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Tuesday, April 14, 2026

Così fan tutte en Chicago

Foto: Cory Weaver / Andrew Cioffi - Lyric Opera Chicago

Ramón Jacques 

Così fan tutte, ossia La scuola degli amanti K.55, ópera bufa en dos actos de Wolfgang Amadeus Mozart, con libreto de Lorenzo Da Ponte, y que tuviera su estreno en enero de 1790 en el teatro Burgtheater de Viena, volvió al escenario de la Lyric Opera of Chicago ocho años después de sus últimas representaciones aquí en la temporada 2018. Si bien la ópera nunca ha llegado a ser considerada como una de las obras favoritas o más populares de los teatros estadounidenses, existe la posible de verla programada con cierta regularidad en este país. La ópera hizo su entrada al repertorio estadounidense en el año de 1922, en el  Metropolitan de Nueva York, y en Chicago fue vista por primera vez en noviembre de 1959. La producción escénica utilizada en esta ocasión se originó en la San Francisco Opera y forma parte del encargo que ese teatro le hiciera entre 2019- 2021, al director de escena canadiense Michael Cavanagh, quien falleció de manera inesperada en marzo 2024, y que ideó tres distintos y originales conceptos para la trilogía Mozart- Da Ponte, inspirándose en diversos periodos históricos de los Estados Unidos, pero poniendo un énfasis especial en la arquitectura colonial que se encuentra predominantemente en la región de nueva Inglaterra en el  noroeste de Estados Unidos. El público, y quien este texto escribe, que ha tenido la oportunidad de ver los tres diferentes montajes de Cavanagh, coincidirá en señalar que en cada una de las tres óperas resalta el uso de una fachada de mármol blanco con columnas, que fue adaptada al tiempo en el que Cavanagh situó cada historia. Así, Le Nozze di Fígaro se lleva cabo durante  los años de la revolución estadounidense; Don Giovanni, con el mismo montaje, pero en un futuro distópico e incierto, donde reina la decadencia, la destrucción, la ruina y el caos; y finalmente en Così fan tutte la historia se sitúa en los años treinta del siglo pasado, en el lujoso y exclusivo club deportivo Country Club Wolfbridge, del cual Don Alfonso es el administrador, y los cuatro protagonistas, que son son miembros, de manera despreocupada hacen actividades deportivas en el gimnasio, además de practicar esgrima y jugar ping pong y tenis, o simplemente asolearse al lado de la piscina. Opulentos y arbolados jardines, piscinas y salones, forman parte del montaje, con imágenes de hermosos paisajes, bosques y escenas de atardeceres y amaneceres que se proyectan al fondo del escenario, hacen que la escena luzca muy atractivo y encantadora.  Durante la obertura, y sobre la cortina se realizaron diversas proyecciones donde se ve como se redactan manualmente las invitaciones para asistir a las actividades y eventos del club, así como imágenes de planos de la arquitectura construcción de las instalaciones. Esa misma cortina fue utilizada a lo largo de la función, cuando bajaba para aislar a los solistas entre la oscuridad y el proscenio, creando momentos de intimidad o introspección, en especial durante la interpretación de cada una de sus importantes arias.  El mismo Cavanagh, se encargó de la creación de las escenografías, y de las proyecciones junto con Erhard Horm. No pueden dejar de mencionarse los variados y elegantes vestuarios, deportivos y vestimenta, alusiva a los años treinta, así como los extravagantes abrigos utilizados por los dos jóvenes albaneses, de ello se encargó Constance Hoffmann; la buena iluminación – vital en este montaje- estuvo a cargo de Jane Cox.

