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Tuesday, July 14, 2026

Elektra en San Francisco

Fotos: Cory Weaver/San Francisco Opera

Ramón Jacques

Elektra (1909), opera en un acto Música: Richard Strauss (1864-1949) Libreto en alemán de Hugo von Hofmannsthal. War Memorial Opera House, San Francisco Opera, junio 19 del 2026 Dirección musical:  Eun Sun Kim Elektra: Elena Pankratova Clitemnestra Michaela Schuster Chrisótemis: Elza van den Heever Orestes: Kyle Ketelsen Egisto: William Burden Tutor de Orestes:  Jongwon Han Una celadora: Alexandra Loutsion Primera doncella: Gabrielle Beteag Segunda doncella: Sadie Cheslak Tercera doncella: Laura Krumm Cuarta doncella: Mary Hoskins Quinta doncella: Caroline Corrales Viejo sirviente: Andrew Thomas Pardini Joven sirviente: Chance Jonas-O’Toole Confidente de Clitemnestra: Sofia Gotch Paje de Clitemnestra: Alexa Frankian Producción: Keith Warner / Anja Kühnhold Escenografías: Boris Kudlička Vestuarios: Kaspar Glarner Iluminación: John Bishop Diseñador de video: Bartek Macias Director del coro: John Keene Orquesta y Coro de San Francisco Opera

