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Friday, February 20, 2026

Marina de Umberto Giordano en Milán


Foto: Lorenza Daverio

Massimo Viazzo

Marina de Umberto Giordano (1867-1948) melodrama en un acto nunca antes representado, que permaneció durante tanto tiempo en el olvido, quizás porque parte de su música fue después reutilizada en su ópera sucesiva Mala vita. Recientemente fue descubierta la partitura autógrafa en la colección Koch de la biblioteca Beinecke Rare Book and Manuscript de Yale, de Andreas Gies. Fue precisamente el quien curó la edición critica en la que se basa este estreno absoluto. Gracias a este meticuloso trabajo, no solo fue reconstruida la música, si no también el texto cantado por Enrico Golisciano y las indicaciones escénicas. Visto que el libreto original nunca llegó hasta nosotros, fue Emanuele D’Angelo, quien se ocupó de reconstruirlo. La primera representación, realizada en forma de concierto, fue un evento de gran relevancia para el mundo musical internacional, y se llevó a cabo en el Teatro dal Verme de Milán, como parte de la temporada 81 de Pomeriggi Musicale, gracias a la colaboración con la Edizione Nazionale delle Opera di Umberto Giordano / LIM-Librería Musicale italiana, y una grabación discográfica del evento será posteriormente publicada por el sello discográfico DECCA.  Es importante mencionar la vocación operística del Teatro dal Verme di Milano, que perduró hasta su destrucción, a consecuencia de los bombardeos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial. Tras una cuidadosa restauración, completada en 1946, la estructura fue destinada para ser una sala de cine. Desde el 2001, el Teatro dal Verme, alberga a la Fondazione Pomeriggi Musicale y funge como sala de conciertos.  En el transcurso de su historia, el teatro que fue inaugurado con Gli Ugonoti de Meyerbeer en 1872, ha tenido importantes premieres, entre las que se encuentra Le Villi de Giacomo Puccini, Pagliacci de Ruggero Leoncavallo, con un joven Toscanini en el podio, así como los estrenos italianos de Una vida por el Zar de Mijaíl Glinka y La viuda alegre de Franz Lehár. Marina se inserta en la corriente del verismo, proponiendo una narrativa intensa y dramática ambientada en el contexto de las históricas tensiones entre Serbia y Montenegro. Los personajes principales – Marina, su hermano Daniele, el pretendiente no correspondido Lambro y el joven enamorado, el serbio Giorgio – se ven envueltos en un torbellino de intensas emociones, donde amor, celos y pertenencia étnica e ideológica se entrelazan, culminando con un final dramático. En el centro de la narrativa se encuentra Marina, una mujer valiente que enfrenta las dificultades impuestas por la violencia patriarcal y bélica para salvar al hombre amado. Compuesta en 1888, Marina es la primera obra del compositor pugliese, que era entonces un estudiante veinteañero del Conservatorio de Nápoles. Con valentía, el joven Giordano decidió presentar su partitura en el famoso Concurso Sonzogno, un concurso creado en 1883 para descubrir nuevos talentos y enriquecer el repertorio, y que luego revolucionaría el melodrama italiano. Marina fue seleccionada, pero solo obtuvo el sexto premio (el primero fue para Cavalleria rusticana de Mascagni). Sin embargo, el editor Sonzogno quedó tan impresionado por el talento del joven, aunque no apreciara mucho el libreto, que lo contrató inmediatamente. Muy pronto, entre 1896 y 1903, llegaron sus tres títulos más célebres: Andrea Chénier, Fedora y Siberia. Aunque en realidad, solo Chénier y en parte Fedora han entrado de manera algo estable en el repertorio. Musicalmente, Marina resalta el talento compositivo de Giordano, caracterizado por un lenguaje moderno y armónicamente avanzado, perfectamente adaptado a la palabra. La ópera presenta referencias estilísticas que abarcan de Verdi a Ponchielli, e incluso a Carmen de Bizet, anticipando al mismo tiempo soluciones que desarrollaría en sus obras maduras. La estructura del acto único, dividido en dos partes (la primera más elaborada) se muestra sólida e incisiva. De la introducción coral, que evoca eficazmente el clima bélico, se pasa a la presentación de la protagonista Marina, mujer montenegrina de  carácter fuerte, voluntariosa pero también frágil, escena que culmina con el encuentro con Giorgio Lascari, soldado serbio herido, momento en el que surge entre ambos la chispa de la atracción amorosa. Después de la canción montenegrina de Lambro, el pretendiente rechazado, todavía impregnado de espíritu guerrero, hay un breve concertato en el que descubre que Marina ha socorrido y escondido a un enemigo (Giorgio). Posteriormente, la primera parte concluye con el dúo entre Marina y Daniele, durante el cual este último advierte a su hermana que preste máxima atención. La segunda parte comienza con un breve intermezzo instrumental y con el hermoso momento lírico del tenor, el aria de Giorgio. El dúo siguiente sellará finalmente el amor y la pasión entre los dos protagonistas. La ópera luego se dirige rápidamente hacia su dramática y trágica conclusión. Lambro mata tanto al rival, en amor y en guerra, Giorgio, como a la tan deseada Marina, todo ello en perfecto estilo verista. Eleonora Buratto encarnó al personaje principal de la ópera con canto pulido, un timbre aperlado y extremo lirismo. Su Marina emergió como un persona complejo, emotivo y humano, capaz de frasear con calor, pero también de erguirse imperiosa con agudos luminosos y muy firmes. A su lado, Freddie De Tommaso, en el papel de Giorgio Lascari, mostró un timbre bruñido y expansivo, atenta dicción y un acento viril. Fraseó con intensidad, mostrando también cierto squillo en el registro más agudo. Mihai Damian, en el papel del “malo” de la historia, el pretendiente rechazado Lambro mostró facilidad en los agudos. El barítono rumano, con un timbre claro, casi tenoril, exhibió musicalidad y refinamiento en la ejecución de las frases líricas y el impulso adecuado en las más combativas. Completó el reparto Nicholas Moog, quien interpretó a Daniele de manera confiable, con un timbre franco y musicalidad. La Orquesta dei Pomeriggi Musicali, bien preparada y participativa, bajo la batuta escrupulosa y rítmicamente ágil de Vincenzo Milletarì, sonó con cohesión. Optima estuvo también la prueba del Coro de la Fondazione Teatro Petruzzelli dirigido por Marco Medved.




