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Thursday, July 24, 2025

La Bohème en Torre del Lago

Foto: Giorgio Andreuccetti

Athos Tromboni

Un público ligeramente menor asistió a La bohème que a Tosca la noche anterior, en el Gran teatro all'aperto del lago Massaciuccoli. Sin embargo, hubo una buena asistencia (¿aproximadamente más de 2000 espectadores?) para el regreso de la dirección "cinematográfica" de Ettore Scola de 2014, repuesta por Marco Scola di Mambro. La noche fue menos calurosa y bochornosa que la anterior, incluso sufrió la interrupción de la función por algunas gotas de lluvia en dos ocasiones, pero luego el cielo se calmó y la velada concluyó triunfalmente para los artistas, el coro y la orquesta, en el segundo título del Festival Puccini 2025. En una reseña crítica del 2014, tras el estreno de esta (entonces nueva) producción, escribí: «...el milagro de Scola surgió de la simplicidad narrativa de los gestos, de las escenas de un París bohemio y fantasmagórico, porque (Scola había anotado en un ensayo del director) 'la humildad y el sentido común deben recordarle al director que la modernidad ya está plenamente presente en esta ópera, en los sentimientos, en el alma que la hizo eterna'». Así que el ático es verdaderamente un ático, el Barrio Latino con el Caffè Momus es un vistazo a la ciudad con su taberna, la Barriere d'Enfer es un puesto de aduanas reconocible. No hay mucho más que añadir a este último reestreno dirigido por Marco Scola Di Mambro. Solo una palabra: eficaz. Para completar la información sobre la aclamada producción de, cabe añadir que las escenografías son de Luciano Ricceri, el vestuario de Cristiana Da Rold y la iluminación de Valerio Alfieri. Cabe destacar que el podio orquestal confiado a Pier Giorgio Morandi enriqueció la velada, ya que el director valorizó cada pasaje de la partitura: del brio  casi carnavalesca de los irónicos litigios de los cuatro bohemios, hasta la jocosidad del vals de Musetta, a las arcadas sinfónicas de las arias y los dúos rebosantes de melodía, hasta los acordes perentorios que separan el momento lúdico de los cuatro amigos del trágico momento de la aparición de Mimì, en el final de su vida. Todo esto fue meticulosamente subrayado por la orquestación, respetuosa con las voces en escena y bien amalgamada dinámicamente en la relación entre canto y música (el escenario, obviamente, contaba con una discreta amplificación: no es ningún escándalo, todo el mundo lo hace hoy en día, incluso en los teatros cerrados...). El personaje del poeta Rodolfo fue interpretado por el ecléctico Vittorio Grigolo  quien no solo se limitó a cantar un papel que conoce bien, sino que también lo interpretó de manera efectiva. Entonces, justo cuando aparece Mimì, llamando a la puerta pidiendo que vuelvan a encender su vela, aparecieron las primeras gotas de lluvia: una llovizna muy ligera, como de nubes a la Fantozzi, y justo allí, sobre el Gran Teatro al aire libre, mientras un cielo estrellado enmarca la nube.  Aquí se dio lo primero que estuvo fuera de programada: Pier Giorgio Morandi miró  de reojo al primer violinista Domenico Pierini, luego se gira hacia el público, levanta los brazos en señal de rendición y se retiró a su camerino. Entonces Grigolo, que permaneció en el escenario, inventó una actuación ingeniosa pero igualmente entretenida (el público no se había movido de sus asientos, no había paraguas y el pronóstico del tiempo no pronosticaba lluvia durante la noche), y él, el tenor, hizo... el tenor. Se puso a ordenar el ático, a quitar el polvo de la mesa, a guardar libros y herramientas, a acercarse al cuadro que Marcello estaba pintando, a coger el pincel y a "corregir" algunos detalles del supuesto paisaje del lienzo, a quitarse la chaqueta y quedarse en mangas de camisa, a echar leña nueva a la estufa... en resumen, interpretó de forma hilarante una parte silenciosa e improvisada ("esta noche improvisamos", como diría Pirandello) y se ganó el aplauso con varias ovaciones. Entonces cesó  la llovizna, regresó el director y la función se reanudó: durante unos diez minutos, hasta que otra traviesa llovizna provocó  la interrupción de la función por segunda vez. Esta vez, nadie permaneció en escena; un déjà vu sin su originalidad resultaba inapropiado: incluso las actuaciones improvisadas si se hubieran repetido, hubieran perdido su fuerza. Debo admitir que la actuación de Vittorio Grigolo, más allá de su bufonería, fue muy apreciada por el público: el color de su voz, la facilidad de sus fiati en las zonas extremas del registro (sus agudos con una corona en la "speranza" de la primera aria fueron hermosos), gustó la seguridad con la que afronta sus papeles, como un temerario valiente e imprudente, es decir, como un artista que antepone su creatividad y perspicacia a la preocupación por lo que pueda suceder... Nino Machaidze también ofreció una óptima actuación, dotando a Mimì de todas las características tan claramente delineadas en la dramaturgia de Luigi Illica y la poesía de Giuseppe Giacosa. Su canto capta la atención porque sabe cómo frasear y es capaz de despertar emociones gracias a la emisión aterciopelada cuando necesita ser suave y a la claridad controlada de su canto spinto cuando necesita ser más potente. En Torre del Lago se sintió gratificada por el éxito personal, espontáneo y sincero del público. El barítono Vittorio Prato también brilló como Marcello, junto con la deslumbrante soprano española Sara Blanch como Musetta. El resto del elenco también ofreció buenas actuaciones, desde Italo Proferisce (Schaunard) hasta Antonio Di Matteo (Colline), y desde el siempre presente Claudio Ottino (Benoit), un notable actor secundario en todos los papeles de Puccini, hasta Matteo Mollica (Alcindoro), así como Francesco Napoleoni (Parpignol), Francesco Auriemma (Sargento de Aduanas) y Simone Simoni (Aduanero). El Coro del Festival Puccini, dirigido por Marco Faelli, y el Coro Infantil, dirigido por Viviana Apicella, tuvieron una actuación sobresaliente. La bohème fue otro éxito del Festival Puccini 2025, tras la representación de Tosca.



