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Thursday, December 29, 2022

El Milagro del Recuerdo en Houston

Foto: Michael Bischop

Carlos Rosas-Torres

La ópera-mariachi, si se permite término, nació en el 2010 precisamente aquí en la ópera de Houston, cuando en su afán por explorar y encontrar temas novedosos para comisionar operas logró unir al director de escena Leonard Foglia (encargado del libreto) con José Martínez (1941-2016) líder del Mariachi Vargas De Tecalitlán, quienes compusieron y estrenaron ese año en Houston, Cruzar la cara de la luna.  La particularidad es que el mariachi fue el encargado de sustituir a la orquesta, en una idea original que desde entonces ha viajado por importantes teatros de ópera y dentro y fuera de los Estados Unidos, como en el Teatro de Châtelet en Paris Francia, donde se ha presentado la ópera, y donde ha sido recibida con entusiasmo por parte del público. El segundo título, obra de los mismos creadores, pero esta vez comisionada por la Lyric Opera de Chicago fue El Pasado Nunca se termina, estrenada en la temporada 2015, con el mismo éxito que el titulo anterior. Finalmente, para completar lo que se puede considerar como una trilogía de óperas-mariachi, en el 2019 vio la luz, una vez más en el escenario de Houston El Milagro del Recuerdo, solo que en esta ocasión el compositor fue Javier Martínez, hijo del desaparecido José Martínez, siempre con la complicidad de Leonard Foglia, en la dirección escénica y creación del libreto.  Lo que tienen en común estas operas entre si es su temática, principalmente la de la relación de vínculos familiares entre familias en Texas y México, aunque en diversas épocas. Cruzar la cara, se desarrolla en la actualidad, el Pasado en 1910 en vísperas de la revolución mexicana, donde incluso se menciona la aparición del cometa Haley, y Milagro del Recuerdo, que fue vista de nueva cuenta en Houston este mes de diciembre, sitúa la historia en el estado de Michoacán, en el que la familia Velázquez, protagonista de esta serie de obras, celebra la navidad con sus tradiciones locales antes de partir hacia los Estados Unidos. Por lo tanto, se trata de una obra ideal para las fechas navideñas. En la historia, concretamente Laurentino, que trabaja en Estados Unidos por el programa de braceros, (acuerdo entre México y Estados Unidos que permitía a trabajadores mexicanos, principalmente del campo, desempeñar sus labores de manera temporal y legal en Estados Unidos), vuelve al estado de Michoacán, durante las fechas decembrinas, para reunirse con su familia y su esposa Renata, quien nota que la distancia lo esta cambiando.  Al final Laurentino se encuentra con la disyuntiva de permanecer en México con su familia o volver a Estados Unidos. Al final es una obra que involucra, sentimientos, tradiciones, y una realidad, no siempre agradable que es la de tener que emigrar por motivos económicos, dejando atrás una vida, para embarcarse en un viaje lleno de incertidumbres.  Curioso que, ante este marco temático triste, la música brille por su alegría y vitalidad, más apegado el formato de un musical que al de la ópera clásica.  En El Milagro del Recuerdo, hay una ligera separación de los títulos anteriores, ya que el mariachi es reemplazado por un trio-mariachi (el Trio Chapultepec de San Antonio Texas) y la parte musical se refuerza con cuerdas y trompetas, aunque su esencia musical se mantiene allí. La parte musical fue dirigida por Benjamin Manis.  El elenco se conformó de cantantes competentes, algunos de ellos presentes en el estreno de la ópera en el 2019, con carreras establecidas en el mundo operístico, e hispanoparlantes todos ellos, ya que la obra esta cantada en español, como la mezzosoprano Cecilia Duarte (Renata) el bajo barítono Federico De Michelis (Laurentino), Vanessa Becerra (la mujer), Rafael Moras (Padre Matías), Miguel de Aranda (Chucho), Héctor Vázquez (Aba) y Claudia Chapa (Josefina).  Leonard Foglia, que se encargó de la dirección actoral y es el creador de la producción escénica, por radicar en México, entiende el carácter y la psicología de los personajes quienes se desplazaron de una, podríamos decir ligera, simpática y abierta.  El buen diseñado marco en el que transcurrió estuvo bien diseñado, considerando tradiciones típicas mexicanas como la pastorela, las piñatas etc.  Un detalle que me llama la atención es que a pesar de su ‘mexicanidad’ o tema mexicano, la obra atrajo todo tipo de público, no solo de origen mexicano, y aunque hay una barrera fronteriza, y aparentemente cultural, lingüística etc, no debemos olvidar que geográficamente la ciudad de Houston, es más cercana en distancia a lugares como Michoacán o la Ciudad de México, que a otras grandes urbes estadounidenses, y por lo que entiendo, al día de hoy ninguna de las tres óperas mencionas sido escuchada aún México. 