Tuesday, February 17, 2026

Marina di Umberto Giordano - Milan

Foto: Lorenza Daverio

Massimo Viazzo

Marina di Giordano (Pomeriggi Musicali) Marina di Umberto Giordano (1867-1948), melodramma in un atto mai rappresentato, è rimasto per tanto tempo nel dimenticatoio, forse anche perché parte della sua musica è stata poi riutilizzata nell’opera successive Mala vita. Di recente è stata scoperta la partitura autografa alla Beinecke Rare Book and Manuscript Library di Yale, nella Koch Collection, da Andreas Gies. È stato proprio lui a curare l’edizione critica su cui si basa questa prima assoluta. Grazie a questo lavoro meticoloso, non solo è stata ricostruita solo la musica, ma anche il testo cantato di Enrico Golisciani e le indicazioni sceniche, visto che il libretto originale non è arrivato fino a noi. Emanuele d’Angelo si è occupato di ricostruire il libretto. La prima assoluta in forma di concerto, evento di grande rilevanza per il mondo musicale internazionale, si è tenuta presso il Teatro dal Verme di Milano, nell’ambito della 81ª stagione dei Pomeriggi Musicali, grazie alla collaborazione con l’Edizione Nazionale delle Opere di Umberto Giordano/ LIM-Libreria Musicale Italiana. La registrazione discografica dell’evento sarà successivamente pubblicata dalla DECCA. È importante ricordare la vocazione operistica del Teatro dal Verme di Milano, che perdurò fino alla sua distruzione a seguito dei bombardamenti avvenuti durante la Seconda Guerra Mondiale. Dopo un accurato restauro completato nel 1946, la struttura fu adibita a sala cinematografica. Dal 2001, il Teatro dal Verme ospita la Fondazione Pomeriggi Musicali e funge da sala da concerti. Nel corso della sua storia, il teatro, che fu inaugurato con Gli Ugonotti di Meyerbeer nel 1872, ha ospitato importanti première, tra cui Le Villi di Giacomo Puccini, Pagliacci di Ruggero Leoncavallo con un giovane Toscanini sul podio, nonché le prime italiane di Una vita per lo Zar di Michail Glinka e La Vedova Allegra di Franz Lehár. Marina si inserisce nel filone del verismo, proponendo una narrazione intense e drammatica ambientata nel contesto delle storiche tensioni tra Serbia e Montenegro. I personaggi principali – Marina, il fratello Daniele, lo spasimante non corrisposto Lambro e il giovane innamorato, il serbo Giorgio – sono coinvolti in un vortice di emozioni intense, dove amore, gelosia e appartenenza etnica e ideologica si intersecano, culminando in un finale drammatico. Al centro della narrazione si erge Marina, una donna coraggiosa che affronta le difficoltà imposte dalla violenza patriarcale e bellica per salvare l’uomo amato. Composta nel 1888, Marina è la prima opera del compositore pugliese, allora ventenne e studente al Conservatorio di Napoli. Con coraggio, il giovane Giordano decise di presentare la sua partitura al famoso Concorso Sonzogno, concorso nato nel 1883 per scoprire nuovi talenti e arricchire ilrepertorio, e che poi avrebbe rivoluzionato il melodramma italiano. Marina fu selezionata ma si aggiudicò solamente il sesto premio (il primo premio andò a Cavalleria rusticana di Mascagni). L’editore Sonzogno rimase però talmente colpito dal talento del ragazzo, pur non apprezzando molto il libretto, che lo mise subito sotto contratto. E presto, tra il 1896 e il 1903 arrivarono i suoi tre titoli più celebri Andrea Chénier, Fedora e Siberia. In realtà, solo Chénier e in parte Fedora sono entrati poi abbastanza stabilmente in repertorio. Musicalmente, Marina mette in risalto il talento compositivo di Giordano, caratterizzato da un linguaggio moderno e armonicamente avanzato, perfettamente adattato alla parola. L’opera presenta richiami stilistici che spaziano da Verdi a Ponchielli, e persino alla Carmen di Bizet, anticipando al contempo soluzioni che verranno sviluppate nelle sue opere mature. La struttura dell’atto unico, suddiviso in due parti (la prima più articolata), si dimostra solida e incisiva. Dall’introduzione corale, che evoca efficacemente il clima bellico, si passa alla presentazione della protagonista Marina, donna montenegrina dal carattere forte, volitivo ma anche fragile, scena che culmina nell’incontro con Giorgio Lascari, soldato serbo ferito, momento in cui scocca tra i due la scintilla dell’attrazione amorosa. Dopo la canzone montenegrina di Lambro, il pretendente respinto, ancora intrisa di spirito guerresco, si ha un breve concertato alla scoperta che Marina ha soccorso e nascosto un nemico (Giorgio). Successivamente, la prima parte si chiude sul duetto tra Marina e Daniele, nel corso del quale quest’ultimo avverte la sorella di prestare la massima attenzione. La seconda parte si apre con un breve intermezzo strumentale e con il bel momento lirico del tenore, l’aria di Giorgio. Il duetto seguente suggellerà finalmente l’amore e la passione tra I due protagonisti. L’opera volge poi rapidamente verso la sua drammatica e tragica conclusione. Lambro uccide sia il rivale, in amore e in guerra, Giorgio, sia la tanto desiderata Marina, il tutto in perfetto stile verista. Eleonora Buratto ha incarnato il personaggio principale dell’opera con un canto levigato, una timbrica perlata ed estremo lirismo. La sua Marina è emersa come un personaggio complesso, emotivo e umano, capace di fraseggiare con calore ma anche di ergersi imperiosa con acuti luminosi e fermissimi. Accanto a lei, Freddie De Tommaso nei panni di Giorgio Lascari ha mostrato una timbrica brunita e espansiva, una dizione attenta e un accento virile. Ha fraseggiato con intensità, mostrando anche un certo squillo nel registro più acuto. Mihai Damian, nel ruolo del “cattivo” della vicenda, lo spasimante respinto Lambro, ha mostrato facilità negli acuti. Il baritono rumeno, dalla timbrica di colore chiaro quasi tenorile, ha messo in mostra musicalità, raffinatezza nell’esecuzione delle frasi liriche e giusto impeto in quelle più battagliere. Completava il cast Nicholas Moog, che ha interpretato Daniele in modo affidabile, con un timbro franco e musicalità.L’Orchestra dei Pomeriggi Musicali, preparata e partecipe, sotto la bacchetta scrupolosa e ritmicamente scattante di Vincenzo Milletarì, ha suonato con coesione. Ottima anche la prova del Coro della Fondazione Teatro Petruzzelli diretto da Marco Medved.