Para esta reposición, la dirección escénica fue de Roy Lallo, quien, basándose en las directrices de Cavanagh, retrató a una sociedad de personajes que a pesar de haber atravesado por el periodo de la gran depresión económica de 1929, por su posición acomodada posición económica y privilegios se comportaban como gente banal, inexperta e inconsciente de la realidad de lo que ocurría en el mundo exterior, priorizando el materialismo y las apariencias; por lo que más que una apuesta entre los dos caballeros con Don Alfonso, se trata de un juego que busca generalizar y controlar el comportamiento de las mujeres, con cierta dosis de misoginia, de manera que Lacey, logró reproducir actitudes, visiones e intolerancia semejante a la de cualquier alta sociedad de la actualidad.  Su visión actoral fue directa, y logró plasmas y  transmitir su mensaje, sin dejar a un lado el candor y el humor natural contenido en la historia, pero recurriendo frecuentemente a la innecesaria sobreactuación, cargadas bromas y clichés, tantas veces vistos y repetidos hasta el cansancio, al parecer difícil de eliminar, o presentar de otra manera cuando se aborda este título. Para estas representaciones de Chicago, se recurrió a un buen elenco de cantantes que combinaron la juventud y el talento de unos, con la experiencia y las tablas de otros. (Cabe mencionar que esta producción fue montada recientemente por la Los Ángeles Opera en marzo del 2025, y los personajes de Don Alfonso, Despina y Ferrando fueron interpretados por los mismos cantante elegidos aquí).  Comenzare mencionando al tenor Anthony León, quien mostró una voz plena de amplias cualidades de notable tenore di grazia, y que posee una voz muy dúctil, cargada de musicalidad y buen gusto, y que, a pesar de no poseer un amplio volumen, supo gestionar y proyectarla de manera adecuada, en la amplia sala que es la Lyric Opera. León cantó fue un Ferrando, que generó entusiasmo por su desempeño vocal y por su variedad de matices y colores.  Por su parte el barítono Ian Rucker exhibió seguridad, claridad y elegancia escénica y vocal como Guglielmo con su voz plena de cuerpo y musicalidad. En su debut local, la soprano Jacquelyn Stucker, otra más de los muchos talentos estadounidenses que han hecho carrera, especialmente en escenarios europeos, y por tanto son poco conocidos en su país, agradó en en el personaje de Fiordiligi, desenvolviéndose con naturalidad y franqueza en escena, mostrando temple vocal, nitidez, musicalidad y cadencia en su voz, especialmente en el cantó virtuosismo y diestro que imprimió a sus arias. En su debut americano, la mezzosoprano italiana Cecilia Molinari exhibió un canto muy refinado, y desplegando una voz oscura y afelpada, logró transmitir dulzura y dramatismo, y en escena elaboró una segura, caprichosa, voluble pero creíble Dorabella. La experiencia en escena fue aportada por el barítono Rod Gilfry, un caballo de mil batallas, que mostró buen  desempeño recreando el papel del viejo y malicioso Don Alfonso, con voz firme y segura, aunque es un personaje que no tiene pasajes vocales importantes; misma situación de la veterano soprano puertorriqueña Ana María Martínez, que logró  sacar adelante y de manera plausible su personaje gracias a las buenas cualidades canoras que aun posee, aunque es evidente que por el repertorio interpretó en su carrera, parece carecer de una verve cómica, por lo que su 

Despina lució carente de animación, vivacidad  y malicia que requiere el personaje cayendo en los cargados clichés tan repetidos para este personaje que debe convertirse en doctor y notario. En la versión escuchada en esta función, apegándose a la partitura original, se restituyeron arias que normalmente son omitidas por lo teatros como el aria del segundo actode Ferrando (Ah,Lo Veggio!) y (Tradito, schernito), el aria del segundo acto de Dorabella ('È amore un ladroncello') o la menos conocida aria de Guglielmo (“Rivolgete a lui lo sguardo”) En suma, el montaje  fue bien pensado, despertando interés del público a la reflexión sobre los temas mencionados, así como la desconexión de ciertas personas privilegiadas de cada sociedad que viven y habitan en un mundo diverso al del resto de la gente común.  Yo, además, sigo esperando poder encontrarme con una producción de Così fan tutte que sepa exaltar adecuadamente la comicidad e ironía contenida en la historia, y que no someta y me presente  la cargada actuación y similares gags que parecen tomar de un mismo manual quienes curan actoralmente esta ópera  El coro, que dirige el maestro Michael Black mostró profesionalismo y participación, cuando fue requerido, en escena eran miembros del club que hacían uso de las instalaciones cuando debían cantar.  En el podio, el maestro Enrique Mazzola, quien ocupa la posición de director musical del teatro, dirigió con sutileza, precisión, amplia consideración por las voces, extrayendo de los músicos de la orquesta ese cualidad orquestal, tan característica y reconocible de las partituras de Mozart, creando una sensación de contagiosa satisfacción, alegría y agradó para los escuchas.  Muchos aplausos y entusiasmo de parte del publico que premio a los artistas en esta producción, a pesar de las visibles deserciones que se fueron dando en los entre actos, en una función que se hizo muy extensa en duración.




