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Saturday, September 2, 2023

Tosca en San Paulo

Fotos: TMSP

Fabiana Crepaldi 

Estimado lector, debo comenzar con una advertencia: este texto se refiere sólo al segundo y al tercer acto de Tosca presentado en forma de concierto, el pasado 11 de agosto en el Theatro Municipal de São Paulo. No, no llegué tarde. Mi asiento estaba en el extremo lateral y, como hago siempre desde enero de 2017, cuando la fila A en la parte central del foyer, donde compré todas mis entradas y abonos fue bloqueada, busqué un asiento central en la platea. Excelente vista, en el corredor, en medio del teatro. En medio del teatro… bueno, ahí fue cuando Angelotti atacó su “¡Ah! ¡Finalmente!",Vi que estaba en un lugar donde había una reverberación terrible, donde todo el sonido llegaba enredado, doble, imposible distinguir una sola palabra. Acostumbrada a frecuentar en el teatro las óperas, pero no a los conciertos, cuando está esa concha al fondo del escenario rebotando el sonido, nunca había experimentado este tipo de problema: la configuración acústica que me es familiar era otra. Por primera vez, descubrí que las historias sobre distorsiones de sonido ocasionales en el teatro, que ya había escuchado de antiguos asistentes habituales y juraba que eran leyendas urbanas, eran ciertas. En el intermedio, por supuesto que me cambié de asiento y entonces, para mí, la ópera comenzó de verdad. Aun así, no podía dejar de escribir algo, ya que, musicalmente, que yo recuerde, fue el mejor espectáculo que he visto en el TMSP desde principios del 2017. Hubo, en ese período, es cierto, uno u otra producción de buen nivel –por ejemplo, El Caballero de la da Rosa, El amor de tres naranjas, y recientemente, La Fanciulla del West (¡con Martina Serafín!)–, pero siempre con uno o más cantantes mal elegidos, que comprometían el resultado. En esta Tosca, no diría que el trío de protagonistas fuera homogéneo, sino que los tres eran de un gran nivel, de un nivel digno de un gran teatro. En otras palabras, el trío formado por la italiana Carmen Giannattasio y los brasileños Atalla Ayan y Leonardo Neiva podrían haber interpretado a Tosca, Cavaradossi y Scarpia en cualquier teatro importante del mundo. De hecho, Ayan y sobre todo, Giannattasio ya lo han hecho. La soprano ya fue Tosca en Berlín, Roma, Bolonia, Stuttgart, Viena. Ayan, por su parte, debutó como Cavaradossi recientemente, en 2022, en Stuttgart. Es bueno recordar que su voz va cambiando, ganando peso, y que hace pocos años unos era un papel impensable para él. De los tres, el único que debutaba y que cantaba mientras leía la partitura era el barítono Leonardo Neiva. Y éste demostró lo que, incluso leyendo, es capaz de hacer un artista.

Leonardo Neiva posee un bello timbre, redondo, aterciopelado. Confieso que no me imaginaba que pudiera dar voz a Scarpia. Una vez más: todo es posible para un artista. Lo más interesante es que lo hizo con mucha naturalidad y parece haber utilizado una receta sencilla: se dejó guiar por la música y el texto -al que, por cierto, le dio un fuerte énfasis-. Hace quince días, Neiva estuvo en otra ópera: Carmen, en el Teatro Municipal de Río de Janeiro. Tuvo poco tiempo para migrar de Escamillo a Scarpia, mientras se recuperaba de una laringitis que le impidió participar en la última función de Carmen. – exactamente la que yo vi; y esto fue en medio de los preparativos para ir a finales de mes a Viena, donde pasará a formar parte del elenco estable de la Wiener Staatsoper. Así, lo sorprendente no es que cantó mientras leía, sino que logró construir un carácter consistente, confiado, y eso fue lo más destacado de la noche. En el Scarpia de Neiva no hubo lugar para la exageración, y en ningún momento coqueteó con un personaje caricaturizado, pero su Scarpia fue firme, nunca vaciló, ni desde el punto de vista musical ni desde el punto de vista expresivo. Su voz sonaba todo el tiempo homogénea y muy bien colocada, llena de matices, con colores que cambiaban según las situaciones por las que pasaba el personaje. ¡Cómo me gustaría verlo con el papel perfectamente hecho, de memoria, en una puesta en escena!   Como Cavaradossi, Atalla Ayan demostró que está consolidando la voz más oscura y pesada que escuchamos recientemente en su Peri, en Il Guarany producido en el mismo TMSP. Está claro que, por momentos, pareció estar al límite de su vocalidad, pero su actuación fue bastante buena y, según me cuentan, creció en la función siguiente, la del domingo, confirmando la sensación de que la tendencia de su Cavaradossi es a crecer más y más.  En el segundo acto, su agudo corrió fácilmente en “¡Vittoria! ¡Victoria!", y, en el tercero, interpretó E lucevan le stelle con un legato y una sensibilidad que desataron insistentes gritos de “¡bravo!”. y "¡bis!" desde la platea. Y llegamos a la diva de la noche, Carmen Giannattasio donde la noche del viernes, Floria Tosca. No pude evitar, viendo tu actuación, recordar a su maestra, la gran soprano italiana Giovanna Casolla, a quien tuve la oportunidad de ver, hace diez años, en un recital en el Theatro São Pedro. Casolla ya tenía una edad avanzada para una cantante, pero su estilo estaba ahí: la voz enorme, con agudos pesados ​​e impetuosos. Giannattasio parece haber asimilado un poco este estilo típicamente verista de Casolla. Su voz es potente sus agudos son intachables, pero a veces le falta la ligereza que le daría más sensibilidad a su carácter. Su Tosca, sin embargo, iba mucho más allá de la diva artificiosa y fútil, una trampa en la que caen muchas intérpretes y que poco tiene que ver con las actitudes adoptadas por la heroína a partir del segundo acto. Además, teníamos para deleitarnos su hermoso timbre, su sólida técnica y su completo dominio de la partitura de Puccini. El resto del reparto lo hizo bien: Andrey Mira, como los sonoros Cesare Angelotti y el carcelero, Ricardo Gaio como Spoletta, Isabella Luchi como la pastora y, sobre todo, Leonardo Pace en los papeles de sacristán y Sciarrone. Del coro tengo poco que decir, ya que su participación principal en él Te Deum del primer acto, y en ese momento el coro se posicionó en el pasillo central, de modo que yo estaba prácticamente dentro de él. Todo lo que puedo decir es que había un tenor ronco y medio gritando un poco detrás de mí. La salud vocal de los coristas requiere atención.