Con Elektra, la obra maestra de Richard Strauss, que tuvo su estreno el 25 de enero de 1909 en el teatro Königliches Opernhaus (hoy conocido como Sächsische Staatsoper) de Dresde Alemania, continuó la parte estival de la temporada 2025-2026 de la Ópera de San Francisco, un periodo que a lo largo de los años ha ido reduciendo paulatinamente su oferta de títulos presentados (en esta ocasión solo se escenificaron dos óperas y una gala operística) que demuestra las dificultades, con relación a costos, y en ocasiones disminución de público, por el que esta atravesando el género lirico en la actualidad. Sin embargo, en un teatro del nivel y la tradición que posee el de San Francisco, este periodo se utiliza de manera óptima y  muy cuidada en la elección de los títulos, que le ha permitido ofrecer obras olvidades, estrenos locales, obras contemporáneas, raras, y reposiciones como en esta ocasión. Elektra marcó la primera colaboración entre Strauss y el libretista austriaco Hugo von Hofmannsthal (1874-1929), una fructífera asociación que dio como resultado la creación de títulos como: Der Rosenkavalier, Ariadne auf Naxos, Die Frau ohne Schatten (vista aquí por ultima vez en el verano del 2023), y Arabella. Basada en la antigua mitología griega, concretamente en la tragedia homónima de Sofocles, Elektra le permitió a Strauss mostrar su musicalmente un alto estilo expresionista y a la vez modernista en un drama psicológico lleno de suspenso. La obra fue escenificada por primera en Estados Unidos el 1 de febrero de 1910 en el teatro Manhattan Opera House de Nueva York, apenas un año después de su estreno absoluto, solo que se ofreció en una versión en lengua francesa realizada por el escritor francés Henry. Gauthier-Villars (1859-1931), por lo que la primera ocasión que se escuchó en su versión original en alemán tuvo lugar el 29 de octubre de 1831 por la Ópera de Filadelfia, y un año después se escuchó en el Metropolitan de Nueva York.  La obra entró al repertorio de la Ópera de San Francisco hasta el 24 de octubre de 1938, desde entonces ha sido poco vista en este escenario, siendo la última ocasión en el 2017.  Una de las razones que dificulta la reposición local de esta obra, según explicó el teatro, radica en el tamaño de la orquesta, cuya partitura requiere de más de 100 instrumentos en el foso, que crean las densas armonías y los atronadores ritmos que generan tensión a lo largo de la ópera, en su compacta 1 hora y 45 minutos de duración.  La dirección del teatro teatro contó la interesante anécdota, en la que precisamente para el estreno de esta obra, en 1938, con la soprano Rose Pauly, en papel principal y la conducción musical de Fritz Reiner, se tuvieron que hacer ajustes al foso del War Memorial Opera House, creando el llamado “Torpedo Room” (o Sala de Torpedos”) que consistió en expandir el foso un metro y medio por debajo del escenario.  Para esta producción la orquesta contó con un total de 95 músicos, y el anexo al foso se ubicaron principalmente trompetistas (otro título en la que tuvo que utilizar ese espacio adicional en el foso fue en el 2002 en Saint François d'Assise de Olivier Messiaen (1908-1992) con 97 musicos. Como es sabido, los teatros estadounidenses han optado por ofrecer producciones tradicionales, apegadas al libreto de cada historia, ya que el público que suele asistir a la ópera, que en su mayoría es conservador, es el que mayor cantidad de dinero aporta para su financiamiento, por lo que existe el cuidado de no ofender o molestar al público;  pero desde hace varios años se han realizado muchas coproducciones con teatros europeos, o directamente a importar montajes ideados en Europa, y para esta reposición se utilizó la producción, estrenada aquí en septiembre del 2017, (coproducida entre San Francisco, el Teatro Nacional de Praga, y el teatro Badische Staatstheater Karlsruhe de Alemania) ideada por el director ingles Keith Warner, con la colaboración en la dirección escénica de Anja Kühnhold, y las atractivas e ingeniosas escenografías ideadas por Boris F. Kudlička que sitúan la escena dentro de la opulenta sala, en dos niveles, de un museo .  Al ingresar al teatro el público se encontró con escenario con telón abierto en el que se observaba gente dentro de una bien iluminada sala de un museo en la actualidad (el encargado de la iluminación fue John Bishop, fundamental a lo largo de este montaje), y con guardias que vigilaban una exhibición dedicada a la casa de Atreus y la Grecia antigua, y la historia de Elektra, con proyección de escenas.  