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Wednesday, July 2, 2025

Candide en Triste

Foto: Fabio Parenzan / Teatro Verdi Trieste 

Rossana Poletti

¿Por qué motivo Leonard Bernstein eligió la novela filosófica "Cándide" de Voltaire para escribir una ópera que lo proyectara en el mundo lírico? La primera razón es, sin duda, la cuestión política. En la posguerra, América estaba dominada por el Maccartismo (un poco como hoy por el trumpismo, pero hay que mirar hacia donde llevan los caminos). La obsesión contra el comunismo, la estrecha intolerancia difundida, gobierna la realidad de los Estados Unidos. Las brujas deben ser especialmente descubiertas en el mundo de la cultura y del espectáculo, allí se esconden y de allí deben ser expulsadas.  Voltaire en su "Cándide" se burlaba de Leibniz, de su "optimismo", de su idea del "mejor de los mundos posibles" (el mundo creado por Dios es el mejor entre todas las realidades alternativas posibles; Dios, en su omnipotencia y sabiduría eligió la combinación óptima entre todas las posibles). ¿Qué hay para ser optimista con los niños que mueren al nacer, en las guerras continuas, en las sociedades en las que unos pocos explotan y oprimen al pueblo? se preguntaba Voltaire. Y señala con el dedo a los dos pilares del poder, la monarquía (en su tiempo) y la iglesia. Pero para Bernstein, había otro motivo y ese era la música: en los primeros años de la década de 1950 había dirigido triunfalmente a la Orquesta de La Scala en la ópera Medea primero y en La Sonnambula después, siempre con Callas como protagonista. ¿Un amor desinteresado por el melodrama? ¿Una pasión por la música europea? Concentrado en escribir un nuevo lenguaje musical "típicamente" americano, Candide sería definido por él como una «carta de amor musical a Europa. » Es difícil decir qué es Candide. Los críticos musicales tienden a definirlo como un híbrido entre musical, ópera, opereta y comedia musical. El mismo Bernstein dijo en una entrevista a si mismo: «... querido, ¿quién ha dicho alguna vez que no se trata de una opereta? Si solo te has preocupado por esto, entonces nuestra discusión ha terminado. Por supuesto que es una especie de opereta, o una versión larga del teatro musical que es fundamentalmente europeo, pero que los estadounidenses han aceptado y amado desde hace tiempo. ¿Recuerdas que dije que uno de los atributos más evidentes de la opereta es la atmósfera exótica (para los estadounidenses) en la que se desarrolla? ... Imagino que Candide sigue esta tradición, más que la de la pura comedia musical de Guys and Dolls o Wonderful Town.  En cuanto al nombre que asumiría al final – opereta, ópera cómica u otro – debemos dejar que sean los demás quienes lo decidan. La particular mezcla de estilos y elementos que se encuentra en esta obra lo convierte quizás en un nuevo tipo de espectáculo. Candide, que se presentó  en el Teatro Verdi de Trieste y que después se verá en el Teatro Comunale de Bolonia (coproducción entre la fundación triestina y la boloñesa), con la misma dirección, dirección musical y elenco, sin duda se puede clasificar en el estilo de una opereta por la presencia de tanta actuación (en inglés) y por la exigencia de la partitura de voces líricas. Sin embargo, si escuchamos la extraordinaria música que Bernstein compuso, no podemos dejar de notar todos los matices que le regaló al naciente musical americano, comenzando por los acordes recurrentes, que volveremos a encontrar al año siguiente, 1957, en su obra maestra