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Wednesday, September 4, 2013

Billy Budd en el Teatro Municipal de Santiago, Chile

Foto:Patricio Melo
Joel Poblete
BILLY BUDD, de Benjamin Britten. Teatro Municipal de Santiago (Chile), funciones entre el 16 y 26 de agosto. Intérpretes: Craig Verm (Billy Budd), Roger Honeywell (Capitán Vere), Andreas Bauer (Claggart), Redburn (Leonardo Neiva), Arttu Kataja (Flint), Homero Pérez-Miranda (Ratcliffe), Alexey Lavrov (Donald), Gonzalo Araya (Squeak), Leonardo Estévez (Dansker), Sam Furness (Novato), Adam Cioffari (Amigo del novato), Pedro Espinoza (Red Whiskers), Carlos Guzmán (Arthur Jones), Patricio Sabaté (Contramaestre), Sergio Gallardo (Primer cabo de mar), Arturo Jiménez (Segundo cabo de mar), Nicolás Fontecilla (Vigía), Pablo Oyanedel (Marinero), Teseu Camps y Santiago Montero (mozos de cabina). Orquesta Filarmónica de Santiago, dirigida por David Syrus. Coro del Teatro Municipal, dirigido por Jorge Klastornik. Coro de Niños del Grange School, dirigido por Claudia Trujillo. Director de escena: Marcelo Lombardero. Escenografía y proyecciones: Diego Siliano. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: José Luis Fiorruccio. 
Como cuarto título de su temporada de ópera 2013, el Teatro Municipal de Santiago programó en la segunda quincena de agosto uno de los títulos más importantes en el contundente repertorio para la escena compuesto por Benjamin Britten, y desde ya se puede calificar a estas presentaciones como un hito histórico en el principal escenario lírico chileno: no sólo se trataba del debut latinoamericano de Billy Budd, obra estrenada mundialmente en 1951, sino además se ofreció en el marco del centenario del nacimiento del músico, que se está conmemorando en todo el mundo (de hecho, la producción tuvo el apoyo oficial de la Fundación Britten-Pears, que vela mundialmente por el legado del autor). Y por sobre todo, fue un espectáculo lírico memorable, uno de los mejores que el Municipal ha ofrecido en los últimos años. Ambientada en 1797 en el "Indomable", navío británico en la guerra de coalición que enfrentara a Inglaterra y Francia, la historia se inspira en la novela breve del autor de Moby Dick, Herman Melville; sólo cuenta con personajes masculinos, y se centra en los recuerdos del Capitán Vere, quien evoca los hechos ocurridos en la embarcación, cuando permitió que injustamente se ajusticiara al joven, bondadoso e ingenuo marinero que da nombre a la obra.  Como sólo ocurre en aquellas funciones que merecen ser recordadas en los anales artísticos, la conjunción entre lo musical y lo escénico fue fundamental en este montaje, en el que todos parecieron ofrecer lo mejor de sí. La propuesta escénica del equipo de artistas argentinos encabezados por el director teatral Marcelo Lombardero fue verdaderamente magnífica, siguiendo la senda de otros inolvidables estrenos en Chile de piezas del siglo XX que han estado a cargo suyo en ese mismo escenario, como El castillo de Barba Azul, Lady Macbeth de Mtsensk, Ariadna en Naxos y otra partitura de Britten, La vuelta de tuerca.  Siendo fiel y respetuoso con el argumento original, Lombardero consiguió una puesta en escena fluida, dinámica y convincente, preocupada tanto del desplazamiento y movimiento de las grandes escenas corales como del intimismo, emoción y teatralidad de algunos momentos solistas. Aunque su trama se puede resumir en pocas líneas, en verdad esta es una de las obras más ambiguas y enigmáticas del repertorio lírico del siglo pasado, ya que -como otros trabajos de Britten- admite diversas lecturas en torno al comportamiento, moral y psicología de sus protagonistas, así como a los alcances sociales de la historia, y todo eso quedó patente en la dirección de Lombardero, que consiguió momentos impresionantes y sobrecogedores, y contó con el valioso apoyo de sus habituales colaboradores: Luciana Gutman diseñó un vestuario atractivo y muy adecuado, José Luis Fiorruccio una iluminación sugerente y atmosférica, y una vez más la escenografía y proyecciones visuales de Diego Siliano fascinaron, por el uso y distribución del espacio escénico y especialmente por la maravillosa y muy real presencia del mar, el agua y el cielo.  Llena de detalles y contrastes armónicos y una variedad de timbres y colores que nunca deja de cautivar, la partitura de Billy Budd es exigente y variada en su riqueza sonora, y la inspirada batuta del experimentado David Syrus, Head of Music de la prestigiosa Royal Opera House de Londres, fue uno de los pilares de estas funciones, sacando el máximo partido a la Orquesta Filarmónica de Santiago.  El elenco brilló a gran altura, encabezado por el regreso al Municipal del joven barítono estadounidense Craig Verm (quien el año pasado debutó en Chile como el torero Escamillo en Carmen), un protagonista ideal en lo vocal y escénico, encarnando muy bien el símbolo de bondad, belleza e inocencia que está al centro del enfrentamiento entre el bien y el mal que se establece en la obra. Impecable y meritoria fue además la entrega del tenor canadiense Roger Honeywell como el Capitán Vere, en especial en la comprometedora y difícil misión que le correspondió en el prólogo y epílogo, cuando el Capitán Vere recuerda lo sucedido en el pasado: Lombardero lo hizo cantar en la platea, en el medio del público, de espaldas al director de orquesta, y considerando esa exigencia y la sutileza de esos instantes de reflexión, estuvo verdaderamente espléndido.  Luego de su debut el año pasado en Tannhäuser, el talentoso bajo alemán Andreas Bauer volvió ahora como el malvado Claggart, cuyo carácter consiguió reflejar muy bien en su voz y entonación. Y un excelente equipo de solistas internacionales y chilenos cantó los restantes papeles, entre los cuales debemos destacar especialmente a los tres oficiales que tan bien encarnaron Leonardo Neiva, Arttu Kataja y Homero Pérez-Miranda, el muy logrado Dansker del argentino Leonardo Estevez, el sonoro contramaestre de Patricio Sabaté y el vigía del ascendente tenor Nicolás Fontecilla. Párrafo aparte merecería la formidable labor del Coro del Teatro Municipal que dirige Jorge Klastornik, considerando que el coro es parte indispensable en la obra; aunque el público está habituado a su sólido nivel, de todos modos en lo musical y actoral el desempeño en estas funciones indudablemente quedará como uno más de los grandes hitos en las tres décadas de trayectoria de la formación. Su labor fue fundamental en el momento más excitante y poderoso de estas funciones, cuando todos los tripulantes del "Indomable" se preparan para un combate naval que finalmente nunca se produce. También muy meritoria fue la actuación del Coro de Niños de Grange School, dirigido por Claudia Trujillo, incluyendo a pequeños y creíbles solistas. Definitivamente un espectáculo que pasó desde ya a integrar la galería histórica de grandes logros del Municipal de Santiago.