Al iniciar la música de la ópera, se atenuaron las luces del escenario, indicando la hora del cierre del museo, y el desalojo de la multitud presente. De la oscuridad apareció en la sala de museos con tenues luces, un personaje que quedó encerrada en el museo se trataba de Elektra, con un moderno vestuario negro. Warner, concibió la historia como un thriller, un juego psicológico en el que la protagonista adopta la historia desde su visión, interactuando con los demás personajes, quizás en su realidad, o en su imaginación o sus sueños. Sus traumas del pasado se expresan con la violencia que envolvió a Agamenón y a su familia durante la guerra de Troya. Elektra aparece como un personaje consumido por el dolor y la obsesión de buscar justicia vengándose de su madre y de Egisto por haber asesinado a su padre. Tanto los personajes de Klytemnestra como el de Chrysothemis se encontraban sobre el escenario como parte de la exhibición y cobran vida saliendo de sus respectivas vitrinas de cristal, así como las sirvientas de la casa, que aparecen en la imaginación de Elektra  para burlarse de ella. La brutal historia se desarrolla en una especie de dualidad entre realidad y la imaginación de la protagonista. Al final queda la incógnita si la sanación es posible para los sobrevivientes traumatizados, cuando Elektra cae en el doloroso final, quedando inmóvil quizás muerta, quizás viva, pero con inmovilidad y estupor. Esta fue la inquietante imagen final en una producción que parece tener en cuenta el costo que provoca la violencia. En el personaje de Elektra hizo su debut local la soprano rusa Elena Pankratova, que es una artista que posee la voz y el color adecuado para este repertorio, mostrando su destreza vocal en este monólogo. Vocalmente transitó desde la tranquila intimidad hasta las más estridentes y agudas notas, con homogeneidad y firmeza que requiere el exigente personaje que aparece en escena prácticamente toda la función. Por momentos su voz mostro cierta disminución de claridad y color en su proyección (contrario al impecable desempeño que mostrará como Kundry en Parsifal en la Houston Grand Opera a principios del 2024).  Su actuación no fue especialmente sutil y por momentos sobreactuó  la furia y rabia del personaje. Como Klytemnastra, la mezzosoprano alemana Michaela Schuster, mostró oficio y experiencia en su papel, su canto fue intenso, brillante, expresivo e intenso según el requerimiento del momento.  Por su parte, la soprano Elza van den Heever, quien el pasado perteneció al programa Merola Opera, Adler Fellow (el prestigioso programa de jóvenes artistas del teatro) dio vida a una escénicamente indecisa, frágil Chrysothemis, horrorizada con la idea de cometer un asesinato. Vocalmente mostró una voz robusta, brillante, infundiendo a su canto el dramatismo y la emoción necesaria, manteniendo fuerza en la proyección para atravesar la orquestación.  Una solución al dilema de Electra se presenta cuando su hermano Orestes (bajo-barítono Kyle Ketelsen), que se creía muerto, logra entrar disfrazado al museo. Al lado de Pankratova, Ketelsen cantó con encantadora simpatía durante y después de su lento reconocimiento mutuo, en lo que pareció ser el corazón emocional de la ópera. Su canto es robusto y desenvuelto, a pesar de que su emisión y color no lucio siempre muy pulido. El tenor William Burden, cumplió en su papel de Egisto, como un personaje cargado de perversidad, con voz amplia, no particularmente grata en su color.  Cumplieron con sus papeles de manera adecuada el resto de los intérpretes, la mayoría de ellos alumnos o ex alumnos del programa Merola de jóvenes cantantes, algunos de ellos destinados a realizar notables carreras a futuro destacando por ejemplo la Caroline Corrales y la mezzosoprano Laura Krumm como las sirvientas, y la soprano Alexandra Loutsion, ya con mucha experiencia escénica, como la celadora.  En el foso, la maestra coreana Eun Sun Kim, titular de la orquesta del teatro, condujo con impulso y control a la inmensa orquesta, con claridad y consideración por las voces, pero destacando los momentos más intensos de la orquestación extrayendo emoción y compromiso de los instrumentistas para transmitir al modernismo y los leitmotivs atonales de la partitura de Strauss, y su manera de incluir y amalgamar todos los instrumentos.






