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Thursday, July 24, 2025

La Bohème en Torre del Lago

Foto: Giorgio Andreuccetti

Athos Tromboni

Un público ligeramente menor asistió a La bohème que a Tosca la noche anterior, en el Gran teatro all'aperto del lago Massaciuccoli. Sin embargo, hubo una buena asistencia (¿aproximadamente más de 2000 espectadores?) para el regreso de la dirección "cinematográfica" de Ettore Scola de 2014, repuesta por Marco Scola di Mambro. La noche fue menos calurosa y bochornosa que la anterior, incluso sufrió la interrupción de la función por algunas gotas de lluvia en dos ocasiones, pero luego el cielo se calmó y la velada concluyó triunfalmente para los artistas, el coro y la orquesta, en el segundo título del Festival Puccini 2025. En una reseña crítica del 2014, tras el estreno de esta (entonces nueva) producción, escribí: «...el milagro de Scola surgió de la simplicidad narrativa de los gestos, de las escenas de un París bohemio y fantasmagórico, porque (Scola había anotado en un ensayo del director) 'la humildad y el sentido común deben recordarle al director que la modernidad ya está plenamente presente en esta ópera, en los sentimientos, en el alma que la hizo eterna'». Así que el ático es verdaderamente un ático, el Barrio Latino con el Caffè Momus es un vistazo a la ciudad con su taberna, la Barriere d'Enfer es un puesto de aduanas reconocible. No hay mucho más que añadir a este último reestreno dirigido por Marco Scola Di Mambro. Solo una palabra: eficaz. Para completar la información sobre la aclamada producción de, cabe añadir que las escenografías son de Luciano Ricceri, el vestuario de Cristiana Da Rold y la iluminación de Valerio Alfieri. Cabe destacar que el podio orquestal confiado a Pier Giorgio Morandi enriqueció la velada, ya que el director valorizó cada pasaje de la partitura: del brio  casi carnavalesca de los irónicos litigios de los cuatro bohemios, hasta la jocosidad del vals de Musetta, a las arcadas sinfónicas de las arias y los dúos rebosantes de melodía, hasta los acordes perentorios que separan el momento lúdico de los cuatro amigos del trágico momento de la aparición de Mimì, en el final de su vida. Todo esto fue meticulosamente subrayado por la orquestación, respetuosa con las voces en escena y bien amalgamada dinámicamente en la relación entre canto y música (el escenario, obviamente, contaba con una discreta amplificación: no es ningún escándalo, todo el mundo lo hace hoy en día, incluso en los teatros cerrados...). El personaje del poeta Rodolfo fue interpretado por el ecléctico Vittorio Grigolo  quien no solo se limitó a cantar un papel que conoce bien, sino que también lo interpretó de manera efectiva. Entonces, justo cuando aparece Mimì, llamando a la puerta pidiendo que vuelvan a encender su vela, aparecieron las primeras gotas de lluvia: una llovizna muy ligera, como de nubes a la Fantozzi, y justo allí, sobre el Gran Teatro al aire libre, mientras un cielo estrellado enmarca la nube.  Aquí se dio lo primero que estuvo fuera de programada: Pier Giorgio Morandi miró  de reojo al primer violinista Domenico Pierini, luego se gira hacia el público, levanta los brazos en señal de rendición y se retiró a su camerino. Entonces Grigolo, que permaneció en el escenario, inventó una actuación ingeniosa pero igualmente entretenida (el público no se había movido de sus asientos, no había paraguas y el pronóstico del tiempo no pronosticaba lluvia durante la noche), y él, el tenor, hizo... el tenor. Se puso a ordenar el ático, a quitar el polvo de la mesa, a guardar libros y herramientas, a acercarse al cuadro que Marcello estaba pintando, a coger el pincel y a "corregir" algunos detalles del supuesto paisaje del lienzo, a quitarse la chaqueta y quedarse en mangas de camisa, a echar leña nueva a la estufa... en resumen, interpretó de forma hilarante una parte silenciosa e improvisada ("esta noche improvisamos", como diría Pirandello) y se ganó el aplauso con varias ovaciones. Entonces cesó  la llovizna, regresó el director y la función se reanudó: durante unos diez minutos, hasta que otra traviesa llovizna provocó  la interrupción de la función por segunda vez. Esta vez, nadie permaneció en escena; un déjà vu sin su originalidad resultaba inapropiado: incluso las actuaciones improvisadas si se hubieran repetido, hubieran perdido su fuerza. Debo admitir que la actuación de Vittorio Grigolo, más allá de su bufonería, fue muy apreciada por el público: el color de su voz, la facilidad de sus fiati en las zonas extremas del registro (sus agudos con una corona en la "speranza" de la primera aria fueron hermosos), gustó la seguridad con la que afronta sus papeles, como un temerario valiente e imprudente, es decir, como un artista que antepone su creatividad y perspicacia a la preocupación por lo que pueda suceder... Nino Machaidze también ofreció una óptima actuación, dotando a Mimì de todas las características tan claramente delineadas en la dramaturgia de Luigi Illica y la poesía de Giuseppe Giacosa. Su canto capta la atención porque sabe cómo frasear y es capaz de despertar emociones gracias a la emisión aterciopelada cuando necesita ser suave y a la claridad controlada de su canto spinto cuando necesita ser más potente. En Torre del Lago se sintió gratificada por el éxito personal, espontáneo y sincero del público. El barítono Vittorio Prato también brilló como Marcello, junto con la deslumbrante soprano española Sara Blanch como Musetta. El resto del elenco también ofreció buenas actuaciones, desde Italo Proferisce (Schaunard) hasta Antonio Di Matteo (Colline), y desde el siempre presente Claudio Ottino (Benoit), un notable actor secundario en todos los papeles de Puccini, hasta Matteo Mollica (Alcindoro), así como Francesco Napoleoni (Parpignol), Francesco Auriemma (Sargento de Aduanas) y Simone Simoni (Aduanero). El Coro del Festival Puccini, dirigido por Marco Faelli, y el Coro Infantil, dirigido por Viviana Apicella, tuvieron una actuación sobresaliente. La bohème fue otro éxito del Festival Puccini 2025, tras la representación de Tosca.