Monday, February 5, 2024

Simon Boccanegra en Milán

Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo

A diez años de la partida de Claudio Abbado, el Teatro alla Scala ha programado una de sus óperas más queridas y apreciadas, Simon Boccanegra.  Como recuerdo de las memorables funciones scaligeras de1971 (con la dirección de GiorgioStrehler) que dieron a la obra maestra verdiana una lectura de rara fuerza dramática debida a una nueva y potente visión interpretativa y a un elenco extraordinario. Desde entonces, Boccanegra, ópera oscura como pocas otras y no muy representada hasta ahora, entró por la puerta principal del repertorio de cada teatro lírico, como era justo que sucediera.  En esta ocasión, la dirección escénica le fue confiada a Daniele Abbado, hijo del director de orquesta, y afirmó inmediatamente que el espectáculo asistido fue aburrido, carente de ideas y visualmente decepcionante. No basta una etiqueta genérica de minimalismo para enmascarar la nimiedad del todo. Tampoco se notó una dirección en los cantantes, que fueron siempre dejados a sí mismos con los solitos gestos estereotipados y movimientos convencionales. Ni la baqueta de Lorenzo Viotti pudo convencer plenamente. El joven director suizo mostró una incuestionable pericia en el cuidado de ciertos particulares orquestales, de timbres y de fraseo (¡la orquesta de la Scala sonó muy bien!) pero se le escapó una visión más completa y teatralmente estimulante. Cuando a una obra lúgubre como Simon  Boccanegra le falta el paso teatral se arriesga a caer en el aburrimiento. En definitiva, Viotti pareció más interesado en lo que sucedía en el foso que sobre el escenario. El elenco fue dominado por el Boccanegra de Luca Salsi que continúa encadenando éxitos en papeles verdianos por todo el mundo mostrándose, quizás, como el intérprete der eferencia de nuestros días. Salsi mostró un acento vibrante, apasionado, y sabe cómo ser multifacético, cantar piano y matizar, con un timbre siempre viril y gallardo cuando le es necesario. Su Simone fue humano y conmovedor. Eleonora Buratto interpretó el papel de Amelia Grimaldi mostrando una indudable pureza y nitidez en su timbre. Su acento fue el adecuado y la línea de canto clara y musical con un fraseo comunicativo, aunque por momentos, pareció ser un poco prudente para afrontar el registro más agudo. Charles Castronovo personificó un Gabriel Adorno enternecedor, como también atrevido, y a veces vehemente, evidenciando una cierta facilidad en los agudos, con cuerpo y bien timbrados, pero una línea de canto un poco forzado que en general no estuvo siempre homogénea, sobretodo en su zona central. Optimo estuvo el Paolo Albiani de Roberto De Candia, cantado con perfecta dicción, emisión bien sostenida y envidiable proyección vocal. Asimismo, fuedel todo insatisfactoria la prueba de Ain Anger en el papel de Jacopo Fiesco. La voz del bajo estonio no pareció ser homogénea en el timbre y estuvo fatigosa en la emisión.  Sus frases musicales se deshacían con esfuerzo, y también pareció problemática su dicción. Al final, se debe señalar la presencia siempre atenta y precisa del Coro del Teatro alla Scala dirigido por Alberto Malazzi.



