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Thursday, April 11, 2024

Beatrice di Tenda en Genova

Fotos: Marcello Orselli

Ramón Jacques

Esta tragedia lirica en dos actos, y penúltima opera, de Vicenzo Bellini con libreto de Felice Romani, fue compuesta entre enero y marzo de 1883, estrenándose posteriormente en el Teatro La Fenice de Venecia el  16 de marzo de 1883 con la soprano Giuditta Pasta en el papel principal, pero como tantas obras no llegó a tener el éxito esperada y a lo largo de los años ha sido representada muy poco, incluso olvidada por los teatros liricos del mundo, aunque la Opera de Paris la incluyó como parte de su actual temporada, así como el Teatro Carlo Felice de Génova, un importante escenario italiano, donde fue vista por ultima vez hace 60 años y que ahora la escenificó con motivo de la designación de la ciudad de Génova como “Capital del Medioevo 2024” que entre otros títulos ha incluido otras obras poco vistas como A Midsummer night’s Dream de Britten o Il Corsaro de Verdi, entre los menos conocidos, con un montaje escénico propio y con la edición crítica realizada por Franco Piperno. A pesar de su débil historia, y las dificultades vocales y musicales que supone una obra de este calibre, cuanta con paginas canoras realmente virtuosas, así como emocionantes partes orquestales, ya que es una obra belcantista en su máxima expresión y la posibilidad de escucharla en directo alguna vez no debe pasarse por alto. Brevemente, su trama esta basada en el trágico hecho ocurrido en el Castello di Binasco (cercano a Milán) en septiembre de 1418 cuando el Duque Fillipo Maria Visconti hace justicia ordenando la ejecución de su mujer Beatrice di Tenda por adulterio. La trama involucra a dos personajes más a la cortesana Agnese del Maino, amante de Filippo, quien a su vez ama a Michelle Orombello, rival político de Filippo y pretendiente de la propia Beatrice.  Agnese decide vengarse sugiriéndole al duque que Beatrice y Orombello son amantes lo que desencadena el trágico final. La narración de Romani resalta la ardua relación entre Filippo y Beatrice, en la que a ella se le representa como una mujer integra, caritativa y humilde que termina por perdonar a Agnese y a sus verdugos declarándose inocente hasta su muerte, a diferencia de Filippo, que es un hombre ambicioso ávido de poder y decidido a ampliar su poder sobre el pueblo. La puesta en escena de Italo Nunziata enfatiza en la actuación de los personajes ess carácter humilde y comprensivo de Beatrice, así como la arrogancia e insolencia de Filippo, como la actitud voluble y vengativa de Agnese, que finalmente termina arrepintiéndose de su error.  Las escenografías de Emanuele Sinisi aprovechan el amplio espacio del escenario del teatro Carlo Felice, donde se colocó una plataforma que rodeaba el espacio escénico al nivel del suelo con escalones.  Su trabajo es austero ya que consiste en paneles que suben y bajan o que entran y salen por los lados del escenario.  Al fondo cuelga siempre un muro derruido, como recordatorio y prueba del desenlace como de los trágicos eventos y la tensión que permea la trama.  Los elegantes vestuarios de Alessio Rosetti, sugieren que la historia en escena se lleva a cabo hacia principios o mediados del siglo XX.  Las mujeres del coro visten refinados vestidos en color ocre y los hombres esmóquines de color negro.  La dirección escénica de Nunziata es algo estática, ya que no dispone de precisos movimientos, para con pocos ademanes logra transmitir la angustia y estado de ánimo de los personajes que describen cabalmente su carácter.  Los dos coros tienen sus entradas de manera individual, pero cuando ambos se juntan en escena y se quedaban paralizados lucían como si fuera una enorme pintura o fresco. Contó también la iluminación diseñada por Valerio Tiberi.   El elenco conformado para la ocasión tuvo un elevado desempeño como el del barítono Mattia Olivieri quien dotó de autoridad vocal y escénica al personaje de Filippo Maria Visconte, su caracterización fue la de un despiadado y cruel hombre sin escrúpulos, y vocalmente exhibió una voz amplia, profunda, bien proyectada, y cargada de musicalidad y sentido. Por su parte el tenor Francesco Demuro, se movió con desenvoltura y distinción en sus intervenciones y vocalmente exhibió, un timbre brillante, penetrantes e intensos agudos, que hacían recordar a Arturo de I Puritani, mostrando color, matiz y facilidad en la emisión.  En el papel de Agnese del Maino, gustó el color de voz que prestó a su personaje la experimentada soprano Carmela Remigio distinguida en escena e involucrada en el papel encomendado, mostrando un manejo virtuoso de la voz.  Como Beatrice de Tenda la soprano estadounidense Angela Meade, demostró maestría en las arduas y virtuosas partes y arias reservadas para su papel.  La orquestación está cargada de emocionantes y alegres pasajes, y los músicos tocaron con dinamismo y pasión bajo la batuta de su titular Riccardo Minasi, un director muy entusiasta que llevó el control y el balance por la atención que prestó a lo que sucedía en el escenario y la emoción que transmitió, a pesar de un marcado histrionismo en ciertos de sus movimientos.