Saturday, April 11, 2026

Così Fan Tutte di Mozart a Chicago

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

Così fan tutte, ossia La scuola degli amanti K.588, opera buffa in due atti di Wolfgang Amadeus Mozart, con libretto di Lorenzo Da Ponte, che debuttò nel gennaio 1790 al Burgtheater di Vienna, è tornata sul palcoscenico della Lyric Opera of Chicago otto anni dopo le sue ultime rappresentazioni qui nella stagione 2018. Sebbene l'opera non sia mai stata considerata una delle opere preferite o più popolari dei teatri statunitensi, è possibile vederla in programma con una certa regolarità in questo paese. L'opera fece il suo ingresso nel repertoriostatunitense  nel 1922, al Metropolitan di New York, e a Chicago fu vista per la prima volta nel novembre 1959. La produzione scenica utilizzata in questa occasione ha avuto origine alla San Francisco Opera e fa parte della commissione che quel teatro aveva affidato, tra il 2019 e il 2021, al regist canadese Michael Cavanagh, scomparso inaspettatamente nel marzo 2024, il quale aveva ideato tre concezioni distinte e originali per la trilogia mozartiana-Da Ponte, ispirandosi a diversi periodi storici degli Stati Uniti, ma ponendo un accento particolare sull'architettura coloniale che si trova prevalentemente nella regione del New England, nel nord-ovest degli Stati Uniti. Il pubblico, e chi scrive questo testo, che ha avuto l’opportunità di vedere le tre diverse messe in scena di Cavanagh, concorderà nel sottolineare che in ciascuna delle tre opere spicca l’uso di una facciata in marmo bianco con colonne, adattata all’epoca in cui Cavanagh ha ambientato ogni storia. Così, Le Nozze di Figaro si svolgono durante gli anni della rivoluzione americana; Don Giovanni, con la stessa messa in scena, ma in un futuro distopico e incerto, dove regnano la decadenza, la distruzione, la rovina e il caos; e infine in Così fan tutte la storia è ambientata negli anni Trenta del secolo scorso, nel lussuoso ed esclusivo club sportivo Country Club Wolfbridge, di cui Don Alfonso è l'amministratore, e i quattro protagonisti, che ne sono membri, praticano spensieratamente attività sportive in palestra, oltre a praticare la scherma e a giocare a ping pong e a tennis, o semplicemente a prendere il sole a bordo piscina. Giardini lussureggianti e alberati, piscine e saloni fanno parte dell'allestimento; immagini di splendidi paesaggi, boschi e scene di tramonti e albe proiettate sullo sfondo del palcoscenico rendono la scena molto attraente e incantevole. Durante l'ouverture, sul sipario sono state realizzate diverse proiezioni in cui si vedeva come venivano redatti a mano gli inviti per partecipare alle attività e agli eventi del club, oltre a immagini delle planimetrie architettoniche delle strutture. Lo stesso sipario è stato utilizzato per tutta la durata dello spettacolo, quando scendeva per isolare I solisti tra l’oscurità e il proscenio, creando momenti di intimità o introspezione, in particolare durante l’esecuzione di ciascuna delle loro importanti arie. Lo stesso Cavanagh si è occupato della creazione delle scenografie e delle proiezioni insieme a Erhard Horm. Non si possono tralasciare i vari ed eleganti costumi, sia sportivi che di abbigliamento, allusivi agli anni Trenta, così come gli stravaganti cappotti utilizzati dai due giovani albanesi, di cui si è occupata Constance Hoffmann; le luci – vitali in questa messa in scena e ottimamente realizzate– sono state curate da Jane Cox. Per questa ripresa, la regia è stata affidata a Roy Lallo, il quale, basandosi sulle linee guida di Cavanagh, ha ritratto una società di personaggi che, nonostante avessero attraversato il periodo della grande depressione economica del 1929, a causa della loro agiata posizione economica e dei loro privilegi si comportavano come persone banali, inesperte e inconsapevoli della realtà di ciò che accadeva nel mondo esterno, dando priorità al materialismo e alle apparenze; per cui, più che una scommessa tra i due gentiluomini con Don Alfonso, si trattava di un gioco che cerca di generalizzare e controllare il comportamento delle donne, con una certa dose di misoginia, in modo tale che Lallo è riuscito a riprodurre atteggiamenti, visioni e intolleranza simili a quelli di qualsiasi alta società odierna.

