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Monday, August 16, 2021

Las Bodas de Fígaro en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

El Teatro alla Scala finalmente ha reabierto al público, y casi 800 personas fueron admitidas en la sala para la representación de esta histórica producción de Le nozze de Figaro de W. A. Mozart. Con motivo del centenario del nacimiento de Giorgio Strehler, el célebre director italiano, el teatro le rindió homenaje con la reposición de una de sus creaciones más conocidas y exitosas, 40 años después de su estreno en Milán. Un espectáculo elegante, respetuoso, cuidado, teatralmente efectivo… pero también un poco envejecido. Por otro lado, sabemos: las direcciones de ópera a menudo transmiten su máxima eficacia cuando se llevan inteligentemente al presente. Fue entonces cuando Daniel Harding pensó en hacer que estas Nozze parecieran casi soñadas. La electricidad y el frenesí de la partitura de Mozart fueron muy atenuados por Harding, que eligió tempi mucho más lentos de lo habitual (sin liberar nunca la tensión interna de todos modos), cinceló las frases musicales como es raro de escuchar y mostró una extraordinaria sensibilidad tímbrica. Así que aquí está el sentimiento que mencioné anteriormente, a saber: el de no haber presenciado de manera realista una representación de Le nozze de Figaro, sino de haber soñado con ella… Y, en este sentido, la puesta en escena de Strehler fue la mejor que uno podría haber imaginado. El elenco fue de alto nivel, comenzando por la pareja de sirvientes, Rosa Feola y Luca Micheletti. Feola interpretó a una Susanna astuta y sensual con una voz clara, un timbre exquisito y una dicción absolutamente perfecta. Su interpretación del aria del cuarto acto fue magistral; un momento de verdadera suspensión del tiempo, también gracias a la concertación muy refinada de Harding. Micheletti dio voz a un Figaro simpático, enamorado, y con razón arrogante. Su sonido y su robusta emisión vocal combinados con un gran timbre y comunicación de actor convencieron completamente a la audiencia de la Scala. Simon Keenlyside, aunque mostró cierta incertidumbre vocal, encarnó con experiencia y gran destreza a un Conte siempre creíble, casual, a veces gruñón, pero, al final, después de su excitante perdón de la Contessa, muy humano. Julia Kleiter, con su timbre puro y su preciosa línea de canto, nos permitió captar ese lazo sutil que une a la Contessa de Mozart con la Marschallin de Der Rosenkavalier. El canto de la soprano alemana fue muy elegante pero también melancólico. Audaz y expresivo fue el Cherubino de Svetlina Stoyanova, cantado con emisión firme y timbre juvenil. Un elogio también a Anna Doris Cappitelli (Marcellina), Andrea Concetti (Bartolo), Matteo Falcier (Basilio), muy vivos en el escenario y vocalmente, e impecables en sus arduas arias; y sobre todo a Caterina Sala, una deliciosa Barbarina que ya está «estudiando» el rol de Susanna. Excelente, como siempre, el coro dirigido por Bruno Casoni.