Monday, April 23, 2012

Una encendida Clemenza en Toulouse

Foto: Patrice Nin

Ruggero Meli

Esta producción que proviene del festival de Aix-en-Provence, donde se representó el año pasado, se realizó con un elenco renovado.  Una puesta simple y buenos vestuarios del renacimiento fueron suficientes para cautivar al público, ya que David McVicar no necesitó de vistosos accesorios ni de extravagante actuación para mantener la trama en alta tensión y al público absorto. Sin embargo, esto no pudo haberse realizado sin el sólido elenco conformado, ya que todos los cantantes se mostraron comprometidos realizando sus interpretaciones de manera intensa y convincente hasta llegar al corazón del drama, en el que la “culpa” fue el elemento clave que atormentó a los personajes durante la función.  El publico contuvo su respiración y se estremeció con Sesto, como si presenciara una película de acción llena de inesperadas situaciones y apasionantes intrigas.  Tamar Iveri resultó ser una muy expresiva y poderosa Vitellia de cuya boca parecían emanar llamas de fuego. Artísticamente pudo manipular al pobre Sesto para sus fines pero al final su culpa la hizo casi enloquecer. Maite Beaumont cantó con pasión y ofreció su calida y hermosa voz aterciopelada de mezzo para hacer un conmovedor Sesto. Es una pena que haya carecido por momentos de mayor proyección pero esta debilidad realzó el débil carácter de su personaje.  La gran sorpresa vino del tenor Woo-Kyung Kim en el papel principal, con su poderosa, refinada y vibrante voz mozarteana.  Su Tito no fue un pobre espíritu, si no que inspiró respeto a través de su noble canto y decisiones.  Una revelación y una voz para tener en cuenta.  Los papeles secundarios no fueron de ninguna manera sacrificados, al contrario se tuvo la suerte de escuchar a una voz muy encantadora del momento; la de Anne-Catherine Gillet, cuya aria “S’altro che lacrime” fue uno de los puntos mas altos de la función. Fue frustrante que haya tenido pocos momentos para cantar porque su suave y sencillo cantó fue divinamente conmovedor. Gillet ha cantando con regularidad en Toulouse y podría haber exigido un papel mayor, pero es también un reto aceptar una parte pequeña y convertirla en una bendición.  Annio fue convincente y aun en este pequeño papel Paula Murrihy exhibió un fuerte temperamento. El barítono Andreas Bauer también hizo un buen papel como Publio. La conducción apresuró un poco a los cantantes en la primera parte, mientras que algunos tiempos fueron lentos en la segunda.  Aun asi, David Syrus dirigió con pasión envolviéndose en la función. En resumen, se  trató casi de un elenco de ensueño en una emocionante producción que nos gustaría escuchar en otra opera de Mozart como Idomeneo!