Friday, March 30, 2018

Nabucco y Pescadores de Perlas en Los Ángeles


Fotos: Ken Howard

Ramón Jacques

Nabucco, ópera que se había escenificado solo una vez en la temporada 2002 de este teatro, volvió con una nueva concepción escénica y dirección de Thaddeus Strassberg quien situó  la escena dentro del contexto histórico que indica el libreto, pero a la vez, la obra se desarrolla dentro del periodo en el que Verdi la estrenó en la Scala de Milán, ya que antes de abrirse la cortina cortesanos y publico con elegantes vestidos de esa época, hicieron su entrada al escenario socializando; y después ocupando sus butacas en los palcos situados a ambos lados del escenario, el teatro dentro del teatro, que pudo funcionar, de no ser porque Strassberg la banalizó haciendo que los cantantes interactuaran con el publico de esos palcos creando situaciones innecesariamente burdas y cómicas, sin ninguna relación o aporte a la obra. Me atrevería a decir que a este teatro le vendría bien una renovación, un cambio de rumbo, algún revulsivo que le devuelva el lugar que ha ocupado siempre como uno de los teatros estadounidenses más importantes. 
Placido Domingo asumió el papel principal de barítono, en una ópera más de Verdi, como ha sucedido en las ultimas temporadas. Si bien su desempeño vocal y actoral debe verse desde un punto de vista histórico y anecdótico, más que crítico, ya comienzan a notarse ciertas dificultades en su canto. El desempeñó vocal más notable, correspondió a la soprano Liudmyla Monastryrska, como Abigail. Voz potente, uniforme, de grato color y agilidad, pero cuyo desempeñó actoral fue empañado por la dirección escénica que dispuso que fuera una diva neurótica y caprichosa que tuvo intercambios con el público de los palcos mencionados. Estuvieron correctos en sus partes la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera con su voz oscura y larga experiencia como Fenena; y el imponente bajo Morris Robison como Zaccaria.  Discreta fue la presentación del tenor Mario Chang en el papel de Ismael.  Muy bien estuvo el coro, sin dejar de mencionar el inconfundible y siempre esperado “Va pensiero” así como la orquesta, bajo la energética y entusiasta batuta de James Conlon.  De manera paralela, Plácido Domingo dirigió musicalmente las funciones de Pescadores de Perlas de Bizet, con una producción de la cineasta inglesa Penny Woolcock que colocó la escena en un ambiente oriental, en la época actual, con brillante uso de proyecciones de olas del mar y un tsunami, al fondo del escenario; pero con deslucidos vestuarios. La obra contó con un elenco uniforme, encabezado por Nino Machaidze, ágil y brillante como Leila y Javier Camarena como Nadir cuya voz se adaptó bien a esta obra. El papel de Zurga fue interpretado por el barítono Alfredo Daza, y el de Nourabad, por el joven bajo-barítono Nicholas Brownlee.

Monday, March 30, 2015

Una bella opera poco rappresentata! Il Turco in Italia, Teatro Regio Torino

Foto: Ramella&Gianesse - Teatro Regio Torino

Renzo Bellardone

Al teatro Regio di Torino, nella stagione 2014-2015, l’opera ‘Il Turco in Italia’ viene riproposta in chiave onirica  con la regia di  Christopher Alden e con le scenografie non accattivanti realizzate da  Andrew Liebermann. Il tutto si svolge in un contenitore che vagamente ricorda mosaici turchi con sempre sulla scena la polena della nave, simbolo dell’arrivo e partenza del turco, una linea di neon ed un siparietto di velluto verde che sale e scende quasi come in avanspettacolo. L’ambientazione non è di facile intuizione, mentre risultano  particolarmente simpatici i cambi si scena e di costume “in diretta” sul palco ed i travestimenti del coro maschile, oltre agli spostamenti manuali di arredi e degli elementi di scena. Anche i costumi non hanno entusiasmato. Decisamente bravi i cantanti, anche nel movimentare il palcoscenico. Ottima la direzione allegra e divertita di Daniele Rustioni che ha riversato la giovanile effervescenza nello spartito rossiniano, riproponendolo con una lettura approfondita  e ricca, ben accolta dall’orchestra che ha saputo trasmettere il vigore e gli scintillii del rigo stesso amplificati dalla bacchetta. Il prezioso coro del Regio diretto da Claudio Fenoglio,   è risultato anche divertente coprotagonista sul palco, con gags e travestimenti del coro maschile con coloratissimi e trasparenti abiti femminili. Nella recita di domenica 15 marzo, Don Narciso è stato impersonato dal giovane  Edgardo Rocha che, ben calato nel ruolo,  ha espresso il personaggio con voce chiara e ferma. Il turco Selim ha trovato in Carlo Lepore un ottimo interprete dalla voce profonda  ed amabile, impreziosita da un chiaro fraseggio, valorizzato dalla padronanza della scena oltre che dal bel timbro ed i bei colori. Cantante ‘tutto buffo’ di provata bravura è Paolo Bordogna: qui in Don Geronio, si è presentato  ancora una volta  quale  eccellente baritono  che padroneggia talmente bene l’emissione da cantare arrampicato sulla polena della nave e precipitare con un capitombolo studiato.  Nino Machaidze è stata la capricciosa donna Fiorilla che più che fedele al marito è ben attratta dal nuovo, dallo sconosciuto, quindi dal turco; il soprano ha cantato con voce squillante e carica interpretativa. Il poeta Prosdocimo, in scena ancor prima dell’inizio, all’ouverture e poi per tutta l’opera, è alla ricerca di ispirazione che alla fin trova nelle vicende di amori, certezze ed indecisioni che costruiscono la trama: risulta interessante interprete Simone Del Savio che con naturalezza è entrato nella parte ed ha cantato con bel timbro. Samantha Korbey ed Enrico Iviglia hanno fatto ottima coppia: la Korbey-Zaida-  ha una bella voce ricca di colori che ha offerto con grinta; Iviglia – Albazar- ha trasformato il personaggio con atleticità e simpatia imprimendo alla sua aria ‘Ah sarebbe troppo dolce’ una carica musicale e vitale tale, da renderla protagonista. Nella recita del 21 marzo si sono nuovamente apprezzate la possente brunita vocalità di Carlo Lepore nei panni di Selim, la Korbey in Zaida ed Enrico Iviglia sia per la limpidezza della voce che per la danzante interpretazione. Barbara Bargnesi, sicura nel ruolo di Fiorilla è risultata molto gradevole per la bella emissione ferma e vellutata con colori amabilmente dolci ed arrotondati  sia nell’aria che nelle agilità. Marco Filippo Romano ha sfoggiato forte carica comica associata alla voce profonda, calda  e sicura, decisamente convincente,  interessante e di spicco.  Vincenzo Taormina, nella regia di Alden e nel ruolo di Prosdocimo, risulta  più regista che poeta ed assiste a tutta l’opera permanendo  sempre in scena: interprete  con spiccate doti attoriali oltre che vocali, che sa ben usare lo suadente strumento per arrotondare e porgere gradevolmente.Il maestro Luca Brancaleon al fortepiano è stato una presenza importante ed efficace alla buona riuscita dell’opera. La Musica vince sempre.

