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Tuesday, April 22, 2025

Salome en San Diego

Fotos: Karli Cadel 

Ramón Jacques

La Ópera de San Diego esta de plácemes celebrando el sesenta aniversario de su fundación, que ocurrió en el año de 1965, aunque sus origines se remontan a 1950 cuando se creó el llamado San Diego Opera Guild, que se encargó de traer compañías itinerantes a esta ciudad, especialmente de la Ópera de San Francisco.  Después de muchas exitosas producciones y conocidos artistas que pasaron por este escenario, colocando a la compañía entre los cinco mejores teatros estadounidenses, por razones desconocidas,  se argumentaron temas de índole financiera y económica en el 2014 se tomó la decisión de desaparecer la compañía, pero gracias a una nueva administración y con el apoyo de particulares, patrocinadores de la ciudad y del público y melómanos de San Diego especialmente, se logró revertir la situación y la compañía continuó adelante su camino, aunque debió reducir el número de producciones y funciones, así como de prescindir de los nombres que antes solían aparecer en las temporadas. Seria sin dudas una lista muy extensa, para mencionar aquí, e impresionante de los nombres que conformaron sus elencos, incluso algunos que apenas comenzaban su trayectoria como artistas y hoy son de los nombres más más reconocidos en la lírica.  De este teatro y esta compañía, aunque no ya permanece nadie de las personas que conocí hacer años, guardo especiales recuerdos  de mucho significado para mí, ya  aquí fue donde comenzó mi andar reseñando espectáculos, y por ello, me alegro por este aniversario y por qué la compañía se mantenga en pie a pesar de las vicisitudes y dificultades que ha debido atravesar, una actualidad a la que lamentablemente no están ajenas la mayoría de los teatros estadounidenses.  Fue el 5 de mayo de 1965, cuando se alzó por primera vez el telón del hoy antiguo Civic Theatre, hasta hoy sede de la compañía, pada dar inicio a la primera producción propia de la recién formada compañía con la La Bohème de Giacomo Puccini, mismo título con la que se inauguró la temporada actual, que además incluyó La Traviata y el que en el papel lucia como el más atractivo de todos: Salomé la ópera en un acto con música de Richard Strauss (1864-1949) con un libreto en lengua alemana realizado por el propio compositor, visto aquí por última ocasión en enero del 2012 con Lise Lindstrom en el papel estelar.  Este nuevo montaje dejó sentimientos encontrados y un cierto sabor de insatisfacción, comenzando con la producción escénica traída de la Washington National Opera, que situó la acción en un tiempo indeterminado, en un amplio espacio oscuro, semivacío, con columnas de piedra al fondo del escenario, un cielo azul con tonalidades en negro, creando una sensación de zozobra dentro de un ambiente lúgubre, así como una enorme luna que se veía entre las columnas y una esfera de cristales y picos que colgaba de uno de los costados del escenario, que más allá de un marco atractivo, su simbología como su rigidez parecían no encontrar una estrecha relación con la trama descrita en el libreto Además, se colocaron unas tarimas, donde se colocaban algunos personajes, y por un lado del escenario había una pequeña sala y sillas.  En el centro del escenario bajaban unas enormes cadenas que abrían la pesada puerta de metal de la celda donde se encontraba Jochanaan (el montaje fue ideado por Tim Wallace), con vestuarios no muy agraciados y de diversas épocas, de los cuales se encargó Anita Yavich, y con iluminación de Jason Bieber.  El trabajo escénico de José María Condemi pareció también carecer de una definición clara sobre el camino por el que pretendía guiar a los personajes, careciendo de ese sentido de fatalismo, exotismo, sensualidad, erotismo y barbarie contenida en cada personaje.  Muchos movimientos a veces con poco sentido, cayendo en el cargado dramatismo, y momentos cruciales como el baile de los siete velos que no se vio, porque la intérprete de Salome movió una bufanda de seda con las manos, alejándose del sentido y el objetico por el que la protagonista lo hace.  En resumen, fue un trabajo que a los ojos del espectador dejo irresueltos aspectos de la historia que se explican en la parte actoral. El teatro ha vuelto a colaborar con la San Diego Symphony como su cuerpo estable en el foso, después de mucho tiempo de contar con su propia orquesta, y en el foso estuvo presente el maestro Yves Abel, quien logró extraer con pericia los letimotifs ligados a cada personaje y  cada situación de manera provocativa, encumbrando las disonancias, el exotismo y los ritmos que reflejaban el estado psicológico de los protagonistas.  Si bien la orquesta respondió a su exigente y firme lectura, hubo pasajes en los que extrañamente color orquestal pareció desvanecerse creando un sonido opaco y velado.  En el papel de estelar la soprano Marcy Stonikas, cantó enfocándose en exhibir estilo y refinamiento; mostrando que se puede cantar con sutileza la exigente parte sin perder el peso y color, ni recurrir a innecesaria fibra vocal.  Aunque no se le vio de manera convincente en el su sensual baile, su escena final la sacó adelante con intensidad y ardor.  Por su parte, la soprano Nina Warren, aportó fuerza y pujanza a su canto como Herodías, y fue una de las interpretes más notables y valiosas de esta función; al igual que el barítono Kyle Albertson como Jochaanan, quien aportó profundidad y solidez a su personaje.  Por el contrario, el tenor Dennis Petersen personificó un neurasténico y degenerado Herodes, más sobreactuado, alterado pero irritante que convincente con aspereza y un sonido gutural en su voz. Correcto estuvo el tenor Benjamin Werley, quien labró un temperamental Naraboth con cualidades vocales; y correctos y participativos, con poco más que destacar, se desempeñaron el resto de los cantantes en sus papeles de acompañamiento como: la mezzosoprano Karin Wilcox (paje de Herodías), los cinco judíos cantados por Joel Sorensen, Alexis Alfaro, Bernardo Bermúdez, Tony Baek y Michael Sokol; así como el bajo-bajo barítono Travis Sharwood como el  primer nazareno y el capadocio; el bajo Joshua David Cavanaugh como el segundo nazareno, y los bajos Deandre Simmons  y Malachi Marsahall como el primero y segundo soldado, respectivamente; además de la soprano Leslie Ann Leytham en el esclavo.   Entre las funciones del viernes y domingo, se agregó una función adicional en la que el papel de Salome fue interpretado por la soprano Kirsten Chambers, quien se ha hecho notar por sus convincentes recreaciones del papel de la princesa idumea en importantes escenarios como el del Metropolitan, pero que lamentablemente no fue posible reseñar en esta ocasión. 