West Side Story, pero no menos en las dos oberturas de los dos actos, potentes, sonoras, profundamente alejadas de la opereta vienesa a la que quizás aspiraba. También encontramos referencias a la 'Ópera de los tres centavos' de Bertold Brecht y sobre todo a las músicas de Kurt Weill; han pasado casi treinta años desde esta última, pero la impronta musical y también 'ideológica' es muy evidente. El texto de esta historia es inenarrable, es un desafío para quien es capaz de resumirlo en pocas líneas. Es la historia humana de Cándide, un joven ingenuo, cándido de hecho, que a través de experiencias tormentosas entenderá que la vida no se puede contemplar con optimismo, sino con la aceptación de que el mundo es como es y hay que hacer y dar lo mejor para vivir en él: "no somos puros, ni sabios, ni buenos, haremos nuestro mejor esfuerzo, construiremos nuestra casa, cortaremos leña y cultivaremos nuestro jardín. Que los soñadores sueñen los mundos que prefieran; el Edén no se puede encontrar". Estas son las palabras con las que concluye el espectáculo. La Orquesta del Teatro Verdi, dirigida por el estadounidense Kevin Rhodes, quien lleva 34 años dirigiendo en Europa, sonó endiablada y se expresó con un desempeño extraordinario, siendo muy aplaudidos la orquesta y el director, para destacar el gozo entusiasta del público en el estreno. Los artistas empleados en el espectáculo fueron muchísimos. En el papel de Cándide, el tenor Enrico Casari cantó constantemente de principio a fin, desenvuelto también en el notable compromiso actoral; y es el quien debía mostrar el máximo de ingenuidad y lo logró  de manera excelente. Luego estuvo Cunegonde, su enamorada, perseguida por medio mundo, Tetiana Zhuravel, soprano de coloratura, capaz de ejecutar los pasajes vocales rápidos, los audaces destellos que la partitura de Cándide exige, pero, sobre todo, estuvo excelente en su presencia física en escena, joven cautivadora que se adapta a todas las situaciones y a todos los ricos y poderosos que la desean cubriéndola de riquezas, pero nunca casándose con ella. El papel clave fue el de Bruno Taddia, que en el cambio de las situaciones haría de Voltaire, Pangloss y Martín, siempre como una especie de conductor, narrador, instructor, clave de lectura para la historia compleja y para los matices filosóficos. Su actuación se inspiró en los Monty Python, en su disruptiva comicidad, absurda y muy inglesa. Como siempre, excelente estuvo el Coro del Teatro Verdi, en sus momentos fuera de la escena, pero también en sus participaciones muy activas sobre el escenario bajo la buena dirección por Paolo Longo. La dirección y las coreografías fueron de Renato Zanella, quien imaginó  la ambientación en una fantasmagórica Universidad de Westfalia: «...un lugar de estudio y de aprendizaje – afirmó  - un microcosmos poblado por profesores, estudiantes y figuras en continuo cambio, que reflejaban los temas centrales de la obra: la corrupción, el poder, los dogmas religiosos y políticos, lo absurdo de la guerra.» Las escenografías eran de Mauro Tinti, los vestuarios de Danilo Coppola, y el asistente de dirección fue Oscar Cecchi. Los demás intérpretes fueron Felix Kemp (Maximiliano / Capitán / Zar Iván), Madelyn Renée (La anciana), David Astorga (El Gobernador / Vanderdendur / Ragotski), Aloisa Aisemberg (Paquette) y también Saverio Pugliese, Yuri Guerra, Giulio Iermini, Xin Zhang, Zhibin Zhan, Dax Velenich, Francesco Cortinovis, Armando Badia, Gianluca Di Canito, y Rustem Eminov.





