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Monday, April 21, 2025

El Elixir de Amor en Rovigo, Italia

Foto: Loris Blaviero

Athos Tromboni

Se dice que la provincia podría salvar el mundo de la ópera; y volver a proponer el retorno a una teatralización del género lirico fuera de los psicodramas inventados y de las fugas oníricas dentro de la provocación, devolviendo la dramaturgia a un género museístico (la ópera es, precisamente, un género de museo, pero vivo y vivaz) su significado indiscutible. La provincia, se dice, representa a la inmensa mayoría del pueblo de los melómanos -cualquiera que considere este sustantivo (melómanos),  un término ofensivo, o incluso un atributo de una categoría de "queridos cadáveres" enamorados de notas altas que se elevan más allá del do del pecho, es presa de sustituciones irritantes- y por esta verdad estadística se puede decir que la provincia es la muestra representativa del universo:  si, esto es cierto (y en verdad que lo es) escenarios como el Teatro Sociale de Rovigo o el Luglio Musicale Trapanese, así como el Teatro Sociale de Como o el Teatro Pergolesi de Jesi, y muchos otros pequeños teatros, analizados por la reacción del público ante un montaje operístico valen tanto como en los grandes templos de la ópera italiana y del extranjero. Con la diferencia de que representan -como provincia- a la mayoría de los amantes de la ópera, que son en definitiva los que contribuyen a dar vida al género museístico fuera del museo y dentro de la vida cotidiana. Esta reflexión, expuesta aquí como prólogo, maduró durante la representación de L'elisir d'amore de Gaetano Donizetti representada en Rovigo, en un teatro abarrotado de butacas de todo orden y durante mucho tiempo aclamando a todo el elenco y al director al final del espectáculo. Fue un testimonio de que la ópera, cuando se escenifica en su veracidad esencial, toca los sentimientos de la gente más que nunca. Sí, porque la Ópera no es sólo el ejercicio de una actividad cultural, sino también el ámbito de la pasión popular. En todo tiempo y en todo lugar; en todos los regímenes y en todas las democracias; en todos los entornos donde hoy toma forma (teatro, cine, radio, televisión, streaming por internet, etc.) desde que se "inventó". Pero, sobre todo, el teatro conserva (y debe preservar) su ámbito de pasión popular, animando al público, en lugar de desalentarlo con elzevires de producciones que distorsionan sus contenidos cuando toleran -sí, toleran, es la palabra justa- la música, pero deforman la actuación que le pertenece como inseparable. Ahora hablando de este Elixir de Rovigo, que hizo vibrar al público: se trató de la puesta en escena histórica del director Bepi Morassi, concebida para el Teatro La Fenice de Venecia en el 2003, y que luego fue renovada con algunos "injertos escénicos" pero originales en el 2010, como Morassi quiso señalar en la presentación del espectáculo realizada en el Ridotto del Sociale una hora antes del espectáculo. Una puesta en escena que ha conservado los trajes históricos, aunque ficticios, realizados por Gianmaurizio Fercioni, y aunque tal vez no era el ambiente rural del siglo XVIII como en el libreto de Felice Romani, tomado de la obra francesa Le Philtre de Eugéne Scribe musicalizada por Daniel Auber un año antes que Donizetti; pero, en cualquier caso, sugería el ambiente de una aldea rural y un ambiente militar del siglo XVIII. Las escenografías fueron sobrias y esenciales, y en ocasiones mostraban fondos pintados, retomados y rehechos de acuerdo a la puesta en escena original del Teatro Cannobiana de Milán cuando L'elisir d'amore se representó por primera vez en 1832 (Gaetano Donizetti tenía entonces 35 años). Las acertadas luces de Andrea Benetello contribuyeron de manera notable a la sugestión escénica. Los movimientos coreográficos de Bárbara Pessina daban esa vivacidad propia de la commedia dell'arte y de la mejor opereta tradicional. En resumen, fue un espectáculo ameno, fresco, y en línea con el tema de la obra, tan a menudo divertido y cómico, e igual de sentimental y (por decirlo en francés) larmoyante. En este escenario ideal todos los cantantes dieron lo mejor de sí mismos: empezando por el tenor Liparit Avetisyan (Nemorino) que resultó ser un excelente actor, o un  caratterista (actor de carácter) igualmente notable y, sobre todo, un tenor bel cantista que sabe destacar en la zona aguda y super aguda sin desafinar ni desentonar. Su interpretación del personaje principal de la ópera fue asombrosa, tanto que por el furor popular tuvo que repetir el aria de la "Furtiva lagrima" Además del tenor estuvo la talentosa Giulia Mazzola (Adina) que reveló como una belcantista de elección, además de pintorescamente vivaz y creíble. Toda su interpretación fue digna de elogio, sobre todo, por el canto mostrado en el aria "Prendi per me sei libero" y por su continuación con el aria "Ah! fu con te verace" donde el final se convierte en una deslumbrante serie de vocalizaciones -casi un sillabato- sobre la frase "il mio rigor dimentica" verdadero pico del virtuosismo sopranil de todos los tiempos: Mazzola estuvo soberbia, y obviamente abrumada por los aplausos y ovaciones del público a escena abierto. Optimo estuvo el Belcore del barítono William Hernández, con una voz potente y oscura que, con el tiempo, con la práctica y en los años venideros, sin duda dará como resultado registros graves dramáticos, porque la voz y el cuerpo se prestan.  Vivaz escénicamente y muy musical fue el canto de Matteo Torcaso llamado veinticuatro horas antes de la función para sustituir al anunciado Daniel Giulianini que se enfermó: Torcaso es un basso cantante de color claro, que ha demostrado que puede adaptarse bien a los papeles de carácter o ruoli di carattere como (Don Bartolo, Don Basilio, Don Pasquale, tal vez incluso Falstaff): como intérprete de bel canto, de hecho, posee una voz que, en mi opinión, nunca resultará dramática se predice para su colega Hernández. Por último, pero no menos importante, la joven Judith Maria Duerr, tiene una importante voz de soprano que debe cultivar, ella dio a la figura de Giannetta el aspecto de un personaje no de acompañamiento, sino de protagonista de las escenas que le conciernen; también para ella una predicción: en su carrera estarían Tosca y Aida, y quien vivirá lo verá. Muy bien estuvo el Coro Lirico Véneto preparado por Matteo Valbusa. Por su parte, el director Bepi Morassi también se encargó de los figurantes y mimos que de vez en cuando invadían el escenario, contribuyendo al efecto de alegría que impregnaba toda la puesta en escena. Optima fue la concertación del maestro Gerardo Felisatti genius loci (ya que es de Rovigo) en el podio de una buena Orchestra Regional Filarmonia Veneta. El público, como dijimos, estuvo en éxtasis, gracias a Donizetti y (si se nos permite) a Bepi Morassi.