Tuesday, July 28, 2020

La Favorite de Donizetti en Houston


Fotos: Lynn Lane

Lorena J. Rosas 

La Gran ópera de Houston representó por primera vez en la historia de la compañía, y en el escenario de su majestuoso teatro Wortham Theatre, La Favorite de Donizetti en la versión francesa de la obra.  Uno de los atractivos de este proyecto era sin dudas que la conducción musical correría a cargo del célebre director musical francés Christophe Rousset, especializado en música barroca y que recientemente comenzó a expandir su repertorio hacia obras belcantistas y del repertorio francés, como una  versión inédita de Faust de Gounoud que dirigió recientemente en Paris; que inesperada e inexplicablemente se se retiro de la producción y su lugar fue ocupado por Patrick Summers, director musical de la compañía.  El elenco contó con la presencia de dos artistas de primer orden como la mezzosoprano Jamie Barton, una artista considerada de casa, ya fue parte del estudio del teatro y hoy lleva a cabo una respetable carrera, quien demostró el desarrollo, la solidez y el cuerpo que ha adquirido su voz, con buena proyección y ágil en su toque belcantista. Se trata de una artista capaz de imprimir sentimiento, expresividad y clase a su canto, y que fue convincente desde el punto de vista actoral.  El papel de Fernand le fue confiado al tenor Lawrence Brownlee, un artista que ha dejado una huella imborrable en este teatro, con papeles de óperas de Rossini y Mozart que ha cantado en temporadas pasadas. Se trata de un seguro y experimentado interprete de este repertorio, muy elegante en el fraseo, que se apoya en una colorida tonalidad vocal que cautiva y seduce.  Como Alphonse XI, el barítono sudafricano Jacques Imbrailo mostró autoridad vocal y actoral, un poco sobreactuado por momentos, pero al final un artista que entendió y cumplió con su papel.  Por su parte, el bajo argentino Federico de MIchelis cantó con opulentos medios vocales y recreó un déspota Balthazar, verosímil y convincente. La soprano Elena Villalón fue una agraciada y hermosa Inez, que mostró ímpetu y potencial para ascender a papeles de mayor importancia en el futuro. Completo el elenco el tenor Christopher Bozeka muy correcto en la figura de Don Gaspard.  En el podio, Patrick Summers dirigió con agilidad y presteza a una orquesta que se escuchó comprometida, y envuelta en la música que se escuchó ligera y fluida, y fue un acompañamiento ideal para las voces. No se quedó atrás el coro que agradó por su trabajo y uniformidad en sus intervenciones.  Al ultimo queda el trabajo escénico de Kevin Newbury, que palideció en el marco de las escenografías de Victoria Tzykun, de diseño sobrio, oscuro y lúgubre, que resultó no ser completamente ideal para el desarrollo de la trama, que situó en una España medieval en especie de cuento, con imágenes de monasterios y bosques que no cumplieron su cometido; como tampoco ayudaron los grisáceos vestuarios de Jessica Jahn y la tenue iluminación de DM Wood. Esta Favorite dejó muchas satisfacciones musicales y vocales, y es al final de lo que se acordara el público aquí presente.



Monday, March 18, 2019

Los Pescadores de Perlas en Houston


Fotos: Lynn Lane

Lorena J. Rosas

Es la primera ocasión que esta ópera francesa de Bizet es escenificada en el escenario de la Gran Ópera de Houston. Un dato simpático mencionado en el programa de mano, indica que de las óperas del repertorio operístico que ausente de en este teatro, este es título más sugerido y pedido por el público, lo que motivo su inclusión. Un acierto para destacar fue el buen elenco que se eligió para la ocasión encabezado por el tenor Lawrence Brownlee que, en su primera incursión en el papel de Nadir dejó constancia de su descollante trayectoria como tenor belcantista.  Su voz no ha perdido el atractivo timbre que la caracteriza, así como la elegancia en el fraseo, y claridad en su emisión y dicción. La soprano Andrea Carroll, formada en este teatro hace un par de temporadas y hoy con una carrera internacional, fue una delicada y sensible Leïla, con una voz joven y fresca, virtuosa y con potencial para llegar más lejos, agradó en sus duetos con Nadir. 
El bajo barítono argentino Federico De Michelis, fue un sólido y enérgico Nourabad, tanto en actuación como en su canto. El barítono Mariusz Kiwiecien, originalmente anunciado para encarnar el personaje Zurga, fue sustituido inesperadamente de ultimo minuto por el barítono Alexander Birch Elliott.  Tal parece que el célebre barítono polaco no pasa por un buen momento, ya que hace pocos meses canceló completamente, como esta vez, su participación como Don Giovanni en otra compañía texana, la ópera de Dallas. Birch Elliott tuvo un desempeño adecuando y convincente, alcanzando su punto más alto en el conocido dueto “Au fond du temple” El marco escénico elegido fue el que ideó la diseñadora de modas inglesa Zandra Rhodes para la ópera de San Diego, y que ha circulado por diversos teatros estadounidenses durante ya un largo periodo de tiempo. La abigarrada y colorida producción luce ya un poco gastada, pero su concepción parece mantenerse en línea con el exotismo contenido en la trama. La orquesta fue bien dirigida, con aplomo y exactitud, por el joven director estadounidense Roderick Cox.