Sunday, February 25, 2024

Il Turco in Italia en Rovigo, Italia

Foto: Valentina Zanaga per il Teatro Sociale di Rovigo

Athos Tromboni

Una especie de “exégesis" había precedido a la representación de Il Turco in Italia, libreto de Felice Romani con música de Gioachino Rossini; y el intérprete crítico de la verdad revelada fue el director Roberto Catalano quien había comunicado en una nota de dirección que “la necesidad era interceptar en el papel de Fiorilla el rasgo universal de una humanidad víctima de constantes estímulos, para tratar de darle su carácter no es la excepción del ser humano "roto" que necesita ser reparado, sino el de una víctima perfecta de cuya fragilidad es posible sacar provecho. Es por eso que en este drama el personaje del Poeta (Prosdocimo, ed.) en busca de su historia "explotando" la vida de los demás, asumirá el papel de un creativo sin escrúpulos” ¿Podría el director, en el Teatro Sociale de Rovigo, haber logrado demostrar esta "exégesis" suya? ¿O todo quedó en el papel, como su testimonio personal de intenciones y ya? Hoy, en las llamadas direcciones modernas, la inversión del paradigma es una constante: así el esfuerzo de los "pensadores críticos" se hace realidad en la demostración de que la inversión de todo (todo al revés, para demostrar que la verdad no es un hecho absoluto, pero un hecho relativo que se puede adaptar a las filosofías de los tiempos actuales)... la inversión de todo - se dijo - intenta ser pertinente como una "otra" interpretación de la verdad dramatúrgica, y también como un expansión hacia el más allá del aquí y ahora: un pensamiento aquí y ahora, reflejado y transpirado por un libretista y músico. No, no, a la prueba de hechos, en nuestra opinión, esa "exégesis" anunciada no surgió en absoluto. La actuación de El Turco en Italia fue divertida, los personajes actuaron según el guion... o, mejor dicho, según el libreto; y la commedia dell'arte contenida en esencia en la dramaturgia se ha apoderado de las interpretaciones filosóficas y/o sociológicas de un texto que no necesita ni "exégesis", ni filósofos envueltos en un modernismo forzado y descarado. Y eso va más allá de escenas que imitan los anuncios de las cocinas Salvarani y los vestuarios prácticamente dress-a-porter de la contemporaneidad. Habiendo dicho la "reducción" del drama potencial (¿psicológico? ¿sociológico? ¿político?) a la comedia de esta puesta en concreto de Rovigo, añadimos que hubo un resultado: divertido, lógico, satisfactorio. Pero no en la lógica anunciada por el director, sino en la dramaturgia sencilla y perfecta deseada por Romani y Rossini para esta ópera buffa, que fue acogida con tibio éxito en su momento porque se representó inmediatamente después de aquella obra maestra cómica que es L' italiana in Algeri. Ahora, para no desorientar al lector y aclarar el concepto, expliquemos esto: Fiorilla es mujer con todas las bellas (bellisimas) peculiaridades de las mujeres. Le encanta que la cortejen, no es indiferente al encanto que emana de las relaciones exóticas y un tanto misteriosas, intenta escapar un poco de la rutina de la vida matrimonial, ama los regalos y tiende a sobreestimar a quienes le hacen esos regalos, sin embargo, la tranquilidad y seguridad de una relación amorosa y familiar consolidada y válida de aquí a la eternidad (donde la eternidad corresponde a la exhalación del último aliento antes de la muerte) la convence de que es necesario distinguir lo efímero y el lujo. desde lo esencial y lo concreto. Y en consecuencia, muestra actitud al final de la ópera. Además, precisamente para Il Turco in Italia, Romani y Rossini inventaron la novedosa e ingeniosa idea (estamos en 1814), casi pirandelliana, de los dos niveles en los que se desarrolla la acción: por un lado, la historia cómica, compuesta de malentendidos e intrigas; por el otro, el personaje del Poeta que al mismo tiempo participa del relato y se distancia de él, sosteniendo los hilos de la acción. Además, la música de Rossini contribuye enormemente a aumentar el aprecio del público por la ópera, su comedia y el sinsentido de las situaciones. Fue el poeta Prosdocimo, interpretado por el excelente