Saturday, November 18, 2017

Falstaff en Paris

Foto © Sébastien Mathé / OnP

Luis Gutiérrez Ruvalcaba


La Opéra National de Paris decidió reponer la producción de Falstaff puesta en escena originalmente por Dominique Pitoiset en 1999. Desde 1999 estaba de moda entre los directores de escena modificar la época y lugar de la acción de las óperas. Pitoiset desplaza la acción del siglo XIV a la primera década del siglo pasado, pero afortunadamente mantiene Windsor como localidad en la que se desarrolla la acción. La escenografía, diseñada por Alexandre Beliaev, tiene como elemento ancla una pared de ladrillo ubicada al fondo del escenario y deslizable trasversalmente al mismo. El empleo de la utilería es muy importante, pues ello permite caracterizar sin problema los espacios interiores, tales como la posada y los aposentos de Alice Ford. Un fonógrafo primitivo, en el que Alice colocará un disco que interpreta los acordes de laúd al recibir a Sir John, y un automóvil de época en el que Bardolfo y Pistola abandonan la escena al final del segundo acto, son elementos que permiten fijar la acción en los 1900’s. El parque de Windsor, y especialmente el gran roble, se caracterizan nítidamente mediante la iluminación, diseñada por Philippe Albaric. Por cierto, éste último tiene un toque de virtuosismo artístico al desplazar continua y suavemente, en coordinación perfecta con la música, un haz de luz, iluminando a Ford cuando canta “È sogno? o realtà?” hasta dejarlo en la penumbra al concentrar el haz de luz en la gran cornamenta de un trofeo que adorna la sala de la posada, en forma absolutamente simultánea con la melodía que interpretan los cornos acompañando el final del aria. El vestuario diseñado por Elena Rivkina es elegante y acorde con la época y clases sociales de los personajes. En mi opinión, la producción de Pitoiset trabaja bien con la ópera, aunque no veo razón de actualizar la época planteada por Verdi, Boito y, sí, Shakespeare. Bryn Terfel cantó y personificó un grandioso Sir John Falstaff. Su voz siempre me ha parecido hermosa y flexible, aunque de repente evita emitir ciertas notas agudas, como en “Te lo cornifico, netto!”, lo que resuelve con creces dada su gran musicalidad. Sus solos fueron magníficos, destacando el famosísimo “Quand’ero paggio del Duca di Norfolk”, como lo fueron frases sueltas como “Vado a farmi bello” o “Va, Vecchio John”. Resolvió con elegancia y sencillez el problema de los trinos del inicio del acto III, cosa no simple en verdad. Como actor es casi insuperable en este papel; se divierte y divierte a sus colegas en el escenario y, por supuesto, al público. Aleksandra Kurzak me sorprendió muy gratamente como Alice Ford. Su voz es fresca y no tuvo problemas con su parte musical, logrando imprimirle esa intención que Verdi exigía cuando dijo, más o menos, “después de Falstaff, Alice es el personaje más importante pues, aunque su música es fácil, debe comportarse como si tuviera el diablo en el cuerpo pues es la que lidera toda la trama”. Como actriz estuvo a la altura de quien la cortejó. Franco Vasallo tuvo también una excelente noche como Ford, tanto musical como actoralmente. Cantó su solo espléndidamente y su pedantería fue ejemplar durante la “boda” de Cajus y Bardolfo, asimismo no escatimó esfuerzo al buscar a Falstaff aún en los cajoncitos del secreter del aposento de su esposa. La armenia Varduhi Abrahamyan fue una bien actuada Quickly, desgraciadamente tuvo muchos problemas musicales, pues sus malos agudos y graves débiles fueron notables. Verdi recurrió a la narración de hechos conocidos, lo que Wagner usó en muchas ocasiones, solamente cuando Quickly cuenta a las otras comadres su visita a Falstaff, pues “necesitó” realzar las características vocales de la creadora del papel, Giuseppina Pasqua; de haberse tratado la señora Abrahamyan no hubiera compuesto la narración. Francesco Demuro fue un muy buen Fenton vocalmente. El soneto del tercer acto fue declamado con una gran belleza y sus mini duetos con Nannetta siempre lograron convencerme. Julie Fuchs confirmó mis expectativas positivas. Su entrada como Reina de las Hadas fue espectacular vocalmente y su presencia e interpretación escénica fueron impecables durante toda la ópera. Un de los momentos que espero con fruición cada vez que asisto a esta ópera es los versos de Fenton y Nannetta extraídos del Decameron: “Bocca baciata non perde ventura” exclama él y ella responde “Anzi rinova come fa la luna”; esto sucede, afortunadamente tres ocasiones y esta noche no hubo un solo defecto al producirlos. Julie Pasturaud como Meg, Graham Clark como Cajus, Rodolphe Briand como Bardolfo y Thomas Dear como Pistola lograron interpretaciones vocal y dramática bien por arriba del promedio. Fabio Luisi realizó una lectura nítida y elegante de la partitura al dirigir solistas y al Coro, tan importante en el tercer acto, dirigido por José Luis Basso, y la Orquesta de la Opéra National de Paris tuvieron una actuación muy sólida y hermosa. En resumen, hoy asistí a una gran función de Falstaff en la que el Falstaff de Terfel lideró una gran interpretación de todo el reparto, casi todo.

