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Friday, November 25, 2016

Tres noches de ópera en Nueva York: Jenufa – Manon Lescaut – La Bohéme

Manon Lescaut
Gentileza Prensa del Metropolitan Opera. Crédito:  Ken Howard

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Por el estilo de programación del Metropolitan Opera de Nueva York se pueden presenciar entre tres y cinco óperas distintas en el curso de una semana. Esta Casa presenta más de veinticinco títulos en su temporada que se extiende desde la segunda quincena de septiembre de un año a los primeros días de mayo del otro. Las noches más importantes corresponden a los estrenos de las nuevas puestas escénicas que en el ciclo 2016-2017 son seis títulos (Tristan un Isolde; Guillaume Tell; L’amour de loin; Roméo et Juliette; Rusalka y Der rosenkavalier). Las reposiciones son mayoría y el espectador se puede encontrar con producciones repuestas por más de veinticinco años y que aún son plenamente vigentes. Participar de tres espectáculos operísticos consecutivos permite apreciar el funcionamiento de este coloso artístico, la calidad de sus producciones y la notable prestación de la orquesta.

Nueva York, 17-18-19/noviembre/2016. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Leos Janácek: Jenufa. Giacomo Puccini: Manon Lescaut. Giacomo Puccini: La Bohéme.

Jenufa: Ópera en tres actos. Libreto de Leos Janacek. Olivier Tambossi, dirección escénica. Frank Philipp Schlössmann, escenografía y vestuario. Max Keller, iluminación. Oksana Dyka (Jenufa), Karita Mattila (Kostelnicka), Hanna Schwarz (la abuela Buryja), Daniel Brenna (Laca), Josep Kaiser (Steva), Rod Nelman  (El capataz), Richard Bernstein (El alcalde), Elizabeth Bishop (La alcaldesa), Clarissa Lyon (Karolka), Dísella Lárusdóttir (Barena), Ying Fang (Jano), Sara Couden (La tía), María Zifchak (vieja pastora). Orquesta y Coro Estables del Metropolitan Opera. Director del Coro: Donald Palumbo. Dirección Musical: David Robertson.

Jenufa. La puesta escénica de Olivier Tambosi de Jenufa se sostiene con pocos elementos y cierto ascetismo. El símbolo más potente es una roca cuya presencia evoluciona a la par que la historia. Esta enorme roca podría representar el pecado de Jenufa ante los ojos de la sociedad en la que vive. En el primer acto la roca apenas asoma del suelo, en el segundo domina la escena y en el tercero luce fragmentada. La idea de Tambosi funciona y permite contar adecuadamente la historia. De buen diseño los decorados y el vestuario de Frank Philipp Schlössmann y de impacto la iluminación de Max Keller. En el podio David Roberson logró extraer toda la riqueza sonora y de orquestación de Janácek en una obra poco frecuentada hasta hace algunas décadas pero ahora establecida en el repertorio de los grandes teatros del mundo. Oksana Dyka fue una Jenufa con un registro lírico de alto impacto, mientras que brindó cátedra de interpretación Karita Mattila como la cruel Kostelnicka. Daniel Brenna fue un Laca de perfectos acentos, compenetrado y profundo mientras que al Steva de Joseph Kaiser le faltó volumen. Tiene el porte perfecto para el rol pero su emisión resultó exigida y en algunos momentos fue tapado por las masas orquestales. Muy homogéneo y correcto el resto del elenco, así como el Coro.

Manon Lescaut: Drama Lírico en cuatro actos. Libreto de Marco Praga, Domenico Oliva,  Giuseppe Giacosa, Ruggero Leoncavallo, Giulio Ricordi y Luigi Illica, basado en la novela L'historie du chévalier des Grieux et de Manon Lescaut de Antoine-Françoise Prévost. Sir Richard Eyre, dirección escénica. Rob Howel, diseño de escenografía. Fotini Dimou, vestuario. Sara Erde, coreografía. Peter Mumford, iluminación. Paula Williams, repositora. Anna Netrebko (Manon Lescaut), Marcelo Álvarez (Renato Des Grieux), Christopher Maltman (Lescaut), Brindley Sherratt (Geronte de Ravoir), Zach Borichevsky (Edmondo), Scott Scully (maestro de baile), Tony Stevenson (farolero), Philip Cokorinos (posadero), David Crawford (sargento), Ricard Bernstein (comandante de marina), Avery Amereau (un músico), Maria d’Amato, Christina Thomson Anderson, Stepahanie Chigas y Rosalie Sullivan (madrigalistas). Orquesta y Coro Estables del Metropolitan Opera. Director del Coro: Donald Palumbo. Dirección Musical: Marco Armiliato.

