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Tuesday, January 8, 2013

I Due Foscari y Don Giovanni en Los Angeles

Fotos: Robert Millard  LA Opera

La Opera de Los Ángeles inició una nueva temporada con la presentación de I Due Foscari de Verdi.  Francesco Foscari es el personaje numero 140 en la extensa y prolífica carrera de Placido Domingo, y su presencia en la nueva producción de Los Ángeles generó ya interés por esta desconocida joya en Norteamérica, donde fue representada por ultima vez hace cuarenta años. Tal fue el interés que la opera fue ejecutada en versión concierto y fuera de su sede, en la sala de conciertos Segerstrom Hall de Costa Mesa ubicada a 50 kms. al sur de Los Ángeles. En la función que nos ocupa, Domingo dotó a su papel de seguridad y vitalidad escénica encarnando la figura paterna ideal, y emitió  oscuras tonalidades y armoniosos matices vocales de manera convincente. El elenco contó además con la presencia de un entregado Francesco Meli, como Jacopo Foscari, tenor que cantó con luminoso y juvenil timbre, sentir dramático y musicalidad. Por su parte, Marina Poplavskaya actuó con carácter el papel de Lucrezia Contarini y desplegó un colorido y homogéneo timbre con adecuada proyección. El resto de los cantantes y el coro redondearon un consistente espectáculo en la parte vocal. Thaddeus Strassberger realizó un detallado trabajo de actuación del que logró extraer diferentes estados de ánimo de los personajes, haciéndolos creíbles. El marco escénico firmado por Kevin Knight, creo una ambientación oscura y sombría, que contrastó con elegantes vestuarios apegados al tiempo de la historia. Sobresalió la colorida escena del carnaval con tragafuegos incluidos. Con su habitual entusiasmo, James Conlon ofreció una vibrante y emocionante lectura musical.
Como segunda producción se repuso Don Giovanni de Mozart, dejando a un lado las modernas y abstractas producciones de Trelinsky a las que se recurrió en el pasado, optando por ofrecer en esta ocasión un montaje apegado a la historia, al tiempo y al contexto en los que se desarrolla la trama de este dramma giocoso. Se trató de la producción diseñada por el director alemán Peter Stein, con los tradicionales vestuarios de Moidel Bickel, proveniente de la Opera de Chicago, con dirección escénica de Gregory Fornet, quien ofreció una dirección directa y concisa resaltando la comicidad e ironía y permitiendo que la función transcurriera con fluidez. En primer plano resaltó la dirección de James Conlon que extrajo los mejores recursos de la orquesta y el coro con pulso y buena dinámica. En la parte vocal y escénica sobresalió la figura de Ildebrando D’Arcangelo con una magistral interpretación del seductor, burlador y libertino, personaje que dominó histriónicamente y al que prestó sus profusos medios vocales. Soile Isokoski cautivó en el papel de Donna Elvira por su sensibilidad escénica y su refinada y exquisita línea vocal. David Bizic fue un divertido Leporello e Ievgen Orlov dio un inesperado y vibrante relieve al Comendador. Simpática y coqueta fue la Zerlina de Ruxandra Constantinescu, como discreta en lo vocal estuvo la Donna Anna de Juliana Di Giacomo, e inexpresivo e impasible el Don Ottavio del tenor Andrej Dunaev.  RJ

Tuesday, November 23, 2010

Lohengrin en Los Ángeles

Foto: Robert Millard

Ramón Jacques


La estrecha relación natural, y geográfica, que ha existido entre la Opera de Los Ángeles, y el mundo cinematográfico de Hollywood (con algunos resultados satisfactorios y otros no tanto) había estado limitada, casi siempre, solo a la regia de operas por afamados directores de cine. Pero en esta ocasión, ha sido precisamente un estudio de cine (el CBS Scenic Studio) el encargado de crear esta nueva producción de Lohengrin, basándose en la idea del experimentado diseñador Dirk Hofacker y de la regista Lydia Steier, quienes desmitificando la obra, la situaron en la Alemania de la Primera Guerra Mundial un periodo histórico, que de acuerdo a los creadores de la producción, mantiene una similitud con el tiempo actual por la existencia de constantes conflictos políticos y militares. El resultado fue óptimo ya que se vieron personajes más humanos, dentro de un contexto mas accesible y palpable para el espectador. Para los tres actos, se ubicó sobre el escenario una plataforma giratoria, en la que por un lado de mostraba el interior de un palacio destruido por la guerra, y por el otro, sus paredes y ventanas exteriores, con la evidente intención de crear un efecto cinematográfico.