Simon Boccanegra - Teatro alla Scala


Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo 

A dieci anni dalla scomparsa di Claudio Abbado, il Teatro alla Scala ha messo in programma una delle sue opere preferite e amate, il Simon Boccanegra. Ricordo le memorabili recite scaligere del 1971 (con la regia di Giorgio Strehler) che diedero del capolavoro verdiano una lettura di rara forza drammatica dovuta ad una nuova e potente visione interpretativa e a un cast straordinario. Da allora il Boccanegra, opera cupa come poche altre e non molto rappresentata fino ad allora, è entrata dalla porta principale nel repertorio di ogni teatro lirico, come era giusto che fosse. In questa occasione la regia è stata affidata a Daniele Abbado, figlio del direttore d’orchestra, e dico subito che lo spettacolo a cui ho assistito era scialbo, scarno di idee e visivamente deludente. Non basta una generica etichetta di minimalismo per mascherare la pochezza dell’insieme. Non si è notata nemmeno una regia sui cantanti, sempre lasciati a loro stessi con i soliti gesti stereotipati e movimenti convenzionali. Anche la bacchetta di Lorenzo Viotti non ha convinto appieno. Il giovane direttore svizzero ha mostrato una indubbia perizia nella cura di certi particolari orchestrali timbrici e di fraseggio (l’Orchestra del Teatro alla Scala ha suonato benissimo!), ma gli è un po’ sfuggita una visione più complessiva e teatralmente stimolante. E quando ad un’opera lugubre come il Simon Boccanegra manca il passo teatrale si rischia la noia. In definitiva Viotti sembrava più interessato a ciò che succedeva in buca che in palcoscenico. Il cast è stato dominato dal Boccanegra di Luca Salsi che continua ad inanellare successi nei ruoli verdiani in tutto il mondo mostrandosi forse come l’interprete di riferimento dei nostri giorni. Salsi mette in mostra un accento vibrante, appassionato, ma sa essere anche sfaccettato, sa cantate piano, sa sfumare, con una timbrica sempre virile e gagliarda quando serve. Il suo è stato un Simone umano e commosso. Eleonora Buratto ha interpretato il ruolo di Amelia Grimaldi mostrando una indubbia purezza e nitidezza timbrica. L’accento era adeguato e la linea di canto limpida e musicale con un fraseggio comunicativo, anche se a volte è parsa un po’ prudente nell’affrontare il registro più acuto. Charles Castronovo ha impersonato un Gabriele Adorno struggente, ma anche spavaldo, e a tratti veemente, evidenziando una certa facilità negli acuti, corposi e timbrati, ma una linea di canto un po’ forzata e nel complesso non sempre omogenea soprattutto in zona centrale. Ottimo il Paolo Albiani di Roberto De Candia, cantato con dizione perfetta, emissione ben sostenuta, proiezione vocale invidiabile. Mentre del tutto  insoddisfacente è stata la prova di Ain Anger nei panni di Jacopo Fiesco. La voce del basso estone è parsa disomogenea timbricamente e faticosa nell’emissione. Le sue frasi musicali si dipanavano con sforzo e anche la dizione è parsa problematica. Da segnalare infine la presenza sempre attenta e precisa del Coro del Teatro alla Scala diretto da Alberto Malazzi.



Wednesday, April 13, 2022

Madama Butterfly en el Metropolitan de NY

Fotos: Richard Termine / Met Opera 2022

Ramón Jacques

Madama Butterfly de Puccini, uno de los títulos más conocidos y celebres del repertorio operístico, se repuso en el escenario del Metropolitan dentro de la presente temporada, y con la producción escénica del cineasta ingles Anthony Minghella (1954-2008), que es considerada ya como un montaje clásico en este teatro, donde fue visto por primera vez en la inauguración de la temporada del 2006. Se trata de un brillante y colorido escenario, dentro de un imponente rectángulo. que capta la influencia oriental de la trama, la brillante iluminación de Peter Mumford, algunas ideas conceptuales, como unos cuadros que se mueven, o unas puertas corredizas, que representan una casa japonesa, muy cerca del proscenio, y enormes espejos en la parte alta del escenario que magnifican la accion sobre el escenario, concebidos por el propio Minghella y por el diseñador canadiense Michael Levine, más la aparición de unas marionetas –del teatro tradicional japonés conocido como Bunraku- que representan al hijo de Cio-Cio San y a la propia geisha durante sus sueños, además de los elegantes vestuarios y uniformes , en línea con la producción, son elementos adicionales que suman a hacer que el espectáculo sea atractivo para el espectador. Sin embargo, el paso del tiempo y cierta rigidez comienzan a hacerse evidentes. La parte vocal fue bien llevada por un elenco encabezado por la soprano Eleonora Buratto, quien agradó con su interpretación vocal y escénica del personaje central. Su voz ha adquirido mayor cuerpo, sin perder la brillantez en el color del timbre y la elasticidad, mostrando elegancia, adecuada proyección y clara dicción. Su caracterización escénica fue la de una ingenua y conmovedora Cio-Cio San, que se movió con seguridad y dignidad cuando el papel se lo requirió. En el papel de Suzuki, sobresalió la mezzosoprano estadounidense Elizabeth DeShong, una interprete muy completa, que exhibió una profunda y oscura tonalidad vocal, y una convincente actuación, cambiando un poco el paradigma de que su personaje debe ser sumiso e insustancial. Por su parte el tenor Brian Jadge, fue un correcto Pinkerton, algo sobreactuado, pero con una voz cálida, pujante y con buen porte escénico; y el barítono David Bizic, personificó un afable Sharpless, si bien es un artista que cumplió con su cometido y su papel, no ofreció algo más que resaltar. Correcto estuvo el desempeño del resto de los cantantes del elenco que cumplieron en sus respectivas intervenciones, y en el que el papel de Bonzo fue encomendado al experimentado bajo Raymond Aceto, un seguro y experimentado interprete, de respetable trayectoria, sobretodo en escenarios de Norteamérica, como correcto estuvo también el coro.  El director inglés Alexander Soddy, mostró buen pulso y afinidad por la partitura, y obtuvo buena respuesta de la orquesta de la que extrajo brillantes matices, imprimiéndole fluidez y emoción a la partitura.  No cabe duda que la orquesta es y será siempre una de las fortalezas de este teatro. Una novedad con la que me encontré es que esta función se llevó a cabo a medida del domingo, que es algo que no ocurría en el pasado.