La sua visione era diretta, ed è riuscito a plasmare e trasmettere il suo messaggio, senza tralasciare il candore e l’umorismo naturale contenuti nella storia, ma ricorrendo spesso a un’inutile esagerazione, a battute pesanti e a cliché, visti e ripetuti fino alla nausea, apparentemente difficili da eliminare o da presentare in altro modo quando si affronta questo titolo. Per queste rappresentazioni di Chicago, si è fatto ricorso a un buon cast di cantanti che ha combinato la giovinezza e il talento di alcuni con l’esperienza e la padronanza del palcoscenico di altri. (Vale la pena menzionare che questa produzione è stata recentemente messa in scena dalla Los Angeles Opera nel marzo del 2025, e i personaggi di Don Alfonso, Despina e Ferrando sono stati interpretati dagli stessi cantanti scelti qui). Inizierò menzionando il tenore Anthony León, che ha mostrato una voce ricca di ampie qualità da tenore di grazia, con una vocalità duttilissima carica di musicalità e buon gusto, e che, nonostante non di ampio volume, ha saputo gestirla e proiettarla in modo adeguato, nell’ampia sala che è la Lyric Opera. León ha interpretato un Ferrando che ha suscitato entusiasmo per la sua performance vocale e per la varietà di sfumature e colori. Da parte sua, il baritono Ian Rucker ha dimostrato sicurezza, chiarezza edeleganza scenica e vocale nel ruolo di Guglielmo, con la sua voce ricca di corpo e musicalità. Al suo debutto locale, il soprano Jacquelyn Stucker, un altro dei tanti talenti statunitensi che hanno fatto carriera soprattutto sui palcoscenici europei e che quindi sono poco conosciuti nel loro paese, ha conquistato il pubblico nel ruolo di Fiordiligi, muovendosi con naturalezza e franchezza sulla scena, mostrando tempra vocale, nitidezza, musicalità e cadenza nella sua voce, specialmente nel virtuosismo e nell’abilità canora che ha impresso alle sue arie. Al suo debuttoamericano, il mezzosoprano italiano Cecilia Molinari ha esibito un canto moltoraffinato e, sfoggiando una voce scura e vellutata, è riuscita a trasmettere dolcezza e drammaticità; sul palcoscenico ha interpretato una Dorabella sicura, capricciosa, volubile ma credibile. L'esperienza scenica è stata apportata dal baritono Rod Gilfry, un veterano di mille battaglie, che ha offerto una buona interpretazione nel ruolo del vecchio e malizioso Don Alfonso, con voce ferma e sicura, sebbene si tratti di un personaggio privo di passaggi vocali di rilievo escenicamente ha generato nel pubblico un po' di fastidio e di noia; stessa situazione per l’esperto soprano portoricano Ana María Martínez, che è riuscita a tratteggiare in modo plausibile il suo personaggio grazie alle buone qualità canore che ancora possiede, anche se è evidente che, per il repertorio interpretato nella sua carriera,  sembra mancare di verve comica, per cui la sua Despina è apparsa priva dell’animazione, della vivacità e della malizia che il personaggio richiede, cadendo nei cliché così ripetuti per questo personaggio che deve diventare medico e notaio. 
Nella versione ascoltata in questa rappresentazione, attenendosi alla partiture originale, sono state reinserite arie che normalmente vengono omesse dai teatri,come l’aria del secondo atto di Ferrando (Ah, Lo Veggio!) e (Tradito, schernito), l’aria del secondo atto di Dorabella ('È amore un ladroncello') o l’aria meno conosciuta di Guglielmo (“Rivolgete a lui lo sguardo”). Insomma, l’allestimento è stato ben concepito, suscitando nel pubblico l’interesse a riflettere sui temi citati, nonché sulla disconnessione di certe persone privilegiate  di ogni società che vivono e abitano in un mondo appartato diverso da quello della gente comune. Non vorrei insistere su questo, ma rimango in attesa di assistere a una produzione di Così fan tutte che riesca a valorizzare efficacemente la comicità e l’ironia intrinseche alla trama, evitando una recitazione eccessivamente carica di sovrarecitazione e gag ripetitive che appaiono csistere in un manuale di indicazioni su cui si basano tutti i registi. Il coro, diretto dal maestro Michael Black, ha dato prova di professionalità e  partecipazione, e quando richiesto, sul palco c'erano anche membri del club e partecipano alle attività sportive. Sul podio, il maestro Enrique Mazzola, che ricopre la carica di direttore musicale del teatro, ha diretto con sottigliezza, precisione e ampia considerazione per le voci, estraendo dai musicisti dell’orchestra quella qualità orchestrale così caratteristica e riconoscibile nelle partiture di Mozart, creando una sensazione di contagiosa soddisfazione, gioia e piacere per gli ascoltatori. Molti applausi ed entusiasmo da parte del pubblico che ha premiato gli artisti di questa produzione, nonostante le visibili defezioni che si sono verificate negli intervalli, per uno spettacolo che si è protratto a lungo.




