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Monday, November 29, 2021

La Cenerentola en la ópera de Los Ángeles

Foto: Craig T. Mathew

Ramón Jacques

La segunda opera más representada de Rossini, que no se veía en Los Ángeles desde la temporada 2013; y que estaba originalmente programada para el 2020, tuvo finalmente su función inaugural en este 2021 con el estreno local de un nuevo montaje escénico del director francés Laurent Pelly, coproducido por los teatros de Ginebra, Ámsterdam y Valencia. Las producciones pasadas de este título, habían sobresalido por el nivel de los elencos conformados, en los que destacó la presencia de Frederica Von Stade y Jennifer Larmore en el papel de Angelina, ambas en el pico de sus carreras. En esta ocasión, el teatro logró una vez más reunir un cast de importantes cantantes internacionales que ofreció un desempeño vocal muy satisfactorio. En primer lugar, se debe mencionar el trabajo en el podio del experimentado maestro Roberto Abbado, muy conocido en Estados Unidos por su trabajo, desde hace varios años, como director artístico de la conocida orquesta Saint Paul Chamber Orchestra, y que, en su debut local, dirigió con pericia y maestría. Desde la obertura, Abbado mostró la seguridad para guiar a la orquesta con, homogeneidad y buena dinámica, logrando extraer la comicidad y alegría que se desprende de la partitura. Además, mostró el oficio que tiene como concertador operístico, por la confianza y consideración que tiene por las voces que logró amalgamar con la orquestación. El papel de Angelina le fue confiado a la mezzosoprano Serena Malfi, quien, en su debut angelino, agradó por el juvenil y sutil carácter que imprimió al personaje haciéndolo creíble, gracias también a un desempeño vocal que fue de menos a más a lo largo de la función, en el que combinó brillantez y agilidad vocal con un grato color oscuro y fresco, que coronó con una virtuosa ejecución de Nacqui all'affanno... Non più mesta. El tenor Levy Sekgapane, otro debut local, fue una agradable sorpresa encarnando el papel de Don Ramiro, del cual se debe resaltar la musicalidad y ligereza de su lucido timbre, en un papel que vocalmente se adapta muy bien a sus cualidades. El experimentado Alessandro Corbelli en el papel de Don Magnifico, que ya se le había escuchado aquí en el 2013, confirmó que es un experto en personajes bufos, brillante en la parte vocal y escénica; hay poco que agregar a lo que se haya dicho y escrito de a lo largo de su carrera, más allá del privilegio que representa poder aún gozarlo en vivo. El bajo Ildebrando D’Arcangelo, fue un lujo en el papel de Alidoro, que con profundidad vocal y presencia escénica dio relevancia al personaje, que se convirtió en una especie de hilo conductor de las escenas, vestido como director de orquesta y con baqueta en mano, con la que iba guiando la escena y los movimientos de los otros personajes. El barítono Radion Pogossov, personificó un arrogante y altanero Dandini, bien cantado y desenvuelto en escena. Una mención va para la simpatía de las hermanastras Clorinde, interpretada por la soprano Erica Petrocelli, y Tisbe, de la mezzosoprano mexicana Gabriela Flores, quien forma parte de la compañía y tuvo un auspicioso debut sobre este escenario. La parte escénica a cargo de Laurent Pelly, tuvo algunos aciertos, y algunos puntos discutibles; como la escena inicial, y a la vez la final, de un escenario vacío en el que Angelina aparece limpiando el piso, como si todo fuese un sueño, un recurso ya visto y utilizado por otros directores de escena en otras producciones. Las escenografías, de plataformas movibles que entraban y salían de ambos lados del escenario, con muebles de la casa de Don Magnifico, a diferentes niveles sobre las que se ubicaban los cantantes, que además de que crearon escenas muy abigarradas y cargadas, tampoco parecieron tomar en cuenta las dimensiones del escenario del Dorothy Chandler Pavilion y de su sala, que en detrimento de las voces mientas más arriba o atrás del escenario se colocaban los cantantes, perdían proyección y en ciertos pasajes no se escucharon bien. Fueron más atractivos, los telones rosas de una carroza, o muebles en el castillo de Don Ramiro en la segunda parte de la función. La diseñadora de este montaje fue Chantal Thomas. Atractivos y lucidos estuvieron los vestuarios ideados por Pelly y de Jean-Jacques Delmotte, en brillante color rosa de estilo del siglo XIX paro los nobles, incluido el coro, y de los años 50 para el resto de los personajes, con una iluminación bien manejada por Duane Schuler, Finalmente, en este tipo de obras, es fácil pasar de lo jocoso y cómico a la sobreactuación, y ciertas coreografías y movimientos de los personajes lucieron francamente exageradas e innecesarios. Aun así, la opera de los ángeles concluye sus actividades del 2021 de manera exitosa. La actividad en el 2022 se retomará en el mes de marzo con una versión escenificada de la Pasión de San Mateo de Bach.

Tuesday, December 17, 2013

La Flauta Mágica en la Ópera de Los Ángeles

 
Foto: Robert Millard / LA Opera
 
Ramón Jacques
 
Mozart LA FLAUTA MAGICA J. Brugger, L. Brownlee, E. Miklósa, R. Pogossov, E. Boyer. Dir.: J. Conlon. Dir de esc.: B. Kosky.  30 de noviembre. Dorothy Chandler Pavilion.

Por su cercanía geográfica con los estudios cinematográficos de Hollywood, la Ópera de Los Ángeles ha establecido siempre vínculos con directores de escena, escenográfos, diseñadores provenientes de este mundo, por lo que el anunció de una puesta en escena de “estilo cinematográfico”, que generó tanta expectación, no podría ser estrenada en otro teatro estadounidense que no fuera este. La mezcla de fantasía, surrealismo, magia y emociones humanas que contiene la historia de esta opera, fue lo que inspiró a Bryan Kosky, intendente de la Komische Oper Berlín, a crear junto al grupo londinense de teatro 1927 un montaje novedoso y muy original, que situó a los personajes dentro de un filme del cine mudo en el que interactuaban con divertidas y coloridas animaciones proyectadas sobre una enorme pantalla blanca a sus espaldas, que fue el único elemento sobre el escenario. La producción fue estrenada en Berlín el año pasado. La sincronía entre los artistas y las escenas proyectas fue admirable, y los diálogos hablados fueron sustituidos por breves subtítulos acompañados por las fantasías al piano de Mozart. Los vestuarios correspondieron a los años 20 del siglo pasado, pero aunque la idea cumplió con el cometido de innovador, el continuo cambio de imágenes, que distrajo la atención del público, y los pocos movimientos de los artistas incidieron en la continuidad de la función.  El elenco se mostró en un buen nivel, y fue encabezado por el tenor Lawrence Brownlee como Tamino, por la calidez de su canto y la brillantez de su timbre, por Erika Miklósa y la explosividad pirotécnica que exhibió en las dos arias de la Reina de la Noche, y por Radion Pogossov por la comicidad y la seguridad vocal con la que dio vida a Papageno. Janai Brugger, ofreció una delicada y sensible Pamina, y el resto de los personajes, y el coro, estuvieron correctos y puntuales en cada una de sus intervenciones. James Conlon dirigió a la orquesta con su habitual entusiasmo y maestría muy acorde con la vivacidad del espectáculo. RJ