Manon Lescaut. En este caso se ofreció la producción escénica de Richard Eyre estrenada en febrero de este año -que no aporta demasiado pero, al menos, no molesta- en la que las mayores fortalezas estuvieron en el elenco de cantantes y en la dirección musical. La acción se situó en 1941 con una Francia ocupada por los alemanes, la presencia de los nazis no se desarrolla dramáticamente. No obstante el trabajo de marcación actoral de Eyre es prolijo y con muy buen manejo de las masas. Interesente, pero a la vez complicada para los desplazamientos de los cantantes, la escenografía de Rob Howell. Muy en carácter los trajes diseñados por Fotini Dimou, correcta la pequeña coreografía de Sara Erde y muy buena la iluminación de Peter Munfrod. Anna Netrebko deslumbró como Manon. A su fascinante presencia escénica le adiciona un volumen notable, total seguridad musical, agudos brillantes, registro homogéneo, exquisitos pianísimos, un fraseo admirable y un manejo del dramatismo apabullante. Su voz ha crecido, se ha ensanchado y ha logrado pasar a un registro lírico-dramático de singular tersura. El manejo de los graves le adicionó interés a la composición de rol. Marcelo Álvarez como Des Grieux se mostró seguro y compenetrado. Cincela cada frase con perfección, recurre a un fraseo sutil que enfatiza la primera sílaba de cada frase, y se nota el cuidado puesto en la perfecta expresión. Como siempre seduce la belleza de su voz y su timbre homogéneo y meridional. Sus antecedentes en el bel canto le permiten emitir con sutileza pero a la vez, cuando el dramatismo lo amerita, sorprender con los tintes heroicos que puede darle al personaje. Con altísima calidad el Lescaut de Christopher Maltman y el Geronte de Ravoir de Brindley Sherratt. De buena prestación los coros así como el resto del elenco. Marco Armiliato dirigió una versión musical de primer orden. Con nervio, con estilo, con clase. Siempre dio apoyo a los cantantes, pero a la vez no perdió brillo en ningún momento, sutileza cuando fue necesaria o fuerza en los momentos que lo requieren.

La Bohème: Ópera en cuatro cuadros. Libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en ‘Scènes de la vie de bohème’ de Henri Murger. Franco Zeffirelli, dirección escénica y escenografía. Peter J. Hall, vestuario. Gil Wechsler, iluminación. J. Knigthen Smit, repositor. Kristine Opolais (Mimí), Piotr Beczala (Rodolfo), Brigitta Kele (Musetta), Massimo Cavalletti (Marcello), Patrick Carfizzi (Schaunard), Ryan Speedo Green (Colline), Paul Plishka (Benoit y Alcindoro), Daniel Clark Smith (Parpignol), Yohan Yi y Joseph Turi (Aduaneros). Orquesta y Coro Estables del Metropolitan Opera. Director del Coro: Donald Palumbo. Dirección Musical: Marco Armiliato.

La Bohème: Aquí nos encontramos con la clásica puesta de Franco Zeffirelli estrenada en 1981 y ampliamente conocida, que sigue deslumbrando a los espectadores por su potencia visual y dramática, por la perfección de los movimientos de masas y por los detalles de escenografía. Nuevamente Marco Armiliato fue puntal de la representación con una versión orquestal suntuosa sin perder el necesario apoyo a los cantantes y cuidar el equilibrio entre el foso y la escena. Piotr Beczala fue un Rodolfo ideal con emisión pareja, registro homogéneo y potente timbre bellamente tenoril. Kristine Opolais fue una adecuada Miní. Su voz es pequeña pero bien manejada, actúa con corrección y su prestación crece a medida que avanza la representación finalizando el cuarto acto con notable convicción. Seguro, musical y compenetrado el Marcello de Massimo Cavalletti, y muy en carácter la Musetta de Brigitta KelePoderosa la voz de Ryan Speedo Green como Colline, adecuado Patrick Carfizzi como Schaunard y correctos los coros así como el resto del elenco.

Tuesday, August 30, 2011

Wozzeck di Berg - Santa Fe Opera

Foto: Richard Paul Fink, Nicola Beller Carbone, Stuart Skelton - Copyrfight Ken Howard / Santa Fe Opera

RJ- Dalla sua fondazione nel 1957, la Santa Fe Opera è diventato il festival estivo operistico più importante del Nord America, e anche se vengono rappresentate opere di repertorio, qui ci sono state diverse première americane di opere contemporanee, opere poco conosciute e anteprime mondiali. Inoltre, Santa Fe è un importante centro di produzioni teatrali e dal suo programma di valorizzazione di giovani cantanti sono emersi importanti nomi come Sherrill Milnes, James Morris, Samuel Ramey, Neil Shicoff, Chris Merritt, tra gli altri . Assistere ad una recita in questo teatro semi-aperto, in mezzo alle montagne e al deserto, sotto una volta stellata, con il canto dei grilli in sottofondo, includendo pure un probabile forte temporale estivo, è una esperienza veramente suggestiva Dopo dieci anni di assenza, Wozzeck è stato ripreso con la semplice e dinamica realizzazione di Robert Innes Hopkins che ha situato la vicenda nel primo Novecento utilizzando pannelli di legno mobili dando così continuità a ciascuna delle scene. L’uso brillante delle luci con colori vivi, come rossi e chiaroscuri, aumentavano ancora di più l'intensità e l’emozione della scena.
L'intenzione del regista teatrale Daniel Slater era quella di raccontare la storia dal punto di vista del personaggio principale, in un clima soffocante e oppressivo per lui e per tutti quelli che gli ruotavano intorno, compreso il pubblico, il tutto con un doppio, che alludeva alla schizofrenia e alla morte, che lo seguiva costantemente. Il ruolo dell’antieroe allucinato è stato interpretato con buona carica istrionica dal baritono Richard Paul Fink con energia vocale e timbro risonante di buon metallo. Il soprano Nicola Beller Carbone ha delineato con credibilità una sensuale ed energica Marie alla quale ha saputo dare penetrazione drammatica con voce chiara e brillante, e volume e fraseggio appriopriati. Corretti Robert Brubaker, un nevrastenico e dispotico Capitano, Eric Owens un Dottore vocalmente solido, come pure Stuart Skelton, il Tamburmaggiore e Patricia Risley, Margret. Buona è stata la prova di David Robertson che ha evidenziato i contrasti della partitura sempre con rotondità timbrica costruendo una tensione controllata.