Tuesday, April 15, 2025

Così fan tutte en Los Ángeles

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

Las nuevas y más dinámicas programaciones de los teatros estadounidenses, que apuntan hacia la escenificación de obras contemporáneos, principalmente de compositores estadounidenses, y algunos extranjeros (el siguiente título del teatro será  Ainadamar del compositor argentino Osvaldo Golijov -1960), así como de musicales, galas de ópera y recitales, con el fin de abarcar e interesar a la mayor cantidad posible de públicos, indudablemente han ido relegando paulatinamente títulos como Così fan tutte,  obra conocida por ser parte de la trilogía Mozart-Daponte, que, si bien no se consideraría como uno de los títulos más conocidos del repertorio operístico tradicional, si goza del interés del público y muchos teatros internacionales la  programan con regularidad. La ópera se había mantenido fuera del repertorio de la compañía Los Ángeles Opera, y su reposición es uno de los títulos elegidos y que ha querido dirigir el maestro James Conlon, quien el próximo año concluirá su gestión de veinte años como director musical del teatro, que además coincide con el 40 aniversario de la fundación de la compañía angelina, que inicialmente se llamó Los Ángeles Music Center Opera, ya que su sede, el vetusto teatro Dorothy Chandler Pavilion, al igual que la sala de conciertos Walt Disney Concert Hall, cruzando la calle,  y un par de teatros más, forman parte del complejo llamado Los Ángeles Music Center.  La última vez que se escucharon las notas de esta obra aquí fue cuando Così se programó para iniciar la temporada 2011/2012 con un elenco que incluyó a la entonces poco conocida Aleksandra Kurzak (Fiordiligi), Ruxandra Donose (Dorabella), Roxana Constantinescu (Despina), Ildebrando D’Arcangelo (Guglielmo), Lorenzo Regazzo (Don Alfonso) y el tenor Saimir Pirgu, literalmente un albano por nacionalidad y personaje, haciendo a Ferrando. En aquella ocasión dirigió también la orquesta el maestro Colon.  Trece años y medio después, y aunque la LA Philhamonic hizo su propia versión escénica en el 2014, vuelve la obra a escucharse en Los Ángeles, especialmente en el escenario del Dorothy Chandler. A lo largo de ese tiempo las cosas han cambiado y para esta nueva producción se recurrió a un buen elenco de cantantes que combinan la juventud y el talento de unos, con la experiencia y tablas de otros; comenzando por la presencia del tenor Anthony León, nativo de esta región, quien mostró cualidades interesantes desde sus días como miembro del estudio del teatro, especialmente hace dos temporadas en su primer estelar que fue Don Ottavio.  Considerado un óptimo tenore di grazia de voz dúctil y grata, León cantó el papel de Ferrando de manera entusiasmaste pintando su desempeño vocal con amplios colores y matices.  De igual manera, el barítono Justin Austin exhibió seguridad, claridad y elegancia escénica y vocal como Guglielmo; sin embargo, un detalle que les jugó en contra a ambos interpretes fue la falta de espesor y cuerpo en sus respectivas voces, lo que comprometió su proyección, que de no haber sido por la la pericia que le imprimió el maestro Conlon a su lectura, sus personajes hubiesen sido poco audibles durante diversos pasajes de la función.  Por su parte, la soprano Erica Petrocelli, también ex alumna del estudio del teatro agradó en el personaje de Fiordiligi. Su desenvolvimiento fue con naturalidad y franqueza en escena, sumado a su temple vocal, y a la nitidez y a la musicalidad de su voz, en sus arias, resaltó de manera positiva en escena. También la mezzosoprano canadiense Rihab Chaieb, personificó y dignificó al personaje de Dorabella, a la que prestó su voz oscura, afelpada, dulce y suave.  La experiencia la aportaron el barítono Rod Gilfry, con una buena encarnación del viejo Don Alfonso, y aunque su voz es firme y segura no sobresalió especialmente por ello, como si por su desempeño actoral, aunque por momentos parecía estar un poco hastiado; como también fue el caso de la soprano Ana María Martínez, que sacó adelante y de manera plausible su personaje por  las buenas cualidades canoras que aun posee, aunque por su repertorio, no es una cantante que haya desarrollado una verve cómica en su carrera, por lo que su Despina lució  algo acartonada y carente del espíritu de animación, vivacidad  y malicia que requiere el personaje.  