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Friday, November 8, 2024

The Manchurian Candidate en Austin

Foto: Erich Schlegel

Eduardo Andaluz

Una obra ya vista en aquí en el 2016 se repuso en el escenario del teatro Long Center for the Perming Arts en esta urbe, capital del estado de Texas, y es el título con el que se inaugura una nueva temporada de la Ópera de Austin. Se trata de The Manchurian Candidate, ópera en dos actos del compositor Kevin Puts con libreto de Mark Campbell, quienes hicieron una adaptación lirica de la novela homónima de 1959, escrita por Richard Condón, y que le fue comisionada al joven compositor estadounidense por la Ópera de Minnesota, teatro donde tuvo su estreno absoluto en el 2015. El propio compositor y libretista habían trabajado previamente en la creación de la obra titulada ‘Silent Night’ (2011), y en el 2022, Kevin Puts estrenó en el Metropolitan de Nueva York su cuarta creación lirica ‘The Hours” en cuyo elenco estuvieron la soprano Renée Fleming y la mezzosoprano Joyce Di Donato, bajo la conducción musical de Yannick Nézet-Séguin. Se podría pensar que inaugurar una temporada con una obra contemporánea podría ser vista como una apuesta arriesgada para el teatro de Austin, máxime cuando programa anualmente tres títulos, uno de los cuales es el Réquiem de Verdi, pero se entiende su contribución para promover y difundir el trabajo y valía de los compositores estadounidenses vivientes, y esa es una labor loable que se le debe reconocer. La trama se cimienta sobre diversos temas que son muy actuales – en este mundo convulso- ya que es una historia que toca puntos como el patriotismo, la corrupción, las ambiciones e intrigas políticas, el control mental, incluso la infiltración de la KGB, y un asesinato. En breve, la historia versa sobre el Sargento Raymond Shaw, interpretado con pasión, entrega y buenos medios vocales e histriónicos por el barítono con Mark Diamond, quien es un militar estadounidense y héroe de guerra atrapado en una red de intriga política. Sin su conocimiento, en el centro de esa red se encuentra su propia madre Eleonor, quien orquesta la trama siniestra, que fue bien personificada por la experimentada y segura soprano Mary Dunleavy, quien dotó de carácter, personalidad y canto punzante y radiante a su papel. También atrapada se encuentra la ex novia de Shaw, Jocelyn Jordan, cantada por la soprano Rachel Blaustein, y su padre, el senador Johnny Iselin, cantado por el vocalmente notable y enfático bajo-barítono Kyle Albertson. Como el Capitán Ben Marco, compañero de guerra de Shaw quien finalmente descubre que a Shaw le han lavado el cerebro para convertirlo en un asesino durmiente e involuntario, se presentó el tenor Frederick Ballentine, quien es finalmente el que lidera la emocionante persecución hasta el final de la ópera evitando el asesinato del objetivo de Shaw, que es nada menos que el candidato presidencial. Ballentine agradó por su claridad lirica y elegante despliegue vocal. Completaron el elenco, con un bueno desempeño en sus respectivos personajes el barítono Donnie Ray Albert en el doble papel de Andrew Hanley y del secretario de defensa y la radiante y perspicaz mezzosoprano Jamie Van Eyck como Rosie Chayney. De los movimientos escénicos se encargó Alison Moritz, quien hizo un trabajo detallado de actuación haciendo sobresalir el carácter emocional y psicológico de los personajes, en una puesta semi escenificada, con un escenario prácticamente vacío, con tan solo algunos elementos como sillas y la orquesta colocada en la parte trasera del escenario, con la que logró guiar al público y a los artistas en un emocionante viaje a través de un mundo de sombras y secretos. Para dar más intensidad dramática a este thriller, se colocó al fondo del escenario una pantalla que daba un efecto cinematográfico ya que allí se realizaban diversas proyecciones visuales e imágenes, como el de una enorme bandera estadounidense que cubría todo el fondo del escenario, obra de Greg Emetaz, con eficaz iluminación de Kathryn Eader; y diseño escénico fue de Vince Herod, además de los sencillos vestuarios, nada elaborados, pero en negro para todos los artistas. Sobre el escenario y frente a una extensa orquesta condujo con aplomo el director musical titular de la compañía Timothy Myers, quien resaltó los momentos más intensos de la partitura, que se mueve entre la atonalidad y la armonía, como si se tratara de la cinta musical de una película, pero que mantiene al escucha entre la zozobra, la inquietud, y la ansiedad, o al filo de la butaca – como se suele decir. Musicalmente la música posee oscuras tonalidades que provienen del jazz del blues, incluso del musical americano, y que parecen moverse en la línea correcta de acompañamiento de la enmarañada, pero ardiente historia. La reflexión final que queda al presenciar esta obra, nos haría preguntarnos cual es el verdadero significado del poder político y quienes son los beneficiados y afectados; aunque a decir verdad lo que reciben ese poder llegan a utilizarlo, en muchas ocasiones, como un método de manipulación y para obtener beneficios propios. El espectáculo fue bien recibido por el público que asistió en gran cantidad al teatro y regaló efusivos y sinceros reconocimientos a los involucrados.






