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Wednesday, August 23, 2023

Arena de Verona 2023

Foto: Ennevi Foto Fondazione Arena di Verona

Nicola Barsanti

Agosto 2, 3, 4, 5 Hagamos un balance de las funciones de la primera semana de agosto durante cuatro noches en la Arena di Verona donde asistimos tanto a las actuaciones de los artistas de los "estrenos" de junio y julio, como a las actuaciones de los nuevos intérpretes que asumieron los principales roles.

AIDA ( miércoles 2 de agosto de 2023)

En el marco del centenario del Festival de Ópera de la Arena di Verona, el director, escenógrafo, coreógrafo y vestuarista Stefano Poda firmó íntegramente la nueva producción de la ópera reina del festival: Aida. Desde su estreno, la ópera de Giuseppe Verdi, con libreto de Antonio Ghislanzoni y basada en un tema original del arqueólogo francés Auguste Mariette (primer director del museo egipcio de El Cairo), no ha dejado de sorprender a quienes la escuchan; no sólo por la dramática sucesión del relato, sino también y sobre todo por la alternancia de momentos íntimos con otros solemnes y gloriosos. Por esta razón, desde 1913, Aida es tan querida por el público veronés y, después de más de un siglo, Stefano Poda tiene el honor y la cargo de hacer justicia a un título muy querido. Si tuvo éxito o no en este empeño sigue siendo una cuestión de gustos, por lo que nos limitaremos a describir sus características distintivas. La elección del director concibe un escenario atemporal. Prueba de ello es un brazo mecánico y una columna rota de estilo dórico colocados en las escaleras de la Arena en extremos opuestos del escenario: una clara referencia al futuro y al pasado. La historia se desarrolla justo en medio de estos dos lapsos de tiempo indefinidos, bajo el dominio de una mano mecánica situada en el centro, que (según las exigencias del libreto) se mueve subiendo o bajando, dominando a los protagonistas como si fuera la mano de una esencia superior y que todo lo ve, que todo lo sabe y todo lo mueve. Dicho esto, el sistema escénico permanece casi estático. Los protagonistas indiscutibles de esta producción son las luces, que (alternándose con láseres, cetros fluorescentes y bolas brillantes), hacen que la escena brille continuamente, enfatizando los majestuosos trajes de los distintos personajes. No faltaron pequeños momentos estridentes (por ejemplo, la momificación de los cuerpos al comienzo del segundo acto, justo cuando Amneris hace creer a Aida que su amado Radamès ha caído en la batalla) pero, aparte de eso, sigue siendo un espectáculo eficaz que sorprende y merece ser visto, aunque sólo sea para mejorar las habilidades críticas En cuanto al reparto, para la Aida del 100º Festival sólo podía haber una soprano estelar del calibre de Anna Netrebko. Su interpretación deja embelesado, alcanzando la máxima intensidad en el aria del tercer acto "O cielo azzurri", en la que su filo y precisión, combinados con una emisión dulce y poderosa, la confirman como una de las más grandes artistas del panorama operístico internacional. A su lado, en el papel del querido Radamès, Yusif Eyvazov (compañero de Netrebko también en la vida) comenzó con una buena "Celeste Aida", si excluimos su interpretación de si bemol en diminuendo. Sin embargo, en el transcurso de los actos mejoró en emisión y protagonismo, demostrando buena técnica y válido fraseo, y ganándose el aplauso del público.Otra intérprete excepcional es la mezzosoprano Olesya Petrova, quien en el papel de Amneris destacó por la claridad y dramatismo de sus acentos, enriqueciéndolo todo con una excelente presencia escénica; De particular relieve fue el momento del juicio, donde la emisión alcanzó  el máximo refinamiento. Otra estrella fue Amartuvshin Enkhbat (Amonasro), quien, como siempre, maravilló con una claridad de dicción y una proyección de sonido inigualable. El Ramfis de Christian Van Horn estuvo ligeramente cubierto durante el primer acto, mientras que, en la evolución de la obra, logró emerger con una vocalidad fuerte y distinta que muestra un timbre adecuado para subrayar la inamovible austeridad del personaje. Los actores secundarios también estuviron bien: el Rey de Simon Lim, Un Messaggero de Carlo Bosi y Una sacerdotisa de Francesca Maionchi. Si excluimos algunos pequeños efectos desafinados de los trombones, la Orquesta de la Fondazione Arena di Verona, dirigida por el maestro Marco Armilliato, se mostró compacta y puntual, facilitando la línea de canto tanto en las partes solistas como en las corales. este último dirigido ad hoc por el maestro Roberto Gabbiani. "Crystal Aida" (como la han definido en sentido figurado tanta prensa italiana y extranjera) terminó con ovaciones generales para todos y un "segundo triunfo" atribuible a un reparto estelar.

