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Tuesday, July 19, 2022

Rigoletto en la Scala de Milán, Italia

Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo

Para concluir la primera parte de la temporada, antes de la pausa estiva, el Teatro alla Scala retiró finalmente la producción de Rigoletto de Gilbert Deflo, espectáculo visto y revisto en Milán de 1994 al 2019 frecuentemente con Leo Nucci como protagonista. Mario Martone pensó como renovar el enfoque general de la obra maestra verdiana, sacándola del cliché y estereotipo que sobretodo acá en Italia es un hueso duro de roer. Por lo tanto, fueron bastante previsibles los reclamos al director napolitano de parte de un pequeño sector del loggione al final de la première. Pero el camino elegido por parte de la dirección artística fue seguramente el adecuado, ya que estamos fastidiados de ver Rigolettos cojeando y tambaleándose por el escenario, con enormes jorobas y caras con expresiones torcidas. De hecho, Martone retrató un Rigoletto monstruoso [Como el monstruo de Vercelli], no tanto en el aspecto, si no en su naturaleza más profunda, como un déspota de los barrios bajos, un pérfido secuaz del duque de Mantua, un Rigoletto que vive en la inmundicia con prostitutas y drogadictos, pero que, gracias al excelente sistema escénico en dos pisos y giratorio, diseñado por Margherita Palli, se encontraba en un abrir y cerrar de ojos en las habitaciones doradas del palacio, haciendo favores y recibiéndolos de un duque que tiene los rasgos de un joven y brillante boss que todo quiere y todo puede. En ese sentido, fueron apropiados los hermosos vestuarios confeccionados por Ursula Patzak que retratan de la mejor manera, tanto la corte de los libertinos como la multitud de los desposeídos. Un notable elenco fue conformado por el teatro. Amartuvshin Enkhbat impresionó en el papel titular. El barítono mongol mostró un instrumento vocal muy sólido, amplio, y de extraordinaria proyección vocal, aunque también refinado y de timbre seductor; un caudal de voz que Enkhbat supo modular hacia fines expresivos con gran maestría. Nunca como ahora Rigoletto pareció ser el verdadero alter ego del duque. También Gilda fue depurada por Mario Martone de ciertos estereotipos de muñeca, convirtiéndola, a su vez, en una mujer hecha y derecha, una mujer que vive segregada de su padre en un ambiente ruinoso y que anhela realizarse plenamente fuera de ese odioso y manchado lugar. Nadine Sierra fue mucho mejor de lo que se hubiera podido esperar, y su Gilda convenció por musicalidad, por la emoción en la manera de llevar la línea musical, y por su timbre luminoso. Con frecuencia el papel de Gilda se le confía a sopranos ligeras con poca sustancia emotiva.  Aquí, Sierra logró resolver bien los pasajes de coloratura, además de que ¡logró emocionar! Nunca como esta vez “Caro nome” pareció ser tan necesario y autentico.  El duque de Piero Pretti mostró audacia y facilidad de emisión unidos a una refinada dicción y un brillante color.  Su duque fue trazado de la mejor manera como un viveur de nuestros tiempos. También hay que señalar a Gianluca Buratto, un Sparafucile de voz oscura, profundad y de esculpida dicción; a la seductora Maddalena de Marina Viotti con su timbre bruñido; y al desesperado Monterone de Fabrizio Beggi. Por su parte, Michele Gamba dirigió con gran atención con relación al escenario, pero sobretodo con un claro sentido del respeto hacia la partitura verdiana, evitando así efectos llamados de "tradición" que hoy son absolutamente censurables. El director milanés condujo con mano segura y paso teatral, incrustando de la mejor manera el tejido musical de la idea artística a la base de esta nueva producción. ¡El Coro naturalmente estuvo en la cima! Con éxito creciente de función en función.



