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Thursday, September 26, 2024

8ª y 9ª de Beethoven en Milán

Foto: Società del Quartetto di Milano

Massimo Viazzo

La Società del Quartetto di Milano inauguró su temporada número 160 con el capítulo final de la ejecución total de las sinfonías de Ludwig van Beethoven, ciclo que inició hace un par de años y que fue propuesto por la Orchestra Mozart de Bolonia bajo la conducción de su director musical Daniele Gatti.  En este programa se ejecutaron la Sinfonía n. 8 en fa mayor op. 93 y la Sinfonía n. 9 para solistas, coro y orquesta op. 125, pero en para la ocasión, y a causa de una imprevista indisposición de Gatti, el podio de la orquesta de la Orchestra Mozart le fue confiado  a Sir John Elliot Gardiner.  Como se sabe, Gardiner posee un currículum extraordinario sobre todo enfocado a la música antigua, quien aquí condujo las dos partituras en el programa, apuntando hacia la nitidez, la claridad y la transparencia, sin ningún sedimento romántico. Sus tiempos que  fueron generalmente constantes y una rítmica nerviosa caracterizaron sus interpretaciones. Escuchando su Beethoven, permanecimos abrumados por la carga subversiva de estas páginas y se tuvo la repentina sensación de que fueron  proyectados a la época de su composición. Durante un par de horas, el director ingles logró hacernos olvidar lo que la historia de la música occidental produjo en los años venideros, y que al final, ha condicionado inevitablemente nuestra manera de escucharla. En suma, Gardiner supo reconstruir una especie de virginidad auditiva en detrimento de una rutina, quizás también una optima rutina, con la cual, directores y apasionados, frecuentemente han quedado satisfechos.  En particular, en la octava, la más Haydeniana entre las nueve sinfonías, fue realizada con un aspecto casi rudo, alejado de las interpretaciones edulcoradas y acomodaticias que frecuentemente no le han hecho justicia. Gardiner supo transmitir una euforia contagiosa mostrando la compacidad de una obra menor (¡equivocándose!) al interno del corpus sinfónico beethoveniano. Yo diría que más entusiasmo que buen humor es la impresión que despertó esta octava. En esta versión interpretativa, la Novena, recuperó toda su carga explosiva, casi telúrica.  El director la ha ofreció encendiéndola de manera asertiva, lucida, incisiva, a menudo perturbador.  No pareció estar interesado en el bello sonido, o en hacer las frases musicales en modo estéticamente seductor, si no que lo que le importaba era la carga gestual de las líneas melódicas que se convertía en teatralidad, con una urgencia expresiva viril, por momentos casi áspera, pero de una potencia inaudita.  Los tiempos estuvieron generalmente fluidos, pero el trio del segundo movimiento y sobre todo el adagio molto e cantabile fueron separados de manera un poco veloz.  Un aplauso a los cuatro solistas de canto, Lenneke Ruiten, Eleonora Filipponi, Bernard Richter y un Markus Werba exuberante para esculpir el grandioso recitativo que abre la parte coral del Finale, parte coral sostenida con autoridad por  el Coro del Teatro Comunale de Bolonia. Cabe recordar, al final, que este año se cumple el bicentenario de la primera ejecución absoluta de la novena sinfonía, que ocurrió en 1824 en el  Kärntnertortheater de Viena (Teatro de la puerta de Carintia) y que fue precisamente la Società del Quartetto di Milano quien en 1878 ofreció la primera ejecución italiana de esta suma obra maestra.



Monday, December 1, 2014

Concierto de The English Baroque Soloists y Monteverdi Choir dirigido por Sir John Elliot Gardiner en Paris

Foto de Sir John Elliot Gardiner cortesía de Cité de la Musique

Ramón Jacques

El ciclo de música antigua denominado Guerre et Paix que se ofrece durante esta temporada  en la sala de conciertos de la Cité de la Musique de Paris contiene conciertos realmente interesantes, como el que ofreció la orquesta English Baroque Soloists y el coro Monteverdi Choir, uno de los más sobresalientes en su género, bajo la conducción de su director titular y fundador Sir John Elliot Gardiner.  El programa confeccionado para la ocasión, por el propio director inglés, incluyó tres obras vocales pertenecientes a diferentes compositores quienes coincidentemente nacieron todos en el año de 1685 como Domenico Scarlatti, Johann Sebastian Bach y Georg Friedrich Haendel. La velada inicio con la interpretación del suntuoso Stabat Mater de Scarlatti, conocida composición litúrgica para diez voces y bajo continuo -aquí el clavecín fue sustituido por un órgano- con una notable sección de voces femenina del coro Monteverdi, compuesta por cuatro sopranos y dos altos, que se alternaba con las voces masculinas, de dos tenores y dos bajos, en un denso dialogo concertante cuya expresiva profundidad es evocadora de la música de Bach. Sobresalió el Inflamatus que contrastó el virtuosismo con el que cantaron el tenor y la soprano solistas. La cantata BWV 199 Mein Herze schwimmt im Blut (Mi corazón bañado en sangre) de Bach compuesta en ocho movimientos para soprano, contó con la participación de la orquesta, que resplandeció por la sincronía y ligereza de su sección de cuerdas y el oboe que se escuchó frecuentemente como en la primera aria o la ultima, donde marcó el alegre estado de ánimo que concluyó con una brillante y expresiva agilidad vocal. Finalmente se interpretó el Dixit Dominus HWV 232 (Salmo 109) de Haendel con una vibrante y estimulante lectura del enérgico motete por parte de John Elliot Gardiner al frente de una agrupación -orquesta y coro- que ofreció una superlativa interpretación que convenció y conmovió a un exultante público que no paraba de aplaudir. Notables fueron De torrente in via bibet – dúo para soprano y alto- y el Gloria Patria et Filio, que al final tuvo que ser repetido como bis. Cabe señalar que los solistas –en especial las voces femeninas- estuvieron francamente maravillosos todos, por ello es una pena que en el programa de mano solo se haya dado el crédito al coro como agrupación, y no se hayan mencionado los nombres y la parte cantada de manera individual. ¡Quedara siempre esa incógnita!