Wednesday, December 9, 2015

Concierto de Vittorio Grigòlo y Diana Damrau en Los Ángeles California

Foto: Ben Gibbs

Ramón Jacques

El ciclo de “Recitales de ópera con celebridades” que se presenta desde hace algunas temporadas en la sala de conciertos The Broad Stage situada en Santa Mónica California, se hace cada vez mas popular y está ganando muchos adeptos entre el público de Los Ángeles que en cada concierto agota las entradas y asiste con mucho entusiasmo a escuchar a las estrellas de la lírica de la actualidad. Los recitales se seguirán realizando a futuro, a pesar del reciente cambio en la dirección artística del teatro, y como broche de oro de la temporada se dará el esperado debut local del tenor Jonas Kaufmann en un recital de lied y arias de ópera acompañado al piano. En el concierto que nos ocupa, el tenor Vittorio Grigòlo, en su tercera aparición en este escenario en lo que va del año, estuvo acompañado por la soprano Diana Damrau, en una función de alto calibre cargada de explosividad vocal y en la que se notó el entendimiento que existe entre ambos artistas. El programa estuvo conformado en su mayoría por duetos de operas como: Una parola, o Adina del Elixir de Amor y Lucia perdona..Verrano a te de Lucia di Lamermoor de Donizetti, como O soave Fanciulla de la Boheme, y Parigi, O cara de La Traviata de Verdi, todos muy bien cantados y actuados, y que alcanzó su punto más alto en los emocionantes y sensacionales duetos de Manon de Massenet Quequ’un! Vite Nous vivrons a Paris y Toi! Vous!..Ah viens Manon, jet’aime!, ópera en la que ambos coincidieron la temporada pasada en el Metropolitan.   Vittorio Grigòlo posee una voz segura, homogénea, de seductor color y brillantez, que también plasmó en arias como Je Suis Seul de Manon y Recondita Armonia de Tosca. Por su parte, Diana Damrau se mostró muy activa en escena, una artista  carismática que transmite y agrada con su dúctil y uniforme voz. A ella le correspondió cantar en solitario Prendi, per me sei libera de Elixir de Amor y Adieu Notre petitte table de Manon. Adecuado fue el acompañamiento de la orquesta bajo la mano segura y detallada Alberto Meoli, además de su sobresaliente ejecución de la sinfonía de Norma y el Vals de Faust de Gounod, que redondeó una agradable velada operística. 