Tuesday, June 24, 2014

Thaïs de Massenet en la Ópera de Los Ángeles

Fotos: Robert Millard

De no ser por el interés que tiene Placido Domingo por incorporar nuevos personajes a su extenso repertorio obras como Thaïs difícilmente se habrían escenificado en este teatro, ya que si bien la obra contiene algunos interesantes pasajes vocales y musicales, como la conocida meditación, no contiene una trama solida o convincente ni un desarrollo dramático en sus personajes que la hacen ser una ópera poco representada. Sobre el escenario se vio la producción de Johan Engeles, proveniente de la Ópera de Finlandia, que es confusa porque mezcla el realismo con surrealismo, al más puro estilo del Regietheater, ya que la acción se situó dentro de un teatro en el que los monjes vestidos de frac y corbatas negras, que no son religiosos sino pervertidos voyeristas, observan la acción desde los palcos; el segundo acto se realiza en la opulenta y pequeña habitación de Thais, y el tercero en un destruido teatro sobre una plataforma circular en el centro del escenario con los rodeado de ruinas y dunas del desierto que representaban los senos de mujer. Lo que se vio en escena estrictamente desde el punto de vista visual fue atractivo, pero en términos teatrales aporta poco en lo teatral o a la historia misma.  Los vestuarios bien elaborados y modernos, como el vestido con alas de Thais,  sugerían que la acción se situaba en una época actual, contrastaban con la vestimenta de mendigo del personaje de Athanaël, en el que  al final fue el centro de la atención durante la obra donde todo giro en torno a él, en una dirección escénica poco convincente de Nicola Raab, quien no supo resolver lo poco que ofrecen los personajes, y que a su vez cargo la escena con muchos movimientos sin sentido  y exagerado dramatismo. 
Domingo, personificó de manera correcta el personaje 139 de su carrera, que como es habitual vivió y se metió en la piel del atormentado y afligido Athanaël, aunque tanto sufrimiento y obsesión de su parte, imputables a la dirección escénica, llegaron a ser francamente monótonos y fastidiosos. Vocalmente sacó provecho a las posibilidades vocales que le ofrece la partitura y lo hizo con intensidad y buen fraseo, pero la emisión de su voz, ligera por momentos, se diluía frente a la masa orquestal.  Nino Machaidze tuvo un correcto desempeño como Thais, desplegando fuerza en su emisión, buen color y facilidad para emitir notas agudas, pero poca claridad debido a una cuestionable dicción francesa.  El tenor Paul Groves asumió de manera notable el breve papel de Nicias con un timbre grato y cálido, aunque un artista de su nivel merecería un papel que francamente no sea un desperdicio de su talento. Del resto de los papeles menores, que cumplieron satisfactoriamente como también lo hizo el coro, agradó la sensualidad y el canto oscuro de la mezzosoprano Milena Kitic en el breve papel de Albine.  El maestro francés Patrick Fournillier, quien mostro afinidad con este repertorio, que dirige frecuentemente, guió con seguridad y buen pulso a una orquesta que le respondió en todo momento con cohesión y delineando los ritmos más exóticos y musicales de la partitura. Una mención merece el concertino de la orquesta Roberto Cani, por su conmovedora ejecución de la “meditación”  RJ

Thursday, June 5, 2014

Thaïs de Massenet en Costa Mesa, California

Foto: Nick Koon

El segundo título de esta temporada, después de Falstaff, que la Ópera de Los Ángeles eligió para presentar en versión concierto en la sala de Renée and Henry Segerstrom Concert Hall de Costa Mesa Caifornia, fue Thaïs  de Massenet.  Este concierto corresponde al proyecto “Off Grand” que pretende ofrecer operas de la temporada en otras poblaciones y fuera de su sede habitual, el teatro de la calle Grand.  El elenco vocal fue el mismo que de manera paralela se presentó en la versión escénica de la obra, y la ventaja de la representación en concierto, permitió al público concentrarse más en la parte vocal y orquestal de la pieza, que la cargada producción escénica no permitió.  Asimismo,  la acústica de esta sala hizo que la velada fuera emocionante, cargada de tensión y musicalidad, situación de la que sacaron ventaja todas las fuerzas musicales en escena. En el papel principal, la soprano Nino Machaidze desplegó todo sus cualidades vocales, en el manejo de los colores, volumen y agudos, aunque tuvo algunas complicaciones con la dicción que hizo que su canto fuera claro y fluido.  Ayudándose de una partitura en toda la función, Placido Domingo se metió en el personaje de un afligido y atormentado Athanaël al que actuó y vivió durante toda la representación. El papel posee momentos vocales interesantes y muy liricos de los que el cantante supo sacar provecho cantando con intensidad, su voz se escuchó firme y robusta y corrió con naturalidad gracias a la notable acústica de la sala. Se puede decir que Domingo cumplió satisfactoriamente agregando un nuevo papel a su amplio repertorio, pero que difícilmente será recordado por tratarse de un personaje plano de poco desenvolvimiento dramático y actoral.  El tenor Paul Groves agradó por su cálido timbre seductor, aunque su presencia en un papel tan corta y de poca trascendencia pareció más un lujo innecesario. A pesar de lo breve que fueron sus papeles, merece una mención particular el joven pero muy seguro bajo ruso Valentin Anikin, quien aportó profundidad, potencia a su voz; así como la mezzosoprano Milena Kitic, quien como Albine, desplegó sensualidad, oscuridad y homogeneidad en su canto. Correctos estuvieron el resto de los cantantes y el coro del teatro.  Protagonista fue la orquesta de la mano de Patrick Fournillier, quien se mostro como un conocedor de este repertorio, fue un guía del espectáculo, y supo guiar con seguridad y buen pulso a una orquesta que le respondió en cada momento, delineando los ritmos más exóticos y musicales de la partitura. RJ

