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Wednesday, July 2, 2025

Candide en Triste

Foto: Fabio Parenzan / Teatro Verdi Trieste 

Rossana Poletti

¿Por qué motivo Leonard Bernstein eligió la novela filosófica "Cándide" de Voltaire para escribir una ópera que lo proyectara en el mundo lírico? La primera razón es, sin duda, la cuestión política. En la posguerra, América estaba dominada por el Maccartismo (un poco como hoy por el trumpismo, pero hay que mirar hacia donde llevan los caminos). La obsesión contra el comunismo, la estrecha intolerancia difundida, gobierna la realidad de los Estados Unidos. Las brujas deben ser especialmente descubiertas en el mundo de la cultura y del espectáculo, allí se esconden y de allí deben ser expulsadas.  Voltaire en su "Cándide" se burlaba de Leibniz, de su "optimismo", de su idea del "mejor de los mundos posibles" (el mundo creado por Dios es el mejor entre todas las realidades alternativas posibles; Dios, en su omnipotencia y sabiduría eligió la combinación óptima entre todas las posibles). ¿Qué hay para ser optimista con los niños que mueren al nacer, en las guerras continuas, en las sociedades en las que unos pocos explotan y oprimen al pueblo? se preguntaba Voltaire. Y señala con el dedo a los dos pilares del poder, la monarquía (en su tiempo) y la iglesia. Pero para Bernstein, había otro motivo y ese era la música: en los primeros años de la década de 1950 había dirigido triunfalmente a la Orquesta de La Scala en la ópera Medea primero y en La Sonnambula después, siempre con Callas como protagonista. ¿Un amor desinteresado por el melodrama? ¿Una pasión por la música europea? Concentrado en escribir un nuevo lenguaje musical "típicamente" americano, Candide sería definido por él como una «carta de amor musical a Europa. » Es difícil decir qué es Candide. Los críticos musicales tienden a definirlo como un híbrido entre musical, ópera, opereta y comedia musical. El mismo Bernstein dijo en una entrevista a si mismo: «... querido, ¿quién ha dicho alguna vez que no se trata de una opereta? Si solo te has preocupado por esto, entonces nuestra discusión ha terminado. Por supuesto que es una especie de opereta, o una versión larga del teatro musical que es fundamentalmente europeo, pero que los estadounidenses han aceptado y amado desde hace tiempo. ¿Recuerdas que dije que uno de los atributos más evidentes de la opereta es la atmósfera exótica (para los estadounidenses) en la que se desarrolla? ... Imagino que Candide sigue esta tradición, más que la de la pura comedia musical de Guys and Dolls o Wonderful Town.  En cuanto al nombre que asumiría al final – opereta, ópera cómica u otro – debemos dejar que sean los demás quienes lo decidan. La particular mezcla de estilos y elementos que se encuentra en esta obra lo convierte quizás en un nuevo tipo de espectáculo. Candide, que se presentó  en el Teatro Verdi de Trieste y que después se verá en el Teatro Comunale de Bolonia (coproducción entre la fundación triestina y la boloñesa), con la misma dirección, dirección musical y elenco, sin duda se puede clasificar en el estilo de una opereta por la presencia de tanta actuación (en inglés) y por la exigencia de la partitura de voces líricas. Sin embargo, si escuchamos la extraordinaria música que Bernstein compuso, no podemos dejar de notar todos los matices que le regaló al naciente musical americano, comenzando por los acordes recurrentes, que volveremos a encontrar al año siguiente, 1957, en su obra maestra