Monday, October 19, 2015

El Elixir de Amor en el Teatro alla Scala

Foto: Brescia & Amisano - Teatro alla Scala

Ramón Jacques

Pocos días antes del estreno escénico de Elixir de Amor, el Teatro alla Scala, en colaboración con la cadena de televisión italiana RAI, representaron la ópera completa -con orquesta, coro y solistas; en los pasillos del aeropuerto internacional de Milán ante la mirada atónita y curiosa de viajeros, sobrecargos, pilotos y empleados del aeropuerto que se encontraban allí en ese momento, en una idea que además de simpática y atractiva es digna de mención. Ya dentro del teatro, la colorida ambientación y vestuarios de Tullio Pericoli, con telones en perspectiva, simulaban una caricatura dentro de la cual transcurría la acción, y que transportaban al espectador a un mundo mágico y divertido, con la comicidad natural contenida en el libreto y la música.  El director de escena alemán Grischa Asagaroff fue el encargado de esta puesta que fue puntual y directa, apegada al libreto y sin caer en situaciones exageradas en la actuación y las bromas, como la del mimo que acompañaba a Dulcamara, por citar un ejemplo. Sorprendente el nivel mostrado por el Coro del Teatro, una agrupación muy solida que contribuye a elevar el nivel musical de cada puesta en escena.  Al frente de la orquesta estuvo Fabio Luisi, que de manera paralela a esta producción concertaba Falstaff en Zúrich, dirigió con seguridad, dinámica, y conocimiento del repertorio, aunque algunos momentos orquestales poco sutiles cubrieron las voces y causaron desfases con los cantantes. Vittorio Grigòlo mostró arrojo e ímpetu en su interpretación de Nemorino, su actuación fue balanceada y vocalmente estuvo en un nivel superior al resto de los intérpretes. Un grato descubrimiento fue escuchar a la soprano Eleonora Buratto como Adina, de un timbre musicalmente grato, colorido, musical y nitidez en los agudos.  El bajo Michele Pertusi sacó adelante el papel de Dulcamara, mas por experiencia y tablas que por sutileza en su canto. Tanto Mattia Olivieri como Belcore como Bianca Tognocchi como Giannetta cumplieron correctamente en su desempeño individual. 

Thursday, August 6, 2015

Concierto de Vittorio Grigòlo en Los Ángeles

Foto: The Broad Stage

Ramón Jacques

Situado en el suburbio de Santa Mónica en Los Ángeles, la sala de conciertos The Broad Stage se ha convertido en una parada obligatoria para que las estrellas de la lirica de la actualidad ofrezcan al público de esta ciudad su faceta de recitalistas, y las dimensiones e intimidad que ofrece este recinto con capacidad para 500 espectadores lo convierten en un lugar ideal para ello. Por este escenario han pasado ya artistas de la talla de Elina Garanca, Juan Diego Flórez y Joyce Di Donato, por mencionar algunos, y el esperado retorno estadounidense de Cecilia Bartoli programado para el pasado mes de marzo fue cancelado de manera intempestiva. La próxima temporada luce interesante con los recitales de Angela Gheorghiu, Marcelo Álvarez, Piotr Beczala y el de Jonas Kaufmann, que marcará su debut en esta ciudad. El joven tenor Vittorio Grigòlo, quien habia pisado este escenario el pasado mes de febrero en un recital con piano, volvió para ofrecer un concierto acompañado con orquesta, en algo así como una selección de los “mejores éxitos de arias para tenor” algunas de las cuales fueron interpretadas de manera sobresaliente, homogeneidad, calidez en el timbre y con mucho ímpetu y pasión. Grigòlo demostró, y a la vez nos recordó, cómo deben ser bien cantadas arias que conocemos de memoria pero que ya pasamos por alto como: Una furtiva lagrima, La donna è mobile, precedidda del Questa o quella de Rigoletto y Che gélida manina de La bohème, con los que cautivo y se hecho al bolsillo a un público entusiasta. Si bien su voz adquirió un tono metálico no muy grato en arias como Angelo casto e bel de Il Duca di Alba y E’la solitaria storia del pastore de L’Arlesiana, su entrega y brio no menguaron ni un segundo. Es evidente que se trata de un artista que busca darlo con tal de complacer a su público. Si bien aclaró atinadamente que tanto Nessun Dorma como E Lucevan le Stele no forman parte de su repertorio, estas no podían faltar en un programa como este, las cantos de manera correcta pero con el mismo espíritu y entusiasmo. Un punto destacable del concierto fue su interpretación de arias francesas, un repertorio que le es afin a su estilo y temperamento, deleitando en particular con Le Rêve de Manon, incluidos unos escalofriantes pianos de las cuerdas de la orquesta. Otras arias de este repertorio fueron Ah leve toi soleil  de Romeo y Julieta, la ópera con la que debutó  en la Ópera Los Ángeles hace un par de años, y Pourquoi me reveiller de Werther. La orquesta conformada para el concierto, reunió a destacados músicos de diversas orquestas de la ciudad, quienes bajo la segura mano del director Alberto Meoli, mostró cohesión y ofreció atractivas ejecuciones de las oberturas del Barbero de Sevilla, de la Gazza Ladra, de Don Pasquale, el Intermezzo de Cavalleria, así como la desconocida obertura, al menos por estos pagos, de la ópera Le Maschere de Mascagni.  El punto criticable y reprochable de la velada fue la actitud del artista, quien a partir de la segunda parte y después de agradecer al publico su asistencia, desvirtuó por completo su desempeño al más puro estilo del “stand up comedy” hollywoodense, con exageradas y cargadas bromas, interacción y burlas de mal gusto hacia el público, corriendo por los pasillos del teatro y utilizando un lenguaje vulgar, ofensivo e inapropiado para un evento de este tipo. Francamente innecesario considerando que vocalmente ya había conquistado al público. Imposible recordar cuantos o cuales fueron los bises que ofreció, que fueron bastantes, porque ante tal despliegue de ridiculez, la mayoría del público, incluido quien esto escribe, ya había optado por retirarse.