Thursday, July 9, 2026

Elettra, opera in un atto di Richard Strauss, San Francisco Opera

Fotos: Cory Weaver/San Francisco Opera

Ramón Jacques

Elektra, opera in un atto di Richard Strauss. War Memorial Opera House, San Francisco, CA, USA. 19 giugno 2026. Con “Elettra”, il capolavoro di Richard Strauss, che debuttò il 25 gennaio 1909 al Königliches Opernhaus (oggi noto come Sächsische Staatsoper) di Dresda, in Germania, è proseguita la parte estiva della stagione 2025-2026 dell’Opera di San Francisco, un periodo che nel corso degli anni ha visto una graduale riduzione dell’offerta di titoli presentati (in questa occasione sono state messe in scena solo due opere e un gala operistico), a dimostrazione delle difficoltà, in termini di costi e, talvolta, di calo di pubblico, che il genere lirico sta attualmente attraversando. Tuttavia, in un teatro del calibro e della tradizione di quello di San Francisco, questo periodo viene sfruttato in modo ottimale e con grande cura nella scelta dei titoli, il che ha permesso di proporre opere dimenticate, prime locali, opere contemporanee, rare e riprese, come in questa occasione. «Elettra» ha segnato la prima collaborazione tra Strauss e il librettista austriaco Hugo von Hofmannsthal (1874-1929), un’associazione fruttuosa che ha portato alla creazione di titoli quali: «Cavaliere della rosa», «Arianna a Nasso», «La donna senz'ombra» (qui rappresentata per l’ultima volta nell’estate del 2023) e «Arabella». Ispirata alla mitologia greca antica, in particolare all’omonima tragedia di Sofocle, «Elettra» permise a Strauss di esprimere uno stile musicale altamente espressionista e al tempo stesso modernista in un dramma psicologico ricco di suspense. L’opera fu messa in scena per la prima volta negli Stati Uniti il 1° febbraio 1910 al Manhattan Opera House di New York, appena un anno dopo la sua prima assoluta, ma in una versione in lingua francese realizzata dallo scrittore francese Henry Gauthier-Villars (1859-1931); pertanto, la prima esecuzione nella versione originale in tedesco ebbe luogo il 29 ottobre 1931 all’Opera di Filadelfia, mentre un anno dopo l’opera fu rappresentata al Metropolitan di New York.  L’opera è rimasta nel repertorio dell’Opera di San Francisco fino al 24 ottobre 1938; da allora è stata rappresentata raramente su questo palcoscenico, l’ultima volta nel 2017.  Una delle ragioni che rende difficile la ripresa locale di quest’opera, secondo quanto spiegato dal teatro, risiede nelle dimensioni dell’orchestra, la cui partitura richiede più di 100 strumenti in buca, che creano le dense armonie e i ritmi fragorosi che generano tensione per tutta la durata dell’opera (1 ora e 45 minuti senza intervallo). La direzione del teatro ha raccontato un interessante aneddoto: proprio in occasione della prima di quest’opera, nel 1938, con il soprano Rose Pauly nel ruolo principale e la direzione musicale di Fritz Reiner, si dovettero apportare modifiche alla buca dell’orchestra del War Memorial Opera House, creando la cosiddetta «Torpedo Room» (o «Sala dei siluri»), che consisteva nell’ampliare la buca di un metro e mezzo al di sotto del palcoscenico.  Per questa produzione l’orchestra contava un totale di 95 musicisti, e nell’estensione della buca d’orchestra furono collocati principalmente i trombettisti (un altro titolo in cui si dovette utilizzare quello spazio aggiuntivo nella buca d’orchestra fu nel 2002 in *Saint François d’Assise* di Olivier Messiaen (1908-1992) con 97 musicisti). Come è noto, i teatri statunitensi hanno scelto di proporre produzioni tradizionali, fedeli al libretto di ogni opera, poiché il pubblico che solitamente frequenta l’opera, per lo più conservatore, è quello che contribuisce maggiormente al suo finanziamento; per questo si presta attenzione a non provocare o infastidire il pubblico;  ma da diversi anni si realizzano numerose coproduzioni con teatri europei, oppure si importano direttamente allestimenti ideati in Europa, e per questa ripresa è stata utilizzata la produzione che ha debuttato qui nel settembre 2017 (coprodotta da San Francisco, dal Teatro Nazionale di Praga e il Badische Staatstheater di Karlsruhe in Germania), ideata dal regista inglese Keith Warner, con la collaborazione alla regia scenica di Anja Kühnhold e le accattivanti e ingegnose scenografie ideate da Boris F. Kudlička che ambientano la scena all’interno della sontuosa sala, su due livelli, di un museo.  Entrando in teatro, il pubblico si è trovato di fronte a un palcoscenico con il sipario aperto, sul quale si vedevano persone all’interno di una sala museale ben illuminata dei giorni nostri (il responsabile delle luci era John Bishop, figura fondamentale in questa messa in scena), e guardie che sorvegliavano una mostra dedicata alla casa di Atreo e all’antica Grecia, nonché alla storia di Elettra, con proiezioni di scene.  