Mientras miraba Tosca en el TMSP, me vino a la mente otra que vi en el 2019 en el Metropolitan Opera, en compañía de muchos asientos vacíos. Allí, el trío de protagonistas fue muy problemático, errado y fue muy diferente al optimo trio paulistano. En el papel principal, la poco interesante (por decir lo minimo) fue Jennifer Rowley; como Cavaradossi, Joseph Calleja, cuyos problemas de canto son proporcionales al tamaño de su voz. El caso de Scarpia fue más complicado: Wolfgang Koch, gran barítono, pero con una voz aparentemente un poco desgastada y difícil de ser oida en el Met, dejando un Scarpia apagado y casi inofensivo. Aun así, no fue una experiencia desastrosa, porque en Tosca la fuerza de la orquesta es muy grande, y la orquesta Met, dirigida por Carlo Rizzi, logró prevalecer sobre todos los problemas del elenco. En São Paulo, la situación fue exactamente inversa: si el trío de protagonistas brilló, la Orquestra Sinfônica Municipal, siempre bajo la dirección de Roberto Minczuk , que se promovió de director titular a director exclusivo se acomodó a un acompañamiento burocrático, con un sonido agresivo por momentos – que, por cierto, ya puede considerarse una característica de OSM. Los tempos tendían a ser rápidos, pero habiendo visto recientemente algunas óperas con interpretaciones un tanto arrastradas, con cantantes al límite y el público parpadeando, no me quejo: más rápido, más fluido que demasiado lento. Al final de la ópera, cuando Cavaradossi está siendo ejecutado – ¡ Ecco un arte!  – es la orquesta, con esa mezcla de esperanza, suspenso y marcha fúnebre la que da el pathos, y por lo menos el viernes, no se vio el romanticismo pucciniano. Para cerrar, unas palabras sobre la ópera en forma de concierto. Me adelanto: no es mi preferencia ya que el teatro es parte de la ópera. Esta conversación de que no hay necesidad de una puesta en escena, que solo estorba, es una visión reducida y malhumorada de la ópera, sin embargo, la ópera en forma de concierto es importante, pone el aspecto musical en primer plano, es un interesante ejercicio para el público y para los artistas, y se practica en todo el mundo. Solo este año, esta fue la quinta vez que he visto una ópera en este formato, todas más o menos siguiendo la misma línea: a veces los atriles están, a veces no, pero los artistas se mueven, interactúan y la ópera tiene vida, es no está enyesada. No hay nombre de un director escénico en el programa TMSP, pero hubo algunas indicaciones escénicas, donde destaco, el fin del primer acto con la entrada de Scarpia por el pasillo central,“¡Un tal baccano in chiesa!” , antes de subir al escenario – y digo Scarpia, porque el que pasó, con pasos pesados, al lado de mi butaca, no fue Leonardo Neiva, fue Scarpia: ¡Scarpia delante de nosotros, es Scarpia avanti a Dio!

El año que viene celebraremos el centenario de la muerte de Puccini. Este año, el Theatro Municipal de São Paulo presentó dos obras del compositor: La Fanciulla del West, puesta en escena, y Tosca, en concierto. Sabemos que el teatro no tiene una planificación a largo plazo: al contrario de todos los teatros serios del mundo, la programación de 2023 se hizo en 2022, y ahora está siendo elaborada la programación del próximo año. Con certeza, cuando Fanciulla, que se suponía que sería el último título de 2022, se aplazó al 2023, y Tosca también fue programada, nadie estaba pensando en el centenario de Puccini, en el lejano año 2024 –si es que alguien lo sabía eso. Ahora queda la pregunta: ¿qué tendremos el próximo año para celebrar la efemeride? La respuesta ideal sería: la reposición, con un elenco digno de la fecha de Turandot, la última ópera de Puccini, cuya composición se vio interrumpida por la muerte del compositor (y que, por ello, sólo se estrenó dos años después, en 1926). Esta respuesta casi obvia se ve reforzada por el hecho de que el teatro tiene la obligación legal de hacer un re-montaje cada temporada, pero como no todo es racional, probablemente no lo sepamos hasta el próximo año. ¿Turandot ? u ¿Otra ópera de Puccini? ¿Una gala digna de un gran teatro, con un elenco internacional (o que incluya, por supuesto, a los brasileños del primer nivel), como fue la Gala Tebaldi el año pasado? O, quién sabe, tal vez una gala digna de un teatro de provincia, con un elenco “por anunciar”, integrado por cantantes brasileños desocupados en ese momento, invitados un mes antes, y con el maestro saltando para amenizar al público. (¿cómo, lo que todo indica, la Callas Gala de este año seguirá teniendo “solistas por anunciar”)? El próximo año sabremos si lo que vimos en Tosca fue realmente un cambio de rumbo para el teatro, un salto de calidad o un mero accidente. ¡Oremus!

