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Tuesday, August 30, 2011

Wozzeck de Alban Berg en la Opera de Santa Fe, NM

Fotos: Richard Paul Fink (Wozzeck), Nicola Beller Carbone (Marie) - Copyright Ken Howard / Santa Fe Opera

RJ- Desde su fundación en 1957, la Opera de Santa Fe se ha convertido en el festival de opera veraniego mas importante de Norteamérica, ya que además de que ahí se representan obras conocidas de repertorio, se han realizado diversas premieres americanas de operas contemporáneas, operas poco conocidas y estrenos mundiales. Además, Santa Fe es un importante centro de creación de producciones escénicas y sobretodo de talento, ya que de su programa de jóvenes cantantes han surgido importantes nombres como: Sherill Milnes, James Morris, Samuel Ramey, Neil Shicoff, Chris Merritt, entre tantos otros. Asistir a una representación en este teatro semi-abierto, en medio de las montañas y el desierto, con la noche estrellada, el canto de los grillos, incluso fuertes tormentas de lluvia, es una experiencia verdaderamente sugestiva. Después de diez años de ausencia, Wozzeck se repuso con la sencilla y dinámica realización de Robert Innes Hopkins  quien situó la trama en los inicios del siglo XX y con paneles movibles de madera dio continuidad a cada una de las escenas.
La resplandeciente iluminación en vivos colores, como el rojo y claroscuros, cargaron aun más de intensidad y conmoción la escena. La intención del director escénico ingles Daniel Slater fue la de contar la historia desde la visión del personaje principal, en una atmosfera en la que se sintió observado, sofocado y oprimido por todo y por todos los que lo rodean, incluido el publico, y por un doble o mimo, como una especie de alusión a la muerte y la esquizofrenia, que lo persiguió constantemente. El papel del antihéroe alucinado, fue interpretado con buen rendimiento histriónico por el barítono Richard Paul Fink y con la energía vocal de su resonante timbre de buen metal. La soprano Nicola Beller Carbone delineó con credibilidad una sensual y enérgica Marie, a la que dio penetración dramática con su canto de brillante y clara voz, apropiado volumen y fraseo. Correctos estuvieron Robert Brubaker por su neurasténico y déspota Capitán; el bajo-barítono Eric Owens por su solidez vocal como el Doctor; así como Stuart Skelton en el papel del tambor mayor y Patricia Risley como Margret. Buena fue la prueba de David Robertson quien al frente de la orquesta evidenció los contrastes de la partitura así como su plenitud timbrica y sonora construyendo una tensión controlada.

Thursday, December 16, 2010

Conciertos de la Orquesta Sinfónica de Boston

Fotos: Stu Rosner
Lloyd Schwarz
La Orquesta Sinfónica de Boston celebró otro bicentenario, el de Robert Schumann (quien nació solo tres meses después que Chopin), con tres programas dedicados a interpretar sus cuatro sinfonías, y con otra celebridad, el pianista brasileño Nelson Freire, quien ejecutó el único concierto para piano de Schumann. El director invitado de ochenta y tres años de edad Kurt Masur dirigió enérgicas, aunque cromáticas y mono dinámicas (todas en mezzaforte) ejecuciones. Las sinfonías de Schumman con su gruesa textura orquesta, en verdad se benefician de tener primeros y segundos violines en lados opuestos del escenario – como se acomodaban en el tiempo de Schumann y como acostumbra hacerlo James Levine. Masur mantuvo ambas secciones juntas, y así, la primera (primavera) de Schumann y la cuarta, y la crucial interacción en el concierto, sonaron golpeadas y pesadas. Freire, que normalmente es un elocuente intérprete de exquisito tono, sonó extrañamente poco comunicativo, y más apagado que poético.

La orquesta también incluyó un programa de mucha imaginación con Rafael Frühbeck de Burgos quien condujo una suite del oratorio de Manuel de Falla La Atlàntida, una fascinante y austera partitura que tuvo momentos de extraordinario canto, en catalán, por parte de la soprano Alexandra Coku, como la reina Isabel, la mezzo Nathalie Stutzman como Pirene (reina de los pirineos), el barítono Philip Cutlip como el narrador, y el niño soprano Ryan Williams (como el joven Colon), y con el sobresaliente trabajo del espectacular coro Tanglewood Festival Chorus. Una semana antes David Robertson condujo la sinfonía de Doctor Atomic de John Adams, una orquestación de pasajes de su controvertida opera. La mejor musica en la sinfónica resulta ser la mejor de la opera – cuando Oppenheimer canta el soneto “Batter my heart” de John Donne- y un brillante solo de trompeta (el profundamente musical Thomas Rolfs).

