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Tuesday, April 24, 2012

Cosi Fan Tutte en el Teatro Regio de Turín

Foto: Ramella&Giannese- Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone

Così fan tutte, ossia La scuola degli amanti fue la ultima de las tres operas del compositor de Salzburgo con libreto de Lorenzo da Ponte, cuya primera representación fue en el Burgtheater de Viena el 26 de enero de 1790. La opera, considerada frecuentemente algo mas que una farsa revestida de agradable música se concretiza en un evento hecho de intrigas amorosas y artimañas artificiales que conducen a un final completamente respetuoso de la conveniencias “de fachada” que contenta a los “bien pensados” con un final feliz sin problemas. De cualquier forma la opera es siempre divertida, y muy agradable para ser escuchada, y aun en tiempos difíciles, hace estar de buen humor. Vittorio Borrelli retomó la dirección originalmente firmada por Ettore Scola, la cual demuestra todos los años que tiene. Borrelli la aligeró un poco y meritoriamente la hizo más brillante. En la opera enfocada en cinco personajes hubo un ir y entrar de figurantes y coristas sobre la escena de Luciano Riccerri, de por si rica con una pintura napolitana del siglo dieciséis, además se remarcó el carácter napolitano de la opera con la clase de los vestuarios de Odette Nicoletti, algunas tazuelas y café que tomaban los personajes, y la sobria pero bien utilizada iluminación de Andrea Anfossi. La valida orquesta del Regio fue dirigida por un atento Christopher Franklin que apuntó con éxito todas sus bien calibradas energías hacia el resultado musical y vocal. El coro en sus pocas intervenciones, resultó impregnado y calibrado con la habitual y precisa dirección de Claudio Fenoglio. Fiordiligi fue interpretada por Carmela Remigio quien se lanzó en agilidad y agudos centelleantes así como en tristes recitativos. Laura Polverelli vistió el papel de Dorabella con la habitual seguridad interpretativa que obtiene de una rica paleta de colores. Ambas consolidadas y afirmadas interpretes internacionales de sus respectivos papeles, dieron lo mejor de la opera mozarteana. Marco Nisticò fue un Guglielmo con voz de timbre bronceado y persuasivo y buena prestancia escénica. Ferrando encontró en Andrew Kennedy un buen interprete de vocalidad apropiada, sabiamente utilizada en los diversos registros.  Bien combinados, los dos intérpretes masculinos ofrecieron una apreciable prestación vocal y actoral.  Barbara Bargnesi impartió una “lección de vida de acuerdo a Despina” con la desenvoltura física y la agilidad vocal que el papel pretende.  Carlo Lepore hizo su parte como si estuviese vestido con la piel del personaje.  Con voz profunda y ágil, movimientos y comportamientos bufos, utilizó la mejor técnica para recordar que ‘Belle o brutte..così fan tutte’. El espectáculo fue en general agradable, enriquecido por el elenco y una dirección de óptimo nivel. !La musica vence siempre!.

Friday, April 20, 2012

Così fan tutte - Teatro Regio di Torino



Foto: Ramella&Giannese - Copyright Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone

Così fan tutte, ossia La scuola degli amanti è l’ultima delle tre opere italiane scritte dal compositore salisburghese su libretto di Lorenzo da Ponte, la cui prima rappresentazione fu al Burgtheater di Vienna il 26 gennaio 1790. L’opera, sovente considerata solo poco più di una farsa rivestita di piacevole musica si concretizza in una vicenda molto nota fatta di intrighi amorosi e di espedienti  artificiosi che conducono comunque ad un finale completamente rispettoso delle convenienze  ‘di facciata’, accontentando ‘i ben pensanti’ con un non problematico lieto fine. In ogni caso l’opera è sempre divertente,  molto gradevole all’ascolto e pur in tempi non facili,  mette di buon umore !!! Vittorio Borrelli riprende la regia  originariamente firmata da Ettore Scola,  la quale  dimostra ore tutti gli anni che ha. Borrelli la alleggerisce  un po’ e meritevolmente la rende  più frizzante. L’opera  imperniata solo su cinque personaggi vede un andirivieni di figuranti e di coristi a riempire la scena di  Luciano Ricceri di per se già  ricca quanto un dipinto napoletano del ‘700. A rimarcare la napoletanità dell’opera, la ridondante classicità dei costumi di Odette Nicoletti ed alcune “tazzuelle ‘e caffè” sorseggiate dai personaggi. Luci sobrie, ma ben utilizzate di Andrea Anfossi.




La valida orchestra del Regio è diretta da un attento e non auto celebrativo  Christopher Franklin  che indirizza tutte le sue ben calibrate energie verso il risultato  musicale e vocale, riuscendoci. Il Coro, nei pochi interventi, risulta pregnante e calibrato con la consueta precisa direzione di Claudio Fenoglio. Fiordiligi è interpretata da  Carmela Remigio che si lancia in agilità ed acuti scintillanti così come in accorati recitativi. Laura Polverelli veste i panni di Dorabella con la consueta sicurezza interpretativa che attinge da una ricca tavolozza di colori. Entrambe consolidate ed affermate interpreti internazionali dei rispettivi ruoli, danno il meglio atteso per l’opera mozartiana. Marco Nisticò è Guglielmo: voce  timbricamente brunita e suadente con buona  prestanza scenica . Il personaggio di Ferrando trova in Andrew Kennedy un buon interprete: vocalità appropriata e saggiamente utilizzata nei vari registri. Ben assortiti ed opportunamente affiancati i due interpreti maschili offrono una  apprezzata prestazione vocale ed attoriale. Barbara Bargnesi  impartisce ‘le lezioni di vita secondo Despina’, con la spigliatezza fisica ed agilità vocale che il ruolo pretende. Carlo Lepore è calato nella parte come se ne vestisse la pelle cucita addosso. Voce profonda eppur agile, movenze ed atteggiamenti buffi, utilizza la miglior tecnica per ricordare che ‘Belle o brutte..così fan tutte’. Spettacolo nell’insieme gradevole, ancor più impreziosito dal cast e dalla direzione di ottimo livello. La Musica vince sempre.