Wednesday, March 28, 2018

Salome en Miami


Foto: Chris Kakol

Abigail Brambila

Salome es hasta hoy una de las más fascinantes, dramáticas y favoritas operas de Richard Strauss, y esta temporada gracias a la ópera de la Florida, muchos melómanos de Miami sufrieron y disfrutaron también con la sobresaliente interpretación de la soprano Melody Moore como Salome. Atónito quedó el público por la potente voz que posee la soprano americana, oscura, brillante y con ciertos tintes de dulzura y color, pienso yo, de una artista que se adentró en el papel y le supo sacar provecho. Por otro lado, el personaje de Jochanaan fue interpretado por el bajo-barítono Mark Delavan quien debutó en este teatro, con una amplia y madura voz, de esas que logran poner la piel chinita en más de una ocasión durante los aproximadamente 100 minutos que dura la acción.  Herodes le fue encomendado al tenor John Easterlin también debutante en el teatro, quien estuvo correcto en su actuación y en su canto. La mezzo-soprano Elizabeth Bishop fue una Herodías con presencia, muy intensa y enérgica, y Narraboth fue encomendado al tenor Benjamin Werley con un desempeño.  La puesta en escena vista por primera aquí, estuvo apegada a la trama, con vesturios de Richard St. Clair, y buenas coreografías, nada exageradas, de Rosa Mercedes. De la dirección escénica se encargó Bernard Uzan, de los directores de la vieja guardia, quien dispuso movimientos precisos, sin más que destacar, y de los que quizás se niegan a evolucionar.  Timothy Myers, al frente de la orquesta extrajo la sensualidad contenida en la partitura, su dinámica fue adecuada y convenció a los músicos con su ágil lectura.  

