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Thursday, November 13, 2025

Dead Man Walking en San Francisco

Fotos: Cory Weaver / San Francisco Opera

Ramón Jacques 

Para conmemorar el vigésimo quinto aniversario del estreno mundial de Dead Man Walking, llevado a cabo en este mismo escenario el 7 de octubre del 2000, la Ópera de San Francisco decidió este título en un prólogo y tres actos del compositor estadounidense Jake Heggie (1961) con libreto del dramaturgo Terrence McNally (1938-2020), basado en el libro homónimo, editado en 1993, y que recopila las memorias de la Hermana Helen Prejean (1939), religiosa católica estadounidense defensora de la abolición de la pena de muerte, quien es es uno de los personaje principales en el libreto,  donde aborda de manera profunda y humana temas relacionados con la justicia, la redención, el perdón y la condición humana, enfocándose  especialmente sobre las implicaciones morales que se desprenden de la pena capital, aun vigente en algunas regiones de Estados Unidos, como en la penitenciaria estatal de Luisiana (conocida como Angola), lugar donde se sitúa la trama de la ópera, y su estrecha relación con el personaje de Joseph De Rocher, quien es condenado a muerte.  A pesar de haber sido comisionada por San Francisco, y de haber  obtenido un resonante éxito en este escenario, además de ser un importante logro de la gestión del legendario Lofti Mansouri, entonces director general de este teatro, la obra no volvió a ser repuesta ni vista aquí hasta el día de hoy en el War Memorial Opera House.  Eso sí, la obra cuenta con un par de grabaciones además de que es considerada un hito dentro del repertorio lirico estadounidense contemporáneo, al ser un titulo ampliamente representado, con más de ochenta producciones a nivel mundial, destacando su escenificación en escenarios como: la Semperopera de Dresde Alemania, que marcó su estreno europeo en el 2006, el Theater an der Wien de Viena, y en los teatros norteamericanos de: Atlanta, Vancouver, Minnesota, Houston, Lyric Opera de Chicago y el Metropolitan de Nueva York, donde fue vista en la temporada 2023-2024, por mencionar algunos. Previo a la adaptación hecha por Heggie, Dead Man Walking, cuenta también con una adaptación para las pantallas cinematográficas, estrenada en 1995, donde la actriz Susan Sarandon interpretó a la hermana H. Prejean, y el actor Sean Penn encarnó al personaje de Matthew Poncelet (llamado Joseph De Rocher en la ópera y Elmo Patrick Sonnier en el libro de Prejean).  Alrededor del reestreno de esta reposición se realizaron en San Francisco diversos eventos como: charlas, debates, coloquios, la proyección de la película, una exhibición de obras de artistas encarcelados, entrevistas con los artistas de la ópera, lideres religiosos y con el propio compositor sobre un tema que indudablemente aun genera mucha polémica, controversia y rechazo en la sociedad estadounidense, que aun se divide entre los que están en contra y otros más a favor.  Los eventos culminaron con una premiación a Jake Haggie, con la medalla de oro (San Francisco Opera Medal) el premio más importante que otorga la compañía, al finalizar la función de estreno, donde además estuvo presente como invitada la hermana Helen Prejean. En breve, la historia describe el brutal asesinato y violación una pareja de adolescentes que se encuentran junto a un lago por la noche, a manos de los hermanos De Rocher.  