Saturday, May 30, 2015

Puccini opera in honor Ponce run in Nimes

The matador Enrique Ponce cut four ears to the celebration of morning of Nimes, in which he paid tribute to the 25th anniversary of an alternative, and opened the door listed Consuls, one morning when the Rejón Pablo Hermoso de Mendoza walked two annexes. With a full apparent in the stands, two bulls in bullfights Fermin Bohorquez were beaten, first and fourth, with the exception of the first and the other noble and bland; and five ordinary combat Alcurrucén, Victoriano del Río Domingo Hernandez and two of Juan Pedro Domecq, the last gift of various behaviors. The rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, two ears and silent; Enrique Ponce, around the ring, applause, silence, two ears and two ears in the gift. He went on the shoulders of the door of the consuls. Ponce had to wait for the last of his four bulls to express themselves and succeed. A noble bull Juan Pedro was the ideal opponent, accompanied by singing tenor aria (Francesco Demuro) slaughter Nessun Dorma operaTurandot Puccini.  Among the elegance of Ponce, the nobility of the bull of Juan Pedro and beauty of the singing, the excitement takes over and fall thrust pads did not prevent the granting Trophies. Believing no doubt that these two trophies knew little, Ponce gave the hat to Jean-Pierre, who has neither the class nor the mobility of the above. Valencia supplied the gaps with his usual wisdom and this time the music played The hymn to love and fell soundly. The first three bulls in this pair unbalanced Ponce (rejoneador two bulls and four for the matador) was a violent bull Alcurrucén other demanding Victoriano del Rio, one of Domingo Hernandez, too abrupt and rough. Against any Ponce showed his wisdom and good time. Hermoso de Mendoza was above the conditions of their first Bohorquez, a bull that was less and was at the end, and which attracted a colorful and technical task, awarded two ears after a rejonazo. The fourth was a noble bull and bland against which the rider was easy. He stabbed seven times and lost the money.

Saturday, February 2, 2013

Falstaff di Verdi - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Rudy Amisano
 