Saturday, February 15, 2014

Falstaff incontra la California - Costa Mesa, California


Foto: Robert Millard / LA Opera

Per il secondo anno consecutivo l’Opera di Los Angeles ha lasciato la sua sede abituale, il Teatro Dorothy Chandler Pavilion ubicato nella su Grand Street, per presentarsi nella sala da concerto Renée and Henry Segestrom Concert Hall di Costa Mesa (70 chilometri a sud) come parte del progetto “LA Opera, Off Grand”, una iniziativa lodevole che vuole portare l’opera davanti ad un pubblico sempre maggiore dell’area metropolitana.Il titolo rappresentato in forma di concerto è stato Falstaff, la commedia lirica di Giuseppe Verdi, che è stata scelta in omaggio del compositore. In questa serata ha colpito principalmente l’orchestra dell’Opera di Los Angeles, che si è mostrata sicura sotto l’attenta ed entusiasta mano di James Conlon, che ha offerto una lettura carica di musicalità e buona dinamica, e che è stato attento ad ogni entrata e all’acconpagnamento dei cantante. Buon resa nei suoi interventi anche per il coro diretto da Grant Gershon. Pur non avendo nessuna scenografia, costumi e trucco, c'era un'azione costante sulla scena, esagerata a volte, e una gestualità da parte degli artisti che hanno cercato di trasmettere l'umorismo contenuta nella storia. Dal punto di vista vocale si è ascoltato un cast non omogeneo nel suo disimpegno, dal quale emergeva il baritono Roberto Frontali che si è mostrato compenetrato nel ruolo di Falstaff, rappresentato come un uomo, burlone, ironico e malizioso, esibendo una voce calda e robusta. Il soprano Carmen Giannattasio ha reso il ruolo di Alice offrendo una vocalità rotonda e sicura. Il soprano Ekaterina Sadovnikova ha impresso un timbro chiaro e cristallino in accordo con il carattere gioviale di Nannetta, e Juan Francisco Gatell, di timbrica gradevole di tenore leggero, ha mostrato un emissione ridotta e poco carisma in scena. Il barítono Marco Caria è stato un discreto Ford di canto poco raffinato.  E il mezzosoprano Ronita Nicole Miller era una divertita Mrs. Quickly di timbro scuro e ampio. Il mezzosoprano Erica Brookhyser è stata una Meg poco partecipativa e distante dal suo ruolo. Il resto dei personaggi si è espresso esagerando un po’ la propria parte, sorvolando riguardo al loro canto. RJ


Friday, January 24, 2014

Falstaff de Verdi en Costa Mesa, California

Foto: Robert Millard - LA Opera

Por segundo año consecutivo la Opera de Los Ángeles salió de su sede habitual, el teatro Dorothy Chandler Pavilion ubicado en la calle Grand del centro de la ciudad, para presentarse en la sala de conciertos  Renée and Henry Segestrom Concert Hall de Costa Mesa (a 70 kilómetros al sur) como parte del proyecto denominado “LA Opera, Off Grand” una iniciativa muy loable que pretende acercar la ópera a una mayor cantidad de público, en esta extensa área metropolitana. El título representado en versión concierto fue Falstaff la comedia lirica de Verdi, que fue elegida en homenaje al compositor. En esta velada sobresalió particularmente la orquesta de la Ópera de Los Ángeles, que se mostro segura bajo la atenta y entusiasta mano de su titular James Conlon,  quien ofreció una lectura cargada de musicalidad y buena dinámica, y estuvo atento a cada entrada y a acompañar a los cantantes. Buen trabajo tuvo también el coro que dirige Grant Gershon en sus intervenciones.  A pesar de no contar con escenografías, vestuarios o maquillaje, hubo constante actuación sobre la escena, exagerada por momentos, y gestualidad por parte de los artistas quienes intentaron transmitir la comicidad contenida en la historia. Desde el punto de vista vocal se escuchó un elenco disparejo en su desempeño, en el que sobresalió el barítono Roberto Frontali, quien se mostró compenetrado con el papel de Falstaff, quien represento como un personaje burlón, irónico, malicioso, y exhibió una voz cálida y robusta.  Carmen Giannattasio cumplió en el papel de Alice Ford, ofreciendo una voz rotunda y segura. La soprano Ekaterina Sadovnikova imprimió un timbre claro y cristalino acorde al carácter jovial de Nanneta y Juan Francisco Gatell que posee un grato color en su timbre de tenor ligero, mostró reducida emisión y poco carisma en escena. Marco Caria fue un discreto Ford de canto destemplado, y la mezzosoprano Ronnita Nicole Miller fue una divertida Mistress Quickly de amplió y oscuro tono. A la mezzosprano Erica Brookhyser se le vio poco participativa y distante del papel de Meg Page. El resto de los personajes, sobreactuaron sus partes, y cantaron con poco que destacar. RJ