Bruno Taddia, la verdadera e indiscutible piedra angular del gran éxito de la puesta en escena de Rovigo, realizada en coproducción con otros teatros, pero independiente y sola en cuanto a decorados y vestuarios. Una nueva puesta en escena, por tanto, cuya dirección le fue confiada a Catalano, y cuya creación de escenografías y vestuarios -de hecho- estuvo íntegramente a cargo de los talleres de escenografía y sastrería del teatro de Rovigo. Otro milagro de la provincia. Una muestra más de la vitalidad y creatividad de las tierras de la más larga tradición operística. Reiteramos, volviendo a las valoraciones del elenco: Bruno Taddia fue un excelente intérprete de su personaje, el mejor de toda la compañía que actuó. No menos importante estuvo el buen barítono Giulio Mastrototaro en el papel de Don Geronio, el marido de Fiorilla: es un cantante hecho para Rossini, especialmente para el bufón Rossiniano, porque tiene el físico o phisique-du-role del papel adecuado para esos personajes. Pero su vocalidad, suave, potente, afinada, nunca calante, lo sitúa plenamente como un intérprete apto también para las obras del vasto repertorio romántico (Bellini, Donizetti, primeros Verdis); Bien, muy bien estuvo en Rovigo, siendo el más aplaudido del reparto al final de la actuación. Nota de mérito también para Giuliana Gianfaldoni (Fiorilla), una excelente profesional, con gestos escénicos y una vocalidad (incluida la agilidad) de encomiable factura, signo de preparación ligado a la búsqueda del perfeccionismo, ciertamente no un fin en sí mismo sino principalmente dedicado a la dramaturgia, sea lo que sea, divertido o trágico. Buena interpretación también la del bajo Hossein Pishkar (el Selim turco) que sabe actuar y cantar, haciendo gala de una vocalidad profunda y ágil, propia de los papeles de carácter de las óperas cómicas de Rossini y también de Mozart. Bueno fue el debut en su papel para la soprano Francesca Cucuzza (Zaida) a quien auguramos un futuro que irá más allá del registro vocal de la ópera ligera, para instalarse en un futuro próximo en el papel de ópera pura y (según nuestra predicción personal) y luego evolucionará hacia el género lírico-spinto Una nota menos emocionante va para el tenor Francisco Brito (Don Narciso) que demostró destacarse sin excesivas preocupaciones en el registro agudo del repertorio de Rossini (interpreta el re bemol alto con natural soltura) pero poseer las notas extremas no basta para ser un artista completo y lo que necesita es el gesto escénico, la actuación y sobre todo la relación funcional y dramatúrgicamente convincente entre gesto y canto. Francisco Brito madurará, estamos convencidos, porque su vocalidad, hoy un poco desigual, es prometedora, pero deberá adquirir el gesto escénico adecuado para convertirse plenamente en el personaje. Por último, buena actuación tuvo Antonio Garés en el papel secundario de Albazar. El Coro Lirico Veneto preparado por Flavia Bernardi se mostró de manera óptima y las escenas (modernas) de Guido Buganza y el vestuario (moderno) de Ilaria Ariemme son funcionales a la idea del director. Las luces de Fiammetta Baldisseri son impresionantes. ¿Y qué podemos decir del joven director Hossein Pishkar? Nunca abandonó el escenario solo, siempre dispuesto a hacer mimo cantando cada vez que daba la salida y/o invitación a los cantantes y coro. Pishkar, en el podio de la Orquesta Luigi Cherubini (fundada en Rávena por Riccardo Muti), demostró ser una batuta muy entrenada: preciso en los ataques, guía fundamental en las sílabas, convincente en los "crescendos" de Rossini, categorico en la concertación de los ensambles, ya fueran el trío, el cuarteto o el coro de tutti incluidos: confiados y decisivos en todos esos momentos colectivos que abundan en esta partitura. Buen por él. Realmente bueno y merecidamente aplaudido por el público cuando subió al escenario al finalizar el espectáculo.  En definitiva: un resultado excelente de este turco in Italia, gracias a la universalidad de Gioachino Rossini en lo serio y en lo jocoso, más allá de las "exégesis" que, aunque anunciadas con elaborados filosofemos, dejan el tiempo que encuentran. Gracias a Dios.