Massimo Viazzo
 
Una vera disdetta per Ambrogio Maestri - e per gli spettatori accorsi al Teatro alla Scala per applaudirlo in quello che da più di un decennio è il ruolo che lo ha maggiormente consacrato nel panorama internazionale – quella grave indisposizione che lo ha costretto ad abbandonare la recita a metà del secondo atto di Falstaff. Le difficoltà vocali erano apparse evidenti fin dalla sua entrata e, purtroppo, i “mali di stagione” non perdonano! Ed è un vero peccato, perché si è potuto solamente intuire che l’interpretazione del basso lombardo sarebbe stata di altissimo livello. Lo ha sostituito comunque in modo onorevole il giovane baritono veneto Elia Fabbian, che ha condotto in porto la recita con sicurezza e buon piglio.
L’altro baritono in scena, Fabio Capitanucci, ha donato la sua voce ben timbrata, ma con qualche suono sfocato in alto, ad un Ford spassoso e disinvolto. Musicale e poetica la prova del tenore Francesco Demuro, la cui Aria dell’ultimo atto ha commosso per garbo e levità, mentre la sua innamorata Nannetta è stata resa da Irina Lungu con proprietà vocale e delicatezza. Carmen Giannattasio, Alice Ford, ha esibito un bellissimo timbro e una rotondità di suono apprezzabili, mentre Marie Nicole Lemieux tratteggiava una divertente e divertita Quickly.  Tutti i protagonistim comunque, hanno mostrato partecipazione ed entusiasmo aderendo con naturalezza allo spirito dello splendido spettacolo firmato da Robert Carsen, nato in coproduzione con Londra, Amsterdam, Toronto e New York. Il regista canadese ambientava l’azione nell’Inghilterra del “secondo dopoguerra”, quindi, ad esempio, invece che in una taverna il primo atto si apriva tra i tavoli di un ristorante, mentre la scena del corteggiamento di Falstaff e Alice dell’atto successivo si svolgeva in una ampia e luminosa cucina. Si mangiava spesso in palcoscenico; e tutto andava a meraviglia, la recitazione era curatissima, e come sempre scene luci e costumi, curati rispettivamente con ottimo lavoro di squadra da Paul Steinberg, dallo stesso Carsen con Peter van Praet e da Brigitte Reiffenstuel, sono parsi all’altezza della situazione. In questo Falstaff ci si diverte con intelligenza, senza cadute di gusto o volgarità gratuite. Uno spettacolo riuscito, accolto con grandi applausi dal pubblico scaligero, contraddistinto anche dalla briosa e brillante direzione d’orchestra di Daniel Harding.

Falstaff en el Teatro alla Scala

Foto: Rudy Amisano
 
Massimo Viazzo
 
Una verdadera desgracia para Ambrogio Maestri, y para los espectadores que se dieron cuenta en el Teatro Alla Scala para aplaudir al que por más de una década ha interpretado el papel que mayormente lo ha consagrado en el panorama internacional.  Esta grave indisposición que lo forzó a abandonar la función  a la mitad del segundo acto de Falstaff.  Las dificultades vocales parecieron hacerse evidentes desde su entrada, y desafortunadamente los “males de la temporada” no perdonan. Fue una verdadera lastima porque se podía intuir que la interpretación del bajo lombardo habría sido de altísimo nivel. De cualquier manera lo sustituyo de manera honorable el joven barítono veneto Elia Fabbian, que llevó a buen puerto la función con seguridad y buena actitud. El otro barítono en escena, Fabio Capitanucci prestó su bien timbrada voz, pero con alguno sonidos sofocados en la parte alta, a un Ford divertido y desenvuelto. Musical y poética fue la prueba del tenor Francesco Demuro, cuya aria en el último acto conmovió por garbo y ligereza, mientras que su enamorada Nanetta fue interpretada por Irina Lungu con propiedad vocal y delicadeza. Carmen Giannattasio. Alice Ford, exhibió un bellísimo timbre y una rotundidad de sonido apreciable, mientras que Marie Nicole Lemiux dibujo una divertida Quickly. Sin embargo, todos los protagonistas, mostraron participación y entusiasmo adhiriéndose con naturaleza al espíritu del esplendido espectáculo firmado por Robert Carsen, que nació en coproducción con Londres, Ámsterdam, Toronto y Nueva York.  El director de escena canadiense ambiento la acción en la Inglaterra después de la segunda Guerra Mundial, por ello, por ejemplo, en vez de realizar el primer acto en una taberna se realizó entre mesas de un restaurante. Mientra que la escena de Falstaff cortejando a Alice en el acto sucesivo se desarrolló en una amplia y luminosa cocina  Se comía regularmente sobre el escenario, y todo andaba de maravilla, la recitación fue muy cuidada., y como siempre la escena las luces y los vestuarios fueron creados respectivamente de manera optima por el equipo de Paul Steinberg, del propio Carsen con Peter van Praet y por Brigitte Reiffenstuel, que parecieron estar a la altura de la situación. En este Falstaff la diversión era con inteligencia, sin malos gustos o vulgaridades gratuitas. Un espectáculo bien logrado y recibido con grandes aplausos por el público scaligero, caracterizado por la briosa y brillante dirección de orquesta de Daniel Harding. 