Thursday, May 8, 2014

Los Pescadores de Perlas de Bizet en Módena

Foto: Teatro Comunale di Modena

Renzo Bellardone

Para vivir y sobrevivir entre las olas de la intemperie a las la vida inevitablemente nos enfrenta, el género humano necesita de fantasía, de ilusiones imaginarias, de historias imposibles pero con final feliz. Los Pescadores de Perlas se insertan justamente en esas paredes mentales que se cierran para ofrecer una vía de evasión y un ilusorio mundo fantástico, y entre mitos y fantasía en una difícil realidad es como se desarrolla la trama de la ópera de Georges Bizet.  El texto no es particularmente lirico, pero en compensación, la partitura es increíblemente bella y rica de tonalidades poéticas y dolorosas vibraciones La lectura que fue conservada en su totalidad en la puesta escénica de fin siècle para abrirse a un nuevo mundo. Patrick Fournillier propuso una lectura armoniosa, lineal y homogénea, siguiendo la filosofía madre de la ópera. La puesta en escena de Giorgio Ricchelli fue simple y eficaz a través de insertar algunos elementos escénicos distintivos y claramente individuales. La dirección de Fabio Sparvoli creó movimientos fieles a la idea primaria de la ópera distinguiendo la vida real de la imaginaria. El ballet dirigido por Annarita Pascualli fue sobre la misma longitud de onda con movimientos de danzas tribales y una sinuosidad soñadora en el imaginario colectivo. Filológicos y ricos fueron los vestuarios de Alessandra Torella. Martino Faggiani fue el director del protagonista coro del Teatro Regio de Parma, apreciado en otras producciones como Payasos, tanto por su claridad coral como por la búsqueda de coloridas emociones. Muy bello fue el dueto y el terceto de llenaron de estrellas la línea y el claro fraseo de los intérpretes. Frescos y envueltos los intérpretes, infundieron delicadeza y vigor a los sentimientos de amor, casi fraterno, y a las pasiones de sentimientos, y de carne a la traición y al perdón que caracterizan la obra. En Módena el personaje de Nadir fue encomendado al joven tenor mexicano Jesús León quien ofreció una prueba de calidad, apreciada por un público que tiene la voz de Pavarotti en el corazón.  En particular en el aria “Je crois entendre” el resultado fue límpido, diamantino logrando a infundir gran sentimiento participativo y comunicativo. Leila fue interpretada por Nino Machaidze con limpio y rotundo cuerpo vocal, con interesante dúctil agilidad y segura y brillante emisión sobre una grata homogeneidad linear. Luca dall’Amico fue el bajo que dio voz al sacerdote Nourabad, que no es muy larga pero lo suficiente para externar profundidad en su timbre. Zurga fue el imponente (en físico y voz) Vincenzo Taormina quien realizó el papel con gran atención vocal y prestancia de actoral. El grato color bronceado de su voz se redondeó en los momentos de tierno sentimiento y delineó autoridad en la escena de celos. Fuerte presencia escénica que encontró exaltación al final cuando se encontró solo sobre el escenario, rico por el perdón concedido. ¡La música vence siempre!

Thursday, April 17, 2014

Les Pecheurs de Perles (I pescatori di perle) di Bizet - Teatro Comunale di Modena

