Showing posts with label Stephen Hegedus. Show all posts
Showing posts with label Stephen Hegedus. Show all posts

Wednesday, November 15, 2017

The Marriage of Figaro - Opera Atelier, Toronto

Foto: Bruce Zinger

Giuliana dal Piaz

Primer evento de la Temporada 2017-18 de Opera Atelier, con un Mozart “diferente”. Acostumbrados a presenciar, en medio de estucos, terciopelos y doraduras del Elgin Theatre, óperas en las que el espectáculo “a la antigua” – gestos exagerados, bailarines hombres en leotardos, grandes faldas ondeantes de cantantes y bailarinas, enormes escotes que simula senos generosos también en la que no lo tiene – obscurece a menudo la sustancia de la producción, nos sorprendió agradablemente la relativa sobriedad de estas Bodas de Fígaro, ágiles, vivaces y entretenidas: esta vez el director Marshall Pynkoski, también gracias a la habilidad escénica de casi todos los intérpretas, logró superar la mayoría de los estereotipos del repertorio de Opera Atelier. Me pareció apreciable (aunque históricamente dudosa) la idea de presentar a los comprimarios como personajes típicos de la Comedia del Arte (Don Basilio, Don Bartolo e Marcellina exhiben las características y la comicidad de las máscaras), una idea que volvió el espectáculo más divertido y apreciado por un público heterogéneo, eliminando gran parte del intento polémico y político original – la ópera fue compuesta casi en vísperas de la Revolución francesa – y enfatizando en cambio sobre todo su aspecto farsesco de “comedia de enredo”. Efficaz la escenografía, una única estructura cóncava en la cual se abren varias puertas, mientras que al inicio de cada Acto baja en el escenario un panel pintado que señala el lugar; muy reducida la utilería en escena, un par de sillones, un biombo y un par de sillas, y un estilizado ‘matorral’ de cartón que Fígaro desplaza a voluntad en el último Acto. A la prensa la decisión de usar un texto en inglés en vez del libreto original de Lorenzo da Ponte fue presentada como el intento de acercar mayormente el público joven a la ópera barroca. Puse personalmente unas preguntas al respecto a unos jóvenes antre el público – pues hace años que los sobretítulos eliminaron el obstáculo para quienquiera sepa leer – y llegué a otra conclusión: la razón reside o bien en el deseo de originalidad a toda costa o en la creencia (falsa) de volver más fácil para los cantantes la interpretación de un texto largo y lleno de recitativos. La traducción al inglés, obra del compositor e poeta británico Jeremy Sams, es literariamente óptima y fiel, pero en la ejecución se pierde, junto con el ritmo original, la perfecta armonía entre música instrumental y música vocal. El inglés moderno, más largo y articulado, obliga además a los intérpretes a una velocidad de palabra que no existe en el libreto de da Ponte, en que las pausas de la voz son tan importantes como las palabras. A parte estas consideraciones, el resultado fue mejor que no esperara: la habilidad de concertación del Mº David Fallis, y la extraordinaria agilidad ejecutiva de la Tafelmusik Baroque Orchestra guiada por la violinista Elisa Citterio, le dieron a la partitura un ritmo acelerado que, junto con un par de cortes en el 4º Acto, volvió la ópera unos diez minutos más corta. Buenos en conjunto todos los intérpretes, sobre todo desde el punto de vista teatral (esto, con la excepción del Conde de Almaviva: el bajo-barítono Stephen Hegedus tiene buena voz, aunque no especialmente poderosa, pero expresa todo tipo de sentimiento, contrariedad/frustración/ganas de vengarse, batiendo repetidamente el pie en el suelo como niño caprichudo); eficaces las dos sopranos, Mireille Asselin, una Susana coqueta e intrigante como el rol lo requiere, y Peggy Kriha Dye, cuya voz no muestra sin embargo todo su potencial en esta Condesa de Almaviva poco dramática; bueno el Querubino de Mireille Lebel (hay que admitir que le hemos visto más coloratura y matización vocal en otras óperas) y muy buena la mezzo-soprano bufa de Laura Pudwell come Marcelina; excelente, tanto por interpretación vocal y calidad dramática como por presencia en escena el bajo-barítono Douglas Williams.