Monday, May 13, 2024

Carmen en Austin, Texas

Foto: Erich Schlegel

Eduardo Andaluz

Aunque representa diversos retos: en la parte vocal, por la conformación de un extenso elenco con buenos solistas principales  y en especial con una mezzosoprano que convenza en el papel principal; un reto musical para la orquesta y el coro; un reto escénico por mostrar sobre el escenario una ambientación y una narración coherente que se apegue a la historia de la protagonista, la mujer libre y seductora, evitando caer en las clichés tan vistos y conocidos asociados a este título, que tan fácilmente pueden desvirtuar una producción; y especialmente un reto económico y financiero para los teatros que programan  Carmen de  Georges Bizet, esta seguirá siendo siempre una de las óperas más queridas por el publico y sin dudas un imán de taquilla. Lo anterior quedo de manifiesto con el último título de la temporada de la Opera de Austin.  El teatro The Long Center de Austin – a cuantas ciudades les gustaría poder tener un teatro como este- lució a rebosar como pocas veces de público, y de todas las edades. Lo que me hace pensar y mencionar las consideraciones anteriormente, más allá del hecho de que personalmente disfruto y agradezco poder presencia de nuevo esta ópera, fue el anuncio que se hizo antes de la función en el sentido que esta Carmen, que consistió en apenas tres funciones, superó todo récord de ventas de entradas para la compañía de Austin. Me pregunto si ¿La satisfacción y el éxito artístico y musical superará ampliamente y compensará el esfuerzo económico que hacen los teatros cuando se enfrentan a estos títulos? ¿Será una obligación y una responsabilidad de cada teatro abordar enfrentarse a estos títulos sin alejarse del repertorio más popular?  Resumiendo lo anterior, considero que poder ver una ópera como Carmen en los tiempos que corren debe considerarse un privilegio, además de un reconocimiento para los teatros que no le huyen a su razón de existir.   Alejada de los reflectores que tienen los grandes teatros de este país y de los nombres de cantantes reconocidos, sin ir muy lejos de las compañías de ópera vecinas y cercanas a Austin, como las de Houston y Dallas, esta Carmen, conformada por valiosos y experimentados cantantes estadounidenses tuvo en la mezzosoprano Cecelia Hall a una creíble y seductora interprete del papel estelar, que supo cómo añadirle el toque de seducción y tentación que requiere el personaje, y vocalmente satisfizo en sus mas conocidas arias, con una tonalidad vocal oscura, sombría pero bien enfocada.  El tenor Samuel Levine fue un correcto Don José que mostró buenos medios vocales, aunque a mi parecer, actoralmente no logró meterse completamente dentro de la piel del papel, luciendo algo superfluo y desconectado por momentos de la escena.  El barítono Seth Carico, hizo un Escamillo vocalmente adecuado con su robusta expresividad vocal, aunque no estuvo exento de cierta sobreactuación y sutilezas con las que se desplazaría un torero.  Agradó mucho, a decir por la evidente reacción del público, la soprano Raquel González por su canto diamantino, firme y cautivador en sus arias de Micaela, y por la recreación que hizo de una joven ingenua, cándida pero sincera. Muy bien estuvieron el resto de los personajes que conformaron el elenco.  El montaje llevado a cabo por la directora Rebecca Herman se mantuvo dentro de los parámetros que indica el libreto y se apegó a la historia lo mas posible. Nunca falta un director que no quiera dejar su sello, con ciertos movimientos que parecían por momentos recrear un musical, personajes que se quedaban literalmente congelados en escena mientras las protagonista se desplazaba a sus anchas por el escenario o las trabajadoras cigarreras que descendían unas escaleras fumando hacia los intérpretes masculinos que las esperaban en el centro del escenario o una escena final, un asesinato que luce más gráfico, visual a lo que se espera redondean un trabajo actoral satisfactorio.  De igual manera los vestuarios de Susan Memmot Allred, las creaciones escenográficas de R. Keith Brumbley, iluminadas con colores intensos y reforzando la tensión y el sentido del drama, por parte de Marcella Barbeau, cumplieron su cometido.  Bien estuvo el coro cada vez que fue requerido y la concertación de Timothy Myers, que tuvo altibajos, subiendo con fuerza e intensidad o siendo suave y harmónica en ciertos pasajes, fue adecuada, algunas ligeras pifias en las entradas de los cantantes y alguno que otro desfase son situaciones que ocurren inexorablemente en una función en vivo, y no restan ningún mérito, si no que dan cuenta de que no todo puede ser perfecto en la vida real, como no lo es la ópera, como no lo puede ser siempre un proyecto que involucra  a tantas personas, como no lo es Carmen, y como no lo es la vida misma.  Mención para los músicos de la orquesta por su arduo trabajo, como parte indispensable del espectáculo.



