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Friday, June 30, 2017

El Rapto en el Serrallo-Teatro alla Scala, Milán

Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo

En este último título antes de la pausa de verano, el Teatro alla Scala recuperó el Rapto en el Serrallo de Mozart con la famosa producción firmada por Giorgio Strehler, que se vio por primera ocasión en el teatro milanés hace 45 años, después de su estreno en Salzburgo.  Este año se cumplen veinte años de la muerte de Strehler como también diez de la de Luca Damiani, encargado de la escena y los vestuarios. Así ha hecho la Scala para conmemorar a estos dos grandes artistas que tanto han dado al teatro de ópera, siempre interesándose en la búsqueda de una verdad escénica con elegancia y fineza, y sobre todo sin nunca haber tenido un desencuentro con el dictado musical. Señalo esto porque hoy el respeto por música de parte de los que montan operas liricas no se da por descontado. Este Rapto, tan esencial en sus líneas, y tan iluminado diría yo, de pocos elementos visibles en escena, como un par de escenarios pintados, y un hermoso cielo como fondo, agradó bastante al público. El uso absolutamente virtuoso de la luz ha inmerso a esta obra de arte mozartiana en un clima de fábula, aunque no infantil. Como subrayaba el propio Strehler “cuando los personajes recitan la comedia se encuentran bajo una luz deslumbrante, mientras que cuando cantan las arias y los duetos, predomina el elemento musical, avanzando hacia el proscenio donde se convierten en siluetas a contraluz” Este juego de luces y sombras dio espesor al espectáculo narrado en este Singspiel, género que fue elevado a alturas inusitadas por Mozart. La dirección orquestal encomendada a Zubin Mehta, grande estimador y conocedor de este título mozartiano, gustó mucho sobre todo por la nitidez de su concertación, por el equilibrio entre el escenario y el foso, y por la corrección de las elecciones agógicas, aunque quizás pecó un poco de falta de teatralidad. El elenco fue dominado por las cantantes femeninas. Lenneke Ruiten encarnó una Konstanze triste pero combativa, cantando con grandísima seguridad aun en los pasajes más intransitables, pero sin perder nunca la preciosidad en el timbre y el calor. Así también, Sabine Devieilhe que personificó una Blonchen despreocupada y picante con un canto prácticamente perfecta en cuanto a emisión y entonación, como también en los sobreagudos.  En un grado inferior, pero siempre confiable estuvo el resto de la compañía de canto.  Los dos tenores Mauro Peter, como Belmonte y Maximilian Schmitt como Pedrillo, cantaron mostrando un adecuado cuerpo tímbrico y una línea vocal siempre musical y cuidada. Tobias Kehrer, nos dio un Osmin simpático y no caricaturesco, bien timbrado en el registro medio grave, aunque no siempre estuvo a punto en el agudo.  El papel de Selim, solo recitado, le fue encomendado a Cornelius Obonya que pareció por su parte no estar resuelto siempre en la búsqueda y la profundidad.  Optimo como siempre, se presentó el coro scaligero dirigido por Bruno Casoni. Al final  muchos aplausos para todos.  

Die Entführung aus dem serail - Teatro alla Scala, Milano


Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano

Massimo Viazzo

In questo ultimo titolo prima della pausa estiva il Teatro alla Scala recupera il Ratto dal Serraglio mozartiano nel famoso allestimento firmato da Giorgio Strehler, approdato per la prima volta nel teatro milanese 45 anni fa, dopo la sua creazione al festival di Salisburgo. Quest'anno ricorrono i vent'anni dalla morte di Strehler e anche i 10 anni da quella di Luca Damiani, autore delle scene e dei costumi. Bene ha fatto dunque la Scala a commemorare questi due grandi artisti che così tanto hanno dato al teatro d'opera, sempre interessati alla ricerca di una verità scenica con eleganza e finezza, e soprattutto senza mai scontrarsi con il dettato musicale. Dico questo perché oggi il rispetto per la musica da parte di chi allestisce opere liriche, non è così scontato.  Questo Ratto, così essenziale nelle sue linee, illuministico direi, con pochi elementi visibili in scena, un paio di quinte dipinte, un bellissimo cielo come fondale, è piaciuto ancora moltissimo al pubblico. L'uso assolutamente virtuosistico delle luci ha immerso questo capolavoro mozartiano in un clima fiabesco seppur non infantile. E come sottolineava lo stesso Strehler "quando i personaggi recitano la commedia sono in luce abbagliante, mentre quando cantano arie e duetti, predominando così l'elemento musicale, avanzano alla ribalta e diventano silhouettes in controluce". Questo gioco di luci ed ombre ha donato spessore alla vicenda narrata in questo Singspiel, genere elevato qui da Mozart a vette inusitate. La direzione orchestrale affidata a Zubin Mehta, grande estimatore e conoscitore di questo titolo mozartiano, é piaciuta soprattutto per la nitidezza della concertazione, per l'equilibrio buca-palcoscenico, per la giustezza delle scelte agogiche, ma forse ha peccato un po' di mancanza di teatralità. Il cast è stato dominato dal reparto femminile. Lenneke Ruiten ha incarnato una Konstanze dolente ma anche combattiva, cantando con grandissima sicurezza anche i passaggi più impervi, senza mai perdere in preziosità timbrica e calore. Così pure Sabine Devieilhe, che ha impersonato una Blondchen sbarazzina e piccante con una vocalità praticamente perfetta in quanto ad emissione e intonazione anche nei sovracuti. Un gradino sotto, ma sempre di grande affidabilità, il resto della compagnia di canto. I due tenori, Mauro Peter nei panni di Belmonte e Maximilian Schmitt in quelli di Pedrillo, hanno cantato mostrando un adeguato corpo timbrico, e una linea vocale sempre musicale e curata. Tobias Kehrer ci ha restituito un Osmin simpatico ma non caricaturale, ben timbrato nel registro medio grave ma non sempre a fuoco in quello acuto. Il ruolo di Selim, solo recitato, affidato a Cornelius Obonya, é parso invece  non sempre risolto con scavo e profondità. Ottimo come sempre il coro scaligero diretto da Bruno Casoni e grandi applausi per tutti. 

