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Wednesday, March 14, 2018

Loving Clara Schumann en Houston

Foto: Runaway Productions
Lorena J. Rosas
“Amando a Clara Schumann” es el título del espectáculo escénico, coreográfico, musical presentado por la orquesta Mercury de esta ciudad; sobre la vida de Clara Schumann, pianista y compositora alemana esposa de Robert Schumann, conocido compositor del romanticismo alemán, y  cuya relación inspiró la creación de apasionadas composiciones en el siglo 19. El espectáculo de esta multifacética personalidad fue retratado en este espectáculo, en el que aparecen los Schumann, además de Johannes Brahms, con quien ella tuvo también una relación sentimental.  La puesta en escena fue de Tara Cloth, y la orquesta Mercury estuvo bajo la conducción de su titular Antoine Plante.  Clara fue representada en tres personajes todos con el mismo vestuario: la pianista Rachel Chao, la mezzosoprano Megan Mikailovna Samarin y la bailarina Genene McGrath. Mediante el uso de proyecciones de video y otros artistas y bailarines que representaban  por momentos a Robert Schummann y en otros a Brahms,  se desarrollaba la  historia que fue contada con música y baile, que por momentos resultó confusa y abrumadora, en un concierto que musicalmente hubiera brillado por sí solo.  La sección de cuerdas de la orquesta, situada en un lado del escenario interpretó la sinfonía 3 de Brahms, así como el primer y el tercer cuarteto de Schumann. La parte vocal del espectáculo incluyó canciones de Robert como Frauenliebe und-leben, en el que la mezzosoprano Megan Samarin brilló por la tonalidad y la musicalidad en su voz. El espectáculo también conto con la presencia del barítono Lee Gregory, quien ejecuto con autoridad Schöne Wiege meiner Leiden  de Schumman y Wir Waldenten de Brahms. También se escucharon, de este ultimo compositor su Intermezzo Op. 118, y Capriccio op. 76, bajo el acompañamiento de la orquesta. Quizás los momentos musicales más sublimes los ofreció la pianista Rachel Chao y la mezzosoprano que interpretaron obras poco conocidas de Clara Schumann, para concluir con la versión de la propia compositora del poema Liebst du um Schönheit.


Sunday, January 28, 2018

Giulio Cesare de Handel en Houston

Foto: Lynn Lane

Lorena J. Rosas

Conociendo las dificultades por las que atraviesa la compañía (haber tenido que dejar temporalmente su teatro para refugiarse en un escenario improvisado dentro del centro de convenciones) el espacio reducido pareció ser adecuado para la escenificación de Gulio Cesare de Handel, obra que ingresó al repertorio de Houston en el año 2003. Agradó principalmente la original e ingeniosa idea de llevar la historia a los años 20 del siglo pasado durante la época dorada de Hollywood, para desarrollarla dentro de los sets de filmación de una película. Las escenografías se ajustaron a las limitaciones de espacio, pero sus motivos y muebles art deco, así como los fastuosos vestuarios son una idea que funciona y que ofrece al espectador una visión directa, asequible y jocosa de la ópera. El crédito es para el director escénico James Robinson, y para los diseños de Christine Jones. El elenco combinó experiencia con juventud, y contó con el legendario contratenor David Daniels como Ptolomeo de buen desempeño vocal y actoral, y su inconfundible timbre que aun maneja con agilidad, desenvoltura y audacia. La mezzosoprano Stephanie Blythe mostró determinación y muchas tablas como Cornelia y la soprano Heidi Stober fue una atractiva y seductora Cleopatra de canto ligero, efectivo y musical. Megan Mikailovna Samarin dejó una buena impresión en su caracterización de Sesto.  El papel de Julio Cesar le fue confiado al contratenor del momento Anthony Roth Constanzo, que tuvo un desempeño discreto, si bien maneja la voz con virtuosismo, parece ser un artista mecánico y poco comunicativo en escena. El elenco lo completó el joven contratenor Aryeh Nussbaum Cohen como Nireno, y el bajo-barítono Federico De Michelis como Achilla. Una reducida orquesta sirvió de acompañamiento y marco vocal para las voces, emitiendo un  sonido uniforme y dinámico, con la seguridad de la guía de su titular Patrick Summers, dirigiendo desde el clavecín.