NABUCCO (jueves 3 de agosto de 2023)

Con la dirección histórica de Gianfranco de Bosio, Nabucco de Giuseppe Verdi cobró vida dentro de la evocadora Arena di Verona. Es una producción que transporta al pasado: los movimientos de las masas son limitados, mientras que grandes columnas y escaleras dominan la escena, transformándose a lo largo de los cuatro actos y creando así los ambientes adecuados para satisfacer las diferentes necesidades del público. libreto. Llegando al reparto, encontramos al bajo Rafal Siwek en el papel de Zacarías (bíblicamente el profeta Jeremías), quien tiene un instrumento con buena proyección y profundidad, pero débil en cuanto a legato y fraseo, desconectado desde su cavatina “D’Egitto là sui lidi” Por otro lado excelente estuvo la Fenena de Vasilisa Berzhanskaya, que con su hermosa emisión contribuyó a tríos y cuartetos, hasta la valiosa interpretación de su única aria “Oh, dischiuso è il firmamento”. Otro excelente intérprete fue el tenor Riccardo Rados (Ismaele), que inmediatamente mostró una excelente proyección y un sólido registro agudo, cualidades que le permitieron afrontar mejor todas las dificultades de la partitura. En el papel principal, el barítono Roman Burdenko (dotado de buena presencia escénica) dominó astutamente sus medios, saliendo victorioso tanto en las partes imperiosas como cuando se convierte de Dios en "Padre" y persona humana, dotada de compasión y piedad. Destacaron “Chi mi toglie il regio scettro” e “Dio di Giuda”," en los que esta dualidad fue más que evidente. Bien estuvo María José Siri en el papel de Abigaille. Aunque en varias ocasiones no contó con la ayuda del director, la soprano tiene una vocalidad refinada y muy sólida en la parte alta del registro, apreciable sobre todo en aquellas arias en las que domina el bel canto. Completaron el reparto El Gran Sacerdote de Belo de Gianfranco Montresor, Abdallo de Carlo Bosi y Anna de la buena Elena Borin. Pasando al aspecto puramente orquestal, la dirección del maestro Alvise Casellati fue confusa y engorrosa, penalizando en ocasiones las partes solistas, con un error ante el trío en el primer acto y un cambio de ritmo en el aria de Abigaille “Anch'io discuso un día ". Por el contrario, el Coro de la Fondazione Arena maravilla por la dicción y la proyección sonora, excelentemente preparado por el maestro Roberto Gabbiani, que sabe resaltar cada matiz escrito en la partitura. Magnífico el "Va, pensiero" al que le concedieron un bis. La velada finaliza con un cálido aplauso para todos los presentes.'

RIGOLETTO (viernes 4 de agosto de 2023)

Esta función en la Arena de Verona fue cancelada debido a condiciones climáticas adversas.