Thursday, February 21, 2019

La Boheme en Houston


Fotos: Lynn Lane

Ramón Jacques

Con La Bohème inició una nueva temporada de la Gran Opera de Houston. La buena noticia es que después de un año la compañía vuelve a su sede, el teatro Wortham, que como se sabe sufrió deterioros por las inundaciones del huracán Harvey en agosto del 2017. Además de una gala con Placido Domingo, no hubo grandes celebraciones por la reapertura del remodelado inmueble, ni se eligió un titulo significativo para la ocasión, como pudo haber sido Aida, con la que se inauguró el teatro en 1987. Dicho lo anterior, y considerando la cantidad de teatros que programan en la actualidad con tanta frecuencia esta obra maestra pucciniana, me hace pensar que ello obedece más a un imán publicitario para atraer público y llenar butacas, que a un legitimo interés artístico. Haciendo un recuento de las últimas veces que he visto la obra en los últimos tres años, por mencionar un periodo no muy extenso, y que han sido varias; me atrevería a decir que se ha descuidado el título convirtiéndolo en algo rutinario, con las mismas bromas y cargadas situaciones dramáticas, reposiciones de montajes antiguos, y sobre todo que los personajes pueden ser interpretados por cualquier artista, incluso inexpertos, todo bajo el pretexto de que es una obra popular del repertorio que siempre seguirá gustando. 
La Bohème es una obra maestra y debe presentarse siempre con los más altos estándares artísticos, sin desgastarla, y sin desgastar al propio público.  La función que me ocupa no estuvo exenta de lo anteriormente dicho, ya que la puesta en escena de John Caird, con vestuarios y diseños de David Farley, si bien se apegó al libreto y tiene algunos destellos de brillantez, como la escena del Café Momus. fue en términos generales oscura, sombría y anticuada en su concepción, aunque el programa de mano indica que se trata de una coproducción entre tres teatros importantes. Parecería que la elección de elencos en Houston ya no tan acorde a la tradición y tamaño de la compañía, y solo el tenor italiano Ivan Magrì, exhibió un desenvolvimiento escénico destacable como Rodolfo, así como una clara tonalidad y buena proyección. La soprano Nicole Heaston mostro grato color en su canto, aunque se mostró rígida e inexpresiva como Mimì. Tanto el Marcello de Michael Sumuel como la Musetta de Pureum Jo tuvieron un desempeño muy discreto en esta función, y el bajo Federico de Michelis fue un seguro Colline. En el foso, James Lowe, dirigió con seguridad y precisión a la orquesta, que le dio buenos resultados, y en su lectura se notó la atención y cuidado que tuvo con las voces para encontrar un balance ideal.

Sunday, January 28, 2018

Giulio Cesare de Handel en Houston

Foto: Lynn Lane

Lorena J. Rosas

Conociendo las dificultades por las que atraviesa la compañía (haber tenido que dejar temporalmente su teatro para refugiarse en un escenario improvisado dentro del centro de convenciones) el espacio reducido pareció ser adecuado para la escenificación de Gulio Cesare de Handel, obra que ingresó al repertorio de Houston en el año 2003. Agradó principalmente la original e ingeniosa idea de llevar la historia a los años 20 del siglo pasado durante la época dorada de Hollywood, para desarrollarla dentro de los sets de filmación de una película. Las escenografías se ajustaron a las limitaciones de espacio, pero sus motivos y muebles art deco, así como los fastuosos vestuarios son una idea que funciona y que ofrece al espectador una visión directa, asequible y jocosa de la ópera. El crédito es para el director escénico James Robinson, y para los diseños de Christine Jones. El elenco combinó experiencia con juventud, y contó con el legendario contratenor David Daniels como Ptolomeo de buen desempeño vocal y actoral, y su inconfundible timbre que aun maneja con agilidad, desenvoltura y audacia. La mezzosoprano Stephanie Blythe mostró determinación y muchas tablas como Cornelia y la soprano Heidi Stober fue una atractiva y seductora Cleopatra de canto ligero, efectivo y musical. Megan Mikailovna Samarin dejó una buena impresión en su caracterización de Sesto.  El papel de Julio Cesar le fue confiado al contratenor del momento Anthony Roth Constanzo, que tuvo un desempeño discreto, si bien maneja la voz con virtuosismo, parece ser un artista mecánico y poco comunicativo en escena. El elenco lo completó el joven contratenor Aryeh Nussbaum Cohen como Nireno, y el bajo-barítono Federico De Michelis como Achilla. Una reducida orquesta sirvió de acompañamiento y marco vocal para las voces, emitiendo un  sonido uniforme y dinámico, con la seguridad de la guía de su titular Patrick Summers, dirigiendo desde el clavecín.