Tuesday, September 3, 2013

Temporada 2013-2014 en Los Ángeles

 La Ópera de Los Ángeles inició su nueva temporada con la reposición de la puesta escénica de Carmen de Bizet de Emilio Sagi, y un elenco conformado por Patricia Bardon, Brandon Jovanovich, Pretty Yende e Ildebrando D’Arcangelo bajo la conducción musical de Placido Domingo.  El balanceado curso contará con el estreno local de la obra en cuatro actos de Phillip Glass, Einstein on the Beach, con puesta en escena de Robert Wilson; además de Lucia di Lammermoor con Albina Shagimuratova y Saimir Pirgu, La Flauta Mágica de Mozart, con el debut local del tenor Lawrence Brownlee, y Billy Budd, como parte del homenaje por el centenario del nacimiento de Britten que anualmente esta realizando el teatro, en una  producción del Covent Garden de Francesca Zambello. Las tres obras serán conducidas por James Conlon, director musical del teatro. Otros títulos que incluirá la cartelera son: Falstaff de Verdi con Roberto Frontali, Carmen Giannattasio, Ekaterina Sadovnikova y el tenor argentino Juan Francisco Gattell, con conducción del propio Conlon, así como el estreno local de Thaïs de Massenet, con la producción vista en el Palau les Arts de Valencia. Placido Domingo interpretará el papel de Athanel, y será acompañado por Nino Machaidze en el papel principal y Patrick Fournillier en el podio.  Estos dos últimos titulos fueron elegidos para representarse en concierto en el Renée and Henry Segerstrom Concert Hall de Costa Mesa (a 50 kms al sur de Los Ángeles) como parte del proyecto Off Grand que pretende acercar la ópera al publico de esta extensa región californiana. Se incluirán además recitales de Audra McDonald, legendaria cantante de Broadway, y del barítono Dmitri Hvorostovsky. Por su parte, la Filarmónica de Los Ángeles, que dirige Gustavo Dudamel, concluirá su ciclo Mozart-Daponte con Così Fan Tutte en versión escénica y La Traviata en concierto.  RJ

http://www.laopera.com/

Wednesday, August 7, 2013

Otello en Buenos Aires

 
Foto: Teatro Colón de Buenos Aires
 
Gustavo Gabriel Otero
 
El Teatro Colón de Buenos Aires programó dos óperas de Verdi para homenajearlo en su bicentenario: Un ballo in maschera que con la puesta de la Fura dels Baus cerrará la Temporada 2013 y éste Otello. Generó gran expectativa la presencia del argentino José Cura no sólo por el título y la dificultad del rol sino porque el tenor rosarino también se haría cargo de la dirección escénica, de la escenografía y del diseño de luces. Lamentablemente las expectativas no fueron satisfechas de ningún modo y el polifacético artista no brilló en ninguna de sus facetas.  José Cura escenógrafo divide el escenario en tres: uno grande, que ocupa casi la mitad del disco giratorio, que es un exterior donde se ven los muros de la fortaleza, la playa, un gran árbol y el muelle. Y dos más pequeños: la estancia de trabajo con una gran mesa y la habitación de Otello. La idea es muy buena, los espacios adecuados y bellos y permite el rápido pasaje de una escenografía a otra mostrando lo que ocurre en paralelo en distintos lugares de la isla de Chipre. Pero, lamentablemente, Cura director escénico abusa durante toda la obra de los permanentes giros del escenario hasta que logra cansar al espectador. Los movimientos actorales son cuidados y prolijos y algunas soluciones interesantes. El equipo escénico se completó con el razonable vestuario de Fabio Fernando Ruiz y la iluminación de Cura y Roberto Traferri que no pasó de la cuidada corrección.  Massimo Zanetti es un director solvente y no mucho más. Con algunos tiempos arbitrarios, varios desajustes y expresividad contenida logró redondear una razonable y a la vez olvidable versión musical.  En el protagónico José Cura brindó un Otello con expresividad sin mácula pero con afinación errática, con más frases recitadas que cantadas, con la voz sin brillo pero aún potente y poderosa, con fraseo errático y personal pero conmovedor.  El resto de los protagonistas no mostró fisuras y resultó de altísimo nivel. Así el Iago de Carlos Álvarez combinó calidad vocal con belleza de timbre, expresividad con refinamiento y compenetración actoral con ductilidad. Mientras que Carmen Giannattasio deslumbró como Desdemona con su voz  cristalina, su perfecta afinación y su segura musicalidad.  El más que solvente elenco nacional del resto de los roles mostró absoluta calidad. Brillaron especialmente Enrique Folger (Cassio) y Guadalupe Barrientos (Emilia). Los Coros resultaron adecuados. 