TOSCA (sabado 5 agosto 2023 )

Ya vista y reseñada con motivo del Festival 2019, la puesta en escena Arena de Tosca firmada por el director Hugo De Ana confirma su siempre excelente espectáculo. La producción contó con un elenco adecuado que incluyó a Sonya Yoncheva en el papel de Tosca; la soprano hace que el personaje sea muy vanidoso y seguro de sí mismo en el primer acto, para luego dejar espacio a su lado más emocional durante el segundo, que culmina con el asesinato del tirano Scarpia (interpretado por el eficaz Roman Burdenko). Yoncheva posee un instrumento muy refinado, caracterizado por una emisión llena de colores y matices que embellecen el fraseo. La voz es más fuerte en la parte superior del registro, aunque en ocasiones hay alguna ligera dificultad en el soporte, que deja entrever un ligero vibrato, percibido en mayor medida con motivo de su aria principal "Vissi d'Arte". Otro intérprete excepcional desde el punto de vista vocal y actoral fue Vittorio Grigolo (Mario Cavaradossi), quien, gracias a su marcada presencia escénica, creó un vínculo empático con el público que lo sumergió completamente en la obra. Excelente su interpretación de "E lucevan le stelle" a la que se le concedió un bis. También obtuvieron buenos resultados los dos bajos Giorgi Manoshvili (Angelotti) y Giulio Mastrototaro (el Sacristán), ambos dotados de interesantes matices. El reparto lo completaron Spoletta de Carlo Bosi, Sciarrone de Nicolò Ceriani, Un carcelero de Dario Giorgelè y El pastorcillo de la talentosa Erika Zaha. La dirección musical estuvo a cargo de las manos expertas del maestro Francesco Ivan Ciampa, quien intentó facilitar la línea de canto hasta el final, dominando la difícil partitura y enfatizando los innumerables temas que se suceden y contribuyen a la textura melódica de la obra. También es digno de elogio el coro, bien preparado por el maestro Roberto Gabbiani. La actuación finalizó con gran entusiasmo por parte del público.



Monday, March 7, 2022

Adriana Lecouvreur en el Teatro alla Scala de Milán, Italia.

Foto: Brescia & Amisani


Massimo Viazzo


Vuelve a Milán después de 15 años Adriana Lecouvreur de Francesco Cillea. La producción de escena es la conocida y firmada por David McVicar, que ha sido vista en Londres, París, Barcelona, Viena y San Francisco (además de que existe en DVD). Se puede discutir como el director escoces ilustró la trama con perfecta adhesión a la historia narrada, con escenas y vestuarios que parecen salidos del libreto mismo. Por ello, deben estar contentos los amantes de las llamadas puestas tradicionales, y un poco menos los demás, que se habrán agobiado de frente a esta reposición que es bastante estática y un poco monótona. Sin embargo, y por fortuna, se pensó en un elenco que electrizó esta producción, comenzando con Maria Agresta, en el papel principal de Adriana, la actriz de la comédie victima del bien conocido y mortal triángulo amoroso. Agresta mostró un timbre pastoso y rico, sobretodo en su registro medio agudo, con el que evidenció una capacidad de cantar sul fiato y de refinar de lo mejor las frases musicales. Sus dos célebres arias Io son l’umille ancella y Poveri fiori fueron cinceladas con técnica muy solida y gran musicalidad hasta llevar al público en el teatro al delirio. Por su parte, Yusif Eyvazov en el arduo papel de Maurizio mostró solidez en la impostación, pero sobretodo extrema seguridad para afrontar la zona más áspera de la partitura, cantando no solo con fuerza si no sabiendo frasear con expresividad y modulando la emisión. Aunque en realidad no se le vio escénicamente a sus anchas en el personaje, el tenor azerbaiyano convenció de cualquier manera, por sus óptimos dotes vocales. Carisma escénico, que de hecho no le faltó, mostró Alessandro Corbelli, un Michonnet de antología, memorable, cantado con mil matices, mil detalles y sobre todo con una dicción extraordinaria y explosiva comunicación. Frecuentemente Michonnet parece ser un personaje casi menor en la ópera, sin embargo, Corbelli lo ha llevado a un nivel principal difícil de imaginar.  Judit Kutasi, quien sustituyó de último momento a la indispuesta Anita Rachvelishvili, creó su princesa de Bouillon como una mujer pasional y vengativa, mostrando una voz homogénea en cada registro, con un timbre bruñido y de fuerte impacto sonoro. Un aplauso también para Carlo Bosi, cuyo abate de Chazeuil, tan meloso y malicioso, estuvo bien cantado; y a Caterina Sala (Jouvet) y a Svetlina Stoyanova (Dangeville) que representan hoy en día una seguridad para el teatro. La conducción de Giampaolo Bisanti, apasionada y concisa, pareció por momentos un poco pesada en la dinámica. Al final, el Coro del Teatro alla Scala, dirigido por Alberto Malazzi representa siempre una seguridad. 




