro Regio (seguendo la filosofia di proporre anche inediti o quasi)  ha inserito in cartellone. Musica dal sapore sinfonico con accenti prima gioiosi poi di liricità, ed al fine immersi nella tragedia! La direzione  di Donato Renzetti è stata apprezzata, per essere riuscita a porgere  il nuovo come se fosse già nelle menti dell’ascoltatore, con sobria eleganza. L’allestimento d’effetto di Andrea De Rosa, con i colori ambrati e assolati della terra ispanica con forte ispirazione a Goya, si è avvalso anche del buio color nero, spaccato solo da impudici fasci di luce di torce led. A proposito di luci, quelle  ben disegnate da Pasquale Mari hanno esaltato il momento della festa, come il momento della morte! In un lungo ascolto di sola musica è stato  inserito un balletto di matrice  spagnola ideato da Michela Lucenti; classici ed efficaci i costumi di Alessandro Chiammarughi. La protagonista Rosario è stata interpretata da una valida Giuseppina Piunti con voce sicura  e limpidezze trasparenti che ben si è inserita tra l’armoniosità della voce ben timbrata di Andeka Gorrotxategui, tenore nel ruolo di Fernando e la profonda voce brunita di  Fabián Veloz il baritono che ha interpretato il rivale Paquiro. Anna Maria Chiuri che ritroveremo nella seconda opera, qui dà ferma voce a Pepa la ragazza del popolo. L’insolito accostamento della proposta di Goyescas e Suour Angelica ha un denominatore comune, ovvero la donna e la sofferenza femminile. Nel primo caso il dolore è causato dalla morte dell’amante per mano del rivale e nel secondo caso dall’espiazione di una colpa che all’epoca era certamente una vergogna: partorire un figlio senza essere sposata. La prima opera è stata ambientata in una sorta di cratere, mentre la seconda in un manicomio e si può assicurare che questa  realizzazione ha rasentato la perfezione. Suor Angelica ha le chiavi di un cancello che al centro delle sbarre si può aprire e da li accedere al giardino delle erbe che la suora cura con tanto amore. Dietro le sbarre del manicomio femminile si muovono le ‘pazze’ ottimamente interpretate da mime di rara capacità, transita la suora infermiera, la dottoressa e le varie suore. La prima ad incantare con la voce è la suora zelatrice che ha trovato nel mezzosoprano Silvia Beltrami una voce profondamente autorevole e ricca di buon timbro con  sfumature preziose. Amarilla Nizzi ha interpretato la protagonista e con accenti dolorosi e di grande pathos ha realizzato una Suor Angelica veramente dannata: voce bella e decisamente pertinente al ruolo. Anna Maria Chiuri nel ruolo della zia principessa, ha disegnato con grande credibilità il personaggio, avvalendosi anche della possanza della sua voce brunita e ben modulata.    Veramente numerose le interpreti che con bravura hanno contribuito tutte alla realizzazione di un allestimento di interesse! Bella l’intuizione al finale di non far apparire come di consueto il bimbo biondo sognato ed agognato, ma di far porgere da una malata di mente ad Angelica un fantoccio, una bambola di pezza che lei, ormai fuor di senno e prossima alla morte accoglie amorevolmente tra le braccia. Come oramai d’abitudine un forte plauso va  al coro del Regio diretto da Claudio Fenoglio ed ai professori d’orchestra tutti, così a come tutto lo staff del teatro. La Musica vince sempre.

Thursday, July 3, 2014

Tosca de Puccini de presentará en el Teatro del Bicentenario de León, México


Domingo 10 de agosto / 18:00 horas

Miércoles 13 de agosto / 20:00 horas

Sábado 16 de agosto / 19:00 horas

http://teatrodelbicentenario.com 

Opera en tres actos con música de Giacomo Puccini (1858-1924) y libre de Luigi Illica (1857 -1919) y Giuseppe Giacosa (1847-1906) basado en el drama La Tosca, de Victorien Sardou. Estreno en el Teatro Costanzi de Roma el 14 de enero de 1900.

El idilio de los amantes Floria Tosca y Mario Cavaradossi pervive en medio de la opresión y la agitación política de la Italia de Moussolini. Estos intentan ayudar a Angelotti, preso político que se ha fugado de la prisión pero todos son descubiertos por el oscuro jefe de la policía el Barón Scarpia, dando pie a un dramático desenlace.

Tosca es considerada una de las  ooperas mas celebres de todos los tiempos por su intensidad dramática y  por la belleza de su música. En ella se entremezclan intensos momentos de amor, pasión y poder. Junto a Madama Butterfly y La Boheme, integra el trio de operas mas conocidas de Puccini.

Nueva producción del Teatro del Bicentenario

Violeta Davalos  Floria Tosca
Andeka Gorrotxategui Mario Cavaradossi
Ruben Amoretti Barón Scarpia
Enrique Órnelas Cesare Angelotti
Orlando Pineda Spoletta
Charles Oppenheim Sacristán
Jehu Sánchez Sciarrone
Jonathan Martínez Carcelero

Carolina Torres Pastorcillo

Orquesta y Coro del Teatro del Bicentenario
Coros del Valle de Señora

Marco Boemi dirección musical
Enrique Singer dirección de escena
Philippe Amand diseño de escenografía  
Víctor Zapatero diseño de iluminación
Carlo Demichelis diseño de vestuario

150 minutos con dos intermedios
*Cantada en italiano, con supertitulaje en español.