Saturday, January 6, 2018

The House Without a Christmas Tree en Houston


Fotos: Lynn Lane

Ramón Jacques

The House Without a Christmas Tree (La casa sin árbol de navidad) es el título de la nueva ópera del ciclo de estrenos que la compañía de Houston lleva a cabo desde hace varias temporadas durante el periodo navideño. Esta ópera de cámara en un acto y diez escenas es obra del compositor estadounidense Ricky Ian Gordon, más conocido por obras como: The Grapes of Wrath y A Coffin in Egypt; con libreto de Royce Vavrek. La trama está basada en la novela homónima de Gail Rock, de la cual existe una película filmada para televisión en 1972, en cuya simple y sentimental historia la niña Addie Mills nunca ha tenido un árbol de navidad porque su padre (James Addisson Mills) no puede superar la muerte de su esposa, la madre de la niña, ocurrida durante una navidad. Musicalmente la obra es grata, colorida y melancólica, mezclando ritmos de musicales, con tintes de jazz y música tradicional navideña americana, como los conocidos carols, aquí interpretados por un coro infantil. Realizado en su escenario temporal, el HGO Resilience Theater, el montaje de Allen Moyer, que consistió en una plataforma giratoria en el centro del escenario, mostró diferentes ambientes, como el interior de la casa de Addie, aparadores de una calle en navidad etc. resulto atractiva; y la dirección escénica, a cargo de James Robinson fue directa y puntual.  Un buen elenco fue elegido para la ocasión, como la soprano Lauren Snouffer, que dio vida a Addie Mills, con voz clara y reluciente; el barítono Daniel Belcher como James Adisson Mills, o la legendaria soprano Patricia Schuman como la abuela Mills. Correctos en intervenciones. Sobresalieron por su participación vocal y escénica la mezzosoprano Megan Mikailovna Samarin como Carla Mae, amiga de Addie; y la soprano Heidi Stober en su doble interpretación de Addie adulta y de Helene Mills. La orquesta tuvo en la batuta de Bradley Moore una lectura segura, y orquestalmente libre y dinámica en la que resaltó la sección de cuerdas.  


Wednesday, January 4, 2017

Faust di Gounod - Houston Grand Opera

Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques

E’ innegabile che per risorse economiche, infrastrutture, tradizione, e calibro degli artisti che sono passati su questa scena, l’Opera di Houston è stata sempre una delle compagnie statunitensi più importanti. Tuttavia, parrebbe che negli ultimi anni la direzione artística abbia smarrito la strada, la motivazione e anche l’immaginazione. I cast hanno perso la loro attrattiva come una volta,  come pure la scelta delle produzioni sceniche nè la scelta dei titoli parrebbero più stimolanti. Prova di questo è il Faust di Gounod che è  stato proposto ora con il montaggio di Francesca Zambello, rimontato per l’occasione da Garnett Bruce, che anche se è funzionale e colorito, con bei costumi, e che situa l’azione all’interno di quello che appare un vecchio cartone animato, il suo aspetto visivo appare rudimentale, antiquato, rivelando il peso degli anni. A quest’opera del repertorio francese si sarebbe fatto giustizia con una nuova produzione in accordo con livello di questo teatro, invece si è ricorso ad altro già visto ed esaurito da perlomeno vent’anni o più. Queste scenografie hanno viaggiato in diversi teatri statunitensi, e giàil successo l’hanno ottenuto, essendo le stesse utilizzate nel 2007 con la memorabile interpretazione nel ruolo di Mefistofele del leggendario basso Samuel Ramey. Il cast in quest’occasione brillava sulla carta, ma il suo disimpegno non ha soddisfatto le aspettative, a cominciare dal basso barítono Luca Pisaroni un interprete che ha esagerato l’interpretazione di Mefistofele, con una gestualità che è parsa più ridicola che diabólica. Il suo disimpegno vocale e la sua dizione sono stati corretti, però la sua voce è parsa carente di corpo e di spessore che uno si aspetta da un personaggio come questo, tanto da essere inudibili vari passaggi. Il tenore Michael Fabiano, come Faust, ha avuto un inizio irregolare scomodo con la parte e la tesitura, però negli atti seguenti una volta che è riuscito a calibrare la voce ha mostrato doti affascinanti di una vocalità molto solida, piena di omogeneità di colore. Poco da dire sulla sua interpretazione scenica, scura e timida. Il soprano portoricano Ana María Martínez ha impersonato il ruolo di Margherita con magnifici lampi vocali, belle pennellate come nella sua aria “Ah je ris de voir”.  Non ha offerto un livello di prestazione cui siamo abituati. E nulla si può intimare o rimproverare a una cantante del suo livello, così la domanda sarebbe: ”È proprio necessario che la si metta in contratto invariabilmente in tutta la stagione privando così il pubblico dell’opportunità di ascoltare altre voci diverse o attuali?“ Una domanda a cui dovrebbe rispondere l’amministrazione del teatro.Molto discreta la partecipazione di Joshua Hopkins come Valentin e di Margaret Lattimore come Marthe, come gioviale e raggiante è stata Megan Mikailovna Samarin come Siebel.  Il coro si è mostrato sicuro nei suoi interventi e accanto all’orchestra i suoi interventi sono stati i momenti migliori di una rappresentazione appannata, con Antonino Fogliani che ha diretto un gruppo solido, compatto e omogeneo, e di grata e risonante sonorità