La hermana Helen, quien dirige un coro infantil “He will gather usa round” (que después se convierte en leitmotiv de Helen a lo largo de la ópera) acepta convertirse en la guía espiritual de De Rocher, a quien conoce a través de una relación epistolar, hasta su ejecución.   Así, comienza una secuencia de escenas, desde la llegada de Prejean a la prisión, las criticas que debe soportar de las hermanas de su congregación, los padres de los adolescentes asesinados, incluso el Padre Grenville, capellán de la prisión. La Hermana Prejean le solicita a George Benton, alcaide de la prisión, que interceda por De Rocher ante las autoridades de la prisión para que su condena de muerte sea condonada, pero lamentablemente esto no ocurre.  La hermana Prejean, debe soportar los insultos y en enfado de los padres de los adolescentes, mientras que a la vez da palabras de aliento y confort, acompañando a Joseph De Rocher, así como a su madre y sus dos hermanos menores.  Incluso debe intervenir en una discusión entre los cuatro padres agraviados y la madre de De Rocher.  Finalmente, llega la noticia de que gobernador del Luisana no le otorga el perdón a De Rocher, quien se resigna a morir por su crimen.  Helen intenta convencer a  De Rocher de confesar y hacer la paz por sus acciones, pero el se niega. La fecha de ejecución queda fijada el día 4 de agosto.  Mientras tanto Helen Prejean reflexiona y tiene pesadillas, pero se decide a seguir acompañando a De Rocher.  Hablando sobre diversos temas, incluido el de la música y su mutua admiración por Elvis Presley, De Rocher le confiesa a Prejean de tener miedo, mientras su madre y sus hermanos van a despedirse de él. Prejean habla con los padres de las víctimas, y uno de ellos le confiesa que su parecer ha cambiado y no sabe si la pena de muerte es lo que en realidad desea. Helen habla por ultima vez con De Rocher, quien le confiesa su crimen y ella lo perdona.  Mientras es llevado a su ejecución, “Dead Man Walking” exclama en voz alta George Benton; De Rocher le expresa a Prejean su agradecimiento diciéndole que ella representara siempre para el “The face of Love” (la cara del amor).  Delante de todos los presentes, Joseph De Rocher es ejecutado, y antes de caer el telón Prejean canta por última vez su himno.  El montaje escénico utilizado, que fue una nueva versión creada en el 2002 por la Lyric Opera de Chicago, en coproducción con la desaparecida Opera Pacific de California y los teatros de Cincinatti, New York City Opera, Austin, Michigan, Pittsburg y Baltimore creada por Michael Mcgarty, nos traslada a los años setenta del siglo pasado, que nos los indican los vestuarios y el coche de los adolescentes, y con el transcurso del tiempo las escenografías se convierten en instalaciones metálicas, con escaleras y diversos pisos, cubiertos por un reja que cubre todo el frente del proscenio, trasladándonos al interior de la prisión. Los vestuarios fueron elaborados por Jess Goldstein, y la iluminación, de Brian Nason, que aquí juega un papel importante, para exaltar diversos estados de ánimo, pero sobre todo para crear esa sensación de zozobra y desasosiego, manteniendo al público atento y en suspenso, también con el uso de algunas proyecciones (de Elaine J. McCarthy), hasta la inevitable escena final. La caracterización  y expresivo canto de los personajes de Helen Prejean, por parte de la mezzosoprano Jamie Barton, y del barítono Ryan McKinny como Joseph De Rocher, fueron notables.  