Sunday, December 13, 2015

Dafne de Antonio Caldara en Venecia, Italia

Francesco Bertini

Durante el festival Lo spirito della musica di Venezia, el Teatro La Fenice organizó una serie de concertos que ofrecen un repertorio poco conocido o casi nunca interpretado. Tal es el caso de la producción operística de Dafne. La obra de Antonio Caldara, le da luz a un compositor a un compositor actualmente desconocido.  Su actividad fue en los años venecianos posteriores al periodo romano y la consagración vienesa donde obtuvo el encargo de vice maestro de Cappella di Sua Maestà Cesarea e Cattolica. La obra mitológica pertenece a la etapa madura de la actividad de Caldara, quien concluyó la partitura en julio de 1719, que está basada en un libreto del abad Giovanni Biavi, y fue representada el 4 de octubre de 1719 en Salzburgo con la presencia del arzobispo Fran Anton von Harrach, a quien fue dedicada.  La producción de la Fundación Teatro La Fenice, en colaboración con la Fundación Musei Civici di Venezia,  fue dirigida por Bepi Morassi y afianzada con los bellos vestuarios de Stefano Nicolao.  La Sala dello Scrutinio del imponente Palacio Ducal fue una marco espectacular para la producción que se realizó sobre plataformas, donde se colocaron maquinas alineadas y manejadas con la mano, que era reproducciones  de modelos originales. El aspecto ‘fantástico” particularmente apreciado entre el siglo diecisiete y dieciocho se introdujo a la perfección en la locación lo que dio frescura a toda la representación. El elenco vocal fue respetable con una Francesca Aspramonte quien puso al servicio de dos papeles, el de Dafne y el de Venere, una voz dúctil y una interpretación atenta al fraseo y a la presencia escénica.  Optimo fue el desempeño de Carlo Vistoli, contratenor que cantó la parte de Febo con técnica envidiable, unida y homogeneidad en toda la gama vocal. El barítono Renato Dolcini como Peneo y Giove evidencio potencial con ambos personajes. El único que mostró alguna dificultad fue el tenor canadiense Kevin Skelton, intérprete de Aminta y Mercurio con dicción oscura y algunos problemas con la tesitura que comprometieron en parte la línea canora. El aporte de Stefano Montanari, guiando a la Orquesta Barroca del Festival, resultó ser valida.  El director, quien también toco el violín, captó el sentido de la narración, dándole al espectáculo fluidez y una constante atención para desenmarañar la historia.  Su lectura, mas allá de dar frescura al lengua barroco, estimuló una profunda atención gracias a sus constantes y personales búsquedas de ejecución. 