 

Adriana Lecouvreur - Teatro alla Scala

Foto: Brescia & Amisano - Teatro alla Scala


Massimo Viazzo


Torna a Milano dopo 15 anni Adriana Lecouvreur di Francesco Cilea. E l'allestimento è quello ormai molto noto firmato da David McVicar già visto a Londra, Parigi, Barcellona, Vienna e San Francisco (oltre che in DVD). Si può ribadire come il regista scozzese abbia illustrato il plot con perfetta aderenza alla vicenda narrata, con scene e costumi che sembrano usciti dal libretto stesso. Tutti contenti gli amanti delle regie cosiddette tradizionali quindi, un po' meno gli altri che un po' si saranno annoiati di fronte ad questa ripresa abbastanza statica e un po' monotona. Ma per fortuna ci ha pensato il cast a elettrizzare questa produzione. A cominciare da Maria Agresta nel ruolo principale di Adriana, l'attrice della Comédie vittima del ben noto e mortale triangolo amoroso. La Agresta ha mostrato una timbrica pastosa e ricca soprattutto nel registro medio acuto evidenziando una capacità di cantare sul fiato e di rifinire al meglio le frasi musicali. Le due celebri arie Io son l'umile ancella e Poveri fiori sono state cesellate con tecnica ferratissima e grande musicalità tanto da portare il pubblico in sala all'entusiasmo. Da parte sua Yusif Eyvazov nell'arduo ruolo di Maurizio ha mostrato solidità di impostazione, ma soprattutto estrema sicurezza nell'affrontare le zone più impervie della partitura, cantando non solo di forza ma sapendo fraseggiare con espressività modulando l'emissione. Certo, il personaggio non è parso scenicamente a suo agio, ma il tenore azero ha convinto comunque per le sue ottime doti vocali. Carisma scenico che di certo non difettava, invece, ad Alessandro Corbelli, un Michonnet da antologia, memorabile, cantato con mille sfumature, mille dettagli, e soprattutto con una dizione straordinaria e una comunicativa dirompente. Spesso Michonnet sembra quasi un personaggio minore dell'opera. Ebbene, Corbelli l'ha portato ad un livello primario come è difficile da immaginare. Judit Kutasi, che ha sostituito all'ultimo momento una indisposta Anita Rachvelishvili, ha impostato la sua Principessa di Bouillon come donna passionale e vendicativa, mostrando una voce omogenea in ogni registro, di timbrica brunita e di forte impatto sonoro. Un plauso anche a Carlo Bosi, il cui Abate di Chazeuil, così mellifluo, malizioso era soprattutto molto ben cantato; e a Caterina Sala (Jouvenot) e Svetlina Stoyanova (Dangeville), che rappresentano ormai una sicurezza per il teatro. La direzione di Giampaolo Bisanti, appassionata e stringata, è parsa a volte un po' pesantuccia nelle dinamiche. Infine, il Coro del Teatro alla Scala diretto da Alberto Malazzi rappresenta sempre una sicurezza.

Wednesday, August 15, 2018

El debut de Anna Netrebko en el Teatro Colón de Buenos Aires


Foto: Gustavo Gabriel Otero

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 12 de agosto de 2018: Teatro Colón. Concierto Lírico. Obras de Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini, Umberto Giordano, Pietro Mascagni, Ruggero Leoncavallo y Georges Bizet. Solistas: Anna Netrebko, soprano y Yusif Eyvazov, tenor. Orquesta Estable del Teatro Colón. Director: Jader Bignamini. Tercera función del Abono Grandes Intérpretes Internacionales.