Foto: Teatro Comunale di Modena

Renzo Bellardone

Il genere umano per vivere e sopravvivere tra i flutti delle intemperie che la vita inevitabilmente propone e necessita  di fantasia, di immaginarie illusioni, di storie impossibili , ma dal lieto fine. “Le pecheurs des perles” va ad inserirsi proprio in quegli anfratti mentali che si schiudono per offrire una via di evasione, un illusorio mondo fantastico… ed è appunto tra miti e fantasia e faticose realtà che  si snoda la vicenda narrata nell’opera di George Bizet. Il testo non è particolarmente lirico, ma in compenso la partitura è incredibilmente bella e  ricca di sfumature poetiche e vibrazioni accorate. La lettura che è stata conservata  nel complesso dell’allestimento è quella da fin siècle per aprirsi ad un nuovo mondo. Patrick Fournillier propone infatti una lettura armoniosa, lineare ed omogenea, seguendo la filosofia madre dell’opera. La messa in scena curata da Giorgio Ricchelli è semplice  ma efficace attraverso  l’inserimento degli elementi scenici distintivi e chiaramente individuabili. La regia di Fabio Sparvoli crea  movimenti fedeli all’idea primaria dell’opera distinguendo la vita reale da quella immaginaria. Il balletto diretto da Annarita Pasculli è sulla stessa lunghezza d’onda con movenze da danza tribale o sinuosità sognate  nell’immaginario collettivo. Filologici  e ricchi i costumi di Alessandra Torella. Martino Faggiani è il bravo direttore del coro del Teatro Regio di Parma, protagonista  apprezzato anche in altre recenti produzioni quali  “I  Pagliacci”,  sia per limpidezza  corale che per la ricerca di sfumate emozioni. Molto belli i duetti ed il terzetto che costellano il rigo ed apprezzato il chiaro fraseggio degli interpreti. Freschi e coinvolti gli interpreti infondo delicatezza  o vigore nei vari sentimenti di amore quasi fraterno, passione di sentimenti e di carne, , vendetta e perdono che caratterizzano l’opera.  Nelle rappresentazioni modenesi il ruolo di Nadir è affidato al giovane tenore messicano Jesus Leon  che ha offerto una prova di qualità, apprezzata da un  pubblico che ha ancora nel cuore la voce di Pavarotti. In particolare  nell’aria “Je crois entende” è risultato limpido e diamantino, riuscendo  ad infondere gran sentimento partecipativo e comunicativo. Leila è stata interpretata da Nino Machaidze con limpidezza e corposa rotondità vocale; interessanti le duttili agilità e l’emissione sicura e brillante, su un velluto di lineare omogeneità. Luca dall’Amico è il basso che da voce al sacerdote Nourabad: la parte non è certamente estesa ma sufficiente per esternare  profondità timbrica . Zurga è stato  interpretato dall’imponente (sia nel fisico che nella voce) Vincenzo Taormina  che ha realizzato il ruolo con grande attenzione vocale e prestanza attoriale; il bel colore brunito della voce si è arrotondato nei momenti di tenero sentimento, ha delineato l’autorevolezza del capo  ed abilmente irrobustito nelle scene di gelosia.  Forte presenza scenica che trova esaltazione  al finale quando resta solo sul palco, ricco del perdono concesso. La Musica vince sempre!

Saturday, July 2, 2011

Temporada 2011-2012 de la Opera de Los Angeles

Foto: Lee Salem

La Opera de los Ángeles ofrecerá una interesante temporada con el estreno local de tres títulos que encabezará: Simon Boccanegra de Verdi cuyo rol estelar será interpretado por Placido Domingo, que estará acompañado por la soprano Ana María Martinez, y el tenor Stefano Secco, bajo la dirección musical de James Conlon; además de Eugenio Onegin de Tchaikovsky con el barítono Dalibor Jenis, la soprano Oksana Dyka como Tatyana y la mezzosoprano Ekaterina Semenchuk en el papel de Olga, y Albert Herring de Britten con Alek Shrader, ambas operas serán dirigidas por el propio Conlon.  Placido Domingo se subirá al podio para dirigir Romeo y Julieta de Charles Gounod con Nino Machaidze y Vittorio Grigolo en los papeles principales,  con dirección musical de Placido Domingo. La producción escénica del festival de Glyndebourne servirá de marco para un Così fan tutte que tendrá un elenco muy atractivo con la presencia de Aleksandra Kurzak, Ruxandra Donose, Roxana Constantineu, el tenor Saimir Pirgu, y los debuts locales de Ildebrando D’Arcangelo como Guglielmo y de Lorenzo Ragazzo como Don Alfonso, bajo la conducción de James Conlon.  No podía faltar la siempre conmovedora opera de Puccini La Boheme, que dirigirá musicalmente Patrick Summers.

http://www.laopera.com/index.aspx

Saturday, June 18, 2011

Romeo y Julieta de Gounod en el Teatro alla Scala de Milán.

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano

Massimo Viazzo
Habían pasado casi ochenta años que Roméo et Juliette de Charles Gounod no se montaba en la escena del máximo teatro italiano (en 1934 el papel de Roméo fue interpretado por Beniamino Gigli y el de Juliette por Mafalda Favero!), por ello, la Scala propuso el espectáculo visto hace algunos años en el Festival de Salzburgo, que es una producción tradicional en una suntuosa escena fija creada por Michael Yeargan, que representaba una plaza renacentista con en la que el majestuoso palacio de los Capuletos engalanaba la parte derecha del escenario y una alta y elegante columna delimitaba y enmarcaba la visión. El director escénico Bartlett Sher logró dar vida a la acción en cada momento cuidando a la perfección los gestos de los protagonistas, con los apropiados vestuarios de Catherine Zuber, y el movimiento de las masas de una manera muy natural. Naturaleza que fue también encontrada por la dirección de orquesta de Yannick Nézet-Séguin. El director franco-canadiense atrapó el profundo intimismo de la partitura con mano ligera, así como el sentido de la medida y del color, nunca de una manera invasora o desbordante. También el elenco fue apreciado por el público scaligero. Vittorio Grigolo dio vida a un apasionado Roméo de vocalidad generosa, exuberante y bien timbrada, aunque no muy refinada. Grigolo supo también replegar su propio canto hacia acentos más íntimos y patéticos, como en la conmovedora conclusión del segundo acto. A cambio, su “Ah! Léve-toi, soleil!” fue muy luminoso. Nino Machaidze fue una Juliette vivaz y tierna, que a pesar de su timbre bronceado en el centró, encontró algunas dificultades en el registro mas agudo, que pareció un poco áspero y no siempre a fuego. Paterno y protector estuvo el Frère Laurence de Alexander Vinogradov con emisión suave y segura. Por su parte, tuvo problemas en su parte alta el Capulet de Frank Ferrari, con su indudable timbre pastoso. A sus anchas y sustancialmente correctos estuvieron: Juan Francisco Gatell (Tybalt), Russell Braun (Mercutio) e Cora Burggraaf (Stéphano). La Orquesta y el Coro del Teatro alla Scala estuvieron ambos en optima forma.