All’inizio dell’opera, le luci del palcoscenico si sono attenuate, segnalando l’ora di chiusura del museo e l’allontanamento della folla presente. Dall’oscurità è emerso nella sala museale, illuminata da luci soffuse, un personaggio rimasto chiuso all’interno nel museo: si trattava di Elettra, con un moderno abito nero.  Warner ha concepito la storia come un thriller, un gioco psicologico in cui la protagonista rivive la storia dal suo punto di vista, interagendo con gli altri personaggi, forse nella realtà, o nella sua immaginazione o nei suoi sogni. I suoi traumi del passato si manifestano attraverso la violenza che ha avvolto Agamennone e la sua famiglia durante la guerra di Troia. Elettra appare come un personaggio consumato dal dolore e dall’ossessione di cercare giustizia vendicandosi di sua madre e di Egisto per aver ucciso suo padre. Entrambi i personaggi, Clitennestra e Crisotemide, erano fisicamente presenti sul palcoscenico, integrati nell’allestimento scenico.  Emergevano dalle rispettive teche di vetro, così come le ancelle della casa, che si manifestavano nell’immaginazione di Elettra per deriderla. La brutale storia si sviluppa in una sorta di dualità tra realtà e immaginazione della protagonista. Resta irrisolta la questione della possibilità di guarigione per i sopravvissuti traumatizzati, culminante nella caduta di Elettra verso un finale doloroso, caratterizzato da immobilità, in uno stato di possibile decesso o di stordimento prolungato. Tale immagine, inquietante e potente, costituisce la conclusione di una produzione che sembra voler evidenziare le conseguenze devastanti della violenza.  Nel ruolo di Elettra ha fatto il suo debutto locale la soprano russa Elena Pankratova, un’artista dotata della voce e del timbro adatti a questo repertorio, che ha dimostrato la sua abilità vocale in questo monologo. Vocalmente è passata dalla tranquilla intimità alle note più stridenti e acute, con l’omogeneità e la fermezza richieste da questo personaggio esigente, presente in scena praticamente per tutta la durata dello spettacolo. A tratti la sua voce ha mostrato una certa diminuzione di chiarezza e colore nella proiezione (contrariamente alla performance impeccabile che offrirà nel ruolo di Kundry nel Parsifal alla Houston Grand Opera all’inizio del 2024). La sua interpretazione non è stata particolarmente sottile e, a tratti, ha esagerato la furia e la rabbia del personaggio. Nel ruolo di Clitennestra, il mezzosoprano tedesco Michaela Schuster ha dimostrato maestria ed esperienza; il suo canto è stato intenso, brillante, espressivo e appassionato, a seconda delle esigenze del momento.  Da parte sua, il soprano Elza van den Heever, che in passato ha fatto parte del programma Merola Opera ed è stata Adler Fellow (il prestigioso programma per giovani artisti del teatro), ha dato vita a una Crisotemide scenicamente indecisa e fragile, inorridita all’idea di commettere un omicidio. Dal punto di vista vocale ha mostrato una voce robusta e brillante, infondendo al suo canto la componente drammatica e l’emozione necessari, mantenendo una proiezione potente per sovrastare l’orchestra. Una soluzione al dilemma di Elettra si presenta quando suo fratello Oreste (il basso-baritono Kyle Ketelsen), che si credeva morto, riesce a entrare travestito nel museo. Al fianco di Pankratova, Ketelsen ha cantato con incantevole naturalezza durante e dopo il loro lento riconoscimento reciproco, in quello che è sembrato essere il cuore emotivo dell’opera. Il suo canto è robusto e disinvolto, anche se l’emissione e il timbro non sono sempre risultati perfettamente raffinati. Il tenore William Burden ha interpretato egregiamente il ruolo di Egisto, un personaggio carico di perversità, con una voce ampia, ma dal timbro non particolarmente gradevole.  Gli altri interpreti hanno svolto adeguatamente i propri ruoli; la maggior parte di loro sono allievi o ex allievi del programma Merola per giovani cantanti, alcuni dei quali destinati a carriere future di rilievo: spiccano, ad esempio, Caroline Corrales e il mezzosoprano Laura Krumm nei panni delle ancelle, e il soprano Alexandra Loutsion, già con una notevole esperienza scenica, nel ruolo della sorvegliante. Nella buca dell’orchestra, la direttrice coreana Eun Sun Kim, titolare dell’orchestra del teatro, ha diretto con slancio e controllo l’immensa orchestra, con chiarezza e attenzione alle voci, ma mettendo in risalto i momenti più intensi dell’orchestrazione, suscitando emozione e impegno negli strumentisti per trasmettere la modernità e i leitmotiv atonali della partitura di Strauss, nonché il suo modo di includere e amalgamare tutti gli strumenti. 