A fiery Clemenza in Toulouse

Foto: Patrice Nin

Ruggero Meli

Wolfgang Amadeus Mozart (1756 - 1791): La clemenza di Tito. Opera seria in two acts, K.621. Libretto by Metastase adapted by Caterino Mazzolà  created on September 6th 1791 at Prague National Theater.  Production created in July 2011 at Théâtre de l’Archevêché in Aix-en-Provence in coproduction with Théâtre du Capitole in Toulouse and Marseille opera.  Toulouse, Théâtre du Capitole, Friday March 9th, premiere. Woo-Kyung Kim : Tito Vespasiano ; Tamar Iveri : Vitellia ; Anne-Catherine Gillet : Servilia ; Maite Beaumont : Sesto ; Paula Murrihy : Annio ; Andreas Bauer : Publio.  Orchestre national du Capitole. Chœur du Capitole (Alfonso Caiani). Conductor : David Syrus. Staging and scenography: David Mc Vicar (Marie Lambert). Costumes: Jenny Tiramani. Lights: Jennifer Tipton.

This production comes from last year´s Aix-en-Provence festival but with a completely renewed cast. A simple setting and fine costumes from the renaissance are enough to captivate the audience. Indeed David McVicar doesn’t need flamboyant accessories or extravagant acting to keep the plot in a tight tension and keep the audience captivated. However this wouldn’t have been possible without a strong cast. Indeed all the singers were fully involved, intensely and convincingly playing their characters, and leading us into the heart of the drama: where guilt was the key and tormenting element for the characters throughout the performance. The audience held its breath and trembleb for Sesto. It gave the impression it was following an exciting movie full of unexpected situations and an engrossing plot. Tamar Iveri turned out to be a sensational expressive and powerful Vitellia; streams of fire seemed to come out of her mouth ! She could artfully manipulate poor Sesto to achieve her ends but then her guilt torn her into near madness. Maite Beaumont sang with passion and offered her warm and beautiful velvet mezzo voice to her moving Sesto. A pity she lacked at times projection but this “weakness” enhanced her frail character.  The big surprise came from tenor Woo-Kyung Kim in the title role, who posesses a strong powerful, refined and vibrant mozartian voice. His Tito was not see for once, as a weak spirit who instead inspired respect through his noble singing and decisions. A revelation, and a voice to follow ! As for the secondary roles, these were not sacrified at all, on the contrary we were lucky enough to hear one of the most charming soprano voice of the moment: Anne-Catherine Gillet. Her aria “S’altro che lacrime” was one of the highlights of the whole performance and it was frustrating she had so little to sing ! Her soft simple singing was devinely moving. Gillet has often sung here in Toulouse and she could have claimed for a bigger role, but it is also a challenge to accept a small part and turn it into a blessing. Annio was amazingly convincing and even in such a small part Paula Murrihy displayed a strong character. The baritone Andreas Bauer did a fine job too. The conducting was a bit hurrying the singers in the first part, while some tempi were slow in the 2nd part, but David Syrus conducted with passion and was fully involved into the performance. Hopefully it should improve after this premiere.  To put it in a nutshell, a near dream cast in a thrilling staging that we would now love to hear in another Mozart opera: Idomeneo !