Sunday, November 20, 2016

OLIVO E PASQUALE – Teatro SOCIALE di Bergamo

Foto: Teatro Sociale di Bergamo

Renzo Bellardone

L’opera intrapresa dalla Fondazione Donizetti e dal suo direttore Artistico Francesco Micheli è quanto meno meritoria! I soggetti responsabili non lasciano cadere nel totale oblio le composizioni di uno dei GRANDI dell’OPERA, del teatro musicale italiano, vanto in tutto il mondo ed emblema nobile della nostra nazione. In un tempo dove  l’apparenza (sovente vuota di alcun contenuto) ed un selfie con ‘chissà chi’ conta più della sostanza, ineluttabile base per il futuro dell’umanità,  UNA FONDAZIONE ed un DIRETTORE ARTISTICO pensano alla salvaguardia del nostro patrimonio culturale…che dire! Nulla,  semmai silenziosi  inchiniamoci !

OLIVO E PASQUALE – Teatro SOCIALE di Bergamo (versione di Napoli, 1827)
Melodramma giocoso di Jacopo Ferretti Musica di Gaetano Donizetti Revisione sui materiali coevi a cura di Maria Chiara Bertieri per la Fondazione Donizetti Olivo - Bruno Taddia Pasquale - Filippo Morace Isabella-  Laura Giordano Camillo - Pietro Adaini Le Bross - Matteo Macchioni Columella - Edoardo Milletti Matilde - Silvia Beltrami Diego - Giovanni Romeo Direttore Federico Maria Sardelli Regia operAlchemica (Ugo Giacomazzi, Luigi Di Gangi) Scene e costumi Sara Sarzi Sartori, Daniela Bertuzzi e Arianna Delgado Light designer Luigi Biondi Assistente alla regia Simona Stranci Assistente ai costumi Michela Andreis Coro Donizetti Opera Maestro del coro Fabio Tartari Orchestra dell’Accademia Teatro alla Scala Progetto realizzato con Accademia di Belle Arti “SantaGiulia” di Brescia Associazione Formazione Professionale Patronato San Vincenzo di Bergamo Istituto di Istruzione superiore “Caterina Caniana” di Bergamo Liceo Artistico Statale “Giacomo e Pio Manzù” di Bergamo Nuova produzione e allestimento della Fondazione Donizetti