Thursday, January 28, 2021

Così Fan Tutte en Milán - Teatro alla Scala


Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo

La actividad operística en el Teatro alla Scala volvió este mes de enero del 2021 con la reposición de un montaje histórico de Così fan tutte, la ópera con la que concluye la trilogía daponteana de Mozart. Se trata del espectáculo firmado por Michael Hampe, visto por primera vez en Milán en 1983, y que fue dirigido musicalmente en aquel entonces por Riccardo Muti (la producción provenía del festival de Salzburgo de la mano del propio Muti), ahora dirigido escénicamente por Laura Cantini, y que es un montaje respetuoso de la música y del libreto además de ser muy preciso y elegante.  En esta ocasión, en la cual se conmemoraban los setenta años del escenógrafo Mauro Pagano, quien falleciera prematuramente en 1988 y que tanto aportara al teatro milanés, la puesta se vio demasiado deslucida, y con una teatralidad aburrida. Así, la vitalidad de la trama pirandelliana fracasó frente a una actuación estereotipada y poco empática. En el mismo sentido, las expectativas en cuanto a la conducción de Giovanni Antonini desilusionaron. Quien esperaba frescura, ligereza y transparencia de un director proveniente de la música barroca, se fue decepcionado, ya que aquí todo sonó pesado y banal.  En el elenco estuvieron presentes dos voces experimentadas, Eleonora Buratto y Pietro Spagnoli rodeadas de prometedores cantantes jóvenes. Eleonora Buratto personificó una Fiordiligi lírica y pertinaz, que mostró una línea de canto y un timbre seductor. También estuvo muy bien cantada Dorabella por la joven canadiense Emily D’Angelo, una mezzosoprano de timbre oscuro y comunicativa calidez. Segura de sí misma, y nunca caricaturesca estuvo Federica Guida interpretando a una simpática Despina con un fraseo muy cuidado y un sonido bien apoyado. Pietro Spagnoli delineó un extrovertido Don Alfonso, con un timbre pleno y redondo, perfecta dicción, y estuvo menos pérfido de lo normal. Otros dos cantantes jóvenes completaron el elenco, el barítono lombardo Alessio Arduini quien prestó su voz a un Guglielmo contundente y también audaz; y el tenor ruso Bogdan Volkov, cuya línea de canto pareció no ser técnicamente refinada, pero cuyo Ferrando logró emocionar en los momentos más melancólicos.  El próximo 20 de febrero, el Teatro alla Scala ofrecerá un nuevo título, Salome de Richard Strauss, con la nueva y muy esperada producción de Damiano Michieletto bajo la conducción de Zubin Mehta, quien debutó con este mismo título en el máximo teatro italiano en el año 1974.

 