Thursday, February 8, 2018

Florida Grand Opera: Salomé

Foto: Chris Kakol

Gustavo Gabriel Otero

Miami (USA), 02/02/2018. Florida Grand Opera (Sede Miami: Adrienne Arsh Center for the Performing Arts) Richard Strauss: Salomé. Ópera en un acto. Libreto basado en la obra de Oscar Wilde, en una traducción alemana de Hedwig Lachmann. Bernard Uzan, dirección escénica. Boyd Ostroff, escenografía. Richard St. Clair, vestuario. Rosa Mercedes, coreografía. Kevin G. Mynatt. Producción escénica de la Pittsburgh Opera. Kirsten Chambers (Salomé), Mark Delevan (Jokanaán), John Easterlin (Herodes), Elizabeth Bishop (Herodías), Benjamin Werley (Narraboth), Mariya Kaganskaya (Paje de Herodías), Edgar Miguel Abréu, Benjamin Werley, Daniel Gerdes, Dominick Corbacio, Willian Lee Bryan (Judíos), Rafaek Porto, Orlando Valdes (Nazarenos), Benjamin Dickerson, Simon Dyer (Soldados), Willian Lee Bryan (Capadocio). Orquesta de la Florida Grand Opera. Dirección Musical: Timothy Myers.

La Florida Grand Opera está cumpliendo 77 temporadas consecutivas, en ésta harán cuatro títulos: ‘Lucia di Lamermoor’ de Donizetti; ‘Salomé’; ‘Orfeo y Eurídice’ de Gluck y ‘Florencia en el Amazonas’ del mexicano Daniel Catan. Las representaciones se efectúan en el Adrienne Arsh Center for the Performing Arts de Miami y en el Broward Center for the Performigs Arts de Fort Lauderdale. En promedio se hacen siete funciones de cada título: cinco en Miami y dos en Fort Lauderdale La Temporada va de noviembre de un año a abril/mayo del otro y si bien la compañía es conocida y apreciada dentro de Estados Unidos el turismo internacional no conoce la existencia de esta casa de ópera de muy buen nivel y que agrega un aliciente cultural a los viajes a esas ciudades. La puesta en escena, de corte tradicional y muy bien iluminada procede, de la Ópera de Pittsburgh. Planeada por Boy Ostroff la escenografía ambienta correctamente la terraza en la que se desarrolla la acción: una escalera de seis escalones delimita dos lugares uno a nivel del escenario y otro en alto; la cisterna se ve en el medio en el rellano de arriba; dos columnas y dos puertas de gran tamaño junto a la luna terminan de enmarcar la acción. El vestuario de Richard St. Clair luce suntuoso mientras que la iluminación de Kevin Mynatt potencia la escena. El movimiento actoral, ideado por Bernard Uzan, es prolijo y preciso mientras que la coreografía de Rosa Mercedes mueve con inteligencia a la protagonista a la que adiciona cuatro bailarinas para complementarla. La soprano Kirsten Chambers fue una Salomé de gran nivel. Muy correcta actriz, joven y bonita logró sortear todos los escollos de la partitura -danzas incluidas- con conocimiento profundo de la parte, adecuado volumen y registro parejo. Mark Delavan compone un Jokanaán de poderosos recursos. Impacta con una voz grande y expresiva logrando dar el tinte exacto al personaje. De buena proyección el Herodes de John Easterlin a lo que sumó entrega actoral y una voz sana y joven. Correcta la Herodías de Elizabeth Bishop, interesante material el del tenor Benjamin Werley (Narraboth), y adecuada la mezzosoprano Mariya Kaganskaya en el rol del paje de Herodías al igual que el resto del elenco. Segura la dirección musical de Timothy Myers y de muy buen nivel la respuesta de la orquesta tanto en su rendimiento sinfónico como en el adecuado balance con la escena.