Cabe señalar que en la versión escuchada en esta función, y por elección James Conlon, se restituyeron arias normalmente omitidas en escena, con el fin de presentar una versión más completa y fiel a la partitura: como el aria del segundo acto de Ferrando (Ah, Lo Veggio!) y (Tradito, schernito), el aria del segundo acto de Dorabella ('È amore un ladroncello') o la muy poco conocida aria de Guglielmo (“Rivolgete a lui lo sguardo”) que fueron bien interpretadas por sus respectivos personajes.  La parte escénica del espectáculo estuvo bien cubierta por la vistosa producción ideada por el director de escena canadiense Michael Cavanagh, quien falleciera inesperadamente el año pasado, y que por encargo de la Ópera de San Francisco ideó las puestas en escena para su trilogía Mozart-Da Ponte, inspirándose en la arquitectura colonial americana de la región noroeste de los Estados Unidos, y cuyo elemento principal, presente en las tres operas es la fachada de mármol de una casa que se adecuo a cada título. Cavanagh situó Le Nozze di Fígaro en la época de la revolución estadounidense; Don Giovanni en el mismo lugar, pero en un futuro distópico, mientras que Così fan tutte se ubicó en un periodo intermedio, en los años 30 del siglo pasado, en el lujoso Country Club Wolfbridge del cual Don Alfonso es el administrador, y los cuatro personajes principales son miembros, y hacen deporte, nadan, se asolean y juegan tenis y ping pong.  Opulentos jardines, albercas y salones, son parte de las escenografías, con imágenes de paisajes y bosques al fondo, o de atardeceres y amaneceres. Durante algunas escenas se bajaba la cortina, y los personajes quedaban entre el proscenio y la cortina, reflexionando y cantando sus arias de manera intima, mientras sobre la propia cortina se realizaban proyecciones de diseños arquitectónicos del club, o invitaciones a eventos. El encargado de la creación de las escenografías y las proyecciones, que fueron estrenadas en San Francisco en el 2021, es Erhard Horm; con los elegantes vestuarios alusivos a los años 30, y algunos algos, extravagantes, como los abrigos utilizados por los extraños jóvenes albaneses, creados por Constance Hoffmann; además de la buena iluminación – vital en este montaje- de Jane Cox.  De la dirección escénica se encargó Shawna Lacey, quien se basó en las directrices de Cavanagh, quien buscaba retratar una sociedad que acaba de atravesar por la gran depresión económica, su una visión actoral es directa, y los personajes son retratados como inexpertos, privilegiados, confiados, pero con defectos e inconscientes y aislados del mundo que los rodea, interesados solo en el materialismo y las apariencias, que los lleva a apostar, como si se tratase de un juego,  a generalizar y controlar el comportamiento de las mujeres.  En resumen, el montaje fue bien pensado, despertando interés y la reflexión sobre los temas mencionados y otros más, sin olvidar la habitual dosis de comicidad, por momentos justa y en otros exagerada, y sin duda, aludiendo a los usuales clichés, algunos ya vistos, de los que muchos títulos como este, parecen no poder alejarse o despojarse. El coro mostró su profesionalismo y participación, cuando fue requerido, en escena eran miembros del club que hacían uso de las instalaciones cuando debían cantar.  En el podio, el maestro James Conlon, dirigió con su entusiasmo, precisión, y consideración por las voces, como ya se mencionó. Al inicio de la ópera y desde la obertura, la sonoridad de la orquesta se escuchó errática, con notables desajustes y desfases, y cierta lentitud, que fue recomponiendo en el transcurso de la función, acercándose a ese sonido orquestal, tan característico y reconocible de las óperas de Mozart. En el balance, la función dejo muchas satisfacciones al público presente, a pesar de lo extensa que se hizo la función.