Tanto los músicos como el público parecieron apreciar más los pasajes más banales. A Brahms no le fue tan bien bajo la dirección de Frühbeck (Sinfonía 2) y con Robertson (Sinfonía Trágica). La siniestra suite del Milagroso Mandarin de Bartók, una especialidad de esta orquesta, estuvo mejor y solo tuvo una reacción dividida con el frío Nicolas Hodges, un especialista de música contemporánea, en el concierto para piano 2 de Prokofiev. El pianista Christian Zacharias dirigiendo dos sinfonías de Haydn, la gran 95 y la elegante 80 (que esta orquesta solo había ejecutado una vez en 1944), y desde el piano, dos relativamente oscuros conciertos de Mozart, el 15 y el 16, quienes cuelgan sobre la fascinante serie de grandes conciertos de Mozart. Estas ejecuciones fueron bien articuladas, con chispa, y para una orquesta de instrumentos modernos, relativamente ligeras.

Monday, June 8, 2009

The Rake´s Progress en el Teatro alla Scala de Milan

Foto: M. Brescia - Archivio fotografico Teatro alla Scala.

Massimo Viazzo

Un cielo terso e infinito cubre a Anne y a Tom, tiernamente sentados sobre un plaid rojo conversando. Los espacios son amplios, la naturaleza parece quieta, pero la serenidad del paisaje se rompe con la presencia de una bizarra maquinaria negra, oscilante y en continuo movimiento. Parece un pozo petrolífero, quizás la fuente de ingresos de la familia Truelove, pero en vez del 'oro negro' la exclamación de Tom “I wish I had money” hace que del fondo de la tierra aparezca nada menos que el diablo en persona, Nick Shadow. Tom encuentra así la fortuna, en un saco de dinero (Shadow le cuenta sobre una extraña herencia) que le cambiara el destino y lo llevará a la ruina. Este es en síntesis el inicio de The Rake’s Progress con la notable producción escénica firmada por Robert Lepage, que llegó al Teatro Alla Scala de Milán con la reposición de Sybille Wilson. El regista canadiense explotó cada posibilidad de la dramaturgia de la multiforme obra maestra stravinskiana y con nuevas y graciosas ideas, encontró la forma de conducir a buen puerto un espectáculo agradabilísimo sin bajarle la tensión. La televisión es el motivo conductor de esta puesta escénica (y parecería ser un “chiodo fisso” -el deseo- también del propio Stravinski), por lo que se veía a Shadow filmando con una cámara de televisión todas las empresas de Tom Rakewell en el burdel de Mother Goose (y parecería que estábamos en el Truman Show). También fue la propia TV, la que simboliza el gran ‘engaño’ de la máquina de pan en el segundo acto. Aun la locura de Tom / Adonis en el ultimo acto se cristalizó justo en la pantalla televisiva, con la ulterior presencia de un inquietante ‘ojo’ orwelliano. Muchas son las cosas para recordar, los clavados en la piscina, Tom y Mother Goose literalmente chupándose en una cama con forma de corazón, o la inquietante partida de cartas con final pirotécnico al ‘neón’ y la loca carrera en automóvil en la noche de Anne. Pero este no es un espectáculo que pueda ser relatado, pero se aconseja calurosamente a todos los lectores no dejarlo escapar si igualmente les sucediera. Muy bueno fue el desempeño vocal. En particular señalaría al protagonista Andrew Kennedy de timbre homogéneo con cuerpo, y escénicamente sin prejuicios, así como a Emma Bell, una Anne generosa y apasionada (muy aplaudida en su difícil aria con cabaletta que concluye el primer acto, aunque su do agudo fue emitido con prudencia). William Shimell interpretó el papel del ‘malo’ con gran carisma teatral (pero cabe señalar que todos los interpretes en esta producción deben elogiarse por su preparación escénica fuera de lo común), pero con una vocalidad un poco falta de homogeneidad. La desbordante Baba de Natascha Petrinsky, la sensual Mother Goose de Julianne Young, el Sellem, un poco debilucho de Donald Byrne y el paternal Trulove de Robert Lloyd completaron un elenco que en grupo estuvo muy equilibrado. El débil eslabón de la cadena fue la dirección de David Robertson, un poco entorpecida (algunas acometidas, sobre todo en la primera parte del espectáculo sonaron verdaderamente sucias) y conducida de manera poco penetrante. El coro de jóvenes y de las prostitutas (en la segunda escena del primer acto), o al inicio del tercer acto (escena del asta) pareció verdaderamente estar muy controlado.

