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Wednesday, December 28, 2011

Agrippina di Haendel - Opera di Lille

Foto: Opera de Lille

L’Opéra di Lille in coproduzione con l’Opéra di Dijon ha presentato Agrippina l’opera che Haendel scrisse per Venezia nel 1709, ad appena ventiquattro anni. Questo dramma per musica che si distingue principalmente per l’abbondanza e la varietà della sua brillante e raffinata musica combina con una efficenza drammatica l’epica con la tragedia e la commedia. Il successo di questa produzione parte dalla buca orchestrale, dalla mano della giovane direttrice d’orchestra Emmanuelle Haïm, che dal cembalo mostrava autorità e ampia conoscenza del repertorio che la appassiona e con mano sicura, energia contagiava i musicisti della sua orchestra Le Concert d'Astrée   per estrarre il meglio da loro stessi, con un suono omogeneo e compatto, colore e soprattutta un’enorme carica di emotività. Ha brillato particolarmente il soprano Sonya Yoncheva che incarnava il personaggio di una Poppea tentatrice e seducente mostrando un’ammirevole uso pirotecnico della voce dal timbro brillante, leggero e cristallino. A sua volta il soprano Alexandra Coku attuava con eleganza e disinvoltura il ruolo dell’intrigante Agrippina, con voce profusa e penetrante, brillante negli acuti. Renata Pokupić cantava molto bene con timbro scuro da mezzosoprano il ruolo di Nerone ma la sua partecipazione scenica era un po’ anonima. Emotivo e commovente per doti canore e attoriali si mostrava il controtenore Tim Mead Il ruolo dell’ossessionato e nevrotico Claudio era assegnato al basso inglese Alastair Miles che esibiva solidità vocale e buona linea di canto. Scenicamente divertiti e vocalmente corretti sono stati anche il controtenore Pascal Bertin come Narciso e il baritono Riccardo Novaro  come Pallante. Scenicamente il regista Jean-Yves Ruf ha situato la vicenda in epoca moderna, verso gli anni ’50 con abiti eleganti, pochi elementi scenici e alcune trovate ingegnose come quella di mettere un uomo-cane In scena che accompagnava sempre il personaggio principale. Sorprendeva la entusiasta reazione del pubblico, formato da molti giovani, che dimostrava il gusto e la validità che tiene l’opera barocca in Francia. RJ

Monday, December 5, 2011

Agrippina de Haendel - Ópera de Lille, Francia

Foto: Sonya Yoncheva (Poppea) - Gilles Abegg

La Ópera de Lille, en coproducción con la Ópera de Dijon, presentó Agrippina la opera que Handel compuso en Venecia en 1709 con apenas veinticuatro años de edad. Este dramma per musica que se distingue principalmente por la abundancia y la variedad de su brillante y refinada música, combina con eficacia dramática la épica con la tragedia y la comedia.  El éxito de esta producción se gestó en el foso, de la mano de la joven directora Emmanuelle Haïm, quien desde el clavecín mostró su autoridad y amplio conocimiento de un repertorio que le apasiona, y con mano segura y energía contagió a los músicos de su orquesta Le Concert d'Astrée para dar lo mejor de si mismos, y extrajo un sonido compacto, uniforme y colorido, pero sobretodo cargado de gran emotividad. Sobresalió particularmente la soprano Sonya Yoncheva quien encarnó el personaje de una  tentadora y seductora Poppea, mostrando un admirable manejo pirotécnico de la voz y un timbre brillante, ligero y cristalino.  A su vez, la soprano Alexandra Coku actuó con elegancia y desenvoltura al personaje de la intrigante Agrippina, a la que dotó de una voz profusa y penetrante, brillante en los agudos. Renata Pokupić cantó muy bien con su oscuro tono de mezzosoprano el papel de Nerón pero su participación escénica fue un poco anónima.  Emotivo y conmovedor por canto y actuación, se mostró el contratenor Tim Mead. El papel del obsesionado y neurótico Claudio fue confiado al bajo ingles Alastair Miles quien exhibió solidez vocal y buena línea de canto. Escénicamente divertidos y vocalmente correctos estuvieron el contratenor Pascal Bertin, como Narciso, y el barítono Riccardo Novaro como Pallante.  Escénicamente, el director de escena Jean-Yves Ruf, situó la obra en una época moderna, cercana a los años 50s, con elegantes vestuarios, pocos elementos en escena y algunas ingeniosas ocurrencias, la mas notable la de colocar a un hombre-perro o bestia en escena que acompañó en toda la función al personaje principal. Sorprendió la entusiasta reacción final mostrada por el público, en su mayoría conformado por jóvenes, lo que demuestra el gusto y la vigencia que tiene la opera barroca en Francia. RJ