Monday, July 11, 2022

Don Giovanni en San Francisco

Fotos: Cory Weaver / San Francisco Opera

Ramón Jacques

Don Giovanni de Mozart regresó al escenario de la ópera de San Francisco como parte de su temporada anual de verano, que a diferencia de años anteriores en la que se se ofrecían tres interesantes títulos, y conciertos; ahora se limita a ofrecer la célebre ópera mencionada, una reposición de la ópera Dream of the Red Chamber del compositor Bright Sheng, basada en un clásico de la literatura china, y una gala en concierto de oberturas, arias, duetos y partes corales de óperas de Verdi. Para este título mozarteano el público presenció el controvertido y revolucionario concepto escénico del director de escena canadiense Michael Cavanagh, que pareció no adaptarse o hacerle justicia a la trama de la ópera. Se trató de la tercera entrega de la trilogía de óperas Mozart-Da ponte, encomendada escénicamente a Cavanagh, y que comenzó en octubre del 2019, situando Le Nozze di Figaro a finales del siglo 18 en la costa este de Estados Unidos, en un periodo posterior a la independencia del país, en los jardines, el exterior y el interior de una casa de con la arquitectura típica de la región de Nueva Inglaterra, que bien podría simbolizar la famosa Casa Blanca.  Con Così fan tutte, presentada en noviembre del 2021, después de la pausa forzada por el COVID, la escena transcurrió 150 años después, en 1930 en un country club, utilizando las mismas escenografías concebidas por Cavanagh, y su equipo formado por el diseñador de la escena Erhard Rom, la vestuarista Constance Hoffman, y Jane Cox en la iluminación. Si bien la idea funcionó en los dos primeros títulos y se consideraba una narrativa unificada, en Don Giovanni, pareció perder un poco la brújula y el sentido de lo que quería transmitir, al situar la escena en el utópico y decadente año 2080, donde apareció  la misma casa blanca en ruinas, banderas americanas desgarradas, estructuras metálicas de construcciones a los lados del escenario, un desordenado escenario con una plataforma en el centro del proscenio que limitaba el espacio y  el movimiento de los artistas, y  poco atractivos y desalineados vestuarios, algunos parecían dar la impresión  diferenciar diversas clases sociales, pero los menos atractivos fueron los destinados para los miembros de coro. Por ejemplo, Leporello se parecía a un homelesssu carrito del supermecardo (una escena desafortunadamente vista con frecuencia en las calles de esta ciudad), con Don Giovanni no pareció entenderse si se trataba de un noble, por la manera de moverse en escena, o la de un seductor. Lo cierto es que más allá de lo que se presenció sobre el escenario Cavanaugh no logró plasmar en su dirección escénica cual es el mundo decadente en el vivían sus personajes  y que pretendía transmitir, mas allá de incurrir en los clichés habituales tan vistos en esta ópera  de la sobreactuación, la innecesaria comicidad innecesaria, creando desfases entre lo que y expresan los personajes –indicado en sus arias y recitativos – dejando un montaje que en vez de dar soluciones escénicas, creo dudas en cuanto a su propósito y el resultado escénico que quizá transmitir. A pesar de la monotonía, debe reconocerse su coup-de-théâtre al final en la que Don Giovanni es tragado por las llamas de fuego en interior de una enorme estatua del comendador que se parte en dos.  