Saturday, February 2, 2013

Falstaff di Verdi - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Rudy Amisano
 
Massimo Viazzo
 
Una vera disdetta per Ambrogio Maestri - e per gli spettatori accorsi al Teatro alla Scala per applaudirlo in quello che da più di un decennio è il ruolo che lo ha maggiormente consacrato nel panorama internazionale – quella grave indisposizione che lo ha costretto ad abbandonare la recita a metà del secondo atto di Falstaff. Le difficoltà vocali erano apparse evidenti fin dalla sua entrata e, purtroppo, i “mali di stagione” non perdonano! Ed è un vero peccato, perché si è potuto solamente intuire che l’interpretazione del basso lombardo sarebbe stata di altissimo livello. Lo ha sostituito comunque in modo onorevole il giovane baritono veneto Elia Fabbian, che ha condotto in porto la recita con sicurezza e buon piglio.
L’altro baritono in scena, Fabio Capitanucci, ha donato la sua voce ben timbrata, ma con qualche suono sfocato in alto, ad un Ford spassoso e disinvolto. Musicale e poetica la prova del tenore Francesco Demuro, la cui Aria dell’ultimo atto ha commosso per garbo e levità, mentre la sua innamorata Nannetta è stata resa da Irina Lungu con proprietà vocale e delicatezza. Carmen Giannattasio, Alice Ford, ha esibito un bellissimo timbro e una rotondità di suono apprezzabili, mentre Marie Nicole Lemieux tratteggiava una divertente e divertita Quickly.  Tutti i protagonistim comunque, hanno mostrato partecipazione ed entusiasmo aderendo con naturalezza allo spirito dello splendido spettacolo firmato da Robert Carsen, nato in coproduzione con Londra, Amsterdam, Toronto e New York. Il regista canadese ambientava l’azione nell’Inghilterra del “secondo dopoguerra”, quindi, ad esempio, invece che in una taverna il primo atto si apriva tra i tavoli di un ristorante, mentre la scena del corteggiamento di Falstaff e Alice dell’atto successivo si svolgeva in una ampia e luminosa cucina. Si mangiava spesso in palcoscenico; e tutto andava a meraviglia, la recitazione era curatissima, e come sempre scene luci e costumi, curati rispettivamente con ottimo lavoro di squadra da Paul Steinberg, dallo stesso Carsen con Peter van Praet e da Brigitte Reiffenstuel, sono parsi all’altezza della situazione. In questo Falstaff ci si diverte con intelligenza, senza cadute di gusto o volgarità gratuite. Uno spettacolo riuscito, accolto con grandi applausi dal pubblico scaligero, contraddistinto anche dalla briosa e brillante direzione d’orchestra di Daniel Harding.

Falstaff en el Teatro alla Scala

Foto: Rudy Amisano
 
Massimo Viazzo
 
Una verdadera desgracia para Ambrogio Maestri, y para los espectadores que se dieron cuenta en el Teatro Alla Scala para aplaudir al que por más de una década ha interpretado el papel que mayormente lo ha consagrado en el panorama internacional.  Esta grave indisposición que lo forzó a abandonar la función  a la mitad del segundo acto de Falstaff.  Las dificultades vocales parecieron hacerse evidentes desde su entrada, y desafortunadamente los “males de la temporada” no perdonan. Fue una verdadera lastima porque se podía intuir que la interpretación del bajo lombardo habría sido de altísimo nivel. De cualquier manera lo sustituyo de manera honorable el joven barítono veneto Elia Fabbian, que llevó a buen puerto la función con seguridad y buena actitud. El otro barítono en escena, Fabio Capitanucci prestó su bien timbrada voz, pero con alguno sonidos sofocados en la parte alta, a un Ford divertido y desenvuelto. Musical y poética fue la prueba del tenor Francesco Demuro, cuya aria en el último acto conmovió por garbo y ligereza, mientras que su enamorada Nanetta fue interpretada por Irina Lungu con propiedad vocal y delicadeza. Carmen Giannattasio. Alice Ford, exhibió un bellísimo timbre y una rotundidad de sonido apreciable, mientras que Marie Nicole Lemiux dibujo una divertida Quickly. Sin embargo, todos los protagonistas, mostraron participación y entusiasmo adhiriéndose con naturaleza al espíritu del esplendido espectáculo firmado por Robert Carsen, que nació en coproducción con Londres, Ámsterdam, Toronto y Nueva York.  El director de escena canadiense ambiento la acción en la Inglaterra después de la segunda Guerra Mundial, por ello, por ejemplo, en vez de realizar el primer acto en una taberna se realizó entre mesas de un restaurante. Mientra que la escena de Falstaff cortejando a Alice en el acto sucesivo se desarrolló en una amplia y luminosa cocina  Se comía regularmente sobre el escenario, y todo andaba de maravilla, la recitación fue muy cuidada., y como siempre la escena las luces y los vestuarios fueron creados respectivamente de manera optima por el equipo de Paul Steinberg, del propio Carsen con Peter van Praet y por Brigitte Reiffenstuel, que parecieron estar a la altura de la situación. En este Falstaff la diversión era con inteligencia, sin malos gustos o vulgaridades gratuitas. Un espectáculo bien logrado y recibido con grandes aplausos por el público scaligero, caracterizado por la briosa y brillante dirección de orquesta de Daniel Harding. 

Thursday, January 21, 2010

Opera de Zurích, Suiza.