Ambos exhibieron un canto rico en matices, elegancia en el fraseo, proyectando envolvimiento con sus personajes. En el caso de McKinny, literalmente se metió en la piel de De Prejean, y extendió su papel hasta límites de una angustiante y sofocante desesperación, casi al borde del delirio, pero sus aires de petulancia y engreimiento se fueron transformando hasta esbozar en escena a un hombre, humilde, arrepentido, y conmovedoramente creíble. La celebre mezzosoprano Susan Graham, quien en el estreno mundial de la obra creó el personaje de Helen Prejean, aquí asumió el papel de Mrs. Patrick De Rocher, y dejo constancia de su experiencia y largo recorrido para regalar la imagen de una afligida, desesperada e impotente madre.  Demostró sus medios vocales, aun en buena forma, y con elegante fraseo en su recitar.  Del extenso elenco se debe mencionar el buen trabajo del experimentado bajo Raymond Aceto como George Benton, el de la soprano Brittany Renee como la Hermana Rose, así como, del tenor Chad Shelton, como el Padre Grenville, así como del barítono Rod Gilfry, como Owen Hart (padre de la adolescente asesinada), todos ellos con un notable aporte en sus respectivos papeles.  La extensa lista de personajes, algunos con mayor participación que otros, fue adecuada para el desarrollo de la función, muchos de ellos alumnos actuales y ex alumnos del programa Merola del teatro, miembros del coro.  La dirección escénica de Leonard Foglia, asistido por Katrina Bachus, no podría abordar una temática tan fuerte y emotiva de manera ligera.  Hubo momentos de exacerbada violencia, en el prólogo con la violación y asesinato de los dos adolescentes, fantasmas que se le aparecen en un par de ocasiones a De Rocher, así como la dureza que se vive en el interior de una cárcel. La escena final de la ejecución de De Rocher, fue tan vivida y brutal para el público, que nadie abandonó la sala, y al final provocó que gente alrededor mío prefería voltear hacia otro lado y no ver la escena, mientras que otros lloraban, algunos de manera intensa al presenciar la escena.  Por ello es entendible que, al finalizar la función, los pocos aplausos de la mayoría de los asistentes que se quedaron petrificados en sus butacas, no se debió a un desprecio a la obra, si no al shock y la conmoción que les generó presenciar la historia. En el podio estuvo el maestro Patrick Summers, quien fue el encargado de dirigir el estreno mundial, y en su calidad de director artístico del teatro de Houston, de presentarla en aquel teatro, funciones de las que existen grabaciones. Contrario  a lo que se podría pensar, la orquestación de Heggie, irradia profundidad emocional y musicalidad. Adopta diferentes estilos que van de lo atonal, al minimalismo, tintes de la music folclórica, popular americana, sin renunciar a su vocación de servir al canto, con una partitura plena de encanto y misterio.  Summers dirigió con seguridad y conocimiento de la partitura, extrayendo exuberantes pasajes, pero con atención a lo que sucedía en escena.  El coro, también estuvo presente en esta obra, con profesionalismo y homogeneidad que el sello de su director John Keene. Como dato adicional, un indicativo de la dificultad que supone escenificar Dead Man Walking, es que en est función se requirieron ciento doce personas (entre artistas principales, coristas, coros de niños  y figurantes) y una orquesta de setenta músicos.





