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Friday, December 19, 2014

Radio Filharmonisch Orkest, Amsterdam - Tragedie senza Tempo

Foto: Jurjen Stekelenburg

Ramón Jacques

L’orchestra della radio olandese Radio Filharmonisch Orkest, ha offerto nella sala da concerto Concertgebouw di Amsterdam un dittico insolito intitolato“Tragedie senza tempo”composto dall’opera-oratorio Oedipus Rex di Stravinskij e dalla prima assoluta di The Rise of Spinoza di Theo Loevendie. Quest’opera in quattro scene è stata commissionata a Loevendie, un prolifico compositore nato ad Amsterdam nel 1930 che si è ispirato ad un momento tragico della vita del filosofo olandese Baruch Spinoza, il quale nel 1656 fu espuslo dalla comunità giudaica, così come scomunicato e esiliato dalla cità di Amsterdam per la sua filosofia panteista che identificava Dio con la Natura (Deus sive natura).  Questo passaggio è stato abilmente plasmato dal compositore in un libretto in lingua inglese di appena 45 minuti di durata che era a volte colorito a aolte agghiacciante. L’esito musicale è sostanzialmente contemporaneo e intenso, in certi momenti dissonante, ma non rinuncia a influenze dalla musica jazz o da quella antica, incorporata abilmente nel personaggio del musico Jacob van Eyck, qui interpretato dal flautista Erik Bosgraaf che con il suo strumento girava in scena e tra gli orchestrali come osservator dei fatti. La musica è ricca, per momenti sottile e accessibile nella parte cantata dai solisti. Il ruolo di Spinoza è stato interpretato dal controtenore Tim Mead che ha saputo infondere nel personaggio energia ed estasi con una linea di canto molto lirica, come nel suo incontro amoroso con Clara, intepretata dal soprano Katrien Baerts, che ha cantato con una timbro di nitidezza cristallina. Gli altri personaggi erano il basso-baritono Huub Claessens, un energico e convincente Rabino Morteira, e il tenore Marcel Reijans, un discreto Franciscus van den Ende, professore di Spinoza. Il Coro, Groot Omroepkoor, ha dato il suo apporto, come nella originale scena  iniziale dei venditori al mercatoche offrivano ogni tipo di alimenti, come formaggio e burro; e l’orchestra ha riposto alle esigenze musicali della partitura con sicurezza e suono omogeneo sotto la bacchetta del suo direttore principale Markus Stenz. Nella seconda parte si è ascoltato Oedipus Rex, nel quale brillava la presenza del tenore Sergey Semishkur, tenore russo du voce calda e potente nel ruolo di Edipo. Completavano il cast la mezzosoprano Yvonne Naef, una buona scelta per il ruolo di Giocasta per la suoi toni bruniti e la convinzione, così come il basso Dmitry Ivaschchenko come Tiresia e il baritono Andrew Schroeder come Creonte. L’orchestra ha dato il suono tragico richiesto dall’opera sotto la direzione minuziona e attenta di Markus Stenz.

Monday, December 8, 2014

The Rise of Spinoza de Theo Loevendie y Oedipus Rex de Igor Stravinsky en Ámsterdam