West Side Story, pero no menos en las dos oberturas de los dos actos, potentes, sonoras, profundamente alejadas de la opereta vienesa a la que quizás aspiraba. También encontramos referencias a la 'Ópera de los tres centavos' de Bertold Brecht y sobre todo a las músicas de Kurt Weill; han pasado casi treinta años desde esta última, pero la impronta musical y también 'ideológica' es muy evidente. El texto de esta historia es inenarrable, es un desafío para quien es capaz de resumirlo en pocas líneas. Es la historia humana de Cándide, un joven ingenuo, cándido de hecho, que a través de experiencias tormentosas entenderá que la vida no se puede contemplar con optimismo, sino con la aceptación de que el mundo es como es y hay que hacer y dar lo mejor para vivir en él: "no somos puros, ni sabios, ni buenos, haremos nuestro mejor esfuerzo, construiremos nuestra casa, cortaremos leña y cultivaremos nuestro jardín. Que los soñadores sueñen los mundos que prefieran; el Edén no se puede encontrar". Estas son las palabras con las que concluye el espectáculo. La Orquesta del Teatro Verdi, dirigida por el estadounidense Kevin Rhodes, quien lleva 34 años dirigiendo en Europa, sonó endiablada y se expresó con un desempeño extraordinario, siendo muy aplaudidos la orquesta y el director, para destacar el gozo entusiasta del público en el estreno. Los artistas empleados en el espectáculo fueron muchísimos. En el papel de Cándide, el tenor Enrico Casari cantó constantemente de principio a fin, desenvuelto también en el notable compromiso actoral; y es el quien debía mostrar el máximo de ingenuidad y lo logró  de manera excelente. Luego estuvo Cunegonde, su enamorada, perseguida por medio mundo, Tetiana Zhuravel, soprano de coloratura, capaz de ejecutar los pasajes vocales rápidos, los audaces destellos que la partitura de Cándide exige, pero, sobre todo, estuvo excelente en su presencia física en escena, joven cautivadora que se adapta a todas las situaciones y a todos los ricos y poderosos que la desean cubriéndola de riquezas, pero nunca casándose con ella. El papel clave fue el de Bruno Taddia, que en el cambio de las situaciones haría de Voltaire, Pangloss y Martín, siempre como una especie de conductor, narrador, instructor, clave de lectura para la historia compleja y para los matices filosóficos. Su actuación se inspiró en los Monty Python, en su disruptiva comicidad, absurda y muy inglesa. Como siempre, excelente estuvo el Coro del Teatro Verdi, en sus momentos fuera de la escena, pero también en sus participaciones muy activas sobre el escenario bajo la buena dirección por Paolo Longo. La dirección y las coreografías fueron de Renato Zanella, quien imaginó  la ambientación en una fantasmagórica Universidad de Westfalia: «...un lugar de estudio y de aprendizaje – afirmó  - un microcosmos poblado por profesores, estudiantes y figuras en continuo cambio, que reflejaban los temas centrales de la obra: la corrupción, el poder, los dogmas religiosos y políticos, lo absurdo de la guerra.» Las escenografías eran de Mauro Tinti, los vestuarios de Danilo Coppola, y el asistente de dirección fue Oscar Cecchi. Los demás intérpretes fueron Felix Kemp (Maximiliano / Capitán / Zar Iván), Madelyn Renée (La anciana), David Astorga (El Gobernador / Vanderdendur / Ragotski), Aloisa Aisemberg (Paquette) y también Saverio Pugliese, Yuri Guerra, Giulio Iermini, Xin Zhang, Zhibin Zhan, Dax Velenich, Francesco Cortinovis, Armando Badia, Gianluca Di Canito, y Rustem Eminov.