Los vestuarios alusivos a la época, particularmente los militares, la resplandeciente iluminación y la constante caída de nieve, ayudaron a crear un marco atractivo y seductor. En el sólido elenco vocal que se conformó para esta ocasión, se debe destacar la presencia de la vulnerable Elsa de Soile Isokoski, una soprano de impecable y admirable línea vocal, que cautivó por la coloración y la claridad de su timbre. Ben Heppner, que interpretó a Lohengrin con una armadura metálica en su pierna (gamba) derecha, y a pesar de la evidente fatiga mostrada en el exigente final del segundo acto, supo administrar con inteligencia una voz de timbre calido que utilizó para privilegiar sutileza sobre fuerza. Cantando su primer papel wagneriano, Dolora Zajick se mostró compenetrada con el carácter y el temperamento de Ortrud, y exhibió un canto robusto y vigoroso. Correcto estuvo el violento y frenético Telramud de James Johnson, e imponente el Heinrich del bajo islandés Kristinn Sigmundsson, así como valioso fue el aporte del coro, que es un ingrediente fundamental en esta obra. Con indudable autoridad y conocimiento del estilo y del repertorio James Conlon fue esculpiendo una emotiva y penetrante lectura, en la que pudo exaltar y comunicar los diversos estados de ánimo y sentimientos que viven los personajes, como: la emoción (al final de primer acto), la agitación, la ternura, la tensión y la desolación.

Lohengrin di Wagner - Los Angeles Opera

Foto: Robert Millard

Ramón Jacques
La stretta relazione, anche geografica, che esiste fra l’Opera di Los Angeles e il mondo di Hollywood (con risultati alterni, invero) si concretizza nelle regie d’opera affidate ad affermati registi cinematografici. In questa occasione è stato il CBS Scenic Studio ad occuparsi della nuova produzione di Lohengrin, basandosi su un’idea dell’esperto scenografo Dirk Hofacker e del regista Lydia Steier, che, demitizzando la vicenda, decidono di situarla nella Germania della Prima Guerra Mondale, in un periodo storico che secondo i responsabili della produzione mantiene più che una similitudine con quello effettivo delineato dal libretto. Il risultato è stato ottimo proprio perchè i personaggi parevano più umani, in un contesto più accessibile per lo spettatore. Per i tre atti si vedeva sul palcoscenico una piattaforma girevole che da un lato mostrava un palazzo distrutto dalla guerra e dall’altro una parete con finestre con l’evidente intenzione di creare un effetto cinematografico. I costumi, allusivi all’epoca, particolarmente quelli dei militari, le luci taglienti, e la costante nevicata aiutavano a creare una forte suggestione. Parlando del cast, solidissimo in questa occasione, si deve segnalare la presenza della vulnerable Elsa di SoiIe Isokoski, un soprano di linea vocale ammirevole, impeccabile, che ha catturato per la preziosità del suo timbro. Ben Heppner, che ha interpretato Lohengrin con un’armatura metallica sulla sua gamba destra , considerando l’evodente fatica mostrata nell’esigente finale del secondo atto, ha saputo amministrare con intelligenza una voce di timbro caldo, utilizzata più con sottigliezza che con forza. Al suo debutto wagneriano Dolora Zajick ha mostrato consanguineità con il carattere e il temperamento di Ortrud. Corretto il violento e frenetico Telramund di James Johnson e imponente l’Heinrich di Kristinn Sigmundsson, così come valido è stato l’apporto del coro, un ingrediente fondamentale del “capolavoro” wagneriano. Con indubbia autorità e conoscenza dello stile e del repertorio James Conlon ha scolpito una lettura emotiva e penetrante, esaltando i diversi stati d’animo e sentimenti vissuti dai protagonisti, dalla tensione alla desolazione, dalla agitazione alla tenerezza.