Friday, June 17, 2011

Roméo et Juliette di Charles Gounod - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Roméo et Juliette (Act IV): Vittorio Grigolo (Roméo), Nino Machaidze (Juliette) Marco Brescia & Rudy Amisano



Massimo Viazzo

Erano quasi ottant’anni che Roméo et Juliette di Charles Gounod non andava in scena nel massimo teatro italiano (nel 1934 Roméo era interpretato da Beniamino Gigli e Juliette da Mafalda Favero!). La Scala propone lo spettacolo andato in scena qualche anno fa al Festival di Salisburgo. L’allestimento è tradizionale - una sontuosa scena fissa, preparata da Michael Yeargan, che rappresenta una piazza rinascimentale con il maestoso palazzo dei Capuleti che signoreggia nella parte destra del palcoscenico e una alta ed elegante colonna che ne delimita lo scorcio -, ma il regista Bartlett Sher riesce a vivificare l’azione in ogni momento, curando alla perfezione i gesti dei protagonisti (appropriati i costumi di Catherine Zuber) e i movimenti delle masse per una resa molto naturale. Naturalezza che si è riscontrata anche nella direzione d’orchestra di Yannick Nézet-Séguin. Il direttore franco-canadese ha colto il profondo intimismo della partitura con mano leggera, senso della misura e del colore, non apparendo mai invadente o sovrabbondante. E anche il cast è stato apprezzato dal pubblico scaligero. Vittorio Grigolo ha dato vita ad un Roméo appassionato, dalla vocalità generosa, esuberante e ben timbrata, anche se non rifinitissima. Grigolo ha saputo anche ripiegare il proprio canto su accenti più intimi e patetici, come nella toccante conclusione del secondo atto. Il suo “Ah! Léve-toi, soleil!” era, invece, luminosissimo. Nino Machaidze, una Juliette vivace e tenera, dalla timbrica brunita nei centri, ha incontrato qualche difficoltà nel registro più acuto apparso un po’ aspro e non sempre a fuoco. Paterno e protettivo il Frère Laurence di Alexander Vinogradov, di emissione morbida e sicura. Problematico in alto, invece, ma indubbiamente di timbrica pastosa il Capulet di Franck Ferrari, e a proprio agio, e sostanzialmente corretti, Juan Francisco Gatell (Tybalt), Russell Braun (Mercutio) e Cora Burggraaf (Stéphano). Orchestra e Coro del Teatro alla Scala in ottima forma.

Tuesday, March 15, 2011

Il turco in Italia di Gioachino Rossini in scena alla Los Angeles Opera

Foto: Armin Bardel & Robert Millard
Ramón Jacques
Il Regietheater tanto di moda in Germania comincia al momento ad essere rappresentato, nella sua forma più conservatrice, sempre più frequentemente nei teatri d’opera statunitensi. Grazie alla sua vicinanza e alla stretta collaborazione con il mondo del cinema di Hollywood, la Los Angeles Opera è la compagnia nordamericana che ha mostrato una maggiore apertura nell’offrire spettacoli non tradizionali e anche controversi, spesso ideati da registi cinematografici ed europei. Pertanto, per la prima locale de Il Turco in Italia di Rossini (opera poco rappresentata e praticamente sconosciuta a queste latitudini) per renderlo più piacevole e divertente si è importata la produzione che Christof Loy e Herbert Maurauer hanno ideato per l’Opera di Stato di Amburgo. Qui, la vicenda viene collocata in un campo nomadi a Napoli degli anni ‘60, in uno scenario composto da pochi elementi, con abiti correttamente allusivi a quel tempo. Un buon disegno delle luci e la scelta delle tonalità coloristiche hanno reso la messa in scena molto attraente per lo spettatore. La conduzione di Axel Weidauer, era diretta e di giusta comicità, senza esagerazioni, ma con un tocco di assurdo in quei personaggi che continuamente si spostavano da un alto all’altro del palcoscenico con movimenti lenti e cadenzati, al fine di distrarre il pubblico dalla scena centrale e ad irritarlo. Sulla carta il cast vocale sembrava solido, ma nonostante una buona prestazione esibita, per il fatto di non essere cantanti specializzati nel repertorio rossiniano, l’opera a volte mancava della tipica parte pirotecnica e di fuochi d’artificio.
Il soprano Nino Machaidze è stata una simpatica, gentile e capricciosa Donna Fiorilla esibendo voce lieve di timbrica cristallina e vocalmente agile. Da parte sua il tenore Maxim Mironov era il cantante che si mostrava più rossiniano in quanto a timbro, calore e flessibilità, anche se dal punto di vista attoriale non pareva intendere il ruolo che a Narciso era destinato in questa intricatissima trama. Il baritono Paolo Gavanelli ha cantato a volte con troppa forza e ha creato un Don Geronio nevrotico. Ridicolo e farsesco, ma molto attivo sul palco è stato il leggendario baritono inglese Sir Thomas Allen nella parte del poeta Prosdocimo. Il mezzosoprano Kate Lindsey ha cantato correttamente il ruolo di Zaide, ma è parsa un po’ sovraccaricata, e Simone Alberghini, che ha esibito una voce robusta e timbrata, ha divertito il pubblico con la sua caratterizzazione di un Selim sfacciato e spudorato. Non abituato a dirigere opere liriche del bel canto, James Conlon ha condotto l’orchestra con sicurezza e buon dinamismo, estraendo musicalità ed effervescenza dalla partitura.