Saturday, February 3, 2024

Cruzar la Cara de La Luna en Austin

Fotos: © Erich Schlegel

Abigail Brambila 

La Ópera de Austin, en coproducción con la Ópera de Minnesota y el apoyo de otras instituciones como el Consulado de México en Austin, entre otras, estrenó la primera ópera-mariachi Cruzar la Cara de la Luna de José Martínez, el violinista, arreglista y compositor mexicano mejor conocido por su aporte a la música de mariachi, fundador del Mariachi Vargas de Tecalitlán , quien desafortunadamente falleció en Guadalajara en el 2016, con libreto y texto de Leonard Foglia, el libretista y novelista estadounidense con una amplia trayectoria en el mundo lirico estadounidense así como en Broadway.  La obra tuvo su estreno en la Ópera de Houston en el 2010, y dado su buen recibimiento comenzó a ser representada con regularidad por diversas compañías de ópera en Estados Unidos y alguna de Europa.  Originalmente se interpretaba con la música y el acompañamiento del Mariachi Vargas de Tecalitlán, pero para su estreno en Minnesota en el 2003 se amplió la escala de la producción escénica, así como la partitura, labor de la que se encargó el compositor David Hanlon quien, basándose en la música y estilo de José Martínez, reemplazó los trece mariachis, por un trio, también de mariachis  y una orquesta de 53 músicos además de agregar 14 coristas, lo que seguramente atraerá  el interés de teatro de mayor envergadura. Esta fue la versión que se escuchó en esta ocasión en la sala principal del teatro Long Center for the perfoming Arts de Austin.  No escuché la versión original con mariachis, pero de lo escuchado en esta velada puedo asegurar que se trata de una orquestación, fluida, innovadora que no pierde su esencia ni sus raíces provenientes de la música folclórica mexicana y la vivacidad y alegría que le da el mariachi.  Timothy Myers, director musical del teatro, dirigió con contagioso y explosivo entusiasmo a los miembros de la orquesta que fusionó hábilmente con el sonido único del Trio Chapultepec.  La obra forma parte de una trilogía de óperas mariachi, que se tiene previsto presentar en futuras temporadas en Austin, a la par de otras obras en español, concretamente de Daniel Catán, quien por casualidades del destino falleció aquí mismo Austin en el 2011 mientras trabajaba en una composición operística. La ópera es contrastante ya que la historia aborda un tema actual, pero a la vez doloroso, que es el de la migración mexicana por motivos económicos a los Estados Unidos, a la cual la música de mariachi, parece inyectarle un ambiente festivo, esperanzador que por momentos hace al espectador olvidar la tristeza que embarga a los personajes.  Brevemente, la historia versa sobre la vida de Laurentino, mexicano que emigró desde su natal Michoacán en busca de trabajo a Texas, a pesar de tener que dejar a su esposa Renata y a su hijo Rafael a quienes apoya durante su ausencia.  Décadas más tarde, en su lecho de muerte y ahora un anciano enfermo, Laurentino es cuidado por su hijo estadounidense Mark y su nieta Diana. La historia trascurre en los pensamientos e imaginación del protagonista, quien se cuestiona el verdadero valor de lo que es tener una familia y un hogar viviendo entre dos culturas, y los errores que cometió al esconder muchos secretos de su familia.  Al final, Laurentino puede descansar tranquilamente cuando las dos partes de su familia tienen un encuentro emotivo, en una semejanza con el principal símbolo de la migración que es la mariposa Monarca.  Con la dirección escénica de David Radamés Toro, los característicos vestuarios y el amplio y visiblemente grato espacio escénico ideado por Arnulfo Maldonado, con diseños de luz de Carolina Ortiz Herrera, la parte actoral estuvo bien cubierta.  Del elenco de puedo destacar por su buen desempeño escénico y por su canto, de estilo similar al ranchero, requiriendo potencia, buena dicción, y sentimiento escuchamos a Daniel Noyola como Laurentino, a Cassandra Zoé Velazco, como Renata, además de la presencia de Claudia Chapa como Lupita de Efraín Solís como Mark, de Lily Guerrero en el papel de Diana, además de otros personajes que intervienen en la historia.