Rigoletto - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo 

A conclusione della prima parte di stagione, prima della pausa estiva, il Teatro alla Scala ha mandato finalmente in pensione il Rigoletto di Gilbert Deflo, spettacolo visto e rivisto a Milano dal 1994 al 2019 spesso con Leo Nucci come protagonista. Ci ha pensato Mario Martone a rinnovare l'impostazione generale del capolavoro verdiano uscendo da cliché e stereotipi che soprattutto qua in Italia sono duri a morire. Abbastanza prevedibili quindi le contestazioni al regista napoletano di una piccola parte del loggione alla fine della première. Ma la strada intrapresa dalla direzione artistica è sicuramente quella giusta. Siamo stufi di vedere Rigoletti che zoppicano e barcollano sul palco, con gobbe enormi e facce dalle espressioni stravolte. Martone, infatti, ritrae un Rigoletto mostruoso non tanto nell'aspetto, ma nella sua natura più profonda, un despota dei bassifondi, un perfido scagnozzo del Duca di Mantova, un Rigoletto che vive nel lerciume con prostitute e drogati, ma che grazie all'eccellente impianto scenico, a due piani e girevole, ideato da Margherita Palli  si ritrova in un batter d'occhio negli ambienti dorati del palazzo, facendo favori e ricevendone da un Duca che qui ha i tratti del giovane e brillante boss che tutto vuole e tutto può. Appropriati in tal senso i bei costumi confezionati da Ursula Patzak che ritraggono al meglio sia la corte dei debosciati sia lo stuolo dei diseredati. Cast notevole quello approntato dal teatro. Amartuvshin Enkhbat nel ruolo del titolo ha impressionato. Il baritono mongolo ha messo in mostra uno strumento vocale solidissimo, ampio, di straordinaria proiezione vocale, ma anche raffinato e timbricamente seducente, un fiume di voce che Enkhbat sa modulare a fini espressivi con grande maestria. Mai come questa volta Rigoletto è parso essere il vero alter ego del Duca. Anche Gilda è stata depurata da Mario Martone da certi bamboleggiamenti stereotipati, facendone invece una  donna a tutto tondo, una donna che vive segregata dal padre in un ambiente fatiscente e che anela a realizzarsi pienamente fuori da quel luogo orrendo e ammorbato. E Nadine Sierra è quanto di meglio ci si potesse aspettare. La sua Gilda ha convinto per musicalità, emozione nel porgere la linea musicale, timbrica luminosa. Spesso Gilda è stata affidata a soprani leggeri con poca sostanza emotiva. Ecco, la Sierra è riuscita non solo a risolvere i passaggi di coloratura, ma  ha saputo anche emozionare! Mai come questa volta “Caro nome” è parso così  necessario e autentico. Il Duca di Piero Pretti ha mostrato spavalderia e facilità di emissione unite ad una dizione rifinita e ad un colore brillante. Il suo Duca è stato tratteggiato al meglio come un viveur dei nostri tempi. Da segnalare anche Gianluca Buratto, uno Sparafucile di voce scura e profonda e dalla dizione scolpita, la seducente Maddalena di Marina Viotti, timbricamente brunita, e il Monterone disperato di Fabrizio Beggi. Michele Gamba ha diretto con grande attenzione nei confronti del palcoscenico, ma soprattutto con un chiaro senso di rispetto nei confronti della partitura verdiana, evitando così effetti ed effettacci detti di “tradizione” e oggi assolutamente censurabili. Il direttore milanese ha condotto con mano sicura e passo teatrale innestando al meglio il tessuto musicale sull'idea registica alla base di questa nuova produzione. Coro naturalmente sugli scudi! E successo crescente di recita in recita.

 

Wednesday, February 3, 2010

Rigoletto en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Marco Brescia, Archivio Fotografico del Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