El domingo 12 de agosto media hora antes que comenzara el concierto que marcaría el debut de Anna Netrebko en el Colón de Buenos Aires los alrededores del teatro bullían de gente haciendo fila para ingresar. Las puertas se abrieron un poco después de lo habitual y el gentío ingresó con la expectativa de las grandes veladas en el teatro de la calle Libertad. Contrariando la tradicional puntualidad colonera recién a las 17.12 ingresaron al escenario la soprano Anna Netrebko, su actual esposo el tenor Yusif Eyvazov y el director de orquesta invitado: Jader Bignamini. Los aplausos fueron atronadores. El programa fue de cuidada simetría: dúos en los inicios y finales y dos arias cada uno en cada parte, que permitieron apreciar a los artistas en distintas facetas. La Orquesta Estable fue adecuado soporte de los solistas y no pudo evitar el trazo grueso en los cinco momentos puramente orquestales. Jader Bignamini condujo con mano segura a la orquesta y fue el puntal requerido por la estrella y su marido para sus intervenciones. 
No es fácil decir algo novedoso sobre Anna Netrebko pero escucharla en un Teatro de acústica perfecta como es el Colón permite apreciar su volumen notable, su total seguridad musical, sus agudos brillantes, su registro homogéneo, sus exquisitos pianísimos y su fraseo admirable. A su lado no defrauda Yusif Eyvazov un tenor de adecuada técnica, muy buen volumen, registro amplio y agudo seguro y poderoso. Se le puede achacar seguramente falta de matices y un color poco atractivo, pero cumple con su cometido con algo más que dignidad. Tras la impresionante ovación al fin del concierto tres fueron las obras fuera de programa, propinas o bises. Netrebko ingresó en primer lugar, descalza, para ofrecer un clásico de sus conciertos, baile incluido, “Heia, heia in den Bergen”, primera escena del personaje Silva Varescu de la opereta ‘Die Csárdásfürstin’ (La princesa gitana o La princesa de las csárdás) de Emmerich Kálmán. Luego Eyvasov acometió "Nessun dorma", de Turandot, de Puccini, cantado a toda potencia y con espectaculares agudos. Desde el final del concierto un grupo de jóvenes estudiantes de canto ovacionaban a la diva desde el pasillo de la platea y hasta en algunos momentos la aplaudían hasta de rodillas. Allí ocurrió el milagro: cuando ambos solistas -Netrebko y Eyvazov- cantaban a dúo "O sole mio" el tenor incitó a los jóvenes a hacer de coro y, al darse cuenta de que eran voces formadas, con un gesto los invitó a subir al escenario y los ayudó a hacerlo. Los siete estudiantes devenidos en improvisado coro terminaron cantando y abrazando a sus ídolos como lo hubiese querido la totalidad del público que colmó la sala. Tarde verdaderamente inolvidable y única en el Colón de Buenos Aires.



