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Tuesday, July 28, 2020

La Favorite de Donizetti en Houston


Fotos: Lynn Lane

Lorena J. Rosas 

La Gran ópera de Houston representó por primera vez en la historia de la compañía, y en el escenario de su majestuoso teatro Wortham Theatre, La Favorite de Donizetti en la versión francesa de la obra.  Uno de los atractivos de este proyecto era sin dudas que la conducción musical correría a cargo del célebre director musical francés Christophe Rousset, especializado en música barroca y que recientemente comenzó a expandir su repertorio hacia obras belcantistas y del repertorio francés, como una  versión inédita de Faust de Gounoud que dirigió recientemente en Paris; que inesperada e inexplicablemente se se retiro de la producción y su lugar fue ocupado por Patrick Summers, director musical de la compañía.  El elenco contó con la presencia de dos artistas de primer orden como la mezzosoprano Jamie Barton, una artista considerada de casa, ya fue parte del estudio del teatro y hoy lleva a cabo una respetable carrera, quien demostró el desarrollo, la solidez y el cuerpo que ha adquirido su voz, con buena proyección y ágil en su toque belcantista. Se trata de una artista capaz de imprimir sentimiento, expresividad y clase a su canto, y que fue convincente desde el punto de vista actoral.  El papel de Fernand le fue confiado al tenor Lawrence Brownlee, un artista que ha dejado una huella imborrable en este teatro, con papeles de óperas de Rossini y Mozart que ha cantado en temporadas pasadas. Se trata de un seguro y experimentado interprete de este repertorio, muy elegante en el fraseo, que se apoya en una colorida tonalidad vocal que cautiva y seduce.  Como Alphonse XI, el barítono sudafricano Jacques Imbrailo mostró autoridad vocal y actoral, un poco sobreactuado por momentos, pero al final un artista que entendió y cumplió con su papel.  Por su parte, el bajo argentino Federico de MIchelis cantó con opulentos medios vocales y recreó un déspota Balthazar, verosímil y convincente. La soprano Elena Villalón fue una agraciada y hermosa Inez, que mostró ímpetu y potencial para ascender a papeles de mayor importancia en el futuro. Completo el elenco el tenor Christopher Bozeka muy correcto en la figura de Don Gaspard.  En el podio, Patrick Summers dirigió con agilidad y presteza a una orquesta que se escuchó comprometida, y envuelta en la música que se escuchó ligera y fluida, y fue un acompañamiento ideal para las voces. No se quedó atrás el coro que agradó por su trabajo y uniformidad en sus intervenciones.  Al ultimo queda el trabajo escénico de Kevin Newbury, que palideció en el marco de las escenografías de Victoria Tzykun, de diseño sobrio, oscuro y lúgubre, que resultó no ser completamente ideal para el desarrollo de la trama, que situó en una España medieval en especie de cuento, con imágenes de monasterios y bosques que no cumplieron su cometido; como tampoco ayudaron los grisáceos vestuarios de Jessica Jahn y la tenue iluminación de DM Wood. Esta Favorite dejó muchas satisfacciones musicales y vocales, y es al final de lo que se acordara el público aquí presente.



Monday, August 26, 2013

The Rape of Lucretia de Benjamin Britten, Teatro Goldoni al 76° maggio Musicale Fiorentino, Florencia

Foto: Gianluca Moggi
 
Massimo Viazzo
En un Festival 2013, en la presa de los recortes impuestos por las necesidades del balance en una Fundación “comisariada”, después de cambiar en pocas semanas la programación del "Barbero de Sevilla" con "Il cappello di paglia di Firenze", al final se optó por "The Rape of Lucretia". Esa es una reprisa de una puesta en escena de los Teatri di Reggio Emilia que ya en Florencia se habia visto en el mismo Teatro Goldoni en 2001. Pues esa elección obligada por la necesidad no la apercibimos como un expediente, al contrario nos apareció muy oportuno por las celebraciones del aniversario (1913-2013) del nacimiento de Benjamin Britten. Esa es una puesta en escena valiente, porque sea la estructura escénica, esencial y por lo tanto completa en su esencialidad, no muestra rayas del tiempo y pone en resalto el material dramático y musical de ese cabo de obra muy complejo ofreciendo muchos noveles de interpretación. Las escenas, el vestuario y la iluminación eran todos de Gianni Carluccio y la dirección era de Daniele Abbado. El ensamble de cámara de la orquesta del Maggio era  directo por el maestro Jonathan Webb. Daniele Abbado anticipa que su puesta en escena ya sale de una “traición” del texto original. Hay que decir que el argumento, viniendo de Tito Livio y después filtrado por Shakespeare y además por el dramaturgo francés André Obey y, por ultimo Ronald Duncan, que escribió un libretto de alto nivel dramático y poético, aparece como digerido varias veces, y en su camino nos enseña mas y mas analogías con el mundo actual. En origen estarían dos coros, uno masculino y uno femenino, sintetizados aquí por un tenor y una soprano, que son los verdaderos protagonistas de la opera, leyendo siempre dos grandes libros y cuentan los hechos de los personajes. Representan la Historia: los personajes actuando en la escena serian casi como una proyección de los dos coristas, ellos son los observadores de lo que ocurre, lo comentan, explican al publico el significado de esas acciones, de la corrupción de la puridad a los sentidos negativos como la envidia y la perfidia que destrozan todas relaciones humanas. Eran estos sentidos y esas emociones que en la época del estreno, el 1946, todavía vagabundeaban por la Europa, sus oscuras memoria de genocidios y de arruinamientos por la secunda guerra mundial de hace poco.  Entonces ¿donde está esa “traición”? Aquí está: en esa puesta en escena los dos coristas no leen libros ni están inmóviles, impasibles como impasible es la Historia, pues participan y siguen los movimientos de esas marionetas agitando en la escena, atándose a ellas y casi identificándose en sus problemas. Así se vuelca el concepto mismo de coro de la tragedia antigua y Abbado, en sus intenciones, hace mas moderno ese drama. Todo, sin embargo, en la escena funciona muy bien y el espectáculo sigue adelante aun empeñe mucho por la densidad de su material literario y musical.  La violación de Lucretia es la maldad humana estropeando la belleza y la honestad solo para el placer de destruir, dejando en la desesperación la misma Lucretia y su marido Collatinus. La tragedia terminará con el suicidio purificador de Lucretia, que no puede soportar la vergüenza aun inocente.. Esa operación de recuperación se reveló entonces una idea muy buena y además el reparto de esa edición fue particularmente valioso.  Muy buenos antes de todo los dos coristas Gordon Gietz y Susannah Glanville, siempre en la escena comentando con su cuerpo y con su canto cada momento del drama. Collatinus fue el bajo Thomas Tatzl, optimo y conmovedor, perfectamente en sintonía con su mujer Lucretia, Julianne Young, intensa y profunda, autentica matrona con carisma. Juinius, Philip Smith, y Tarquinius, Jacques Imbrailo, cantaron y actuaron sus papeles mas que dignamente, nunca soberactuando y siempre con mesura, y la Bianca de la Gabriella Sborgi fue de notable presencia vocal y escénica. Una grata luce sonora y visual fue la dulce y suave Lucia cantada por Laura Catrani. El jefe Jonathan Webb, con ese ensamble mínimo siempre fue excelente y sin caudas de tensión. La única cosa quizás de verdad superflua fueron unos video (de Luca Scarzella) con escenas de guerra: inútiles acotaciones: ya estaba el texto muy denso de Duncan, sublimemente preñado de horrores y suavidades y la iluminación sabia de Carluccio, subrayando los afectos del momento durante toda la opera.