Le Nozze di Figaro - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

Il Teatro alla Scala ha finalmente riaperto al pubblico: quasi 800 persone sono state ammesse in sala per la ripresa di queste storiche Nozze di Figaro. In occasione del centenario dalla nascita di Giorgio Strehler, il celebre regista italiano, il teatro gli ha reso omaggio con la ripresa di una delle sue realizzazioni più note e riuscite, a 40 anni dalla première milanese. Spettacolo elegante, rispettoso, curatissimo, teatralmente efficace, ma anche un po' invecchiato. D'altronde si sa: le regie d'opera trasmettono spesso la loro massima efficacia quando vengono calate con intelligenza nell'attualità. Ecco allora che ci ha pensato Daniel Harding a farci apparire queste Nozze come fossero quasi sognate. L'elettricità, la frenesia della partitura mozartiana è stata molto attenuata da Harding che ha scelto tempi molto più lenti del consueto (senza allentare mai la tensione interna comunque), ha cesellato le frasi musicali come è raro sentire e ha mostrato una straordinaria sensibilità timbrica. Ecco quindi la sensazione a cui accennavo prima, e cioè quella di non di aver assistito realisticamente ad una rappresentazione delle Nozze di Figaro, ma di averle sognate... E in questo senso l'allestimento di Strehler era il migliore che si potesse immaginare. Il cast è stato di alto livello, a cominciare dalla coppia di servitori, Rosa Feola e Luca Micheletti, La Feola ha impersonato una Susanna sagace e sensuale con una vocalità nitida, timbricamente squisita e assolutamente perfetta nella dizione. Magistrale la sua interpretazione dell'aria del quarto atto, un momento di vera sospensione del tempo, per merito anche della concertazione acquerellata di Daniel Harding. Luca Micheletti ha dato voce ad un Figaro simpatico, innamorato e giustamente spaccone. La sua emissione vocale sana e robusta unita ad grande comunicativa timbrica e attoriale ha convinto in pieno il pubblico scaligero. Simon Kennlyside pur mostrando qualche incertezza vocale ha impersonato con esperienza e grande mestiere un Conte sempre credibile, disinvolto, a tratti scontroso ma alla fine, dopo il suo emozionante Contessa perdono, molto umano. Julia Kleiter, con la sua timbrica pura e la sua linea di canto preziosa ci ha permesso di cogliere quel sottile legame che accomuna la Contessa mozartiana con la Marescialla del Rosenkavalier. Canto elegantissimo ma anche malinconico quello del soprano tedesco. Spigliato ed espressivo il Cherubino di Svetlina Stoyanova, cantato con emissione salda e timbrica giovanile. Un plauso anche ad Anna Doris Cappitelli (Marcellina), Andrea Concetti (Bartolo), Matteo Falcier (Basilio), molto vividi in scena e vocalmente, e inappuntabili nelle loro ardue arie, e soprattutto per la deliziosa Barbarina di Caterina Sala, una Barbarina che, si intuisce chiaramente, sta già “studiando” da Susanna. Ottimo come sempre il coro diretto da Bruno Casoni.

Thursday, April 19, 2018

Don Pasquale de Donizetti en el Teatro alla Scala de Milán


Foto: Teatro alla Scala, Milano

Massimo Viazzo

En todos los manuales de la historia de la ópera el donizettiano Don Pasquale se reconoce estilísticamente hablando como al antecesor de Falstaff.  Pero nunca como en esta ocasión y con esta bella producción scaligera, habíamos podido captar la analogía, el avance y las referencias con la obra maestra verdiana.  Don Pasquale superó los limites del drama bufo (como indica el libreto) por aventurarse por caminos muy variados y claroscuros de la comedia burgués.  Bien ideado estuvo el espectáculo firmado por Davide Livermore quien trasladó la historia a Roma en los años 50, una Roma en la que hubo muchas referencias al cine de autor italiano, en blanco y negro, de aquellos años (con citas del cine de Fellini, De Sica, Pietro Germi…). Livermore no forzó nunca la mano y los gags no fueron exagerados ni los movimientos de los personajes, como la de la escena giratoria, que fueron siempre pensadas con la partitura en la mano. El director italiano conoce bien el canto (por haber sido el mismo tenor) y a los cantantes, y esta es una garantía para el éxito del espectáculo.  Riccardo Chailly mostró una concertación, digamos sinfónica, que por momentos pareció fónicamente un poco desequilibrada; pero con el cuidado en el fraseo y la atención a una rotundidad y a un cuerpo de sonido orquestal pudo imprimirle espesor y profundidad a la obra maestra extrema del maestro de Bérgamo.  Por lo tanto, estuvo bien concentrada y profunda la lectura.  Equilibrado estuvo el elenco en todos los papeles, comenzando por el protagonista, Don Pasquale, que fue interpretado, no por casualidad en esta producción, por uno de los más refinados Falstaff de nuestra época, Ambrogio Maestri.  El barítono lombardo cantó su parte, con una gran comunicación creando un personaje multifacético cargado de melancolía.  Arrogante y vocalmente sonoro estuvo el Doctor Malatesta de Mattia Olivieri, con voz sana y robusta.  Rosa Feola, ofreció su timbre fresco a la picante Norina, y en su interpretación no recurrió a las niñerías que desafortunadamente hoy están en boga en papeles como este.  Feola exhibió una notable seguridad en toda la extensión, y cantó con precisión y claridad.  Rene Barbera personificó un Ernesto bien fraseado, tierno como también vigoroso. Su voz pareció bien timbrada y siempre agradable.  Optimo estuvo el Coro del Teatro alla Scala preparado como se debe por Bruno Casoni.

