Después de dos importantes producciones hechas en Estados Unidos (la de 1955 del American National Theater Academy y la de 1996 de la Houston Grand Opera) el Teatro alla Scala propuso por primera ocasión un montaje autóctono de Porgy y Bess, que para respetar la voluntad del autor, ha debido realizarse en forma semi escénica. Philippe Harnoncourt, hijo del llorado Nikolaus (a quien fue confiada originalmente la batuta) en una entrevista publicada en el programa de mano, explicó el impredecible vinculo entre su familia y la partitura de Gershwin. De hecho, pensar que un grande la filología barraco y clásica (como Nikolaus) haya llegado en los últimos años de su carrera a interpretar Porgy y Bess, podría parecer de verdad sorprendente si no es porque se sabe que en su habitación vienesa, por medio de un culto y viejo tío americano, extractos de la ópera gershwiniana iniciaron a circular antes de que la ópera fuera tan conocida en el occidente. Philippe Harnoncourt impuso un trabajo meticuloso en la recitación coadyuvado de un óptimo grupo de cantantes-actores muy empeñados a realizar los propios personajes de manera redonda. Proyecciones, en realidad, no siempre eficaces en el fondo comentaban de manera más o menos didáctica la acción, y los bien diseñados vestuarios de época hicieron que el espectáculo estuviera bien situado en su tiempo. Muy convincente fue el resultado musical de la partitura comenzando por la brillante y muy dinámica concertación de Alan Gilbert, muy atento a los vistosos colores y a la insistente rítmica de la partitura. Esplendido estuvo el coro dirigido por Bruno Casoni y el apropiado elenco con Morris Robinson quien dio al protagonista su voz muy segura en el timbre, potente, pero no muy tenue. Kristin Lewis (Bess) demostró personalidad aunque algunos problemas al poner a fuego su registro más agudo. Por su parte, estuvo desbordante, violento y sanguinario el Crown de Lester Lynch, mientras que convincente y musical se mostró Angel Blue (Clara). También el insinuante Sporting Life de Chauncey Packer agradó por la nitidez de la dicción y por la confianza escénica. En suma, un meritorio reconocimiento para todos, por un espectáculo de verdad agradable y muy aplaudido.
Opera-Musica Foto: Die Feen - Wagner - Théâtre du Châtelet, Paris - 04/2009(c) Marie-Noëlle Robert.
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Monday, November 21, 2016
Porgy y Bess de Gershwin en el Teatro alla Scala de Milán
Después de dos importantes producciones hechas en Estados Unidos (la de 1955 del American National Theater Academy y la de 1996 de la Houston Grand Opera) el Teatro alla Scala propuso por primera ocasión un montaje autóctono de Porgy y Bess, que para respetar la voluntad del autor, ha debido realizarse en forma semi escénica. Philippe Harnoncourt, hijo del llorado Nikolaus (a quien fue confiada originalmente la batuta) en una entrevista publicada en el programa de mano, explicó el impredecible vinculo entre su familia y la partitura de Gershwin. De hecho, pensar que un grande la filología barraco y clásica (como Nikolaus) haya llegado en los últimos años de su carrera a interpretar Porgy y Bess, podría parecer de verdad sorprendente si no es porque se sabe que en su habitación vienesa, por medio de un culto y viejo tío americano, extractos de la ópera gershwiniana iniciaron a circular antes de que la ópera fuera tan conocida en el occidente. Philippe Harnoncourt impuso un trabajo meticuloso en la recitación coadyuvado de un óptimo grupo de cantantes-actores muy empeñados a realizar los propios personajes de manera redonda. Proyecciones, en realidad, no siempre eficaces en el fondo comentaban de manera más o menos didáctica la acción, y los bien diseñados vestuarios de época hicieron que el espectáculo estuviera bien situado en su tiempo. Muy convincente fue el resultado musical de la partitura comenzando por la brillante y muy dinámica concertación de Alan Gilbert, muy atento a los vistosos colores y a la insistente rítmica de la partitura. Esplendido estuvo el coro dirigido por Bruno Casoni y el apropiado elenco con Morris Robinson quien dio al protagonista su voz muy segura en el timbre, potente, pero no muy tenue. Kristin Lewis (Bess) demostró personalidad aunque algunos problemas al poner a fuego su registro más agudo. Por su parte, estuvo desbordante, violento y sanguinario el Crown de Lester Lynch, mientras que convincente y musical se mostró Angel Blue (Clara). También el insinuante Sporting Life de Chauncey Packer agradó por la nitidez de la dicción y por la confianza escénica. En suma, un meritorio reconocimiento para todos, por un espectáculo de verdad agradable y muy aplaudido.
Porgy and Bess – Teatro alla Scala
Foto: Fondazione Teatro alla Scala
Massimo Viazzo
Dopo due produzioni importate made in Usa (nel 1955 a cura della American National Theather
Academy e nel 1996 della Houston Grand Opera) il Teatro alla Scala ha proposto
per la prima volta un allestimento autoctono di Porgy and Bess, che per rispettare la
volontà dell’autore, ha dovuto essere svolto in forma semi-scenica. Philippe
Harnoncourt, figlio del compianto Nikolaus (a cui in un primo momento era stata
affidata la bacchetta) in una intervista riportata sul programma di sala ha
spiegato l’imprevedibile legame della sua famiglia con la partitura di
Gershwin. In effetti, pensare che un campione della filologia barocca e
classica (Nikolaus appunto) sia giunto negli ultimi anni di carriera ad
eseguire Porgy and Bess, potrebbe
apparire davvero sorprendente se non si sa che nella sua abitazione viennese,
tramite un colto vecchio zio americano, estratti dell’opera gershwiniana avevano iniziato a circolare ben
prima che in occidente l’opera fosse conosciuta. Philippe Harnoncourt ha impostato un lavoro meticoloso sulla
recitazione coadiuvato da un ottimo stuolo di cantanti-attori impegnatissimi a
rendere i propri personaggi a tutto tondo. Proiezioni, in verità non sempre
efficaci, sul fondale commentavano in modo più o meno didascalico l’azione, e
costumi d’epoca ben disegnati rendevano la vicenda ben collocata nel proprio
tempo. Molto convincete la resa musicale della partitura a cominciare dalla
smagliante e dinamicissima direzione di Alan Gilbert, attentissimo ai colori sgargianti
e alla ritmica incalzante della partitura. Coro superbo diretto da Bruno Casoni
e cast appropriato con un Morris Robinson che ha donato al protagonista la sua
voce timbricamente scurissima, potente, ma non molto sfumata e Kristin Lewis
(Bess) che ha mostrato personalità ma anche qualche problema di messa a fuoco
nel registro più acuto. Debordante, violento e sanguigno, invece, il Crown di
Lester Lynch mentre suadente e musicale si è rivelata Angel Blue (Clara). Anche
l’insinuante Sporting Life di Chauncey Packer è piaciuto per la nitidezza della
dizione e la sua spigliatezza scenica. Insomma, un plauso meritato a tutti per una
spettacolo davvero godibile e molto applaudito.
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