Wednesday, March 14, 2012

Muerte en Venecia de Britten en la Opera de Bellas Artes de México

Foto: Opera de Bellas Artes
La Ópera de Bellas Artes dio inicio a su temporada 2012 con la reposición de Muerte en Venecia del compositor inglés Benjamin Britten con la vistosa producción escénica estrenada aquí en 2009 y con el mismo elenco y director musical. En términos generales se puede decir que se obtuvo un equitativo balance entre la parte visual y musical por parte de todas las fuerzas artísticas que formaron parte de esta producción.  En primer plano apareció nuevamente el atractivo marco presentado por el diseñador Jorge Ballina, que situó la acción en los años ‘20 del siglo pasado, con una secuencia de detallados y simétricos cuadros. Concebida como una dinámica obra cinematográfica, Ballina contó la compleja historia basada en la novela homónima de Thomas Mann, de manera concisa y clara, y en el que la ciudad de Venecia fue protagonista y partícipe esencial de la historia, incluida el agua de sus canales, sus góndolas, callejones, muros, puentes y construcciones, la arena, el cielo y el horizonte de sus playas, y la amenazante presencia de la peste. Tanto los apropiados vestuarios como la brillante iluminación de Víctor Zapatero ayudaron para crear vistosas y sugestivas escenas. El propio Ballina realizó una discreta labor en la dirección escénica que fue por momentos movida y esforzada, pero en otros rutinaria y rígida. El desempeño de la orquesta en el foso fue sobresaliente bajo la conducción del estadounidense Christopher Franklin, quien mostró segura y briosa mano, dando relieve a las partes instrumentales solistas, exaltando con convicción las fragmentos musicales de la orquestación y manteniendo la tensión cuando fue necesario, siempre con un sonido uniforme. El personaje de Gustav von Aschenbach fue interpretado por el tenor estadounidense Ted Schmitz, quien mostró un buen desempeño en el extenso y exigente papel, administrando bien su voz y manteniendo el brillo en el timbre con adecuada proyección y buena dicción. El barítono Armando Gama cumplió correctamente en lo vocal y se mostró ameno en la actuación de sus múltiples personajes asignados. Por su parte, el contratenor mexicano Santiago Cumplido fue un moderado y por momentos estridente Apolo. Se debe resaltar cada una de las intervenciones individuales del extenso grupo de solistas que cumplieron cabalmente en sus breves intervenciones, mencionando por ejemplo a las sopranos Marcela Chacón como la vendedora de periódicos y Carolina Ramírez como la joven francesa. Desde los palcos laterales del teatro, el Coro de la Ópera de Bellas Artes mostró la solidez y el nivel ascendente que ha tenido desde la llegada de su director, el catalán Xavier Ribes.  RJ

Thursday, October 1, 2009

Death in Venice - Opera de Bellas Artes, México

Foto: Ted Schmitz y Armando Gama Credito: Ana Lourdes Herrera
Ramón Jacques

A pesar de que la escasa escenificación de operas barrocas y contemporáneas ha sido la perenne asignatura pendiente de esta compañía, el estreno local de esta opera del ingles Britten superó todas las expectativas en cuanto aceptación y asistencia del publico se refiere. En esta ocasión se obtuvo un equitativo balance entre la parte visual-escénica y la orquestal de la obra. Lo primero se debió al sugestivo marco presentado por Jorge Ballina, que situó la acción en los años 20s del siglo pasado, con una secuencia de detallados y simétricos cuadros, de estilo cinematográfico, con el que contó la compleja historia de manera concisa y clara, y en el que la ciudad de Venecia fue protagonista esencial de la historia, incluida el agua de sus canales, sus góndolas, callejones y muros; la arena, el cielo y el horizonte de sus playas; y la amenazante presencia de la peste. Los apropiados vestuarios e iluminación realzaron una puesta, que sorprendentemente, y por su buena manufactura no se tiene previsto alquilarla o reponerla en otro teatro. El propio Ballina, realizó una discreta dirección escénica, que por momentos fue movida y afanosa y en otros rutinaria y rígida. La parte orquestal de la función fue sobresaliente gracias a Christopher Franklin, director de segura y briosa mano, quien dio relieve a las partes instrumentales solistas, y exaltó con convicción las fragmentos musicales de la orquestación, manteniendo la tensión en cada momento. El papel de Aschenbach, fue encomendado al tenor estadounidense Ted Schmitz, quien a pesar de su poca proyección pudo administrar y mantener el brillo de su grato timbre, con esplendida dicción, ante el desgaste vocal que implicó la interpretación de ese personaje. El barítono Armando Gama, cumplió adecuadamente en lo vocal y con amena actuación en sus múltiples papeles asignados, y el contratenor Santiago Cumplido, fue un moderado y estridente Apolo. Mención aparte merece el aporte del coro, que se lució bajo la mano y supervisión de Cara Trasher.