Dafne di Antonio Caldara - Palazzo Ducale, Sala dello scrutinio, Venezia

Francesco Bertini

Durante il festival Lo spirito della musica di Venezia, il Teatro La Fenice organizza una serie di concerti che affrontano un repertorio spesso poco noto o addirittura mai eseguito. È il caso della produzione operistica di Dafne. Il titolo, composto da Antonio Caldara, getta luce su un autore attualmente misconosciuto. La sua attività è tutt’altro che secondaria: agli anni veneziani succede il periodo romano e la consacrazione viennese, dove ottiene l’incarico di vicemaestro di Cappella di Sua Maestà Cesarea e Cattolica. La vicenda mitologica appartiene alla fase matura dell’attività di Caldara: terminata nel luglio 1719, la partitura, basata sul libretto dell’abate Giovanni Biavi, viene rappresentata il 4 ottobre 1719 a Salisburgo, alla presenza del dedicatario, l’arcivescovo Franz Anton von Harrach. Il nuovo allestimento della Fondazione Teatro La Fenice, in collaborazione con la Fondazione Musei Civici di Venezia, è affidato alle cure registiche di Bepi Morassi, affiancato, per i bellissimi e sfarzosi costumi, da Stefano Nicolao e, per la realizzazione dell’impianto scenico, da Gli Impresari. La Sala dello Scrutinio dell’imponente Palazzo Ducale offre una cornice spettacolare alla produzione che si svolge perlopiù su pedane, dove sono disposte macchine lignee, azionabili a mano, riprodotte sulla base dei modelli originali. L’aspetto “fantastico”, particolarmente apprezzato tra Seicento e Settecento, si inserisce a perfezione nella location donando freschezza all’intera rappresentazione. Il cast vocale è di tutto rispetto. Francesca Aspromonte mette al servizio dei due ruoli di Dafne e Venere la voce duttile e l’interpretazione attenta al fraseggio e alla presenza scenica. Ottima pure la prestazione di Carlo Vistoli, controtenore cui è affidata la parte di Febo. L’artista palesa tecnica invidiabile, unita a omogeneità in tutta la gamma vocale. Il baritono Renato Dolcini, Peneo e Giove, evidenzia le potenzialità del proprio strumento morbido, espressivo e perfettamente in sintonia con entrambi i personaggi. L’unico a manifestare qualche difficoltà è il tenore canadese Kevin Skelton, interprete di Aminta e Mercurio. La dizione oscura e alcuni problemi al cospetto della tessitura compromettono in parte la linea canora, pur attenta a cogliere gli aspetti fondamentali del dramma pastorale. L’apporto di Stefano Montanari, alla guida dell’Orchestra Barocca del Festival, risulta più che valido. Il direttore, impegnato, in questo caso, anche come violinista, coglie il senso della narrazione, assicurando allo spettacolo una fluida scorrevolezza e una costante attenzione al dipanarsi dell’intreccio. La sua lettura, oltre a portare una ventata di freschezza nel linguaggio barocco, stimola una profonda attenzione grazie alle costanti e personalissime trovate esecutive. Il pubblico, accorso nonostante la temperatura sfavorevole, mostra di apprezzare l’operazione e l’idea di valorizzare luoghi storici unici al mondo.