Tuesday, February 28, 2017

Katya Kabanova - Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese  Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone

Le giornate, seppur al nord ci siano ancora isolate giornate di nebbia, mandano ormai segnali di ripresa della vita ed il desiderio di vita all’aperto  può essere rimandato solo in presenza di una proposta coinvolgente. Nell’ambito del progetto Janáček- Carsen pensato dal Teatro Regio di Torino, in questi giorni  è di scena Katia Kabanova! Opera poco conosciuta agli amanti del solo repertorio italiano, ma si tratta invece di una vera eccellenza da non perdere e per la quale si rimanda pure una passeggiata in campagna ! Lo spirito e la mente non restano delusi o rinunciatari. Acqua: elemento in movimento che ad ogni soffio crea increspature, disegni che si dissolvono nel momento stesso della loro creazione! Luci ( eccezionali dello stesso Robert Carsen e di Peter Van Praet) ed ombre che si riflettono nell’acqua e che dall’acqua si proiettano sui fondali! Un costante  azzurro polvere interrotto da evanescenti  macchie di luminosità o di cupezza accecante! L’emozione che se ne trae impedisce addirittura di trasferire tutte le sensazioni seppur in una ‘recensione emozionale’. Qui c’è un incontro di geni: Janáček ha scritto delle pagine che solo chi soffre di  totale incapacità di emozionarsi, di provare sentimenti ed affettività quotidiane  non riesce a farsi travolgere e stravolgere dall’intensità di quelle pagine meravigliose! E l’altro indiscutibile genio è Robert Carsen che allagando il palco ed utilizzando passerelle  con piccole parti in continua evoluzione e luci incredibilmente avvolgenti e comunicative, riesce ad ambientare una vicenda umana ricca di sentimenti, passioni e crudeltà. La regia per la messa in scena al Regio di Torino è stata ripresa da Maria LamontPhilippe Giraudeau porta in scena fanciulle che muovendosi nell’acqua  creano di volta in volta le passerelle su cui si muoveranno i cantanti. Le fanciulle in tunica bianca: forse l’anima del Volga? Forse Kabanova replicata? In ogni caso efficaci e coinvolgenti  e di grande effetto coreutico e scenografico. Mi dilungherei assai per cercare di descrivere i particolari, ma tenterò invece in poche righe di trasmettere almeno un soffio di quella poesia che traspare elegantemente dall’insieme. La scena è quasi sempre soffusamente proiettata a fondo palco dove realtà e ombre si confondono creando geometriche proiezioni  che amplificano la crudezza della realtà che come in questo caso può portare ad estreme decisioni per la paura di vivere da ‘giudicati’ e con l’ossessione del giudizio. Il connubio quasi mistico tra musica, canto e scena intacca la forza degli animi creando dolce commozione. La melodia parlata acuisce la realtà e  crea poetica liricità sconfinando nell’evanescenza dell’essere in una dimensione emotiva di forte intensità; l’orchestra diretta da un puntuale quanto emozionante Marco Angius ha creato atmosfere di sentimento e di sensazioni intime. Il gesto di Angius è preciso, sicuro ed in buona armonia con i professori in buca e la bontà della direzione come dell’intero allestimento è stata riconosciuto da un pubblico entusiasta. Di Andrea Dankova nei panni della Kabanova è doveroso riconoscere la forza interpretativa e la padronanza vocale: nel suo assolo coinvolge trasferendo la passione ed il terrore di vivere; Tichon, il marito tradito e figlio sottomesso, è stato interpretato da Štefan Margita con presenza in scena e vocalità appropriata.  Rebecca de Pont Davies ha dato superbamente voce e consona  interpretazione all’austera quanto perfida Kabanicha che gelidamente indifferente ringrazia gli amici accorsi per il suicidio di Katia. Misha Didyk  è il tenore ben nel ruolo dell’amante Boris il quale cacciato dallo zio dopo la rivelazione di Katia, porta questa alla delusione definitiva. Varvara è il personaggio interpretato da Lena Belkina che qui raggiunge una buona maturazione intepretativa-vocale. Il Vania di Enrico Casari è perfetto secondo lo stile di Janáček e nel suo assolo cantato in mezzo all’ideale Volga colpisce realmente al cuore. Solo per semplicità annoto che tutti gli interpreti hanno toccato un livello di alto segno e che, ognuno nel ruolo, ha dato un plus alla realizzazione: Oliver Zwarg, Lukáš Zeman, Lorena Scarlata, Sofia Koberidze, Roberta Garelli. Altrettanto degno di nota il sempre apprezzato coro del Regio diretto da Claudio FenoglioLa stessa realizzazione era già stata  vista alla Scala di Milano nel 2007 ed il bel ricordo che se ne conservava (una delle più belle produzioni mai viste),  ha condotto nuovamente a sedersi con grande soddisfazione  in una fila di teatro per rivederla. La Musica vince sempre.