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Wednesday, August 15, 2018

El debut de Anna Netrebko en el Teatro Colón de Buenos Aires


Foto: Gustavo Gabriel Otero

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 12 de agosto de 2018: Teatro Colón. Concierto Lírico. Obras de Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini, Umberto Giordano, Pietro Mascagni, Ruggero Leoncavallo y Georges Bizet. Solistas: Anna Netrebko, soprano y Yusif Eyvazov, tenor. Orquesta Estable del Teatro Colón. Director: Jader Bignamini. Tercera función del Abono Grandes Intérpretes Internacionales.

El domingo 12 de agosto media hora antes que comenzara el concierto que marcaría el debut de Anna Netrebko en el Colón de Buenos Aires los alrededores del teatro bullían de gente haciendo fila para ingresar. Las puertas se abrieron un poco después de lo habitual y el gentío ingresó con la expectativa de las grandes veladas en el teatro de la calle Libertad. Contrariando la tradicional puntualidad colonera recién a las 17.12 ingresaron al escenario la soprano Anna Netrebko, su actual esposo el tenor Yusif Eyvazov y el director de orquesta invitado: Jader Bignamini. Los aplausos fueron atronadores. El programa fue de cuidada simetría: dúos en los inicios y finales y dos arias cada uno en cada parte, que permitieron apreciar a los artistas en distintas facetas. La Orquesta Estable fue adecuado soporte de los solistas y no pudo evitar el trazo grueso en los cinco momentos puramente orquestales. Jader Bignamini condujo con mano segura a la orquesta y fue el puntal requerido por la estrella y su marido para sus intervenciones. 
No es fácil decir algo novedoso sobre Anna Netrebko pero escucharla en un Teatro de acústica perfecta como es el Colón permite apreciar su volumen notable, su total seguridad musical, sus agudos brillantes, su registro homogéneo, sus exquisitos pianísimos y su fraseo admirable. A su lado no defrauda Yusif Eyvazov un tenor de adecuada técnica, muy buen volumen, registro amplio y agudo seguro y poderoso. Se le puede achacar seguramente falta de matices y un color poco atractivo, pero cumple con su cometido con algo más que dignidad. Tras la impresionante ovación al fin del concierto tres fueron las obras fuera de programa, propinas o bises. Netrebko ingresó en primer lugar, descalza, para ofrecer un clásico de sus conciertos, baile incluido, “Heia, heia in den Bergen”, primera escena del personaje Silva Varescu de la opereta ‘Die Csárdásfürstin’ (La princesa gitana o La princesa de las csárdás) de Emmerich Kálmán. Luego Eyvasov acometió "Nessun dorma", de Turandot, de Puccini, cantado a toda potencia y con espectaculares agudos. Desde el final del concierto un grupo de jóvenes estudiantes de canto ovacionaban a la diva desde el pasillo de la platea y hasta en algunos momentos la aplaudían hasta de rodillas. Allí ocurrió el milagro: cuando ambos solistas -Netrebko y Eyvazov- cantaban a dúo "O sole mio" el tenor incitó a los jóvenes a hacer de coro y, al darse cuenta de que eran voces formadas, con un gesto los invitó a subir al escenario y los ayudó a hacerlo. Los siete estudiantes devenidos en improvisado coro terminaron cantando y abrazando a sus ídolos como lo hubiese querido la totalidad del público que colmó la sala. Tarde verdaderamente inolvidable y única en el Colón de Buenos Aires.



Friday, July 28, 2017

Madama Butterfly en la Arena de Verona

Foto: Ennevi

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Verona (Italia), 22/07/2017. Festival de la Arena de Verona. Giacomo Puccini: Madama Butterfly. Ópera en tres actos. Libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa Franco Zeffirelli, dirección escénica y escenografía. Emi Wada, vestuario. Maria Grazia Garofoli, movimientos coreográficos. Oksana Dyka (Madama Butterfly), Marcello Giordani (Pinkerton), Silvia Beltrami (Suzuki), Stefano Antonucci (Sharpless), Francesco Pittari (Goro), Deyan Vatchkov (Tío Bonzo), Nicolò Ceriani (Príncipe Yamadori), Alice Marini (Kate Pinkerton), Marco Camastra (Comisario Imperial), Dario Giorgelè (Oficial del Registro). Orquesta y Coro de la Arena de Verona. Director del Coro: Vito Lombardi. Dirección Musical: Jader Bignamini.

La sola posibilidad de concurrir a un espectáculo en el tercer anfiteatro romano más grande que se conserva representa una experiencia única. La Arena de Verona ocupa una enorme elipse de unos 110 x 150 metros con capacidad total para unas 22.000 personas, construida a partir de 72 arcos alrededor del año 30 del siglo I de nuestra era y, a diferencia de otros grandes anfiteatros contemporáneos como el Coliseo de Roma, aún está en funcionamiento. Desde 1913 ofrece ópera entre junio y agosto habiendo alcanzado en sus 95 ediciones 59 óperas distintas ofrecidas en su escenario. La más representada es Aida a la que le siguen Carmen, Nabucco, Turandot, La Traviata y ToscaEn principio una obra intimista como Madama Butterfly no parece la mejor opción para este Festival al aire libre de proporciones grandilocuentes. No obstante es la décima temporada en el historial de la Arena que se ve la obra de Puccini y la quinta que se repone la puesta de Franco Zeffirelli original de 2004. Las dimensiones de la escena permiten al mítico puestista mostrar al inicio del primer acto la colina de Nagasaki poblada por todo tipo de personajes. La escenografía se abre en dos con la entrada de Cio Cio-San mostrando la casa. En el inicio del tercero se ve la colina al amanecer con el gentío que desfila para dar paso luego, nuevamente, a la casa de Butterfly-Pinkerton. 
Como es habitual en la producción de Zefirelli la puesta es suntuosa, tradicional y plena de marcaciones y detalles. De excelente calidad el vestuario de Emi Wada tanto por diseño como por confección y razonables los movimientos coreográficos trazados por Maria Grazia GarofoliDesde lo musical lo más interesante fue la calidad de la Orquesta y el convincente trabajo de dirección de Jader Bignamini quien eligió tiempos vivaces, adecuada dinámica y preciosismo en los detalles de orquestación permitiendo apreciar de manera amplia el excelente trabajo Pucciniano. El elenco vocal fue de adecuado nivel sin puntos descollantes. Oksana Dyka, cantante de sólidos medios vocales e interesante carrera internacional, no logró -a pesar de su profesionalismo- dar todo el realce que merece el rol de Cio-Cio San. Irregular en le primer acto fue afianzándose en el curso de la representación con mejor rendimiento en el segundo acto -especialmente en el aria ‘Un bel di vedremo’- y un tercero de adecuada expresividad. La sutileza no parece ser una de las cualidades del tenor Marcello Giordani que fue un Pinkerton cantado a plena voz, sin demasiados matices y con algún problema en el agudo. Stefano Antonucci no defraudó como Sharpless mientras Silvia Beltrami fue convincente como Suzuki. Francesco Pittari resultó un muy solvente Goro así como fue adecuado el resto del elenco y el Coro que dirige Vito Lombardi.