Opernhaus Zürich

Massimo Viazzo

Fotos: Serena Malfi y Javier Camarena - Il Barbiere di Siviglia; Carmen Giannattasio- Il Corsaro; Emily Magee-Die Frau ohne Schatten - R. Strauss; Orlando-David DQ Lee; La Cenerentola Sen Guo, Carlos Chausson, Irène Friedli; Copyright Suzanne Schwiertz
Zurích, Suiza, Opernhaus, 1-2-3 de enero 2010

ROSSINI. Il Barbiere di Siviglia. M. Cavalletti, S. Malfi, J. Camarena, R. Raimondi, M. Moody; Orquesta y Coro de la Opera di Zúrich, director Nello Santi dirección escénica Cesare Lievi produccion Mario Botta vestuarios Marina Luxardo.

Tres nuevas producciones y dos reposiciones fueron ofrecidas por la Operhaus de Zúrich en las fechas cercanas al año nuevo. Hablando rápidamente de la nueva producción del Barbiere firmada por Cesare Lievi (divertida en algunas partes, aunque la escena encuadrada en unos paralelepípedos colgantes y rotantes de Mario Botta pareció al final demasiado severa) fue anónima desde el punto de vista vocal, por lo que señalaré solamente la prestación, un poco alterna ciertamente, del joven tenor mexicano Javier Camarena, un Conde Almaviva de timbre agradable, de línea musical, pero agilidad no muy nítida, y todavía un poco insípido vocalmente, y con un Nello Santi ocupado también de la realización (plúmbea) de los recitativos en el clavecín. Continúo con los dos nuevas producción de punta: Il Corsaro y
Die Frau ohne Schatten.

VERDI Il Corsaro. V. Grigolo, E. Moşuc, C. Giannattasio, R. Bruson, G. Scorsin; Orquesta y Coro de la Opera di Zúrich, director Eivind Gullberg Jensen director escénico Damiano Michieletto producción Paolo Fantin vestuarios Carla Teti.

Damiano Michieletto (Il Corsaro) creó un espectáculo de fuerte sugestión visual en el que la presencia del mar no fue tan solo evocada, sino que inundo el escenario de agua y disponiendo de un ambiente delimitado de paredes reflejantes, el joven regista veneciano presentó a los personajes, quienes vagaron por la escena desde que se levantó la cortina, totalmente inmersos en el elemento marino. Corrado sobre un cadáver que llamó su estudio (con escritorios inclinados y sillas volteadas de cabeza) y Medora recostada sobre la cama matrimonial, fueron náufragos de ellos mismos en su ilusoria y mutua búsqueda. Juegos de espejos, luces, agua, fuego (memorable fue la realización del incendio provocado por Corrado en el harem del Seid al final del segundo acto) quedaron grabados aun mas que la recitación, que fue por cierto muy bien cuidada. Vocalmente son de destacar los dos protagonistas Vittorio Grigolo y Carmen Giannattasio, generosos y determinados. Aunque alguna falta de homogeneidad en la emisión comprometió en parte la «tetre immagini» de Elena Moşuc, su prestación, sin embargo, fue creciendo en el final de la opera, y a Renatro Bruson no le bastó su indudable carisma escénico (aunque su Seid /Banchiere irradió claros reflejos germontianos) para sostener un medio vocal que no suena ya tan fresco.

R. STRAUSS Die Frau ohne Schatten. E. Magee, J. Baird, B. Remmert, R. Saccà, M. Volle, R. Mayr, S. Trattnigg; Orquesta y Coro de la Opera de Zurich, director Peter Tilling dirección escenica David Pountney producción Robert Israel vestuarios Marie-Jeanne Lecca coreografía B. Vollack.

El espectáculo de David Poutney (Die Frau ohne Schatten) entró con prepotencia en el terreno del psicoanálisis, o mejor dicho, en aquella suerte de surrealismo psicoanalítico que unido a las condiciones de esparcimiento del hombre moderno no hizo mas que remitirnos a los collages de Max Ernest (muy evidentes si se examina el sistema escénico del tercer acto con una plataforma circular en perene movimiento, constituida por un collage de elementos heterogéneos entre si). Poutney pareció no interesarse por llenar la trama de símbolos o de metáforas difíciles, o de describir, y mucho menos de hacer aflorar gratuitamente algún texto escondido entre líneas. La narración permaneció siempre lineal y de inmediata lectura en una operación indudablemente clarificadora. El drama vivido por la pareja «humana» adquirió así un espesor inusitado estremeciéndose en el disturbio y la oscura vorágine de la Kaiserin que envolvió a todos (incluyendo al público) en el sorprendente final en el que cada personaje se despojó de su traje de escena para festejar, con una punta de melancolía, el rencuentro con el edén de la felicidad original, que fue el fin de una pesadilla y el fin de un sueño. A parte del Kaiser, un poco leñoso de Roberto Saccà, la compañía de canto mantuvo muy bien el impacto de la formidable partitura. Entre todos, señalaría el muy humano Barak de Michael Volle, cálido y timbrado, y también a Janice Baird, como una fragilísima Frau, también a Emily Magee como una intensa y desquiciada Kaiserin, a Birgit Rermmert, como una carismática Amme (una verdadera alma negra en escena) y a Reinhard Mayr, como un solido Geisterbote, ya que todos ellos convencieron plenamente. Optima fue también la prueba de la orquesta del teatro guiada con sentido dramático y un cierto gusto tímbrico por Peter Tilling, asistente di Franz Welser Möst (primer responsable de la producción) quien empuño su baqueta, como se hace en esta parte, ¡sin ensayo!