Così fan tutte - Teatro alla Scala Milano

Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo

L'attività operistica del Teatro alla Scala è ripresa in questo mese di gennaio 2021 con la riproposta di un allestimento storico del Così fan tutte, l'opera che chiude la trilogia dapontiana di Mozart Si tratta dello spettacolo firmato da Michael Hampe, visto a Milano la prima volta nel 1983, allora diretto da Riccardo Muti (proveniente dal festival di Salisburgo sempre con Muti) e ora ripreso da Laura Cantini, uno spettacolo rispettoso della musica e del libretto, accurato ed elegante. In questa occasione, nella quale si ricordavano i settant'anni dello scenografo Mauro Pagano scomparso prematuramente nel 1988 e che molto ha dato al teatro milanese, l'allestimento è parso però un po' troppo ingessato, con una teatralità smorta. La vitalità del plot pirandelliano è venuta così a mancare a fronte di una recitazione stereotipata e poco empatica. In tal senso la direzione di Giovanni Antonini ha deluso le attese. Chi si aspettava freschezza, lievità e trasparenza da un direttore che proviene dalla musica barocca, è rimasto deluso. Qui tutto suonava un po' pesante e banale. Nel cast erano presenti due voci esperte, Eleonora Buratto e Pietro Spagnoli affiancate da giovani promettenti. La Buratto ha impersonato una Fiordiligi lirica e pertinace, sfoggiando una linea di canto sicura e una timbrica seducente. Molto ben cantata anche la Dorabella della giovane canadese Emily D'Angelo, mezzosoprano dal timbro brunito e dalla calda comunicativa. Spigliata, ma mai caricaturale, Federica Guida nei panni di una simpatica Despina dal fraseggio sempre  curato e di suono ben appoggiato. Pietro Spagnoli ha tratteggiato un Don Alfonso estroverso di timbrica piena e rotonda, dalla dizione perfetta, e un po' meno perfido del solito. Altri due cantanti giovani completavano il cast, il baritono lombardo Alessio Arduini che ha dato voce ad un Guglielmo schietto e anche spavaldo, e il tenore russo Bodgan Volkov, la cui linea di canto non è parsa sempre a fuoco, ma il cui Ferrando ha saputo emozionare nei momenti più patetici. Il 20 febbraio il Teatro alla Scala proporrà un nuovo titolo, la Salome di Richard Strauss nella nuova produzione (molto attesa!) firmata da Damiana Michieletto con la direzione di Zubin Mehta, che proprio con questo titolo debuttò nel massimo teatro italiano nel 1974.

Monday, October 19, 2015

El Elixir de Amor en el Teatro alla Scala

Foto: Brescia & Amisano - Teatro alla Scala

Ramón Jacques

Pocos días antes del estreno escénico de Elixir de Amor, el Teatro alla Scala, en colaboración con la cadena de televisión italiana RAI, representaron la ópera completa -con orquesta, coro y solistas; en los pasillos del aeropuerto internacional de Milán ante la mirada atónita y curiosa de viajeros, sobrecargos, pilotos y empleados del aeropuerto que se encontraban allí en ese momento, en una idea que además de simpática y atractiva es digna de mención. Ya dentro del teatro, la colorida ambientación y vestuarios de Tullio Pericoli, con telones en perspectiva, simulaban una caricatura dentro de la cual transcurría la acción, y que transportaban al espectador a un mundo mágico y divertido, con la comicidad natural contenida en el libreto y la música.  El director de escena alemán Grischa Asagaroff fue el encargado de esta puesta que fue puntual y directa, apegada al libreto y sin caer en situaciones exageradas en la actuación y las bromas, como la del mimo que acompañaba a Dulcamara, por citar un ejemplo. Sorprendente el nivel mostrado por el Coro del Teatro, una agrupación muy solida que contribuye a elevar el nivel musical de cada puesta en escena.  Al frente de la orquesta estuvo Fabio Luisi, que de manera paralela a esta producción concertaba Falstaff en Zúrich, dirigió con seguridad, dinámica, y conocimiento del repertorio, aunque algunos momentos orquestales poco sutiles cubrieron las voces y causaron desfases con los cantantes. Vittorio Grigòlo mostró arrojo e ímpetu en su interpretación de Nemorino, su actuación fue balanceada y vocalmente estuvo en un nivel superior al resto de los intérpretes. Un grato descubrimiento fue escuchar a la soprano Eleonora Buratto como Adina, de un timbre musicalmente grato, colorido, musical y nitidez en los agudos.  El bajo Michele Pertusi sacó adelante el papel de Dulcamara, mas por experiencia y tablas que por sutileza en su canto. Tanto Mattia Olivieri como Belcore como Bianca Tognocchi como Giannetta cumplieron correctamente en su desempeño individual. 

Sunday, September 9, 2012

I Due Figaro o sia Il soggetto di una comedia de Mercadante en el Teatro Colón de Buenos Aires


Fotos: Teatro Colon
 
Dr Alberto Leal
 
Ópera en dos actos de Saverio Mercadante. Libreto de Felice Romani, basado en la comedia Les deux Figaro ou Le sujet de comédie de Honoré-Antoine Richard de Martelly.
 
Para cualquier teatro de ópera siempre es algo muy valioso tener en su temporada un Director del talento del Maestro Riccardo Muti, sin duda uno de los más prestigiosos de su generación.  En esta oportunidad se presentó con la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini y el Philarmonia Chor Wien, ambos conjuntos de su creación. La Opera elegida fue I due Figaro, de Saverio Mercadante con libreto de Felice Romani. Redescubierta por el musicólogo Paolo Cascio, creo que fue elegida por el maestro por compartir con el autor su origen napolitano. Desde la obertura, se pudo notar la mano de Muti, a la que la orquesta respondió en todo momento con absoluta precisión. Con una espléndida trama, con detalles de increíble transparencias, el trabajo fue un deleite para los oídos y por si sola justifica plenamente la función. Y durante el transcurso de la función creo que pocos directores pueden lograr mayor equilibrio entre foso y el escenario. La obra parece no ser de lo más logrado del autor, con un muy largo – y por momento algo aburrido – primer acto, su música parece fluctuar entre Mozart, Bellini y Rossini, tanto musical, como vocalmente, mejora notoriamente en el segundo acto y en general pueden ser escuchadas hermosas arias y cabalettas.  Aquí parece que Mercadante tiene problemas en cerrar los actos, en cerrar los planteos que se van sucediendo. Tal vez si hubiera tenido la oportunidad de apreciarla con continuidad, gran parte de esos problemas hubieran sido pulidos. Lo visual fue otro punto fuerte de la puesta. Con un espléndido vestuario de Jesús Ruiz, de gran delicadeza y en época, usando una sutil gama de colores, a la preciosista escenografía de Daniel Bianco, se generan momento de real belleza visual.
 