Don Pasquale - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Teatro alla Scala, Milano

Massimo Viazzo 

Su tutti i manuali di storia dell’opera il donizettiano Don Pasquale viene indicato stilisticamente come il perfetto antenato di Falstaff. Ma mai come questa volta, nel bellissimo allestimento scaligero, abbiamo potuto cogliere le analogie, le anticipazioni e i rimandi al capolavoro verdiano. Don Pasquale supera qui i limiti del dramma buffo (come recita il libretto) per avventurarsi sui sentieri molto più variegati e chiaroscurati della commedia borghese. Molto ben ideato lo spettacolo firmato da Davide Livermore che ha calato la vicenda nella Roma degli anni ‘50, una Roma nella quale si coglievano moltissimi rimandi al cinema d’autore italiano, in bianco e nero, di quegli anni (con citazioni al cinema di Fellini, De Sica, Pietro Germi…). Livermore non forza mai la mano. Le gags non sono esagerate e i movimenti dei personaggi, come quelli della scena girevole, sono sempre pensati con la partitura in mano. Il regista italiano conosce bene il canto (essendo stato lui stesso tenore) e i cantanti, e questa è una garanzia per la riuscita dei suoi spettacoli. Riccardo Chailly ha sfoderato una concertazione, direi, sinfonica; a volte pareva fonicamente un pochino squilibrata, ma la cura dei fraseggio e l’attenzione ad una rotondità e ad una corposità del suono orchestrale hanno saputo imprimere spessore e profondità al capolavoro estremo del maestro di Bergamo. Ben venga quindi questa lettura concentrata e profonda. Cast molto equilibrato in tutti i ruoli a cominciare dal protagonista, Don Pasquale,  interpretato non a caso in questa produzione da uno dei più rifiniti Falstaff della nostra epoca, Ambrogio Maestri.  Il baritono lombardo ha cantato da par suo, con una grande comunicativa creando un personaggio sfaccettato, venato di malinconia. Spavaldo e vocalmente sonoro il Dottor Malatesta di Mattia Olivieri, voce sana e robusta. Rosa Feola ha donato la sua timbrica fresca alla piccante Norina. Ma la sua interpretazione non è mai ricorsa a quei bamboleggiamenti purtroppo ancora oggi in voga per ruoli come questo. La Feola ha sfoderato notevole sicurezza in tutta l’estensione e ha cantato con precisione e limpidezza. René Barbera ha impersonato un Ernesto ben fraseggiato, tenero ma a anche vigoroso. La sua voce è parsa ben timbrata e sempre gradevole. Ottimo il Coro del Teatro alla Scala preparato a dovere come sempre da Bruno Casoni

Sunday, September 9, 2012

I Due Figaro o sia Il soggetto di una comedia de Mercadante en el Teatro Colón de Buenos Aires


Fotos: Teatro Colon
 
Dr Alberto Leal
 
Ópera en dos actos de Saverio Mercadante. Libreto de Felice Romani, basado en la comedia Les deux Figaro ou Le sujet de comédie de Honoré-Antoine Richard de Martelly.
 
Para cualquier teatro de ópera siempre es algo muy valioso tener en su temporada un Director del talento del Maestro Riccardo Muti, sin duda uno de los más prestigiosos de su generación.  En esta oportunidad se presentó con la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini y el Philarmonia Chor Wien, ambos conjuntos de su creación. La Opera elegida fue I due Figaro, de Saverio Mercadante con libreto de Felice Romani. Redescubierta por el musicólogo Paolo Cascio, creo que fue elegida por el maestro por compartir con el autor su origen napolitano. Desde la obertura, se pudo notar la mano de Muti, a la que la orquesta respondió en todo momento con absoluta precisión. Con una espléndida trama, con detalles de increíble transparencias, el trabajo fue un deleite para los oídos y por si sola justifica plenamente la función. Y durante el transcurso de la función creo que pocos directores pueden lograr mayor equilibrio entre foso y el escenario. La obra parece no ser de lo más logrado del autor, con un muy largo – y por momento algo aburrido – primer acto, su música parece fluctuar entre Mozart, Bellini y Rossini, tanto musical, como vocalmente, mejora notoriamente en el segundo acto y en general pueden ser escuchadas hermosas arias y cabalettas.  Aquí parece que Mercadante tiene problemas en cerrar los actos, en cerrar los planteos que se van sucediendo. Tal vez si hubiera tenido la oportunidad de apreciarla con continuidad, gran parte de esos problemas hubieran sido pulidos. Lo visual fue otro punto fuerte de la puesta. Con un espléndido vestuario de Jesús Ruiz, de gran delicadeza y en época, usando una sutil gama de colores, a la preciosista escenografía de Daniel Bianco, se generan momento de real belleza visual.
 