Friday, December 9, 2016

Fausto de Gounod en la Ópera de Houston

Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques

Es innegable que por recursos económicos, infraestructura, tradición, y calibre de artistas que han pasado por su escenario, la Ópera de Houston ha sido siempre una de las compañías estadounidenses más importantes. Sin embargo, parecería que en los últimos años la dirección artística ha perdido el rumbo, la motivación e incluso la imaginación. Los elencos dejaron de ser atractivos como lo eran en antaño, como tampoco la elección de producciones escénicas ni la elección de títulos parece ser de lo más estimulante. Prueba de ello es este Fausto de Gounod, se ofreció de nueva cuenta con el montaje de Francesca Zambello, repuesto en esta ocasión por Garnett Bruce, que aunque es funcional y colorido, con buenos vestuarios, y que sitúa la acción dentro de lo que parecería una historieta antigua, su aspecto luce ya rudimentario, anticuado, denotando el paso de los años. A esta obra del repertorio francés se le hubiera hecho justicia con un una nueva producción acorde al nivel de este teatro, pero se recurrió a algo ya visto y gastado, de por lo menos veinte años o más. Estas escenografías han recorrido diversos teatros estadounidenses, y ya dieron de sí,  además son las mismas que aquí se utilizaron este en el 2007, con la memorable interpretación del papel de Mefistófeles del legendario bajo Samuel Ramey.  El elenco en esta ocasión lucia atractivo en la papeleta, pero su desempeño no cumplió con las expectativas, comenzando con el bajo-barítono Luca Pisaroni un intérprete que sobreactuó el papel de Mefistofeles y exageró la gestualidad al punto de hacerla parecer más ridícula que diabólica. Su desempeño vocal y su dicción fueron correctos, pero su voz pareció carecer del cuerpo y espesor que uno esperaría de un personaje como este, al punto de ser inaudible en varios pasajes.  El tenor Michael Fabiano, como Fausto, tuvo un inicio irregular incomodo con la parte y la tesitura, pero para los siguientes actos una vez que logró calibrar la voz mostró dotes fascinantes de una voz muy solida, plena de homogeneidad y color.  Poco que decir de su actuación, sombría y  tímida. 
La soprano puertorriqueña Ana María Martínez cumplió con el papel de Marguerite, con magníficos destellos vocales y gratas pinceladas como en su aria “Ah je ris de voir”  No ofreció una actuación del nivel que nos tiene acostumbrados, y nada se le puede escatimar o reprochar a una cantante de su nivel, aunque la duda seria si ¿es necesario que se le contrate invariablemente en todas las temporadas privando al publico la oportunidad de escuchar otras voces diferentes o actuales? Un cuestionamiento que tendría que responder la administración del teatro. Muy discretas las participaciones de Joshua Hopkins como Valentin y de Margaret Lattimore como Marthe, como jovial y radiante estuvo Megan Mikailovna Samarin como Siébel. El coro se mostró seguro en sus intervenciones y al lado de la orquesta fueron lo sobresaliente de una deslucida función, con Antonino Fogliani dirigiendo una agrupación solida, compacta, homogénea y de grata y resonante sonoridad.