En la parte musical, la conducción musical del maestro Bertrand de Billy fue sobresaliente, sobre todo por su manejo de los tiempos, la continua extracción de una una amplia y exquisita variedad de colores, y la precisión con la que marcó sus tiempos y dinámica, y su constante y bien trabajada simbiosis con las voces.  Una orquesta reducida, situada en un plano elevado en el foso, y un buen trabajo del continuo y las mandolinas son de destacar también en su desempeño. Para esta ocasión se eligió ejecutar en tu totalidad la versión que Mozart utilizó para Viena en 1788.  Habitualmente se suele escuchar una combinación entre la versión mencionada y la de Praga de 1787, donde se eligen o se emiten diversas arias de ambas versiones; pero esta ocasión se pudieron escucharon, por ejemplo, poco conocidos recitativos de Don Ottavio con Leporello, o el aria e Zerlina y Leporello “Per queste tue manine”, y se omitieron arias como “Ah, pietà, signori miei! de Leporello, o “Il mio tesoro” entre otras diferencias.  Más allá del valor curricular para el teatro o anecdótico, no se puede afirmar que una versión sea mejor que otra, pero esta elección pareció privar al tenor neozelandés Amitai Pati de redondear un trabajo vocalmente notable, por la calidez y la seducción que despliega con su grata tonalidad vocal.  Agradó también por la flexibilidad, la nitidez y la tonalidad en la voz de la soprano Adela Zaharia, y su convicción actoral en el papel de Donna Anna.  Por su parte, el bajo barítono Luca Pisaroni demostró que es uno de los mejores intérpretes de Leporello en la actualidad, muy activo en escena, parece divertirse naturalmente, y lo transmite, en un papel que canta y frasea con naturalidad y buenos medios vocales y clara dicción. Siempre es una garantía en los papeles que interpreta, en especial si pertenecen a Mozart.  El barítono Etienne Dupuis es un versátil interprete que sabe adaptar muy sus condiciones vocales a diversos repertorios, notable fue su Eugenio Onegin hace apenas unos meses en Dallas, y el repertorio mozarteano no es la excepción, posee un timbre de una grata coloración, y maneja su voz con elegancia y desenvoltura.  Nicole Car quien ocupó el lugar de la originalmente anunciada, Carmen Giannatasio (que tan buena impresión había dejado en su debut en el 2018 en Tosca) se mostró a sus anchas en el papel de Donna Elvira, dándole un lugar de mayor relevante al personaje en escena, con buenas cualidades vocales y actorales. La soprano Christina Gansch agradó por su delicada y juvenil Zerlina bien cantada, con claridad y brillo vocal. No se puede dejar de mencionar el sobresaliente trabajo del bajo barítono Cody Quattlembaum, un eficaz Masetto, y el joven, pero ya muy experimentado, bajo Solomon Howard que con voz potente y profunda personificó y cantó muy bien papel del Commendatore.  El coro que estrena un nuevo director titular, el maestro John Keene, participó de manera impetuosa cuando fue requerido en escena, sin descuidar su cometido y desempeño vocal, que lo hizo de manera profesional y prominente en las partes donde tuvo que cantar.