La profusión de columnas puede ser molesta en algún momento, además de achicar notablemente el escenario, pero el Director de Escena, Emilio Sagi supo sacarle provecho en gran parte de la representación. Excelente bajo todo punto de vista la iluminación de Eduardo Bravo. Lo vocal fue otro punto fuerte. Con el mismo elenco de su estreno este año en el Teatro Real de Madrid, un grupo de jóvenes y promisorios cantantes cumplieron sobradamente. El sector femenino llevó las de ganar en esta representación. Impecable vocal y teatralmente la Susana de Eleonora Buratto, quien se llevó la ovación de la noche entre los cantantes. Annalisa Stroppa (Cherubino), generó un personaje creíble en lo actoral y brillante en lo vocal. Asude Karayavuz (la Condesa) y en especial la (Inez) de Rosa Feola completaron con eficacia el grupo. Dentro de un nivel de calidad, entre los hombre sobresalió el Conde de Saimir Pirgu, cantando con muy buena voz y generando un personaje totalmente creíble. Mario Cassi (Figaro), posee una voz seca, baja en armónicos y tal vez por esa causa lució menos, pero nunca bajo de un nivel de calidad interpretativo, lo mismo que el resto del elenco. Muy buena actuación, vocal y actoralmente del Coro Philarmonia Chor Wien. Constituye un inmenso placer contar con el Maestro Muti y una Orquesta que lo interpreta a la perfección, sumado a las bellas estampas logradas por la puesta y a la calidad vocal, es un placer para los oídos y la vista y algo que quien ama a la ópera no debe desaprovechar.

Sunday, April 1, 2012

I Due Figaro de Saverio Mercadante en el Teatro Real de Madrid


Fotos: Javier del Real

Alicia Perris

Melodramma buffo en dos actos. Libreto de Felice Romani basado en la comedia Les deux Figaro ou Le sujet de comédie de Honoré-Antoine Richaud Martelly. Nueva producción del Teatro Real, coproducción con el Festival de Pentecostés de Salzburgo y el Festival de Ravenna. Director musical: Riccardo Muti. Director de escena: Emilio Sagi. Director del Coro: Walter Zeh. Reparto: Antonio Poli, el conde de Almaviva. Asude Karayavuz, la condesa. Rosa Feola: Inez. Annalisa Stroppa, Cherubino. Mario Cassi, Figaro y elenco. 27 de marzo de 2012.