Sunday, March 13, 2011

El Turco en Italia de Rossini en la Opera de Los Ángeles

Fotos: Nino Machaidze (Fiorilla) Crédito Robert Millard

Ramón Jacques

El "Regietheater" tan popular en Alemania, y por el momento en su versión mas conservadora, comienza a verse representado de manera mas frecuente en los teatros de opera estadounidenses. Debido a su cercanía y estrecha colaboración con el mundo cinematográfico de Hollywood, la Opera de Los Ángeles es la compañía norteamericana que más apertura ha mostrado a la hora de ofrecer espectáculos poco tradicionales e incluso polémicos, frecuentemente concebidos por directores de cine y directores europeos. Por ello, para el estreno local de Il Turco In Italia (una obra poco representada y prácticamente desconocida por estas latitudes) y con el fin de hacerla mas amena y divertida, se importó la producción que Christof Loy y Herbert Maurauer idearon para la Opera Estatal de Hamburgo. Aquí, la trama se situó en un campo de gitanos en Nápoles de los años 60, en un escenario de pocos elementos en escena y con vestuarios correctamente alusivos a ese tiempo y época. La buena iluminación y los colores ayudaron que el montaje fuera atractivo desde la perspectiva del espectador. La dirección de Axel Weidauer, fue directa y de justa comicidad, nunca exagerada, pero con un toque de lo absurdo como el de los personajes que constantemente de desplazaban de un lado al otro del escenario con movimientos lentos y pausados, con la finalidad de distraer al publico de la escena central y de irritarlo. De inicio el elenco vocal lucia sólido en el papel, y a pesar de un buen desempeño exhibido, por el hecho de no tratarse de cantantes especializados en el repertorio rossiniano, la obra careció por momentos de la habitual pirotecnia y los fuegos artificiales contenidos en este tipo de obras. La soprano Nino Machaidze fue una simpática, afable y caprichosa Donna Fiorilla que exhibió una voz ligera de timbre cristalino y agilidad vocal. Por su parte, el tenor ruso Maxim Mironov, fue el cantante que mostró la voz mas rossiniana en cuanto a timbre, calidez y flexibilidad se refiere, aunque actoralmente pareció no entender cual era el rol de Don Narciso dentro de la intricada trama. El barítono Paolo Gavanelli cantó por momentos con desmedida fuerza y creó un neurótico Don Geronio. Jocoso y burlesco pero muy participativo en escena estuvo el legendario barítono Sir Thomas Allen en el personaje de Prosdocimo, el poeta. La ascendente mezzosoprano Kate Lindsay cantó correctamente el papel de Zaide, pero actuó de manera sobrecargada, y Simone Alberghini exhibió una voz robusta de colorido timbre, y divirtió con su caracterización del sinvergüenza e insolente Selim. Poco habituado a dirigir operas belcantistas, James Conlon dirigió a la orquesta con seguridad y buena dinámica, extrayendo musicalidad y efervescencia de la partitura.

Thursday, October 14, 2010

El Elixir de Amor de Donizetti en la Scala de Milán

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano, archivo Fotografico del Teatro alla Scala

Massimo Viazzo
Llegó también a la Scala la dichosa producción escénica de Elixir de Amor firmado por Laurent Pelly (repuesta en esta ocasión por Hans Christian Räth). Pelly ambientó esta obra maestra donizettiana en Italia en el periodo posterior a la segunda guerra con referencias explicitas de la cinematografía neorrealista de aquel periodo y la escena se realizo entre: pacas de heno, tractores agrícolas, veloces bicicletas por los caminos del campo, en un tierno cuadro modelado sobre largas extensiones de trigo. La mano ligera del regista francés, siempre a sus anchas en el repertorio cómico-sentimental, encontró una correspondencia directa con la vocalidad del protagonista, el joven tenor sardo Francesco Demuro, un Nemorino soñador, delicado, etéreo y de óptima dicción. A pesar de no tener una voz de gran peso especifico, Demuro supo proyectarla correctamente y gracias también a un timbre cargado de inocencia y pureza, su personaje resultó ser muy creíble. Nino Machaidze, nos dio una Adina mejor definida en la parte escénica que en la vocal. A la soprano georgiana se le vio muy desenvuelta en escena, y cantó con corrección aunque su línea musical no resultó ser siempre expresiva. Desbordante estuvo el Dulcamara del barítono lombardo Ambrogio Maestri, quien supo darle al personaje del amable embaucador un reflejo melancólico, nostálgico, quizás apegándose al modelo (muy bien conocido por el mismo) del Falstaff verdiano. Por lo tanto, se trató de un Dulcamara que aturdió a los transeúntes con un volumen considerable, pero con una expresión en la cara que no lo hacia parecer tan sinvergüenza como frecuentemente se ha acostumbrado a representarlo. La prestación de Gabriele Viviani fue en crescendo, como un simpático Belcore de timbre franco y directo, y con una entonación no perfectamente a fuego en su aria de salida. Donato Renzetti guió al optimo conjunto scaligero (¡el coro ha estado esplendido en esta ocasión!) sin particular fantasía, remarcando principalmente la brillantez de la partitura, pero en perjuicio de su alma mas intima y elegiaca.

L'elisir d'amore - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano, Archivio Fotografico del Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Approda anche alla Scala il fortunato allestimento dell’Elisir d’amore firmato da Laurent Pelly (ripreso, in questa occasione, da Hans Christian Räth). Pelly ambienta il capolavoro donizettiano nell’Italia del secondo dopoguerra con riferimenti espliciti alla cinematografia neorealista di quel periodo tra covoni di fieno, trattori agricoli, biciclette sfreccianti sulle strade di campagna… nella tenera cornice modellata su lunghe distese di grano. La mano lieve del regista francese, sempre a proprio agio nel repertorio comico-sentimentale, trova una diretta corrispondenza nella vocalità del protagonista, il giovane tenore sardo Francesco Demuro, un Nemorino trasognato, delicato, etereo e di ottima dizione. Demuro, pur non avendo una voce di gran peso specifico, ha saputo comunque proiettarla correttamente e anche grazie ad un timbro venato d’innocenza e purezza il suo personaggio è risultato davvero credibile. Nino Machaidze ci ha restituito un’Adina meglio definita scenicamente che vocalmente. Il soprano georgiano, spigliatissimo in scena, ha cantato con correttezza, ma la linea musicale non risultava sempre espressiva. Straripante il Dulcamara di Ambrogio Maestri. Il baritono lombardo ha saputo donare al personaggio dell’amabile imbroglione un riflesso malinconico, nostalgico, forse rifacendosi al modello (da lui ben conosciuto) del Falstaff verdiano. Un Dulcamara, quindi, che stordiva gli astanti con un volume ragguardevole, ma con l’espressione del viso che ce lo restituiva non così cialtrone come spesso si è abituati ad intenderlo. In crescendo la prestazione di Gabriele Viviani, un simpatico Belcore di timbro franco e schietto, però con una intonazione non perfettamente a fuoco nell’aria di sortita. Donato Renzetti ha guidato gli ottimi complessi scaligeri (il Coro è stato ancora una volta superbo!) senza particolare fantasia, rimarcando principalmente la brillantezza della partitura a discapito della sua anima più intima e elegiaca.