Una trama variopinta all’interno di una scenografia multicolore, con caleidoscopiche lucentezze musicali per un divertente melodramma giocoso. Il 7 gennaio 1827 al Teatro Valle di Roma avviene la prima rappresentazione assoluta di Olivo e Pasquale di Gaetano Donizetti che ancor risente di influenze rossiniane…e a dire il vero, da dopo la riscrittura e la rappresentazione nel settembre dello stesso anno,  al Teatro Nuovo di Napoli,   non so quanto sia mai stata ancora rappresentata. La Fondazione Donizetti di Bergamo con un’opera di lungimirante salvaguardia, la ripropone ora in una veste contemporanea che nulla toglie all’originale, ma che anzi la rende fruibile ad un pubblico poco avvezzo al teatro musicale e magari anche poco educato ( o tempora ..o mores..) alla bellezza che va salvaguardata in ogni ambito temporale. Alla sinfonia il sipario prende ritmicamente  a muoversi con un ritmar di stoffe, a creare onde scenografiche ed entusiastica aspettativa, che non andrà delusa. Con gesto chiaro e ben leggibile il direttore Federico Maria Sardelli da indicazioni precise (intendibili anche dagli appassionati seppur non musicisti), inizia e permane su una direzione vivace ed allegra, consona al testo, alla partitura e probabilmente anche alle intenzioni ! Un cenno ai bravi musicisti dell’Accademia della Scala. L’accogliente salotto che è il teatro Sociale offre la sua buona acustica ad un cast giovane e ‘giocoso’ Silvia Beltrami entra per prima in scena, che non lascia certamente sgombra seppur unica presenza,  ma che anzi riempie con  interpretazione brillante e con voce piena dai colori e toni definiti e timbricamente rilevanti (memorabile la sua interpretazione –direi di riferimento- del ruolo di Zita nel ‘Gianni Schicchi’ di Parma e poi di Torino…). Camillo è interpretato dal tenore   Pietro Adaini  che fa di tutto per ben seguire l’incalzante ritmo che la partitura  impone con improvvisi quanto impervi acuti; l’assolo del secondo atto lo affronta con agilità, forza e bel timbro. Olivo, di rosso vestito e con i baffi a manubrio (come si diceva nel tempo che fu) è interpretato da un accattivante Bruno Taddia (sentito ed apprezzato anni fa al Rof pesarese); il ruolo non è certamente facile sotto alcun punto di vista, ma Taddia riesce a renderlo simpatico, grazie all’interpretazione, magari caricaturale,  ma puntuale e sicuramente studiata; insomma ben esprime  il burbero ed intemperante Olivo, cui si affianca il pacioso fratello Pasquale. Qui entra in gioco la napoletanità  della composizione, infatti il ruolo  di Pasquale, qui interpretato da un buon  Filippo Morace, prevede si a il canto che i recitativi ed i ‘parlati’ in dialetto napoletano che vivacizza la figura di Pasquale senza virarla al grottesco; sicuramente accattivante e convincente sia per la vocalità pertinente alla partitura che per la compenetrazione nella parte. Matteo Macchioni arriva, nel ruolo di Le Bross, in cima alla poppa di una nave, teatralmente trainata dai componenti il coro maschile , ovviamente abbigliati da marinai; Macchioni riesce simpatico e convincente sia per la parte attoriale (che seppur giovane affronta con piglio) che per la vocalità elegante e misurata. (lo ricordo nel ruolo del Conte d’Almaviva in una produzione semiscenica allo Stresa Festival 2012) Al  girotondo allegro di Olivo e Pasquale rientra in   scena  la partecipazione attiva del bravissimo Coro Donizetti Opera, diretto da Fabio Tartari e si continua a srotolare la vicenda. Il personaggio di Columella  trova in Edoardo Milletti un interprete vivace e gioioso che non teme movenze e mossette clownesche per rallegrare ancor più, senza per questo trascurare il canto che invece offre in modo garbato seppur caricaturale. Giovanni Romeo interpreta Diego ed al pari degli altri interpreti è ricco di inventiva teatrale e non si risparmia vocalmente. Abbiamo iniziato con il parlar di un personaggio femminile e si conclude parlando dell’altra donna sul palcoscenico, ovvero la brava Laura Giordano nei panni di Isabella che affronta con piglio sicuro ed intonazione buona quanto lo sono il timbro e la tonalità che ricavano argentei suoni in particolare negli acuti e nelle agilità. L’allestimento è di tipo ‘moderno, ma non troppo’ riuscendo a rinunciare a costumi d’epoca  ed orpelli vari, ma mantenendo un vago sapor di favola ancorchè di teatrino di piazza con tanti colori, tanti trafori, tante evocazioni. La regia  di Ugo Giacomazzi e Luigi Di Gangi è davvero brillante e frizzante e ben interseca con la musica e la vicenda. Ed alla fine che dire? La musica vince sempre!