Thursday, December 28, 2017

Andrea Chenier de Giordano en el Teatro Alla Scala de Milán


Foto: Brescia&Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Fueron dos los triunfadores de la función inaugural de la nueva temporada scaligera con Andrea Chénier di Umberto Giordano, una ópera que no se hacía en el teatro milanés desde hace treinta años.  Sobre todo es Ricardo Chailly quien amerita el aplauso general por el análisis capilar de la partitura, por la profusa pasión en su concertación, por la dedicación al cuidado del fraseo de la línea de canto y por la determinación de proponer el repertorio verista italiano, cuya presencia no esta tan descartada en los cartelones de los teatros liricos (otros títulos mas o menos conocidos de este periodo serán representados en las próximas temporadas con el apoyo del convencido superintendente Pereira).  Chailly supo imprimir a la partitura un paso teatral seguro y siempre fluido. La idea de realizar la obra combinando los dos primeros actos sin pausa, como también los últimos dos, resultó exitosa, como también la voluntad de evitar las interrupciones internas en los actos mismos al termino de las arias, donde en efecto no había espacio para el aplauso de tradición, si no que las mismas estaban incrustadas en el tejido de la ópera sin solución de continuidad, y no como cuerpos extraños, en un fondo que apuntaba directo a la continuidad narrativa y al sostén sinfónico de la partitura.  La orquesta del Teatro alla Scala ha respondido magníficamente a los requerimientos del director de orquesta milanés.  Extraordinaria por intensidad, belleza del timbre, opulencia vocal tout court fue la prueba de Anna Netrebko, en su debut en el papel de Maddalena de Coigny. Netrebko emocionó con su canto suave siempre en el fiato, extraordinariamente homogéneo en el registro y de noble acento. Imposible resistir a su interpretación tan intensa y conmovedora de La mamma morta. 
El tenor azerbaiyano Yusif Eyvazov, marido en vida de Netrebko, era esperado por los loggionisti en un papel que fue dominado en el pasado por dos monstruos sagrados como Mario del Monaco y Franco Corelli.  Eyvazov quedó mal parado desde el punto de vista puramente vocal. Su fraseo no fue rígido,y s uso del legato, dicción clara y variada dinámica caracterizaron una prueba en general convincente.  Es verdad que su timbre no es seductor, y es un artista un poco limitado, pero sus dotes canoros le permitieron dominar un papel tan arduo, con cierta seguridad. Luca Salsi, personificó al atormentado Carlo Gerard con dominio y precisión vocal. Quizás hubiera agradado algún matiz más en su línea de canto, pero su voluminosa voz pareció sana y bien timbrada.  Muy bien estuvieron todos los comprimarios, sobre todo con una nota de reconocimiento para la atractiva Bersi de Annalisa Stroppa, el melifluo Increíble de Carlo Bosi, la conmovedora Madelon de Judit Kutasi y el caluroso Roucher de Gabriele Sagona. Como siempre, estuvo optimo el coro del Teatro alla Scala dirigido por Bruno Casoni. La dirección escénica del espectáculo le fue confiada a, una dirección escrupulosamente respetuosa del libreto que no fue particularmente envolvente. 

Wednesday, December 27, 2017

Andrea Chenier - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brescia&Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Due sono stati i trionfatori della serata che ha inaugurato la nuova stagione scaligera con Andrea Chénier di Umberto Giordano, un’opera che mancava dal teatro milanese da più di trent’anni. Innanzitutto è stato Riccardo Chailly a meritare il plauso generale per la capillare analisi della partitura, per la passione profusa nella concertazione, per la dedizione nella cura del fraseggio della linea di canto e per la caparbietà nel riproporre un repertorio, quello del verismo italiano, la cui presenza non è proprio così scontata nei cartelloni dei teatri lirici (altri titoli più o meno noti di questo periodo saranno messi in scena nelle prossime stagioni anche con l’appoggio convinto del sovrintendente Pereira). Chailly ha saputo imprimere alla partitura un passo teatrale sicuro e sempre fluente. L’idea di eseguire il lavoro accorpando i primi due atti senza cesure, come pure gli ultimi due, è risultata vincente, così anche la volontà di evitare le interruzioni interne agli atti stessi al termine delle Arie, dove in effetti non c’era spazio per l’applauso di tradizione ma le stesse venivano incastonate nel tessuto dell’opera senza soluzione di continuità e non come corpi estranei, in una idea di fondo che puntava dritta alla continuità narrativa e alla tenuta sinfonica della partitura. E l’Orchestra del Teatro alla Scala ha risposto magnificamente alle sollecitazioni del direttore d’orchestra milanese.  Straordinaria per intensità, bellezza timbrica, opulenza vocale tout court è stata poi la prova di Anna Netrebko, al suo debutto nel ruolo di Maddalena di Coigny. 
La Netrebko ha emozionato con il suo canto morbidissimo sempre sul fiato, straordinariamente omogeneo nei registri e di accento nobile. Impossibile resistere alla sua interpretazione così intensa, toccante di La mamma morta, Il tenore azero Yusif Eyvazov, marito nella vita della Netrebko, era aspettato al varco dai loggionisti in un ruolo che era stato appannaggio in passato di due mostri sacri come Mario Del Monaco e Franco Corelli. Eyvazov non ha sfigurato dal punto di vista prettamente vocale. Fraseggio non rigido, uso del legato, dizione chiara e dinamica varia hanno caratterizzato una prova del tutto convincente. Certo, la sua timbrica non era seducente, l’attore era un po’ impacciato, ma le sue doti canore gli hanno permesso di dominare un ruolo così arduo con una certa sicurezza. Luca Salsi ha impersonato il tormentato Carlo Gerard con padronanza e autorevolezza vocale. Forse sarebbe stata gradita qualche sfumatura in più nella sua linea di canto, ma la sue voce voluminosa è parsa sana, e ben timbrata. Bravissimi tutti i comprimari con una nota di merito soprattutto per l’attraente Bersi di Annalisa Stroppa, il mellifluo Incredibile di Carlo Bosi, la commovente Madelon di Judit Kutasi e il caloroso Roucher di Gabriele Sagona. Sempre ottimo il Coro del Teatro alla Scala diretto da Bruno Casoni. La regia dello spettacolo è stata affidata a Mario Martone, una regia scrupolosamente rispettosa del libretto ma non particolarmente coinvolgente.