Thursday, November 30, 2023

Intelligence en Houston - Houston Grand Opera

Fotos: Michael Bishop

Ramón Jacques

Intelligence ópera en dos actos del compositor estadounidense Jake Heggie (1961) con libreto de Gene Scheer (1958) es el estreno número 75 que se realiza en el escenario de la Houston Grand Opera, compañía líder en comisionar, abordar y promover óperas contemporáneas, y que por primera ocasión en su historia inaugura una temporada con un título nuevo.  Cabe destacar la trayectoria de Jake Heggie, que lo sitúa como una reconocida figura por su contribución al repertorio operístico estadounidense que incluye  cooperas como: The End of the Affair (2003) y Three Decembers (2008), ambas vistas por primera vez en este escenario; así como otras composiciones estrenadas en años recientes, en la Ópera de Dallas  como: Moby Dick (2010) y Great Scott (2015), sin olvidar su título más conocido, repuesto con regularidad e incluso escenificado por teatros internacionales: Dead Man Walking que vio la luz en la temporada 2000 en la Ópera de San Francisco, ciudad donde reside el compositor y que fue además el título inaugural de la presente temporada del Metropolitan de Nueva York.  La trama de Intelligence está inspirada en un hecho histórico ocurrido en 1865 en Richmond Virginia en la cual Mary Jane Bowser, mujer nacida en esclavitud, alrededor de 1840, en la propiedad de la afluente familia Van Lew, quien obtuvo una educación académica completa, que la llevó a ser misionera en Liberia. A su regreso a Richmond fue prestada a la Casa Blanca Confederada durante la Guerra Civil Estadounidense, donde accedió a documentación e información sobre los movimientos y estrategias de las tropas del sur, que compartió, para ser enviada al norte, por Elizabeth Van Lew, quien encabezaba una red de espionaje pro-Unión. ¡Una historia digna de película de Hollywood!, que ha sido documentada en diversos artículos y libros de historia. La ópera versa sobre la cercana relación existente entre Mary Jane y Elizabeth, los riesgos de ser espías por las sospechas del Guardia Confederado Travis y de Callie Van Lew, cuñada de Elizabeth, y de la serie de vicisitudes por las que debe atravesar el personaje de Mary Jane como: traiciones, propuestas románticas, hasta llegar al final de la guerra.  La historia está contada con intensas, exageradas y viscerales actuaciones, algunas crudas, y cargadas de absurdos clichés, pero con emotividad y  mucho movimiento ya que al proceso creativo del canto y la música, se le incorporaron las danzas de la coreógrafa Jawole Willa Jo Zollar y de su compañía Urban Bush Women, que fusionó diversas expresiones artísticas para lograr una narración hoy poco vista en escenarios operísticos, pero más una indicación de que la ópera evoluciona y busca nuevas maneras de apelar e interesar al público actual. Este espectáculo logró ese cometido.  Musicalmente, Heggie creó una orquestación indudablemente moderna, harmoniosa y accesible al oído, a la que le incorporó pasajes musicales de marcada influencia del jazz y el blues, del canto espiritual (spiritual negro) y algunos motivos musicales que se repiten, que van creciendo en intensidad, desde fuertes percusiones hasta ligera simplicidad.  El libreto y la escritura de Scheer luce en los intercambios y conversaciones entre personajes, pero muestra complicaciones en algunas de las arias y duetos, cuyas floridas frases parecen sonar artificiales, incluso desfasadas.  Sin embargo, hay momentos vocales que destacar como el dueto a capella del segundo acto entre Elizabeth y Callie, con una sutil entrada de la orquesta; o la melodía con la que canta “Oh, Lord have mercy on my soul” Mary Jane al inicio de la ópera, cuyo tema de estilo espiritual o folclórico vuelve en el dúo con Lucinda, que se trata del espíritu de su madre,  donde entonan el conmovedor: “Whose arms were holding me then? Whose arms would not let me go?  El director canadiense-trinitario Kwamé Ryan, mostró la afinidad que tiene por la música contemporánea, y al frente de la Houston Grand Opera Orchestra extrajo la variedad de estilos y dinámicas de la partitura, con entusiasmo y puntualidad, sin cubrir a las voces en los momentos más intensos y pulsantes de la partitura.  El elenco contó con destacados nombres estadounidenses como la soprano Janai Brugger en el papel de Mary Jane, quien aportó su cálida voz, sentimiento y apego al personaje; así como la mezzosoprano Jamie Barton como Elizabeth, con algunas imperfecciones en su canto que fue corrigiendo a lo largo de la función.  J’Nai Bridges, mezzosoprano de claridad y brillantez en su suntuosa voz caracterizó bien al personaje de Lucinda.  La soprano Caitilin Lynch personificó y cantó correctamente a la malintencionada Callie; y el barítono Michael Mayes se mostró adecuado en apariencia y voz para el papel de Travis.  Correctos estuvieron el bajo-barítono Nicholas Newton como Henry y el tenor Joshua Blue como Wilson.  El marco escénico ideado por Mimi Lien, fue un espacio abstracto con pocos elementos escénicos, ayudado de transmisiones y proyecciones de Wendall K. Harrington, que cumplió su intención desde el punto de vista visual y estético, y los vestuarios, considerados de época, de Carlos Soto, que ayudaron a situar o imaginar la escena en los tiempos que indica el libreto.  La dirección escénica también fue de Jawole Willa Jo Zollar, más enfocada en las danzas y las coreografías que lucieron invasivas por momentos, pero que dieron dinamismo a la escena, de la que no se puede hablar de un verdadero desenvolvimiento o trabajo actoral de los personajes cantantes, algunos algo estáticos sobre la escena.