Foto: Jurjen Stekelenburg
Ramón Jacques
La orquesta de la radio neerlandesa Radio Filharmonisch Orkest, ofreció en la sala de conciertos Concertgebouw de Ámsterdam un díptico poco usual que se tituló “Tragedias sin tiempo” conformado por la ópera-oratorio Oedipus Rex de Igor Stravinsky y por el estreno absoluto de la ópera The Rise of Spinoza de Theo Loevendie. Dicha ópera en cuatro escenas le fue comisionada a Loevendie, un prolífico compositor nacido en Ámsterdam en 1930 quien se inspiró en un momento trágico de la vida del filósofo neerlandés Baruch Spinoza quien en 1656 fue expulsado de la comunidad judía, así como excomulgado y desterrado de la ciudad de Ámsterdam por su filosofía panteísta de identificar a dios con la naturaleza (Deus sive natura). Este pasaje fue hábilmente plasmado por  el compositor en un libreto en lengua inglesa de apenas 45 minutos de duración que es a la vez colorido y estremecedor. El estilo musical de Loevendie es esencialmente contemporáneo e intenso, por momentos disonante, pero no renuncia a sus influencias del jazz o de la música clásica antigua que supo incorporar hábilmente en el personaje del músico Jacob van Eyck, aquí interpretado por un flautista (Erik Bosgraaf) quien con su instrumento fue hilando escenas, incluso partes orquestales, como un observador de los hechos. La música es rica, por momentos sutil y accesible en las partes cantadas por los solistas El papel de Spinoza fue encomendado al contratenor Tim Mead, quien infundió al personaje de energía y arrebato y una línea de canto muy lirica, como en su encuentro amoroso con Clara, interpretada por la soprano Katrien Baerts quien aportó un timbre de cristalina nitidez. Los demás personajes fueron el bajo barítono Huub Claessens un enérgico y convincente Rabino Morteira, y el tenor Marcel Reijans un discreto Franciscus van den Ende, profesor de Spinoza. El coro, Groot Omroepkoor, tuvo su aporte, como en la original escena inicial de los vendedores del mercado que ofrecen todo tipo de cosas como queso, mantequilla; y la orquesta respondió a las exigencias musicales de la partitura con seguridad y sonido uniforme bajo la conducción de su titular Markus Stenz.  En la segunda parte se escuchó Oedipus Rex, donde descolló la presencia del tenor Sergey Semishkur, tenor ruso de caudalosa y potente voz como Edipo. Completaron el elenco la mezzosoprano Yvonne Naef, una buena elección para el papel de Yocasta, por su tonalidad oscura y convicción, así como el bajo Dmitry Ivashchenko como Tiresias y el barítono Andrew Schroeder como Creonte. La orquesta dio el sentido trágico que requiere la obra bajo la minuciosa y cuidada conducción del Maestro Stenz.

Monday, March 10, 2014

El Príncipe Igor en el Metropolitan de Nueva York

Foto: Cory Weaver / Metropolitan Opera

Gustavo Gabriel Otero

Nueva York, 17/02/2014. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Alexander Borodin: El Principe Igor, ópera en un prólogo y tres actos. Libreto de Alexander Borodin. Nueva producción escénica. Dmitri Tcherniakov, dirección escénica y escenografía. Elena Zaitseva, vestuario. Itzik Galili, coreografía. S. Katy Tucker, proyecciones. Gleb Filshtinsky, iluminación. Coproducción del Metropolitan Opera con la De Nederlandse Opera de Amsterdam. Ildar Abdrazakov (Príncipe Igor), Oksana Dyka (Yaroslavna, esposa de Igor), Sergey Semishkur (Vladimir, hijo de Igor), Mikhail Petrenko (Príncipe Galitski, hermano de Yaroslavna), Stefan Kocán (Khan Konchak, jefe de los polotvosianos), Anita Rachvelishvili (Konchakovna, hija de Konchak), Vladimir Ognovenko (Skula), Andrey Popov (Yeroshka), Mikhail Vekua (Ovlur, un polotvosiano), Kiri Deonarine (muchacha polotvosiana), Barbara Dever (Doncella de Yaroslavna). Orquesta y Coro Estable del Mepropolitan Opera. Director del Coro: Donald Palumbo. Dirección Musical: Gianandrea Noseda.