Thursday, December 16, 2010

Conciertos de la Orquesta Sinfónica de Boston

Fotos: Stu Rosner
Lloyd Schwarz
La Orquesta Sinfónica de Boston celebró otro bicentenario, el de Robert Schumann (quien nació solo tres meses después que Chopin), con tres programas dedicados a interpretar sus cuatro sinfonías, y con otra celebridad, el pianista brasileño Nelson Freire, quien ejecutó el único concierto para piano de Schumann. El director invitado de ochenta y tres años de edad Kurt Masur dirigió enérgicas, aunque cromáticas y mono dinámicas (todas en mezzaforte) ejecuciones. Las sinfonías de Schumman con su gruesa textura orquesta, en verdad se benefician de tener primeros y segundos violines en lados opuestos del escenario – como se acomodaban en el tiempo de Schumann y como acostumbra hacerlo James Levine. Masur mantuvo ambas secciones juntas, y así, la primera (primavera) de Schumann y la cuarta, y la crucial interacción en el concierto, sonaron golpeadas y pesadas. Freire, que normalmente es un elocuente intérprete de exquisito tono, sonó extrañamente poco comunicativo, y más apagado que poético.

La orquesta también incluyó un programa de mucha imaginación con Rafael Frühbeck de Burgos quien condujo una suite del oratorio de Manuel de Falla La Atlàntida, una fascinante y austera partitura que tuvo momentos de extraordinario canto, en catalán, por parte de la soprano Alexandra Coku, como la reina Isabel, la mezzo Nathalie Stutzman como Pirene (reina de los pirineos), el barítono Philip Cutlip como el narrador, y el niño soprano Ryan Williams (como el joven Colon), y con el sobresaliente trabajo del espectacular coro Tanglewood Festival Chorus. Una semana antes David Robertson condujo la sinfonía de Doctor Atomic de John Adams, una orquestación de pasajes de su controvertida opera. La mejor musica en la sinfónica resulta ser la mejor de la opera – cuando Oppenheimer canta el soneto “Batter my heart” de John Donne- y un brillante solo de trompeta (el profundamente musical Thomas Rolfs).

Tanto los músicos como el público parecieron apreciar más los pasajes más banales. A Brahms no le fue tan bien bajo la dirección de Frühbeck (Sinfonía 2) y con Robertson (Sinfonía Trágica). La siniestra suite del Milagroso Mandarin de Bartók, una especialidad de esta orquesta, estuvo mejor y solo tuvo una reacción dividida con el frío Nicolas Hodges, un especialista de música contemporánea, en el concierto para piano 2 de Prokofiev. El pianista Christian Zacharias dirigiendo dos sinfonías de Haydn, la gran 95 y la elegante 80 (que esta orquesta solo había ejecutado una vez en 1944), y desde el piano, dos relativamente oscuros conciertos de Mozart, el 15 y el 16, quienes cuelgan sobre la fascinante serie de grandes conciertos de Mozart. Estas ejecuciones fueron bien articuladas, con chispa, y para una orquesta de instrumentos modernos, relativamente ligeras.