Saturday, May 7, 2016

Madama Butterfly - San Diego Opera

Fotos: J. Katarzyna Woronowicz / San Diego Opera

Ramón Jacques

La sempre attraente e popolare Madama Butterfly di Puccini è stata l’opera deputata a proseguire la stagione dell’Opera di San Diego. Tutto faceva pensare ad una recita di routine, come tante se ne vedono al giorno d’oggi, invece si è incontrato il soprano statunitense Latonia Moore, più conosciuta come Aida già cantata più volte, che ha dato rilievo vocale al ruolo della sofferente Cio Cio San con uno strumento vocale omogeneo, sicuro, di colore attraente con il quale  è riuscita a comunicare emozioni e i diversi stati d’animo che attraversavano il suo personaggio. Il suo canto è stato soave ed equilibrato, quasi sussurrato in certi momento, e soprattutto segnato dal vigore e l’energia vocale che normalmente si imprimono al ruolo. Il suo disimpegno attoriale è stato convincente culminando in una scena finale straziante. In grande aiuto la direzione del maestro Yves Abel che davanti alla Sinfonica di San Diego, sotto i decibel della orchestrazione ha offerto una lettura sicura e meticolosa che dall’inizio alla fine è risultata piacevole. In scena si è visto l’allestimento che la coppia argentina composta da Roberto Oswald scene e Anibal Lapiz, costumi, aveva preparato qualche anno fa per l’Opera di Montreal. Situata in un giardino giapponese, semplice, minimalista, con pannelli mobili e costumi lucidi, la proposta raggiungeva il suo scopo, ma trascorrendo tutta la recita nel medesimo spazio, senza varietà nè cambi,  e con la rigida direzione scenica di Garnett Bruce; questo fu il motivo per cui si attenuava il fascino iniziale della scena nella pupilla degli spettatori. Tuttavia, deve essere messo in evidenza il buon lavoro e le luci di Chris Rynne che giocando con i chiaroscuri su fondali brillanti ha regalato immagini molto eloquenti. Nel ruolo di Pinkerton, il tenore rumeno Teodor Ilincăi, ha mostrato possesso di innegabili mezzi vocali però il suo canto in certi momento è risultato forzato e la sua presenza scenica in termini generali è stata inespressiva e esagerata. J’Nai Bridges ha dispegato la sua brunita tonalita di mezzosoprano come Suzuki e il barítono Anthony Clark Evans ha personificato un discreto Sharpless. Completarono con soddisfazione il cast il resto dei cantanti dando vita ai ruoli minori, così come il coro nei suoi brevi interventi. Già genera aspettativa il prossimo titolo che verrà offerto dalla compagnia durante la presente stagione, si tratta di Great Scott opera del compositore statunitense Jake Heggie su libretto di Terrence Mcnally (autore di Dead Man Walking), la cui prima assoliuta è stata data a Dallas nel mese scorso.

Saturday, February 20, 2010

Recital de Frederica Von Stade en Álamos Sonora México

Foto cortesía: FAOT 2010

La elegancia del canto: Frederica Von Stade

José Octavio Sosa

Se fue Jessye Norman y comenzó a llover y en ese estado nos arrulló, nos conmovió, nos divirtió, nos levantó el ánimo y nos quitó el frío de la ventisca, el encanto y –el canto- finísimo y melódico de Frederica von Stade. Esta dama es, en toda la extensión de la palabra, un hermosísimo espectáculo. Se trató de un viaje musical desde Franz Schubert, Gabriel Fauré, Georges Bizet, pasando por Giacomo Puccini, Ned Rorem, Daniel Schmitt, Richard Strauss y Francis Poulenc, hasta Louis Guglielmi y Edith Piaf, -en una conmovedora interpretación de “La Vie en Rose”; Aaron Copland y Alberto Ginastera; de este último, su interpretación de “Arrorro” fue encantadora. Deleitó, majestuosamente, en toda una gama de situaciones en los bloques del programa vocal que inició con Roses, y continuó con Paris, Religion, Childrens, Shady Ladies y Moi. Dio vida a cada una de esas situaciones, haciéndonos evocar, razonar, gozar y reír; en donde admiramos, nuevamente, la versatilidad en esta artista que derrama en grandes cantidades, sencillez, refinamiento e inteligencia. Una placentera velada músico vocal, en una gratísima segunda Noche de Gala del Festival FAOT 2010. Como “encore” aplaudimos una de sus máximas creaciones: La Perichole, de Jacques Offenbach, opereta con la que se ha presentado en los más importantes escenarios del mundo. Frederica von Stade, la querida Flicka es un regalo que se debe agradecer y que habremos de conservar en el más íntimo rincón de nuestros placenteros recuerdos. Frederica tuvo la descortesía de seguir cantando –Les Jardins de Paris-, en la primera parte del programa, mientras un vecino de la fila de atrás contestaba su teléfono celular. Merecería otra reseña el pianista, Jake Heggie, consumado pianista y destacado compositor, que colaboró de manera contundente al éxito de este concierto.