El príncipe Igor de Borodin fue estrenada en el viejo Met en 1915 y fue repuesta en 1917 siempre en traducción italiana. En la sala actual del principal teatro de ópera de Nueva York se cantó solamente en 1998 dentro de una gira del Mariinski. Esta nueva producción escénica y musical, fruto del trabajo de Dmitri Tcherniakov y Gianandrea Noseda, se erige como la primera producción propia del Metropolitan Opera de la obra de Alexander Borodin en más de un siglo y un verdadero estreno. Tcherniakov, y Noseda presentaron casi una versión propia de la obra basados en manuscritos del autor y nuevos trabajos musicológicos, expurgando parte del trabajo de Rimsky -Korsakov y Glazunov y añadiendo orquestaciones de Pavel Smelkov. Hay cambios en el orden de los actos y de las escenas, cortes de fragmentos musicales, restauraciones y añadidos (como el final orquestal que corresponde a otro trabajo de Borodin: un fragmento del ballet Mlada denominado la inundación del Río Don). Dmitri Tcherniakov recrea la obra situándola en forma vaga a principios del siglo XX y convirtiéndola en casi un estudio psicológico sobre las motivaciones que llevan a un líder a declarar la guerra, la crisis emocional y moral que sacude al príncipe Igor por su derrota ante los Polotvsianos y las dificultades para volver a liderar a un pueblo luego de una derrota y comandar la reconstrucción. Tcherniakov ubica el prólogo en un gran espacio cerrado con imponentes paredes de yeso de color beige, que contrastan magníficamente con los uniformes de los soldados color rojo oscuro. El segundo se inicia con una proyección, en blanco y negro que remada al gran Sergei Eisenstein, de imágenes de los soldados rusos preparándose para la guerra y como son luego masacrados. También vemos como el príncipe se derrumba con una herida sangrante en la cabeza. De repente un nuevo escenario aparece: un vasto campo de amapolas con extraordinarias flores rojas contra un cielo azul sin nubes. Todo el resto de este segundo acto en las estepas polotvosianas parece ser un sueño de Igor -que permanece todo el acto presente en escena- mientras se debate entre la vida y la muerte. Las danzas del final, con el coro cantando en los palcos del primer piso a izquierda y derecha, en un impresionante efecto, con el príncipe Igor errante entre los bailarines, es uno de los mejores momentos de la noche. El segundo acto vuelve a Rusia y al mismo espacio del prólogo que poco a poco se va degradando, mientras que en el tercero vemos las funestas consecuencias de la guerra con la destrucción casi total del mismo lugar. El final da un mensaje de esperanza: el príncipe Igor da ejemplo a su pueblo comenzando la reconstrucción de su palacio para recomenzar la vida.
Más allá de las licencias argumentales, musicales y musicológicas que Dmitri Tcherniakov se toma con la obra, y que deben ser estudiadas por los especialistas, su puesta es de concepto y funciona a la perfección casi como un thriller psicológico. El vestuario de Elena Zaitseva luce imponente y funcional al concepto de la puesta, la moderna coreografía de Itzik Galili no deslumbra pero produce un muy buen efecto, de calidad las proyecciones de Katy Tucker y funcional la iluminación de Gleb Filshtinsky con su punto máximo en el efecto de la tormenta del prólogo. Gianandrea Noseda condujo con pericia a la orquesta del Met logrando un sonido amalgamado y profundo con lucimiento de todas las secciones. En el protagónico Ildar Abdrazakov evidenció buenos recursos, profundo lirismo y una línea de canto interesante. Su voz es firme y robusta pero no hay que buscar en él esas voces rusas profundas de antaño. Muy compenetrado en la acción lució impulsivo en el prólogo, desvastado en el primer acto y casi desesperado y triste en el restaurado monólogo del tercer acto. La soprano ucraniana Oksana Dyka, en su debut en el Met,  puso al servicio de Yaroslavna su potencia vocal, su firme registro agudo y su calidad interpretativa. El tenor Sergey Semishkur oriundo de Kiev y también debutante en el Met cantó la parte de Vladimir, hijo del primer matrimonio de Igor, con pasión y buenos recursos. Mikhail Petrenko como el príncipe Galitski compuso actoralmente un ser repugnante. Vocalmente correcto, se notó escaso de volumen y un poco exigido por el rol. Stefan Kocán como Khan Konchak el jefe de los polotvosianos mostró calidad vocal mientras que Anita Rachvelishvili (Konchakovna) puso en juego su voz sugerente, oscura y bien trabajada para dar realce al rol. Su línea de canto es impecable, sus graves rotundos y poderosos y su color vocal fascinante. Sin ser una belleza irradia seducción en el escenario.
Muy correcto y homogéneo el resto del elenco (Vladimir Ognovenko, Andrey Popov, Mikhail Vekua, Kiri Deonarine y Barbara Dever) y de alta calidad la prestación del Coro que dirige Donald Palumbo.