¡Leo Nucci fue el verdadero triunfador de este Rigoletto! El barítono boloñés de sesenta y seis años, que ha hecho de este papel uno de sus caballos de batalla a lo largo de su extensa carrera, se ha identificado una vez mas con la pasión, la ternura, y también con el cinismo y el deseo de venganza del bufón de la corte, mostrando consumada habilidad teatral y gran espíritu de sacrificio. ¡Si!, porque Nucci no se reservó nada, y aunque pareció que su timbre se ha secado un poco, tuvo aun mucho que enseñar como en el sentido del fraseo y de la “palabra escénica”. El publico lo premió con una montón de aplausos después de su “Cortigiani, vil razza dannata” que cantó con el corazón en la mano, además de que el la bemol con el que concluye la cabaletta “Sì, vendetta, tremenda vendetta” sonó tan firme como una daga. Se trató de la reposición del clásico, sugestivo y bien rodado marco artístico dirigido por Gilbert Deflo, con la suntuosa producción escénica de Ezio Frigerio. El resto del elenco estuvo conformado por la joven polaca Aleksandra Kurzak (Gilda), una soprano ligera de voz fresca, que aunque no siempre fue capaz de controlar los agudos, si estuvo precisa desde el punto de vista interpretativo. A su vez, Stefano Secco (Duque de Mantua), desplegó un timbre agradable, un acento convincente, pero su voz tendió a adelgazarse mucho en la región aguda por lo que su interpretación del “Ella mi fu rapita” pareció desvanecerse. Adecuados estuvieron Marco Spotti (Sparafucile) y Mariana Pentcheva (Maddalena) especialistas cada uno de sus papeles, y retumbante y obscuro estuvo el Monterone de Ernesto Panariello. En términos generalas, los demás intérpretes fueron no más que funcionales. Al final, estuvo James Conlon, y señalo rápidamente que el director americano no convenció en su labor de depuración de la partitura: es verdad, no se escucharon los tan vituperados "zum-pap-pà" (aquel ritmo de acompañamiento en tiempo de vals tan típico en Verdi), pero de la música del compositor se debe extraer también carne y sangre. Su concertación fue poco incisiva (incluso se notaron también algunos desfases rítmicos entre el foso y el escenario) y tampoco resultó ser muy envolvente.

Monday, February 1, 2010

Rigoletto - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Marco Brescia, Archivio Fotografico del Teatro alla Scala

Leo Nucci, ovvero Rigoletto!

Massimo Viazzo

E’ Leo Nucci il vero trionfatore di questo Rigoletto scaligero. Il sessantaseienne baritono bolognese, che ha fatto di questo ruolo uno dei cavalli di battaglia della sua lunghissima carriera, si è immedesimato ancora una volta nelle ansie, nelle passioni, nelle tenerezze, ma anche nel cinismo e nel desiderio di vendetta del buffone di corte mostrando consumata abilità teatrale e grande spirito di sacrificio. Sì, perché Nucci non si risparmia mai, e anche se il timbro pare un po’ prosciugato, ha ancora molto da insegnare come senso del fraseggio e della “parola scenica”. Il pubblico lo ha festeggiato con un tripudio di applausi dopo un “Cortigiani, vil razza dannata” cantato col cuore in mano. E quel la bemolle che chiude la cabaletta “Sì, vendetta, tremenda vendetta” suonava fermissimo, come una stilettata. Il resto del cast, in questa che era la ripresa del classico, suggestivo (sontuose le scene di Ezio Frigerio) e ben rodato allestimento di Gilbert Deflo, era formato dalla giovane polacca Aleksandra Kurzak (Gilda), un soprano leggero dalla voce fresca, non sempre in grado di controllare gli acuti però, e ancora un po’ acerbo dal punto di vista interpretativo. Stefano Secco (Duca di Mantova), invece, ha sfoggiato un timbro gradevole, un accento convincente, ma la voce si assottigliava troppo nella regione acuta così che il suo “Ella mi fu rapita” è parso un po’ evanescente. Adeguati Marco Spotti (Sparafucile) e Mariana Pentcheva (Maddalena) specialisti nei propri ruoli, tonante e nerissimo il Monterone di Ernesto Panariello e generalmente non più che funzionali le parti di fianco. Infine eccoci a James Conlon. Dico subito che del direttore americano non ha convinto il lavoro di depurazione della partitura: è vero, non si sono sentiti i tanto vituperati zumpappà, ma se a Verdi togli anche carne e sangue… La sua è stata una concertazione poco incisiva (si sono notati anche alcuni sbandamenti ritmici tra buca e palcoscenico) e non molto coinvolgente.