Friday, July 8, 2016

Concerto di Anna Netrebko – Los Angeles, California

Foto: The Broad Stage

Ramón Jacques

L’insperato ritorno di Anna Netrebko a Los Angeles,  dopo che la sua ultima presenza in questa città fu data 10 anni fa con la Manon di Massenet a fianco di Rolando Villazon, è stato dovuto ad una casualità,  la cancellazione del recital  che Jonas Kaufmann aveva previsto su questo palcoscenico (The Broad Stage) per chiudere il ciclo di recital con le stelle della lirica mondiale che si realiza da varie stagioni nella sala da concerto di Santa Monica in California. Sarà come un dato aneddotico e per una futura occasione il debutto locale del tenore tedesco, ma a nessuno francamente sembrò importare per l’aspettativa che ha generato la presenza di Anna Netrebko,  perché personifica il glamour  operístico moderno con i suoi costanti cambi di vestito, gli stilisti ,i  gioielli e pose da diva. Vocalmente abbiamo ascoltato un artista il cui strumento vocale ha acquisito maggior peso volume, che si è irrobustito, però ha perso omogeneità e attrattiva tímbrica. Ecco come previsto interpretazioni molto gradite di “ Io sono l’umile ancella” da Adriana Lecouvreur, di “Un bel dì vedremo” dalla Butterfly, o “Stridon lassù” da I Pagliacci come pure la mossa e vivace ”Heia, Heia! In den Bergen ist mein Heimatland” dall’operatta La principessa della Czardas di Emmerich Kálmán durante la quale ha mostrato anche le sue doti da ballerina. Ogni suo intervento è stato molto celebrato da un pubblico che si caratterizzava per non essere molto esigente, che va a godere e a celebrare tutto,  inclusi momenti di entusiasmo esagerato. Molto sentito  e commovente si è ascoltato il suo canto della “canzone alla luna” da Rusalka,  che nei concerti è diventata uno dei suoi cavalli di battaglia.In questa serata è stata accompagnata dal suo attuale partner, il tenore Yusif Eyvazov che nonostante possegga un timbro metallico poco gradevole,  non ha mancato di esprimere passione, e la capacità di attuazione che consegna al suo disimpegno artistico  lo fa sembrare più adatto agli scenari operistici piuttosto che ai gala e ai concerti. Yusif da parte sua ha cantato brani come “E’ la solita storia del pastore” dall’Arlesiana, “Pourquoi me reveiller” da Werther, “E lucevan le stelle” da Tosca, o “Vesti la giubba” da I Pagliacci,  con l’approvazione da parte del pubblico. Non mancarono alcune canzoni napoletane che penso hanno banalizzato lo spettacolo con non necessari e caricati scherzi tra gli artisti in interscambio con il pubblico, però a Hollywood, capitale dello show business  tutto pare essere permesso,  e più ad un artista del calibro di Anna Netrebko. Il programma si è completato con due duetti ” Oh soave fanciulla” da Bohème e  un emotivo ”Vicino a te” da Andrea Chenier E dopo gli applausi si regalarono alcuni bis come Nessun dorma e O mio babbino caro. Molto buono fu l’accompagnamento dell’orchestra che raduna ottimi musicisti della città, sotto la bacchetta del maestro italiano Marco Boemi che conosce diversi stili e che dirige con sicurezza controllo e cadenza. Da sola l’orchestra ha suonato la Danza delle ore dalla Gioconda e l’intermezzo da Manon Lescaut e quello da Amico Fritz e l’Ouverture da Il Pipistrello.