Thursday, July 10, 2025

Idomeneo de Mozart en San Francisco

Foto: Cory Weaver / San Francisco Opera

Ramón Jacques 

Aunque Idomeneo, la ópera seria en tres actos de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) tuvo su estreno estadounidense el 4 de agosto de 1947, en el festival Berkshire Music at Tanglewood en Massachusetts (hoy sede de verano de la Orquesta Sinfónica de Boston) fue en realidad la Ópera de San Francisco quien catapultó e introdujo esta obra al repertorio de los importantes escenarios de este país donde ha sido vista, por ejemplo, los teatros de: Chicago, Nueva York, Los Ángeles, Houston; y es a la compañía de San Francisco a la que se le atribuye la relación más cercana con el título, desde que fue estrenada aquí el 10 de septiembre de 1977, con la producción del director y diseñador francés Jean Pierre Ponelle -que aún sigue vigente-, y la conducción musical del maestro inglés Sir John Pritchard, oficialmente, primer director musical de la orquesta del teatro y un ferviente y devoto defensor no solo de Idomeneo, sino también  reconocido por su cualidad para conducir las óperas del compositor austriaco.  El elenco de ese estreno en la ciudad junto a la bahía (City by the Bay), contó con la presencia del tenor suizo Éric Tappy en el papel principal (quien curiosamente falleció el 11 de junio del año pasado, casi coincidiendo con esta noche de estreno), de la mezzosoprano Maria Ewing como Idamante, la soprano francesa Christiane Edda Pierre como Ilia, y la soprano Carol Neblett quien interpretó el papel de Elettra.  Posteriormente en la temporada 1989, Pritchard repuso Idomeneo, en esta ocasión con la revisión hecha por Mozart, en la que el papel de Idamante debía ser cantado por un tenor (cuyo intérprete fue el tenor alemán Hans Peter Blochwitz).  Como anécdota y curiosa casualidad a propósito de aquellas funciones, pocas horas antes de la función del 17 de octubre ocurrió el tremendo terremoto en la zona de la bahía (conocido como Loma Prieta, por su epicentro) que causó daños en diversas estructuras de la ciudad, por lo que la función tuvo que ser cancelada y días después se hizo en versión semi escénica en el teatro Masonic Auditorium de la ciudad. Inmediatamente después de la última función de  Idomeneo, y de vuelta en el War Memorial Opera House, el maestro Pritchard inesperadamente falleció; por lo que en la última producción de la temporada (Die Frau ohne Schatten) la orquesta tocó en su honor la “marcha de los sacerdotes” de propio Idomeneo.  Por último, cabría mencionar el elenco de la producción de 1999 en este teatro, en funciones que aún son muy recordadas, como lo serán en la posteridad (la compañía utilizó fragmentos grabados en esas funciones para promocionar el espectáculo) que tuvo al tenor sueco Gösta Winbergh (Idomeneo), a Vesselina Kasarova (Idamante), Barbara Bonney y Anna Netrebko alternándose como (Ilia) y  a Carol Vaness (Elettra), bajo la conducción musical de Donald Runnicles.  La trama de la ópera inicia durante una terrible tormenta en la que Idomeneo, le promete al dios Neptuno que sacrificará a la primera persona con quien se encuentre, si él y su tripulación sobreviven a las aguas tempestuosas. Al llegar a la costa, su alivio se transforma en horror al ver encontrarse con su propio hijo, Idamante. Idomeneo agoniza por la adversidad que debe enfrentar, mientras Idamante corteja a la princesa Ilia, y a la vez es perseguido por la celosa y voluble Elettra; por lo que en la trama destaca la tensión entre los personajes y su entorno, y sobre todo con las fuerzas de la naturaleza, que son cada vez insostenibles, cuanto más tiempo demora Idomeneo en cumplir su promesa.  Así, la historia y la parte escénica del espectáculo de esta sublime ópera mozarteana llena de intensidad y vividas caracterizaciones, se llevó a cabo dentro de una novedosa idea escénica de la directora australiana Lindy Hume, quien situó la historia y la escena en la era actual en Tasmania, Australia, donde reside. Las escenografías diseñadas por Michael Yeargan, que fueron estrenadas en la Ópera de Australia en Melbourne en el 2023 y repuestas en Sydney en el 2024, son sencillas y austeras, porque encuadran el escenario dentro de una enorme habitación con muros blancos, y vistosas puertas estilo dórico al fondo y a los lados, aunque los muros eran en realidad pantallas donde se proyectaron imágenes visuales de las turbias aguas del mar,  la fauna, la vegetación y las rocosas costas, litorales y playas de esa isla australiana, así como intensas y estrelladas noches; y brillantes y sofocantes tonalidades azules y rojas, que acrecentaban las tensiones dramáticas de la historia, representando la furia de la naturaleza, creando además escenas de sosiego y quietud, en un buen trabajo realizado y curado por David Bergman y por la directora de fotografía Catherine Pettman fundadora de la compañía cinematográfica