Saturday, May 6, 2023

Les Pêcheurs de Perles en Austin

Fotos: © Erich Schlegel

Eduardo Andaluz

La amplia lista de composiciones, especialmente las operísticas, de Georges Bizet (1838-1875) parece estar limitada únicamente a Carmen, que es una de las obras más conocidos y representadas actualmente. Fuera de Francia, se puede afirmar que Les Pêcheurs de Perles es el segundo título más conocido del compositor, y esto dicho con ciertas reservas, ya que al menos en el circuito operístico estadounidense son pocas las oportunidades que se tienen de escucharla como en Los Ángeles y en Chicago (en 2017) y Dallas (en 2022) como ejemplo de recientes montajes. Para concluir su temporada 2023, la Opera de Austin eligió para su público esta ópera (en tres actos con libreto en francés de Eugène Cormon y Michel Carré, estrenada el 30 de septiembre de 1863 en el Théâtre-Lyrique du Châtelet de París) en lo que debe considerarse como una meritoria labor de rescate de títulos frecuentemente olvidados, por un teatro que a lo largo de su historia ha asumido riesgos presentando óperas poco conocidas y algunos estrenos. Debido al interés por ofrecer temas diferentes, exóticos, y para alejarse también de la censura en Europa, algunos compositores del pasado se fijaron en las culturas de oriente para situar la trama y acción de sus óperas (aunque se señala que en sus primeros borradores Bizet habría considerado como opción colocar la historia en México). El libreto se lleva a cabo en Ceilán, hoy Sri Lanka, y frente a ese ambiente colorido, luminoso, solar y mágico se encontró el público que asistió a esta primera función. Se trata de la idea que la diseñadora de moda inglesa Zandra Rhodes (atraída por la influencia del punk, el pop, y el glam) ideó y estrenó en el 2004 por encargo del teatro de San Diego. Es evidente que las escenografías (en realidad las escenas están representadas por pinturas al fondo del escenario, con pocos elementos sobre la escena, palmeras y brillantes vestuarios) denotan ya el paso del tiempo. Su funcionalidad, como el amplio espacio que permite el libre y fluido movimiento de los artistas, y la iluminación de Anshuman Bhatiaque que la complementa, creando gratas y estéticas estampas al espectador es lo que la mantiene activa y como una producción de referencia. Sobre el escenario se apreciaron también las pausadas, expresivas y elegantes coreografías de estilo hindú de Anuradha Naimpally de la compañía de baile Austin Dance India. De la dirección escénica se encargó Alison Moritz, quien realizo un detallado trabajo actoral, expresionista y en línea con la sensación de fantasía y fabula proveniente del escenario. Buen desempeño tuvo el coro, cuando fue requerido, mostrando enjundia y pasión; y la orquesta fue dirigida con imaginación y emoción por Timothy Myers, titular musical de este teatro. Musicalidad, gracia y color es lo que me hace describir la voz de la joven soprano Madison Leonard, que cantó y actuó bien el papel de Leila, en sintonía con el Nadir de David Portillo, tenor de una voz lirica de buenas condiciones y uniforme en cada registro. El elenco conto con la presencia del barítono Will Liverman como Zurga quien cantó con claridad y expresividad, y del bajo-barítono japonés Hidenori Inoue que aquí actuó a un arrogante y autoritario Nourabad de fornida y corpulenta voz.