Sunday, June 26, 2016

Concierto de Anna Netrebko en Los Ángeles

Fotos: The Broad Stage

Ramón Jacques

El inesperado regreso de Anna Netrebko a Los Ángeles, después de que sus últimas presentaciones en esta ciudad se dieran hace diez años en Manon de Massenet al lado de Rolando Villazón, se debió a una casualidad, la cancelación del recital que Jonas Kaufmann tenía previsto dar en este escenario (The Broad Stage) para cerrar el ciclo de ‘recitales con estrellas de la lirica mundial’ que se realiza desde hace varias temporadas en esta sala de conciertos de Santa Mónica, California. Quedará como dato anecdótico y para una futura ocasión el debut local del tenor alemán aunque francamente, a nadie pareció importarle ante la expectativa que generó la presencia de Anna Netrebko, quien personifica el glamour operístico moderno con sus constantes cambios de vestidos de diseñador y joyas y pose de diva. Vocalmente se escuchó a una artista cuyo instrumento vocal ha adquirido mayor peso y volumen,  que se ha robustecido, pero sin perder homogeneidad y atractivo en el color. Así fue como brindó interpretaciones que agradaron de “Io Son “L'umille Ancella” de Adriana Lecouvreur: de “Un bel di vedremo” de Madama Butterfly;  o de ‘Stridono lassù’ de I Pagliacci, como también la movida y vivaz Heia, heia!  In den Bergen ist mein Heimatland’ de la opereta “La princesa de las csárdás” de Emmerich Kálmán con la que se atrevió a mostrar sus dotes de bailarina. Cada una de sus intervenciones fue muy celebrada por un público que se caracteriza por no ser muy exigente, que va a gozar y a celebrar todo, incluso por momentos con desbordado entusiasmo. Muy sentido y conmovedor se escuchó su canto en la Canción de la luna de Rusalka, que en conciertos, ha sido uno de sus caballos de batalla. En esta velada estuvo acompañada por su actual pareja, el tenor Yusif Eyvazov quien a pesar de poseer un timbre metálico poco grato, no defraudó por la pasión, el empuje y la entrega que imprime  a su desempeño artístico, algo que indudablemente desearía verse más en los escenarios operísticos que en las galas y conciertos. Yusif, por su cuenta cantó arias como: "È la solita storia del pastore" de L’Arlesiana, Pourquoi me reveiller de Werther, E Luceven le stelle de Tosca, o Vesti la giubba de Pagliacci, con aprobación del público. No faltaron algunas canciones napolitanas, que pienso banalizaron un poco el espectáculo por las innecesarias y cargadas bromas  de los artistas e intercambios con el público, pero en Hollywood, capital del show business todo parece estar permitido y más a una artista del calibre de Netrekbo. El programa se completó con dos duetos O soave fanciulla de La Boheme y un emotivo Vicino a te de Andrea Chénier, y ante los aplausos se regalaron algunos bises como Nessun Dorma y O mio babbino caro. Muy bueno fue el acompañamiento de la orquesta, que agrupa a destacados músicos de la ciudad, bajo la conducción del maestro italiano Marco Boemi, quien conoce diversos estilos, y que dirige con seguridad, control y cadencia. En solitario, la orquesta destacó por Danse des Heures de La Gioconda, el Intermezzo de Manon Lescaut y el de L’Amico Fritz  y la obertura de Die Fledermaus