Showing posts with label Milena Kitic. Show all posts
Showing posts with label Milena Kitic. Show all posts

Tuesday, June 24, 2014

Thaïs de Massenet en la Ópera de Los Ángeles

Fotos: Robert Millard

De no ser por el interés que tiene Placido Domingo por incorporar nuevos personajes a su extenso repertorio obras como Thaïs difícilmente se habrían escenificado en este teatro, ya que si bien la obra contiene algunos interesantes pasajes vocales y musicales, como la conocida meditación, no contiene una trama solida o convincente ni un desarrollo dramático en sus personajes que la hacen ser una ópera poco representada. Sobre el escenario se vio la producción de Johan Engeles, proveniente de la Ópera de Finlandia, que es confusa porque mezcla el realismo con surrealismo, al más puro estilo del Regietheater, ya que la acción se situó dentro de un teatro en el que los monjes vestidos de frac y corbatas negras, que no son religiosos sino pervertidos voyeristas, observan la acción desde los palcos; el segundo acto se realiza en la opulenta y pequeña habitación de Thais, y el tercero en un destruido teatro sobre una plataforma circular en el centro del escenario con los rodeado de ruinas y dunas del desierto que representaban los senos de mujer. Lo que se vio en escena estrictamente desde el punto de vista visual fue atractivo, pero en términos teatrales aporta poco en lo teatral o a la historia misma.  Los vestuarios bien elaborados y modernos, como el vestido con alas de Thais,  sugerían que la acción se situaba en una época actual, contrastaban con la vestimenta de mendigo del personaje de Athanaël, en el que  al final fue el centro de la atención durante la obra donde todo giro en torno a él, en una dirección escénica poco convincente de Nicola Raab, quien no supo resolver lo poco que ofrecen los personajes, y que a su vez cargo la escena con muchos movimientos sin sentido  y exagerado dramatismo. 
Domingo, personificó de manera correcta el personaje 139 de su carrera, que como es habitual vivió y se metió en la piel del atormentado y afligido Athanaël, aunque tanto sufrimiento y obsesión de su parte, imputables a la dirección escénica, llegaron a ser francamente monótonos y fastidiosos. Vocalmente sacó provecho a las posibilidades vocales que le ofrece la partitura y lo hizo con intensidad y buen fraseo, pero la emisión de su voz, ligera por momentos, se diluía frente a la masa orquestal.  Nino Machaidze tuvo un correcto desempeño como Thais, desplegando fuerza en su emisión, buen color y facilidad para emitir notas agudas, pero poca claridad debido a una cuestionable dicción francesa.  El tenor Paul Groves asumió de manera notable el breve papel de Nicias con un timbre grato y cálido, aunque un artista de su nivel merecería un papel que francamente no sea un desperdicio de su talento. Del resto de los papeles menores, que cumplieron satisfactoriamente como también lo hizo el coro, agradó la sensualidad y el canto oscuro de la mezzosoprano Milena Kitic en el breve papel de Albine.  El maestro francés Patrick Fournillier, quien mostro afinidad con este repertorio, que dirige frecuentemente, guió con seguridad y buen pulso a una orquesta que le respondió en todo momento con cohesión y delineando los ritmos más exóticos y musicales de la partitura. Una mención merece el concertino de la orquesta Roberto Cani, por su conmovedora ejecución de la “meditación”  RJ

Thursday, June 5, 2014

Thaïs de Massenet en Costa Mesa, California

Foto: Nick Koon

El segundo título de esta temporada, después de Falstaff, que la Ópera de Los Ángeles eligió para presentar en versión concierto en la sala de Renée and Henry Segerstrom Concert Hall de Costa Mesa Caifornia, fue Thaïs  de Massenet.  Este concierto corresponde al proyecto “Off Grand” que pretende ofrecer operas de la temporada en otras poblaciones y fuera de su sede habitual, el teatro de la calle Grand.  El elenco vocal fue el mismo que de manera paralela se presentó en la versión escénica de la obra, y la ventaja de la representación en concierto, permitió al público concentrarse más en la parte vocal y orquestal de la pieza, que la cargada producción escénica no permitió.  Asimismo,  la acústica de esta sala hizo que la velada fuera emocionante, cargada de tensión y musicalidad, situación de la que sacaron ventaja todas las fuerzas musicales en escena. En el papel principal, la soprano Nino Machaidze desplegó todo sus cualidades vocales, en el manejo de los colores, volumen y agudos, aunque tuvo algunas complicaciones con la dicción que hizo que su canto fuera claro y fluido.  Ayudándose de una partitura en toda la función, Placido Domingo se metió en el personaje de un afligido y atormentado Athanaël al que actuó y vivió durante toda la representación. El papel posee momentos vocales interesantes y muy liricos de los que el cantante supo sacar provecho cantando con intensidad, su voz se escuchó firme y robusta y corrió con naturalidad gracias a la notable acústica de la sala. Se puede decir que Domingo cumplió satisfactoriamente agregando un nuevo papel a su amplio repertorio, pero que difícilmente será recordado por tratarse de un personaje plano de poco desenvolvimiento dramático y actoral.  El tenor Paul Groves agradó por su cálido timbre seductor, aunque su presencia en un papel tan corta y de poca trascendencia pareció más un lujo innecesario. A pesar de lo breve que fueron sus papeles, merece una mención particular el joven pero muy seguro bajo ruso Valentin Anikin, quien aportó profundidad, potencia a su voz; así como la mezzosoprano Milena Kitic, quien como Albine, desplegó sensualidad, oscuridad y homogeneidad en su canto. Correctos estuvieron el resto de los cantantes y el coro del teatro.  Protagonista fue la orquesta de la mano de Patrick Fournillier, quien se mostro como un conocedor de este repertorio, fue un guía del espectáculo, y supo guiar con seguridad y buen pulso a una orquesta que le respondió en cada momento, delineando los ritmos más exóticos y musicales de la partitura. RJ