Thursday, January 3, 2013

Rigoletti di Verdi - San Francisco Opera

Foto: San Francisco Opera
 
Ramón Jacques
Rigoletto è stato proposto sulla scena di San Francisco, nella produzione di Michael Yeargan, creata in questo stesso teatro nel 1997, e che è basata su immagini di ambienti sobri e angoscianti pertinenti alla scuola surrealista metafisica fondata dall’artista italiana Giorgio De Chirico. L’opera si è sviluppata nella scura ambientazione di una piazza, con edifici e archi di dimensione sproporzionata, ubicati in ogni lato dello scenario. L’intensa illuminazione in rosso, blu e giallo, disegnata da Chris Maravich creava una costante sensazione di angustia e drammaticità che ben si adattava alla storia I costumi brillanti rilucevano con eleganza e la regia di Harry Silverstein era diretta e concisa. Il ruolo principale è stato affidato al baritono Marco Vratogna, che ha realizzato un personaggio credibile, ironico, burlone, energico e fin commovente quando necessario, e che ha cantato con un timbro baritonale caldo, robusto e omogeneo. Ammirevole è un po’ poco per descrivere il disimpegno vocale di Albina Shagimuratova nel ruolo di Gilda. Il soprano russo ha saputo scuotere il pubblico che l’ha premiata con una grande ovazione, poco usuale, per l’ammirevole nitidezza, l’agilità e la convinzione vocale mostrata. Per parte sua Francesco Demuro come Duca di Mantova dimostrava buone qualità in quanto a timbro e calore però la sua voce in alcuni momenti si mostrava un po’ leggera. Andrea Silvestrelli è stato uno Sparafucile aggressivo di voce potente e profonda e Kendall Gladen una sensuale Maddalena di voce bella e scura. Menzione a parte merita l’Orchestra dell’Opera di San Francisco che come quella del Met realizza una stagione sinfonica che la sta aiutando ad affinare e solidificare ogni sezione strumentale facendola emergere . Sul podio il giovane direttore italiano Giuseppe Finzi, uno dei titolari dell’orchestra, ha diretto con impeto, buona dinamica e conoscenza dello stile.


Thursday, November 15, 2012

Rigoletto en San Francisco

 
Foto: Cory Weaver / San Francisco Opera
 
RJ

Rigoletto fue repuesta en el escenario de San Francisco, con la producción escénica de Michael Yeargan, estrenada en este mismo teatro en 1997, y que esta basada en las pinturas de ambientes sombríos y dolorosos pertenecientes a la surrealista scuola metafísica  fundada por el artista italiano Giorgio de Chirico. La obra se desarrolló en la oscura calle de una plaza, con edificios y arcos de tamaño desproporcionado, ubicados en cada lado del escenario.  La intensa iluminación en brillantes rojos, azules y amarillos, diseñada por Chris Maravich crearon una contante sensación de angustia y dramatismo que se desprende de la historia. Los coloridos vestuarios lucieron elegantes y la dirección escénica de Harry Silverstein fue directa y concisa. El papel principal le fue confiado al barítono Marco Vratogna, quien bordó un creíble personaje, irónico, burlón, enérgico y hasta conmovedor cuando fue necesario, y que cantó con un calido, robusta y homogéneo timbre baritonal. Admirable, suena a muy poco para describir el desempeñó vocal de Albina Shagimuratova en el papel de Gilda, La soprano rusa, cimbró al publico que la premio con una muy larga y poco usual ovación la admirable nitidez, agilidad y convicción vocal que mostró. Por su parte Francesco Demuro, como el Duque de Mantua, demostró buenas cualidades, en cuanto a timbre y calidez,  pero su voz por momentos resultó ser demasiado ligera en algunos pasajes. Andrea Silvestrelli fue un agresivo Sparafucile de voz potente y profunda y Kendall Gladen una sensual Maddalena de canto oscuro y grato. Correcto estuvo el coro. Mención aparte merece la orquesta de la Opera de San Francisco, que  al igual que la del Metropolitan realiza una temporada sinfónica, que le ha ayudado a afinar y solidificar cada una de sus secciones convirtiéndola en una protagonista mas de cada función. En el podio, el joven director italiano Giuseppe Finzi, uno de los titulares de la orquesta, dirigió con ímpetu, conocimiento del estilo y buena dinámica.

