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Friday, February 2, 2018

Stabat Mater di Pergolesi - Los Angeles Philharmonic

Foto: Peter Meisel 
Ramón Jacques
La programmazione di opere barocche nella stagione concertistica della Filarmonica di Los Angeles è molto limitata, quasi inesistente, come pure la partecipazione di direttori specializzati nel genere. Nonostante le sue visite siano state distanziate nel tempo, dal debutto locale del 2011, si può dire che Emmanuelle Haïm è la persona in cui l’orchestra confida per prendersi carico di questo programma. La clavicembalista francese, che dirige la maggior parte dei suoi concerti dal suo strumento con carattere e personalità, inietta passione entusiasmo alle sue letture, denotando conoscenza del repertorio e cura minuziosa del dettaglio, e questo concerto non è stata una eccezione. Bene ha risposto l’orchestra, e il risultato generale è stato soddisfacente, il ridotto gruppo di preparati musicisti con strumenti moderni (rinforzati da una tiorba, un secondo clavicembalo, organo, percussioni e ottoni), ha offerto una esecuzione che in alcuni momenti si avvicinava più ad un pezzo sinfonico, un po’ rigida nella dinamica e nei colori, che avrebber richiesto più gusto e sapore. Se ben si intende che la musica barocca non è una priorità delle orchestre, considero che si potrebbe dedicarle più tempo: in ugual modo si gradisce la possibilità di ascoltare dal vivo e in diretta pezzi confinati alla sala di registrazione Il programma del concerto è stato interessante, fedele al suo interesse per la musica vocale e per l’opera  Emmanuelle Haïm ha incluso una selezione di arie e parti orchestrali dall’opera Fairy Queen di Purcell così come il sempre commovente Stabat Mater di Pergolesi, in cui ha intrecciato in modo sottile le voci con un confortante e rilassante suono degli archi, in uno dei più migliori della serata. La scelta dei solisti è stata decisiva, con il controtenore francese Christophe Dumaux con tono brunito nella sua voce, flessibile e comunicativa, e il soprano Laura Claycomb che ha dato intenzione ad ogni nota emessa, inondando la sala da concerto di chiarezza e luminosità. Si è ascoltata anche la Suite per orchestra n. 3 in re maggiore di J. S. Bach, con la celeberrima Aria sulla quarta corda. La serata si è conclusa con una squisitezza, il sempre emotivo duetto Pur ti miro dall’Incoronazione di Poppea di Monteverdi.



Sunday, January 28, 2018

Stabat Mater de Pergolesi - Los Angeles Philharmonic

Foto: Peter Meisel

Ramón Jacques

La programación de obras barrocas en los conciertos de la Filarmónica de Los Ángeles es muy limitada, casi inexistente, como también lo es la participación de directores especializados en el género. Aunque sus visitas han sido espaciadas, desde su debut local en el 2011, se puede decir que Emmanuelle Haïm, es la persona en quien la orquesta confía para hacerse cargo de estos programas. La clavecinista francesa, que conduce la mayor parte de los conciertos desde su instrumento con carácter y personalidad, inyecta pasión y entusiasmo a sus lecturas, en las que denota conocimiento del repertorio y un cuidado minucioso de cada detalle, este concierto no fue no fue la excepción. Si bien la orquesta le respondió, y el resultado general fue satisfactorio, el reducido grupo de competentes músicos con instrumentos modernos (reforzados con tiorba, un segundo clavecín, órgano, percusiones, metales) ofreció una ejecución que por momentos se aproximaba más al de una pieza sinfónica; algo rígida en la dinámica y el color, que requería mayor gusto y sabor. Se bien se entiende que la música barroca no es una prioridad de la orquesta, considero que se podría dedicarle más tiempo; de igual manera se agradece la posibilidad de escuchar en vivo y en directo piezas confinadas a grabaciones. La elección de piezas para el concierto fue interesante, ya que fiel a su interés por la música vocal y la ópera Emmanuelle Haïm, incluyó una selección de arias y partes orquestales de la ópera de “The Fairy Queen” de Purcell, así como el siempre conmovedor Stabat Mater de Pergolesi. en el que entrelazó de una manera muy sutil las voces con un reconfortante y relajante sonido de las cuerdas, en uno de los puntos más sobresalientes del concierto. La elección de solistas fue decisiva, por el aporte del contratenor francés Christophe Dumaux con la tonalidad oscura en su voz, que es flexible y comunicativa; y el de la soprano Laura Claycomb que dio intención a cada una de las notas que emitió y que inundaron la sala de conciertos con claridad y lucidez.  Se escuchó también la Suite para orquesta 3 en re mayor de J.S. Bach, con su muy conocida Aria para la cuerda de sol.  La velada concluyó con un caramelo, el siempre emotivo duo “Pur ti miro pur ti godo” de La Coronación de Popea de Monteverdi.

Thursday, December 19, 2013

Die Fledermaus en la Houston Grand Opera

Foto: Felix Sanchez /  Houston Grand Opera

Carlos Rosas Torres

La Houston Grand Opera, considerada en la actualidad una de las cinco compañías de opera más importantes de Estados Unidos es el teatro que mas operas ha comisionado desde su fundación, contando a la fecha con 47 estrenos mundiales así como las primeras presentaciones estadounidenses de seis operas. Como inicio de su temporada 2013-2014, ofreció dos producciones, Aida y la opereta vienesa de Johann Strauss, Die Fledermaus, que había estado ausente de este escenario por más de treinta años.  La obra fue cantada en una versión en lengua inglesa, al igual que sus diálogos, y la producción encomendada a la directora australiana Lindy Hume, situó el desarrollo de la trama en un apartamento estilo Art Deco de los años 30 en un rascacielos de Manhattan. Los diseños de las escenografias fueron concebidos como Richard Roberts y los elegantes vestuarios de época por Angus Strathie. La idea de Hume, intentó acercar la obra a las antiguas películas de Hollywood, aunque parecía más una serie cómicas de la televisión estadounidense, y aunque desde el punto de vista visual la idea funciono, la comicidad natural que se desprende de la obra y la música, aquí estuvo cargada de innecesarios gags y sobreactuación de los artistas. La orquesta fue guiada por el maestro austriaco Thomas Rösner quien mostró seguridad y extrajo la efervescencia y burbujeante brillantez de la partitura en todo momento, con buena dinámica en los tiempos. Aceptable fue estuvo el desempeño del coro así como de las vivaces coreografías de Daniel Pelzing. El elenco compuesto en su totalidad por cantantes estadounidenses se mostró homogéneo en sus intervenciones. El barítono Liam Bommer fue un extrovertido Eisenstein de elegante y cálida voz, Wendy Bryn Harmer mostró buenas cualidades en su canto rotundo y amplio como Rosalinde, que se complementó bien en sus duetos con Alfred, que aquí fue personificado como un apasionado seductor por el tenor Anthony Dean Griffey, de amplia vocalidad, un poco áspera, pero solida. La soprano Laura Claycomb fue una caprichosa y manipuladora Adele que cantó con claridad y brillantes agudos. Un lujo fue contar con Susan Graham en el papel del Príncipe Orlofsky, la legendaria mezzosoprano dejo constancia de su amplia experiencia escénica y vocalmente se mostró en un nivel superior a los demás. El resto de cantantes y artistas cumplieron de manera adecuada.