australiana Sheoak Films. La iluminación que aquí fue fundamental fue ideada por Verity Hampson, y correctos estuvieron los modernos vestuarios de Anna Cordingley, que tuvieron algunos inspirados en honor de los Pelawa Pakana, que fueron los primeros pobladores y custodios  de Lutruwita Tasmania (donde se realizaron las grabaciones vista aquí) con detalles como el plumaje en los hombros del abrigo negro que utiliza Idomeneo, y que al final le coloca en Idamante, como signo de majestad y grandiosidad, y en los oscuros vestuarios de los coristas, que en la escena final sostienen ramas de eucalipto. El trabajo de Hume fue interesante, y con conmovedora elocuencia excavó profundamente hasta llegar al alma de cada personaje a través de sus penas y alegrías, donde la constante era la música casi celestial de la brillante partitura de Mozart.  La única desventaja escénica, que empaño un poco el trabajo de Hume, fue la incesante y continua proyección de imágenes que, llegó a convertirse en una distracción y en una contrariedad para la visión y la concentración del espectador.  Además, la escena se cargó innecesariamente con la inexplicable adición de sillas que durante parte de la función las reacomodaban los coristas a los lados de la escena o en el centro, como en auditorio, sobre un escenario que giraba contantemente en manera circular.  Detalles, aparentemente innecesarios, y que iban en sentido opuesto a la historia, a la que no servían mucho, ni al cuidadoso trabajo de la directora de escena. El elenco vocal, con buenos cantantes, tuvo ciertos altibajo e irregulares cometidos, comenzando con el tenor Matthew Polenzani, quien demostró indudable presencia y dominio del personaje de Idomeneo, papel que ha interpretado en incontables ocasiones en importantes escenarios, y para el cual posee la voz y la densidad necesaria, sin embargo, a lo largo de la función se fue evidenciando cierta perdida en la elasticidad y el color, especialmente en el registro agudo, que su importante aria Fuor del Mar -en su versión más extensa y sin cortes- se escuchó estrangulada y poco refinada. Polenzani es un cantante notable, pero parecería estar frente a un papel que podría estar ya fuera de sus posibilidades.  La mezzosoprano Daniela Mack, a pesar de una indisposición anunciada por el teatro, sacó adelante el papel con intensidad, elasticidad y agradables colores en su oscuro instrumento, en lo único que se vio penalizado su desempeño fue en la proyección de su voz.  El tenor Alek Shrader personificó a un creíble Arbace, con apariencia de filosofo más que de confidente, con un timbre claro, elegante a pesar de que la emisión de sus notas agudas no fue muy pulida o pulcra, especialmente en su aria Se il tuo duol, normalmente eliminada, pero incluida en esta versión.  En su debut local, la soprano china Ying Fang, estuvo asombrosa actuando y cantando al personaje de Ilia.  Conmovedora, apasionante y enternecedora en escena, dándole el carácter amoroso y delicado con el que se asocia el papel.  Vocalmente estuvo notable por la dulzura y la musicalidad que imprimió a su canto, con su ligera pero sutil y distinguida coloración en su timbre, como por dicción y expresión. Intensa, penetrante, perspicaz, pero convincente estuvo la Elettra que caracterizó la soprano Elza van der Heever, quien infundió a su canto el dramatismo, la emoción y la fuerza necesarias, con su voz uniforme, lustrosa y dotada de belleza.  El elenco fue completado con las intervenciones de cantantes pertenecientes al estudio del teatro, como el bajo barítono Jongwon Han, imponente como la voz del oráculo, las sopranos Georgiana Adams y Mary Hoskins como las mujeres cretenses; el tenor lirico Samuel White como el Sumo sacerdote y de Neptuno y un troyano, y el barítono Olivier Zerouali como otro troyano.  Muy activo y participativo estuvo en escena el coro del teatro, dirigido por el maestro John Keene, demostrando ser una agrupación homogénea, profesional y competente en sus relevantes intervenciones en esta obra. Por su parte la orquesta sonó bien bajo la conducción de su titular la maestra Eun Sun Kim quien logró encontrar cohesión con los instrumentistas, para resaltar la musicalidad característicamente mozarteana, con pausa, seguridad, libertad y ligereza; y radiante se escuchó  el clavecín del continuo.  A pesar de que se eliminaron prácticamente todos los recitativos y la música de ballet, la maratónica función superó las tres horas y media de duración; aun así, el público presente premio el espectáculo y a sus actores con entusiasmo. Después de una pausa, la San Francisco Opera retomará sus actividades en septiembre, con una nueva temporada en la que destaca la reposición, a 25 años de su estreno mundial en este escenario, de la ópera Dead Man Walking de Jake Heggie y Terrence McNally, Parsifal de Wagner, y el estreno mundial de la ópera The Monkey King, del compositor chino Huang Ruo.