Wednesday, October 7, 2009

L'Elisir d'Amore - Los Angeles Opera

Foto: Giuseppe Filianoti (Nemorino), Nathan Gunn (Belcore), Nino Machaidze (Adina)
Crédito: Robert Millard

Ramón Jacques

La Opera de Los Ángeles presentó el siempre ameno y divertido Elixir de Amor, opera del genero belcantista, que a excepción de la memorable representación de Lucia di Lamermoor con Anna Netrebko en el 2003, había sido olvidado y relegado casi en su totalidad de las temporadas del teatro durante las gestiones de Kent Nagano y James Conlon, en la dirección musical de la compañía. Debido a la austeridad económica por la que atraviesan los teatros líricos en esta región operística del mundo, se repuso la realización escénica de Stephen Lawless y John Engels, coproducida con el Grand Théâtre de Genève, que fue vista por primera ocasión en este escenario en 1996 y posteriormente en 1999. La escenografía dentro de la cual transcurre la acción es de una granja, de buena manufactura y atractiva, pero que con el paso del tiempo ya comienza a lucir obsoleta y rígida, por los altos muros y paredes de madera a la mitad del escenario, que reducen el espacio escénico, limitando el libre movimiento de la amplia compañía de canto, y que obstruyen la brillante luz que proviene del fondo del escenario del fondo haciendo que la parte visual hacia el espectador fuera oscura. En ese sentido la iluminación poco ayudo. Los vestuarios, sin embargo, fueron elegantes y óptimos de acuerdo al ambiente campirano en el que se situó la obra. La dirección escénica de Lawless requirió de movimientos precisos de habilidad y pericia de los personajes, y sin exagerar los momentos cómicos que permite la obra. El personaje de Nemorino fue encomendado al tenor Giuseppe Filianoti, quien le hizo justicia, exhibiendo una voz de grata y refinada tonalidad en el timbre, elegante en el fraseo, claro en la emisión, y correcto en la dicción. Escénicamente actúo cada palabra con la justa medida de jocosidad e inocencia. En su debut americano, la soprano georgiana Nino Machaidze dejó una grata impresión, mostrando encomiables virtudes vocales, como un colorido timbre, agilidad casi pirotecnia en el manejo de la coloratura y en la emisión de agudos. Su juvenil y delicada apariencia la hace una idónea intérprete de Adina, expresiva y caprichosa en su desempeño. Una rotura en el talón de Aquiles dos semanas antes del inicio de la producción evitó el esperado debut local del legendario Ruggero Raimondi en el papel de Dulcamara, pero su sustituto ideal fue el barítono Giorgio Caoduro que cantó con personalidad vocal, ofreciendo un timbre profundo y uniforme y un carácter burlesco y jovial. A su vez, el barítono Nathan Gunn fue solo un discreto Belcore por carencia de autoridad y sustancia en la parte vocal y una rígida actuación. La soprano Valerie Vinzant, dio relevancia vocal y escénica al minúsculo papel de Gianetta. Poco habituado a dirigir este tipo de repertorio James Conlon sorprendió por la lectura que emanó de su batuta, extrayendo de la orquesta la alegre musicalidad y armonía contenida en la partitura, y con alta consideración por las voces. El del coro estuvo muy participativo y tuvo un desempeñó ampliamente satisfactorio en sus intervenciones cantadas.
VERSIONE IN ITALIANO
La Los Angeles Opera ha presentato il sempre divertente e spassoso Elisir d’Amore, un’opera del Belcanto che, ad eccezione della memorabile Lucia con Anna Netrebko, è stato dimenticato quasi totalmente dal teatro californiano durante le stagioni gestite da Kent Nagano prima e da James Conlon poi. A causa dell’austerità economica di cui soffrono oggi i teatri lirici di tutto il mondo si è pensato di recuperare l’allestimento curato da Stephen Lawless e John Engels, coprodotto con il Grand Théâtre de Genève, e visto qui per la prima volta nel 1996. L’azione si svolge in una fattoria, esteticamente piacevole, però il passare del tempo ha reso il tutto un po’ obsoleto con quelle alte pareti di legno, a metà della scena, che riducono lo spazio per i movimenti ed impediscono alla luce di pentrare dallo sfondo rendendo così buia la scena stessa. Costumi, invece, eleganti ed adeguati all’ambientazione agricola. La direzione scenica di Lawless ha richiesto ai cantanti precisione e perizia nei movimenti, senza caricare mai gli aspetti comici. Giuseppe Filianoti, nei panni di Nemorino, ha esibito una bella vocalità di timbrica raffinata, elegante nel fraseggio, limpida nell’emissione e corretta nella dizione. Ha saputo dare ad ogni parola il giusto tono di giocondità e innocenza. Nel suo debutto americano il soprano georgiano Nino Machaidze ha destato grande impressione mostrando indubbie qualità vocali come il colore timbrico, e le agilità quasi pirotecniche con una perfetta gestione della coloratura e sucirazze nell’emissione degli acuti. La figura giovanile e aggraziata la fa apparire come una Adina ideale, espressiva e capricciosa. Una rottura del tendine di Achille occorsa una settimana prima ha impedito a Ruggiero Raimondi (Dulcamara) di debuttare qui a Los Angeles, ma Giorgio Caoduro non lo ha fatto rimpiangere cantando con personalità, timbro omogeneo e carattere burlesco e gioviale. Nathan Gunn è stato un Belcore solo discreto per mancanza di sostanza vocale e un po’ rigido scenicamente. Valerie Vinzant ha, invece, dato una giusta rilevanza al piccolo ruolo di Giannetta. Poco abituato a dirigere questo repertorio James Conlon ha sorpreso per il piglio molto divertito e divertente della sua direzione e soprattutto per la scrupolosa attenzione nei confronti delle voci. Anche il Coro ha saputo ben disimpegnarsi.