Saturday, November 1, 2014

Don Checco de Nicola Giosa en Nápoles, Italia

Foto: Don Checco

Federico Figueroa

El compositor Nicola de Giosa (1819-1885), nativo de Bari, se anotó un clamoroso éxito con esta óperabuffa estrenada en 1850 en Nápoles. Don Checco gozó de gran aceptación en Italia y también fue representada en otras ciudades europeas (Malta, 1854; Atenas, 1858; Esmirna, 1859; Barcelona, 1858). Después, al igual que el compositor, cayó en el olvido. Esta primera representación escénica en tiempos modernos, colaboración entre el Teatro de San Carlo napolitano y el Festival Valle d’Itria pretende dar luz a este compositor y específicamente a esta obra, considerada como el canto del cisne del género buffo. En la ciudad partenopea las representaciones se ofrecen, acertadamente, en el llamado teatrino di corte di Palazzo Reale, la bellísima sala que sirvía de auditorio privado para la familia real del Reino de las Dos Sicilias y su corte. La puesta en escena de Lorenzo Damato se ha centrado en la teatralidad de la pieza, dejando que la escenografía única, diseñada por Nicola Rubertelli, fuese una comparsa que acompaña, en este caso muy bien, y el vestuario (Giusi Giustino) sirva de ancla a una época (mediados del siglo pasado) desde el impacto visual. El iluminador (Alessandro Carletto) consiguió, dentro de los límites inherentes del equipo técnico disponible en esta pequeña sala, realzar al máximo la simplicidad del conjunto. Damato movió bien a los solistas pero con el coro, sólo masculino, mostró menos destreza. En algunos momentos en el pequeño escenario parecía que necesitaban de un gendarme para dirigir el tráfico. El director musical, Francesco Lanzillotta, interpretó la partitura como un río de música, con suaves meandros y rápidos saltarines, amen de los remansos en los que la música se detenía por completo y daba paso a la palabra desnuda. Estos textos se decían en italiano o napolitano sobre todo el personaje protagonista, el espabilado Don Checco, estupendamente interpretado por Bruno Taddia. La soprano Carmen Romeu, única fémina del elenco descolló como cantante y como actriz. Su bien timbrado instrumento, amplio registro y agilidades domeñadas a la perfección dieron buena cuenta del personaje de Fiorina, hija del hospedero Bertolaccio, quien se opone al matrimonio se su hija con el simplón Carletto a pesar de que los jovenes están enamorados. El barítono Giulio Mastrototaro y el tenor Fabrizio Paesano cumplieron cabalmente con estos dos personajes. El sexteto de solistas lo completaban, con buen hacer en sus cortos personajes, los barítonos Salvatore Grigoli (Roberto) y Vincenzo Nizzardo (Succhiello). El coro estuvo, escénica y musicalmente, a la altura de los solistas.

Wednesday, October 5, 2011

Donizetti: Don Pasquale. Teatro Municipal de Santiago de Chile

Foto: Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete

Don Pasquale, ópera de Gaetano Donizetti, Teatro Municipal, Santiago. 20 de septiembre. Elenco: Alessandro Corbelli (Don Pasquale), Laura Giordano (Norina), Bruno Taddia (Doctor Malatesta), Juan Francisco Gatell (Ernesto), Gonzalo Araya (Notario). Director musical: Antonello Allemandi. Director escénico: Fabio Sparvoli. Escenografía: Giorgio Richelli. Vestuario: Patricia Tofolutti. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Orquesta Filarmónica de Santiago y Coro del Teatro Municipal.