Thursday, October 14, 2010

El Elixir de Amor de Donizetti en la Scala de Milán

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano, archivo Fotografico del Teatro alla Scala

Massimo Viazzo
Llegó también a la Scala la dichosa producción escénica de Elixir de Amor firmado por Laurent Pelly (repuesta en esta ocasión por Hans Christian Räth). Pelly ambientó esta obra maestra donizettiana en Italia en el periodo posterior a la segunda guerra con referencias explicitas de la cinematografía neorrealista de aquel periodo y la escena se realizo entre: pacas de heno, tractores agrícolas, veloces bicicletas por los caminos del campo, en un tierno cuadro modelado sobre largas extensiones de trigo. La mano ligera del regista francés, siempre a sus anchas en el repertorio cómico-sentimental, encontró una correspondencia directa con la vocalidad del protagonista, el joven tenor sardo Francesco Demuro, un Nemorino soñador, delicado, etéreo y de óptima dicción. A pesar de no tener una voz de gran peso especifico, Demuro supo proyectarla correctamente y gracias también a un timbre cargado de inocencia y pureza, su personaje resultó ser muy creíble. Nino Machaidze, nos dio una Adina mejor definida en la parte escénica que en la vocal. A la soprano georgiana se le vio muy desenvuelta en escena, y cantó con corrección aunque su línea musical no resultó ser siempre expresiva. Desbordante estuvo el Dulcamara del barítono lombardo Ambrogio Maestri, quien supo darle al personaje del amable embaucador un reflejo melancólico, nostálgico, quizás apegándose al modelo (muy bien conocido por el mismo) del Falstaff verdiano. Por lo tanto, se trató de un Dulcamara que aturdió a los transeúntes con un volumen considerable, pero con una expresión en la cara que no lo hacia parecer tan sinvergüenza como frecuentemente se ha acostumbrado a representarlo. La prestación de Gabriele Viviani fue en crescendo, como un simpático Belcore de timbre franco y directo, y con una entonación no perfectamente a fuego en su aria de salida. Donato Renzetti guió al optimo conjunto scaligero (¡el coro ha estado esplendido en esta ocasión!) sin particular fantasía, remarcando principalmente la brillantez de la partitura, pero en perjuicio de su alma mas intima y elegiaca.

L'elisir d'amore - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano, Archivio Fotografico del Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Approda anche alla Scala il fortunato allestimento dell’Elisir d’amore firmato da Laurent Pelly (ripreso, in questa occasione, da Hans Christian Räth). Pelly ambienta il capolavoro donizettiano nell’Italia del secondo dopoguerra con riferimenti espliciti alla cinematografia neorealista di quel periodo tra covoni di fieno, trattori agricoli, biciclette sfreccianti sulle strade di campagna… nella tenera cornice modellata su lunghe distese di grano. La mano lieve del regista francese, sempre a proprio agio nel repertorio comico-sentimentale, trova una diretta corrispondenza nella vocalità del protagonista, il giovane tenore sardo Francesco Demuro, un Nemorino trasognato, delicato, etereo e di ottima dizione. Demuro, pur non avendo una voce di gran peso specifico, ha saputo comunque proiettarla correttamente e anche grazie ad un timbro venato d’innocenza e purezza il suo personaggio è risultato davvero credibile. Nino Machaidze ci ha restituito un’Adina meglio definita scenicamente che vocalmente. Il soprano georgiano, spigliatissimo in scena, ha cantato con correttezza, ma la linea musicale non risultava sempre espressiva. Straripante il Dulcamara di Ambrogio Maestri. Il baritono lombardo ha saputo donare al personaggio dell’amabile imbroglione un riflesso malinconico, nostalgico, forse rifacendosi al modello (da lui ben conosciuto) del Falstaff verdiano. Un Dulcamara, quindi, che stordiva gli astanti con un volume ragguardevole, ma con l’espressione del viso che ce lo restituiva non così cialtrone come spesso si è abituati ad intenderlo. In crescendo la prestazione di Gabriele Viviani, un simpatico Belcore di timbro franco e schietto, però con una intonazione non perfettamente a fuoco nell’aria di sortita. Donato Renzetti ha guidato gli ottimi complessi scaligeri (il Coro è stato ancora una volta superbo!) senza particolare fantasia, rimarcando principalmente la brillantezza della partitura a discapito della sua anima più intima e elegiaca.