Thursday, April 16, 2015

Die Zauberflöte en la De Nationale Opera de Amsterdam

Foto: Hans van den Bogaard

Federico Figueroa

Esta coproducción de Die Zuberflotre en la De Nationale Opera de la English National Opera y el Festival de Aix-en-Provence ya había sido aplaudida en Amsterdam en diciembre de 2012 y por petición popular fue repuesta apenas dos temporadas después. El director escénico inglés Simon McBurney recreó, de forma extraordinaria, el rito iniciático urdido finamente por Schikaneder y Mozart. Su propuesta partió del texto, de la búsqueda del conocimiento, base del ideal de la Ilustración según el cual deberíamos ir de la oscuridad a la luz. Sin dejar pasajes donde la carne también clama por ser atendida. Y McBurney lo presenta cercano, tanto en la forma como en los conceptos. También retoca las partes habladas sin pudor. El monólogo de Sarastro con que se inicia el segundo acto se convierte en una reflexión actual de la crisis general que aún atravesamos. La escenografía (Michael Levine), aparentemente simple, está compuesta por un plano móvil suspendido del techo. La complejidad técnica sorprende por la precisión con que la que maquinaria y artistas se mueven sobre y debajo de ella. La iluminación espléndida de Jean Kalman es otro factor de gran valía, así como las proyecciones de video (Finn Ross). Verdaderamente vale la pena verla, por lo imaginativa, sorprendente y bella. La interacción entre orquesta y escenario en esta propuesta es visible. El primer flauta sube al escenario y también el músico que hace sonar las campanas de Papageno (Glocekenspiel) así como varios músicos que se encargan de hacer los sonidos ambientales. En el podio el maestro Marc Albrecht tuvo una noche inspiradísima al frente del Nederlands Kamerorkest. Su lectura fue ágil, sugerente en todo momento y perfectamente acorde con aquello que ocurría en el escenario. El elenco de  Die Zauberflöte en la De Nationale Opera, brillantemente y homogéneo, desde el tenor Maximilian Schmitt como un Tamino con cuerpo vocal rotundo, seguro en la zona aguda de su registro y magníficamente interpretado hasta la soprano Iride Martínez interpretando a la Reina de la Noche con adherencia al personaje creado por McBurney. Extraordinario el barítono Thomas Oliemans como un exuberante, vocalmente, Pagapego. Espléndida la Pamina delineada por Chen Reiss, cantante elegante y con espesor. El Sarastro de Brindel Sherratt exhibió el volumen de su voz aunque un tanto hierático. Monostato (Wolfgang Ablinger-Sperrhacke ), Papagena (Regula Mülhemann), las tres damas de la Reina de la Noche (Judith van Roij, Silvia de la Muela, Julia Faylenbogen), los tres magníicos niños del Knaben Chor de Dortmund, acertadísimos en sus cometidos, al igual que el coro de la Nationale Nederlnadse. El público aplaudió hasta el delirio a cantantes, orquesta y a la propuesta escénica.


Tuesday, April 1, 2014

La Creazione di Haydn - Lingotto, Torino

Foto: P. Juzzolino

Massimo Viazzo

La lunga militanza nelle fila della musica antica e, soprattutto, una marcata predisposizione verso il repertorio corale hanno dotato Philippe Herreweghe di un bagaglio di conoscenze tecniche specifiche assolutamente straordinario per un direttore d’orchestra. Bastava ascoltare ieri sera all’Auditorium del Lingotto la perfetta articolazione delle frasi musicali da parte del Collegium Vocale Gent nei momenti di più teso contrappunto della partitura (e ciò avveniva con regolarità al termine degli episodi con il coro) per rendersi conto che questa Creazione segnava un punto altissimo nella stagione concertistica torinese. Un coro che canta con un’intonazione esemplare, una piena omogeneità timbrica, una scioltezza disarmante e un fraseggio curato nel minimo dettaglio è quanto di meglio ci si possa attendere in questo repertorio. Merito naturalmente dell’ensemble fiammingo, ma merito principalmente della mano sapiente del suo fondatore, Philippe Herreweghe appunto. Herreweghe ha mostrato di avere una visione cartesiana del capolavoro haydniano. Peraltro, conoscendo le sue idee interpretative, non c’erano dubbi in proposito. Tutto suonava rigoroso (ma mai pesante), limpido e trasparente, e l’Orchestre des Champs-Elysées si è mostrata un complesso duttilissimo - e anche virtuosistico soprattutto per quanto riguarda la sezione dei legni - nel seguire le indicazioni del proprio direttore. Notevoli, ad esempio, per tornitura della frase musicale le introduzioni orchestrali alle arie solistiche eseguite, queste ultime, da un adeguato terzetto di solisti. Interessante per la scolpitura della dizione e l’indubbio carisma teatrale il baritono Rudolf Rosen, dotato di una timbro venato verso il grave di screziature bronzee. Qualche asprezza di accento, invece, la si è notata nella linea di canto proposta dal tenore Maximilian Schmitt, che ha comunque cantato con piglio e vigore. Più anonima, infine, la prova del soprano leggero Christina Landshamer, un po’ in difficoltà con la coloratura e poco fantasiosa in quanto a fraseggio. Grande successo di pubblico e bis dell’ultimo coro dell’oratorio.