Sunday, November 5, 2017

Le Nozze di Figaro - Toronto, Canada

Foto: Bruce Zinger
Giuliana dal Piaz 
Primo appuntamento della Stagione 2017/18 di Opera Atelier, con un Mozart “diverso”. Abituati ad assistere, tra gli stucchi, i velluti e le dorature dell’Elgin Theatre, a opere in cui l’aspetto spettacolare “all’antica” – gestualità esagerata, ballerini in calzamaglia, grandi gonne fluttuanti di cantanti e danzatrici, enormi scollature simulanti seni prosperosi anche in chi non li ha – spesso prevale sulla sostanza della rappresentazione, siamo stati piacevolmente sorpresi dalla relativa sobrietà di queste Nozze  di  Figaro, agili, vivaci e divertenti: stavolta il regista e direttore artistico Marshall Pynkoski, ben coadiuvato dalla bravura teatrale di quasi tutti gli interpreti, è riuscito a superare in buona parte gli stereotipi del repertorio di Opera Atelier. Apprezzabile l’idea di identificare i comprimari con personaggi tipici della Commedia dell’Arte (Don Basilio, Don Bartolo e Marcellina hanno caratteristiche e comicità da maschere), espediente che ha reso lo spettacolo più appetibile per un pubblico eterogeneo, eliminandone gran parte dell’intento polemico e politico – l’opera fu composta alla vigilia della Rivoluzione francese – e mettendone invece in risalto soprattutto l’aspetto farsesco di “commedia degli errori”. Efficace la scenografia, un’unica struttura arrotondata su cui si aprono varie porte, mentre all’inizio di ogni atto cala sul palcoscenico un pannello dipinto con l’indicazione dell’ambiente; estremamente ridotto l’arredamento in scena: un paio di poltrone, un paravento e un paio di sedie, oltre allo stilizzato ‘cespuglio’ semovente dell’ultimo atto. 
Alla stampa, la scelta di usare un testo in inglese invece del libretto originale di Lorenzo da Ponte è stata presentata come un tentativo di avvicinare maggiormente all’opera del Settecento il pubblico giovane. Dopo aver rivolto personalmente domande in proposito ad alcuni giovani in platea, e visto che da anni i sopratitoli hanno eliminato l’ostacolo per tutti, penso invece che la ragione potrebbe essere stata o quella dell’originalità ad ogni costo o quella di rendere più facile ai cantanti l’interpretazione del testo. La traduzione in inglese, ad opera del compositore e poeta britannico Jeremy Sams, è letterariamente ottima e fedele, ma nell’esecuzione si perde, con il ritmo originale, la perfetta simbiosi tra testo, canto e musica. Gli interpreti sono, inoltre, costretti dall’inglese contemporaneo, più lungo ed articolato, ad una velocità di emissione che non esiste nel libretto di da Ponte, dove le pause sono importanti quanto le parole. Ciò detto, il risultato è stato migliore di quanto mi aspettassi: l’abilità di concertazione del maestro David Fallis e la straordinaria agilità di esecuzione della Tafelmusik Baroque Orchestra, guidata dalla violinista Elisa Citterio, hanno impresso alla partitura un ritmo accelerato che, insieme a qualche taglio nel quarto atto, ha ridotto l’opera di una decina di minuti abbondanti. 
Buoni nel complesso tutti gli interpreti, soprattutto dal punto di vista della recitazione, a eccezione del Conte di Almaviva: il basso-baritono Stephen Hegedus ha una buona voce, anche se non potentissima, ma affida l’espressione di disappunto/frustrazione/voglia di rivalsa all’insistente battere il piede per terra come un ragazzino capriccioso; efficaci i due soprani, Mireille Asselin, una Susanna civettuola e intrigante al punto giusto, e Peggy Kriha Dye, la cui voce non spiega però tutto il suo potenziale in questa Contessa di Almaviva poco drammatica; bravo il Cherubino di Mireille Lebel e bravissimo il mezzosoprano buffo Laura Pudwell come Marcellina; straordinario, per interpretazione vocale, doti drammatiche e presenza in scena il basso-baritono Douglas Williams, Figaro.