Tras un memorable Boris Godunov con dos elencos paralelos de espléndidos cantantes rusos -eso sí, uno de ellos encabezados por el bajo italiano Roberto Scandiuzzi- y un correcto Simon Boccanegra protagonizado por Roberto Frontali y con el solicitado director Maurizio Benini debutando en la partitura, la temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago continuó con una de las joyas del belcanto, el Don Pasquale donizettiano. En sus anteriores montajes para el Teatro Municipal de Santiago, el italiano Fabio Sparvoli ha demostrado un gran talento escénico, siempre atento a los detalles y aportando frescura a títulos clásicos: así ocurrió con su debut local con el Otello verdiano en 2006, con la chispeante y encantadora producción de El barbero de Sevilla de Rossini en 2008 e incluso el año pasado, cuando debió adaptar sus propuestas para Cavalleria rusticana e I pagliacci a otro escenario (de manera más efectiva y lograda en la segunda), tras los daños que el Municipal había sufrido por el terremoto en Chile. Ahora el artista regresó a Chile con este Don Pasquale, y aunque en general los resultados fueron buenos, en esta ocasión su apuesta escénica no convenció del todo. Aunque está llena de humor, esta irresistible obra maestra no es tan hilarante como cualquier ópera bufa, ya que como también ocurre en otras comedias donizettianas, como El elixir de amor y La hija del regimiento, ofrece mayores matices e incluso momentos melancólicos; por lo mismo, aunque la historia recurre a personajes muy reconocibles en el género cómico (el anciano que pretende a una joven, la pareja que intenta salirse con la suya y el astuto bribón que les ayuda a conseguirlo) no corresponde convertirla sólo en un desfile de gags humorísticos y transformar a sus simpáticos protagonistas en caricaturas. Y así lo supo entender Sparvoli, quien optó por una puesta en escena sobria, siempre atenta a lo que indica el libreto, y que supo jugar con las miradas, gestos y movimientos, gracias al talento actoral de los cantantes convocados; sin embargo, tanta sobriedad, que también se hizo extensiva a la austera y minimalista escenografía de Giorgio Ricchelli y el vestuario de Patricia Toffolutti, quizás fue excesiva, y a pesar de la fluidez y dinamismo del espectáculo, entre el público en general hubo más sonrisas que risas. Un acierto, eso sí, fue la iluminación de José Luis Fiorruccio, que además de ambientar muy bien cada cuadro, sugirió los cambios anímicos de ciertas situaciones. Siempre es malo caer en comparaciones, pero son inevitables: a pesar de sus innegables logros y virtudes, en conjunto este regreso de Don Pasquale de seguro no consiguió superar en el recuerdo de los operáticos chilenos otras versiones representadas en el Municipal, como la de 1982 protagonizada por Paolo Montarsolo, Margherita Guglielmi, Vicente Sardinero y Ernesto Palacio, dirigidos por Bruno Campanella, o la de la última vez que se presentó en este escenario, en 1997, con régie de Filippo Crivelli y el memorable protagonismo del entrañable Paul Plishka y una deliciosa Stefania Bonfadelli. Lo que nadie podría objetar será el excelente nivel musical de estas nuevas funciones, en las que definitivamente el elemento italiano fue clave: muy bien concertadas por el reconocido maestro Antonello Allemandi en su debut sudamericano, contaron con un elenco de gran categoría, integrado por Alessandro Corbelli, Laura Giordano, Bruno Taddia y el excelente tenor argentino precisamente radicado en Italia, Juan Francisco Gatell.  ¿Qué decir a estas alturas del gran Alessandro Corbelli? como era de suponer en un cantante con su prestigiosa trayectoria, sólo caben los elogios, ya que por canto, estilo y actuación, fue el mejor artista de estas representaciones; siempre divertido pero sin exagerar la nota, su Don Pasquale fue una figura muy humana y que de inmediato logra captar la simpatía del espectador sin caer en desbordes o en el ridículo. Siempre es un verdadero lujo para el Municipal poder contar con este veterano intérprete, quien no ha dejado de volver a pesar de ser tan solicitado internacionalmente, y nos ha brindado imborrables actuaciones como Leporello en Don Giovanni (1989), Belcore en El elixir de amor (1991), el protagonista de Falstaff (2001) y Bartolo en El barbero de Sevilla (2008).  Y por si fuera poco, interpretando a la pareja de enamorados, Norina y Ernesto, se contó con dos jóvenes, atractivos y talentosos artistas que desempeñaron los mismos roles en un conocido DVD dirigido por Riccardo Muti. Giordano -quien ya había cantado en el Municipal la Despina de Così fan tutte, en 2005- fue una Norina llena de encanto y gracia, de hermosa voz y buena técnica; por su parte, Gatell, cuya ascendente carrera lo ha llevado en una década a escenarios como la Scala de Milán, el Real de Madrid y el Festival de Salzburgo -se lo puede ver como Tebaldo en el Romeo y Julieta en DVD con Villazón y Machaidze-, fue una grata revelación en su debut chileno, porque aunque se lo notó complicado en ciertos momentos de su arduo y por instantes ingrato personaje -muy exigente en lo vocal y de bella línea melódica, pero de menos repercusión escénica que los otros tres-, lució una bella voz, llena de expresión y sentimiento, ideal para el belcanto. Menos convincente en lo vocal fue el doctor Malatesta de Taddia, ya que su material parece estar a medio camino entre el tenor y el barítono; sin embargo, es un actor consumado y elegante, y pronuncia sus líneas con una chispa innegable.