Monday, May 21, 2018

West Side Story en Houston


Foto: Lynn Lane

Lorena J. Rosas

West Side Story, clásico de Broadway estrenado en 1957, con música de Leonard Bernstein y letra de Stephen Sondheim fue incluido como uno de los títulos de la actual temporada de ópera en Houston. Además de servir de homenaje al legendario compositor y director de orquesta estadounidense, es una manifestación de que los teatros estadounidenses, pequeños o grandes, tienen siempre presentes a sus compositores, sean del pasado o contemporáneos. La ventaja de esta puesta en escena realizada por una compañía importante de ópera fue el cuidado tratamiento musical, vocal y orquestal que se le dio a la obra. Aquí, la voz del tenor Norman Reinhardt, como Tony, sonó con claridad e intención, redondeando las brillantes letras de Sondheim imprimiéndoles sentimiento.   Su radiante timbre se adaptó bien al texto, y regaló gratas interpretaciones de “Something’s Coming” de la perenne “María” así como de su dueto “One hand, one hear” Sin embargo, su actuación se dirigió al sentido contrario de su canto. Su Tony fue demasiado bonachón y debilucho, que no convenció de ser el líder de una pandilla.  La soprano Andrea Caroll dio vida al personaje de María. Formada en este teatro, es uno de los talentos en quien se apuesta a futuro para llevar a cabo una fructífera carrera, y para la próxima temporada se le confió el papel de Leila en Pescadores de Perlas.  En esta función, cantó con voz oscura, dúctil, y colorida, sin necesidad de fingir acentos, como el puertorriqueño y su actuación fue correcta.  Desde el punto de vista orquestal, la música es incomparable, la ejecución de la orquesta se puede describir como incandescente, ya que mantuvo latente el pulso rítmico, el sutil abandono y el realismo que Bernstein le supo plasmar. En el podio estuvo Timothy Myers, quien empuñó su batuta con entusiasmo y conocimiento de esta música.  La extensa lista de cantantes y bailarines tuvo un desempeño adecuado, destacando a Gabrielle McClinton como Anita. El coreógrafo puertorriqueño Julio Monge se apegó a los movimientos originales de Jerome Robbins.  La dirección escénica de Francesca Zambello, transcurrió sin ocurrencias fuera de la historia, pero tampoco pareció mantenerse en línea con el canto, y fue algo floja.  La obra se situó en la época actual, en lo que parecía ser una zona industrial por sus torres, escaleras, rejas de metal, en un concepto ideado por Peter J. Davison.  Si con algo me quedo de esta esta función, es la parte musical y vocal del homenajeado: Leonard Bernstein.