A veces los dioses bajan del Olimpo para visitar a los pobres mortales y devolverles la alegría de vivir y la sonrisa. Y entonces hay que dar las gracias a quien corresponda, por esa ajustadísima conjunción planetaria que nos hace soñar en medio de una cotidianeidad difícil, a menudo amarga y desvaída.  Es la sensación que nos deja la visión- y la audición- , mágicas, de una velada en estado de gracia: Riccardo Muti dirigiendo como nunca, o tal vez habría que decir, como siempre, la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini y el Philarmonia Chor de Viena en la ópera I due Figaro de Mercadante (1795-1870).  Muti, que recibió el pasado Premio Príncipe de Asturias de las Artes, entre otros muchos agasajos, tiene un gusto exquisito para dirigir ópera italiana y siempre se vuelca en este repertorio, mientras otras batutas ilustran con esmero a los compositores alemanes.  Un autor italiano dirigido por otro es sin duda inenarrable, sobre todo cuando el libreto y el perfume de la propuesta, nos retrotraen a esas historias alambicadas de matrimonios propuestos y fallidos, notarios siempre dispuestos entre bambalinas y amores y amoríos con poca moralidad, que siempre triunfan al final de la obra. Hay un aleteo de Molière en el enredo y un fugo fatuo que nos recuerda por momentos al teatro de Goldoni o a “Les liaisons dangereuses” de Choderlos de Laclos por la soltura y el desparpajo, pero menos trágicas y muchos más festivas y con menos consecuencias.  La partitura, a mitad de camino entre el bel canto y una evocación permanente de lo español y lo italianizante, allí donde se enhebran esos caminos aparentemente tan dispares pero hermanos, es una joya que enardece la escucha y las emociones. La puesta, refrescante, luminosa, feliz, con sus naranjos y buganvillas y geranios y las enredaderas trepando por el ruido delicado de las fuentes de un patio de Sevilla…con la nostalgia de una puesta de sol en la Costiera Amalfitana, en el sur de Italia.
El sonido de la orquesta que dirige Riccardo Muti es la exaltación siempre joven (en la edad, en la performance) de todos los colores, matices y evoluciones sonoras. Se trata de un resultado magnífico, sobre todo si, al estar cerca del escenario, se puede disfrutar de la visión de la dirección del maestro, siempre atenta y sensible, con la guardia alta y la alerta pronta para insinuar, indicar, redondear la ejecución y la consagración de un sonido arrebatador. Y sus maravillosas manos ondeando en el espacio, en escorzo. I due Figaro es una ópera complicada entre otros motivos, porque no se enjuaga con dos buenos cantantes. Se trata de un proyecto de conjunto donde todos tienen que estar a la altura y más.  Excelente el coro y muy bien Antonio Poli como el conde de Almaviva y Asude Karayavuz como la condesa. Acompañando con elegancia Rosa Feola y Mario Cassi en Inez y Fígaro respectivamente. Pero la ovación especial fue para Susanna en la voz de Eleonora Buratto, que compuso un personaje delicioso en lo teatral y lo vocal, lleno de gracia y encanto. Un hallazgo.  Una pintura clara, pastel y verde hoja en los decorados y en los trajes, volantes, puntillas y encajes, metáforas de la esencia de un espectáculo fino y elegante, para hacer olvidar las nostalgias y las preocupaciones del día a día. Puro goce y efervescencia.  Hubo un homenaje de aplausos y “bravos” al estilo y la maestría de Riccardo Muti y “su” ópera y para los músicos y los cantantes y fuera, en la calle, abundaron los comentarios y el agradecimiento generalizado del público por una noche excepcional. Los músicos de la orquesta, se arremolinaban en la salida de artistas del Teatro. No pude menos que decirles, al pasar, “bravi ragazzi, un vero lusso per questo Teatro”. Agradecieron el cumplido con holgura y siguieron charlando.  En el Café de Oriente, al lado del Real, uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, apuramos una copa de burbujas por la salud del maestro y su infinita delicadeza para regalarnos el cielo en la fugacidad de un instante detenido en el tiempo. Y todo el arrebato de la paleta sonora de su Nápoles natal, ¡claro!

Friday, August 19, 2011

IL BELCANTO E LA 3^ EDIZIONE DEL REATE FESTIVAL (Rieti, 21-30 agosto 2011)

Foto: Teatro Flavio Vespasiano, Kent Nagano

“Così fan tutte” in forma di concerto diretta da Kent Nagano con l’Orchestra da Camera di Mantova completa la trilogia mozartiana iniziata nelle precedenti edizioni, ancora una volta con un cast d’eccellenza (Poplavskaya, Ganassi, Korchak, Capitanucci, Bordogna). Il direttore americano sarà anche impegnato in un programma sinfonico di grande repertorio classico alla guida dell’orchestra Concerto Köln, specializzata in prassi esecutiva con strumenti originali. Il Belcanto italiano in apertura e chiusura con i cantanti di Opera Studio si colora di tinte risorgimentali, e tutta ispirata al Risorgimento una raffinata serata dei Cameristi della Scala.

Terza edizione del Reate Festival, ancora interpreti eccellenti, ancora il Belcanto come centro tematico, da cui si dipanano i percorsi mozartiani operistici da una parte, quelli del classicismo strumentale sinfonico dall’altra e quelli tutti italiani legati alla nostra storia e identità, di natura belcantista o strumentale, con particolari riferimenti al nostro Risorgimento, nell’anno delle celebrazioni dei 150 anni di unità nazionale. Queste le linee guida del programma che – nelle intenzioni del direttore artistico della sezione musica del Festival, Bruno Cagli, Presidente dell’Accademia di Santa Cecilia – non può mai essere disgiunto da uno stile vocale e da un’esecuzione strumentale rispettosa della prassi esecutiva dell’epoca. Nel caso di Rieti poi a tutto questo si unisce un luogo di straordinaria bellezza ed acustica, come il recentemente restaurato Teatro Flavio Vespasiano.

“Il Festival di Belcanto a Rieti ha segnato, nei due anni precedenti, un momento di livello particolarmente alto, - sottolinea Cagli - ampiamente riconosciuto dalla stampa internazionale. Ciò conferma quelle che erano le intenzioni iniziali di rivalutare questo immenso patrimonio che l’Italia ha dato al mondo e che rischia di disperdersi. La programmazione di quest’anno ha sofferto delle conseguenze economiche che stanno travagliando la vita culturale del Paese, ma il settore del Belcanto, che riteniamo quello veramente significativo, è stato preservato.”