La profusión de columnas puede ser molesta en algún momento, además de achicar notablemente el escenario, pero el Director de Escena, Emilio Sagi supo sacarle provecho en gran parte de la representación. Excelente bajo todo punto de vista la iluminación de Eduardo Bravo. Lo vocal fue otro punto fuerte. Con el mismo elenco de su estreno este año en el Teatro Real de Madrid, un grupo de jóvenes y promisorios cantantes cumplieron sobradamente. El sector femenino llevó las de ganar en esta representación. Impecable vocal y teatralmente la Susana de Eleonora Buratto, quien se llevó la ovación de la noche entre los cantantes. Annalisa Stroppa (Cherubino), generó un personaje creíble en lo actoral y brillante en lo vocal. Asude Karayavuz (la Condesa) y en especial la (Inez) de Rosa Feola completaron con eficacia el grupo. Dentro de un nivel de calidad, entre los hombre sobresalió el Conde de Saimir Pirgu, cantando con muy buena voz y generando un personaje totalmente creíble. Mario Cassi (Figaro), posee una voz seca, baja en armónicos y tal vez por esa causa lució menos, pero nunca bajo de un nivel de calidad interpretativo, lo mismo que el resto del elenco. Muy buena actuación, vocal y actoralmente del Coro Philarmonia Chor Wien. Constituye un inmenso placer contar con el Maestro Muti y una Orquesta que lo interpreta a la perfección, sumado a las bellas estampas logradas por la puesta y a la calidad vocal, es un placer para los oídos y la vista y algo que quien ama a la ópera no debe desaprovechar.

Tuesday, August 21, 2012

El talento universal de Riccardo Muti en el estreno argentino de I due Figaro

 
El extraordinario talento del director italiano Riccardo Muti dará vida a esta ópera de dos actos con música de Saverio Mercadante, libreto de Felice Romani, dirección de escena de Emilio Sagi y la participación de la Orchesta Giovanile Luigi Cherubini y la Philharmonia Chor de Viena, ambas agrupaciones fundadas por el maestro Muti en los años 2004 y 2007.

Las funciones de I due Figaro o sia Il soggetto di una commedia (los dos Fígaros o el tema de una comedia), una coproducción del Teatro Colón con el Festival de Ravenna, el Festival de Salzburgo y el Teatro Real de Madrid, se llevarán a cabo los días 28 de agosto, 30 de agosto y 1 de septiembre, a las 20:30 horas y el 2 de septiembre, a las 17:00 horas.
El maestro Riccardo Muti dirigirá ópera por primera vez en el Teatro Colón precedido de una carrera excepcional, colmada de logros y distinciones, así como del reconocimiento mundial, que incluye entre otros créditos, la dirección de la Filarmónica de Londres (1972-1982), la dirección de la Orquesta de Filadelfia (1980-1992) y la dirección musical del Teatro alla Scalla de Milán (1986-2005). Actualmente conduce la Orquesta Sinfónica de Chicago.
La acción de la ópera se supone que ocurre en los alrededores de Sevilla, unos 15 años después de los hechos que tienen lugar en Las bodas de Fígaro de Mozart y Da Ponte. Los dos matrimonios, el del Conde y la Condesa Almaviva y el de Susanna y Figaro, están a punto de separarse. El Conde ha tenido entretanto una hija, Inez, que está en edad de contraer matrimonio. Inez ama a un oficial que no es otro que Cherubino, quien hace su aparición para defender sus intereses dándose a conocer bajo el nombre falso de Fígaro: de ahí los dos Fígaro que intervienen en la acción y que procuran el título al melodramma original de Felice Romani.
Las localidades se encuentran a la venta en la boletería del Teatro Colón, Tucumán 1171, (4378-7109), de lunes a sábado de 10.00 a 20.00 y los domingos de 10.00 a 17.00. También se pueden adquirir por Internet ingresando a www.teatrocolon.org.ar.
Localidades desde $43.

I DUE FIGARO
O Sia il soggetto di una comedia
(Los Dos figaros o el tema de una comedia)
Opera en dos actos (1826, estrenada en Madrid en 1836)
Música de Saverio Mercadante
Libreto de Felice Romani
Edición a cargo de Paolo Cascio y Víctor Sánchez Sánchez
(UT Orpheus Ediciones)
Coproducción: Festival de Ravenna, Festival de Salzburgo y
Teatro Real de Madrid
Estreno argentino
Dirección Musical: Riccardo Muti
Director de escena: Emilio Sagi
Diseño de escenografía: Daniel Bianco
Diseño de vestuario: Jesús Ruiz
Diseño de iluminación: Eduardo Bravo
Diseño coreográfico: Nuria Castejón
Orchestra Giovanile Luigi Cherubini
Philarmonia Chor Wien
Maestro del coro: Walter Zeh
Pianoforte: Speranza Scappucci