Wednesday, March 28, 2018

Salome en Miami


Foto: Chris Kakol

Abigail Brambila

Salome es hasta hoy una de las más fascinantes, dramáticas y favoritas operas de Richard Strauss, y esta temporada gracias a la ópera de la Florida, muchos melómanos de Miami sufrieron y disfrutaron también con la sobresaliente interpretación de la soprano Melody Moore como Salome. Atónito quedó el público por la potente voz que posee la soprano americana, oscura, brillante y con ciertos tintes de dulzura y color, pienso yo, de una artista que se adentró en el papel y le supo sacar provecho. Por otro lado, el personaje de Jochanaan fue interpretado por el bajo-barítono Mark Delavan quien debutó en este teatro, con una amplia y madura voz, de esas que logran poner la piel chinita en más de una ocasión durante los aproximadamente 100 minutos que dura la acción.  Herodes le fue encomendado al tenor John Easterlin también debutante en el teatro, quien estuvo correcto en su actuación y en su canto. La mezzo-soprano Elizabeth Bishop fue una Herodías con presencia, muy intensa y enérgica, y Narraboth fue encomendado al tenor Benjamin Werley con un desempeño.  La puesta en escena vista por primera aquí, estuvo apegada a la trama, con vesturios de Richard St. Clair, y buenas coreografías, nada exageradas, de Rosa Mercedes. De la dirección escénica se encargó Bernard Uzan, de los directores de la vieja guardia, quien dispuso movimientos precisos, sin más que destacar, y de los que quizás se niegan a evolucionar.  Timothy Myers, al frente de la orquesta extrajo la sensualidad contenida en la partitura, su dinámica fue adecuada y convenció a los músicos con su ágil lectura.  

Thursday, February 8, 2018

Florida Grand Opera: Salomé

Foto: Chris Kakol

Gustavo Gabriel Otero

Miami (USA), 02/02/2018. Florida Grand Opera (Sede Miami: Adrienne Arsh Center for the Performing Arts) Richard Strauss: Salomé. Ópera en un acto. Libreto basado en la obra de Oscar Wilde, en una traducción alemana de Hedwig Lachmann. Bernard Uzan, dirección escénica. Boyd Ostroff, escenografía. Richard St. Clair, vestuario. Rosa Mercedes, coreografía. Kevin G. Mynatt. Producción escénica de la Pittsburgh Opera. Kirsten Chambers (Salomé), Mark Delevan (Jokanaán), John Easterlin (Herodes), Elizabeth Bishop (Herodías), Benjamin Werley (Narraboth), Mariya Kaganskaya (Paje de Herodías), Edgar Miguel Abréu, Benjamin Werley, Daniel Gerdes, Dominick Corbacio, Willian Lee Bryan (Judíos), Rafaek Porto, Orlando Valdes (Nazarenos), Benjamin Dickerson, Simon Dyer (Soldados), Willian Lee Bryan (Capadocio). Orquesta de la Florida Grand Opera. Dirección Musical: Timothy Myers.

La Florida Grand Opera está cumpliendo 77 temporadas consecutivas, en ésta harán cuatro títulos: ‘Lucia di Lamermoor’ de Donizetti; ‘Salomé’; ‘Orfeo y Eurídice’ de Gluck y ‘Florencia en el Amazonas’ del mexicano Daniel Catan. Las representaciones se efectúan en el Adrienne Arsh Center for the Performing Arts de Miami y en el Broward Center for the Performigs Arts de Fort Lauderdale. En promedio se hacen siete funciones de cada título: cinco en Miami y dos en Fort Lauderdale La Temporada va de noviembre de un año a abril/mayo del otro y si bien la compañía es conocida y apreciada dentro de Estados Unidos el turismo internacional no conoce la existencia de esta casa de ópera de muy buen nivel y que agrega un aliciente cultural a los viajes a esas ciudades. La puesta en escena, de corte tradicional y muy bien iluminada procede, de la Ópera de Pittsburgh. Planeada por Boy Ostroff la escenografía ambienta correctamente la terraza en la que se desarrolla la acción: una escalera de seis escalones delimita dos lugares uno a nivel del escenario y otro en alto; la cisterna se ve en el medio en el rellano de arriba; dos columnas y dos puertas de gran tamaño junto a la luna terminan de enmarcar la acción. El vestuario de Richard St. Clair luce suntuoso mientras que la iluminación de Kevin Mynatt potencia la escena. El movimiento actoral, ideado por Bernard Uzan, es prolijo y preciso mientras que la coreografía de Rosa Mercedes mueve con inteligencia a la protagonista a la que adiciona cuatro bailarinas para complementarla. La soprano Kirsten Chambers fue una Salomé de gran nivel. Muy correcta actriz, joven y bonita logró sortear todos los escollos de la partitura -danzas incluidas- con conocimiento profundo de la parte, adecuado volumen y registro parejo. Mark Delavan compone un Jokanaán de poderosos recursos. Impacta con una voz grande y expresiva logrando dar el tinte exacto al personaje. De buena proyección el Herodes de John Easterlin a lo que sumó entrega actoral y una voz sana y joven. Correcta la Herodías de Elizabeth Bishop, interesante material el del tenor Benjamin Werley (Narraboth), y adecuada la mezzosoprano Mariya Kaganskaya en el rol del paje de Herodías al igual que el resto del elenco. Segura la dirección musical de Timothy Myers y de muy buen nivel la respuesta de la orquesta tanto en su rendimiento sinfónico como en el adecuado balance con la escena.