L’apertura il 21 agosto è con musiche risorgimentali, “Arie e cori dell’800”, con l’Orchestra Roma Sinfonietta diretta da Carlo Rizzari e il Coro del Teatro Regio di Parma diretto da Martino Faggiani. Solista il soprano Rosa Feola, che dopo il perfezionamento nei corsi di Opera Studio con la direzione di Renata Scotto ha intrapreso una carriera che recentemente l’ha vista impegnata con Riccardo Muti a Salisburgo. Tra i brani in programma il finale del primo atto di Traviata di Verdi e “Giusto cielo, in tal periglio” dal Maometto II di Rossini. Nel vivo del patrimonio strumentale inedito dell’800 italiano entreranno il 23 agosto I Solisti di Musica del Risorgimento, ensemble composto da musicisti dei Cameristi del Teatro alla Scala, dal pianista e compositore Orazio Sciortino e dal soprano Natalia Gavrilan. La ricerca musicologica e la valorizzazione del repertorio connesso con le vicende risorgimentali sono alla base del loro raffinato programma che propone, tra l’altro, inediti di Fumagalli e Scontrino ritrovati nella Biblioteca del Conservatorio di Milano.

Il 27 agosto sul podio Kent Nagano, direttore musicale della Bayerische Statsoper di Monaco di Baviera e dell’Orchestra Sinfonica di Montreal. Nagano, che fin dalla prim edizione del Reate Festival ha condiviso ed è stato artefice con il direttore artistico del progetto del Belcanto, dirigerà la prestigiosa Orchestra Concerto Köln, specializzata nell’esecuzione di musica del Settecento e primo Ottocento, oggi considerata uno dei migliori gruppi di musica antica con strumenti originali. Il programma propone repertorio classico celeberrimo, tra cui la Sinfonia n.6 “Pastorale” di Beethoven e il Concerto K 488 di Mozart con la solista Mari Kodama, formatasi a Dusseldorf e Parigi, attiva con le più importanti orchestre negli Stati Uniti, in Giappone e in Germania.

La serata del 29 agosto sarà tutta dedicata al Belcanto (Rossini, Bellini, Donizetti, Verdi) con la collaborazione del pianista Fabio Centanni, protagonisti i giovani artisti di Opera Studio, la scuola di perfezionamento in canto lirico istituita dall’Accademia Nazionale di Santa Cecilia, diretta da Renata Scotto e dedicata alla formazione professionale di giovani cantanti. Istituiti nel 2004 con l’intento di costituire un vero vivaio di interpreti in grado di riportare la tradizione italiana al centro dell’insegnamento del più autentico “Belcanto”, i corsi di specializzazione di canto lirico di Opera Studio hanno ottenuto sin dal loro inizio un crescente riscontro nel panorama didattico internazionale ed eccellenti risultati in termini di allievi avviati a carriere prestigiose. Dalla prima sessione tenuta nel maggio 2004, gli allievi che hanno frequentato i corsisono oltre 200 provenienti da ogni parte del mondo.

Infine due repliche, il 28 e 30 agosto per l’atteso Così fan tutte di Mozart diretto da Kent Nagano, compimento della trilogia iniziata con la nascita del festival (Don Giovanni nel 2009 e Le nozze di Figaro nel 2010), che ha portato e porterà a Rieti alcune delle più grandi stelle internazionali del grande teatro musicale. Il cast di quest’anno vedrà nei ruoli femminili Marina Poplavskaya (Fiordiligi), Sonia Ganassi (Dorabella), Damiana Mizzi (Despina), in quelli maschili Dmitry Korchak (Ferrando), Fabio Maria Capitanucci (Guglielmo) e Paolo Bordogna (Don Alfonso). Kent Nagano dirigerà l’Orchestra da Camera di Mantova, una delle compagini di maggior qualità nel nostro paese per brillantezza esecutiva e sensibilità stilistica. Il Belcanto Chorus, nato in occasione del Reate Festival 2009, è formato da artisti provenienti dalle compagini corali del Teatro Regio di Parma e della Corale Luca Marenzio di Roma e sarà diretto da Martino Faggiani.


Biglietti: 10e 15euro In vendita dal 1° agosto presso la biglietteria del Teatro Flavio Vespasiano in via Garibaldi, 267, Rieti. Italia.  Orario di apertura tutti i giorni (festivi inclusi 9-­‐13•16-­‐20) tel. +39 0746271335 fax +39 0746200080