Saturday, July 15, 2017

Réquiem de Mozart en Houston, Texas

Foto: Runway Productions

Lorena J. Rosas

Las orquestas especializadas en música barroca y antigua en los Estados Unidos parecen no tener un lugar privilegiado dentro de la amplia oferta musical que se ofrece en este país, especialmente en ciudades grandes como Houston donde deben competir contra diversas asociaciones musicales, además de una orquesta sinfónica y una compañía de ópera de reconocimiento nacional. La fórmula debe ser la conformación de programas variados, únicos y atractivos, como el que en esta ocasión ofreció la orquesta Mercury Baroque ante una sala repleta de público. Teniendo como invitado al coro de la Orquesta Sinfónica de Houston y cuatro competentes solistas, en la primera parte del concierto se escucharon fragmentos de la Música para los Funerales de la Reina María, Z.58 y Z.860 del compositor ingles Henry Purcell, que comprende textos provenientes del ‘Libro de Oración Común’ (o The Book of Common Prayer) comúnmente escuchados en los funerales anglicanos; como la solemne y espiritual marcha “Man that is born of Women”, o “In the midst of Life” y  “Thou knowest lord” partes corales acompañadas de bajo continuo, así como la reflexiva Canzona cargada de percusiones y profusos metales,  para concluir con una lenta, pero contemplativa y elegiaca “Marcha”. Siguiendo dentro de la temática de la muerte y el duelo, se ejecutó, del poco conocido compositor alemán Heinrich Schütz (1770-1827), ‘Fili min, Absalón’ Parte 1, Op. 6 de su Sinfonía Sacra con la voz del bajo Stephen Hegedus representando a David lamentando la muerte de su hijo Absalón, además del aria de “Quando spieghi i toui tormenti’ de Orlando de Handel con brillantez en la tonalidad de la soprano Hannah Celeste Lu; ‘Figlia mia, non piangere, no’ de Tamerlano de Handel interpretada por el tenor Aaron Sheehan, y la delicada y emocionante ‘Veni, veni me sequere fida’ de Judithas Triumphans de Vivaldi con la sobresaliente mezzosoprano Sarah Mesko.  El complemento del concierto se dio con el Réquiem de Mozart, pieza profundamente conmovedora siempre rebosante de drama, optimismo y redención. Ejecutando instrumentos antiguos, se escuchó una versión compacta y uniforme de la orquesta, con ligereza en sus cuerdas, y en conjunto con coro y solistas se alcanzaron pasajes muy sensibles como en Recordare el Agnus Dei, todo bajo la clara y pausada conducción de Antoine Plante, titular de esta orquesta.

Monday, October 26, 2015

Armide de Lully con Opera Atelier en Toronto

Fotos de escena son de Bruce Zinger.
Giuliana Dal Piaz 
En cartelera en el Elgin Theatre de Toronto hasta el 31 de octubre con ARMIDE de Jean-Baptiste Lully, Opera Atelier abre la temporada 2015-2016, celebrando treinta años de actividad de la Compañía, especializada en la producción de óperas, balets y dramas de los siglos 17, 18 y 19. No resulta fácil cautivar al público de hoy con una ópera barroca, pero Opera Atelier lo hace, gracias al óptimo nivel de todos y cada uno de los artistas involucrados en esta puesta en escena. Director de escena es el fundador de la compañía Marshall Pynkoski, mientras David Fallis dirige la Tafelmusik Barroque Orchestra (partner musical permanente de Opera Atelier), e Ivars Taurins dirige el Coro de Cámara de la Tafelmusik. En esta Armide, la escenografia (Gerard Gauci) se inspira en el arte de la antigua miniatura árabe, incluyendo los que llamaríamos "titoli di testa" dibujados en el velario del escenario: una gran "tughra" (el emblema caligráfico que se aplicaba tradicionalmente en los decretos del Imperio Otomano) que muestra en caracteres persas los nombres Armide, Lully y Quinault (el autor del libreto en francés). Queriendo que el público mire a la acción que se desarrolla en el escenario como si estuviera pasando las páginas de un libro, las escenas no pretenden dar una imagen de profundidad con trompe-l'oeil o fondos elaborados, sino que presentan unas “tablas" ricas en colores muy vivos, con pocos elementos de utilería, y a los lados unos paneles que llevan pasos del libreto traducidos al persa y en caracteres árabes. Con 18 muy buenos bailarines en escena (destaca entre ellos el solista Tyler Gledhill, que interpreta a la mágica figura de Amor - las coreografías son obra de la co-fundadora de Opera Atelier, Jeannette Lajeunesse Zingg) y 18 miembros del Coro que cantan ubicados en los primeros dos palcos sobre el lado derecho del escenario, la ópera tiene como protagonistas a los cantantes estadounidenses Peggy Kriha Dye (soprano, Armide), Colin Ainsworth (tenor, Renaud), Daniel Belcher (baritono, en el doble papel de El Odio y el mensajero Aronte), a la soprano inglesa Carla Huthanen (en el doble papel de Phénice y Lucinde) y a los canadienses Aaron Ferguson (tenor, el Caballero Danois), Stephen Hegedus (bajo-barítono, como el mago y Rey de Damasco Hidraot),Olivier Laquerre (bajo-barítono, en el doble papel de Artemidoro y el Caballero Ubalde) y Meghan Lindsay (soprano, en el doble papel de Sidonie y una ninfa de las aguas). Todos los intérpretes son buenos. Especialmente adecuada al papel y también buena actora, la soprano Peggy Kriha Dye, cuya voz alcanza unas intensas notas oscuras en los momentos más dramáticos. Óptimo tenor alto Colin Ainsworth, cuyas capacidades actorial, sin embargo, parecen por momentos estereotipadas. Muy apreciada la soprano Huhtanen en el papel de Phénice, una voz extraordinaria por fuerza y nitidez. Del 20 al 22 de noviembre próximos, Opera Atelier y la Tafelmusik Barroque Orchestra llevarán su Armide al Palais de Versailles, donde ya tuvieron la oportunidad de exhibirse en 2012 con la ópera Persée, también de Lully.