$150, $180, $350, $400, $650, $670, $700

Boletos a la venta en taquillas y por el sistema ticketmaster




Wednesday, April 9, 2014

El Teatro del Bicentenario de León México anuncia su temporada de ópera 2014

Como parte de su programa de actividades artísticas 2014, el Teatro del Bicentenario arranca su temporada anual de ópera, una de sus líneas de programación artística más celebradas y esperadas por el público de diferentes partes del país. 

Durante el presente año, se podrá disfrutar de una temporada operística del más alto  nivel, conformada por tres nuevas producciones, propias del Teatro del Bicentenario,  que integran un corpus por demás interesante, conformado por importantes títulos de  la literatura operística, abarcado un periodo desde mediados del siglo XVIII hasta el  inicio del siglo XX. 

Considerada como la magna obra de Giuseppe Verdi, La Traviata será el título  elegido para inaugurar la temporada de este año con tres funciones los próximos días  18, 21 y 24 de mayo. 

Con texto de Francesco Maria Piave, basado en la novela La dama de las camelias, de Alejandro Dumas (hijo), La Traviata es la ópera más representada en los teatros del  mundo en la actualidad. Una obra ubicada por el autor en el París de mediados del siglo  XVIII, que incluye algunos de los fragmentos musicales más sonados dentro del  repertorio operístico, como el célebre Brindis y el aria de gran virtuosismo "Sempre  libera...", interpretada por la protagonista. 

En esta producción, la dirección escénica estará a cargo de Marco Antonio Silva y la  musical bajo la batuta del estadounidense Arthur Fagen. El elenco de solistas contará  con grandes artistas como la soprano georgiana Sophie Gordeladze en el papel  protagónico de Violetta Valéry; el gran tenor mexicano con Jesús León, interpretando  a Alfredo Germont y el también mexicano bajo barítono, Guillermo Ruiz, como Giorgio  Germont; participan además la Orquesta y Coro del Teatro del Bicentenario, así como  otros solistas, actores y bailarines en un gran elenco de más de 100 artistas en escena. 

El siguiente título será Tosca, de Giacomo Puccini, los días 10, 13 y 16 de agosto, la  cual a 113 años de su estreno, es considerada una de las óperas más importantes de  todos los tiempos por su intensidad dramática y por la belleza de su música, mezclando  intensos momentos de amor, pasión y poder. Ópera en tres actos, con música de  Giacomo Puccini y libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en el drama La  Tosca, de Victorien Sardou. Este título, junto a Madama Butterfly y La Bohème, integra  el trío de óperas más populares de Puccini. 

Esta obra maestra de Giacomo Puccini tendrá en el papel protagónico a la soprano  Violeta Dávalos como Floria Tosca, acompañada por el tenor español Andeka Gorrotxategui en el papel de Mario Cavaradossi y al barítono, también español, Rubén  Amoretti, como el Barón Scarpia, bajo la dirección escénica de Enrique Singer y  musical del italiano Marco Boemi. 

Para cerrar la temporada, en conmemoración de los 300 años del nacimiento del  compositor alemán y primer gran reformador de la ópera, Christoph Willibald von  Gluck, el Teatro del Bicentenario se une a las celebraciones mundiales por su natalicio  y presentará los días 7, 9 y 12 de noviembre Orfeo y Eurídice, ópera en tres actos, con  libreto de Raniero di Calzabigi. 

Considerada la obra más importante y limítrofe del repertorio barroco, Orfeo y Eurídice  marca una transición hacia el periodo clásico e influye significativamente en la forma  de composición operística. La presentación de este título marcará un hito en la  historia de nuestro país, ya que nunca antes se ha presentado con instrumentos de  época y músicos especializados en este periodo. A cargo de su realización estarán el  maestro Gabriel Garrido en la dirección musical y Sergio Vela en la escénica. El papel  de Orfeo, será interpretado por el contratenor español Flavio Oliver, y Eurídice, por la  soprano mexicana Anabel de la Mora, participan además bailarines y actores, el Coro  del Teatro del Bicentenario, así como una orquesta multinacional, integrada por  músicos mexicanos especialistas en este repertorio y la orquesta Les Vents Atlantiques,  proveniente de Holanda. 

Los boletos para la ópera La Traviata, de Giuseppe Verdi saldrán a la venta el  próximo martes 8 de abril; para Tosca, de Giacomo Puccini, el martes 27 de mayo; y  para Orfeo y Eurídice, de Christoph Willibald von Gluck el martes 19 de agosto. Las  entradas podrán ser adquiridas tanto en taquillas del Forum Cultural Guanajuato, como  a través del sistema ticketmaster. 

Consulta más información en www.teatrodelbicentenario.com y en las redes sociales  del Teatro del Bicentenario: 

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