Sunday, June 7, 2009

The Rake´s Progress - Teatro alla Scala, Mlano

Foto: Brescia - Teatro alla Scala Milano
Massimo Viazzo

Un cielo terso e infinito sovrasta Anne e Tom, teneramente seduti su un plaid rosso a conversare. Gli spazi sono ampi, la natura pare quieta, ma la serenità del paesaggio è scalfita da uno bizzarro marchingegno nero basculante. Sembra un pozzo petrolifero, forse la fonte di guadagno della famiglia Truelove, ma invece dell’ “oro nero” all’esclamazione di Tom “I wish I had money” dalle viscere della terra apparirà nientemeno che il diavolo in persona, Nick Shadow. Tom trova così la fortuna, un sacco di quattrini (Shadow gli racconta di una strana eredità..) che gli cambieranno il destino e lo condurranno poco alla volta alla rovina. Ecco in sintesi l’inizio di The Rake’s Progress nel noto allestimento firmato da Robert Lepage approdato al Teatro alla Scala di Milano nella ripresa curata da Sybille Wilson. Il regista canadese sfrutta ogni possibilità fornitagli dalla drammaturgia del multiforme capolavoro stravinskijano e con idee e trovate sempre nuove e stuzzicanti riesce a condurre in porto uno spettacolo godibilissimo, senza cali di tensione. E’ la televisione il motivo conduttore di questa regia (e pare che fosse un “chiodo fisso” anche dello stesso Stravinskij). Si vedrà così Shadow filmare dalla telecamera tutte le imprese di Tom Rakewell nel bordello di Mother Goose (siamo al Truman Show?). Sarà la TV stessa a simboleggiare il grande “inganno” della macchina del pane nel secondo atto. Ed ancora la pazzia di Tom/Adonis nell’ultimo atto troverà la sua cristallizzazione proprio sullo schermo televisivo, con una ulteriore presenza di un inquietante “occhio” orwelliano. Moltissime le cose da ricordare: i tuffi in piscina, Tom e Mother Goose letteralmente risucchiati da un letto a forma di cuore, oppure l’inquietante partita a carte con finale pirotecnico al “neon” e ancora la folle corsa in automobile nella notte di Anne.. Ma questa non è uno spettacolo che può essere raccontato. Consiglio caldamente tutti i lettori di non lasciarselo scappare se capitasse dalle proprie parti! Molto buona la resa vocale. In particolare segnalerei il protagonista Andrew Kennedy dalla timbrica omogenea, corposa e scenicamente intraprendente, e Emma Bell, una Anne generosa ed appassionata (molto applaudita la sua difficile aria con cabaletta che chiude il primo atto, anche se il suo Do acuto è stato emesso con prudenza). William Shimell ha interpretato il ruolo del “cattivo” con grande carisma teatrale (ma tutti gli interpreti di questa produzione sono da lodare per la preparazione scenica fuori dal comune), ma una vocalità un po’ disomogenea. La debordante Baba di Natascha Petrinsky, la sensuale Mother Goose di Julianne Young, il Sellem un po’ deboluccio di Donal Byrne ed il paterno Trulove di Robert Lloyd completavano un cast nel complesso molto equilibrato. Anello debole della catena la direzione di David Robertson un po’ impacciata (qualche attacco, soprattutto nella prima parte dello spettacolo, è suonato veramente sporco) e condotta con poco mordente. Il coro dei giovani e delle prostitute (seconda scena del primo atto) o l’inizio del terzo atto (scena dell’asta) sono parsi davvero troppo compassati.