HÄNDEL Orlando. D. DQ Lee, M. Janková, K. Peetz, R. Olvera, K. Wolff; Orquesta La Scintilla, director William Christie director escénico Jens-Daniel Herzog producción y vestuarios Mathis Neidhardt

La lectura registica más talentosa de esta jornada de tres días en Zúrich, que permanece reconocida, es la de Jens-Daniel Herzog en su Orlando, reposición de la producción del 2006, que ya encontró la vía del DVD. Herzog ambientó el acontecimiento del héroe arruinado por las ansias de amor en una «montaña encantada», que fue una especie de hospital psiquiátrico de sobrevivientes de guerra, y honestamente, no se vio ni pareció forzado ni distorsionado. El todo fue aderezado con una lectura muy cuidadosa que balanceó el desempeño vocal, no siempre perfecto, de los buenos solistas (y sorprendente fue la acrobacia de David DQ Lee, en el papel principal, un contratenor canadiense de voz poco luminosa, pero muy ágil). Resonante fue la dirección de William Christie de quien se pudo admirar su clara concertación, flexible en el tactus, tímbricamente matizada y de esfumada dinámica. Elogiable fue la calibración del «respiro» siempre vivo y palpitante, en una intensa y continúa labor de moldeo de la materia sonora.

ROSSINI La Cenerentola. C. Bartoli, J. Osborne, C. Chausson, O. Widmer, L. Polgár, S. Guo, I. Friedli; Orquesta y Coro de la Opera de Zúrich, director Muhai Tang dirección escénica Cesare Lievi producción y vestuarios Luigi Perego.

Así, llegamos a tener La Cenerentola de Cecilia Bartoli. Si, porque de ¡«Cenerentola-della-Bartoli» se trató! Una producción ya vieja de quince años (y creo también para ser retirada) y un grupo de cantantes no mas allá de ser confiables, que con un László Polgár en graves dificultades en la virtuosa aria de Alidoro, sirvieron de corona a la diva de casa que, en efecto, supo arrancarle al publico mas de una ovación. Los momentos emocionante resultaron ser finamente cincelados, la coloratura tendió a la osadía (y al frenesí), mientras que la artista que utilizó una zapatilla ortopédica para calmarle el dolor de una contusión que tuvo en el pie derecho algunos días antes, maniobró por el escenario haciendo milagros de equilibrismo. Pero la voz en su parte alta se hacia indudablemente pequeña, y fue a su vez des timbrándose en el registro mas grave donde la cantante tendió frecuentemente al parlato.

Wednesday, January 20, 2010

Opera - Opernhaus di Zurigo

Zurigo, Opernhaus, 1-2-3 gennaio 2010

Massimo Viazzo

Foto: Copyright Suzanne Schwiertz; Javier Camarena e Massimo Cavalletti- Il Barbiere di Siviglia; Janice Baird - Emily Magee Die Frau ohne Schatten - R. Strauss; Vittorio Gigolo e Carmen Giannattasio- Il Corsaro; David DQ Lee- Orlando; László Polgár- La Cenerentola.

ROSSINI. Il Barbiere di Siviglia. M. Cavalletti, S. Malfi, J. Camarena, R. Raimondi, M. Moody; Orchestra e Coro dell’Opera di Zurigo, direttore Nello Santi regia Cesare Lievi scene Mario Botta costumi Marina Luxardo.
Tre nuove produzioni e due riprese sono state proposte dall’Opernhaus di Zurigo attorno a Capodanno. Detto velocemente del nuovo Barbiere firmato da Cesare Lievi (divertenti alcune trovate, ma la scena incorniciata dai parallelepipedi aggettanti e rotanti di Mario Botta è parsa fin troppo severa) anonimo dal punto di vista vocale – segnalerei solamente la prestazione, un po’ alterna invero, del giovane tenore messicano Javier Camarena, un Conte d’Almaviva di timbro piacevole, di linea musicale, ma dalle agilità non nitidissime – e ancor più insipido musicalmente, con un Nello Santi impegnato anche nella realizzazione (plumbea) dei recitativi al cembalo, vengo subito ai due nuovi allestimenti di punta: Il Corsaro e Die Frau ohne Schatten.

VERDI Il Corsaro V. Grigolo, E. Moşuc, C. Giannattasio, R. Bruson, G. Scorsin; Orchestra e Coro dell’Opera di Zurigo, direttore Eivind Gullberg Jensen regia Damiano Michieletto scene Paolo Fantin costumi Carla Teti.
Damiano Michieletto (Il Corsaro) ha creato uno spettacolo di forte suggestione visiva in cui la presenza del mare non è stata soltanto evocata. Inondando il palcoscenico d’acqua e predisponendo un ambiente delimitato da pareti riflettenti il giovane regista veneziano ha presentato i personaggi, vagolanti già ad apertura di sipario, totalmente immersi nell’elemento equoreo, Corrado su una carcassa che richiamava il suo studio (con tanto di scrivania sghemba e poltrona capovolta) e Medora distesa sul letto nuziale, naufraghi di sé stessi nell’illusoria mutua ricerca. Giochi di specchi, luce, acqua, fuoco (memorabile la realizzazione dell’incendio provocato da Corrado nell’harem di Seid alla fine del secondo atto) restano impressi ancor più della recitazione, comunque curata. Vocalmente da lodare i due protagonisti Vittorio Grigolo e Carmen Giannattasio, generosi e volitivi, mentre qualche disomogeneità d’emissione ha in parte compromesso le «tetre immagini» della Moşuc peraltro in crescendo nel finale dell’opera, e a Renato Bruson non è bastato l’indubbio carisma scenico (anche se il suo Seid/Banchiere diffondeva chiari riflessi germontiani) per sopperire ad un mezzo vocale non più freschissimo.