Reparto
El Conde de Almaviva: Saimir Pirgu (28/8, 30/8)
Anicio Zorzi Giustiniani (1/9, 2/9)
La Condesa: Asude Karayavuz
Inez: Rosa Feola
Cherubino: Annalisa Stroppa
Figaro: Mario Cassi
Susanna: Eleonora Buratto
Torribio: Anicio Zorzi Giustiniani (28/08, 30/08)
Gustavo De Gennaro (1/9, 2/9)
Plagio: Omar Montanari

Sunday, April 1, 2012

I Due Figaro de Saverio Mercadante en el Teatro Real de Madrid


Fotos: Javier del Real

Alicia Perris

Melodramma buffo en dos actos. Libreto de Felice Romani basado en la comedia Les deux Figaro ou Le sujet de comédie de Honoré-Antoine Richaud Martelly. Nueva producción del Teatro Real, coproducción con el Festival de Pentecostés de Salzburgo y el Festival de Ravenna. Director musical: Riccardo Muti. Director de escena: Emilio Sagi. Director del Coro: Walter Zeh. Reparto: Antonio Poli, el conde de Almaviva. Asude Karayavuz, la condesa. Rosa Feola: Inez. Annalisa Stroppa, Cherubino. Mario Cassi, Figaro y elenco. 27 de marzo de 2012.

A veces los dioses bajan del Olimpo para visitar a los pobres mortales y devolverles la alegría de vivir y la sonrisa. Y entonces hay que dar las gracias a quien corresponda, por esa ajustadísima conjunción planetaria que nos hace soñar en medio de una cotidianeidad difícil, a menudo amarga y desvaída.  Es la sensación que nos deja la visión- y la audición- , mágicas, de una velada en estado de gracia: Riccardo Muti dirigiendo como nunca, o tal vez habría que decir, como siempre, la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini y el Philarmonia Chor de Viena en la ópera I due Figaro de Mercadante (1795-1870).  Muti, que recibió el pasado Premio Príncipe de Asturias de las Artes, entre otros muchos agasajos, tiene un gusto exquisito para dirigir ópera italiana y siempre se vuelca en este repertorio, mientras otras batutas ilustran con esmero a los compositores alemanes.  Un autor italiano dirigido por otro es sin duda inenarrable, sobre todo cuando el libreto y el perfume de la propuesta, nos retrotraen a esas historias alambicadas de matrimonios propuestos y fallidos, notarios siempre dispuestos entre bambalinas y amores y amoríos con poca moralidad, que siempre triunfan al final de la obra. Hay un aleteo de Molière en el enredo y un fugo fatuo que nos recuerda por momentos al teatro de Goldoni o a “Les liaisons dangereuses” de Choderlos de Laclos por la soltura y el desparpajo, pero menos trágicas y muchos más festivas y con menos consecuencias.  La partitura, a mitad de camino entre el bel canto y una evocación permanente de lo español y lo italianizante, allí donde se enhebran esos caminos aparentemente tan dispares pero hermanos, es una joya que enardece la escucha y las emociones. La puesta, refrescante, luminosa, feliz, con sus naranjos y buganvillas y geranios y las enredaderas trepando por el ruido delicado de las fuentes de un patio de Sevilla…con la nostalgia de una puesta de sol en la Costiera Amalfitana, en el sur de Italia.
El sonido de la orquesta que dirige Riccardo Muti es la exaltación siempre joven (en la edad, en la performance) de todos los colores, matices y evoluciones sonoras. Se trata de un resultado magnífico, sobre todo si, al estar cerca del escenario, se puede disfrutar de la visión de la dirección del maestro, siempre atenta y sensible, con la guardia alta y la alerta pronta para insinuar, indicar, redondear la ejecución y la consagración de un sonido arrebatador. Y sus maravillosas manos ondeando en el espacio, en escorzo. I due Figaro es una ópera complicada entre otros motivos, porque no se enjuaga con dos buenos cantantes. Se trata de un proyecto de conjunto donde todos tienen que estar a la altura y más.  Excelente el coro y muy bien Antonio Poli como el conde de Almaviva y Asude Karayavuz como la condesa. Acompañando con elegancia Rosa Feola y Mario Cassi en Inez y Fígaro respectivamente. Pero la ovación especial fue para Susanna en la voz de Eleonora Buratto, que compuso un personaje delicioso en lo teatral y lo vocal, lleno de gracia y encanto. Un hallazgo.  Una pintura clara, pastel y verde hoja en los decorados y en los trajes, volantes, puntillas y encajes, metáforas de la esencia de un espectáculo fino y elegante, para hacer olvidar las nostalgias y las preocupaciones del día a día. Puro goce y efervescencia.  Hubo un homenaje de aplausos y “bravos” al estilo y la maestría de Riccardo Muti y “su” ópera y para los músicos y los cantantes y fuera, en la calle, abundaron los comentarios y el agradecimiento generalizado del público por una noche excepcional. Los músicos de la orquesta, se arremolinaban en la salida de artistas del Teatro. No pude menos que decirles, al pasar, “bravi ragazzi, un vero lusso per questo Teatro”. Agradecieron el cumplido con holgura y siguieron charlando.  En el Café de Oriente, al lado del Real, uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, apuramos una copa de burbujas por la salud del maestro y su infinita delicadeza para regalarnos el cielo en la fugacidad de un instante detenido en el tiempo. Y todo el arrebato de la paleta sonora de su Nápoles natal, ¡claro!