Monday, April 14, 2014

A Coffin in Egypt de Ricky Ian Gordon - Estreno Mundial - Houston Grand Opera

Foto: Lynn Lane

Karina González 

A Coffin in Egypt del compositor estadounidense Ricky Ian Gordon es el estreno mundial número 52 que se presenta sobre el escenario de la Ópera de Houston. Esta ópera de cámara de 90 minutos de duración con libreto de Leonard Foglia, es una adaptación de la obra homónima de 1980 del dramaturgo y escritor texano Horton Foote en la que el personaje de Myrtle Bledsoe, una mujer de 90 años de edad, reflexiona sobre su vida pasada cuando fue una bella y acaudalada mujer, al lado de un infiel marido, viviendo en el pueblo de Egipto, Texas, mientras que al mismo tiempo lamenta las oportunidades que dejo perder: como sus amoríos con un jeque argelino o el ofrecimiento de un empresario de Nueva York por convertirla en una exitosa artista. El Libreto de Leonard Foglia, quien además se encargó de hacer una correcta y detallada dirección escénica, se enfocó principalmente en la lucha interna de Myrtle contra la amargura. Así transcurrió toda la obra, con un libreto de poca imaginación, sin una explosión final, y sin un desarrollo en la historia que envolviera y convenciera más al público o que captara el poético lenguaje de la obra de Hoote  A su vez, el sencillo montaje de Riccardo Hernández mostró ricas imágenes otoñales de la región texana del propio Hoote, y sus vestuarios fueron de buena manufactura, particularmente el elegante vestido de seda roja de la protagonista. La intérprete principal de este dramático tour-de- forcé fue la legendaria mezzosoprano Frederica Von Stade, única cantante en escena, quien volvió a pisar un escenario después de su anunciado retiro en el 2010 cuando en este mismo teatro se presentó en la opera Dead Man Walking de Jake Haggie. En este monodrama participaron además algunos actores que dieron vida a personajes como Hunter (David Matranga) marido de Myrtle y otros.  El trabajo actoral de Von Stade fue notable y en su canto mostró consistencia, con cada nota bien interpretada y con fluidez, exhibiendo su inconfundible timbre que sonó apasionado y reflexivo. Musicalmente, la orquestación de Gordon, con algunas similitudes al idioma tonal de Copland y siguiendo algunos leitmotivs, creó un ambiente musical suave y melancólico, desfasado con el escenario por el débil libreto con el que parecía ir en una dirección opuesta. Su estructura harmónica por momentos se convertía en atonal sin ningún motivo especial. Gran parte de la variedad musical la aportó un coro que cantaba himnos y canticos góspel, lo que además sugería la interacción racial que se daba en el pequeño pueblo. La reducida orquesta bajo la conducción de Timothy Myers ejecutó la partitura con sutileza y ligereza de manera correcta. La obra fue coproducida con la Opera de Filadelfia y el Wallis Anneberg Center for the Perming Arts de California, lo que le asegura algunas funciones más durante este año en el norte de Estados Unidos, así como en la costa oeste del país, pero pensar que esta obra tendrá una vida post-Von Stade, francamente resulta difícil de imaginar.