R. STRAUSS Die Frau ohne Schatten E. Magee, J. Baird, B. Remmert, R. Saccà, M. Volle, R. Mayr, S. Trattnigg; Orchestra e Coro dell’Opera di Zurigo, direttore Peter Tilling regia David Pountney scene Robert Israel costumi Marie-Jeanne Lecca coreografia B. Vollack.
Nello spettacolo di David Pountney (Die Frau ohne Schatten) entra invece di prepotenza la psicanalisi, o meglio quella sorta di surrealismo psicanalitico che unito alla condizione di spaesamento dell’uomo moderno non può che rimandare ai collages di Max Ernst (evidentissimi se si esamina l’impianto scenico del terzo atto, con quella pedana circolare perennemente in movimento costituita appunto da un collage di elementi tra loro eterogenei). Pountney non pare interessato ad infarcire la trama di simboli o metafore difficili da decriptare, né tantomeno a far affiorare gratuitamente un qualche sottotesto. La narrazione resta sempre lineare e di immediata lettura in un’operazione indubbiamente chiarificatrice. Il dramma vissuto dalla coppia «umana» acquista così uno spessore inusitato riverberandosi sui turbamenti della Kaiserin in un vorticoso crescendo iniziatico che coinvolge tutti (pubblico compreso!) fino al sorprendente finale in cui ogni personaggio sveste l’abito di scena per festeggiare, con una punta di mestizia, il ritrovato eden della felicità originaria, la fine di un incubo, la fine di un sogno. A parte il Kaiser un po’ legnoso di Roberto Saccà la compagnia di canto ha retto benissimo l’impatto con l’immane partitura. Su tutti metterei il Barak umano di Michael Volle, caldo e timbrato, ma anche Janice Baird, una fragilissima Frau, Emily Magee, Kaiserin turbata e intensa, Birgit Rermmert, carismatica Amme (vera anima nera in palcoscenico) e Reinhard Mayr, solido Geisterbote, hanno convinto pienamente. Ottima la prova dell’orchestra del teatro guidata con senso drammatico e un certo gusto timbrico da Peter Tilling, assistente di Franz Welser Möst (responsabile primo della produzione), che ha impugnato la bacchetta, come si usa da queste parti, senza prove!

HÄNDEL Orlando D. DQ Lee, M. Janková, K. Peetz, R. Olvera, K. Wolff; Orchestra La Scintilla, direttore William Christie regia Jens-Daniel Herzog scene e costume Mathis Neidhardt.
La lettura registica più estrosa di questa tre-giorni zurighese resta appannaggio però di Jens-Daniel Herzog e del suo Orlando, ripresa dell’allestimento del 2006 che ha già trovato la via del DVD. Herzog ambienta la vicenda dell’eroe abbruttito dalle ansie d’amore su una «montagna incantata», sorta di ospedale psichiatrico per reduci di guerra e, onestamente, non ho riscontrato forzature né travisamenti. Il tutto poi condito da una recitazione curatissima che ha bilanciato le prove vocali non sempre perfette dei pur bravi solisti (sorprendenti i funambolismi di David DQ Lee, nel ruolo del titolo, controtenore canadese dalla voce non voluminosa, ma agilissima). Strepitosa poi la direzione di William Christie di cui si ammirava la concertazione limpidissima, flessibile nel tactus, timbricamente cangiante e dalle dinamiche sfumate. Pregevole la calibratura del «respiro», sempre vivo e palpitante, in un lavorio continuo di sagomatura della materia sonora.

ROSSINI La Cenerentola C. Bartoli, J. Osborne, C. Chausson, O. Widmer, L. Polgár, S. Guo, I. Friedli; Orchestra e Coro dell’Opera di Zurigo, direttore Muhai Tang regia Cesare Lievi scene e costumi Luigi Perego.
Ed eccoci alla Cenerentola della Bartoli. Sì, perché di «Cenerentola-della-Bartoli» si trattava! Una regia ormai vecchia di quindici anni (e, credo, anche pensionabile) e un gruppo di cantanti non più che affidabili, con un László Polgár in grave difficoltà con i virtuosismi dell’aria di Alidoro, facevano da corona alla diva di casa che, in effetti, ha saputo strappare più di un’ovazione al pubblico. I momenti patetici risultavano finemente cesellati, la coloratura tendeva alla spericolatezza (e alla frenesia), mentre l’artista, alle prese con una pantofola ortopedica indossata per lenire il dolore di una contusione occorsale al piede destro qualche giorno prima, si destreggiava in scena facendo miracoli di equilibrismo. Ma la voce in alto si rimpiccioliva inequivocabilmente, stimbrandosi invece nel registro più grave dove la cantante tendeva di frequente al parlato.